viernes, 1 de agosto de 2014

DEL PARTO BIOLÓGICO AL ALUMBRAMIENTO POÉTICO

Por: Domingo Caba Ramos.

«Ella es carne de mi vida, flor de mi pensamiento, cemento de mi alma.». 

(Domingo Moreno Jimenes. De su "Poema a la hija reintegrada”)

 Agosto 1 del 2013. El octavo mes del año arrancó o inauguró su recorrido como cualquier otro agosto veraniego: seco, ardiente, ciclónico y caluroso. Y en la medida en que el día avanzaba, los rayos de un sol de bronce, como llamas azuzadas por el viento, ardían, quemando la piel de cuantos transeúntes se desplazaban por las calles encendidas de la Ciudad Corazón . Sol de fuego. Sol de verano. Sol de agosto.

Ese día, hace hoy exactamente un año, para mí pudo haber trascurrido de lo más normal y sin importancia, de no ser porque en tal fecha habría de nacer mi pequeña Nicol María, el ser que días después se convertiría en “mi pequeño manojito de ternura” o en la más auténtica expresión de mi otro yo.

Desde las primeras horas de la mañana, se iniciaron en la clínica Unión Médica del Norte los ajetreos prepartos. En ese “pallí pacá” yo me comportaba, aparentemente, con una calma o naturalidad que de ninguna manera ponía al descubierto la ansiedad y el nerviosismo que internamente aceleraban los latidos de mi corazón.

 Aproximadamente a las diez (A.M.) comenzó el doctor Omar González su proceso ginecológico. Mientras mi tensión aumentaba, el personal de enfermería que lo asistía, como si nada estuviera ocurriendo y ya acostumbrado a esos menesteres, reía, charlaba y emitía una que otra ocurrencia , muchas de ellas preñadas de la más inigualable picardía. El pediatra, Dr. Carlos Juan Martínez, callado y atento, esperaba tranquilo a que en sus manos fuera depositada su futura pacientica.

 En el área de cirugía, otros médicos ejecutaban la misma tarea para arrojar como resultados alumbramientos diferentes. Por esa razón, en la sala de estar, separada de la de cirugía por un cristal transparente, cada quien esperaba impaciente a que le enseñaran a su recién nacido retoño. Por eso, desde que los aplausos tronaban en el ambiente, los padres allí presentes abandonábamos rápidamente nuestros asientos para ver “si ese el mío”

. Así me mantuve, parándome y sentándome hasta minutos antes de las once. En este momento nuevamente los aplausos volvieron a escucharse. Cuando me levanté y observé a través del cristal, esta vez el impacto emocional fue indescriptible. Del otro lado, rebosante de alegría, la coordinadora de la referida sala y muy apreciada cuñada nuestra, Josefina Rubio (Gina), alzó la niña semidormida que yacía en sus abrazos, y dirigiéndose a mí, realizó una señal con su mano derecha para informarme aquello de que “Ya nació, esta es la tuya…”.

No supe qué hacer. Por un momento quedé en el limbo. Una gruesa lágrima rodó por mi cuerpo, las piernas me temblaron y, sin pensarlo dos veces, tuve que sentarme. Fue entonces cuando recordé los versos del poeta ( Moreno Jimenes), y con estos ordené, con fuerza, pero en silencio:

 «Tibien la leche terciada con agua,
 para si mi chiquitina despierta. 
Cuídenmela, hasta que se vuelva esperma como
 capullo inmortal el cuidado. 
 Ella es carne de mi vida, flor de mi pensamiento, 
cemento de mi alma.».

 Y fue entonces cuando me pareció escuchar el mandato de una voz interior que me decía: « Al igual que tu esposa y madre de tu niña, tú también tienes que parir…”. 

 Y fue entonces cuando terminé los versos o se consumó el alumbramiento del poema que más abajo se trascribe, cuya escritura inicié a las 9:45 A.M. en la sala de espera, justamente en el preciso instante en que se inició la ejecución del parto biológico en la sala de cirugía.


 ¡SALVE! MI BELLA NICOL
 (A tu abuelita Librada, quien hubiera dado la vida por conocerte)

 ¡Hosanna! Nicol María,
 ¡Salve! mi niña adorada,
 con pétalos de guirnalda,
yo te espero este gran día!

¡Salve! mi bello tesoro,
lucero de mi existencia,
hoy proclamo con potencia,
¡yo te adoro! ¡Yo te adoro!

 Las rutas de mi existencia,
 tu presencia alumbrará,
 la espina de mis tormentos,
 tu sonrisa extirpará.

¡Salve! mi lindo angelito,
 mi bella estrella, mi sol,
 ¡Salve! mi tierno cielito
 ¡Salve! mi bella Nicol.

 Tu padre.

 Unión Médica, Santiago de los Caballeros.
1/8/2013 9:45a.m.

NOTAS: Este artículo se publica hoy (1/8/2014) con motivo de cumplirse  en esta fechael primer año  de vida de la protagonista de nuestra historia: Nicol María Caba Siberio, la más auténtica expresión de mi otro yo. Sencillamente una flor que llora y un diamante que respira.

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