viernes, 20 de noviembre de 2009

EL PREJUICIO RACIAL EN LA REPUBLICA DOMINICANA

( Segunda parte )

“Cuando el negro fue colocado por el colonizador en el lugar más bajo de la escala social, los prejuicios de clases que contra él se abatieron fueron fácilmente desdoblados en prejuicios raciales”. (Hugo Tolentino Dipp)


1. Incremento del prejuicio racial.

El prejuicio racial del pueblo dominicano, que como ya apuntamos tuvo su punto de partida en la época de la colonia, parece haber cobrado su mayor fuerza a partir de la proclamación de la Independencia Nacional.

Al menos eso es lo que se desprende de las declaraciones ofrecidas por muchos de los intelectuales y especialistas que han abordado tan importante asunto.

“La guerra que tuvo que librar el pueblo dominicano- dice el poeta y ensayista Abelardo Vicioso - para defenderse de las constantes agresiones del ejército haitiano dejó una secuela de odios contra el país vecino, que las clases dominantes se han esforzado en prolongar hasta nuestros días” (Vicioso, Abelardo, El freno hatero en la literatura dominicana. Primera Edición, 1983, pág. 167).

Los propulsores de la Independencia, imbuidos por sus sentimientos patrióticos o nacionalistas, orquestaron un movimiento propagandístico de carácter antihaitiano mediante el cual se buscaba destacar los más negativos atributos del hermano país, así como las agresiones que de él recibimos, y justificar, al mismo tiempo, la intervención de países civilizados como España, Francia, Inglaterra y Estados Unidos.

Ese nacionalismo de los llamados separatistas, Franklin Franco lo describe con las siguientes palabras:

“Ese corrompido y falso sentimiento nacionalista que traducía en el fondo un profundo prejuicio racial fue un arma verdaderamente eficaz para el desarrollo aquí del pensamiento colonialista de la oligarquía gobernante” (Franco, Franklin J. Santo Domingo: Cultura, política e ideología, 1979. Pág. 90).

La propaganda antihaitiana utilizó la prensa y la literatura como medios eficaces y poderosos para difundir sus ideas.

Esta literatura antihaitiana-agrega Abelardo Vicioso- contribuyó a degradar la conciencia nacional, creando un prejuicio contra el pueblo vecino con profundas raíces en el dominicano, que aún resulta difícil arrancar”. (Obra Cit., págs. 169 - 170).

Importante es subrayar que la propaganda en contra del pueblo haitiano fue obra no sólo de los intelectuales más conservadores y reaccionarios de la época, sino también de prominentes miembros de la Sociedad Trinitaria, entre los que se distinguen el poeta Félix María del Monte ( 1819 -1899 ) . A este trinitario se le atribuye haber compuesto el primer himno nacional dominicano que nuestra historia literaria registra con el título de “Canción dominicana” o “Himno de la Independencia”.

Pero más que un himno dominicano, la referida pieza, por su contenido, más bien puede considerarse como un canto antihaitiano y prohispánico a la vez, carente por completo de un genuino sentimiento dominicanista. Este planteamiento puede justificarse analizando la primera estrofa del himno, en cuyo primer verso el autor llama españoles a los dominicanos:

¡Al arma, españoles!
¡Volad a la lid!
¡Tomad por divisa
vencer o morir!”

El antihaitianismo y discriminación racial en las creaciones de Félix María del Monte se perciben con mayor vigor en los siguientes versos tomados de sus “Cantos dominicanos”, en los cuales el poeta y patriota describe así a los haitianos:


“Quien tiene lazos de unión
con esos diablos sañudos
que beben sangre y desnudos
en pacto con Belzebú
bailan su horrible vadú
y comen muchachos crudos”

Todavía muchos dominicanos mantienen viva la creencia de que los haitianos son brujos, tienen pactos con el diablo y practican la antropofagia, esto es, comen niños; y todavía persiste la práctica de exhibir el sentimiento nacionalista del pueblo dominicano envuelto en el traje del antihaitianismo.

11. El prejuicio racial en nuestros días.

El sentimiento antihaitiano sustentado y propagado por los escritores de la Independencia fue desarrollándose paulatinamente hasta crear en el subconsciente de los dominicanos un fuerte prejuicio contra los haitianos o cualquier persona de piel negra.

Ese rechazo al negro, con mayor o menor intensidad, continúa vigente desde la época de la colonia no sólo en Santo Domingo, sino también en otros pueblos de América, como se revela en el popular poema “Angelitos negros” en el cual su autor, el poeta venezolano Andrés Eloy Blanco, eleva un canto de dolor y lamento ante el pintor que no incluye al negro en su obra de arte:

“Pintor de santos y alcoba,
pintor sin tierra en el pecho,
que cuando pintas tus santos,
no te acuerdas de tu pueblo
que cuando pintas tus vírgenes
pintas angelitos bellos
pero nunca te acordaste
de pintar un ángel negro.”

La prueba más evidente de que en Santo Domingo hay prejuicio contra el negro, podemos encontrarla en la literatura folklórica dominicana, la cual comprende un considerable número de expresiones, refranes, coplas, décimas y sentencias que aluden ofensiva y despectivamente a los distintos rasgos del negro.

En la imaginación colectiva, el color negro se asocia al mal, al crimen, al infortunio y al mismo diablo. Carlos Esteban Deive, domínico - español versado en asuntos étnicos, dice al respecto:

“La relación entre el Diablo y el negro es antígua, y ya hemos señalado que aparece en la Edad Media. La imaginería religiosa medieval describe al Diablo como un negro feo, de cuernos y cola” (Revista ¡Ahora! No. 706. 1977, pág.34).

Cuando a alguien se le hace imposible materializar sus proyectos, de él o ella se afirma que tiene una suerte negra o un destino negro. Si se le presagia un porvenir negativo, comúnmente se le dice que su futuro es negro. Cuando una persona de piel morena comete un acto de travesura o reñido con las buenas costumbres, de inmediato se escucha la frase discriminatoria: no puede negar que es prieto.

En franca oposición al negro, el color blanco es para el común la gente sinónimo de puro, luminoso, inocente e inmaculado. Las personas de nobles sentimientos tienen el corazón blanco, pero cuando sus ideas y actitudes son malsanas y perversas, entonces suele decirse que tienen el corazón negro. Si tiene la piel oscura y se ha distinguido por su buen proceder en beneficio de los demás, se dirá enseguida que es un negro con el corazón blanco. O también es común escuchar la siguiente expresión:" Ese solamente es prieto...", que sería lo mismo decir: todas sus cualidades son apreciables; su único defecto es ser negro. Podemos constatar en los juicios precedentes que el enfrentamiento entre blancos y negros, no es más que la viva expresión de la eterna y clásica lucha entre el bien y el mal. Los blancos representan al bien, y a los negros se les pinta como los genios del mal.

Se puede demostrar igualmente en “Yelidá”, monumental poema de carácter étnico - social compuesto por el culto poeta tamborileño Tomás Hernández Franco. (1904 - 1952).

El poema nos presenta el enfrentamiento entre dioses europeos y africanos. El tratamiento afectivo que en el texto se les da a ambos dioses, favorece siempre a los primeros en detrimento de los segundos.

Los dioses blancos son inocentes, pacíficos e inofensivos y aparecen descritos con los más tiernos calificativos: Son dioses, “infantiles” y “viejecillos”, “dioses de algodón y de manzana” que “resbalan y juegan con las flores”.

En cambio, los dioses negros aparecen como comedores de hombres, dictadores y venenosos; dioses rencoristas, rabiosos y estupradores, como Badagris que es capaz de violar “a todos los niños en el vientre de las madres dormidas”. A la luz de esta descripción algunos críticos estiman que el poeta denigra a los dioses africanos al tiempo que reinvindica a los blancos noruegos. Como afirma José Alcántara Almánzar: “Del tratamiento que ambos grupos reciben se llega a la conclusión de que hay un velado racismo en “Yelidá” (Alcántara Almánzar, José. Estudios de poesía dominicana, 1979, Ed. Olfa y Omega; Pág. 147).

jueves, 19 de noviembre de 2009


EL PREJUICIO RACIAL EN LA REPUBLICA DOMINICANA


( Primera parte )

“Toda forma de discriminación basada en la raza, sea ocasional o sistemáticamente practicada y destinada a individuos o grupos raciales enteros, es completamente inaceptable”
(Juan Pablo 11)

Según el punto de vista de historiadores, sociólogos y antropólogos dominicanos, el prejuicio racial en Santo Domingo aparece en el mismo momento en que los españoles introdujeron los negros africanos en el gobierno de Nicolás de Ovando (1502 - 1509) en condición de esclavos, para reemplazar la fuerza de trabajo indígena que para esa época estaba a punto de desaparecer.

La esclavitud en la isla Española se implantó, para ser más preciso, en el año 1505. Así lo consigna Carlos Larrazábal Blanco en su libro “Los negros y la esclavitud en Santo Domingo”, al afirmar que :

“Sin embargo en 1505, muerta la reina Isabel, una embarcación arribó a la ciudad de Santo Domingo con diecisiete esclavos negros que se dedicarían al trabajo de las minas de cobre recién descubiertas. Ovando aceptó el hecho cumplido, y conociendo mejor las necesidades e intereses de la colonia resolvió pedir más esclavos con lo que dejó establecida de una manera definitiva, desde el punto de vista oficial, el sistema de la esclavitud en la Isla”. (1975, pág. 13)

Como consecuencia de la esclavitud el esclavo pasó a ocupar el lugar más inferior en la escala social. Ser esclavo era signo de inferioridad. Como el negro era esclavo, el negro era inferior a las demás personas. Esta idea aún la conserva el pueblo dominicano como herencia histórica de la época de la colonia, alimentada, naturalmente, por la clase dominante.

La presencia del negro africano unida a la del indio nativo y al conquistador español es lo que va a conformar nuestra identidad nacional y definir los rasgos étnicos y culturales de nuestro territorio.

Tan pronto los negros esclavos arriban a la isla se relacionan carnalmente con los amos o conquistadores y se produce así el tipo racial denominado mulato, que es la mezcla del blanco con el negro.

Otras categorías raciales existentes en Santo Domingo y demás pueblos del continente americano son el mestizo, producto de la unión de indio y blanco y grifo que la mezcla de indio y negro.

Nosotros, los americanos, y como parte de estos, los dominicanos, somos mestizos, grifos o mulatos. Esto queda reforzado con la siguiente cita: “De ahí que el verdadero substrato de nuestra sociedad, en términos etnológicos, fuera y sigue siéndolo - Afrohispánico” (Balcácer, Juan Daniel. Revista ¡Ahora! No. 695. 1977, pág. 25).

Podría pensarse y hasta afirmarse que en virtud de nuestra composición afrohispánica, los dominicanos no somos racistas. Pero en realidad no sucede así.
El negro siempre ha sido discriminado en Santo Domingo, y tan acentuado está el prejuicio racial en el subconsciente de los dominicanos, que hasta las personas de piel oscura rechazan y odian al negro, o lo que es lo mismo, tienden a autodiscriminarse. En torno a este juicio, Sócrates Nolasco llegó a decir que “el negro dominicano es mentalmente blanco” (citado por Bruno Rosario Candelier en “Lo popular y lo culto en la poesía dominicana, 1977, pág. 272). Mientras que para el brillante declamador e intérprete de la poesía negroide, Carlos Lebrón Saviñón, “el primer discriminador del negro es el propio negro”. Es como si al sentirse negro, en su rostro se dibujara el dolor que ese hecho le produce. Por eso canta el poeta :

“Negra Pulula, que bien,
que planchas la ropa ajena,

¿Cuándo plancharás tu cara:
mapa de penas?”

Nuestro sueño dorado es llegar a ser blancos y con semejante actitud, mostramos un profundo desconocimiento o no resistimos a reconocer las verdaderas raíces biológicas y culturales que nos dieron origen.


Ya lo dijo poéticamente nuestro gran cantor popular, Juan Antonio Alix:

“Todo aquel que es blanco fino
jamás se fija en blancura
y el que no es de sangre pura
por ser blanco pierde el tino”...

Es bien sabido que el otrora Generalísimo y dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina, autor de la horrible masacre de más de quince mil haitianos ejecutada en 1937, y entre cuyos abuelos se registran el capitán español José Trujillo Monagas y la haitiana Luisa Erciná Chevalier, revivió el culto a lo hispano, bastante resquebrajado a partir de la derrota de las fuerzas anexionistas españolas (1863 - 65), y lo utilizó como uno de los instrumentos o rasgos ideológicos sustentadores de su esquema de dominación política.

“La exaltación de los valores hispánicos - apunta el sociólogo Franklin Franco - fue una herencia recogida con toda fidelidad por el sistema ideológico del trujillato. Incluso desde el punto de vista personal, Trujillo intentó buscar su ascendencia hispánica, al tiempo que mantenía permanentemente una intensa campaña propagandística dirigida a mostrar al pueblo la unidad cultural entre la República y su vieja metrópolis” (Historia de las ideas políticas en la República Dominicana, págs. 121 - 122).

No es extraño, pues, que uno de los más cercanos colaboradores del tirano, el doctor Joaquín Balaguer, se expresara en parecidos términos al afirmar que “Santo Domingo es el pueblo más español de América” (La Isla al Revés, 1983, pág. 63)

Entiende este autor, quien extrañamente niega la existencia del prejuicio racial en la República Dominicana, que “nuestro origen racial y nuestra tradición de pueblo hispánico, no nos deben impedir reconocer que la nacionalidad se halla en peligro de desintegrarse si no se emplean remedios drásticos contra la amenaza que se deriva para ella de la vecindad del pueblo haitiano”, que “el contacto con el negro ha contribuido, sin ningún género de dudas, a relajar nuestras costumbres públicas” (pág. 45), que “una gran parte de los negros que emigran a Santo Domingo (Pág. 49) son seres tarados por lacras físicas deprimentes”, transmisores de “las enfermedades más repugnantes”, así como los verdaderos causantes “de la corrupción de nuestras costumbres patriarcales” (pág. 50).

Y no es extraño que el mismo Balaguer justificara la espantosa matanza de haitianos llevada a cabo por Trujillo argumentando que: “La República, para poder subsistir como nación española, necesita afianzar las diferencias somáticas que la separan de Haití...” (La realidad dominicana, 1947, pág. 115).

Trujillo, que no desperdició recurso alguno para demostrar al país y al mundo que por sus venas no corría sangre africana, sino exclusivamente española, jamás hizo alusión, ni mucho menos sus fieles acólitos, a las raíces haitianas que sirvieron de punto de apoyo a su árbol genealógico.

Mucha razón tuvo al respecto el ya mencionado “Cantor del Yaque”, cuando en la segunda mitad del pasado siglo condenó semejante comportamiento en una de sus más famosas y conocidas décimas:


“El blanco que tuvo abuela,
tan prieta como el carbón,
nunca de ella hace mención,
aunque le peguen candela.
Y a la tía Doña Habichuela
como que era blanca vieja,
de mentarla nunca deja
para dar a comprender
que nunca puede tener
el negro tras de la oreja”






domingo, 15 de noviembre de 2009

“EL NEGRO TRAS DE LA OREJA”

( Al dominicano Sammy Sosa : Embajador Especial para la inversión extranjera )

“El negro dominicano es mentalmente blanco”

(Sócrates Nolasco)

“El negro tras de la oreja” (1883) es una de las más celebradas composiciones de quien con justicia ha sido considerado como el más grande poeta popular dominicano de todos los tiempos: Juan Antonio Alix (Moca, 1833- Santiago, 1918)
En una de las décimas que la conforman, el entonces llamado “Cantor del Yaque” dice lo siguiente:

Todo aquel que es blanco fino,
jamás se fija en blancura,
y el que no es de sangre pura,
por ser blanco pierde el tino,
si hay baile en algún casino,
alguno siempre se queja,
pues a la blanca aconseja,
que no baile con negrillo,
teniendo, aunque es amarillo,
el negro tras de la oreja…”

Entrañan estos versos una aguda crítica al dominicano de morena piel que dando muestras de su racial prejuicio se jacta orgullosamente de su aparente blancura y parece sentir vergüenza por la raíz africana de la que parte su identidad, así como del negro tinte que barniza su mulata anatomía.

Pero el negro dominicano, al decir de Alix, no sólo enloquece o “pierde el tino” por ver transformada en blanca su morena piel, sino que al mismo tiempo es muy dado a ocultar sus raíces afroamericanas y pregonar sus vínculos con parientes de imaginada estirpe caucásica. Por eso afirma el poeta:

“El negro que tiene abuela,
tan prieta como el carbón,
nunca de ella hace mención,
aunque le peguen candela,
y a la doña Habichuela,
como que era blanca vieja,
de mentarla nunca deja,
para dar a comprender,
que nunca puede tener,
el negro tras de la oreja…”

Hacia el mismo blanco de la crítica contenida en la estrofa precedente dirije Papá Toño, como también se le llamó al ingenioso decimero, los incisivos versos de la siguiente espinela:

De la parienta Fulana,
el pelo siempre se mienta,
pero nunca la pimienta,
de la tía Siña Sutana,
por ser muy blanco se afana,
y del negro hasta se aleja,
nublando siempre una ceja,
cuando aquel hablarle viene,
porque se cree que no tiene,
el negro tras de la oreja”

Merced al cuestionamiento que late en las estrofas pretranscritas, debo reiterar lo que una vez escribi en uno de mis artículos :

“El negro siempre ha sido discriminado en Santo Domingo, y tan acentuado está el prejuicio racial en el subconsciente de los dominicanos que hasta las personas de piel oscura rechazan lo negro. O, lo que es lo mismo, tienden a autodiscriminarse. En torno a este juicio, Sócrates Nolasco (1884-1880), llegó a decir que: ‘El negro dominicano es mentalmente blanco…’ Mientras que para el brillante declamador e intérprete de la poesía afroantillana, Carlos Lebrón Saviñón, ‘el primer discriminador del negro es el propio negro’. Nuestro sueño dorado el llegar a ser blancos y con semejante actitud mostramos un profundo desconocimiento o nos resistimos a reconocer las raíces biológicas y culturales que nos dieron origen” (La información, 25/5/90)

Quien niegue o dude si realmente el “ negro dominicano es mentalmente blanco”, que busque una foto reciente del llamado “ Bambino del Caribe”, el ex pelotero dominicano y hoy Embajador Especial para la inversión extranjera : Samuel Peralta Sosa ( Sammy )