jueves, 19 de febrero de 2015

LA BIBLIOTECA MUNICIPAL "TOMÁS HERNÁNDEZ FRANCO" ( Tamboril ) : VEINTICINCO AÑOS DESPUÉS.



Por: Domingo Caba Ramos.
  Hasta el año 1990, en el municipio de Tamboril no existía una biblioteca pública en la que estudiantes y demás ciudadanos se dieran cita a escuchar una charla, realizar una tertulia literaria, leer un periódico o consultar un libro. Solo en un estrecho espacio de la primera planta del ayuntamiento local había un tramo en el que descansaban no más de cincuenta libros desactualizados al que por no existir otro nombre todos le llamaban Biblioteca Pública.

No faltaron, sin embargo, los intentos de personas que constituidas en comités realizaron una que otra reunión con miras a discutir y trazar posibles planes encaminados a fundar tan importante institución; pero por una u otra razón tales intentos se quedaron en las buenas intenciones, esto es, no se materializaron.

Merced a esa realidad, al final de 1989 surgió un nuevo comité, esta vez con más definido el propósito y más firme la decisión, que acto seguido empezó a crear conciencia, coordinar voluntades y captar recursos materiales con el fin de convertir en hecho el tan educativo y cultural proyecto.

 Lo primero que se acordó fue que la biblioteca llevaría por nombre “Tomás Hernández Franco”, para de esa manera honrar la memoria del eximio poeta, nativo de Tamboril, autor del poema Yelidá y uno de los más brillantes exponentes de la literatura dominicana. En tal virtud, al recién fundado comité se le llamó Comité pro - Fundación Biblioteca Pública “Tomás Hernández Franco”.

Si bien en el momento de su formación casi una decena de personas participaron en los encuentros iniciales, el comité definitivo estuvo compuesto por el entonces director de la escuela urbana “Sergio Hernández”, profesor Basilio Caba, quien lo presidió, el arquitecto Eduardo Peña (tesorero), el periodista Nicolás Santos (secretario de actas y correspondencias), los profesores Alcides Ventura, Juan Guichardo, Domingo Caba y el comerciante José Luis Deschamps. Muy pocos grupos humanos habían trabajado con igual pasión, entusiasmo, responsabilidad y transparencia como lo hicieron los integrantes de este comité.

Como Tomás Hernández Franco Franco (1904 – 1952), era una pobremente conocido en el pueblo que lo vio nacer, para justificar el nombre del centro bibliotecario en proceso de formación, el comité desarrolló una intensa labor de difusión acerca de la vida y obra del destacado escritor, tanto mediante la publicación de artículos en la prensa nacional como a través de charlas dictadas en el mismo municipio, y en las que participaron expositores locales, de Santiago, Moca y Santo Domingo. En ese ciclo de conferencias titulado “Una semana con Tomás Hernández Franco”, magistrales y no menos memorables fueron las disertaciones de los afamados intelectuales mocanos, doctores Julio Jaime Julia (Q.E.P.D.) y Bruno Rosario Candelier, así como la leída por la profesora y poetisa tamborileña, Elsa Brito de Domínguez. A mí me correspondió disertar sobre el tema “Presencia de Tamboril en las obras de Tomás Hernández Franco”.

 Esta labor de educación sirvió para que Hernández Franco dejara de ser un ignorado en su tierra natal y para que los tamborileños comenzaran a citarlo con orgullo y conocieran la trayectoria literaria de su insigne compueblano.
                                                                         Tomás Hernández Franco ( 1904 - 1952 )

  El comité cada vez iba concitando la confianza y el apoyo del pueblo. Todos confiaban en el trabajo incondicional de cada uno de sus miembros. Cada munícipe aportaba lo que podía. Uno daba una silla, otro un libro, otro un escritorio, otro un anaquel, otro colaboraba con la mano de obra, etc. En cuanto al sector comercial, ninguno de sus miembros desoyó nuestro llamado. En este ámbito vale resaltar el papel asumido por el empresario Baby Caraballo a quien con justicia debemos reconocer como nuestro principal soporte. El supo colaborar antes y después de inaugurada la obra.

El Ayuntamiento, con Julio Rosario Comprés a la cabeza, le cedió al comité el antiguo local que había servido de estación al ferrocarril central, para que allí funcionara la biblioteca. Este funcionario, además de su apoyo decidido al proyecto de fundación del centro bibliotecario jamás se le ocurrió ejercer su autoridad para controlarlo, politizarlo e irrespetar su autonomía durante el tiempo en que el comité fundador lo dirigió. Lo mismo que Julio, también supieron respetar la autonomía de la biblioteca dos de los tres síndicos que llegaron luego.

El periódico LA INFORMACIÓN desempeñó un rol de primerísima importancia en la captación de recursos para nuestro proyecto. A su director en ese momento, periodista Miguel Franjul, lo designamos padrino del Comité. Un enjundioso y persuasivo editorial escrito por este conmovió la conciencia de los ejecutivos de las empresas Cemento Cibao, Casa Haché, SADOSA y la Asociación de Ferreteros del Cibao (ADEFECI), originando que estos aportaran todo el material requerido para acondicionar el local. De esta manera se logró que el sábado 26 de enero de 1990 (Día de Duarte), en un grandioso, masivo e inolvidable acto, quedaran, ¡por fin!, abiertas las puertas de la Biblioteca Municipal “Tomás Hernández Franco”, la biblioteca que tanto deseaba y necesitaba el pueblo de Tamboril.
                                                                  
Una vez fundada, nada satisfacía más que ver a decenas de ciudadanos leyendo la prensa diaria y a cientos de estudiantes consultando en los más de tres mil volúmenes que logramos recaudar. A partir de este acontecimiento, el comité fundador se trasformó en Comité de Apoyo. A uno de sus integrantes, el profesor Alcides Ventura, se le asignó la responsabilidad de dirigirlo de manera gratuita. Solo de Baby Caraballo, en los primeros años, recibía un pequeño aporte para fines dieta.

 Debido a nuevos compromisos contraídos y/o al desplazamiento a otros lugares de una parte representativa de sus miembros, el Comité de Apoyo se disolvió y, en tal virtud, la biblioteca pasó a ser dirigida por el ayuntamiento. Con este cambio de dirección, la vida de esta institución también cambió: una buena parte de los libros que dejamos desaparecieron, la sala de lectura casi siempre permanece vacía, se realizan en estas actividades de tintes políticos tales como reuniones, entrega de tarjetas de solidaridad y, en fin, se ejecutan acciones incompatibles por completo con un recinto bibliotecario.

 Es posible que mi amigo y exalumno, Lic. Anyolino Germosén, Alcalde de Tamboril, por estar concentrado en otros asuntos municipales considerados de mayor magnitud, haya olvidado corregir esta preocupante y decepcionante situación; sin embargo, estoy convencido de que él tomará las medidas de lugar con miras a devolverle a la biblioteca la imagen educativa y cultural que le dieron origen y que sus fundadores le imprimieron. Y estoy convencido porque es lógico que en su condición de primer ejecutivo municipal desee lo mejor para su pueblo y porque sé que él, al igual que yo, está más que consciente de que un recinto bibliotecario, por el alto grado de silencio y concentración que demanda, no debe ser compartido con otras dependencias municipales ni realizarse en su sala ninguna actividad al margen de la lectura o que no sea de naturaleza estrictamente cultural.

                                                             Plano general de la Biblioteca "Tomás Hernnádez Franco"

 Sé que el alcalde, como yo, sabe que la mejor manera de celebrar los veinticinco años de fundación de la Biblioteca Municipal “Tomás Hernández Franco”, y rendirle homenaje eterno al laureado poeta que lleva su nombre, es tecnificando y modernizando sus procesos, reforzando periódicamente la estantería con nuevos y más actualizados libros y, lo que es más importante, despolitizando o recatando la esencia cultural que le dio origen a esta cuasi treintañera y formativa institución. Y es que el proselitismo político es incompatible con el quehacer cultural. Donde llega el primero, desaparece el segundo.

Para el logro de tales propósitos, me permito recomendar, asido de la más educativa, cultural y noble de las intenciones, lo siguiente:

 1. Nombramiento de un director de la biblioteca.

 2. Este director, que de ninguna manera puede ser el mismo Encargado de Cultura del Ayuntamiento, como sucede en la actualidad, deberá diseñar planes de trabajo encaminados a dinamizar e inyectarle la vida que antes esta institución tenía, así como organizar charlas y crear áreas digitales de manera que el libro físico interactúe con el texto virtual. 

3. Proporcionar, mediante asistencia a cursos, conocimientos básicos de Bibliotecología al personal que labora en la biblioteca. 

 4. Descentralizar o rescatar la autonomía perdida de la biblioteca, de manera que esta comience a funcionar bajo el control absoluto de un organismo autónomo de gestión municipal, que bien podría ser el Club Rotario Tamboril. 

Hasta aquí el recuento histórico y mis propuestas con motivo del veinticinco aniversario de la fundación de la Biblioteca Municipal “Tomás Hernández Franco”. Mi apreciado amigo Anyolino, el ayuntamiento y el pueblo de Tamboril tienen la última palabra.

lunes, 16 de febrero de 2015

CARTA A LA MADRE MUERTA

 Por : Domingo Caba Ramos.

 “Hay muertos que van subiendo cuanto más su ataúd baja...” 

( Manuel del Cabral )

  INOLVIDABLE MADRE: 

 Perdóname si violento el eterno silencio de tu último refugio. Pero tenía que decirte algunas palabras. Las palabras finales que tu muerte repentina impidió expresarte antes de que se produjera tu partida dolorosa.

Naciste, madre mía, con el nacimiento de la segunda década del presente siglo. Creciste, te desarrollaste y un buen día decidiste contraer matrimonio. Muy pronto comenzaron a llegar los hijos: llegó el primero, llegó el segundo y llegó el tercero. Llegó el cuarto y luego el quinto. Y cuando el sexto (yo) descansaba tranquilamente en tu vientre venerado, falleció tu esposo, murió mi padre. De esa manera quedaste viuda en la flor de la juventud o cuando tu vida de madre - mujer apenas empezaba a echar raíces.

Conforme a tan amarga realidad, bien pudiste haber pensado en rehacer tu vida y salir tras la búsqueda de un nuevo casamiento; pero tus nobles sentimientos maternales no permitieron que adoptara semejante comportamiento. Por eso, en lugar de recorrer las dulces sendas del placer optaste por patrullar los tortuosos senderos del sacrificio, dedicándote con inigualable abnegación a la crianza y formación de tus seis hijos.

Tu única meta estaba orientada a convertir en realidad los deseos o sueños del padre: que todos o la mayoría de sus hijos alcanzaran una profesión y se transformaran en hombres dignos de esta sociedad. Y los sueños se cumplieron. Y para que así sucediera, fueron muchas las dificultades que tuviste que enfrentar. Fueron muchas las barreras que tuviste que vencer.

La felicidad de tus hijos era tu felicidad, y con tal de lograrla eras capaz de hacer lo indecible o incurrir en el más increíble de los sacrificios.

 Había que verte, madre mía, cuando uno de tus hijos o nietos obtenía un título académico . Había que verte, cuando uno de estos lograba alguna meta. La alegría te brotaba por los poros y se dibujaba como luz de luna llena en tu rostro moreno.

 Con nosotros fuiste firme como la superficie del bronce pero dulce y tierna como la sonrisa de un niño. Siempre fuiste positiva, emprendedora y nunca una sonrisa ni una palabra de aliento se apartó de tus labios.

Aunque vieja de edad, siempre fuiste joven de espíritu, y merced a este último rasgo aflora ese gran dinamismo que tanto te caracterizó.

Cual heroína sin nombre, supiste desempeñar con entrega inusitada el doble papel de padre y madre.

¡Cuánto te queríamos tus hijos, madre mía!
 ¡Cuánto te adoraban tus nietos!
¡Cuánto te apreciaban tus hermanos, vecinos, amigos, ahijados y demás relacionados!
¡Cuánto te quería Miguel ( nuestro tío - padre ), tu adorado  hermano veintiañero que ante la muerte de nuestro progenitor pasó a residir contigo para auxiliarte en la crianza de tus hijos.
¡Y cuánto te quería Mónica Antonia,  nuestra hermana menor , la hija que nunca pariste; pero que era uno de los centros principales de tus desvelos!

  El 16 de febrero del año que transcurre un infarto fulminante paralizó los latidos de tu noble corazón. Y falleciste, doña Librada, como un pajarito, sin martirio, sin amargura, sin manifestaciones de dolor, en paz. Como sólo saben morir las almas nobles.

 Tus hijos, madre mía, siempre nos sentiremos orgullosos de ti y eternamente te recordaremos como la más consagrada, tierna y honorable madre del universo.

Paz a tus restos.

 (La Información: 22 - 2 - 97)