lunes, 26 de enero de 2026

LOS RUIDOS EN EL PROCESO DE LA COMUNICACIÓN


Por : Domingo Caba Ramos

El concepto de ruido no se refiere simplemente a un problema acústico, sino a cualquiera interferencia. Un chicharreo en un radio es ruido, pero una página mal impresa también es ruido, así como imagen borrosa en la televisión”

(Armando Cassigoli)

En el proceso de la comunicación lingüística intervienen, entre otros factores, el emisor, el receptor y el mensaje. El emisor es quien codifica, emite o transmite el mensaje, ya sea en forma oral o escrita. Es quien habla o escribe. Es el hablante o escritor.

El mensaje es la idea o sentido que el emisor comunica al receptor por medio de un código común.

El receptor es quien recibe, descodifica o interpreta el mensaje. Es quien lee y escucha. Es el oyente o lector.

Para que la comunicación se produzca o resulte efectiva, el mensaje emitido por el emisor debe ser comprendido o debidamente interpretado por el receptor; pero desafortunadamente no siempre sucede así. El receptor, ya sea por ignorancia (inintencional) o por un interés marcado (intencional) suele distorsionar la esencia de la idea, amplificando, restringiendo o modificando el mensaje percibido. Se originan de esa manera lo que en la teoría de la comunicación técnicamente se conoce con el nombre de ruidos semánticos o simplemente ruidos, los cuales se definen como todas aquellas barreras o interferencia que impiden la debida interpretación del mensaje.

En la comunicación lingüística, los ruidos se producen cuando el emisor no se da a entender (no se expresa con claridad), o cuando el receptor no sabe entender, interpretar o desentrañar el sentido profundo del mensaje percibido (no sabe leer ni escuchar). De ahí que, en ocasiones, un mismo mensaje, sin ser poético, reciba las más diversas interpretaciones por parte de intérpretes distintos. Como sucedió en la historia que se transcribe a continuación:

«LO QUE SE CUENTA SUCEDIÓ EN UN CUARTEL CON MOTIVO DE UN ECLIPSE DE SOL. DEL CORONEL AL COMANDANTE DE BATALLON. - Como usted sabe, tendremos mañana eclipse de sol, cosa que no ocurre todos los días. Haga salir a los hombres en traje de campaña a la Plaza de Armas para que puedan ver ese raro fenómeno. Ya les daré las explicaciones necesarias. En caso de lluvia, no podremos ver nada. Entonces haga pasar los hombres al gimnasio.

DEL COMANDANTE DE BATALLON AL CAPITAN DE LA COMPAÑÍA.- Por disposición del señor coronel, mañana, a las 9 horas, habrá eclipse de sol, con instrucciones dadas por el señor coronel en persona, lo que no ocurre todos los días. Si el tiempo está lluvioso, no será posible ver nada al aire libre; pero entonces, en traje de campaña, el eclipse tendrá lugar en el gimnasio.

DEL CAPITAN DE LA COMPAÑÍA AL OFICIAL DE SERVICIO. - Por disposición del señor coronel, mañana, a las 9 hora, en traje de campaña, inauguración del eclipse de sol. El coronel dará en el gimnasio las órdenes oportunas en caso de que debiera llover, cosa que no ocurre todos los días.


DEL OFICIAL DE SERVICIO AL SARGENTO DE LA SEMANA. - Mañana, a las 9 horas, el señor coronel, en traje de campaña, hará eclipsar el sol con instrucciones si hace buen tiempo. Si llueve, no habrá eclipse, si bien esto no ocurre todos los días.

DEL SARGENTO DE LA SEMANA AL CABO DEL CUARTEL.- Mañana, a las 9 horas, tendrá lugar el eclipse del coronel en traje de campaña por efectos del sol. Si hace buen tiempo y llueve en el gimnasio se irá a la Plaza de Armas como demostración, porque esto no ocurre todos los días.

LOS SOLDADOS ENTRE SI. - Mañana, a las 9 horas, parece que el sol, en traje de campaña, hará eclipsar al coronel como demostración. ¡Qué lástima que esto no ocurra todos los días!»

En el hecho narrado se aprecia, inequívocamente, que la escucha activa no se produjo, esto es, los interlocutores no supieron escuchar de manera eficaz, y por esa razón, la idea original fue distorsionándose en la medida en que iba pasando de un interlocutor a otro.

Escuchar de manera activa o con eficacia es un arte. Un arte que, desafortunadamente, no todos los hablantes poseen, y de ahí las fallas que se producen en el acto comunicativo, o las que Azorín llama “ mañas en escuchar”

¿Por qué se originan esos problemas?

En la comunicación lingüística, ciertamente son diversas las causas que originan los ruidos semánticos : variantes dialectales, uso de códigos distintos por parte del emisor y el receptor, desconocimiento del contexto situacional y empleo de voces técnicas y, entre otras,  expresiones figuradas  que el interlocutor, por razones distintas, no cuenta con las competencias requeridas para descodificar o desentrañar su sentido profundo.

Sin embargo, y  como bien  se percibe en la historia pretranscrita, los ruidos, en las más de las veces, se generan por la ausencia de una escucha verdaderamente activa. Sencillamente, porque no prestamos atención a quien nos habla, dedicamos poco tiempo a escuchar con empatía y profundidad, en la conversación no esperamos que el otro termine de hablar, vale decir, lo interrumpimos constantemente para terminar lo que nuestro interlocutor está diciendo o para expresar una idea brillante que se nos ha ocurrido acerca del tema tratado.
En otras palabras, porque hablamos más que lo que escuchamos.


José Martínez Ruiz, Azorín, (1873 – 1967), el célebre escritor español , miembro prominente de la Generación del 98 y uno de los más finos prosistas de la lengua española, en su muy citado libro “El político” ( 1946 ), sostiene al respecto lo siguiente:

«Una de las artes más difíciles es saber escuchar. Cuesta mucho hablar bien; pero cuesta tanto el escuchar con discreción. Entre todos los que conversan, unos conversan, es decir, se lo hablan ellos todo; toman la palabra desde que os saludan y no la dejan; otros, si la dejan, os acometen con sus frases apenas habéis articulado una sílaba, os atropellan, no os dejan acabar el concepto; finalmente, unos terceros, si callan, están inquietos, nerviosos, sin escuchar lo que decís y atentos sólo a lo que van ellos a replicar cuando calléis…» ( Edición Especial, pág. 43, 1997)

Para superar tales “mañas”, Azorín recomienda que:

«Cuando se hable en corro o frente a frente, a solas con un amigo, dejemos que nuestro interlocutor exponga su pensamiento; estemos atento a todas las particularidades; no hagamos con nuestros gestos que apresure o compendie la narración. Luego, cuando calle, contestemos acorde a lo manifestado, sin los saltos e incongruencia de los que no han escuchado bien. Si es persona de calidad a quien nosotros queremos agradar aquella con quien hablamos, demostrémosle que tomamos grande gusto en lo que ella nos va diciendo» ( Ob. Cit., págs.43/44)

En el proceso de la comunicación oral, si pretendemos que esta resulte efectiva, hablar lo necesario y escuchar con atención constituyen la clave del éxito. Merced a este planteo, conviene entonces tener siempre presente lo que a alguien se le ocurrió decir alguna vez:

«Dios nos dio dos oídos y una boca por una buena razón : debemos escuchar el doble de que hablamos»

(Publicado en Diario Libre el 22 de enero del 2026)

LOS FONEMAS Y LOS PROBLEMAS QUE SU FUNCIÓN DISTINTIVA GENERA

 Por : Domingo Caba Ramos

Las palabras están constituidas por unidades o pequeños elementos fónicos llamados fonemas. Se agrupan estos en dos categorías generales: vocálicos y consonánticos. Así, son fonemas vocálicos, entre otros, la /a/, la /o/ y la /u/. Y son consonánticos la /p/, la /r/, la /s/, la /l/, la /n/…


Por la función lingüística que desempeñan, los fonemas son unidades distintivas, no significativas como la palabra; porque, aunque en sí mismos carecen de significados, pueden diferenciar el significado de las palabras de las cuales forman parte. Nótese, por ejemplo, el cambio semántico que se originaría en la palabra “coco” si se sustituye el fonema /c/ por /l/. Se aprecia claramente cómo un cambio fonológico puede producir un cambio semántico o variación del significado de la palabra. De ahí los problemas de sentido que se originan cuando al escribir, por descuido o ausencia de concentración, cambiamos una letra por otra (Lapsus) o cuando el impresor o transcriptor de un texto comete el mismo error (Errata).

Pablo Neruda (1904-1973), el muy renombrado Premio Nobel de Literatura (1971), nos relata una graciosa, curiosa y significativa experiencia al respecto, alusiva a uno de sus libros de versos publicados:

“En mi nombrado libro – confiesa el poeta – me atacó un erratón bastante sanguinario: «Donde digo “El agua verde del idioma…”, la máquina se descompuso y apareció “El agua verde del idiota…”»

Y cuenta, también, el error cometido por un impresor español en perjuicio de un poeta cubano:

«Allí donde el versista había escrito “Yo siento un fuego atroz que me devora”, el impresor había colocado: “Yo siento un fuego atrás que me devora”».

La anécdota nerudiana vale para los periodistas dominicanos en el momento de escribir, entre otros,  el apellido de un ministro (Landrón) recién nombrado en la administración pública; pues si como bien describe Neruda lo que le sucedió con su libro, la “máquina” del redactor se “descompone” y, por error, omite o no escribe la primera “n” (ene) correspondiente al del apellido del susodicho funcionario, ya todos podrán imaginarse el tremendo problema en que dicho periodista podría verse envuelto.

(Publicado en Diario Libre el 15 de enero del 2026)

 

 

LOS DOBLETES GENÉRICOS, LA CONSTITUCIÓN DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA Y EL PRINCIPIO DE ECONOMÍA LINGUÍSTICA

Por: Domingo Caba Ramos

«En los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos [...] En la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva»


(Diccionario panhispánico de dudas – RAE, 2005, p.311)

La economía lingüística se define como el «Principio de la lengua que permite obtener el mayor efecto comunicativo con el mínimo de esfuerzo lingüístico» (Diccionario básico de lingüística, México, 2005: 85)

Llamado también ley del menor esfuerzo, el Principio de Economía Lingüística se aplica en el acto comunicativo con el propósito de ofrecer la mayor cantidad de información con el mínimo de esfuerzo; vale decir, para expresar el mayor número de ideas con el menor número de palabras posible.  O como bien lo define Fernando Lázaro Carreter en su “Diccionario de términos filológicos” (1987: 135), la economía lingüística es el “Término que designa la tendencia, normal en los hablantes, a ahorrar esfuerzo en la articulación de palabras corrientes y de empleo abundante...” .

Merced a   ese principio es que el hablante apela, por ejemplos, al uso de la elipsis y la frase apocopada. Y basado en ese mismo principio es que en el uso de la lengua, tanto en su expresión oral como escrita, se recomienda evitar los circunloquios, las frases redundantes o pleonásticas, así como los dobletes genéricos (todos y todas; bienvenidos y bienvenidas; los maestros y las maestras…), propios de la llamada lengua inclusiva, que ha intentado imponer la línea ortodoxa o radical del movimiento feminista.

La economía expresiva, conviene aclarar, de ningún modo debe confundirse con laconismo y pereza léxica, ni mucho menos entenderla solo como una cuota reducida de palabras, sino como la adecuación exacta de estas con lo que el hablante pretende comunicar. Con su aplicación, el discurso se torna mucho más claro, preciso, conciso y elegante.

Todo lo contrario, sucede, por ejemplo, con el uso de los desdoblamientos o dobles genéricos antes referidos. Por superabultados, empalagosos y antieconómicos, resultan engorrosos, y a la expresión lingüística le restan   precisión, concisión, claridad y elegancia. Para entender esto, basta con determinar las palabras que sobran, lo tormentoso que resulta leerlos o escucharlos, y la ausencia de belleza que se percibe en innecesarios circunloquios del tipo:

1.     «A todos y todas los dueños y dueñas de perros y perras…»

 

2.     “Los empleados y las empleadas gallegos y gallegas están descontentos y descontentas por haber sido instados e instadas, e incluso obligados y obligadas, a declararse católicos y católicas”.

Pero en ningún otro texto la galante fluidez del discurso se ve más afectada, y la sintaxis se nos presenta más engorrosa, cursi, pesada o carente por completo de gracia estética, que en el contenido del Art. 41 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y en el cual se establece que:

«Solo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad podrán ejercer los cargos de presidente o presidenta de la república, vicepresidente ejecutivo o vicepresidenta ejecutiva, presidente o presidenta y vicepresidentes o vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, presidente o presidenta del Consejo Nacional Electoral, procurador o procuradora general de la república, contralor o contralora general de la república, fiscal general de la república, defensor o defensora del pueblo, ministros o ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la nación, finanzas, energía y minas, educación; gobernadores o gobernadoras y alcaldes o alcaldesas de los estados y municipios fronterizos y de aquellos contemplados en la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional. Para ejercer los cargos de diputados o diputadas a la Asamblea Nacional, ministros o ministras; gobernadores o gobernadoras y alcaldes o alcaldesas de estados y municipios no fronterizos, los venezolanos y venezolanas por naturalización deben tener domicilio con residencia ininterrumpida en Venezuela no menor de quince años y cumplir los requisitos de aptitud previstos en la ley…»

La función fundamental de la lengua, según el juicio técnico –lingüístico, es la comunicación. Esto significa que la lengua tiene que estar al servicio de la comunicación; pero la verdadera esencia de esta resulta sumamente afectada cuando se producen mensajes, discursos o textos como los más arriba   transcritos. 

Comunicar es aportar y compartir sentidos. Cuando las palabras y demás estructuras de la lengua no se adecúan a esos sentidos que se desean expresar, el acto comunicativo entonces resulta fallido. Bastante gráficas, al respecto, son las palabras de André Martinet, afamado lingüista francés, cuando en su libro Elementos de lingüística general plantea que «… no puede subsistir en una lengua nada que no aporte una contribución determinada a la comunicación y también que cada elemento del enunciado exige un esfuerzo de producción estrictamente proporcional a la función que cumple…» (1984: 223)

Merced a lo expresado por Martinet, es de buen juicio inferir que resulta a todas luces inviable que la doble mención genérica pueda fijarse y subsistir en el uso cotidiano de la lengua española. Sencillamente, porque esa doble expresión ninguna contribución aportan a la comunicación lingüística.


(Publicado en Diario Libre el 8 de enero del 2026)

LA CULTURA DE LA CORRUPCIÓN VISTA A TRAVÉS DEL VERSO POPULAR


Por : Domingo Caba Ramos

«El tíguere tiene que salirse con las suyas y sacar beneficio en todo lo que hace, lo cual se expresa en la actitud de “dame lo mío”. Al mismo tiempo, el tíguere hace su juego al margen de las normas establecidas, pues de lo contrario sería simplemente una persona exitosa y noble. El toque final consiste en hacer lo que sea, incluso “partirle el pescuezo a cualquiera”, aparentando ser un “angelito caído del cielo”»

José Dúnker

El año 2025 cierra con el más escandaloso caso de corrupción administrativa que se conozca en la historia política de la República Dominicana: el caso Senasa. Tan escandaloso ha sido considerado este, que ni siquiera uno solo de los tantos hechos de corrupción que caracterizaron a los gobiernos del PLD lograron superarlo.

La corrupción en nuestro país, al decir del destacado siquiatra, ensayista y profesor universitario, Dr. José Dúnker, debe concebirse como la versión evolucionada del antiguo “tigueraje” reinante en los barrios dominicanos.  Este concepto, el “tigueraje”, debe concebirse como la cultura, mentalidad o forma de conducta propia del “tíguere”, a quien el precitado especialista de la conducta humana define como aquel muchacho de clase baja residente en los barrios, que tenía la habilidad de “salirse con la suya” o incurrir en actos violatorios de las normas sociales establecidas, sin que nada pasara.

Ese “tigueraje” original, aclara Dúnker, se infiltró y penetró en todos los estratos sociales, públicos y privados, no faltando entre estos, la administración pública. En lo que respecta a la política dominicana, destaca el reputado siquiatra, lo que la rige hoy, es el “tigueraje”. Yo prefiero decir, al respecto, que en la política dominicana lo que prima es la cultura de la corrupción. Se trata esta, de una cultura endémica o arraigada en la conciencia colectiva, y promovida o incentivada por los mismos que contradictoriamente la combaten. Una cultura que se manifiesta a través del robo, el soborno, el arribismo, el oportunismo, el transfuguismo, la falsificación, el nepotismo, la desviación de fondos, la estafa y las sobrevaloraciones, entre otras prácticas ilícitas.

Una cultura en la que el comportamiento ético y la honestidad no se perdonan y critican con sañas, llamándole, por consiguiente, “pendejo”, “tonto” y “pariguayo” al funcionario que, una vez cesado en el puesto, muestre signos de pobreza o ausencia total de opulencia. Se origina así en la conciencia del ser dominicano una visión falsa y contradictoria de la realidad, por cuanto el mismo que solicita condena para el funcionario que hizo uso indebido de los fondos públicos, lo critica con furia si ya fuera del cargo lo ve desplazándose en un vehículo de modelo muy atrasado o residiendo en un sector y en una casa humilde.

 De ahí que más arriba hayamos dicho que en la República Dominicana, la misma persona que en un momento rechaza las prácticas corruptas, en otro las justifica, promueve y recomienda. Y esto último es posible que se deba al arraigo o carácter endémico de tales prácticas.

Merced a esa cultura de la corrupción en la sociedad dominicana, un líder y expresidente de la república, Joaquín Balaguer, en una ocasión declaró aquello de que «En mi gobierno, la corrupción se detiene en la puerta de mi despacho…». Y merced a esa misma realidad, aún se mantienen abiertos los expedientes por corrupción correspondientes, nada más y nada menos, que a dos hermanos, un cuñado y al jefe de la seguridad del anterior presidente del país, Danilo Medina.

Tan arraigada se encuentra esa cultura en la conciencia colectiva del pueblo dominicano, que el robo, la estafa y el peculado, históricamente se han considerado usos o prácticas normales, ante cuya ejecución, por ende, no hay por qué arrepentirse.

Así se pone de manifiesto en la anécdota que en su opúsculo titulado El verso octosílabo en la ruta de lo popular (2002, p.3) nos presenta el famoso profesor, versificador y activista social, Narciso González (1941-1994):

«Una tarde en que tomaba un café frente a uno de los paleteros que tienen su sede en la UASD — escribe Narcisazo —ese minicomerciante le había vendido un lápiz a un estudiante, cobrándole una suma dos veces mayor a su precio real. Cuando lo acusé de haberse aprovechado de la rapidez con que andaba su comprador, el paletero se limitó a responder con esta cuarteta:

“Al tonto, dejarlo tonto,
y al inocente, inocente,
y el que se deja joder
seguirlo jodiendo siempre…”

Pero no solo ese anónimo paletero asume la conducta antiética como un recurso normal, y hasta necesario, de obtención de ingresos o bienes personales. Juan Antonio Alíx (1833-1918), el ultracitado y famoso «Cantor del Yaque», cuando perseguía algún interés o favor político, con ferocidad despiadada destacaba los rasgos negativos del líder déspota del momento, y tiempo después, olvidando los elogios antes tributados y, al decir del crítico y escritor Joaquín Balaguer (1902-2002), «como la mayoría de los hombres de su época, aplaude sus crímenes y exalta al déspota hasta la exageración en el lenguaje villano de las adulaciones…»

Tan oportunista y arribista comportamiento, en vez de generar arrepentimientos en la conciencia individual del poeta, el afamado decimero mocano – santiaguero trató de justificarlo con los versos que más abajo se reproducen y los cuales, más que «ser citados como un modelo de cinismo…», como argumenta Balaguer, a todas luces revelan cómo la cultura de la corrupción hace que, en el ámbito ético – moral, dependiendo de los intereses que se persigan, lo anormal se asume como normal y viceversa. A tono con este juicio vale resaltar que ningún sentimiento de culpa muestra Alix cuando con el mayor desenfado y estoica postura les dice a quienes quizás osaron condenar su abierto oportunismo:

«Como Alix Antonio Juan,
gana la vida cantando,
en nada se anda fijando,
para conseguir el pan.
Lo más que decir podrán,
es que ayer cantó a un tirano,
y hoy le canta al ciudadano,
Jiménez, noble caudillo,
patriota, probo y sencillo,
prez del pueblo quisqueyano.
Yo le canto al padre eterno,
le canto a Dios y a sus santos,
a los demonios y a cuantos,
habitan en el infierno»

(PUBLICADO EN DIARIO LIBRE EL 1 DE ENERO DEL 2026)

 

 

 

 

 

RELACIÓN LÉXICO - REALIDAD : “LERÉN”, “MANICONGO” Y “PAN DE FRUTAS”


Por: Domingo Caba Ramos

En el que bien está considerado como uno de los principales merengues clásicos navideños de la República Dominicana, «Salsa pa’ tu lechón», compuesto por el periodista Mundito Espinal e interpretado por Johnny Ventura, se dice lo siguiente:

«Yo quiero lerenes,
quiero pan de azúcar,
también aguardiente, compadre,
que eso si me gusta…

Quiero manicongo,
y pavito asao,
también deme un trago, mi hermano,
pa seguí jalao…»

Según  el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española (SALE) ,«‘lerén’ o ‘llerén’ se refiere a una planta herbácea (Calathea allouia) con tubérculos comestibles, muy usada en países como Cuba, República Dominicana, Puerto Rico y Ecuador…». El diccionario de la RAE no registra el término, acerca del cual, en el Diccionario de español dominicano establece que se trata de «Planta herbácea de más 1 m. de altura, con rizomas rastreros o tuberosos, hojas oblongadas enhiestas y flores con corola blanca o amarillo pálido en espigas…» (2024:436)

De la voz ‘manicongo‘, el diccionario de la RAE nada dice. Tampoco el del español dominicano. Sin embargo, en un portal de internet creado por la IA se la define como «una leguminosa africana (también llamada maní bambara o cacahuete de tierra) que produce vainas comestibles bajo tierra, similar al maní, con sabor rico y usado en la gastronomía dominicana para platos navideños, aunque es un cultivo difícil de encontrar ahora.,»

Pero independientemente de los conceptos pretranscritos, lo cierto es que el “lerén” y el “manicongo” son muy pocos los dominicanos que los conocen y consumen, mucho menos en navidad, como se describe en las letras del merengue que nos ocupa.  De ahí que en una mesa dominicana, correspondiente a mi región de origen, la cibaeña,  el día de nochebuena es ya tradicional un variado menú compuesto por carnes asadas (pavo o  cerdo), acompañadas de moro de habichuelas o guandules, arroz,  ensalada rusa, y pasteles en hoja, entre otros alimentos; pero jamás lerenes, manicongos y panes de frutas.

Ahora bien, Mundito Espinal (1934 – 2015), autor del famoso «Salsa pa’ tu lechón», era nativo de la región este del país, específicamente de La Romana, y los mayores años de su vida residió en la ciudad de Santo Domingo (sureste del país).  Tal vez eso pueda  originar el hecho de que el “lerén” y el “monicongo”   que menciona en su muy tradicional y contagioso  merengue formen partes de la tradición culinaria y navideña del este y del sur;  pero no de las demás regiones ; pues como sucede en una de estas zonas , el Cibao, por ejemplo, hasta los  chefs, los agrónomos y las personas mayores de setenta años desconocer la existencia de esas plantas, como se revela en una breve encuesta que para los fines del presente artículo apliqué a  cinco chefs, cinco agrónomos y diez septuagenarios, y  en la que el cien por ciento de los encuestados respondieron ignorar tal existencia y consumo en la mesa  dominicana.

(Publicado en Diario Libre el 24 de diciembre del 2025)

 

 

 



 



 

SANTIAGO HAZIM : AUTÉNTICA REPRESENTACIÓN DE EL HOMBRE «LIGHT»

Por : Domingo Caba Ramos.


¿Conoce usted, amigo lector, los rasgos caracterizadores del hombre light? ¿Conoce usted el perfil psicológico de este nuevo personaje, típico de la postmodernidad?

 

Parodiando   o citando a nuestro Poeta Nacional, Pedro Mir, habría que responder: «No lo busque, no pregunte por él... Siga el rastro goteante por el mapa dominicano, y usted lo encontrará vestido de todos los colores y hasta con saco y corbata…». Entre otros, en primera fila aparecerá el Dr. Santiago Hazim.

 

Y es que si como bien afirma el escritor Enrique Rojas, el light es un ser moralmente vació, el exjefe de Senasa constituye entonces la más auténtica muestra representativa de este siniestro ente posmoderno. Una buena parte de los rasgos que configuran el perfil que a continuación nos permitimos presentar, así parece confirmarlo :

El Dr. Enrique Rojas (1949), afamado investigador, ensayista y siquiatra español, lo describe en forma magistral en su libro El hombre light” (1996)

El hombre light, al decir del citado autor, emerge en sociedades moralmente enfermas. Entre ese individuo y los llamados productos light no existen diferencias algunas. Así como estos productos carecen de grasa, alcohol, azúcar, caloría, glucosa, cafeína, nicotina y otros elementos esenciales, el light es un ente que carece por completo de sustancia, principios, contenido, ideales y valores. Se trata de un ser, hombre o mujer, sumamente superficial, “entregado al dinero, al poder, al éxito y al gozo ilimitado y sin restricciones” (pág.11), un individuo “relativamente bien informado, pero con escasa educación humana” (pág. 13) Un ser frío que no cree en casi nada y cuyas opiniones cambian rápidamente y se ha apartado de los valores trascendentes.

Plantea Rojas que este hombre carece de referentes. En su mundo interior posee un profundo vacío existencial, y no es feliz aun cuando tenga todas sus necesidades materiales resueltas. Su condición de persona light, lo transforma en un sujeto insustancial, indiferente, consumista, falso, hipócrita, materialista, simulador y dueño de una conducta desprovista de sólidos principios.

Apunta el reputado profesional de la conducta, que al hombre light “Todo le interesa, pero a nivel superficial; no es capaz de hacer la síntesis de aquello que percibe, y, en consecuencia, se ha ido convirtiendo en un sujeto trivial, ligero, frívolo. Que lo acepta todo, pero que carece de unos criterios sólidos en su conducta. Todo se torna en él etéreo, leve, volátil, banal, permisivo…”(pág.14)

El hedonismo y la permisividad, según Rojas, constituyen las dos notas distintivas del comportamiento light.

A la persona light nada le atormenta. Nada le preocupa. Nada le quita el sueño. Siempre que logre sus propósitos, para él el mundo está perfecto. Es un ser eminentemente ataráxico, hedonista y aséptico, en cuyo cerebro brillan por su ausencia valores como la vergüenza, la pasión, el sentimiento de culpa, la solidaridad, la lealtad, la sinceridad, la seriedad y la responsabilidad, entre otros.

« Estamos – subraya Enrique Rojas – en la era del plástico, el nuevo signo de los tiempos» (p.17). Era en la que «el ideal aséptico es la nueva utopía» (p.16)

Y así es.

Como afirma el citado escritor madrileño, en nuestras cotidianas relaciones interpersonales estamos rodeados de personas plásticas, frívolas, livianas, fofas y acomodaticias. De seres descomprometidos o desvinculados de casi todo lo que los rodea. De seres con un ansia desmedida de protagonismo, cuyo propósito fundamental es despertar admiración y envidia. Seres para quien el protagonismo ajeno poco importa y hasta cierto grado le asquea, apelando, en tal virtud, a todos los recursos para opacarlo.

En términos generales, el hombre light se caracteriza porque es un ser:

a)     Hedonistael placer para él está por encima de todo.

b)     Débil de pensamiento: sus convicciones carecen de firmeza y sus opiniones cambian con facilidad.

c)     Ideológicamente pragmatista.

d)     Plástico o superficial

e)      Frío, indiferente o neutral: se resiste a asumir compromisos.

f)       Carente de valores y /o principios trascendentes.

g)    Ciegamente aferrado a lo que está de moda o vigente socialmente.

h)    Moralmente vacío.

i)        Individualista y materialista: débil concepto de la solidaridad y colaboración humanas.

¿Dónde encontrar a este tipo de persona?

Sencillamente mire a su alrededor, observe con detenimiento, y ahí usted encontrará no sólo uno, sino decenas de estos inauténticos, plásticos y muchas veces ponzoñosos personajes.  O, si le parece mejor, quizás sea preferible, debo repetirlo, que:

 

 «No lo busque, no pregunte por él... Siga el rastro goteante por el mapa dominicano, y usted lo encontrará vestido de todos los colores y hasta con saco y corbata…».


(Publicado en Diario Libre el 18 de diciembre del 2025)

LOS NOVENTA AÑOS DE DOÑA ELSA BRITO


Por: Domingo Caba Ramos

La destacada maestra, escritora y poetisa tamborileña, Elsa Brito de Domínguez, cumplió en el día de ayer noventa (90) años de haber emitido su primer grito en este complejo, pero deseado mundo de los vivos. Como la mejor forma de felicitarla y reconocerla como motivo de tan significa celebración, me permito de nuevo reproducir fielmente el contenido de artículo titulado Doña Elsa Brito, sus ochenta años y su “Velada de la vida, escrito y publicado (2015) en mi otrora columna semanal del diario La Información cuando la hoy nonagenaria educadora cumplió sus ochenta años de vida.

 Doña Elsa Brito, sus ochenta años y su "Velada de la vida”

   «¡Líbrame de creerme que siempre estamos en descanso y que somos estatuas! Tengo energía y vida interior. ¡Hay que batallar, la lucha es diaria…! »

 Elsa Brito de Domínguez (De su libro “Velada a la vida”  )

«El jueves de la semana pasada (10/12/2015), doña Elsa Brito de Domínguez cumplió ochenta años de productiva existencia. Con motivo de tan significativo acontecimiento, la destacada maestra y poetisa tamborileña puso en circulación el libro “Velada a la vida”, en un concurrido acto que se realizó en el teatro de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Se trata de un texto de intimista esencia o en el que aparecen plasmados aspectos importantes relativos a la vida y pensamiento de la autora, vale decir, un libro que recoge sus vivencias y las  experiencias que en su dilatada trayectoria vital ha cosechado como ciudadana, madre, maestra y escritora.

Así se pone de manifiesto en las palabras de su hijo Pedro Domínguez Brito, afamado abogado y articulista de varios medios, cuando al referirse al libro de su progenitora apunta lo siguiente:

«Esta obra contiene reflexiones de alto calibre místico, humano y literario. Su prosa nos envuelve y anima, abrazada de versos que le cantan a coro a la promotora incansable de la fe, a la esposa que ama y comprende, a la educadora de mil generaciones de estudiantes que la valoran, a la viajera del mundo de ilimitados pasos, a la que arriesga sus latidos por su fe, a la amiga que ríe y sufre con el sentir de su entorno, a la que no olvida de dónde viene… »

 Y así se pone de manifiesto también en las palabras de su autora, al expresar que:

 "Este libro tiene la belleza de la imaginación, y ustedes lo van a ver; pero, sobre todo, la fuerza viviente de la verdad, extasiada en la vida interior, una vida de fe, de maestra caminante y de entrega. No hay desdoblamiento de la personalidad, eso nunca, hay coherencia en todo, hay un Dios unificado expresado en muchas simbologías, mis vivencias, mi vida diaria, todo lo cotidiano y lo divino"

La autora, en compañía de sus hijos, lee la dedicatoria de un ejemplar del libro obsequiado al Lic. Rafael Emilio Yunén.

La potencia vital de doña Elsa constituye un caso fuera de serie. Jamás había conocido a un ser de su edad con tanta vitalidad, con tanta fuerza y energía, con tanta lucidez mental. En lugar de enclaustrarse o apartarse de todo activismo social, el cerebro inmenso de esta mujer de diminuta anatomía siempre está gestando ideas y nuevos proyectos. Su actividad es imparable. Su memoria es tan lúcida que ella misma la ha bautizado con el nombre de “Santa Memoria” Y es que así como hay jóvenes mentalmente octogenarios, existenten octogenarios mentalmente jóvenes, y uno de estos es doña Elsa. De ella, con mucha autoridad, se puede decir con las palabras de José Ingenieros que "La vejez inequívoca no es aquella que está determinada por las arrugas de la cara, sino por las arrugas del espíritu".

 Por esa razón ella puede pregonar con autoridad : "Tengo energía y vida interior..." Y por esa razón siempre he admirado, apreciado y respetado a este ser ejemplar definido por mí como la "Grandeza encarnada en un diminuto cuerpo de mujer".

Maestra y poetisa, constructora de versos y forjadora de cultura, doña Elsa nació en Tamboril, el 10 de diciembre de 1935, comunidad donde cursó sus estudios primarios y a cuyo desarrollo social y cultural siempre ha estado ligada. Sus estudios secundarios los realizó en los liceos “Ulises Francisco Espaillat” (Santiago) y “Domingo Faustino Sarmiento”, de la ciudad de Moca.

En la Escuela Normal Superior “Emilio Prud Homme” cursó estudios de formación docente y en esa prestigiosa institución, en 1957, obtuvo el título de Maestra Normal de Segunda Enseñanza, sección Letras. Siete años más tarde, en 1963, se matriculó en la carrera de Derecho de la Universidad Católica Madre y Maestra, mas su vocación pedagógica muy pronto la llevaría no sólo a cambiar de carrera, sino también de universidad, y es así como en los años 1971 y 1972 se gradúa de Licenciada en Educación : Mención Orientación, en la Universidad Nacional “Pedro Henríquez Ureña”.

Labor docente

 Su labor docente se inició en 1957 como profesora del Liceo Secundario Ulises Francisco Espaillat, de Santiago, donde ejerció hasta 1975, año en que pasó a impartir clases a la Universidad Católica Madre y Maestra, centro en el que se mantuvo activa durante casi treinta años como Profesora Asociada. También impartió docencia en los colegios Sagrado Corazón de Jesús y La Esperanza, así como en las escuelas de formación de maestros “Emilio Prud Homme”, Santiago, y “Luis Núñez Molina”, en Licey al Medio.

Pero paralela a este quehacer sistemático y formal, vale destacarlo, está inquieta y fecunda educadora ha educado igualmente con su producción literaria, múltiples conferencias y conducta de madre y ciudadana ejemplar. Como ya lo postuló la también maestra y poetisa chilena Gabriela Mistral, de doña Elsa bien puede afirmarse que ha enseñado “con la acción, el gesto y la palabra”.

Labor literaria

Aunque se ha destacado en el género poético, la profesora Elsa Brito ha escrito obras de ensayo y teatro. En 1976 publicó su primer libro de versos titulado “Al pie de mi escalera” y en enero del 2002 dio a la luz su más reciente obra: “La muralla de los siglos”, cuya puesta en circulación, un año después en la Casa de la Cultura Latina, en Bruselas, Bélgica, constituyó todo un acontecimiento internacional para orgullo no sólo de la autora y su familia, sino también del país y de su pueblo. Y todo un acontecimiento fue también la conferencia que sobre el insigne poeta tamborileño, Tomás H. Franco leyó en 1997 en la sede de la UNESCO, en París. Ha colaborado en diferentes periódicos y revistas nacionales y representado al país en varias ocasiones en eventos culturales. Por su gran labor educativa y promotora cultural ha sido objeto de innúmeras distinciones.

Casó con el señor Pedro Domínguez (fallecido) de cuyo matrimonio nacieron cinco hijos: Pedro, Alejandro, José Luis, Elsa María y Francisco Domínguez Brito. 

Para doña Elsa, vayan nuestras más fraternas y sinceras felicitaciones, que su salud brille por su sanidad para de esa manera tenerla durante muchos años siempre activa y productiva en este complejo, pero apetecido mundo de los mortales»

(Publicado en Diario Libre el 11 de diciembre del 2025 )