jueves, 17 de mayo de 2018

EL CLUB ROTARIO TAMBORIL

  Por : Domingo Caba Ramos

(Notas : El Club Rotario «Tamboril» cumple hoy venticinco años de fundado. Un mes después de su fundación, publiqué en la prensa nacional el artículo que se transcribe a continuación. Lo reproduzco como reconocimiento a tan significativo acontecimiento. D.C.)


                                                           Parte de los miembros fundadores del Club Rotario Tamboril


 “La obra de bien no perecerá: Ella asciende y se arraiga, porque sus semillas y sus frutos son sanos”. (Emilio Prud - Homme)

Un buen día (17/5/93) a alguien se le ocurrió pensar en la posibilidad de su nacimiento.Y merced a tal convicción, se iniciaron los contactos, se programaron los encuentros, las reuniones, comenzaron los enrolamientos, las afiliaciones, se apeló a los conocimientos y experiencia de clubes rotarios ya establecidos, uno de los cuales, el Santiago Gurabito, se constituyó en padrino - asesor del organismo en formación, y aparecieron los expertos dictando charlas de educación rotaria.

En tal virtud, poco a poco, se fueron creando las condiciones que en corto tiempo dieron al traste con su instauración definitiva. Y es así como el nacimiento o proyecto concebido en la mente de aquel “alguien” soñador, muy pronto se convierte en realidad, vale decir, nace el Club Rotario «Tamboril».

Nace inspirado en los principios o postulados filosóficos sustentados por Rotary Internacional, asociación de todos los clubes rotarios del mundo y cuyo propósito fundamental consiste en “proporcionar servicios humanitarios, promover elevadas normas éticas en todas las ocupaciones y fomentar la buena voluntad y la paz en la esfera internacional”. 

Nace el Club Rotario «Tamboril» con el deliberado propósito de fomentar la armonía, la solidaridad, las normas de convivencia social y el espíritu de servicio con miras a la consecución de metas concretas en beneficio de los mejores intereses de la colectividad tamborileña.

Nace al margen de banderías ideológicas o de toda intención que no sea la de servir desinteresadamente a la comunidad. Nace en fin, para servir a los demás.

 El próximo sábado (26 - 6 - 93), a partir de las 3:00 p.m., en acto solemne que se llevará a cabo en el municipio de Tamboril, el gobernador del Distrito 4060, licenciado Jordi M. Gassó hará entrega formal de la Carta Constitutiva al Club Rotario Tamboril, que lo acredita como miembro de Rotary Internacional.

Saludamos la constitución de este nuevo Club Rotario. Y ojalá que todas sus ejecutorias estén inspiradas o en consonancias con el muy famoso y significativo lema rotario:“Dar de sí, antes de pensar en sí.” Tamboril, pujante y emprendedora franja municipal, así se lo merece. 

(Publicado en el periódico La Información: 18 - 6 - 93)

NOTAS AL MARGEN : Semanas después de haberse publicado este artículo y de estar ya constituido el club, me cupo el honor, junto a doña Rosa de Espinal, de ser designado SOCIO HONORARIO del mismo, la más alta distinción que Rotary concede a un ciudadano, y convirtiéndonos así, en los dos primeros socios honorarios del Club Rotario «Tamboril»


jueves, 26 de abril de 2018

LO QUE ES Y LO QUE PARECE EN EL USO DE LA LENGUA.

Por: Domingo Caba Ramos.

 1. ¿EL INTERNET O LA INTERNET?

 Internet es una red, la “Red mundial de computadoras u ordenadores interconectados mediante un protocolo especial de comunicación” Funciona como nombre propio y por esa razón en el mundo hispanohablante se escribe con mayúscula inicial y sin artículo:

 a) “ Muchos jóvenes son adictos a Internet” 
b) “ Muchos dominicanos aún no tienen acceso a Internet” 

 En caso de que dicho nombre (Internet) se use precedido del artículo u otro determinante, entonces se recomienda emplear las formas femeninas (la, una, etc.), por ser femenino el nombre genérico a que se refiere, a la red. En tal virtud, deberá decirse:

 a) “Eso yo lo consulté en la Internet” 
 b), “Yo vi el juego a través de la Internet” 

 Pero jamás: 

 a) “Eso yo lo consulté en el Internet” 
 b) “Yo vi el juego a través del Internet” 

 2. ¿UNO DE ABRIL O PRIMERO DE ABRIL? 

 El caso resulta un tanto curioso. Para designar el primer día del mes, en América tradicionalmente se ha empleado el adjetivo ordinal ‘primero’ (primero de abril, primero de mayo), mas cuando se trata de los demás días, se usan entonces los cardinales (dos de abril, tres de mayo)

 En España, por el contrario, es más común el uso del cardinal ‘uno’ para denominar el día que inicia cada mes (uno de abril, uno de mayo,…).

 Asumiendo incorrecta la forma americana (primero de abril, primero de mayo…) es cada vez más frecuente, en el llamado Nuevo Mundo, emplear la forma española (uno de abril) para referirse al día prealudido. Pero según el criterio académico, una y otra forma es válida.

AHORA QUE YA NO VUELVES, LUIS

 Por: Domingo Caba Ramos

                                                                                        Luis Hierro

 « ¡Excelente!, ninguna otra pluma mejor que la suya. Por eso siempre le he dicho que usted es mi guía, mi norte, el ejemplo a seguir…»

 Así, con su acostumbrada expresión de distinción y afecto, me escribió después de leer uno de mis artículos que vía wassap le envié aquel primer viernes de marzo del año que transcurre. Muy lejos tenía yo en ese momento, que ese sería nuestro último intercambio comunicativo.

 ¡Caramba!, Luis. Jamás pensé que un día cualquiera yo tendría que redactar este artículo, escrito, por momentos, más con lágrimas que con letras. Un artículo concebido en el preciso instante (miércoles 18/4/2018) en que nuestro siempre jefe, amigo, hermano y, además, compadre tuyo, Limbert Cruz, me llamó para escuetamente ofrecerme la infausta noticia de que tú habías fallecido hacía apenas minutos. Para informarme que uno de esos infartos, siempre traicionero, había paralizado los latidos de tu noble corazón.

 ¡Caramba!, Luis, ¡qué noticia…!

 Sí, Luis. Falleciste justamente quince días antes de la fecha (1 de mayo) en que cumpliría un año más de vida. Una fecha que siempre esperabas y celebrabas con un regocijo casi fuera de lo normal. 

¡Caramba!, Luis. Tú que tanto leías, comentabas, disfrutabas y compartías mis artículos, esta vez no podrás leer, comentar ni compartir este que en tu honor y de manera póstuma he tenido que escribir. 

Si bien tu formación académica no pudo transitar más allá del simple bachillerato, admiré siempre en ti, Luis, tu fervorosa afición por la lectura. Un amor que ya quisieran muchos con títulos universitarios sentir en un medio, el dominicano, en el que la « lecturofobia» parece imperar o campear por sus fueros.

 Merced a esa capacidad lectora, fácil te resultaba asimilar cada nuevo proceso relacionado con el complejo sistema de almacén que bajo tu responsabilidad operabas, y muy frecuentes eran tus visitas diarias a mi oficina con mira a enterarte de si ya yo había leído el periódico, para así saber si te lo podías o no llevar,

 ¡Caramba!, Luis. Ser tu jefe, no inmediato, durante casi veinte años, en mi condición de Encargado de Recursos Humanos y tú, de Almacén, en la empresa del Grupo M donde juntos laboramos allá, en tu Moca adorada, fue para mí mucho más que un orgullo. Tu elevadísimo sentido de la honestidad, responsabilidad, solidaridad, del respeto y cumplimiento del deber, no resisten comparación alguna. 

Nadie como tú, Luis, servía o auxiliaba con igual placer y desinterés cuando el otro se encontraba envuelto en un problema. Nadie como tú era tan creíble. Nadie como en ti se confiaba tanto. Nadie como tú era tan respetuoso. Nadie como tú era tan puntual en el cumplimiento de sus funciones. 

¡Caramba!, Luis. Y a pesar de todo, la muerte, cual pilla ingrata y maldita, viene, te rapta, apaga tu respiración y te saca a destiempo y para siempre del mundo de los mortales.

 Ahora que ya no vuelves, Luis, ¿cómo no recordarte con pena y dolor, amigo mío? ¿Cómo no recordar tu identificación con la empresa? ¿Cómo olvidar tu participación, entusiasmo, apoyo y labor motivadora en las actividades sociales y/o competencias deportivas que en las series interempresariales se llevaban a cabo? ¿Cómo olvidar tu labor de chef en muchos de los encuentros recreativos que solíamos organizar? ¿Cómo no recordar la alegría que brotaba en tu rostro mulato cuando veías a tus compañeros y amigos degustar el plato o manjar cuidadosamente por ti elaborado para cada ocasión?

 ¿Cómo no recordarte, Luis, cada vez que escuche los versos de tu canción favorita? :

 «Tú eres mi hermano del alma, realmente el amigo, 
que en todo camino y jornada está siempre conmigo,
 aunque eres un hombre, aún tienes el alma de un niño,
 aquel que me da su amistad, su respeto y cariño…» 

 Y, por último, Luis, ¿cómo olvidar ese profundo amor que siempre sentiste por tu familia, tu paternidad responsable y completa entrega al par de hijos que se convirtieron en la luz de tus ojos? 

Ahora que ya no vuelves, Luis, solo me resta decirte:

 ¡Adiós!, amigo mío, que en paz descanse, te recordaremos siempre y gracias por el respeto, afecto y la distinción que siempre me dispensaste.

(Publicado en el diario La Información  y en el periódico digital Diario55 en fecha 27/4/2018)

sábado, 21 de abril de 2018

DIGO QUE YO NO SOY UN HOMBRE PURO

Por: Domingo Caba Ramos.
                                                                                        Nicolás Guillén

 ¿Es el humano un ser perfecto o infalible? ¿Reconoce usted que al igual que los demás mortales, su comportamiento está bordeado de luces que lo enaltecen y sombras que lo oscurecen? ¿Estamos o no expuestos a cometer errores? ¿Además de observar la “paja en el ojo ajeno”, ha intentado usted descubrir el bosque que yace plantado en su retina? ¿Piensa que en todo momento el bueno es usted y que los malos son los otros? ¿Admite usted los errores cometidos o tercamente siempre intenta justificarlos con sofismas deslumbrantes o verbales espejismos de un alto poder liberalizante? ¿Cree usted que lo puro existe?

En fin, ¿se considera usted un ser humanamente puro?

 A estas y otras interrogantes nos conduce la lectura del poema “Digo que yo no soy un hombre puro”, composición, como podrá apreciarse, de indiscutible acento vanguardista y emanada de la fértil imaginación creadora del brillante Poeta Nacional de Cuba, Nicolás Guillén (1902 – 1989).

Constituye dicho texto una aguda y contundente crítica a esa doble moral tan presente en la conducta de muchos de los seres que nos rodean.

 DIGO QUE YO NO SOY UN HOMBRE PURO.

 «Yo no voy a decirte que soy un hombre puro.
 Entre otras cosas falta saber si es que lo puro existe. 
O si es, pongamos, necesario. O posible.
 O si sabe bien. 
¿Acaso has tú probado el agua químicamente pura, el agua de laboratorio, sin un grano de tierra o de estiércol, sin el pequeño excremento de un pájaro, el agua hecha no más que de oxígeno e hidrógeno? ¡Puah! qué porquería. 

 Yo no te digo pues que soy un hombre puro, 
yo no te digo eso, sino todo lo contrario.
 Que amo (a las mujeres, naturalmente, 
pues mi amor puede decir su nombre), 
y me gusta comer carne de puerco con papas,
 y garbanzos y chorizos, y
 huevos, pollos, carneros, pavos,
 pescados y mariscos, 
y bebo ron y cerveza y aguardiente y vino, 
y fornico (incluso con el estómago lleno). 
Soy impuro ¿qué quieres que te diga?
 Completamente impuro.

 Sin embargo, creo que hay muchas cosas puras en el mundo,
 que no son más que pura mierda.
 Por ejemplo, la pureza del virgo nonagenario. 
La pureza de los novios que se masturban,
 en vez de acostarse juntos en una posada. 
La pureza de los colegios de internado,donde 
abre sus flores de semen provisional,
 la fauna pederasta. 
La pureza de los clérigos. 
La pureza de los académicos.
 La pureza de los gramáticos. 
La pureza de los que aseguran,
que hay que ser puros, puros, puros. 
La pureza de los que nunca tuvieron blenorragia.
 La pureza de la mujer que nunca lamió un glande. 
La pureza del hombre que nunca succionó un clítoris.
 La pureza de la que nunca parió.
 La pureza del que no engendró nunca.
 La pureza del que se da golpes en el pecho, y 
dice santo, santo, santo 
cuando es un diablo, diablo, diablo. 
En fin, la pureza 
de quien no llegó a ser lo suficientemente impuro
 para saber qué cosa es la pureza. 

 Punto , fecha y firma. 
Así lo dejo escrito.» 
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NICOLAS GUILLEN ( Cubano )

viernes, 16 de marzo de 2018

LA RAE, EL ADJETIVO «FÁCIL» Y EL MOVIMIENTO FEMINISTA

 Por: Domingo Caba Ramos


Por presión social, especialmente del movimiento feminista español, la Real Academia Española (RAE) decidió modificar el quinto significado del adjetivo «fácil», el cual aludía a la mujer, y se definía como « Dicho especialmente de una mujer: Que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales» 

 La modificación, vigente desde el 8 de marzo del presente año, consistió en sustituir por «persona» el sustantivo «mujer», para que ahora diga: « Dicho de una persona: Que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales» Al decir persona, esta vez, quedan incluidos en el ámbito del concepto tanto mujeres como hombres.

 ¿A qué de se debió la molestia y polémica generadas por la original definición?

 Sencillamente a que fue considerada altamente machista, despectiva, excluyente y discriminatoria en perjuicio de la mujer, toda vez que el susodicho adjetivo, con la connotación que se describe, no se empleaba para referirse al hombre que igualmente, sin ningún problema, se presta a sostener relaciones sexuales.

 Sin embargo, valdría preguntarse: en la práctica cotidiana de la lengua, ¿es común que se le llame «fácil» al hombre sexualmente activo o que no desperdicia oportunidad cuando de mantener relaciones sexuales se trata?

 Obviamente que la respuesta inmediata sería NO. Quiere decir esto, que los hablantes solo utilizan la preindicada calificación («fácil») cuando se refieren a la mujer; pero no a todas, sino solo al tipo que se describe en la definición.

 Del párrafo anterior se infiere que como el hombre, por su activa conducta sexual, nunca ha sido llamado «fácil» en el mundo hispanohablante, la RAE, en su primera conceptualización, no tenía por qué incluirlo ni referirse al él en el diccionario, por cuanto en este, el lexicógrafo lo que hace es registrar solo las voces o expresiones que usan o han usado los hablantes, así como las acepciones que a esas voces dichos hablantes les confieren. Si no tienen o han tenido vigencia en el uso general y cotidiano de la lengua, esas voces o acepciones carecen por completo de valor lexicográfico.

 Esa es la labor y obligación de la RAE cada vez que confecciona o actualiza un diccionario: describir la realidad léxica o dialectal tal como esta se manifiesta en la práctica lingüística. No crear términos ni muchos menos significados o valores semánticos, como erróneamente piensan muchos. En otras palabras, no es papel de la RAE decretar, establecer o imponer cuáles vocablos deben o no utilizar los hablantes cuando se comunican. Esas voces y esos valores significativos, previa comprobación de que su uso es general en una determinada comunidad lingüística, son recogidos mediante un cuidadoso proceso de investigación e insertados fielmente en cada una de las actualizaciones de su muy consultado lexicón.

 Pensar entonces que la Real Academia Española quiso decirle "fácil" no solo a la « mujer que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales», sino también a todas las mujeres, es poseer una visón lingüística bastante estrecha o limitada acerca de las técnicas y los principios teóricos que se aplican en la elaboración o confección de un diccionario.

 Sería lo mismo que si todos los hombres españoles e hispanoamericanos pensaran que la RAE los califica de antihigiénicos por el hecho de que en la tercera acepción del término «Cochino», el diccionario lo define como «Hombre muy sucio y desaseado» 

 ¿Tendrán entonces todos esos hombres que «pegar el grito al cielo», como siempre lo han hecho las aguerridas feministas, para que la docta corporación lingüística, cambie la palabra «hombre » por «persona» y de esa manera diga «Persona muy sucia y desaseada? 

 La Lingüística es una ciencia. En tal virtud, los asuntos lingüísticos deben tratarse guiados por el cerebro y no por el corazón.

 Pero lo cierto es que la Real Academia Española, desafortunadamente, cedió ante una de las tantas presiones que en materia de lengua ha venido ejerciendo, especialmente en España, el movimiento feminista. Pienso que no debió ceder o dar marcha atrás. Y así pienso por entender que el contenido de la definición modificada en forma excepcional y no menos precipitada, estuvo fundamentado en criterios puramente lingüísticos y no en motivaciones clasistas o extralingüísticas como las que siempre le han servido de punto de apoyo al combativo movimiento que en esta oportunidad protagonizó la presión rectificadora.

viernes, 9 de marzo de 2018

CÁPSULA LEXICOSEMÁNTICA

 Por: Domingo Caba Ramos.

 CELEBRAR / CONMEMORAR 

 « Celebrar – se lee en el “Manual de español urgente” (1995) – no debe confundirse con conmemorar» Y no deben confundirse tales voces, por cuanto una y otra entrañan significados diferentes.

 Pero la confusión, especialmente en nuestros medios periodísticos, existe y persiste. Se pone de manifiesto, especialmente, en las notas de prensa relativas al “Día internacional de la mujer”. Para referirse a esta fecha, muchos periodistas, comentaristas y columnistas emplean indistintamente ‘celebrar’ y ‘conmemorar’.

 Según el Diccionario de la Lengua Española (Real Academia Española, duodécima edición, 1970), los términos ‘celebrar’ y ‘conmemorar’ soportan los siguientes significados:

 « Celebrar.- Alabar, aplaudir, encarecer a una persona o cosa» (pág.288) « Conmemorar.- Hacer memoria o conmemoración» - ( pág. 344) « Conmemoración...- Memoria o recuerdo que se hace de una persona o cosa» (pág.344)

 De los conceptos preindicados, obviamente se infiere que el verbo celebrar lleva envuelta la idea de festejos, aplausos, júbilo y otros sentimientos de alegría; en tanto que conmemorar alude a simples recuerdos de situaciones, vinculadas a hechos y personas que han impactado negativamente nuestras conciencias . En tal virtud, puede celebrarse la fecha de nacimiento de un amigo o pariente, pero jamás la fecha de su muerte. Esta deberá conmemorarse.

 El día 30 de mayo de cada año, los dominicanos podemos celebrar “con bombos y platillos”, toda vez que en una fecha igual nos quitamos de encima la férrea dictadura que durante tres décadas encabezó el tirano presidente Rafael Leónidas Trujillo Molina.

 También podemos celebrar, no simple conmemorar, los días 26 de enero, 25 de febrero y 9 de marzo de cada año, toda vez que en fechas como esas nacieron nuestros patriotas y padres de la nacionalidad dominicana, Juan Pablo Duarte, Matías Ramón Mella y Francisco del Rosario Sánchez, respectivamente.

 Pero no sería dable celebrar, sino conmemorar, el 28 de abril, puesto que un día como ese; pero del año 1965, ocurrió un acontecimiento bastante luctuoso para el pueblo dominicano: el irrespeto o pisoteo a nuestra soberanía llevado a cabo por tropas del ejército norteamericano.

 Y merced a lo antes expresado, igualmente resultaría ilógico celebrar el “Día internacional de la mujer”, ya que un 8 de marzo ocurrió en Nueva York un trágico hecho: el asesinato de un grupo de obreras que reclamaban reivindicaciones laborales, hecho que por trágica e inhumana esencia a nadie se le ocurriría festejar, sino conmemorar.

 Conforme a los juicios precedentes valdría entonces tenerlo siempre presente: no es lo mismo ‘celebrar’ que ‘conmemorar’

viernes, 2 de marzo de 2018

LAS MEMORIAS DEL PRESIDENTE Y LOS ENLOQUECIDOS APLAUSOS DE SUS FUNCIONARIOS


                                                                               Presidente Danilo Medina

 Confieso que nada me resulta más pesado y aburrido que ver o escuchar, durante horas, a un presidente de la República presentando, ante el Congreso Nacional, sus famosas memorias los días 27 de febrero de cada año. No importa que el mandatario se llame Joaquín Balaguer, Leonel Fernández Hipólito Mejía o Danilo Medina.

 En las contadas ocasiones que he decidido sentarme a escuchar los tediosos discursos presidenciales, me ha llamado mucho la atención la emoción que muestran los funcionarios presentes en la sala del Congreso, expresada en sus delirantes aplausos, a veces de pie, cada vez que el presidente dice algo para ellos importante.

No pasa un minuto sin que tales aplausos retumben en el solemne ambiente parlamentario. Aplausos si el presidente ofrece cifras importantes. Aplausos si anuncia una obra. Aplausos si promete que va a ejecutar tal o cual medida. Aplausos si ríe. Aplausos si llora. Aplausos si tose o estornuda. Aplausos, en fin, hasta cuando se equivoca o se seca el sudor. Algo parecido fue lo que se sucedió el pasado martes con el presidente Danilo Medina en su discurso de rendición de cuentas ante el Congreso Nacional.

Distribuido en cuarenta páginas y conformado por 14,622 palabras, la pieza oratoria del primer mandatario de la nación fue pronunciada en un lapso de dos horas, período en el que se produjeron ciento cinco aplausos y dos ovaciones de pie, vale decir, 1.1 aplauso por minuto. Se trató, pues, de un cuasi espectáculo discursivo en el que al orador, unos acólitos, embriagados de emoción, servil y zalamero espíritu, apenas lo dejaban hablar.

Entonces yo, sin que pudiera evitar una irónica sonrisa que a mis labios afloró, no tuve más que preguntarme:

 ¿Para qué y por qué de tan reiterados aplausos?

 ¿Aplaudían esos fieles funcionarios, realmente por lo que decía el presidente o como la mejor forma de preservar el puesto que desempeñan y poner de manifiesto su alegría, satisfacción y gratitud por el jugoso salario y elevados privilegios que dicho cargo les confiere? ¿No se llama, en fin, semejante conducta, ridiculez, servilismo, mediocridad o baja zalamería?

 ¿No constituye tal actitud la más fiel muestra de ese culto a la personalidad que heredamos de la dictadura trujillista?

 Mis amables lectores tienen las respuestas a cada una de estas interrogantes.