domingo, 24 de enero de 2021

DUARTE A TRAVÉS DE SUS VERSOS


Por: Domingo Caba Ramos



« Duarte no fue ajeno al quehacer poético. La Providencia le concedió el don profético de la inspiración…»

 Julio Jaime Julia.

En el sentido técnico y artístico del término, el patricio Juan Pablo Duarte no fue poeta. O “no presumía de poeta”, al decir del destacado historiador Vetilio Alfau Durán.  La poesía no constituyó para él una actividad constante y permanente. No fue un quehacer habitual en su vida. Por eso apenas trece poemas conforman su producción poética: «Tristezas de la noche», «Santana», «Canto de guerra», «Antífona», «El criollo», «Desconsuelo», «Súplica», «Himno», «La cartera del proscrito» y otros cuatro carentes de títulos
.

Escribió impulsado por las circunstancias o los imperativos del momento, y muy particularmente, como una forma de desahogo sentimental, vale decir, como un instrumento de expresión de sus sentimientos patrióticos.  Y de manera muy especial, para expresar la pena, el dolor, la angustia y las emociones que el destierro y el exilio desencadenaban en su alma atribulada. 

Sus poesías, al decir de Joaquín Balaguer, fueron “escritas sin pretensiones literarias, no estaban destinadas a la publicidad y en su mayor parte desaparecieron en el destierro con el resto de sus papeles íntimos…”. A través de estas se puede determinar la dimensión de sus sentimientos patrióticos y conocer aspectos importantes de su personalidad. La casi totalidad de sus versos constituyen el más fiel retrato de la figura del padre de nuestra independencia. Las siguientes muestras poéticas así lo ponen de manifiesto:

En «La cartera del proscrito» expresa Duarte el pesar que se siente en la vida azarosa del destierro:

«Cuan triste, largo y cansado,
cuan angustioso camino,
señala el Ente divino,
al infeliz desterrado.

Llegar a tierra extranjera,
sin idea alguna ilusoria,
sin porvenir y sin gloria,
sin penates ni bandera…»



En «Tristeza de la noche» la soledad, las nostalgias, el dolor y la melancolía pueblan la mente atormentada del fundador de nacionalidad dominicana:

«Triste es la noche, muy triste,
para el mísero mendigo,
que sin pan, tal vez, ni abrigo
maldice la soledad.

Triste es la noche, muy triste,
para el bueno y leal patricio,
a quien aguarda el suplicio,
que le alzó la iniquidad…»

El 22 de agosto de 1844, el entonces presidente de la República, dictador Pedro Santana, firma la sentencia mediante la cual se destierra a perpetuidad a Duarte junto a otros patriotas, acusados de “traidores de la Patria”. El 10 de agosto, los desterrados abandonan el país e inician la tortuosa ruta del destierro rumbo al puerto de Hamburgo, Alemania. La larga travesía es aprovechada por nuestro libertador para en la que se considera su mejor composición poética, «Romance», describir o dejar gravado en románticos y épicos versos el dolor que siente quien se ve obligado a abandonar su lar nativo e iniciar el recorrido que conduce al mundo pesaroso del exilio:

«Era la noche sombría,
y de silencio y de calma,
era una noche de oprobio,
para la gente de Ozama,
noche de mengua y quebranto,
para la patria adorada,
y el recordarla tan sólo,
el corazón apesara.

Ocho los míseros eran,
que mano aviesa lanzaba,
en pos de sus compañeros,
hacia la extrajera playa…»


La humildad característica del patricio no le permite referirse en primera persona del singular a un acontecimiento del cual fue él su principal actor. Por eso informa en tercera persona del plural:

 «Ellos que al nombre de Dios,
patria y libertad se alzaran,
ellos que al pueblo le dieron,
la independencia anhelada,
lanzados fueron del suelo,
por cuya dicha lucharan.
Proscritos sí por traidores,
los que de lealtad sobraban…»


Sólo para presentarse como un simple testigo o relator de los lamentos percibidos, emplea Duarte la primera persona:

«Se les miró descender,
a la ribera callada,
se les oyó despedirse,
y de su voz apagada,
yo recogí los acentos,
que por el aire vagaban»

 En la mente del patricio nunca existió posada para la discriminación y la exclusión. Siempre concibió la idea de la igualdad de las razas y, en tal virtud, jamás creyó en la existencia de razas superiores o en lo que él denominaba “la aristocracia de la sangre”. Cónsono con ese pensamiento, consideraba que solo mediante la integración, la unidad y la hermandad era posible romper las cadenas de la tiranía, forjar la nacionalidad y lograr la independencia anhelada. Así lo expresa en su Proyecto de constitución, y así lo pone de manifiesto en los versos que siguen, de su poema «El criollo»:

«Los blancos, morenos,

cobrizos, cruzados,

marchando serenos,

unidos y osados,

la patria salvemos,

de viles tiranos,

y al mundo mostremos,

que somos hermanos»

 Así era y pensaba Duarte. Como ya se dijo, no fue ni pretendió ser poeta; pero escribió versos. Unos versos que en su sentido profundo retratan su personalidad, desnudan su pensamiento y reafirman la grandeza histórica del fundador de la nacionalidad y padre de la independencia dominicana.

lunes, 18 de enero de 2021

LA CALUMNIA Y SUS LETALES EFECTOS


Por: Domingo Caba Ramos.

 

Difícilmente exista un ser en el mundo que alguna vez no haya sido calumniado. Muy especialmente en los procesos electorales, en países de escaso desarrollo como el nuestro, las calumnias perversas brillan por su presencia. Según el mundialmente famoso pensador y mejor orador romano, Marcos Tulio Cicerón:

 «Nada hay tan veloz como la calumnia; ninguna cosa más fácil de lanzar, más fácil de aceptar, ni más rápida en extenderse »

 

Y yo afirmo al respecto:

La calumnia, "hermana gemela de la envidia", es el arma de los mediocres, el argumento de los perversos, la verdad de los degenerados, el parto perturbador de las lenguas letales.

El diccionario de la Real Academia Española (RAE), de su lado, define el término, estableciendo que calumnia es una:

1. «Acusación falsa, hecha maliciosamente para causar daño»

2. « Imputación de un delito hecha a sabiendas de su falsedad»

 

Independientemente de la naturaleza falaz de la calumnia, hay que admitir que el calumniador logra, en términos parciales, su propósito, por cuanto si bien podría parecer carente de credibilidad, su juicio siembra las dudas en el sujeto perceptor del mensaje calumnioso propalado. Opera, pues, como esas heridas aparentemente inofensivas o sin importancia: se sanan, pero queda la cicatriz.

Pablo Neruda, en su breve, pero muy aleccionador poema «La calumnia », la describe como sigue:

LA CALUMNIA

 

«Puede una gota de lodo,
sobre un diamante caer;
puede también de este modo,
su fulgor oscurecer,
pero aunque el diamante todo,
se encuentre de fango lleno,
el valor que lo hace bueno,
no perderá ni un instante,
y ha de ser siempre diamante,
por más que lo manche el cieno »

 

martes, 12 de enero de 2021

LA MAGIA DE LA LECTURA


Por: Domingo Caba Ramos

 “El hábito y amor a la lectura literaria forman la mejor llave que podemos entregar al niño para abrirle el mundo de la cultura universal”.

 (Pedro Henríquez Ureña)

Pedro Henríquez Ureña

 La lectura es una actividad, una operación, un proceso mental que capacita al ser humano para alcanzar diferentes metas y enfrentar muchos de los problemas que la vida le plantea.


En los tiempos modernos, la lectura ocupa un lugar de primerísima importancia. Cada vez se hace más imperiosa la necesidad de poseer una mayor información y formación cultural, esto es, de estar al día de los últimos acontecimientos acaecidos tanto en el ámbito nacional como internacional. Y eso, obviamente, solo se logra a través de la lectura.

La lectura nutre el intelecto, recrea el espíritu, activa la imaginación y orienta el rumbo que conduce a la meta deseada. Ella nos permite captar una nueva y más amplia visión del mundo y un agudo conocimiento del medio que nos rodea.

La lectura franquea el camino del arte y abre las puertas del conocimiento científico. Los grandes hombres y mujeres de la humanidad fueron antes que todo, grandes lectores.

Emmanuel Kant, por ejemplo, gracias a su constante actividad lectora, logró forjarse un dominio casi enciclopédico tanto de la filosofía como de la cultura universal sin haber salido nunca de su natal y pequeño pueblo, Konigsberg (Alemania); en tanto que de Miguel Cervantes, autor de la más grandiosa novela escrita en lengua española, "El Quijote", se afirma que leía hasta los papeles rotos que encontraba en la calle.

Es innegable la poderosa influencia que ejerce un libro en el desarrollo histórico social. “Del destino de los libros - apunta M. Ilim - depende con frecuencia el destino de las gentes, de los pueblos y hasta de los países”.

La lectura actúa como soporte teórico de la práctica profesional. Esto quiere decir que un médico, maestro, abogado, ingeniero o cualquier otro profesional que no se actualice mediante la lectura constante, está condenado a ser un profesional mediocre o atrasado académicamente.

Urge, pues, incentivar la lectura de obras literarias, tratados científicos, periódicos, revistas y todo tipo de material bibliográfico. Como reza en la muy conocida frase: " Quien no lee no tiene derecho a la palabra"

La escuela dominicana, en este sentido, está llamada a desempeñar un papel protagónico, vale decir, se hace necesario que la lectura cubra un espacio privilegiado en el trabajo escolar. Porque como bien observó don Pedro Henríquez Ureña: “El hábito y amor a la lectura literaria forman la mejor llave que podemos entregar al niño para abrirle el mundo de la cultura universal”.

Sabemos, como afirma el gran humanista dominicano, que el bajo “desarrollo de las bibliotecas públicas y de las bibliotecas escolares no permite todavía a los maestros disponer de la variedad de libros que necesitarían para revelar al niño la multitud de casos interesantes que le brinda la lectura”. Pero entendemos, no obstante, que unidos, optimistas y animados de la mejor intención es mucho lo que podemos hacer para que en República Dominicana se ensanche cada vez más el reducido círculo de lectores que hasta ahora tenemos.

Sólo así podemos ensanchar nuestro horizonte cultural. Solo así es posible evitar que los dominicanos continúen “pesando” los libros antes de leerlos. Y sólo así podemos evitar también que unas lindas jóvenes vuelvan a declarar en un concurso de belleza que América fue descubierta en 1980, que este continente fue descubierto por Juan Pablo Duarte, que a Juan Bosch se le concedió el   Premio Nobel de Literatura y que Gabriel García Márquez es uno de los más brillantes dominicanos.

 

martes, 5 de enero de 2021

«ILUMÍNAME, POR FAVOR»

Por: Domingo Caba Ramos

(A: Adriano Miguel Tejada - In Memoriam)

                                                                                          Adriano Miguel Tejada

El día 12 del recién pasado mes de octubre, justamente ocho días antes de cesar en su puesto como director de Diario Libre y casi dos meses antes de su sentido fallecimiento (2 de dic.), Adriano Miguel Tejada o “Linche”, como lo llamábamos los cibaeños de mocana procedencia, me envió, vía correo electrónico, la nota consultiva que se trascribe más abajo:

 

«No encuentro el origen de “ni” con significado de “muchos”. Ej. “ni cuántos niños”… Ilumíname, por favor». Adriano.

 

Se trató, obviamente, de una inquietud lingüística que el destacado comunicador e intelectual mocano, dando muestras de su humildad característica, quiso compartir conmigo.

 

Dos días después, procedí a escribir la respuesta correspondiente; pero por confusión, nunca se la envié, aun cuando estaba seguro de que así lo había hecho.

 

Esta vez, al cumplirse el sábado de la pasada semana el primer mes de su dolorosa y definitiva partida, me permito publicar el contenido de la referida respuesta. En esta, yo le decía a mi amigo Adriano lo siguiente:

 

«Apreciado Adriano:

 

Ciertamente en contextos como el que usted señala (“ni cuántos niños”, “ni cuántas niñas…”), en el español dominicano es frecuente el uso de la conjunción copulativa “ni”. Un uso bastante extraño a la luz de la función sintáctica que esa partícula de enlace desempeña. Y debido a ese extraño uso, no descarto que se trate de una construcción morfosintáctica característica del habla dominicana, como sucede en esta con la archiutilizada expresión « Ello hay…»

 

«Ni», una de las primeras conjunciones que aparece en el lenguaje del niño, al decir de Samuel Gili Gaya (Curso superior de sintaxis española (1972), en su empleo normal encierra una doble significación negativa y conjuntiva, y en virtud de su copulativa esencia, expresa relación de simple suma cuando las oraciones sumadas son negativas: El nunca incumplió con sus deberes ni violó las normas establecida.

 

Más explícita resulta la explicación que ofrece la “Nueva gramática de la lengua española” (2010) cuando establece que «… los grupos coordinados por “ni” en posición posverbal exigen una negación preverbal…»: a) Nunca escribe ni llama b) Ella no escribió ni llamó.

 

En tal virtud, en un enunciado exclamativo del tipo: ¡Ni cuántos niños había allí…! claramente se percibe la ausencia de la negación preverbal de que nos habla el precitado texto académico. En semejante contexto, “ni” dista bastante de desempeñar su papel habitual de unir o coordinar de manera aditiva elementos, en el primero de los cuales se exprese un mensaje negativo.  Y hasta podría pensarse, como lo plantea usted en su breve nota, que al susodicho nexo se le está confiriendo valor adverbial y utilizando erróneamente con el significado de “muchos”

 

Mi punto de vista al respecto es distinto.  Pienso que cuando en un contexto exclamativo, el hablante expresa: « ¡Ni cuántos niños…!», mas que emplear erróneamente una conjunción (“ni”) con valor semántico igual al de un adverbio (“muchos”) lo que en esencia hace es reemplazar, también de manera irregular, una conjunción (“pero”) por otra conjunción (“ni”). Ese cambio irregular conduce al hablante a decir, por ejemplo: « ¡Ni cuántos niños, señores…!», en lugar de: « ¡Pero cuántos niños, señores…!

 

Afectuosamente,

 

Domingo Caba R.»

14/10/2020

 

 

 

miércoles, 30 de diciembre de 2020

EL HOMBRE LIGHT

 

Por: Domingo Caba Ramos.

¿Conoce usted, amigo lector, los rasgos caracterizadores del hombre light? ¿Conoce usted el perfil psicológico de este nuevo personaje, típico de la postmodernidad?

El Dr. Enrique Rojas (1949), afamado investigador, ensayista y siquiatra español, lo describe en forma magistral en su libro “El hombre light (1996)

El hombre light, al decir del citado autor, emerge en sociedades moralmente enfermas. Entre ese individuo y los llamados productos light no existen diferencias algunas. Así como estos productos carecen de grasa, alcohol, azúcar, caloría, glucosa, cafeína, nicotina y otros elementos esenciales, el light es un ente que carece por completo de sustancia, principios, contenido, ideales  y  valores. Se trata de un ser, hombre o mujer, sumamente superficial, “entregado al dinero, al poder, al éxito y al gozo ilimitado y sin restricciones” (pág.11), un individuo “relativamente bien informado, pero con escasa educación humana” (pág. 13) Un ser frío que no cree en casi nada y cuyas opiniones cambian rápidamente y se ha apartado de los valores trascendentes.

Plantea Rojas que este hombre carece de referentes. En su mundo interior posee un profundo vacío existencial, y no es feliz aun cuando tenga todas sus necesidades materiales resueltas. Su condición de persona light, lo transforma en un sujeto insustancial, indiferente, consumista, falso, hipócrita, materialista, simulador y dueño de una conducta desprovista de sólidos principios.

Apunta el reputado profesional de la conducta, que al hombre light “Todo le interesa, pero a nivel superficial; no es capaz de hacer la síntesis de aquello que percibe, y, en consecuencia, se ha ido convirtiendo en un sujeto trivial, ligero, frívolo. Que lo acepta todo, pero que carece de unos criterios sólidos en su conducta. Todo se torna en él etéreo, leve, volátil, banal, permisivo…” (pág.14)

El hedonismo y la permisividad, según Rojas, constituyen las dos notas distintivas del comportamiento light.

A la persona light nada le atormenta. Nada le preocupa. Nada le quita el sueño. Siempre que logre sus propósitos, para él el mundo está perfecto. Es un ser eminentemente ataráxico, hedonista y aséptico, en cuyo cerebro brillan por su ausencia valores como la vergüenza, la pasión, el sentimiento de culpa, la solidaridad, la lealtad, la sinceridad, la seriedad y la responsabilidad, entre otros.

« Estamos – subraya Enrique Rojas – en la era del plástico, el nuevo signos de los tiempos» (p.17). Era en la que «el ideal aséptico es la nueva utopía» (p.16)

Y así es.

Como afirma el citado escritor madrileño, en nuestras cotidianas relaciones interpersonales estamos rodeados de personas plásticas, frívolas, livianas, fofas y acomodaticias. De seres descomprometidos o desvinculados de casi todo lo que los rodea. De seres con un ansia desmedida de protagonismo, cuyo propósito fundamental es despertar admiración y envidia. Seres para quien el protagonismo ajeno poco importa y hasta cierto grado le asquea, apelando, en tal virtud, a todos los recursos par opacarlo.

En términos generales, el hombre light se caracteriza porque es un ser:

1)      Hedonista: el placer para él está por encima de todo.

2)       Débil de pensamiento: sus convicciones carecen de firmeza y sus opiniones cambian con facilidad.

3)       Ideológicamente pragmatista.

4)      Plástico o superficial.

5)       Frío, indiferente o neutral: se resiste a asumir compromisos.

6)       Carente de valores y /o principios trascendentes.

7)       Ciegamente aferrado a lo que está de moda o vigente socialmente.

8)      Moralmente vacío.

9)      Individualista y materialista: débil concepto de la solidaridad y colaboración humanas.

¿Dónde podemos encontrarnos con esta categoría de individuo?

Sencillamente mire a su alrededor, observe con detenimiento y ahí usted encontrará no sólo uno, sino decenas de estos inauténticos, plásticos y muchas veces ponzoñosos personajes.

 

sábado, 26 de diciembre de 2020

LOS ACORTAMIENTOS DE PALABRAS EN EL HABLA DOMINICANA

 
Por: Domingo Caba Ramos.

«Quienes acortan las palabras y vulneran las reglas gramaticales cuando usan internet, en redes sociales y chats, piensan como un mono»

(Mario Vargas Llosa)

Los acortamientos de palabras están muy, pero muy moda. Los jóvenes los han creado e integrado a sus cotidianas formas expresivas. Y es tal la magnitud de su empleo, que no obstante carecer tales acortamientos de pertinencia léxica y aprobación académica, los adultos, mediante el proceso de arrastre e irracional imitación, también los han incorporado a sus habituales usos lingüísticos. No extraña, pues, leer en las redes sociales y otras fuentes escritas, irregulares enunciados como los siguientes:

1. « Aquí estamos en el "cumple" de mi amiga…»
2. «A mi niño le fue muy bien en el "cole"…»
3. «En la semana próxima comenzaré mis estudios de medicina en la "uni" »
4. «Yo estoy "tranqui", aquí en casita»

¿Por qué los no tan jóvenes y hasta profesores de lengua española utilizan estos cortes indebidos de palabras, así como el llamado sociolecto de la juventud?

Sencillamente porque de manera impensable resultan atrapados por la moda léxica o en las redes del proceso de masificación lingüística. Esta masificación conduce al usuario de la lengua a hablar irracionalmente como hablan los demás y a escribir como escriben los demás.

Conviene aclarar que en el contexto lingüístico en que se usan, voces como las susodichas: "uni", "cole", "cumple" y "tranqui", carecen por completo de fundamentación lexicosemántica.

 En el caso específico de "cumple", el único significado que desde el punto de vista semántico soporta es ser voz correspondiente a la tercera persona del singular del verbo cumplir; pero nunca el de ser sinónimo de cumpleaños.

El Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, afirmó en una entrevista publicada no hace mucho que los jóvenes que acortan las palabras y vulneran las reglas gramaticales en los chats de internet, Twitter y Facebook piensan como un mono.

Merced a ese juicio, yo agrego que no solo los jóvenes.  Aunque con menos frecuencia, también muchos adultos suelen emplear el mismo sociolecto de la juventud, diciendo o escribiendo “uni”, por universidad; “cole”, por colegio; “tranqui”, por tranquilo; “cumple”, por cumpleaños; “bn”, por bien; “vien2”, por viendo; “llovien2”, por lloviendo; “xq”, en vez de por qué; “100pre”, en vez de siempre y 3mend2, en lugar de tremendo, etc.

Quizás convenga recordarles a quienes escriben “k” y “q”, en vez de “que” y “bn”, en lugar de “bien”, que en español, contario a lo que sucede en otras lenguas, el alemán, por ejemplo, una de las características relevantes de las consonantes es que no pueden formar sílabas, ni mucho menos palabras, por sí mismas, como sí ocurre con las vocales. Quiere decir esto, que una N, una S, una T o una B solas no significan absolutamente nada.

Las jergas juveniles siempre han existido, vale decir, cada generación ha creado y empleado las suyas. Lo preocupante es que en el uso cotidiano de la lengua, estas se lexicalicen, esto es, se empleen de manera regular y en todas las circunstancias como si se tratara de voces de la lengua estándar. Como le ocurrió en una ocasión a una de mis estudiantes en la universidad quien, por lo antes expresado, se atrevió a escribir y enviarme la nota siguiente:

« Apreciado profesor: le escribo para informarle k hoy no podré asistir a la “uni” ni a su clase de lengua española como 100pre xq fui a buscar a mi niño al “cole” y me cogió lo tarde y además x aquí ta llovien2 mucho.  Además mi niño también está de "cumple" y quiero celebrárselo»

Así le escribió la joven estudiante de Medicina nada más y nada menos que a su maestro de Lengua Española 11.

¿Cuál fue mi reacción al leer esto? Ya todos podrán imaginarse.


Y ante la presencia de tales desatinos ( uni”, “100pre”, “xq”, “cole”, “llovien2” y "cumple”), ¿qué le respondí a la joven estudiante? Sencillamente lo que un profesor de Lengua Española tenía que responderle.
Principio del formulario

Final del formulario

 

jueves, 10 de diciembre de 2020

¡CARAMBA WILLIAM!


Por: Domingo Caba Ramos

 ¡Caramba William !                    

Cuando observo tus fotos, las de ayer y las de hoy, las imágenes de ese ayer romántico, fraterno y de sueños permanentes, cual cinta cinematográfica, bailan o desfilan sin cesar por la pantalla de mis recuerdos entrañables.

                                                                                  William Manzueta ( foto reciente )
 

¡Caramba William!

Con tu cuerpo pobre de masa, “cinturita de guitarra”, cabellos partido en dos y esa sonrisa casi angelical que, por eterna, jamás se apartaba de tus labios, todavía me parece verte circular por el amplio campus de la Escuela Normal " Luis Núñez Molina", o escuchar tus divertidas ocurrencias en la hora de la noche en la que por norma institucional ya había que permanecer en silencio en el cuarto que compartías con tus compañeros  Eddy Samuel, Felucho, Ramón Emilio, Pedro Reinoso y quien esto escribe.

                                                              De pie, segundo de izq. a der, camisa manga larga de ramos  

                                                                             Por las calles de su natal Cevicos
 

¡Caramba William! ¡Cómo te recuerdo!

Por esa razón, mi inolvidable compañero, en el pasado reciente, y asido del más entrañable y fraterno de los afectos, en un artículo publicado en la prensa naional, expresé acerca de ti lo siguiente:

«En nuestro grupo de estudiantes normalistas, en aquella académica y  reglamentada vida de internado, William Manzueta era el clásico bufón. Se burlaba hasta de su propia figura. Nadie se le escapaba; pero que conste, se trataba de una burla sana, “blanca”, “inocente”, preñada de fraternos sentimientos. Una burla ingenua, si se quiere, como sano e ingenuo era el noble ser que la expresaba.  Sincero, trato agradable y con un sentido del humor por encima de lo normal, constituía él la terapia de hembras y varones. Pero, desafortunadamente, la distorsión  o el desbalance inesperado de su estructura mental,  le imprimió, muchos años después, un giro diferente a su vida y  normal proceder, borrando así de aquel rostro siempre alegre, su sonrisa habitual »

                                              En el  centro, acompañado por parte de nuestras compañeras de estudio
 

¡Caramba, William!

El destino, en ocasiones,   se comporta de manera cruel, ingrata, perversa y traicionera con los seres de más noble y límpido accionar. Por eso, hermano mío, cuando observé tus más recientes fotos, el solo verlas y recordarte, produjo en mí una gran alegría; pero al compararlas con las imágenes del ayer, las más variadas, encontradas y conmovedoras emociones se gestaron con ímpetu impactante   en mi cerebro.

 
                                                        En compañia de nuestra compañera Adria                                             

 ¡ Caramaba William!                  

Por último debo confesarte que esas imágenes, las de ayer y las de hoy,  que proyectan los perfiles de tu siempre frágil armazón corporal , podrán ser distintas; pero el amor que por ti sentimos quienes tuvimos el honor de haber sido  tu condiscípulo en nuestro inolvidable y exigente centro de formación de maestros, siempre será el mismo. Ojalá, William,  que un día nos podamos ver, cara a cara.

                                                                          

¡Caramba, William...!