domingo, 3 de noviembre de 2019

ACERCA DEL VOCABLO “PENCO”


Por: Domingo Caba Ramos

El término penco es poco conocido o desconocido por completo en los sectores urbanos de la República Dominicana, por cuanto su uso es propio o exclusivo del ámbito rural. Por esa razón, el licenciado Danilo Medina, presidente del país y campesino de pura cepa”, la empleó recientemente en un emotivo y polémico discurso, cuando afirmó aquello de que Gonzalo Castillo es un penco de candidato

Su mención causó gran revuelo en el ámbito citadino dominicano, donde quizás por desconocerse la existencia de la extraña palabra y, particularmente, el contexto situacional en que fue utilizada,  se pensó que con ella, Medina, sin proponérselo,  estaba denostando, denigrando o manchando la imagen de su pupilo y precandidato electo del Partido de la Liberación Dominicana.  Muy distinto pensamos todos aquellos que nacimos y vivimos alguna vez en el campo, para los cuales, la preindicada voz nos resultó mucho más que familiar y, en tal virtud, muy pronto comprendimos el justo sentido con el que fue empleada por el primer mandatario de la nación.

Debido al espacio geográfico en que esta categoría léxica, penco”, tiene vigencia, no ha de entrañar entonces que el profesor Juan Bosch, quien en sus cuentos supo describir de manera   magistral la realidad económica y sociocultural del campo dominicano de la segunda mitad del siglo XX, la use en uno de sus afamados cuentos, “Chucho”, de su libro “Cuentos escritos antes del exilio“:

«Chucho se hizo el sordo. Se tiró del catre y le dio la mano al viejo. En el patio estaba su penco aparejado. Montó. El otro puso una mano sobre su pierna… » (1982:77)

También en su novela “La mañosa”, publicada por primera vez en 1936:

«Había frente a la puerta un hombre, jinete en penco bayo, que sujetaba por un brazo a otro que se descolgaba penosamente de las ancas. Cuando éste hubo tocado tierra con los pies, desplomándose sobre José, el que le sujetaba golpeó las costillas del penco con sus recios talones y partió al galope ». (1982:114)

Pero ¿cómo la define el diccionario académico?
Son diversos los sentidos que este vocablo entraña. Según el Diccionario de la Lengua Española, “penco”, entre otros, soporta los siguientes valores significativos:

1. “Caballo flaco o matalón”
 2. “Persona rústica o tosca
3. “Persona inútil”

La voz es muy utilizada en el habla coloquial de Cuba, donde además de “persona cobarde y despreciable” significa mujer extremadamente delgada, fea o desprovista de atractivos físicos. Y como bien apunta Leonardo Depestre Catony, en su valioso texto, “Consideraciones acerca del vocabulario cubano” (1985: 32), en Cuba, “penco” también significa “Ramera de baja categoría”

Y en el habla popular dominicana, ¿cuál es el sentido que los hablantes le confieren?

Si bien escasamente en algunas zonas de la República Dominicana también llaman penco a un caballo flaco, aquí, por lo general, el término lleva envuelta la idea de grande, fuerte o robusto. Y merced a estos rasgos semánticos, penco llaman en nuestros campos, al caballo joven y brioso (potro) y, por extensión, al muchacho fuerte y de gran tamaño. Así lo recoge Carlos Esteban Deive en su Diccionario de dominicanismos :

Penco – m. Pedazo grande. 2. - ¡Qué penco! Exclamación usada para para expresar el tamaño extraordinario de un hombre, animal o cosa… (2002:160)

En forma bastante parecida, en el “El Diccionario del español dominicano” , se lee lo siguiente:

 Penco. m. Pedazo de gran tamaño. Referido a persona de gran tamaño. Popular. Coloquial. “Es un penco muchacho que solo tiene doce años.” (2013:537)
 
Y también en el Diccionario fraseológico del español dominicano”:

«Penco de. loc. aj. Referido a persona o cosa, que tiene características insuperables. un penco de. loc. aj. De gran tamaño. ”Con doce años es un PENCO de muchacho“ » (2016:387)

Del contenido de las dos última citas se infiere que cuando Danilo Medina describió a Gonzalo Castillo como “un penco de candidato, lo que realmente quiso decir fue que este, Gonzalo, es un candidato fuerte y joven.

(Publicado en Diario Libre 31/10/2019)

LENGUA E IDENTIDAD NACIONAL

 Por: Domingo Caba Ramos

 2 de 2

 «Todo idioma tiene que subsistir con las aportaciones que le ofrecen otros sistemas, y esto no degrada ni permite subestimar a la lengua beneficiada. Lo que no debemos admitir es la suposición de que alguna otra lengua es superior a la nuestra, es decir no tener aprecio por la lengua materna… » (Rafael González Tirado)

 No sé si se trata de una característica atribuible al género humano, pero lo cierto es que los dominicanos nos solazamos cuando nos identificamos con sociedades cuyo prestigio presumimos está muy encima de la nuestra. Esto se pone de manifiesto en el uso cotidiano de nuestra lengua, la cual suele presentarse abarrotada de voces procedentes del inglés, lengua esta que por pertenecer al imperio de cuya economía dependemos, su uso parece prestigiar al hablante que la práctica. Tal práctica supone una negativa percepción de la mayor parte de los dominicanos acerca del español que hablan y escriben.

“Resulta muy fácil comprobar el sentimiento de inferioridad lingüística de los dominicanos, – apunta, al respecto, el destacado lingüista, investigador y profesor universitario, Orlando Alba – que se manifiesta frente al español que se habla en otras partes. Según los estudios realizados por Alvar (1986), Turley (1998) y Alba (2004), - amplía Alba - muchos dominicanos muestran una actitud despectiva hacia su propia manera de hablar. La consideran menos correcta e inferior a la de otros países hispánicos” (La identidad lingüística de los dominicanos, Editora Búho, 2009)

 Los ejemplos sobran:

 En un restaurante ubicado a escasos metros de nuestra residencia, leo parte del contenido del menú que en dicho negocio se les oferta a los clientes:

 a) Coffe
 b) Salads 
 c) Breakfase 
 d) Sándwich 
e) Drinks 
f) Dessets 

Y en la ruta que conduce a la universidad donde laboro, diariamente paso por el frente de un salón de belleza que se identifica con el nombre de Wonder Hair.

 En el seminario empresarial, el instructor nos anuncia que “en este momento haremos un “breik” para pasar al salón del lado a “lonchar” o disfrutar de un “coffe break”

 Un viernes en la tarde me detengo a comprar un jugo en un establecimiento identificado con el nombre de “minimarkert”, y allí escucho la voz de un joven que le dice a otro , con la más sorprendente naturalidad, más o menos lo siguiente:

 «En el “car wash” del lado me están lavando el carro. Desde que esté listo, arrancaré hacia el salón “D’Angelo Estilo”, cerca de “Ochoa Motors”, para que me den un buen “look” o resalten mi envidiable “sex-appeal”; porque desde esta noche me iré de “weekend” y hasta el lunes nadie me para. Si quieres, te recojo en el “lobby” del hotel, y “full time” nos iremos de parranda. Y si por el contrario deseas irte solo, puedo entregarte el número de teléfono de la “rent card” de un gran amigo mío, en donde te pueden alquilar un carro por buen precio»

 Para las mentes transculturizadas, “gay” se oye mejor que homosexual; “marketing”, mejor que mercadotecnia; “feedback”, mejor que retroalimentar; “okey”, mejor que está bien; “bai” (bye) o “babai” (bye, bye) mejor que adiós; “happy hour”, mejor que hora feliz. Y en lugar del muy hispano y dominicano “¡Hola!”, distingue o prestigia más responder “¡jelou!” (¡hello!) a quien nos llama por teléfono.

Y, como si todo eso fuera poco, en el departamento de igualas médicas de una prestigiosa clínica de Santiago de los Caballeros se lee el mandato u ordena a los asegurados, dominicanos casi todos, a que “Please take a number”, así, solo en inglés. Y en la puerta de entrada y salida de un clausurado restaurante ubicado también en una de las urbanizaciones de la Ciudad Corazón, se agradecía la presencia a los clientes , también dominicanos en su mayoría, no con nuestra criolla “Muchas gracias”, sino con la anglosajona inscripción “Thank you”

 En virtud de semejante práctica lingüística, no hace tanto expresaba yo, en uno de mis artículos:

 “En nuestro país, para florecer y crecer necesitamos de otros aires y otros soles. El paisaje nativo nos produce nauseas. El cielo extranjero nos deslumbra. La inscripción “Made in” nos embriaga, y pletórico de emoción compramos en los Estados Unidos el pantalón que se fabrica en una de nuestras zonas francas…”

 (Publicado en Diario Libre 24/10/2019)

LENGUA E IDENTIDAD NACIONAL


Por : Domingo Caba Ramos.

1 de 2

«Nada ni nadie de lo que nace y crece en este pedazo de isla (R.D.), sirve o creemos que no sirve. El trópico nos hace haraganes. El tanino del plátano nos embrutece manchando nuestras circunvoluciones cerebrales. Un viejo profesor nos decía que si Newton hubiese sido dominicano, en lugar de descubrir la ley de gravedad al ver caer la manzana del árbol, se hubiese comido la fruta y no hubiese descubierto nada»

(Antonio Zaglul).

La identidad nacional implica necesariamente una clara identificación con los rasgos culturales del país de que se trate. En tal virtud, las personas muestran y expresan sus sentimientos de orgullo y satisfacción por el entorno social y nacional que las rodea. La valoración del significado de la identidad nacional puede realizarse desde dos perspectivas diferentes: exagerándola y disminuyéndola.

El primer caso se produce cuando los habitantes de un pueblo o nación consideran que los rasgos que tipifican su cultura son superiores a los de otros territorios. Y en el segundo caso se inscriben todos aquellos nacionales que imbuidos por un patológico complejo de inferioridad entienden lo contrario, vale decir, que todo cuanto se relaciona con sus raíces, carece por completo de sustancia, importancia y calidad. Es lo que sucede, por ejemplo, en la República Dominicana: lo dominicano o todo lo que guarde relación con el paisaje local se infravalora o subestima, en tanto que se supervalora o se le rinde un culto casi sacrosanto a todo lo que nos parezca exótico o extranjero.

Por momentos parecería que el dominicano promedio carece de ese sentimiento de identidad que ata al sujeto a sus raíces, a su paisaje, a sus valores esenciales y que lo lleva a sentir orgullo por todo lo que se relacione con su lar nativo. Para convencerse de esto, basta leer la siguiente anécdota relatada en su libro “Apuntes” (1974:105) por el eminente siquiatra dominicano, Dr. Antonio Zaglul:

«En Puerto Príncipe, en un pequeño supermercado, una señora compraba unos dulces muy deliciosos. Ya los había probado, y me los recomendaba por lo bueno y barato que estaban. Le enseñé el papelito de celofán de uno que decía: “Fabricado en República Dominicana”. Inmediatamente se enteró que los dulces eran compatriotas de ella, los dejó»

1. La lengua: espejo de la identidad

La lengua ha sido definida como el sistema de signos convencionales empleados por una comunidad para entenderse. Su función fundamental es la comunicación y, en tal virtud, se considera como el símbolo por excelencia o la más auténtica expresión de la identidad nacional. Se trata del rasgo de la cultura que mejor ata o vincula al individuo con su medio. Tan íntima es la relación lengua – nación que el destacado escritor español, Arturo Pérez Reverte, ha dicho aquello de que “Nuestra patria es la lengua española”, mientras que la Academia Dominicana de la lengua exhibe en su lema institucional un mensaje bastante parecido al establecer que “La lengua es la patria”
La lengua, entonces, se nos presenta como la base de la construcción y expresión de la cultura de sus usuarios, así como el más fiel retrato de esa personal visión del mundo que nos define y caracteriza como nación

2. La identidad lingüística de los dominicanos

Cuando se entra en contacto con el español hablado en la República Dominicana, todo lo previamente expresado acerca de la función de la lengua como expresión de la cultura e identidad nacional, parece esfumarse. Ello así, porque en una amplia franja de la población aún persiste la idea, insostenible desde el punto de vista científico, de que la lengua hablada por los habitantes de este país es inferior a la utilizada en otras zonas del mundo hispánico, y más inferior todavía al inglés o lengua del poderoso imperio del norte, Estados Unidos. Se piensa que esta lengua, el inglés, es superior al español y símbolo de distinción, susceptible, por consiguiente, de ser imitada, por cuanto prestigia también a quien la habla.

Semejante visión conduce a muchos de los nacidos en la patria de Juan Pablo Duarte a preferir el uso de anglicismos y rechazar, por considerarlas carentes de valor, formas expresivas características del habla dominicana. Al respecto, el profesor y destacado lingüista dominicano, Orlando Alba, sostiene lo siguiente:

«... el valor objetivo de una lengua se determina de acuerdo con el cumplimiento o no de la función comunicativa que debe desempeñar. En consecuencia, si el español hablado por los dominicanos, por ejemplo, les permite entender y darse a entender satisfactoriamente, hay que concluir que ese instrumento es tan eficaz, tan valioso y tan ‘bueno’ como otros... Por otra parte, las lenguas no constituyen entidades éticas, que se convierten en objetos de evaluación moral. De ahí que en sentido estricto, no se les aplican calificativos como bueno, malo, puro, impuro, como se hace con una persona. Tampoco son entes estéticos, susceptibles de ser catalogados de feos, bonitos, elegantes, hermosos, según se puede decir de una pintura o de un paisaje» (209: 14)

En su libro Lengua y nacionalismo (1987), el lingüista y académico, Rafael González Tirado, afirma al respecto que muchos dominicanos sufren de un complejo de inferioridad lingüística que hace que prefieran formas no hispánicas por considerarlas más prestigiosas que las hispánicas, y que por esa razón en el país asumen con tanta facilidad préstamos lingüísticos procedentes del inglés, tanto en el habla popular como en las crónicas deportivas y en la prensa escrita. Semejante complejo, según dicho autor, está fundamentado en la falsa creencia de que el inglés es superior al español.

Por eso en el habla dominicana la presencia de voces y construcciones ánglicas es mucho más que abundante : roster, boy scout, line up, home, out, bleacher, freezer, hot dog, box spring, sandwich, lonchar, coffe, coffee break, jelou, babai, bai, okey, night club, set, happy, hobby, smoking, happy hour, Sex –appeal, full, size, ,money order, close-up, baby, background, moni, nice, closet, Santo Domingo Motors, Alfonso’s decoraciones, Adri’s productions, Peña muebles, D’Daniela Eventos

Se destaca en los nombres de los establecimientos comerciales que aparecen más arriba, el uso del apóstrofo y la s seguida, estructura propia de la sintaxis inglesa, empleada por los comerciantes dominicanos con el fin de imprimirles a sus negocios mayor distinción, ya que de esa forma los vinculan fonéticamente a los que operan en los distintos pueblos o zonas de los Estados Unidos.

(Publicado en Diario Libre 11/10/2019)