Por:
Domingo Caba Ramos.
1. «Temperatura agradable»
En uno de sus acostumbrados informes del tiempo, el predictor meteorológico
le informa a la ciudadanía que “Las
temperaturas continuarán bastante agradables principalmente en horas de
la noche y primeras horas de la mañana como consecuencia del patrón frio dejado
por el sistema frontal.”
Me gustaría que alguien me orientara sobre cuándo, en términos
numéricos, una temperatura es agradable.
Y es que agradable es todo lo que agrada o produce placer. Se trata de
un término cuyo contenido semántico entraña una cualidad, y toda cualidad se
inscribe en el plano de lo subjetivo, vale decir, lo que es agradable para unos
puede no serlo para otros. Así, en el momento en que yo me desplazo enfundado
en un cálido abrigo, mi hermano Pedro, que muy rara vez siente frío, lo hace
pletórico de felicidad, “como si nada”, posiblemente en pantalones cortos y
camisas sin mangas.
Predecir el tiempo, constituye un
acto en el que necesariamente deben manejarse variables científicas, y su
expresión, por tal razón, tiene que
realizarse en términos numéricos,
de tal forma que los resultados que se nos presenten estén siempre conectados con la realidad ( objetividad)
y libres de toda interpretación ( subjetividad)
2. «Medio ambiente y medioambiental»
En
la bases del concurso patrocinado por una prestigiosa empresa de Santiago, hace
ya varios años, el periodista, en su programa de televisión, leyó el título del
tema propuesto: “Periodismo y
medioambiente”, y, un
tanto confundido, no tardó en llamarme para compartir conmigo su idiomática
inquietud :
- “Pensé - me
dijo - que medio ambiente se escribía en dos palabras y no en una, como la veo
escrita por aquí”.
“-
Así es - le respondí. No sucede lo
mismo, sin embargo, cuando se trata de su adjetivo correspondiente: medioambiental, el cual sí debe
escribirse en una sola palabra”
Vale destacar que medio ambiente es una forma
pleonástica o redundante de decir medio o ambiente, toda vez que medio, lo
mismo que ambiente, se define como el “
conjunto de circunstancias o condiciones exteriores en que vive alguien o algo”
2.
«El
interior del país»
Esta frase se emplea comúnmente para designar
cualquier lugar o pueblo de la República Dominicana, distante de la capital;
pero sucede que según el criterio académico, interior es lo “Que está en la parte de adentro”,
lo “Que está muy adentro”
y la “Parte central de un país, en
oposición a las zonas costeras o fronterizas”, entre otras acepciones.
Conforme a estos conceptos, solo válido
admitir como pueblos, sitios o lugares del interior del país aquellos situados
geográficamente en el centro o “muy
adentro” del territorio nacional. Por la misma razón quedarían excluidos de
esa categoría los sectores alejados del centro o no ubicados “muy adentro”, como serían las
comunidades fronterizas o las pertenecientes a nuestro litoral, tales como
Miches, Samaná, Puerto Plata, Da jabón, etc. Si por el contrario se persiste en
considerar como del interior a esos pueblos costeros, entonces también habría
que admitir como tal o como uno de los llamados “pueblos del interior” a la
ciudad de Santo Domingo, por estar esta ubicada todo lo que corresponda a la
parte costera o litoral de la ciudad de Santo Domingo, por esta enclavada o
situada sobre el mar Caribe, en la costa sur de la isla de Santo Domingo.
Por
último y conforme a los juicios precedentes conviene recordar que la lengua
opera por oposiciones: fonológicas, morfológicas, fonéticas, lexicosemánticas,
etc. Lo bueno, por ejemplo, supone la existencia de lo malo; la acción de
entrar, lleva implícita la idea de salir y cuando se habla del sustantivo y/o
adjetivo interior es porque su opuesto exterior debe existir. A tono con este
planteo quizás convenga preguntarse: Si en la República Dominicana existen los
llamados “pueblos del interior”, ¿cuáles serían entonces los pueblos del
exterior?, ¿los que están situados en las zonas costeras del país? De ser así,
una última pregunta surge de manera obligada: ¿Están ubicados estos costeros
fuera del territorio dominicano?
3.
«El Sur
profundo»
¿Existe en nuestro país un
sur no profundo? Honestamente no lo sé. Mas así parecen concebirlo quienes cada
vez que se refieren a esa zona de la República Dominicana siempre hablan de sur
profundo.
El adjetivo profundo, además
de “intenso o muy vivo” entraña la
idea de hondura o gran penetración. En virtud de esto, inconcebible sería
considerar como honda, intensa y penetrante a la histórica, heroica y lejana
región sureña. Talvez, en tales casos, en lugar de profundidad, al hablante lo
que le interesa sea subrayar la idea de lejanía; y en lugar de profundo, quizás
lata en su mente la idea que más se corresponde con el sentido estricto de lo expresado:
la idea de sur lejano.
Según el Diccionario de la
lengua española, solo cuando una comunidad es “conservadora, tradicional y
resistente a la influencia externa”, se le puede aplicar el calificativo de profunda:
“En la Cataluña profunda se
conserva aún esa costumbre”. De lo contario, semejante
adjetivación carece de pertinencia lexicosemántica.
4.
«A la
altura del kilómetro… »
“El
accidente se produjo a la altura del
kilómetro cinco de la Autopista Duarte...”- se lee en una nota de prensa
publicada recientemente en uno de nuestros diarios.
Confieso sinceramente que ignoro, y me
gustaría conocer, los instrumentos técnicos de que se valen muchos de los
periodistas dominicanos para determinar la “altura” o “pendiente” de un
determinado kilómetro.
¿No será esa “a la altura del ...” una de esas famosas “expresiones chatarra” que tanto
vulneran la esencia del Principio de Economía Lingüística, principio que, en el
caso que nos ocupa, bien pudo respetarse si el redactor hubiera escrito: “El accidente se produjo en el kilómetro
cinco de la Autopista Duarte ...”
5. «Los añitos de Luisito»
La
madre, evidentemente alegre, llama al programa de radio y solicita que le
toquen “un pianito para mi niño Luisito
que hoy cumple dos añitos”
Sabido es que no existen años
más grandes ni más pequeños que otros, no importa que los mismos, en el plano
humano, se refieran tanto a niños como a adultos. En otras palabras, un año es siempre un
año. Sin embargo, resulta altamente
curioso cómo la tierna madre de Luisito, mediante el proceso de transferencia
semántica, y apelando al valor afectivo que entraña todo diminutivo, intenta
destacar la corta edad del hijo casi
recién nacido, concentrando la idea de pequeñez , no en la estatura de su niño apreciado, sino en los años por este
cumplidos.
Pero “añito”, conviene destacarlo, en su
sentido profundo no sólo envuelve la idea de corta edad y baja estatura, sino
también de amor, ternura y afecto. Significa esto, que contrario a lo se pueda
creer y se nos ha enseñado tradicionalmente en la escuela, los diminutivos, más que sentido de pequeñez, en
su estructura semántica concentra un profundo contenido sentimental , esto es,
soporta la idea relativa a los más diversos sentimientos : amor, odio, desprecio,
burla, ternura…
(Publicado el 24 de julio del 2026)