miércoles, 2 de agosto de 2017

INCONTINENCIA VERBAL Y COMUNICACIÓN EFECTIVA

 En el ámbito de la salud, se entiende por incontinencia urinaria la “pérdida involuntaria de orina” Se produce esta cuando la persona confronta problemas para controlar la micción o la orina. En el ámbito de la comunicación, existe otra incontinencia no menos nociva: la verbal.

Por incontinencia verbal entendemos la dificultad que confronta el hablante de controlar la palabra en el acto comunicativo. Se origina cuando el sujeto comunicante incurre en continuos exabruptos, cuando habla más de lo que debería hablar, dice lo que debería callar y habla cuando debería permanecer en silencio. Y al hablar, casi siempre lo hace sin pensar o cegado por la impulsividad del momento, por la pasión, la ira, la irracionalidad y el descontrol de sus emociones.

La inteligencia emocional de este tipo de hablante es muy baja, y por eso “dice todo lo que le llega a la boca”, no importa las molestias que generen sus palabras. Y es que como el impulso les nubla la reflexión, nunca miden el efecto o impacto negativo que sus verbales intervenciones o necias palabras pueden originar después de pronunciadas. Algunos tienen plena conciencia del problema, mas, sin embargo, no son capaces de superarlo. Otros, por el contrario,lo ignoran por completo, y al desconocerlo, la incontinencia verbal se repite o lexicaliza en forma indefinida, se asume como una práctica normal por entender que al incurrir en los tan indelicados exabruptos, nada indebido se está realizando.

Es muy difícil que en las relaciones interpersonales no se produzcan grietas y que la comunicación efectiva se pueda lograr allí donde impere la incontinencia verbal. Pensar, antes de hablar, parece ser entonces la clave de una buena comunicación. Por eso, conviene tener en todo momento la sabia enseñanza que entraña el siempre aleccionador proverbio chino:


« SI LO QUE USTED VA A DECIR NO ES MÁS HERMOSO QUE EL SILENCIO, ENTONCES CÁLLESE»

domingo, 30 de julio de 2017

«¿POR QUÉ SIEMPRE LA ESCRITURA DE SUS DOS APELLIDOS ?»

 Por: Domingo Caba Ramos
                                                                                    Domingo Caba Quezada

 La pregunta me la hizo una curiosa alumna en la universidad, hace apenas una semana, al notar que en mis artículos, y hasta en el material de apoyo que preparo para las clases,  me autoidentifico, escribiendo siempre, después del nombre, mis dos apellidos:  Caba Ramos.

« -La razón es muy sencilla: – le respondí amablemente. Escribí siempre mis dos apellidos constituye para mí la más tierna y amorosa forma de visibilizar, mantener viva la imagen o destacar la presencia del ser protagonista o artífice de mi formación humana y profesional. Del ser sin cuyo esfuerzo, motivación y seguimiento hoy yo no estuviera en esta universidad impartiéndoles esta clase. Ese ser es mi siempre recordada madre (Q.E.P.D)»

 «-¿Y qué pasó con su padre, pues noto que apenas lo menciona?» - preguntó de nuevo la estudiante, sumamente interesada y con su curiosidad cada vez más encendida, como si tratara de aprovechar al máximo el momento o la confesión del  profesor  no  muy dado a emitir juicios o hablar  en el aula de nada que tengan que ver con su mundo íntimo.

«- Mi padre, según lo que me contaron sus hermanos, amigos, cuñados y mi propia madre, fue un activo comerciante, un ser extraordinario, un  excelente ser humano en todo el sentido de la palabra. Un ser íntegro, responsable, trabajador, muy respetado por todos y, lo que es más importante, extremadamente honesto, que en todo momento aspiró lo mejor para sus hijos. Mas el destino, a veces traicionero, me impidió conocerlo, dormirme en sus brazos o ser arrullado por la música emanada de sus besos: el asma acabó con su vida en un julio como este, tres meses antes de yo nacer. 
                                                                           Librada Ramos Vda. Caba

Fue entonces cuando mi madre cogió el timón del barco familiar, y cual heroína sin nombre, se dispuso a materializar todos los sueños que el esposo muerto a destiempo había concebido en pos del bienestar de unos retoños, seis en total, ninguno de los cuales había desbordado los límites de la niñez. Por eso entiendo que la memoria de mi progenitora tiene que estar viva y latente en mi segundo apellido (Ramos), como orgullosamente llevo viva en el primero (Caba) la memoria de mi padre»

 «-Gracias, maestro, por su respuesta» – me respondió un tanto compungida, al mismo tiempo en que una lágrima solitaria se deslizaba por su frágil y diminuta anatomía.