jueves, 25 de febrero de 2016

EL CORONEL CAAMAÑO : ANTIIMPERIALISTA Y GUERRILLERO, COMPOSITOR Y TAMBORERO

 Por: Domingo Caba Ramos

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                                                                     Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó.

Primavera es la cara opuesta al otoño. El otoño es declinación, agotamiento, lo viejo, la ruta hacia el final. La primavera es flor que retoña, vida que comienza, juventud, ruta inexplorada, potencia vital.

 Abril, por nacer casi a la par con la primavera, parece arrastrar muchos de los rasgos distintivos de esta venerada estación. “Cumplió quince abriles”, suele afirmarse para referirse a la lozana y hermosa quinceañera nacida en un mes cualquiera del año.

Hablar de abril es recordar, necesariamente, entre cosas, la siguiente galería poética del gran bardo español, Antonio Machado:

 «La lluvia iba pasando, 
sobre el campo juvenil,
 yo vi en las hojas temblando,
 las frescas lluvias de abril» 

Y también esta otra:

“Son de abril las aguas mil, 
sopla el viento achubascado,
 y entre nublado y nublado, 
 hay trozos de cielo añil» 

 Pero hablar de abril es inevitablemente recordar también la guerra de corte nacionalista que en 1965 libraron los dominicanos para liberar al país de la segunda intervención armada de los Estados Unidos. Y es recordar, necesariamente, al líder de dicha contienda bélica: al coronel Francisco Alberto Caamaño, coronel de abril y comandante de caracoles.

Obviamente, que cuando pensamos en la trayectoria y personalidad del bravo coronel, nos imaginamos al militar de firmes decisiones y sólidos ideales patrióticos, con fusil en manos y enfundado en su traje de oficial, impartiendo órdenes en el campo de batalla. En otras palabras, jamás nos lo imaginaríamos ejecutando acciones de carácter artístico, vale decir, nunca nos lo imaginaríamos tocando una tambora, una güira o un acordeón e interpretando un merengue de su propia inspiración. Sin embargo así sucedió.

En los entrenamientos previos al desembarco por la bahía de Ocoa, Caamaño aprovechaba los momentos de recesos para esparcir su espíritu tocando la tambora y cantando merengues por él compuestos. Así se lee en un libro poco conocido en nuestro país, titulado «Caamaño» (1984) y escrito por los periodistas cubanos Ricardo Saenz Padrón y Hugo Ritis B.:

«Para los ratos libres improvisó con otros compañeros un conjunto típico que interpretaba merengues a los que era muy aficionado, gustaba de tocar todos los instrumentos tradicionales, pero sobre todo la tambora, de la que a veces no se separaba hasta el final de las muy escasas veladas recreativas que seguían a los duros entrenamientos , en el propio campamento. Algunos de los merengues que se interpretaban en plena campiña eran obras suya, sea porque los improvisaba sobre la marcha o porque los compusiera con anterioridad» (Pag.225)

Uno de esos merengues, escrito en lengua cibaeña dice así:

 «Yo me fui pooi guto,
 a la sierra é Bahoruco,
 y bajé pá la ciudá,
 ai congreso o la mitaa, 
aí me agarró la guaidia,
 y me patió poi lo fundillo, 
yo me vuelvo pá la loma, 
a bucai mi libeitá. 

Libeitá –libeitá,
 yo peleo po ti no má,
 libeitá, libeitá,
 yo peleo poi ti nomá. 

Encontré lo guerrillero,
 me enseñaron a peliá,
 con un fusil en la mano,
 pa podeime liberá. 

De aquí llami a mi taita,
 a mi mamá, a mi mujei,
 que dejen to lo que tengue,
 y que vengan que esto e lei,
 que esto e lei,
 que esto e lei ,
que esto e lei,
 que esto e lei…»

 (Francisco A. Caamaño)

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