domingo, 8 de febrero de 2026

SI YO FUERA ASESOR LINGUÍSTICO DE SERGIO VARGAS

Por : Domingo Caba Ramos

Sergio Vargas es uno de los más grandes cantantes de merengues de nuestro país, según los entendidos; pero este artista adolece de tres de las taras o defectos lingüísticos característicos de los hablantes dominicanos: no tiene frenos en la lengua, sentir placer con destacar las sombras en el comportamiento humano y querer «hacerse el gracioso» o «robarse el show» con chistes del mal gusto o posturas humorísticas que en ocasiones rayan en lo ridículo. Por esa razón, en un acto – homenaje a esa gloria del arte y la cultura dominicanas, Luis, Díaz, después de unas breves palabras de elogio a este, acerca del mismo Sergio Vargas se atrevió a decir aquello de que «aquí nadie huelió ni bebió más que ese…».

 Así se expresó Vargas en un acto de reconocimiento en el que solo debió existir espacio para destacar los grandes aportes artísticos y culturales de un músico, cantautor y folklorista que en el 2004 fue declarado por el gobierno dominicano, nada más y nada menos que PATRIMONIO CULTURAL DE LA NACIÓN. En tal virtud, si yo fuera asesor lingüístico de Sergio Vargas, en su cuarto, en letras grandes, colgara la definición que en una ocasión se me ocurrió improvisar acerca de lo que yo entiendo por comunicación efectiva:

LA COMUNICACIÓN EFECTIVA CONSISTE EN DECIR LO QUE NO SE DEBE CALLAR, Y CALLAR LO QUE NO SE DEBE DECIR…

 Y en el cristal delantero de su vehículo le fijaría también el contenido del proverbio chino que tanto me encanta y suelo citar:

«SI LO QUE USTED VA A DECIR NO ES MÁS HERMOSO QUE EL SILENCIO, ENTONCES CÁLLESE…»

 

LA MAGIA DE LA ESCRITURA


Por: Domingo Caba Ramos

«Escribir es una forma de terapia. A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana»

 (Graham Greene)

 Es sumamente difícil – casi imposible – hablar acerca de la escritura sin aludir a su hermana gemela: la lectura. Y así las considero, por cuanto una genera la otra. Esto quiere decir que sin texto, no hay lectura, y una lectura provechosa puede originar la construcción de nuevas ideas, nuevos sentidos, nuevos textos.

 «La lectura es el estímulo mayor que nos hace escribir; el estilo viene como una consecuencia de lo que se lee» – observa Américo Castro (1885 -1972), filólogo y ensayista español –.  Y «Es más competente como escritor – ha dicho otro autor - una persona que tiene el hábito de leer frecuentemente».

 Por eso, antes de desarrollar el tema que nos compete, y el cual se me ocurrió identificar con el título de “La Magia de la escritura”, quizás convenga referirme brevemente a la extraordinaria importancia que posee la práctica de la lectura para progreso tanto social como individual.Acerca del valor de la lectura es mucho lo que se ha dicho y escrito.  Son muchos los mensajes orientados a fomentar su práctica. «Hay que leer mucho»– dicen unos. «Solo a través de la lectura podemos mantenernos actualizados» – afirman otros. «La lectura enriquece el vocabulario, amplía el conocimiento, toda vez que es una fuente valiosa de información, mejora la ortografía y desarrolla la competencia comunicativa» – plantea la mayoría.

 En un artículo publicado en la prensa nacional, hace ya varios años, expresaba yo, entre otras ideas, lo que sigue:

«La lectura es una actividad, una operación, un proceso mental que capacita al hombre para alcanzar diferentes metas y enfrentar muchos de los problemas que la vida le plantea. En los tiempos modernos la lectura ocupa un lugar de primerísima importancia. Cada vez se hace más imperiosa la necesidad de poseer una mayor información y formación cultural, esto es, de estar al día de los últimos acontecimientos acaecidos tanto en el ámbito nacional como internacional. Y eso, obviamente, solo se logra a través de la lectura. La lectura nutre el intelecto, recrea el espíritu, activa la imaginación y orienta el rumbo que conduce a la meta deseada. Ella nos permite captar una nueva y más amplia visión del mundo y un agudo conocimiento del medio que nos rodea. La lectura franquea el camino del arte y abre las puertas del conocimiento científico…»

Y sobre la escritura, ¿qué se ha dicho y qué se hace para incentivarla?

 Quizás no tanto. La escuela, por ejemplo, es muy dada a propiciar recurrentes e intensos espacios de lectura, no así de escritura. Y cuando hablo de escritura, me refiero, fundamentalmente, a la escritura creativa, no a la reproductiva. Caso extraño, pues como ya afirmé en el primer párrafo de estas notas, la escritura precede a la lectura, esto es, sin la primera, la segunda carecería por completo de existencia. O, lo que es lo mismo, para que exista alguien que lea, primero tuvieron otros que plasmar sus pensamientos, emociones y sentimientos en un sistema de escritura llamado texto. En fin, sin escritores no hay lectores.

La escuela, por ejemplo, es muy dada a propiciar recurrentes e intensos espacios de lectura; pero no así de escritura. Y cuando de escritura se habla, surgen de inmediato preguntas del tipo:

¿Qué es escribir? ¿Por qué es importante la escribir? ¿Para qué se escribe?  Y surgen también las respuestas:

Escribir constituye un complejo proceso comunicativo, creativo y cognoscitivo que exige la apropiación del código gráfico del sistema lingüístico. Este proceso requiere una constante revisión del texto producido, una reflexión sobre la información para que sea compressible, una organización de ideas, de procedimientos de cohesión utilizados, de ortografía, de puntuación y una adecuación al registro comunicativo.

 «La escritura – sostiene el escritor ruso  Braslavsky Berta-  es la capacidad de producir significados, que se representan a través de un complejo sistema de signos gráficos»

 Escribir es importante porque:

1)    Desarrolla la capacidad de observación.

2)    Fomenta la capacidad de asombro o curiosidad científica y artística,

3)    Es uno de los métodos más eficaces para desarrollar la sensibilidad, la imaginación, la memoria y el razonamiento.

4)     Constituye el más idóneo recurso para la fiel expresión de la personalidad de quien escribe

5)    Igual que la lectura, amplía el conocimiento y posibilita el desarrollo de nuestras competencias lingüísticas y comunicativas.

6)    Es una importante herramienta fundamental para todas las formas de conocimiento.

7)    Es el medio por excelencia para registrar las ideas y perpetuar los contenidos científicos y artísticos producidos por los seres humanos a través de la historia.

 Merced a lo precedentemente planteado, todo el que escribe lo hace por diferentes motivos, vale decir, se escribe para:

a)     Fijar la memoria histórica.

b)    Expresar emociones y sentimientos

c)     Construir y transmitir nuevos conocimientos

d)    Como un recurso catártico, desahogo o válvula de escape.

e)     Expresar nuestras inconformidades, disgustos y protestas frente a los vicios, debilidades y desajustes del medio que nos rodea.

f)      Compartir con los demás lo que sabemos, pensamos y sentimos. Escribir entraña así, un sentimiento profundo de solidaridad.

g)    Reafirmar nuestras creencias y sistema de conceptos.

h)    Someter nuestros conocimientos al escrutinio público.

i)       Contribuir al desarrollo del conocimiento y actualizar los conocimientos que ya tenemos.

j)       Formar y autoformarnos

k)    Generar habilidades que puedan ser transferidas a la práctica profesional, estimulando la capacidad de búsqueda, de síntesis, de análisis crítico.

l)       Fomentar nuestra práctica lectora. No se puede escribir acerca de lo que se desconoce.

Pero no basta escribir. Es importante también saber escribir o manejar los recursos lingüísticos para el logro de una efectiva y adecuada escritura. En tal virtud, cuando se redacta conviene tener en cuenta lo siguiente:

1)    Ser lógico, evitando incoherencias, contradicciones, desórdenes de ideas, etc.

2)    Evitar equívocos, presentando interpretaciones claras que solo admitan una sola interpretación y no ofrezcan ambigüedades que oscurezcan el sentido de la idea expresada.

3)    Procurar un estilo propio u original. Se tendrá muy en cuenta la sencillez, exactitud, prudencia, huyendo de los juicios tópicos, las frases hechas y las metáforas gastadas o lexicalizadas.

4)    Evitar la pobreza expresiva, intentando enriquecerla con expresiones bien elegidas

5)    Citar, pero no copiar. El plagio, además de ilegal, revela poco compromiso con el conocimiento.

6)    Moderar las palabras populares o malsonantes, los modismos y los extranjerismos.

7)     Y, finalmente, Evitar los errores conceptuales, ortográficos, morfosintácticos y lexicosemánticos

Todo lo hasta aquí expresado revela de manera inequívoca que no solo la lectura: la escritura también posee sus magias.

(PUBLICADO EN DIARIO LIBRE EN FECHA 6/2/2026)

LA REALIDAD LINGUÍSTICA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN DE LA REPÚBLICA DOMINICANA

“Colocar al frente de un programa de radio o de televisión a un discapacitado lingüístico es como poner de inspector de semáforos a un daltónico...”

(Pedro Luis Barcia)

Por: Domingo Caba Ramos

Contrario a lo que debería ser su verdadera función, en el uso cotidiano de la lengua, en los medios de comunicación de nuestro país, se leen y escuchan las más sorprendentes y hasta jocosas irregularidades léxicas, semánticas, sintácticas y morfológicas. Imperan en ellos los vulgarismos, la fraseología insípida, impúdica u obscena, los errores conceptuales, el estilo coloquial y de frases que se apartan del registro estándar de la lengua. Medios en los que, a la hora de informar, se prestigia más el contenido que la forma expresiva, descuidando casi por completo esta última, creando así las condiciones para que los hablantes integren a su repertorio léxico una cantidad considerable de errores.

Quienes de manera periódica operan en la radio, la prensa y la televisión, más que formar prefieren adaptarse lingüística y culturalmente al receptor, y merced a este proceder, en los comunicadores nuestros prima la idea de que se debe hablar y escribir para los iletrados, imitar su lengua, emplear su sociolecto, vale decir, utilizar siempre la norma popular o las formas expresivas de los sectores menos instruidos; porque solo así, falazmente se afirma, «esos sectores pueden entendernos…».

En tal virtud, para llevar a cabo su “función orientadora”, los usos lingüísticos que se prestigian son, extrañamente, los correspondientes a los hablantes que poseen más bajo nivel de escolaridad. De ahí que en la cabina de radio y televisión se hable como si se estuviera en el cuarto de la casa, en la esquina del barrio o en la gradería del estadio. Tan preocupante realidad lingüística se pone de manifiesto tanto en la comunicación oral como escrita.

Para comprobar los desajustes expresivos de la lengua oral, basta escuchar uno que otro de los tantos programas de opinión que se transmiten en nuestro país. En estos espacios se dice y se oye de todo: gritos, amenazas, insultos, injurias, irregularidades articulatorias, vulgaridades... Y cuando de la lengua escrita se trata, el problema es aún más grave.

Conforme al juicio precedente, si leemos con detenimiento y espíritu analítico los diferentes diarios que circulan en nuestro país, en estos fácilmente descubriremos los gazapos o desaciertos morfosintácticos y lexicosemánticos que en esos medios se publican. Discordancias, faltas ortográficas, errores conceptuales, uso inadecuado de los signos de puntuación, corte indebido de palabras al final del renglón y la presencia de frases ambiguas o pleonásticas, se destacan entre las más frecuentes de esas irregularidades.

En el plano de la oralidad, esta realidad se ha tornado más crítica con la irrupción de los mal llamados «talentos» e «influencers» en los canales de youtube. Para muchos de estos exponentes, parece no existir frenos o límites de carácter ético y lingüístico cuando del uso de las más espantosas vulgaridades, insolencias y procacidades se trata. Y su conducta idiomática es entendible por cuanto la mayoría de ellos, aparte de su baja competencia académica, carece de plena conciencia acerca de cuál es la verdadera función de un medio de comunicación.

(PUBLICADO EN DIARIO LIBRE EN FECHA 30/1/2026)