viernes, 20 de noviembre de 2009

EL PREJUICIO RACIAL EN LA REPUBLICA DOMINICANA

( Segunda parte )

“Cuando el negro fue colocado por el colonizador en el lugar más bajo de la escala social, los prejuicios de clases que contra él se abatieron fueron fácilmente desdoblados en prejuicios raciales”. (Hugo Tolentino Dipp)


1. Incremento del prejuicio racial.

El prejuicio racial del pueblo dominicano, que como ya apuntamos tuvo su punto de partida en la época de la colonia, parece haber cobrado su mayor fuerza a partir de la proclamación de la Independencia Nacional.

Al menos eso es lo que se desprende de las declaraciones ofrecidas por muchos de los intelectuales y especialistas que han abordado tan importante asunto.

“La guerra que tuvo que librar el pueblo dominicano- dice el poeta y ensayista Abelardo Vicioso - para defenderse de las constantes agresiones del ejército haitiano dejó una secuela de odios contra el país vecino, que las clases dominantes se han esforzado en prolongar hasta nuestros días” (Vicioso, Abelardo, El freno hatero en la literatura dominicana. Primera Edición, 1983, pág. 167).

Los propulsores de la Independencia, imbuidos por sus sentimientos patrióticos o nacionalistas, orquestaron un movimiento propagandístico de carácter antihaitiano mediante el cual se buscaba destacar los más negativos atributos del hermano país, así como las agresiones que de él recibimos, y justificar, al mismo tiempo, la intervención de países civilizados como España, Francia, Inglaterra y Estados Unidos.

Ese nacionalismo de los llamados separatistas, Franklin Franco lo describe con las siguientes palabras:

“Ese corrompido y falso sentimiento nacionalista que traducía en el fondo un profundo prejuicio racial fue un arma verdaderamente eficaz para el desarrollo aquí del pensamiento colonialista de la oligarquía gobernante” (Franco, Franklin J. Santo Domingo: Cultura, política e ideología, 1979. Pág. 90).

La propaganda antihaitiana utilizó la prensa y la literatura como medios eficaces y poderosos para difundir sus ideas.

Esta literatura antihaitiana-agrega Abelardo Vicioso- contribuyó a degradar la conciencia nacional, creando un prejuicio contra el pueblo vecino con profundas raíces en el dominicano, que aún resulta difícil arrancar”. (Obra Cit., págs. 169 - 170).

Importante es subrayar que la propaganda en contra del pueblo haitiano fue obra no sólo de los intelectuales más conservadores y reaccionarios de la época, sino también de prominentes miembros de la Sociedad Trinitaria, entre los que se distinguen el poeta Félix María del Monte ( 1819 -1899 ) . A este trinitario se le atribuye haber compuesto el primer himno nacional dominicano que nuestra historia literaria registra con el título de “Canción dominicana” o “Himno de la Independencia”.

Pero más que un himno dominicano, la referida pieza, por su contenido, más bien puede considerarse como un canto antihaitiano y prohispánico a la vez, carente por completo de un genuino sentimiento dominicanista. Este planteamiento puede justificarse analizando la primera estrofa del himno, en cuyo primer verso el autor llama españoles a los dominicanos:

¡Al arma, españoles!
¡Volad a la lid!
¡Tomad por divisa
vencer o morir!”

El antihaitianismo y discriminación racial en las creaciones de Félix María del Monte se perciben con mayor vigor en los siguientes versos tomados de sus “Cantos dominicanos”, en los cuales el poeta y patriota describe así a los haitianos:


“Quien tiene lazos de unión
con esos diablos sañudos
que beben sangre y desnudos
en pacto con Belzebú
bailan su horrible vadú
y comen muchachos crudos”

Todavía muchos dominicanos mantienen viva la creencia de que los haitianos son brujos, tienen pactos con el diablo y practican la antropofagia, esto es, comen niños; y todavía persiste la práctica de exhibir el sentimiento nacionalista del pueblo dominicano envuelto en el traje del antihaitianismo.

11. El prejuicio racial en nuestros días.

El sentimiento antihaitiano sustentado y propagado por los escritores de la Independencia fue desarrollándose paulatinamente hasta crear en el subconsciente de los dominicanos un fuerte prejuicio contra los haitianos o cualquier persona de piel negra.

Ese rechazo al negro, con mayor o menor intensidad, continúa vigente desde la época de la colonia no sólo en Santo Domingo, sino también en otros pueblos de América, como se revela en el popular poema “Angelitos negros” en el cual su autor, el poeta venezolano Andrés Eloy Blanco, eleva un canto de dolor y lamento ante el pintor que no incluye al negro en su obra de arte:

“Pintor de santos y alcoba,
pintor sin tierra en el pecho,
que cuando pintas tus santos,
no te acuerdas de tu pueblo
que cuando pintas tus vírgenes
pintas angelitos bellos
pero nunca te acordaste
de pintar un ángel negro.”

La prueba más evidente de que en Santo Domingo hay prejuicio contra el negro, podemos encontrarla en la literatura folklórica dominicana, la cual comprende un considerable número de expresiones, refranes, coplas, décimas y sentencias que aluden ofensiva y despectivamente a los distintos rasgos del negro.

En la imaginación colectiva, el color negro se asocia al mal, al crimen, al infortunio y al mismo diablo. Carlos Esteban Deive, domínico - español versado en asuntos étnicos, dice al respecto:

“La relación entre el Diablo y el negro es antígua, y ya hemos señalado que aparece en la Edad Media. La imaginería religiosa medieval describe al Diablo como un negro feo, de cuernos y cola” (Revista ¡Ahora! No. 706. 1977, pág.34).

Cuando a alguien se le hace imposible materializar sus proyectos, de él o ella se afirma que tiene una suerte negra o un destino negro. Si se le presagia un porvenir negativo, comúnmente se le dice que su futuro es negro. Cuando una persona de piel morena comete un acto de travesura o reñido con las buenas costumbres, de inmediato se escucha la frase discriminatoria: no puede negar que es prieto.

En franca oposición al negro, el color blanco es para el común la gente sinónimo de puro, luminoso, inocente e inmaculado. Las personas de nobles sentimientos tienen el corazón blanco, pero cuando sus ideas y actitudes son malsanas y perversas, entonces suele decirse que tienen el corazón negro. Si tiene la piel oscura y se ha distinguido por su buen proceder en beneficio de los demás, se dirá enseguida que es un negro con el corazón blanco. O también es común escuchar la siguiente expresión:" Ese solamente es prieto...", que sería lo mismo decir: todas sus cualidades son apreciables; su único defecto es ser negro. Podemos constatar en los juicios precedentes que el enfrentamiento entre blancos y negros, no es más que la viva expresión de la eterna y clásica lucha entre el bien y el mal. Los blancos representan al bien, y a los negros se les pinta como los genios del mal.

Se puede demostrar igualmente en “Yelidá”, monumental poema de carácter étnico - social compuesto por el culto poeta tamborileño Tomás Hernández Franco. (1904 - 1952).

El poema nos presenta el enfrentamiento entre dioses europeos y africanos. El tratamiento afectivo que en el texto se les da a ambos dioses, favorece siempre a los primeros en detrimento de los segundos.

Los dioses blancos son inocentes, pacíficos e inofensivos y aparecen descritos con los más tiernos calificativos: Son dioses, “infantiles” y “viejecillos”, “dioses de algodón y de manzana” que “resbalan y juegan con las flores”.

En cambio, los dioses negros aparecen como comedores de hombres, dictadores y venenosos; dioses rencoristas, rabiosos y estupradores, como Badagris que es capaz de violar “a todos los niños en el vientre de las madres dormidas”. A la luz de esta descripción algunos críticos estiman que el poeta denigra a los dioses africanos al tiempo que reinvindica a los blancos noruegos. Como afirma José Alcántara Almánzar: “Del tratamiento que ambos grupos reciben se llega a la conclusión de que hay un velado racismo en “Yelidá” (Alcántara Almánzar, José. Estudios de poesía dominicana, 1979, Ed. Olfa y Omega; Pág. 147).

jueves, 19 de noviembre de 2009


EL PREJUICIO RACIAL EN LA REPUBLICA DOMINICANA


( Primera parte )

“Toda forma de discriminación basada en la raza, sea ocasional o sistemáticamente practicada y destinada a individuos o grupos raciales enteros, es completamente inaceptable”
(Juan Pablo 11)

Según el punto de vista de historiadores, sociólogos y antropólogos dominicanos, el prejuicio racial en Santo Domingo aparece en el mismo momento en que los españoles introdujeron los negros africanos en el gobierno de Nicolás de Ovando (1502 - 1509) en condición de esclavos, para reemplazar la fuerza de trabajo indígena que para esa época estaba a punto de desaparecer.

La esclavitud en la isla Española se implantó, para ser más preciso, en el año 1505. Así lo consigna Carlos Larrazábal Blanco en su libro “Los negros y la esclavitud en Santo Domingo”, al afirmar que :

“Sin embargo en 1505, muerta la reina Isabel, una embarcación arribó a la ciudad de Santo Domingo con diecisiete esclavos negros que se dedicarían al trabajo de las minas de cobre recién descubiertas. Ovando aceptó el hecho cumplido, y conociendo mejor las necesidades e intereses de la colonia resolvió pedir más esclavos con lo que dejó establecida de una manera definitiva, desde el punto de vista oficial, el sistema de la esclavitud en la Isla”. (1975, pág. 13)

Como consecuencia de la esclavitud el esclavo pasó a ocupar el lugar más inferior en la escala social. Ser esclavo era signo de inferioridad. Como el negro era esclavo, el negro era inferior a las demás personas. Esta idea aún la conserva el pueblo dominicano como herencia histórica de la época de la colonia, alimentada, naturalmente, por la clase dominante.

La presencia del negro africano unida a la del indio nativo y al conquistador español es lo que va a conformar nuestra identidad nacional y definir los rasgos étnicos y culturales de nuestro territorio.

Tan pronto los negros esclavos arriban a la isla se relacionan carnalmente con los amos o conquistadores y se produce así el tipo racial denominado mulato, que es la mezcla del blanco con el negro.

Otras categorías raciales existentes en Santo Domingo y demás pueblos del continente americano son el mestizo, producto de la unión de indio y blanco y grifo que la mezcla de indio y negro.

Nosotros, los americanos, y como parte de estos, los dominicanos, somos mestizos, grifos o mulatos. Esto queda reforzado con la siguiente cita: “De ahí que el verdadero substrato de nuestra sociedad, en términos etnológicos, fuera y sigue siéndolo - Afrohispánico” (Balcácer, Juan Daniel. Revista ¡Ahora! No. 695. 1977, pág. 25).

Podría pensarse y hasta afirmarse que en virtud de nuestra composición afrohispánica, los dominicanos no somos racistas. Pero en realidad no sucede así.
El negro siempre ha sido discriminado en Santo Domingo, y tan acentuado está el prejuicio racial en el subconsciente de los dominicanos, que hasta las personas de piel oscura rechazan y odian al negro, o lo que es lo mismo, tienden a autodiscriminarse. En torno a este juicio, Sócrates Nolasco llegó a decir que “el negro dominicano es mentalmente blanco” (citado por Bruno Rosario Candelier en “Lo popular y lo culto en la poesía dominicana, 1977, pág. 272). Mientras que para el brillante declamador e intérprete de la poesía negroide, Carlos Lebrón Saviñón, “el primer discriminador del negro es el propio negro”. Es como si al sentirse negro, en su rostro se dibujara el dolor que ese hecho le produce. Por eso canta el poeta :

“Negra Pulula, que bien,
que planchas la ropa ajena,

¿Cuándo plancharás tu cara:
mapa de penas?”

Nuestro sueño dorado es llegar a ser blancos y con semejante actitud, mostramos un profundo desconocimiento o no resistimos a reconocer las verdaderas raíces biológicas y culturales que nos dieron origen.


Ya lo dijo poéticamente nuestro gran cantor popular, Juan Antonio Alix:

“Todo aquel que es blanco fino
jamás se fija en blancura
y el que no es de sangre pura
por ser blanco pierde el tino”...

Es bien sabido que el otrora Generalísimo y dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina, autor de la horrible masacre de más de quince mil haitianos ejecutada en 1937, y entre cuyos abuelos se registran el capitán español José Trujillo Monagas y la haitiana Luisa Erciná Chevalier, revivió el culto a lo hispano, bastante resquebrajado a partir de la derrota de las fuerzas anexionistas españolas (1863 - 65), y lo utilizó como uno de los instrumentos o rasgos ideológicos sustentadores de su esquema de dominación política.

“La exaltación de los valores hispánicos - apunta el sociólogo Franklin Franco - fue una herencia recogida con toda fidelidad por el sistema ideológico del trujillato. Incluso desde el punto de vista personal, Trujillo intentó buscar su ascendencia hispánica, al tiempo que mantenía permanentemente una intensa campaña propagandística dirigida a mostrar al pueblo la unidad cultural entre la República y su vieja metrópolis” (Historia de las ideas políticas en la República Dominicana, págs. 121 - 122).

No es extraño, pues, que uno de los más cercanos colaboradores del tirano, el doctor Joaquín Balaguer, se expresara en parecidos términos al afirmar que “Santo Domingo es el pueblo más español de América” (La Isla al Revés, 1983, pág. 63)

Entiende este autor, quien extrañamente niega la existencia del prejuicio racial en la República Dominicana, que “nuestro origen racial y nuestra tradición de pueblo hispánico, no nos deben impedir reconocer que la nacionalidad se halla en peligro de desintegrarse si no se emplean remedios drásticos contra la amenaza que se deriva para ella de la vecindad del pueblo haitiano”, que “el contacto con el negro ha contribuido, sin ningún género de dudas, a relajar nuestras costumbres públicas” (pág. 45), que “una gran parte de los negros que emigran a Santo Domingo (Pág. 49) son seres tarados por lacras físicas deprimentes”, transmisores de “las enfermedades más repugnantes”, así como los verdaderos causantes “de la corrupción de nuestras costumbres patriarcales” (pág. 50).

Y no es extraño que el mismo Balaguer justificara la espantosa matanza de haitianos llevada a cabo por Trujillo argumentando que: “La República, para poder subsistir como nación española, necesita afianzar las diferencias somáticas que la separan de Haití...” (La realidad dominicana, 1947, pág. 115).

Trujillo, que no desperdició recurso alguno para demostrar al país y al mundo que por sus venas no corría sangre africana, sino exclusivamente española, jamás hizo alusión, ni mucho menos sus fieles acólitos, a las raíces haitianas que sirvieron de punto de apoyo a su árbol genealógico.

Mucha razón tuvo al respecto el ya mencionado “Cantor del Yaque”, cuando en la segunda mitad del pasado siglo condenó semejante comportamiento en una de sus más famosas y conocidas décimas:


“El blanco que tuvo abuela,
tan prieta como el carbón,
nunca de ella hace mención,
aunque le peguen candela.
Y a la tía Doña Habichuela
como que era blanca vieja,
de mentarla nunca deja
para dar a comprender
que nunca puede tener
el negro tras de la oreja”






domingo, 15 de noviembre de 2009

“EL NEGRO TRAS DE LA OREJA”

( Al dominicano Sammy Sosa : Embajador Especial para la inversión extranjera )

“El negro dominicano es mentalmente blanco”

(Sócrates Nolasco)

“El negro tras de la oreja” (1883) es una de las más celebradas composiciones de quien con justicia ha sido considerado como el más grande poeta popular dominicano de todos los tiempos: Juan Antonio Alix (Moca, 1833- Santiago, 1918)
En una de las décimas que la conforman, el entonces llamado “Cantor del Yaque” dice lo siguiente:

Todo aquel que es blanco fino,
jamás se fija en blancura,
y el que no es de sangre pura,
por ser blanco pierde el tino,
si hay baile en algún casino,
alguno siempre se queja,
pues a la blanca aconseja,
que no baile con negrillo,
teniendo, aunque es amarillo,
el negro tras de la oreja…”

Entrañan estos versos una aguda crítica al dominicano de morena piel que dando muestras de su racial prejuicio se jacta orgullosamente de su aparente blancura y parece sentir vergüenza por la raíz africana de la que parte su identidad, así como del negro tinte que barniza su mulata anatomía.

Pero el negro dominicano, al decir de Alix, no sólo enloquece o “pierde el tino” por ver transformada en blanca su morena piel, sino que al mismo tiempo es muy dado a ocultar sus raíces afroamericanas y pregonar sus vínculos con parientes de imaginada estirpe caucásica. Por eso afirma el poeta:

“El negro que tiene abuela,
tan prieta como el carbón,
nunca de ella hace mención,
aunque le peguen candela,
y a la doña Habichuela,
como que era blanca vieja,
de mentarla nunca deja,
para dar a comprender,
que nunca puede tener,
el negro tras de la oreja…”

Hacia el mismo blanco de la crítica contenida en la estrofa precedente dirije Papá Toño, como también se le llamó al ingenioso decimero, los incisivos versos de la siguiente espinela:

De la parienta Fulana,
el pelo siempre se mienta,
pero nunca la pimienta,
de la tía Siña Sutana,
por ser muy blanco se afana,
y del negro hasta se aleja,
nublando siempre una ceja,
cuando aquel hablarle viene,
porque se cree que no tiene,
el negro tras de la oreja”

Merced al cuestionamiento que late en las estrofas pretranscritas, debo reiterar lo que una vez escribi en uno de mis artículos :

“El negro siempre ha sido discriminado en Santo Domingo, y tan acentuado está el prejuicio racial en el subconsciente de los dominicanos que hasta las personas de piel oscura rechazan lo negro. O, lo que es lo mismo, tienden a autodiscriminarse. En torno a este juicio, Sócrates Nolasco (1884-1880), llegó a decir que: ‘El negro dominicano es mentalmente blanco…’ Mientras que para el brillante declamador e intérprete de la poesía afroantillana, Carlos Lebrón Saviñón, ‘el primer discriminador del negro es el propio negro’. Nuestro sueño dorado el llegar a ser blancos y con semejante actitud mostramos un profundo desconocimiento o nos resistimos a reconocer las raíces biológicas y culturales que nos dieron origen” (La información, 25/5/90)

Quien niegue o dude si realmente el “ negro dominicano es mentalmente blanco”, que busque una foto reciente del llamado “ Bambino del Caribe”, el ex pelotero dominicano y hoy Embajador Especial para la inversión extranjera : Samuel Peralta Sosa ( Sammy )

viernes, 13 de noviembre de 2009

EN LA CALMA ALDEANA:(Cinco Sonetos para un solo sentimiento)
Por : Domingo Caba Ramos.



“Yo fui tamborileño en París, en Nueva York, en Centroamérica y en Santiago.”
Tomás Hernández Franco ( * )

En 1921 publicó Tomás Hernández Franco* (Abr. 1904 - Sept. 1952) su primer libro de versos: Rezos Bohemios, uno de cuyos capítulos, “En la Calma Aldeana, está dedicado o inspirado en esa “aldea ilusionada de sus cantos”, (Tamboril), de que nos habla el poeta vegano J. Furcy Pichardo en el prólogo de la obra.

Dicho capítulo está compuesto por cinco sonetos de profundo fervor tamborileño, constituidos a su vez, como lo expresa el ya citado prologuista, por “versos felices de concepción y ejecución”; en los que el poeta pinta “la vida o el sueño de su aldea gentilísima y romántica, o dormida tras el idílico evangélico de amor de todas sus mujeres, bajo la planta de la luna, siempre en el recodo fresco de sus lomas, junto al arroyo inolvidable, al pie del robledal hablador incorregible de seducción y de quimera..”

Son cincos sonetos en los que el Tamboril de principio de siglo aparece fielmente retratado. Son cinco sonetos para un solo sentimiento.

Estos son sus títulos: “media noche”, “Tristeza del domingo”. “En la vaga penumbra”, “La aldea está triste” y “En la paz del crepúsculo”. Y esto son sus versos:

MEDIA NOCHE

Es muy puro el encanto de esta noche de luna;
la aldea se ha dormido bajo un cielo de plata,
y un arroyo murmura, como un canto de cuna,
monorrítmicamente su perenne sonata...
Los robles también duermen, como gigantes buenos,
bajo el celeste amparo de esta noche tan clara,
¡taciturnos, sombríos, sufridos y serenos,
son como los vencidos de una epopeya rara!
Todo es paz en la aldea. El viejo campanario,
sobre su cruz sostiene un búho funerario,
como un perverso emblema de horror y brujería...
... Hierático y solemne, el búho no ha sentido,
a un rayo de la luna en él se ha detenido,
mientras reza el rosario de su misantropía...

TRISTEZA DEL DOMINGO

Tristeza del domingo. La gris melancolía,
que padece el paisaje, ha llenado la tarde...
¡los mismos ruiseñores mataron su alegría,
por no aplacar la angustia de esta vida cobarde ¡

...Florece en mí el fastidio que me infunde lo igual,
...todo es igual, lo mismo... el arroyo que ríe...
el viento que murmura por entre el robledal,
y hasta el color rojizo que la tarde deslíe!...

No hay una nota alegre en la tarde aldeana:
el sol se va ocultando tras la sierra lejana,
mientras leo un soneto del divino Musset...

Y decora esta tarde la silueta exquisita,
que veo en la lejanía de una mujer bonita,
leyendo a la Invernizio a Carlota Braemé,

EN LA VAGA PENUMBRA

En la semi - inconsciencia de esta vida aldeana,
cuando caen de la noche los primeros crespones,
vibra pausadamente la voz de una campana,
como un eco gigante de muchas oraciones....

Hay beatitud sencilla en la rústica escena:
florecen “Padre Nuestros” en labios temblorosos,
y alguna novia triste desahoga su pena,
rezando por el novio, con los ojos llorosos...

Se ha extinguido en la noche la voz de la campana,
ya las gentes no tienen la ingenuidad cristiana,

que les diera un momento la oración vesperal.

En tanto yo me alejo por la penumbra,
admirando a la luna que el panorama alumbra,
y en busca del encanto de una charla trivial...

LA  ALDEA ESTÁ TRISTE.            

La aldea está muy triste desde que tú te has ido,
le falta tu alegría, le falta tu belleza...
¡y hasta mis propios versos por ti se han conmovido,

al contar esta pura y aldeana tristeza!

Pasaste como un sueño de rara fantasía,
y triunfó la elegancia de tu azul gentileza,
¡y era franca tu risa de una eterna armonía,
como si fuese risa de una infantil princesa!

...¿Te acuerdas del arroyo que siempre gluglutea,
cual si contase un cuento pasional a la aldea,
envuelto en el misterio de un divino secreto?...

Así van mis estrofas contándote la pena,
que yo he aprisionado con la ideal cadena,
de catorce eslabones de este mismo soneto!

EN LA PAZ DEL CREPUSCULO

El crepúsculo vierte su divina tristeza,
en el bello paisaje. Una franja grisácea,
es un río que canta, con su eterna pereza,
arrullando la muerte de la tarde violácea...

Al sembrar el ocaso sus oros en la tarde,
que plena de paisaje castamente moría,
brotó lejos el ritmo de algún rezo cobarde
ungido con el Ángelus y con Avemaría...

El crepúsculo tiene languideces humanas,
y semeja el incendio de ciudades lejanas,
que el alma ha soñado visitar algún día,

Para allá, entre ruinas, sepultar su secreto,
atado con los versos del póstumo soneto,
mientras muere la tarde con su roja agonía!

( * ) - Tomás Rafael Hernández Franco
. Poeta, cuentista, ensayista, orador, periodista y diplomático. Nació en el municipio de Tamboril, Santiago, República Dominicana, el 29 de abril de 1904 y murió en la ciudad de Santo Domingo el día 1 de septiembre de 1952. Poeta destacado, compuso uno de los textos capitales del siglo XX, en la República Dominicana : el poema " Yelidá", su obra maestra.

martes, 10 de noviembre de 2009

LA TRIPLE CORONA DE SALOME UREÑA.
Por : Domingo Caba Ramos.

 
El pasado mes ( octubre ) , el mundo literario dominicano recordó con diversos actos el nacimiento de una de las más insignes mujeres nacidas en tierra dominicana: doña Salomé Ureña de Henríquez (1850-1897) Y es que a Salomé los dominicanos, necesariamente, tenemos que recordarla siempre, porque fue mucho lo que esta noble educadora y brillante poetisa realizó en beneficio del pueblo dominicano. En otras palabras, fue mucho lo que esta honorable mujer le brindó a la patria de sus amores.
 
Hija del educador, poeta y escritor, Nicolás Ureña de Mendoza, Salomé Ureña de Henríquez es una de las figuras estelares de la poesía dominicana del siglo x1x y pionera de la educación femenina de carácter formal en nuestro país. Fue ella quien fundó el centro académico, Instituto de Señoritas, donde se graduaron las primeras maestras del país, y fue ella la que compuso los más bellos y significativos versos de carácter patriótico hasta ahora conocidos en la historia de la literatura dominicana.
 
Esposa del también poeta y escritor don Francisco Henríquez y Carvajal, a Salomé Ureña no le bastó con ofrecerle al país su ingente obra poética y educativa. Además de eso, le brindó a su patria y al mundo americano tres glorias de la educación y las letras hispanoamericanas: Max, Camila y Pedro Henríquez Ureña.
 
Maximiliano ( Max ) Henríquez Ureña (1885-1969) – Escritor, ensayista, novelista, cuentista, crítico literario, poeta, profesor de Literatura en Cuba, diplomático y doctor en Filosofía y Letras. En nuestro país fue Superintendente General de Enseñanza, Secretario de Interior y Policía y miembro de la Academia Dominicana de la Lengua. Entre sus estudios acerca de la cutura hispanoamericana figuran : " Panorama histórico de la literatura dominicana" ( Tomos 1 y 2 , Río de Janeiro, 1945), " Panorama histórico de la literatura cubana" ( Puerto Rico, 1963 ) y " Breve historia del Modernismo" ( México, 1964 ). En Cuba residió durante muchos años. Por esa razón,la mayor parte de escritos versan acerca de la cultura y la literatura de esta patria antillana.

Camila Henríquez Ureña (1894-1973) – Ensayista, educadora y crítica literaria. Graduada de Doctora en Filosofía y Letras en Cuba, también cursó estudios en las universidades de Minesota y Columbia, en los Estados Unidos. Ejerció como maestra de Lenguas y Literatura tanto en La Habana como en universidades norteamericanas. Vivió en La Habana, Cuba, desde niña hasta días antes de su muerte, acaecida en República Dominicana de manera repentina el 12 de septiembre de 1973, cuando se encontraba de visita en la tierra que la vio nacer. Publicó, entre otros, los libros : "Ideas pedagógicas de Eugenio María de Hostos" ( Santo Domingo, 1932 ), "Invitación a la lectura" ( La Habana, 1954 ), " Apreciación literaria" ( La Habana, 1964 ), " Feminismo y otros temas sobre la mujer en sociedad" ( Santo Domingo, 1985 )
 
Pedro Henríquez Ureña ( 1884-1946 ) – Ensayista, educador, poeta, dramaturgo, narrador, lingüista, filólogo , humanista, abogado y doctor en Filosofía y Letras, está considerado no sólo como una de las grandes glorias de la educación continental, sino también como uno de los más respetados escritores de la literatura hispanoamericana. Se trata del más notable y universal de los humanistas dominicanos. Ejerció como educador en las famosas universidades norteamericanas de Minesota, Chicago, California y Harvard ; pero fue en México y Argentina donde su labor docente se llevó a cabo por más años y de manera permanente. Entre sus más importantes libros se destacan : " Es español en Santo Domingo", " Gramática Castellana", " Seis ensayo en busca de nuestra expresión ", "Santo Domingo y las letras coloniales", " Corrientes literarias en Hispanoamérica" y " Apuntaciones de la novela en América"
 
Todos estos ilustres hijos emanaron del vientre bendito de doña Salomé, así como emanaron de su fértil vientre poético los más ingeniosos versos, y de su mente productiva, los más edificantes proyectos educativos.

Maestra que contribuyó con sus valiosos aportes en el proceso de reforma y desarrollo de la escuela dominicana; madre que trajo al mundo a tres preclaros representantes de la educación y las letras hispanoamericanas y poetisa que nos dejó los primeros poemas de mayor relieve de la literatura dominicana, en eso consiste la triple corona de esa inmensa mujer dominicana llamada Salomé Ureña de Henríquez.

domingo, 1 de noviembre de 2009

“ME VOY TAMBORIL” O EL GRITO DE LA NOSTALGIA.


( A Jorgelaine Morel )
Por : Domingo Caba Ramos. 


En 1973, el poeta tamborileño Dagoberto López, presionado por las circunstancias, organiza su maleta y decide marcharse hacia la Villa de Manhattan, New York, dejando tras sí, el cielo, el aire y las gentes de la patria chica que lo vio nacer.

El inmenso dolor que semejante partida le produce, aparece fielmente expresado en un poema suyo titulado “Me voy Tamboril”, compuesto en junio del antes citado año, días antes de marcharse. Se trata, a mi juicio, de una de las más nostálgicas piezas poéticas escritas en la República Dominicana durante las últimas cuatro décadas.

Y es que nada produce más dolor, tristeza y desaliento que abandonar voluntaria o involuntariamente el suelo patrio donde nacimos. Como bien lo expresa el Poeta Nacional de Cuba, Nicolás Guillén, al confesar que :
 
 “No hay martirio más grande que el hondo desconsuelo,
de supirar ausente de los paternos lares,
y deshojar la rosa negra de los pesares,
bajo la indiferencia de otro mar y otro cielo”

Es entonces cuando aparece ese sentimiento de angustia, ese intimismo romántico y esos recuerdos o evocaciones del paisaje local que poetas de todas las latitudes han sabido plasmar en versos de inconfundible y desgarrador acento melancólico. Es entonces cuando saltan a la luz los más bellos poemas pletóricos de nostalgia y amor por el lar nativo, como los siguientes versos de nuestro inmenso José Joaquín Pérez, considerado como uno de “los primeros altos poetas que tuvieron las letras dominicanas” y “el supremo cantor de las emociones de los desterrados dominicanos”:

“Detrás de esas olas dejamos un mundo,
de afectos, de goce, de llanto y dolor,
y al monstruo de Ganges sorbiendo iracundo,
mil vidas de seres que son nuestro amor…”

“Me voy Tamboril” parece ser uno de esos poemas.

La composición, conviene precisarlo, vale más por el sentido sentimental que encierra que por su valor estético, el cual apenas se percibe si se lo compara con el que se aprecia en los versos de madurez escritos y publicados posteriormente por el autor en libros como ”En el idioma de tus ojos” (1999), “ Muecas al viento – Alas” (1999 ), “ La palabra como cuerpo del delito” ( 2001) y “Cantos de ámbar” ( 2007 ) Son estos textos, y no sus versos de iniciación, los que consagran como tal al inspirado bardo tamborileño.

La susodicha pieza poética se inicia anunciando con el más dramático y doloroso de los acentos:

“Se acerca la hora…
me voy Tamboril, y voy a llevarme,
las cosas pequeñas de mi vida triste,
las que llevo siempre, en lo más profundo,
de mis cicatrices”

¿Cuáles son esas pequeñas cosas que tan aferradas permanecen en el mundo interior del poe-
ta? :

”Tus cortos caminos/ tus tristes andanzas / tu nubosa gente / y su andar despacio / mis palomitas muertas / mi perro Boca Negra / mi gallinita ciega / que nunca pudo ver / la sabanita rota / de mi camita enferma / mis matitas pequeñas / de rosas carolinas...”

Pero no sólo los tristes recuerdos parecen embriagar el alma atormentada del poeta. En tanto ser irreverente, cuestionador, rebelde, contestatario y poseedor de una fina sensibilidad social, Dagoberto López arrastra o se lleva consigo la angustia y amargura de los demás, incluyendo a sus amigos ya fallecidos. Así lo expresa en líricos y descarnados versos generadores de ronchas y escozor, por cuanto los mismos entrañan una aguda crítica al sistema político – social vigente:

“Me voy pueblo mío / Y me llevo en mi alma tantas cosas tristes / mis amigos ya muertos / la anemia innoble que en tu seno vive / el sudor que limpia de los tabaqueros / la miseria incrustada en todo tu aleo / la limosna triste de los indigentes / el rancho apagado y el fogón sin leña”

Sin abandonar en ningún momento el tono crítico de su canto, el poeta confiesa que también ocuparán un espacio importante en su mente acongojada las calles inservibles de su Pajiza Aldea:

“tus calles lodosas / paridas y eternas / la Vásquez, la Sánchez / la Duarte y la Mella / la Real descalza / de huecos parida”

Y se lleva también, en el cofre de sus recuerdos, las imágenes de los personajes o tipos pintorescos, sin cuya mención o referencia resultaría imposible escribir la verdadera historia de nuestros pueblos:

“Me llevo también / tus ansias / y tus risas / al loco Cudemo / a Jampa y manolo / a Piche Pelota / a Carrao y a Trepa / esos son tus locos / Son tus alegrías / los que hoy son tristeza / de mi cruel partida”

Y como en el mundo del inconsciente en que habitan estos seres desclasados nunca faltan aquellos que alardean de sus heroicos protagonismos , el poeta expresa el deseo de que se marchen junto a él dos de los personajes que parecen haber logrado fama en ese aspecto :

“ Déjame llevarme a dos aguajeros : / a Niñito Torres / e igualmente a Jero…”

En el mundo tormentoso de sus telúricas evocaciones, no podía faltar esa “quietud municipal” a la que antes le había cantado su compueblano y eximio poeta, Tomás Hernández Franco:

Quiero también irme con tus noches quietas / con tus alborotos de lejanas grietas…”

Tampoco podía faltar el dinamismo laboral y activismo sociopolítico propios del acendrado espíritu vanguardista que caracterizó a Tamboril en la época de los doce años de gobierno que encabezó Joaquín Balaguer, particularmente durante la década del setenta. Por eso confiesa que igualmente desea marcharse: “con los estudiantes que rebeldes luchan / con el olor tibio de los panaderos / con el saborear de los cacaeros / con las mariposas y el salchichonero, / con tu pisoteado sindicato obrero / con tus margaritas y tus hijos huérfanos / con tus grandes paros en contra del lobo / con tu respetado sudor de pendejo / con tus maricones, el Pao y Gamelo”

Pero no sólo los pálpitos de la vida social de su querido municipio habrán de preñar de dolor y melancolía el alma atribulada del sensible vate que casi inicia su partida. Los elementos que conforman el paisaje natural, alrededor del cual creció y se desarrolló, también aparecen proyectados en la pantalla inapagable de sus recuerdos:

“Déjame llevarme todo lo que quiero / tu río sin agua / tu arroyo en el cerro / tus noches sin luna y tus días lluviosos / que tanto bañaron mi cuerpo de niño / con sus aguaceros. /Me llevo en fin / pueblo / tus tupidos montes...”

Y cual viajero que desde la escalinata del avión envía su último adiós al ser querido que yace en tierra, el poeta concluye su lírico canto con un grito casi desesperado:

“Me voy Tamboril.
Me voy,
pero vuelvo…”

Y aunque no de forma definitiva volvió. Cada cierto tiempo Dagoberto López regresa a su país, a su pueblo. Para dormir en su “camita enferma”, arroparse con su “sabanita rota”, echarle maíz a su “gallinita ciega”, acariciar a su “perro Boca Negra” y mojar sus “matitas pequeñas” de “rosas carolinas”. Y al poner pies en tierras dominicanas quizás no cese de repetir los románticos versos ( “La vuelta al hogar” ) escritos por José Joaquín Pérez en el buque que lo reintegraba a la patria ( 1874 ), luego de permanecer seis años de ausencia en Venezuela, desterrado por orden del presidente y dictador Buenaventura Báez :

“¡Mi dulce Ozama! Tu bardo amante,
a tus riberas torna a cantar,
y tras él deja, por ti anhelante,
lejanos climas y humilde historia,
tierna memoria,
del peregrino vuelta al hogar...”

DAGOBERTO LOPEZ, ¿QUIEN ES?

Sencillamente un ser altamente irreverente, polémico, contestatario y eterno cuestionador de sistema establecido. Sinceramente, un digno hijo de Tamboril que un día cualquiera se vio obligado a emigrar a otro país esperando encontrar allí el bienestar que el suyo le negaba. Un poeta de fino estro y provisto de plena conciencia del arte de poetizar o de su quehacer escritural. Un cultor de la palabra artística que como Pablo Neruda ha entendido que “La poesía también es un oficio” Un consagrado gestor cultural y activo representante de la diáspora dominicana en Nueva York. Un poeta sin el título del blasonero, pero con la cultura general y literaria del letrado. Un tamborileño que al llegar a Manhattan, en lugar de preguntar cómo realizar turbios negocios que lo enriquecieran económicamente, prefirió investigar dónde encontrar libros edificantes que lo nutrieran espiritualmente.

Por eso a los pocos días de su arribo a los Estados Unidos, se incorporó al trabajo cutural, comunal y político. Allí ha sido miembro activo de numerosas agrupaciones culturales y publicado varios libros y opúsculos de poesías. Entre estos : “ Poemas de islas ( 1982 ), “Brillín” ( 1986 ), “Guardatorio a mi vieja Pajiza” (1984 ), “Autodeterminación” ( 1984 ) “ Cuatro coños repetidos alumbran siempre el camino” ( 1985) , “Elegía sangrante” (1992 ), “ Tamboril – Fotografía familiar” (1996),”En el idioma de tus ojos” (1999), “ Muecas al viento – Alas” (1999 ), “ La palabra como cuerpo del delito” (Coautor- 2001) “Cantos de ámbar” ( 2007 )

En 1976 obtuvo el primer lugar en el concurso literario América Rota, organizado por el Centro de Poesía Latinoamericana de New York. En 1982 ganó el primer y tercer lugar en el IV concurso de ASEUTAM, en su pueblo natal, Tamboril. En el 2000 ganó el concurso literario organizado por la Revista Libre, E.U.

Dagoberto López es, además, miembro fundador del grupo Palabra: Expresión Cultural (PEC), el cual tiene como tarea principal difundir o promover la cultura dominicana en los Estados Unidos.

miércoles, 21 de octubre de 2009

JOHAN ROSARIO.
Por : Domingo Caba Ramos.

 


El mundo de las letras y la comunicación social siempre han sido su mundo. Un mundo en el que se involucró a muy temprana edad, o cuando aún no había cruzado las fronteras de la pubertad. Le faltaban pocos ciclos para terminar la carrera de Comunicación Social cuando decidió subirse en el avión para integrarse a la lista de los miles de exiliados económicos que residen en Nueva York. Pensé que esa inserción en la siempre tentadora sociedad norteamericana marcaría el final de sus inclinaciones literarias y prácticas escriturales. Pero, afortunadamente, no sucedió así.

Si la memoria no me traiciona, creo que fue en 1999 cuando lo conocí e intercambiamos palabras por primera vez. Con singular respeto e inigualable cortesía, una tarde cualquiera del antes citado año se acercó a mí un jovencito de unos quince o dieciséis años de edad, piel morena, reducida estatura y con los rasgos de la adolescencia plasmados en su rostro mulato. Me buscaba para entregarme un ejemplar de la  revista “El Tamborileño”, medio informativo del cual él era uno de sus fundadores y redactores principales.

Quizás por haber yo impartido clases durante muchos años en los dos liceos (nocturno y matutino) del pueblo, él me conocía mucho más de lo que me imaginaba. De ahí que en ese primer contacto, me tratara con la misma familiaridad, respeto y afecto del alumno que se encuentra de repente con su antiguo maestro.

Tan pronto me vio, se identificó y acto seguido procedió a poner en mis manos el susodicho órgano informativo. Pero no se crea que todo terminó ahí. El “mozuelo imberbe”, como diría un extinto escritor y crítico literario dominicano, no desperdició tiempo y palabras, y de inmediato me habló de los más diversos temas.

De entrada me confesó que leía y disfrutaba mucho mis artículos, que lamentaba no haber sido mi alumno, aunque esperaba serlo algún día en la universidad. Me habló de sus estudios, de sus inquietudes literarias, de sus lecturas, libros y autores favoritos. Me expresó su parecer acerca de la prensa dominicana, mostrando especial admiración por el periódico El Nacional y su director, Radhamés Gómez Pepín. Me informó que ocasionalmente publicaba artículos en los periódicos “La Información” y “El Siglo” Y me habló sobre sus intenciones de estudiar periodismo tan pronto se graduara de bachiller.

Ciertamente me sorprendieron sobremanera la precocidad intelectual, temprano accionar cultural y preocupaciones literarias del inquieto chico que tenía enfrente, en un medio, el dominicano, donde el libro y la lectura parecen ser enemigos irreconciliables de jóvenes y adolescentes. Y fue entonces cuando dije para mí:

“Si este jovencito mantiene vivas esas inquietudes, es posible que en el futuro, además de un gran periodista, se convierta en un excelente escritor”
Después de ese primer encuentro, creo que intercambiamos ideas no más de tres veces. No lo volví a ver más. Cuando pregunté las razones, me informaron que se había marchado (2002) junto a sus padres para los Estados Unidos.

“ Hasta aquí llegaron sus inquietudes intelectuales y vocación literaria” – afirmé casi en forma automática, convencido de que en Nueva York, por lo que allí he visto y se me ha dicho, el tiempo apenas alcanza para trabajar y producir dinero. Que ni siquiera para escribir una carta a un amigo o familiar sobra tiempo. Y que cuando de muy jóvenes se trata, la mente sólo está presta para la lujuria, la ostentación y el goce desenfrenado.

“Muy pronto lo veré – continué mi monólogo interior - con su garganta bordeada de lujosas cadenas, desplazándose, en estado de embriaguez, por las calles polvorientas de su Pajiza Aldea , en un moderno carro con radio a todo volumen, sonando la última bachata”
Agraciadamente me equivoqué, y no me arrepiento de que así haya ocurrido.

En Nueva York no sólo continuó la labor periodística iniciada en su país, sino que incursionó en el fabuloso y siempre complejo ámbito de la creación literaria. Merced a esa artística iniciativa, tres años después de llegar a esta ciudad, pública el libro de cuentos “Retos de corazón” (2005), su primera obra, la cual tuvo una inesperada y muy buena acogida.

Al año siguiente (2006) funda la “Revista Latina”, órgano impreso que circulaba mensualmente en tres de los principales estados norteamericanos. En Supercanal Caribe produce un espacio semanal llamado “La Hora Latina”, generador de gran impacto en la comunidad hispana establecida en los Estados Unidos. Con ese mismo nombre publica también en la red de internet un blog informativo (www.lahoralatina.blogspot.com ) muy seguido o visitado por lectores residentes dentro y fuera de nuestro país.

Debido a su estelar ejercicio periodístico y defensa constante de los mejores intereses de la comunidad hispana radicada en Nueva York, fue reconocido en abril del presente año, por la Alcaldía de esta ciudad y el Concejo Municipal, conjuntamente con la Seccional del Colegio Dominicano de Periodistas e ( CDP ) en esta imperial demarcación, como “ ELMEJOR PERIODISTA DOMINICANO DEL 2008” establecido en esta urbe. Tres meses después puso en circulación aquí su segundo libro de cuentos, “Amores que matan”, el cual también verá la luz en su pueblo, Tamboril, el jueves 22 de octubre del año en curso.

Pero no sólo eso.

El escritor y periodista que nos ocupa será objeto de otro importante reconocimiento en la ciudad de Nueva York por el éxito alcanzado por su programa “La Hora Latina” Recibirá la distinción otorgada por los prestigiosos “Premios Estrellas”, ideados con el propósito de reconocer la labor de las figuras que en los Estados Unidos se han destacado en el mundo del arte y el espectáculo.

Tan preciado galardón lo recibirá en un solemne acto en el que también serán reconocidos, entre otras personalidades, el empresario Ramón Gómez Díaz y nuestro Rey del merengue, Joseíto Mateo.

Para orgullo de él y del pueblo que lo vio nacer, esa distinción será recibida por el otrora “mozuelo imberbe” al que hasta ahora me he referido, vale decir, por el mismo mulatico aquel con cara de niño, redactor y distribuidor de la Revista “El Tamborileño”, nacido un día 24 de enero de 1982 en el popular barrio “Los Fritíos” del municipio de Tamboril, Repúblicas Dominicana, y que hoy todos conocemos con el nombre de Johan Rosario.

Admito y reitero que me equivoqué.

Las inquietudes periodísticas y literarias de Johan Rosario no sólo han permanecido encendidas como en sus años de adolescencia, sino que las mismas han generado sus frutos, como ya lo hemos visto, logrando en sólo siete años de residencia en la llamada “Ciudad de los Rascacielos” conquistar un espacio, establecer un nombre y lograr unas metas que otros con más tiempo allí no han podido alcanzar.

Con su permanencia en el mundo de las letras, Johan no hizo más que seguir el buen ejemplo de otros compueblanos suyo, tales como Aurelio Rosario, Anastasio Jiménez ( Tatán ), Ramón Martínez ( Martín ) y el destacado poeta Dagoberto López, los cuales, al llegar a Nueva York prefirieron mantenerse activos en el quehacer cultural, preservando así sus hábitos intelectuales y prácticas lectoras y/o escriturales, en lugar de arrastrarse en el polvo inmundo de ilícitas negociaciones.

Ellos, lo mismo que Johan, trabajan fuertemente en los Estados Unidos para poder sobrevivir, pero reservan espacios para leer o escribir un libro, componer un poema, asistir a una tertulia, encuentro o acto cultural y redactar un enjundioso reportaje periodístico.

Felicidades a Johan Rosario. Pienso que su esfuerzo ha valido la pena. Y eso a todos debe regocijarnos. Porque cada premio y éxito suyo, se convierte en el premio y éxito de todos los dominicanos; pero muy especialmente, en el premio y éxito de todos los tamborileños que siguen y valoran su trabajo.

Esperamos que este joven narrador e inquieto comunicador nativo de Tamboril, no desmaye en el logro de sus metas literarias , y continúe, mediante el uso de la palabra , construyendo mundos imaginarios o poniéndonos en contacto con el mundo real a través de sus acuciosos reportes periodísticos.