jueves, 18 de noviembre de 2021

ASÍ NO, POETA


(Con motivo del decimoquinto aniversario de su muerte)

 A mi amigo, poeta y activo gestor cultural : Puro Tejada -

 Por: Domingo Caba Ramos


DIONISIO LOPEZ CABRAL (1956 – 2006), “
El poeta del pueblo”, falleció en su ciudad natal, Santiago de los Caballeros, el 18 de noviembre del 2006. Una semana antes de este deceso, luego de visitarlo en su lecho de enfermo, publiqué  en los periódicos El Nacional y La Información, el artículo que a continuación me place de nuevo compartir con todos mis amables lectores, con motivo de cumplirse hoy el decimoquinto aniversario de su sentido fallecimiento:

 «ASI NO, POETA

 (En reconocimiento y respeto al “Poeta del pueblo”, Dionisio López Cabral)

“Con el viento que no ha llegado / mi verso limpia distancias”

(Manuel del Cabral)

En la noche de este primer lunes de noviembre, vi al poeta postrado en su lecho de enfermo, paralizados sus movimientos y apagado, por inviolables imperativos médicos, el eco persistente de su voz huracanada.

En la noche de este primer lunes de noviembre, lo vi tendido en una de las camas distribuidas en la siempre indeseada quinta planta del principal recinto hospitalario de la región del Cibao, con su triste mirada perdida en la distancia.

En la noche de este primer lunes de noviembre, observé su cuerpo exhausto o desprovisto de esa fuerza vital que siempre hemos percibido en la voz y en los corporales movimientos del famoso bardo santiaguero.

En la noche de este primer lunes de noviembre, supe que algunos de sus amigos, entre ellos, poetas y escritores , en un decoroso gesto de fraternal y poco común solidaridad que los enaltece, en ocasiones han tenido que bañarlo y ayudarlo a levantar del lecho nada grato en el que desde hace veinte días yace acostado.

En la noche de este primer lunes de noviembre, impulsado talvez por su convencido “aguiluchismo”, y consciente, posiblemente, de mi irrenunciable “escogidismo”, tan pronto me vio, suavemente bajó el volumen del radito que yacía encima de su pecho adolorido, para informarme con firmeza, pero sin su efusión característica: « Las Águilas están ganando y El Escogido perdiendo… »

En fin, en la noche de este primer lunes de noviembre percibí el dolor plasmado en su rostro demacrado, y al contemplarlo en tan enfermizo estado, me pareció escuchar el eco persistente de una voz interior que me invitaba a decir con pesaroso e imperativo acento:

No poeta, así no, así no quiero verte.

Quiero verte recorrer las calles de tu pueblo en una noche cualquiera, casi siempre estimulado por tu báquico furor, preñando de versos, símbolos y metáforas el vientre de la Gran Ciudad.
 

No poeta, así no, así no quiero verte. Quiero verte iluminando el horizonte con el “ayer de tu canto”
 

No poeta, así no, así no quiero verte.

Quiero verte una vez más multiplicando tu voz a través de tus líricos gritos, calificados por tu amigo entrañable, Tomás Morel, como “puñaladas que agujerean las noches misteriosas de lo insondable”

 No poeta, así no, así no quiero verte.

 Quiero verte de nuevo en tu hábitat, construyendo tus siempre originales, repentinos y breves versos. Tan breves, que parecen “escritos casi sin palabras”. Versos de tan rápida lectura, que bien podríamos compararlos con esos relámpagos que iluminan, con su efímero fulgor, el horizonte sombrío. Versos que llegan, y tan veloz desaparecen, que su existencia difícil resultaría admitirla, de no ser por la estela de luz que dejan tras sus pasos.

No poeta, así no, así no me gusta verte.

Más que en la cama de una quinta y aborrecible planta hospitalaria , prefiero verte pletórico de vitalidad, desplazándote, como siempre lo has hecho, de un escenario cultural a otro, discutiendo sobre arte y literatura, declamando, pariendo poemas, gestando cultura y violentando rígidos protocolos, para tronar con tu verbo explosivo, ya sea para defender tu punto de vista sobre un tema determinado, ya sea  para declamar  el último parto de tu fértil imaginación creadora, ya sea para  dar a conocer algunos de los tantos versos que de manera repentina afloran a la fuente inagotable de tu manantial poético. Porque tú, poeta, con mucha propiedad, bien podría decir lo mismo que sobre sí pregonó el famosísimo gaucho cantor, Martín Fierro:

“Cantando me he de morir,
cantando me han de enterrar,
y cantando he de llegar,
al pie del eterno padre,
dende el vientre de mi madre
vine a este mundo a cantar.

Que no se trabe mi lengua,
ni me falte la palabra,
el cantar mi lengua labra,
y, poniéndome a cantar,
cantando me han de encontrar
aunque la tierra se abra”»