viernes, 24 de diciembre de 2021

LA NOCHEBUENA DE ENCARNACIÓN MENDOZA

Por: Domingo Caba Ramos.

“La mayoría de sus cuentos (de Juan Bosch, D.C.)  constituyen un reflejo de la realidad social y cultural del pueblo dominicano. Oriundo de uno de los pueblos cibaeños que atesoran una rica tradición, Bosch recoge en su narrativa, costumbres, tradiciones, creencias, mitos, cábalas, actitudes y cuanto conforma la cultura viva….”

(Bruno Rosario Candelier)

Una de las costumbres o tradiciones que más respetan y rinden culto los dominicanos es aquella que consiste en cenar y compartir en familia la noche del veinticuatro (24) de diciembre (nochebuena) de cada año. En otras palabras, nada atormenta más el alma de los nativos de esta tierra del merengue que pasar esa noche  separados o lejos de sus seres queridos. El ánimo se les desploma y la nostalgia lacera su espíritu.

El profesor Juan Bosch (1909- 2002) recrea magistralmente esa realidad en uno de sus más importantes textos narrativos: “La nochebuena de Encarnación Mendoza”, del volumen “Cuentos escritos en el exilio” (2003) , cuento que  junto a “La mujer”, “Dos pesos de agua”, “Los amos” y “Luis Pie”, se registra entre los más relevantes o de más alta estatura literaria de quien con justicia  ha sido considerado como el padre del cuento dominicano y uno de los más destacados cuentistas de la literatura hispanoamericana.

¿De qué trata el cuento?

Su argumento es bastante sencillo:

Un fugitivo (Encarnación Mendoza) intenta llegar a su casa para pasar la nochebuena junto a su mujer e hijos. Para evitar que lo delaten, se oculta en un cañaveral. Un niño (Mundito) que llega allí con su perro (Azabache) lo ve y se lo comunica al jefe de puesto del central azucarero (sargento Rey).  La persecución se inicia, y en la huida Encarnación Mendoza muere, asesinado por las balas de los soldados que lo perseguían.  Luego se descubriría  que el niño delator fue el propio hijo del prófugo, quien lo había denunciado ignorando que se trataba de su padre.

Encarnación Mendoza no resistía la tentación de pasar la nochebuena alejado de sus seres queridos. De ahí que decidió arriesgar su vida o vencer todas las barreras que pudieran impedirle materializar sus  paternales propósitos:

  “El propósito de Encarnación Mendoza – habla el narrador – era pasar la nochebuena con su mujer y sus hijos. Escondiéndose de día y caminando de noche había recorrido leguas y leguas.  En toda la comarca se sabía que él había dado muerte al cabo Pomares, y nadie ignoraba que era hombre condenado donde se encontrara. No debía dejarse ver de persona alguna, excepto de Nina y de sus

 hijos. Y los vería sólo una hora o dos durante la nochebuena. Tenía ya seis meses huyendo, pues fue el día de San Juan cuando ocurrieron los hechos que le costaron la vida al cabo Pomares… Era un impulso bestial el que le empujaba a ir, una fuerza ciega a la cual no podía resistir” (p.67)

Y los más tiernos, afectivos y sentimentales deseos afloraban a su mente. Además de abrazar a su mujer y de contarles un cuento a los niños, “necesitaba ver la casucha, la luz de la lámpara iluminando la habitación donde se reunían cuando él volvía del trabajo y los muchachos lo rodeaban para que él los hiciera reír con sus ocurrencias. Tenía que ir o se moriría de una pena tremenda… Sucediera lo que sucediera, y aunque el mismo Diablo hiciera oposición, Encarnación Mendoza pasaría la nochebuena en su bohío… ” (p.68)

Mas, extrañamente, en lugar del Diablo, la oposición la haría inconscientemente su inocente niño, Mundito, al denunciarlo a la policía, minutos después de haberlo visto tendido con el rostro cubierto por un sombrero, aparentemente muerto en medio del cañaveral .Y  en vez de morir de pena, moriría acribillado por los agentes del orden:

“…Pero a eso de las tres, en el camino que dividía el cañaveral de los cerros, un tiro certero le rompió la columna vertebral al tiempo que cruzaba para internarse en la maleza. Se revolcaba en la tierra, manando sangre, cuando recibió catorce tiros más, pues los soldados iban disparándole a medida que se acercaban… ” (p.739

El cadáver lo colocaron y amarraron atravesado en un burro, y como era de noche y llovía, lo desamarraron y tiraron en la primera casa que encontraron: ¡oh sorpresa, en la propia casa de Encarnación Mendoza!

« - Hay m’shijo; se han quedao huérfano… han matao a Encarnación…» – se escuchó el desesperado grito de una mujer.

 Entonces se oyó una voz infantil en la que se confundían llanto y horror:

«-¡Mamá, mi mamá!.. ¡Ese fue el muerto que yo vide hoy en el cañaveral!» (p.76)

 

 

 

NOTAS ACERCA DE UN CLASICO AGUINALDO

  


Por: Domingo Caba Ramos.
(Al sacerdote y buen amigo: César Hilario)

 

“Alabemos todos / al niño Jesús,
que nació en Belén / y murió en la cruz…”


(Juan A. Alix)


Quizás la mayor parte de los dominicanos lo hemos cantado, bailado y tarareado alguna vez; pero talvez muchos desconocen que su título original es “Cánticos” y no “A las arandelas”, como popularmente se conoce. Que fue compuesto en Santiago hace ya ciento doce años, específicamente el 16 de noviembre de 1908, y que su autor lo fue el laureado cantor o poeta popular mocano – santiaguero Juan Antonio Alix (1833- 1918), el cual le dedicó la referida composición al presbítero don Manuel de Jesús González, cura de la parroquia La Altagracia de la ciudad de Santiago de los Caballeros. Se trata, pues, del más antiguo y conocido de los aguinaldos dominicanos.

Antes de continuar, valdría preguntarse, ¿qué es un aguinaldo? 

El concepto de aguinaldo casi siempre suele confundirse con el de villancico. Y al respecto debemos precisar que si bien uno y otro géneros musicales  aluden a las fiestas navideñas ( rasgo común ) ambos difieren ligeramente en lo que atañe a la naturaleza y alcance de la temática tratada, vale decir, mientras el contenido del villancico es eminentemente religioso, el aguinaldo combina lo religioso con lo profano. Pero dejemos que sea una voz autorizada, Julio Alberto Hernández (Santiago,1900-Santo Domingo,1999), quien se encargue de establecer dicha diferencia:

“Hoy día – apunta el afamado músico y compositor dominicano – entendemos por villancico, una canción del folklore tradicional inspirado en el espíritu religioso popular de las navidades, que suele cantarse entre el pueblo y las instituciones religiosas, con acompañamiento de instrumentos populares”
 
Y al distinguirlo del aguinaldo, don Julio puntualiza lo siguiente:

“Cuando el villancico abarca temas profanos se llama aguinaldo. Esta es la canción popular tradicional que mejor expresa los sentimientos del pueblo dominicano en la navidades” (Música Tradicional Dominicana, 1969, págs. 34-35)

Las letras del villancico versan o están siempre asociadas al nacimiento del niño Jesús, como bien se aprecia en las estrofas que siguen: 

1. “Venid pastorcito
venid a adorar
al Rey de los cielos
que ha nacido ya…”

 
2. “De tierra lejana venimos a verte,
nos sirve de guía la Estrella de Oriente,
o brillante Estrella que anuncia la aurora,
no nos falte nunca tu luz bienhechora...”


Y también en los versos del más popular, antiguo y universal de los villancicos, “Noche de paz”: 

Noche de paz, noche de amor,
todo duerme en derredor,
entre los astros que esparcen su luz,
bella anunciando al niñito Jesús,
brilla la estrella de paz,
brilla la estrella de paz.


El aguinaldo, por su parte, además del religioso, incluye en sus letras temas profanos, tales como la comida, las fiestas, las parrandas ,las bebidas alcohólicas y el amor erótico: 

“De la montaña venimos,
para invitarte a comer,
un lechoncito en su vara,
y ron pitorro a beber . . .”

 
Conviene aclarar que originalmente aguinaldo no era más que un favor que musicalmente se pedía como regalo de nochebuena; pero mediante el proceso de desplazamiento  semántico, con el paso del tiempo se le llamó aguinaldo no sólo al obsequio apetecido, sino también a la canción utilizada como canal para solicitarlo.

Al explicar la idea contenida en el párrafo precedente, Julio Alberto Hernández no podía ser más explícito:

“Desde los primeros días del mes de diciembre, su alegre melodía llena de vibraciones los campos y ciudades, donde está unido a gente de toda edad y clase, imponiéndose en los bailes, conciertos y fiestas pascuales. Los músicos populares tienen la costumbre de ir a cantarlo a las puertas de las familias acomodadas, con miras a conseguir su aguinaldo (regalía) de nochebuena. Otras personas asaltan la casa del amigo donde se proyecta hacer la fiesta, que, de antemano está preparada con bebidas y el tradicional pavo o lechón asado” (Ob. cit., pág. 35)

La pieza poética que nos ocupa, “Cánticos”, está compuesta por ochenta versos cortos, octosílabos en su totalidad, (sólo en el verso final aparece la palabra arandela) distribuidos en veinte estrofas, en las cinco primeras de las cuales los protagonistas del aguinaldo se limitan a emitir un canto de alabanza al Niño Jesús, así como un mensaje de felicitación y buenos deseos a los dueños de la casa “multados” con el regalo de nochebuena: 

“Alabemos todos / al Niño Jesús,
que nació en Belén / y murió en la cruz.

También alabemos / con suma alegría,
a sus santos padres / San José y María.

Después de alabar / al Rey de los cielos,
con los de esta casa / nos entenderemos.

Y les cantaremos / de Dios con la gracia,
deseando a todos / muy felices pascuas.

Y un año feliz / con prosperidad,
salud y dinero / y felicidad”
 

En las estrofas que siguen, el autor pasa a describir el momento festivo o asunto central de la composición, merced al cual inserta esa aguda crítica social de inconfundible tono epigramático que tanto caracterizó a la mayor parte de las creaciones del entonces llamado “Cantor del Yaque”

 En las estrofas sexta, séptima y octava, el poeta crítica :

a) A LOS CHISMOSOS , prestos siempre a generar nocivos efectos con sus lenguas lacerantes: 

“Que el Niño Jesús / muy a bien lo tenga,
librarnos a todos / de las malas lenguas”

 
b) A LOS ENVIDIOSOS, siempre mortificados por el éxito ajeno: 

“Que los libre el Niño / de los envidiosos,
que hacen mala sangre / y viven rabiosos”

 
c) A LOS MALOS VECINOS, eternos perturbadores de la paz familiar: 

“Y los libre el cielo / de un vecino malo,
que es mucho peor / que un incendio al lado”

 
En las cuatro estrofas siguientes se nos anuncia mediante el empleo de términos o expresiones de gran valor sensorial que la cena o aguinaldo está casi a punto de comenzar: 

¡Señores, silencio! / que el sonido empieza,
de platos, cubiertos / y arreglos de mesa.

Por el agujero / de la cerradura,
ya se siente el bajo / a fritanga pura.

Y allá en la cocina / ruidos de sartenes,
que sacan del horno / pavos y pasteles”
 

Pues según señales / esta gente buena,
trata de obsequiar / con tamaña cena.

 
Los visitantes, excitados por la inminente presencia del manjar o plato deseado, muestran su desesperación y emiten un grito de indiscutible acento imperativo: 

“Así, pues, señores,
los dueños de casa,
abran ya sus puertas,
que el tiempo se pasa.”

 
A partir de este momento, el poeta retoma el tono crítico de sus versos, dirigiendo sus incisivos cuestionamientos a quienes asisten a las celebraciones y actividades festivas sin que hayan sido previamente invitados a las mismas: 

“Y al entrar señores / mucha precaución,
con los que se meten/ sin invitación.

Y en los aguinaldos / los pulpos nombrados,
se sientan primeros / que los invitados”

Y al ir a la mesa / los primeros son,
en comer de todo / con mucha ambición.

Y son los primeros / en damas sacar,
y hasta los registros / los suelen bailar”
 

La advertencia está hecha, el deseo por disfrutar la cena se incrementa y es, por tanto, hora de entrar a la casa:

Entremos señores / a esta honrada casa,
saludando a todos / y dando las gracias.

Y después de entrar / esa gente buena,
que no tarde mucho / en poner la cena.
 

El autor abandona el tono épico del relato para concluir sus famosos “Cánticos” con esta lírica exhortación: 

Así, pues señores,
sin más dilación,
entremos cantando,
arandelas son”

 
Con el paso de los años, algunos de los versos que conforman estos “Cánticos” de Juan Antonio Alix, específicamente los que integran las cuatro primeras estrofas, fueron musicalizados y se les anexaron otros que nada tienen que ver con la versión original de los versos que en los párrafos precedentes aparecen transcritos.
 
Entre esas estrofas agregadas o que no forman parte de las veinte más arriba comentadas, merecen citarse las siguientes: 

“Ábreme la puerta / que estoy en la calle
y dirá la gente / que esto es un desaire…

A las arandelas / a las arandelas,
a las arandelas / de mi corazón.

Allá dentro veo / un bulto tapao,
no sé si será / un lechón asao”

 
Se tratan, estas últimas, de estrofas cuyo autor por el momento se desconoce, razón por la cual habría que situarlas en el plano de lo folklórico.

 

 

LO QUE ES Y LO QUE PARECE EN EL USO DE LA LENGUA

Por: Domingo Caba Ramos

 1.  ¿Desafortunadamente o infortunadamente?

 

El falso juicio se ha masificado, propalado y repetido de manera tal que, indudablemente, ha alcanzado la categoría de auténtico mito:

«La palabra desafortunadamente no existe en español, porque no aparece en el diccionario. Por tanto, en su lugar debe usarse infortunadamente».

 Así reza el archidifundido y desacertado juicio.  En relación con una y otra voz, conviene aclarar lo siguiente:

 Afortunado
: es el participio regular del verbo afortunar. En tanto participio, el precitado verboide se comporta como un adjetivo y, según el Diccionario de la Real Academia, soporta los siguientes significados:

a)       Que tiene fortuna o buena suerte. 

b)      Que es resultado de la buena suerte. 

c)      Feliz, que produce felicidad o resulta de ella. 

d)       Oportuno, acertado, inspirado… 

De afortunado, procede otro adjetivo : desafortunado (“Carente de fortuna, desacertado, inoportuno..” ) y el adverbio modal afortunadamente (“Por fortuna, felizmente, de manera afortunada” ), el cual, a su vez, origina el también adverbio de modo desafortunadamente, voz prefijada de correcta estructura morfológica, y la que por los elementos léxicos que la conforman entraña los significados de no afortunado, por desgracia y lamentablemente : « Desafortunadamente, nada se puede hacer para salvarle la vida» 

Conforme a lo antes expuesto , no existen, pues, razones de naturaleza morfosintáctica y léxicosemántica que puedan justificar la no validez del término desafortunadamente, independientemente de que este aparezca o no registrado como entrada en el diccionario de la RAE, esto es, el hecho de no figurar en el precitado texto académico, de ningún modo significa que el susodicho adverbio sea inexistente o no forme parte del léxico activo del mundo hispanohablante.

 ¿Por qué no figura dicha voz en la versión general e impresa del DRAE?

La página Wikilengua aclara, a propósito, lo siguiente:

«El sufijo -mente sirve para formar adverbios, principalmente de modo, a partir adjetivos. Es un sufijo muy productivo y con él se forman palabras a menudo y con facilidad, aunque con ciertas restricciones… El DRAE solo recoge una selección de los derivados en mente, por lo que no incluye adverbios correctos como desafortunadamente o brevemente» (http://www.wikilengua.org/index.php/-mente)

La propia Real Academia Española, en su página de Twitter (RAE (@RAEinforma) establece que «El DRAE no recoge todos los derivados correctamente por economía de espacio, en especial los adverbios terminados en mente» Y al relacionar semánticamente uno y otro adverbio, lo docta corporación lingüística establece de manera escueta que «Ambos son igualmente correctos y de sentido equivalente». Esto quiere decir, que tan válido es el uso de infortunadamente como desafortunadamente.

 Por esa razón, y contrario a lo que podría pensarse de manera colectiva, no resulta extraño que en una de las actualizaciones de la versión en línea del diccionario, 2017, Edición Tricentenario (http://dle.rae.es/?id=CNPcYcG), la RAE haya incluido el término desafortunadamente con los siguientes significados:

a) «Por desgracia o lamentablemente»
 b) «Con poco acierto u oportunidad»


Infortunadamente, según el DRAE, significa «De manera infortunada o desgraciada» «Sin fortuna, con desgracia»

 Basta una simple comparación de los sentidos que soportan ambos términos, para concluir que uno y otro significan relativamente lo mismo (“desgraciadamente, lamentablemente, no afortunado…”). Ambas formas, como bien lo prescribe la RAE, son sinónimas y gramáticamente correctas.

2.    ¿Primeramente o en primer lugar?

En cuanto a la voz “primeramente”, se plantea el mismo mito o falso concepto, lamentablemente repetido y difundido hasta por profesores de lengua española. Se trata, “primeramente”, de una voz que en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) se registra como adverbio de tiempo o de orden. En este texto se consignan también los términos “segundamente, terceramente y cuartamente”; pero se aclara que están en desuso.

Como adverbio de tiempo, “primeramente” significa “previamente, anticipadamente, antes de todo”, y con este valor tiene como correlatos o términos alternativos los adverbios “últimamente” y “finalmente”.   Esto significa que la acción que no se realizó primeramente, fue porque se ejecutó últimamente o finalmente:

 «Tan pronto llegamos al campo “primeramente” fuimos a la casa de nuestros abuelos».

 Como adverbio de orden, se utiliza para introducir el primer elemento de una enumeración o de una serie discursiva. Sus correspondientes correlatos son: en primer lugar, en segundo lugar, en tercer lugar, etc.:

 «Ellos, "primeramente" analizaron las causas del desastre; luego, estudiaron los efectos; finalmente, emitieron las conclusiones»

En ocasiones, el adverbio “primeramente”   puede presentarse como único elemento, sin correlato, para resaltar la importancia del segmento que aparece a continuación:

«Yo creo que tú, antes de hablar, “primeramente" conviene que investigue sobre el tema».

En este caso, "primeramente" se usa con el significado de “principalmente”, y como puede apreciarse, no introduce el primer miembro de una enumeración ni funciona como nexo entre las distintas partes que conforman el texto.

En conclusión,  los conceptos antes expresados resultan  más que ilustrativos para reiterar que se trata de un falso concepto o mito gramatical el tan propalado argumento de que no debemos decir "primeramente" porque no existe "segundamente”, "terceramente", etc.