domingo, 27 de marzo de 2022

ORTOGRAFÍA DE LOS NÚMEROS CARDINALES


Por: Domingo Caba Ramos.

Por primera vez, la Ortografía de la lengua española ofrece normas explícitas   acerca de la escritura de las expresiones numéricas. (OLE, 2010, Págs. 683/686)

Como se sabe, los números pueden ser gráficamente representados de dos maneras: por medio de cifras o símbolos y mediante palabras. Esta representación genera dudas y confusiones  que llevan a los usuarios de la lengua a no saber qué emplear en un determinado contexto, si cifras o palabras. De ahí que sea muy común la pregunta: ¿Cómo debo escribir este número, en cifras o en letras?

En relación con la interrogante anterior, la Ortografía de la lengua española (2010: 682/683) plantea que la elección de cifras o de palabras en la escritura de los números depende de diversos factores, tales como el tipo de texto de que se trate, la complejidad del número que se deba expresar y el contexto de uso. En textos científicos y técnicos, por ejemplos, “es más normal, por su concisión y claridad, el empleo de cifras, y resulta obligado cuando se trata de operaciones matemáticas, cómputos estadísticos, inventarios, tablas, gráficos o cualquier otro contexto en que el manejo de números es constante y constituye parte fundamental de lo escrito”


Por las mismas razones de concisión y claridad, el precitado texto académico establece que los cardinales deben escribirse en cifras  en carteles, etiquetas, titulares periodísticos y textos publicitarios, mientras que en  obras literarias y textos no técnicos “resulta preferible y más elegante, salvo que se trate de números muy complejos, el empleo de palabras en lugar de cifras”. Y al respecto establece normas para la escritura de dichos números con palabras, con cifras y mediante el uso combinado de cifras palabras:

 ESCRITURA SOLO CON PALABRAS.

 Deben escribirse con palabras:

 a) Los números que pueden expresarse en una sola palabra, específicamente los del cero al veintinueve (cuatro, dieciséis, veintiocho, etc.), así como las decenas (treinta, cuarenta, cincuenta, etc.) y también las centenas (cien, doscientos, trescientos, etc.) : «Cumplió cinco años» ; « Me regaló trescientos pesos»

 b) Los números redondos que pueden expresarse en dos palabras (doscientos mil, cinco millones, etc.) : a) «Acudieron cien mil personas a la manifestación»; b) «Ganó tres millones de pesos en un concurso»

 c)  Los números inferiores a cien que se expresan en dos palabras unidas por la conjunción y (hasta noventa y nueve): a) «Mi padre cumplió ochenta y siete años la semana pasada»; b) « En la Biblioteca de Palacio hay treinta y cinco manuscritos». A propósito, no se recomienda, a la vez, “mezclar en un mismo enunciado números escritos con cifras y números escritos con palabras. En caso de que algún número perteneciente a las clases antes señaladas forma serie con otros más complejos, es mejor escribirlos todos con cifras: «En la Biblioteca de Palacio hay 35 manuscritos y 135 226 volúmenes impresos, 134 de ellos incunables»

 d) En textos no técnicos es preferible escribir con letras los números no excesivamente complejos referidos a unidades de medida. En tal circunstancia, no debe usarse el símbolo de la unidad (km), sino su nombre (kilómetro) correspondiente: «Recorrimos a pie los últimos veinte kilómetros» (no “los últimos veinte km”). Cuando se utiliza el símbolo, es obligado escribir el número en cifras.

e  e)  Todos los números que correspondan a cantidades o cifras aproximadas: a) «Creo que nació en mil novecientos noventa»; b) «Habría unas ciento cincuenta mil personas en la manifestación»; c) « ¡Te lo he repetido un millón de veces y no me haces caso!». Si la cantidad es exacta, la escritura con cifras es obligatoria: «Nació en 1990»

f)   Los números que se emplean de manera expresiva en locuciones o frases hechas: a) «No hay duda: es el número uno»; b) « Éramos cuatro gatos en la fiesta»; c) «Te da lo mismo ocho que ochenta»; d) «A mí me pasa tres cuartos de lo mismo»

g)  Los números que correspondan a fechas históricas o festividades, incluso cuando se utilizan para nombrar las vías o espacios urbanos : a)«Celebraremos el Veintisiete de Febrero»; b) «Te espero en la plaza Dos de Mayo»; c) «El Dieciséis de Agosto es un día feriado en la República Dominicana», d) «Mi hermano vive en la calle Veinticuatro de Abril».

 h) Los números menores de cien pueden escribirse en una palabra. En relación con los cardinales complejos, formados por la combinación de numerales simples, hasta la publicación de la nueva Ortografía, solo se escribían en una palabra los correspondientes a los números 16 al 19 ( dieciséis, dieciocho…) y 21 a 29 ( veintidós, veinticuatro ) y en más de una los numerales superiores a treinta, con excepción de las centenas. En virtud de esa regla, debía escribirse siempre cuarenta y cinco, noventa y ocho y cincuenta y dos. La nueva Ortografía admite que también se escriban en una palabra los numerales complejos menores de cien. Así, tan correcto es escribir cuarenta y cinco como cuarentaicinco; noventa y ocho como noventaiocho; En tal caso, la y copulativa que se interpone entre los numerales simples se convierte en i cuando estos se funden en una sola palabra. (OLE, 2010, P. 670)

Con el fin de “preservar la unidad ortográfica en todo el ámbito hispánico”. (OLE, 2010, P.671), se recomienda evitar la escritura mediante la cual se representa la pronunciación que reduce el diptongo en cardinales como treinticinco, cuarentitres, etc.

 ESCRITURA  SOLO  CON CIFRAS O SÍMBOLOS

La nueva Ortografía recomienda representar por medio de cifras o símbolos (OLE, 2010, págs. 684/686):

a)     Los números que exigirían el empleo de cuatro o más palabras en su escritura con letras: «En verano la población asciende a 32 423 habitantes». En algunos documentos, como cheques bancarios, contratos, letras de cambio, etc., por razones de seguridad, la expresión en cifras va acompañada normalmente de la expresión en palabras.

b)    Los números que indican año: «En el año 2024 habrá elecciones presidenciales en la República Dominicana»

c)      Los números formados por una parte entera y otro decimal: «El índice de natalidad es de 1,5. niños por mujer»

d)    Los números referidos a unidades de medida, cuando van seguidos del símbolo correspondiente: «Inaugurarán una central solar de 45 km», «Mañana se alcanzarán los 35 º»

e)      Los números pospuestos al sustantivo al que se refieren, (expresado o no mediante abreviatura), usados para identificar un elemento concreto dentro de una serie: « Página 3 (o pág. 3»,      «Habitación 317 (o hab. 317)», «Número 37 (o núm. 37)», «Tabla 7», «Gráfico 15»

f)       Los números que cuantifican los elementos dispuestos en una lista: «2 litros de leche», «7 refrescos», «1 paquete de servilletas»

g)     Los números seguidos de la abreviatura del concepto que cuantifican: «5cts» (cinco céntimos), «47 págs.» (cuarenta y siete páginas), «5 vols.» (cinco volúmenes)

La Ortografía también recomienda representar con cifras los porcentajes superiores a diez: «En las últimas elecciones votó el 84% de la población»; pero si el porcentaje corresponde a un número inferior a diez, puede escribirse tanto con cifras como con palabras: «Un 8% de los alumnos nunca acude a la biblioteca » o «Un ocho por ciento de los alumnos nunca acude a la biblioteca»

3.
 USO COMBINADO DE CIFRAS Y PALABRAS

En la escritura de un numeral compuesto debe evitarse, por considerarse incorrecta, la combinación de cifras y palabras del tipo: 50 y ocho, 125 mil, 10 mil. Esto quiere decir, que los números deben escribirse completamente en cifras (154,000) o completamente en letras (ciento cincuenta y cuatro mil).

Esa mezcla o forma abreviada solo es permitida cuando se trata de cantidades

equivalentes a sustantivos numerales, como son los casos de millar, millón, billón, trillón y cuatrillón: 25 millares»; 155 millones; 13 billones, etc.

 Si las cantidades, en cambio, representan adjetivos numerales, como las expresadas en miles, por ejemplo, la combinación cifras/palabras deberá siempre evitarse; y así como no está permitido escribir “50 y ocho personas…”, tampoco lo está escribir “10 mil personas…” Estos numerales, como ya se indicó más arriba, deben escribirse enteramente en cifras (58 personas…) o enteramente en letras (diez mil personas…)

 A pesar de la existencia de las  normas hasta aquí presentadas, lo cierto y  común es que en la Republica Dominicana, las expresiones numéricas se escriben como si  tales reglas no existieran, esto es,  tomando en consideración el criterio particular de cada usuario de la lengua. Este, cuando así lo considera, escribe un número cardinal con palabras, y el mismo número u otro de la misma categoría, en otros contextos, decide escribirlo aparece con cifras

 

 

 

 

DE NUESTRA LENGUA FÁUNICA Y VEGETARIANA (Y 2)

 

De nuestra lengua fáunica y vegetariana

(A mi amigo, médico y escritor santiaguero, Dr. Pedro Mendoza)

 Por: Domingo Caba Ramos.

 2 de 2

 El mundo animal, igual o tal vez más que el vegetal, está también permanentemente presente en el habla popular dominicana. Esta se nos presenta pletórica de referencias zoológicas que en forma figurada aluden a las más diversas manifestaciones de la vida nacional. Un simple intercambio de palabras entre dos o más dominicanos, basta para descubrirlo. Nunca olvido al respecto, el parlamento que a continuación se transcribe, protagonizado entre libaciones y libaciones por el ya mencionado Rufo, el Bichán, en un colmadón de uno de los barrios populares de la Ciudad Corazón (Santiago de los Caballeros). En su intervención, Rufo les decía a sus compañeros de tragos lo siguiente:

 « Al barrio ha llegado un tipo que priva en bichán y “león”- informa Rufo, con molestia inocultable. Parece que él desconoce que aquí el único “león” y  bichán soy yo, Rufo, el “caballo”, el “toro” y verdadero “pato” macho del barrio. Me informan – continúa Rufo – que al carajo ese, parece que yo no le caigo bien; pero  más le vale que no choque conmigo, pues él debe saber que frente a mí no es más que un simple “pollito”. Que aunque él se la da  de “tíguere”, todo el mundo dice que es un “bobo” viejo, más pendejo que una “gallina”, y que cuando lo atacan, corre más que una “guinea”. Que de la guardia lo botaron por “gato” e irresponsable, ya que acostumbraba a salir de “lechuza” o abandonar su trabajo sin el permiso de sus superiores. Por eso, si me sigue provocando, le daré una paliza que lo pondré a ver “animitas”, y muerto ese “abejón”»

Pero no sólo son fáunicas o zoológicas en el español dominicano las voces puestas en boca del precitado y folklórico personaje.  En las paremias (refranes) y la fraseología propias del español dominicano, ese léxico del corral es mucho más que frecuente:

a)   « “Culebra” se agarra en lazos»

b)  « “Camarón” que se duerme, se lo lleva la corriente»

c)   «A otro “perro” con ese hueso»

d)  « De cualquier yagua vieja, sale tremendo “alacrán”»

e)   «Así no hay “toro” que llegue a “buey”»

f)    « “Burro” no come bizcochito»

g)   «Una sola “golondrina”, no levanta tempestad»

h)   « El “pez” grande se come al chiquito»

i)    Amarre el “caballo” donde el dueño diga»

j)    «Quedó como “perico” en la estaca»

k)   «Cría “cuervos” y te sacarán los ojos»

l)    « El tipo cantó como un “gallo” y puso como una “gallina”»

m) «‟Puerco” no se rasca en jabilla»

Pero aún más:

 En la República Dominicana llaman “perro” o “perra) a la persona antipática o a la mujer “puta” o de conducta sexual desenfrenada (¿Es el perro tan odioso o antipático como lo pintan? Obsérvelo cuando ve a su amo llegar a la casa); “puerco”, si es antihigiénica; “gato”, al ladrón; “burro” , al bruto,  iletrado o a quien actúa en forma terca, torpe e irracional (¿Será verdad que el burro es el animal más bruto… tan bruto?); ‘chivo o culebra’, a quien procede de manera esquiva, recelosa o desconfiada y también al escrito fraudulento que de manera oculta usa el estudiante en un examen  ; ‘avispa y cacata’, a la mujer conflictiva, de espíritu bélico o muy dada a la confrontación ; ‘pato’, al hombre homosexual y a quien muestra destrezas al nadar; ‘gallina’, a las personas cobardes ;‘cotorra’, a quien  habla demasiado; ‘mono’ o ‘mona’ , al hombre  y mujer  feos o desprovistos de atractivos físicos, ‘pichón’, al joven inexperto; ‘zorro’, al muy astuto, ‘tiguerito’, al niño travieso o de reducida edad , y ‘pájaro’ al hombre  homosexual o afeminado.

¿Por qué los dominicanos hablamos así, tan distinto a los hablantes de otros países americanos?” – me preguntó en una ocasión, bastante inquieta, una amiga y ejecutiva bancaria de la ciudad de Santiago.

 «Tales formas de expresión – le respondí – forman parte de las particularidades propias del español dominicano, y esos particularismos lingüísticos ponen de manifiesto o constituyen el más fiel reflejo del carácter dinámico, cambiante y evolutivo de la lengua. El dialecto dominicano, en su vinculación con el español de América y peninsular, comparte una serie de rasgos lingüísticos comunes que permiten el entendimiento, la comprensión y la intercomunicación entre los hablantes de los países del llamado mundo hispánico; pero al mismo tiempo, y como parte de su proceso evolutivo, poco a poco va creando sus particulares giros expresivos, los cuales, en última instancia, se constituyen en sus rasgos diferenciadores. De ahí que no siempre un mismo término soporte igual significado en todas las comunidades hispanohablantes. Como bien aparece consignado en la muy famosa copla del no menos famoso son cubano:

 “En Cuba merengues hacemos,

sancochado en una paila,
lo que en Quisqueya se baila,
en Cuba nos lo comemos…”»

La explicación es bastante sencilla: para los cubanos, merengue es un dulce especial elaborado con azúcar y clara de huevo y  cocido al horno, mientras que para los dominicanos no es más que su principal baile folklórico.                                                                                                                                   

Lo cierto es que así se comporta nuestra lengua o variante dialectal llamada español dominicano: desde que empezamos a hablarla, comenzamos a pasear la flora y la fauna dominicana por los senderos comunicativos de nuestra cotidiana práctica lingüística.

 

DE NUESTRA LENGUA FÁUNICA Y VEGETARIANA

Por: Domingo Caba Ramos.

1 de 2

 Pienso que a pesar de lo mucho que en la República Dominicana  hemos avanzado en el orden material, científico y tecnológico, nuestro país continúa siendo una aldea.

 Pienso que a pesar de contar con medios, servicios e infraestructuras característicos de las grandes urbes (Metro, red de internet, imponentes torres arquitectónicas, gran cantidad de publicaciones periódicas y canales de televisión, etc.), y de ser el nuestro uno de los países de América con más universidades y el primero en usar teléfonos celulares (1987), la conducta y creencias del dominicano promedio están matizadas por visibles rasgos rurales o aldeanos.

 Pienso, finalmente, que en la nación dominicana, hasta el más desarrollado de nuestros grandes centros urbanos, bien podríamos considerarlo, con las palabras de don Héctor Inchaustegui Cabral, como una “Ciudad Rural”. Tal vez sea esta una de las principales razones que conducen a los hablantes dominicanos a denominar su realidad, valiéndose de comparaciones mediante el uso de imágenes, símiles y metáforas lexicalizadas que aluden al mundo animal y vegetal.

 A muchas de esas construcciones figuradas de metafórica esencia, vale confesarlo, no les encontramos explicación o coherencia lógica desde el punto de vista semántico; pero independientemente de esto, lo cierto es que tales formas expresivas forman parte de nuestro repertorio lexicosemático, razón por la cual los dominicoparlantes, sin exceptuar niveles socioculturales, las utilizamos en nuestra diaria conversación. El español dominicano lo describimos, en tal virtud, como lengua fáunica, zoológica, botánica o vegetariana. Algunos ejemplos valdrían a modo de ilustración.

 Una acción ejecutada con celeridad o prontitud es, en nuestro país, un acto realizado «en lo que dicen berenjena».  (Y a propósito de berenjena, resulta extraño y un tanto curioso que esta palabra, formada por cuatro sílabas, sea empleada como símbolo de rapidez, a sabiendas de que existen otras que por estar constituidas por una o dos sílabas se pronuncian mucho más rápido)

 _« Ya no te quiero, por tanto, me importa un “pepino” lo que hagas con tu vida…»… - le dice Andrómeda a su esposo Bernabé. (No sé por qué siempre tiene que ser un pepino lo que nunca importa, y no un melón, un limón, un tomate, etc.)

 Incurrir en sacrificios en pos de la supervivencia es lo mismo que «guayar la “yuca”». Ser dichoso es «nacer como la “auyama” ». Una mujer bella y elegante es un “tronco” de hembra. Sorprender en una acción a quien procede en forma inadvertida es atraparlo «asando “batata”». Molestarse o ser afectado por un sentimiento de intensa ira es ponerse como un “ají” o «rojo como un “tomate”», en tanto que desplomarse al suelo de repente es caerse como una “guanábana”.

   El más antiguo miembro de una institución, más que un ser humano es un « viejo “roble”». Del anciano que luce fuerte y vigoroso, se dirá que está «como un “campeche”», en tanto que se denominará “ñame” a todo ser racional que en su comportamiento muestre signos de torpeza y brutalidad. (Tampoco entiendo por qué se insiste en presentar a nuestro jugoso ñame tropical como símbolo de torpeza, brutalidad y falta de inteligencia) 

 Contestarle firmemente a alguien, destacando las razones y verdades que este no desearía escuchar es, sencillamente, mandarlo a freír “tuzas”.  Enfrentar un problema en forma superficial equivale a  tratarlo por la “rama”.  Y para resaltar la imposibilidad de superar el problema de conducta no corregido en la infancia, el botánico refrán no se hace esperar: «Árbol que nace torcido jamás sus ramas endereza»                                                                               

Cuando se encuentre en círculos de amigos, sin importar, vale reiterarlo, su nivel sociocultural, preste mucha atención a las intervenciones de cada uno y posiblemente escuchará comentarios como las siguientes:

 -« ¡Diablo, qué “vaina”…!», mientras los funcionarios están en las ‘papas’, el pueblo sigue guayando la ‘yuca…’”

 -«Al senador W. G. se le ha puesto la “piña” agria. Están pagando diez millones por su cabeza y un general acaba de demandarlo por difamación. La verdad es que ese tipo no es “manguito” ni mucho menos un “maíz”; pues para echarle la “cuaba” o acusar al gobernador, al fiscal y al comandante policial de proteger a los narcotraficantes en esta zona, hay que ser muy valiente. Los acusados no son “chivitos” jarto e “jobos”… »

  -«No me desprecies y olvides que de cualquier “yagua” vieja sale tremendo “alacrán”»

 -«Pensé – dice Rufo, el Bichán – que la novia de mi amigo Eustaquio era otra cosa; pero es un “fleco” viejo …»

 Y para indicar que una realidad, aunque desafortunada o desagradable, tenemos que aceptarla y adaptarnos a ella, la frase utilizada no podía ser menos vegetariana y folklórica:

«El “tabaco” es fuerte, pero hay que fumárselo…»

 

´DESDE LAS ALTURAS DEL PEÑON : RECUERDO DE UNA ROTARIA E INSTRUCTIVA CAMINATA (Crónica del ayer)


Por : Domingo Caba Ramos

 «La belleza del monte es múltiple, infinita, cuando lo dora la luz del sol, cuando lo azota la tormenta, cuando lo bate la lluvia, a toda hora, en cada estación, eternamente…»

 (Francisco Moscoso Puello: Cañas y bueyes)

 Domingo, 7 de agosto de 1994

 Cuando el reloj marcó las 9:00 a.m., ya todos los socios ( activos y honorarios) del Club Rotario Tamboril estábamos concentrados alrededor de los tres vehículos que nos trasladarían hasta la entrada del angosto sendero que conduce hacia una de las más impresionantes y talvez menos exploradas de las elevaciones pertenecientes a la Cordillera Septentrional: el pico Peñón.

  En el seno del pueblo la mañana ardía. Mañana calurosa de agosto. Mañana de verano. Más, allá, en el corazón de la montaña, divisábamos la presencia de espesos y negros nubarrones, los cuales parecían anunciar la llegada inminente de la lluvia refrescante. Una simple señal del Ing. Agrónomo Domingo Rodríguez, quien además de fungir de cicerón tuvo a su cargo la coordinación de todo lo relativo al muy instructivo y recreativo viaje, bastó para que de inmediato emprendiéramos la marcha.

 Apenas unos pocos minutos de carrera y ya nos encontrábamos ascendiendo por la empinada carretera que comunica las comunidades de Canca La Piedra y Carlos Díaz.

 Las veloces camionetas, diestramente piloteadas por don Pablo Henríquez, Porfirio Guzmán y el veterano mecánico Danilo Rodríguez, mejor conocido con el mote de “San Víctor”, más que correr, parecían danzar al tener que moverse de manera irregular por la tortuosa y bailarina ruta.

 Antes de las diez llegamos a la comunidad de Arroyo del Toro. Aquí estacionamos los vehículos para iniciar nuestra caminata hacia la entrada del monte, y aquí también apareció Julián, el atento jovencito que nos sirvió de guía.

  - «Allá, en el pico, nadie debe lanzar desperdicios, escribir nombres en los árboles ni mucho menos extraer plantas para llevar a sus hogares» - sentenció el Ing. Rodríguez, actual macero del Club, consagrado ecologista y dos veces presidente de la Sociedad Ecológica del Cibao (SOECI). Y sin mediar palabras dio comienzo a sus botánicas explicaciones:

  - « ¿Ustedes ven aquellas matas, parecidas a la palma? Esas son las manaclas y pertenecen a la misma familia de la cana, el guano, coco, es decir, al grupo de las llamadas plantas palmeras…».

 Empezamos a subir…

 Muy pronto la respiración de todos se tornaría más acelerada, los pasos más lentos y largas columnas de sudor comenzarían a descender por los cuerpos agotados. Producto del cansancio, Almonte (Albita), cual Jesucristo azotado, completó su tercera caída.  A don Félix Henríquez lo vimos rodar como el ágil pelotero que se desliza en el robo de base, en tanto que al doctor Carlos Tejada fue necesario “remolcarlo” y hasta se valoró la posibilidad de aplicarle respiración boca a boca.

 - «Esa otra mata - continúa nuestro orientador - se llama Guayullo y suele utilizarse como insecticida o repelente de insectos».

 - «Cuando yo nací - amplía don Braulio López, con aire de experto naturalista - ya los campesinos lo usaban como repelente, así cuando las gallinas tenían piojillos les forraban el nido de guayullo e inmediatamente el piojillo moría”. Luego le escucharíamos susurrar, con orgullo inocultable: -“Ven, que yo no soy fácil».

 En el transcurso de la travesía hubo un momento de tensión e inquietud, y fue que Carlos José Rosario, presidente de los rotarios excursionistas, desapareció sorpresivamente y no respondía a nuestros insistentes llamados. Cuando reapareció pudimos comprobar que el “presi” no se había extraviado ni estaba realizando “oficio particular”, alguno como pensaban mentes morbosas, sino devorando guayabas en medio de la espesura del bosque.

  Pero a pesar de las dificultades, logramos llegar hasta la misma cima del Peñón.

 - «La cumbre del Peñón - interviene nuevamente Domingo - es el límite exacto entre las provincias de Santiago y Puerto Plata y está situada a una altura de unos mil metros sobre el nivel del mar. Nótese la gran abundancia de helechos. Cuando en un lugar nos encontramos con este tipo de vegetal, esto indica que en dicho lugar la pluviometría sobrepasa los dos mil doscientos milímetros, vale decir, que es mucha la lluvia que cae en esta zona».

 Y en lo que respecta a las características del terreno, expresa lo siguiente:

 - «Estas tierras son de clase 6 y 7, esto es, suelos de muy poca fertilidad. Según las investigaciones, existían en este sitio grandes minas de ámbar, las cuales con el tiempo se han petrificados. Como podrá apreciarse - expone con evidente amargura - ya no hay árboles, todos fueron cortados indiscriminadamente y por eso hoy sólo percibimos la presencia de hierbas y arbustos. En tal virtud pienso - puntualiza finalmente - que el presidente de la República debiera emitir un decreto mediante el cual se declare este monte como zona vedada para que así no penetre nadie a su interior y mediante el proceso de reforestación natural, vuelvan a levantarse los frondosos árboles que en épocas pasadas yacían plantados en este serrano y fresco ambiente»

 Es la una de la tarde, hora propicia para picar y cherchar bajo la sombra extasiante producida por las ramas entretejidas que nos sirvieron de techo protector. A partir de este instante ya no percibíamos las ilustrativas descripciones científicas relativas a la flora rastreada, sino las sazonadas ocurrencias de don Braulio, las mudas sonrisas de César Rodríguez y Publio Germosén, el inarmónico ronquido, cuando dormía, de Lourdes Tapia, la incansable secretaria ejecutiva de SOECI, la risa explosiva de Camucha y los cuentos multicolores de Domingo y Julio Rosario, este último, síndico tamborileño recién electo.

 Y entre chistes y tragamientos, yo esparcía mi espíritu contemplando desde las alturas del Peñón la siempre imponente imagen del monumento santiagués, la iglesia Corazón de Jesús de Moca, con su cúpula rozando las estrellas, la chimenea de la cementera (Cemento Cibao) esparciendo hacia el infinito su humo blanquecino, el desplazamiento de los automóviles, las calles, carreteras, las copas de los árboles que vistos desde arriba semejan hileras interminables de cómodos o confortables colchones tachonados de verdes hojas. Y en fin, los múltiples encantos que a la vista nos presenta nuestro bien amado Valle del Cibao.

 A las 2:00 p.m., emprendimos el viaje de regreso.

 Cuando por última vez clavé la mirada en el vientre de la cumbre recorrida, de nuevo afloraron a mi memoria las palabras del artista literario y científico naturalista, inicialmente citado en la presente crónica:

  «La belleza del monte es múltiple, infinita, cuando la dora la luz del sol, cuando lo azota la tormenta, cuando lo bate la lluvia, a toda hora, en cada día, en cada estación, eternamente...»

(Publicado en el diario La Información en fecha 26/8/94)


DUDAS Y CONFUSIONES EN EL USO DE ALGUNAS FORMAS DEL ESPAÑOL


Por: Domingo Caba Ramos

  DEBER Y DEBER DE…

 La confusión entre los usos «deber + infinitivo» y «deber de + infinitivo» es bastante frecuente. Y tal realidad es originada por el hecho de que la suposición que entraña la perífrasis «deber de + infinitivo» se suele expresar en forma de la obligación que semánticamente soporta la locución «deber + infinitivo». En otras palabras, cuando deber forma una perífrasis verbal, es decir, se une a otro verbo, perdiendo el significado para expresar obligación o duda (debes ir / deben de ser las ocho) puede hacerlo de dos maneras:

 «Deber + infinitivo»

2.     «Deber de + infinitivo»

En el primer caso, la perífrasis expresa obligación.

 

a)    “Mi hijo, debes usar siempre la mascarilla”. ( = obligación)

b)    “Mis hijos, deben mantener siempre el distanciamiento físico”. ( = obligación)

c)     “Debéis fumar menos”. ( = obligación)

En el segundo caso, la perífrasis expresa suposición.

 “Mi hijo, deben de ser como las 3p.m”. ( = suposición)

b)    “Ellos deben de haber llegado ya”. ( = suposición)

c)     “Debe de haber perdido el tren”. ( = suposición)

 Como se puede apreciar, cada una de estas construcciones posee un significado distinto, razón por la cual no se pueden emplear de manera arbitraria, expresando incorrectamente:

 “El gobierno debe de mejorar los salarios de los pensionados y jubilados”. ( Mejor : El gobierno debe  mejorar los salarios de los pensionados y jubilados)

b)    “El delincuente debe ser uno de los tantos deportados que últimamente han llegado a nuestro país”. ( Mejor : El delincuente debe de  ser uno de los tantos deportados que últimamente  han llegado  a nuestro país)

 Nótese, como bien lo prescribe el Diccionario Panhispánico de dudas, que la locución «deber + infinitivo» no lleva la preposición de delante del infinitivo cuando expresa obligación; mas sí deberá estar presente cuando indica suposición

2. REANUDAR Y REINICIAR.

 Son muchos los hablantes o usuarios de la lengua española   que consideran que los verbos “reanudar” y “reiniciar” significan lo mismo.  Nada más apartado de la realidad. Tales formas verbales no son sinónimas. Una y otra entrañan distintos valores significativos.

 Reiniciar debe emplearse para aludir al hecho de volver a principio de una actividad suspendida.

 Reanudar, por el contrario, es la forma recomendada para referirse a algo que vuelve a ponerse

en marcha a partir del punto en que se suspendió. Merced a estos conceptos, se infiere que para reiniciar algo es necesario volver al principio. De ahí que se reanuda, no se reinicia, el juego momentáneamente suspendido por causa de la lluvia, vale decir, se arranca desde el punto en que se interrumpió. Ahora bien, si la lluvia no para y el juego hay que suspenderlo en forma definitiva, cuando todavía   no había sido declarado oficial, este habrá de reiniciarse, no reanudarse, en una nueva fecha. En tal caso, dicho juego deberá comenzar  desde el principio, y no desde el punto en que fue  suspendido.

 VEREDICTO FINAL.

En la prensa, tanto nacional como internacional, es común encontrarse con el uso frecuente del sintagma o construcción léxica veredicto final. Al usarse esta, ciertamente, se incurre en caso de pleonasmo o redundancia, toda vez que el término veredicto es en sí mismo un dictamen o fallo final emitido por juez, jurado o autoridad competente. Por ser así, el solo uso de veredicto basta para garantizar el justo sentido de lo expresado. El adjetivo final sobra, nada agrega a la idea general que se intenta transmitir.

 SOBRE EL VERBO APERTURAR.

Los hispanohablantes, y muy particularmente los dominicanos, somos bastante prolíferos inventando o creando formas verbales. Sustantivo y adjetivo que aflora a nuestros cerebros es sustantivo o adjetivo que de inmediato lo transformamos en verbos. De ahí que formas como “implementar”, “correccionalizar”, “asquerosear”, “cualquierizar”, “desguabinar” y “chanciar”, entre otras, así como el verbo que nos ocupa, “aperturar”, se escuchen o lean con inusitada frecuencia en el uso cotidiano de la lengua.

Aperturar: término formado a partir del sustantivo apertura, se ha puesto de moda, especialmente en el léxico bancario. Según la RAE,
se considera un neologismo innecesario utilizado en lugar de abrir. Lo mismo sucede con su antónimo reaperturar, empleado en vez de reabrir. El uso de una y otra voz, de acuerdo al criterio académico, carece de aceptación y pertinencia léxica, razón por la cual, debe evitarse. En su lugar, como ya se consignó, se recomienda abrir y reabrir. Significa esto, que una cuenta bancaria, en lugar de aperturarse o reaperturarse, más bien se abre o se reabre.

 (Publicado en Diario Libre 6/1/2022 )