(A propósito de las pensiones
especiales)
Por: Domingo Caba Ramos
domingo, 31 de mayo de 2026
NO SOLO A NINÍ CÁFARO, SEÑOR PRESIDENTE
LA MARCHA DE LOS PENDEJOS DOMINICANOS
Por: Domingo Caba Ramos
« Pendejo, ja. Referido a persona: boba, falta de entendimiento,
simple…»
Los pendejos – amplío yo – son la mayoría: los marginados, los sufridos, los olvidados y sacrificados. Los que todavía creen que se existen principios éticos y morales que norman la conducta humana. Los que para «los otros» solo importan o merecen ser recordarlos durante los procesos electorales.
«V DE VACA» Y «B DE BURRO»
Por : Domingo Caba Ramos
Las letras como las personas tienen sus nombres: "elle" (ll),
"ye" (y), "ene" (n), "erre" (rr),
"hache" (h), "efe" (f), "ka "(k),
etc.). Y así como en el género humano el nombre sirve para
distinguir a una persona de otra, en el abecedario, los
nombres de los signos gráficos (letras) que lo
conforman permiten diferenciar un signo de otro. Es el
caso de las grafías "b" y "v".
Aunque fonéticamente se pronuncian de la misma forma,
una y otra acusan notables diferencias, no sólo ortográficas, sino
también nominales. La primera se llama be (denominación
recomendable). En América la llaman "be alta" y "be larga". La segunda se denomina
"uve" (recomendable), pero los hablantes hispanoamericanos suelen
llamarla indistintamente "ve corta",
"ve baja" y "ve
chica"
En la República Dominicana, como resultado, tal vez, de una
distorsión en la enseñanza de la lengua española,
o de un falso concepto aprendido en la escuela antigua, esa
distinción se establece de manera un tanto zoológica o "con
pintoresca nomenclatura", llamándole "be de burro"
a la "b" y "ve de vaca"
a la "v".
Se trata del mismo error en que se incurre cuando se
habla de "c"
(ce) de casa y "k"
(ka) de kilómetro". Es como si se quisiera dejar
establecido que aparte de las empleadas para escribir las
palabras burro y vaca, existen en nuestro idioma otros
tipos de bes.
Conviene aclarar que las letras "b" y "v" representan
el mismo fonema /b/ en todos los países de habla española: el sonido
consonántico bilabial sonoro /b/, esto es, no existe, como erróneamente se
cree y ha enseñado, diferencia alguna en la pronunciación de "b" y "v".
Como bien lo establece al respecto
don Manuel Seco en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española:
«La pronunciación de v es en español
idéntica a la de b. Las dos letras corresponden a un mismo fonema,
/b/; se pronuncian igual, por tanto,
cabo y cavo; vaca y baca; sabia y savia;
/tubo y tuvo. Pretender pronunciar v con articulación
labiodental es un error de algunos locutores y profesores
que se pasan de correctos...» (1986:371).
Es lo que sucede igualmente con la z y la c que precede a las vocales e, i. En el español de América y algunos
puntos del sur de España, como Canarias y parte de Andalucía, tales
consonantes se pronuncian como /s/ (seseo); aunque sus grafías sean distintas.
Entre estas debe establecerse solo distinción ortográfica, no fonética.
En otras palabras, la articulación labiodental de la "v" jamás ha existido en
español y mucho menos en el español dominicano.
Cuando así ocurre, se trata de un desacertado
prurito de corrección basado también en erróneas
recomendaciones de la escuela antigua.
LENGUA, COMUNICACIÓN E INFORME DEL TIEMPO
Por : Domingo Caba Ramos
El informe
del tiempo que, a través de boletines emitidos periódicamente, ofrece al país el
Instituto Dominicano de Meteorología (INDOMET) tiene como propósito fundamental ofrecer información científica y actualizada
acerca de las condiciones atmosféricas, presentes y futuras, para proteger
vidas y bienes, así como facilitar la planificación de cuantas actividades
redunden en bien de la seguridad ciudadana.
Debido a las
variables científicas con las que ducho organismo ejerce su labor de análisis, pronóstico
y monitoreo, es obvio que cada reporte meteorológico suele presentarse
pletórico de voces técnicas que al común de los hablantes se le haría muy
difícil descodificar o desentrañar su sentido profundo. Es como si el técnico
perfil del oficio obliga el uso de tales voces e impide el empleo de aquellas
más cercanas a la lengua popular.
Merced a lo
previamente expuesto, valdría preguntarse: ¿qué entenderán ese hombre y esa
mujer que residen al lado de un río o una cañada cuando leen o escuchan que en
el informe del tiempo de fecha 23/4/2026 se les dice que:
a) «El sistema frontal permanece casi-estacionario
al norte del territorio nacional, interactuando con los efectos del viento del
este/noreste, favoreciendo las concentraciones
nubosas generadoras de aguaceros moderados a fuertes»
(PUBLICADO EN DIARIO LIBRE, 24/4/2026)
DEL «PASO HONDO» DE «DOS PESOS DE AGUA» A SANTO DOMINGO Y EL CIBAO
Por: Domingo Caba Ramos
Hace más de dos semanas que la lluvia no ha parado de caer en la República
Dominicana. Como reza la frase popular: ¡Llueve a cántaros! Y es tanta la
lluvia caída, que por momentos he pensado que la vieja Remigia, de “Paso
Hondo”, se “mudó” a esta nación, y de nuevo les prendió, para que lloviera,
velas a las ánimas del purgatorio
La historia de la vieja Remigia y Paso Hondo parece repetirse en cada rincón
del país; pero muy particularmente en el Cibao Central, Santo Domingo y Puerto
Plata.
Paso Hondo es el ambiente imaginario adonde se desarrolla el hecho (una
sequía) que magistralmente relata Juan Bosch en uno de sus cuentos
capitales: “Dos pesos de agua”,
incluido en el volumen Cuentos escritos antes del exilio (1982)
En términos generales el cuento nos relata la historia de Remigia,
la vieja campesina y el extremo optimismo o fe inquebrantable de esta ante los
peores desastres que la furia de la naturaleza
pueda producir. Y el argumento es bastante sencillo:
Paso Hondo, lugar donde reside la vieja Remigia, es afectado por una gran
sequía que genera la desesperación y la emigración en masa de los residentes de
este lugar. La tragedia natural no solo afecta a la anciana campesina, sino
también a sus vecinos, quienes forzados por las circunstancias deciden abandonar
sus tierras y salir en busca de mejores condiciones de vida.
Al decir de los lugareños, la sequía, cual castigo divino, se presentó en el
momento en que menos se esperaba:
« Todo iba bien. Pero sin saberse cuándo ni cómo se presentó aquella
sequía. Pasó un mes sin llover, pasaron dos, pasaron tres. Los hombres que
cruzaban por delante de su bohío la saludaban diciendo:
- Tiempo bravo, Remigia
Ella aprobaba en silencio.
Acaso comentaba:
- Prendiendo velas a las ánimas pasa
esto» (1982:
19)
Fue así como poco a poco, la angustia fue aposentándose en el cerebro de todos
los residentes de Paso Hondo:
« Comenzó la desesperación. La gente estaba ya transida y la propia
tierra quemaba como si despidiera llamas. Todos los arroyos cercanos habían
desaparecidos; toda la vegetación de la loma había sido quemada…» (p. 20)
Antes de abandonar el lugar, los vecinos de la vieja pasaban a despedirse
de ella y a externar el último lamento:
«-Yo no aguanto, Remigia; a este
lugar le han echado mal de ojo...» (p.21)
Todos se marchan, menos Remigia, la cual se queda, confiando en que las ánimas
del purgatorio, a las cuales ella ha estado prendiendo velas, un día se
compadecerán de Paso Hondo y mandarán la lluvia. Y a todos, la vieja les
regalaba monedas para que compraran velas y se las prendieran a las
ánimas del purgatorio :
«-Tenga; préndamele esto de velas a las ánimas en mi nombre... » (p.21)
«La vieja Remigia se resistía a salir. Algún día caería el agua; alguna
tarde se cargaría el cielo de nubes; alguna noche rompería el canto del
aguacero sobre el ardido techo de yaguas…» (p.18)
Después que sus insistentes pedidos habían sido ignorados, las ánimas
descubren que Remigia ha gastado dos pesos en velas, un monto considerado por
ella bastante alto. Es entonces cuando de inmediato comienzan a dar respuestas
a sus oraciones, enviando la tan esperada lluvia y causando, inconscientemente,
una segunda tragedia: la inundación que destruye a Paso Hondo y se lleva consigo
a doña Remigia.
«Rauda, pesada, cantando broncas canciones, la lluvia llegó hasta el
camino real, resonó en el techo de yaguas, saltó el bohío, empezó a caer en el
conuco. Sintiéndose arder, Remigia corrió a la puerta del patio y vio
descender, apretados, los hilos gruesos del agua; vio la tierra adormecerse y
despedir un vaho espeso. Se tiró afuera, rabiosa» (p.26)
En paso Hondo, como presa desbordada, las nubes no cesaban de enviar agua
a la tierra:
«Pasó una semana; pasaron diez días, quince... Zumbaba el aguacero sin
una hora de tregua…. Los ríos, los caños de agua y hasta las lagunas se
adueñaban del mundo, borraban los caminos, se metían lentamente entre los
conucos» (p.27)
Por esa razón, como sucede hoy en diferentes zonas del país, «… El agua sucia entró por los quicios y
empezó a esparcirse en el suelo. Bravo era el viento en la distancia, y a ratos
parecía arrancar árboles. Remigia abrió la puerta. Un relámpago lejano alumbró
el sitio de Paso Hondo. ¡Agua y agua! Agua aquí, allá, más lejos, entre los
troncos escasos, en los lugares pelados. Debía descender de las lomas y en el
camino real se formaba un río torrentoso.» (p.27)
Remigia, que fue capaz de soportar estoicamente los embates de la primera
tragedia (sequía) sucumbió ante la furia de la segunda (inundación):
«Cuando sintió el bohío torcerse por la tormenta, Remigia desistió de
esperar y levantó al nieto. Se lo pegó al pecho; lo apretó, febril; luchó con
el agua que le impedía caminar; empujó, como pudo, la puerta y se echó afuera.
A la cintura llevaba el agua; y caminaba, caminaba. No sabía adónde iba. El
terrible viento le destrenzaba el cabello, los relámpagos verdeaban en la
distancia. El agua crecía, crecía. Levantó más al nieto. Después tropezó y
tornó a pararse. Seguía sujetando al nieto y gritando: - ¡Virgen Santísima,
Virgen Santísima!» (p. 18)
En tanto las ánimas, allá en el cielo, gritaban enloquecidas, como enloquecidas
parece que también gritando en estos momentos :
«- ¡Ya va medio peso de agua!
¡Ya va medio peso de agua!» (p. 29)
«-¡Todavía falta; todavía falta! ¡Son dos pesos, dos pesos de agua! ¡Son
dos pesos de agua!» (p. 30
CANTOS PARA UNIFORMADOS
Por : Domingo Caba Ramos
«La forma es bella si en el fondo hay una idea. ¿Qué
vale una frente bella si no hay u seso tras ella...?»
(Alexander Pushkin )
En la República Dominicana, las agresiones policiales
contra la población civil se repiten diariamente. Se han convertido, como reza
el pueblo, «en el pan nuestro de cada día». Posiblemente el
hecho violento que mayor repercusión ha tenido en los medios de comunicación,
ha sido la salvaje golpiza que un coronel activo de la Policía Nacional (Fausto
Madé) le propinó a una joven de apenas diecinueve años. Tales hechos me hacen
recordar los versos pletóricos de contenido social compuestos por el Poeta
Nacional de Cuba, Nicolás Guillén (1902 – 1989), allá por los años treinta en
su libro Cantos para soldados y sones para turistas (1937).
La inestabilidad política en la mayor de las Antillas,
resultante de la caída de un dictador (Gerardo Machado) y el ascenso de otro al
poder (Fulgencio Batista) desencadenó un estado general de oposición y
denuncias que templó los hilos de la represión del
gobierno por parte del Ejército cubano. Es entonces cuando Guillén escribe sus
famosos Cantos..., con el propósito de crear en los
soldados la conciencia de su origen humilde, exigirles que abandonen las
prácticas de reprimir al pueblo y que se comporten siempre en defensa de los
intereses de los sectores populares de los cuales proceden.
Por eso, con el más imperativo de los acentos, inicia
el poeta su libro, diciéndole al soldado:
SOLDADO APRENDE A TIRAR...
«Soldado, aprende a tirar :
tú no me vayas a herir,
que hay mucho que caminar.
¡Desde abajo ha de tirar,
si no me quieres herir!
Abajo estoy yo contigo,
soldado amigo.
Abajo, codo con codo,
sobre el lodo.
Para abajo, no,
que allí estoy yo»
Soldado, aprende a tirar,
tú no me vayas a herir,
que hay mucho que caminar»
El mismo tono persuasivo está presente en el más popular poema del antes citado
libro: «No sé por qué piensas tú»
NO SÉ POR QUÉ PIENSAS TÚ (1937
No sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo,
si somos la misma cosa,
yo,
tú.
Tú eres pobre, lo soy yo;
soy de abajo, lo eres tú;
¿de dónde has sacado tú,
soldado, que te odio yo?
Me duele que a veces tú,
te olvides de quién soy yo;
caramba, si yo soy tú,
lo mismo que tú eres yo.
Pero no por eso yo
he de malquererte, tú;
si somos la misma cosa,
yo,
tú,
no sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo.
Ya nos veremos yo y tú,
juntos en la misma calle,
hombro con hombro, tú y yo,
sin odios ni yo ni tú,
pero sabiendo tú y yo,
a dónde vamos yo y tú...
¡no sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo!
Y la misma línea de denuncia
social y el mismo acento imperativo yacen presentes en el contenido
profundo de los versos que conforman el poema «No le tire», de nuestro siempre inmenso poeta
social, Manuel del Cabral (1907 – 1999) e inserto en su libro Compadre Mon
(1943):
NO LE TIRE...
«No le tire, policía;
no lo mate, no;
¿no ve
que tiene la misma cara
que tiene usted?
Corre roto,
sin zapatos.
¿No lo ve?
Corre tal vez
con una honradez tan seria
que corre en busca del juez...
Acérquese, policía,
pero guardando el fusil.
Acérquese.
¿No ve?
Se parece a usted,
y a mí...
Mírelo bien.
Huye de la tierra y siempre
se va con ella al partir...
Acérquese... No le hiera
ni con el ojo
su dril...
Mire sus pies ...
Mírelo bien ...
Policía, no le tire.
Fíjese
que corre como la sed...»
viernes, 1 de mayo de 2026
«V DE VACA» y «B DE BURRO»
Por: Domingo Caba Ramos.
Las letras como las personas tienen sus nombres: “elle” (ll), “ye”
(y), “ene” (n), “erre” (rr), “hache”
(h), “efe” (f), “ka “(k),
etc.). Y así como en el
género humano el nombre sirve para
distinguir a una persona de otra,
en el abecedario, los
nombres de los signos
gráficos (letras) que lo conforman
permiten
diferenciar un signo de otro.
Es el caso de las grafías
“b” y “v”. Aunque
fonéticamente se pronuncian de la
misma forma,
una y otra acusan notables
diferencias, no sólo ortográficas, sino
también nominales. La primera se llama be (denominación
recomendable). En América la llaman “be alta” y “be larga”.
La segunda se denomina “uve”
(recomendable), pero los hablantes
hispanoamericanos suelen llamarla indistintamente “ve corta”,
“ve baja” y “ve
chica”
En la República Dominicana, como
resultado, tal vez, de una
distorsión en la enseñanza de la
lengua española, o de un falso
concepto aprendido en la escuela antigua, esa distinción se
establece de manera un
tanto zoológica o “con pintoresca
nomenclatura”, llamándole “be de burro” a la “b” y “ve de vaca” a
la “v”.
Se trata del mismo error en
que se incurre cuando se habla de “c”
(
ce) de casa y “k” (ka) de kilómetro”.
Es como si se quisiera dejar
establecido que aparte de las
empleadas para escribir las
palabras burro y vaca, existen
en nuestro idioma otros
tipos de bes.
Conviene aclarar que las letras “b” y “v”
representan el mismo
fonema /b/ en todos los
países de habla española: el sonido
consonántico bilabial sonoro
/b/, esto es, no existe, como
erróneamente se cree y ha enseñado, diferencia alguna en la
pronunciación de “b” y “v”. Como bien
lo establece al respecto don
Manuel Seco en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua
española:
«La pronunciación de v es en español idéntica a la de b. Las
dos letras corresponden a un mismo fonema, /b/; se
pronuncian igual, por tanto, cabo y cavo; vaca y baca;
sabia y savia;
/tubo y tuvo. Pretender
pronunciar v con
articulación labiodental es un error de algunos
locutores y profesores
que se pasan de correctos…»
(1986:371).
Es lo que sucede igualmente con la z y la c que precede a
las vocales e, i.
En el español de América y algunos puntos del sur de España, como Canarias y parte de Andalucía,
tales consonantes se pronuncian como /s/ (seseo); aunque sus grafías sean
distintas. Entre estas debe establecerse solo distinción ortográfica, no
fonética.
En otras palabras, la articulación labiodental de la "v” jamás ha existido en español y mucho menos en el español dominicano. Cuando
así ocurre, se trata de un
desacertado prurito de corrección basado también en erróneas recomendaciones de la escuela antigua.
