Por : Domingo Caba Ramos
Como hoy y desde hace más de dos semanas en Santiago de los Caballeros y otros pueblos del país no ha parado de llover, difícil me resulta no recordar la emotiva reacción frente a la lluvia de mí siempre Pequeño Manojito de Ternura, Nicol María, cuando apenas había cumplido siete años de edad. Tan pronto escuchaba el sinfónico sonido de las primeras gotas que del cielo descendían a la Tierra, acto seguido me invitaba o tomaba de la mano para contemplar la lluvia al caer desde el balcón de nuestro apartamento. Y frente a la lluvia, siempre le cantaba a esta con los versos que una vez se le ocurrió improvisar:



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