Selección de artículos, la mayoría publicados por el autor en la prensa nacional. DOMINGO CABA RAMOS : Educador, linguista, profesor universitario de Lengua y Literatura, articulista y Miembro Correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua. Además de Maestro Normal Primario ( Esc. Normal "Luis Núñez Molina"), cursó estudios de licenciatura en Educación : Mención Filosofía y Letras (UASD) y de Maestría en Educación Superior : Mención Linguística ( UASD) E-mail : dcaba5@hotmail.com
Por : Domingo Caba Ramos
«Salimos
perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se
llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras»
(Pablo
Neruda)
En el año
2009, un amigo, excompañero de estudio de la primera maestría impartida en el
CURSA/UASD, y exdirector de este alto centro de estudios, un buen día me motiva
para que por fin sometiera a la Universidad el anteproyecto de investigación
con miras a la redacción definitiva de la tesis correspondiente que por
diversos motivos, y quizás también por descuido, no había presentado hasta ese
momento. Tanto entusiasmo mostró en su aparente sentida sugerencia, que
hasta se puso a la disposición para ofrecerme las orientaciones que yo pudiera
necesitar. En tal virtud, me solicitó que tan pronto tuviera listo el texto del
precitado anteproyecto, se lo enviara para evaluarlo y notificarme así las
puntualizaciones pertinentes.
Vía
correo electrónico, un año después, le envié copia del susodicho anteproyecto.
Como veía que los días pasaban y no recibía respuestas, lo llamo y le pregunto
si recibió el mensaje.
«-Sí, lo
recibí – me contestó –. Tan pronto lo lea te llamo o te remito mis
observaciones por la misma vía»
Todavía estoy
esperando la llamada y las prometidas observaciones.
Sietes meses
después, ya resuelto el problema, me encuentro con mi otrora condiscípulo. Un
abrazo y un saludo afectuoso, pero acerca del anteproyecto de investigación: ni
una sola palabra.
Otro amigo
llama un viernes cualquiera y me dice:
«-Espérame
mañana sábado, a las 9 a.m. que urgentemente necesito consultarte algo»
A pesar
de que no podía esperarlo, por razones de compromisos laborales, lo hice, dado
el carácter “urgente” del problema que lo afectaba. Esperé, esperé y esperé;
pero mi «enllave» nunca llegó.
Al día
siguiente, domingo, me encuentro con él en una de las playas de la costa norte
de nuestro país. Se bañaba junto a su entonces prometida en las turbulentas y
siempre frescas aguas del océano Atlántico. Tan pronto me vio, se acercó a mí,
me saludó con inigualable cortesía, afecto y deferencia, y me habló de todo,
menos del «plantón» que el día anterior me había dado. Ni una sola excusa, ni
una sola palabra para justificar la falta cometida.
Al ver
que no lo hizo, me vi obligado a recordarle su acto de irresponsabilidad:
«Créeme – le dije con inocultable ironía y no menos molestia - que
te envidio, admiro y felicito de todo corazón. Los sinvergüenzas como tú, nunca
sufren de hipertensión ni mueren del corazón…»
Casos como
los antes citados se repiten diariamente, y su materialización pone de
manifiesto un hecho bastante preocupante: la palabra, en República Dominicana,
está muy, pero muy en crisis.
Ya pocos
sienten orgullo o se interesan por cumplirla. La crisis de valores barrió con
ella. Quedar bien o mal da lo mismo. Cumplir es lo mismo que incumplir. El
culto a la palabra empeñada, que con tanta vehemencia nos enseñaron los
mayores, hace tiempo se borró de nuestro universo mental. «Hay que
salir del paso». «Hay que allantar». «Hay que vivir la vida». «Hay que
evitar la fatiga». Hay que evitar, como recomiendan los estoicos, todo lo
que nos provoque intranquilidad y desasosiego. La «Ataraxia» parece
ser la palabra clave de la regla de juego de los nuevos tiempos.
Las
excusas suplen el vacío de las palabras incumplidas; pero para los
incumplidores, las excusas sólo valen o encuentran espacios en los cerebros
inferiores.
Cada día que
amanece comenzamos a operar como si estuviéramos dirigido por un ser invisible
que durante todo el día nos repite: «Si puedes cumplir con tus
palabras, hazlo. De lo contrario, no te mueras por eso…»
«Todo está en
la palabra», escribió
Pablo Neruda. Pero eso sería así en los tiempos del laureado chileno, poeta y
Premio Nóbel de Literatura.
Hoy, en los
tiempos de la globalización, postmodernos y del Hombre Light, el planteo
nerudiano parece letras muertas. O tal vez tuvo parcialmente razón el
brillante bardo, por cuanto como parte de ese «Todo…» que a su decir concentra
la palabra, está todo lo negativo.
Diario Libre : 11/7/2025
Por: Domingo
Caba Ramos.
(A mis hermanos Pedro, Gernalda y
Basilio Caba Ramos)
Como repite mi exalumno y hoy destacado
académico, Juan Francisco Zapata (Pancho), formo parte de una “dinastía
magisterial” conformada por los hermanos a quienes está dedicado el presente
artículo. Dinastía a la que me integré como cuarto y último miembro, y a la
cabeza de la cual se encuentra mi hermano Pedro, competente y consagrado maestro
(ya pensionado),el cual fue el ejemplo a seguir en nuestra tortuosa, pero
placentera trayectoria docente.
Fue Pedro el primero en inculcarnos la idea de
que un buen maestro tiene que desempeñar sus delicadas funciones con entrega y
responsabilidad, planificar siempre las clases que imparte, leer e investigar
mucho para mantenerse actualizado y, como lo recomendaba Gabriela Mistral,
enseñar siempre «con la actitud, el gesto
y la palabra»
Nos enseñó que independientemente del trato
nada motivador que recibe, no existen razones para que el maestro se comporte
de manera irresponsable en el ejercicio de sus funciones. Y nos enseñó también,
que no es verdad que el maestro es un “apóstol”,
como política y maliciosamente han querido presentarlo los sustentadores del
status quo, con el deliberado propósito de invalidar cualquier tipo de lucha
reivindicativa. Y que de ser así, entonces estaríamos frente a frente a un
apóstol que se enferma, que compra ropa y comida, que paga alquiler de casa,
que debe incurrir en gastos para satisfacer las necesidades de sus hijos, que
necesita divertirse o recrear su espíritu, etc. En fin, un apóstol afectado por
las mismas necesidades y problemas que sufren los demás, y que, por esa razón,
está en el deber de reclamar sus derechos en pos de una vida mejor.
Yo creo en el maestro que abraza con pasión el
noble oficio que ejerce; pero yo también creo que ese servidor debe tener
resueltas sus condiciones materiales de existencia, como afirmaba Carlos Marx.
Porque como muy sabiamente dijo en una ocasión el presidente de la General
Motors : “ Ningún empleado podrá trabajar con calidad ni mucho menos
identificarse con la empresa si está desmotivado, no devenga un salario justo,
ni disfruta de una plan de incentivos que le permitan resolver sus
existenciales y fundamentales
problemas”
El próximo lunes, 30 de junio, se celebra en
nuestro país el “Día del maestro”. El
día del ser que ejerce el más noble y digno de los oficios del universo. Este
día, ténganlo por seguro, en nuestros medios de comunicación no habrá gran
despliegue publicitario, como ocurre en otras fechas, ni en la prensa nacional se leerán enjundiosos
editoriales o apasionados artículos exaltando el trabajo de este abnegado servidor.
Y es que no obstante la importancia de la labor que
realiza, al maestro dominicano casi nadie lo incentiva, motiva o reconoce su
trabajo. Nadie parece entender que solo él es capaz de borrar las tinieblas de
la ignorancia y abrir las puertas del conocimiento. Al contrario, como
“recompensa”, extrañamente, lo único que recibe es crítica e interesados
cuestionamientos, realidad que lo convierte en el gran vilipendiado, denigrado
o menospreciado. Como bien se
registra en las letras de la canción:
“El cura cree que es ateo,
y el alcalde comunista.
y el cabo jefe de puesto,
dice que es un anarquista…”
La sociedad sólo le pide, pero muy poco
le da, empezando por quien más debería concederle : el Estado Dominicano. “Te
pago como a un obrero, pero debes enseñar como un científico…”, parece
ser la máxima sociopedagógica dominicana. Por esa razón, cuando el gobierno
decide favorecer al maestro con un aumento salarial, aparentemente sustancial,
son muchos los dominicanos que tal incremento les repugna y hasta “migraña”
parece producirles.
Estamos conscientes de que tan adversa
actitud podría estar alimentada por la práctica irregular de muchos profesores
que no han sabido comportarse a la altura de su investidura; pero que debido a
la ausencia de un científico programa de supervisión docente,
desafortunadamente se mantienen activos provocando más daños que beneficios
dentro del sistema educativo.
Un sistema injusto, inhumano, sectario,
politizado y altamente contaminado ideológicamente. Un sistema que muy poco ha
hecho para premiar y retener a sus mejores talentos, y que no ha sido capaz de
establecer categorizaciones importantes técnicamente estructuradas en virtud de
las competencias y desempeño de cada quien, evitando así que todos los docentes
sean “medidos con la misma vara” o valorados de la misma forma.
Un sistema, en fin, en cuya base se
reproducen las irregularidades cometidas en la cúspide por las
autoridades que lo administran, las cuales consumen más tiempo defendiendo
rabiosamente los intereses del partido en el poder que diseñando planes y
programas orientados a desarrollar y modernizar la enseñanza pública.
Autoridades que no propician las condiciones materiales y espirituales
requeridas para que en nuestras escuelas el maestro se sienta motivado a
ejercer su trabajo con alegría y entusiasmo.
Para los maestros de verdad. Para ese
maestro sin cariño, activo o pensionado, que en medio de tan desmotivador y
adverso panorama laboral es y ha sido capaz de ejercer con responsabilidad el
delicado oficio que la sociedad puso en sus manos, vayan nuestro más sentido y
sincero reconocimiento en su «Día»
Por: Domingo Caba Ramos
«El lenguaje funciona básicamente como un sistema de comunicación, por eso se habla de su carácter social. El lenguaje como todo lenguaje (pictórico, musical, gestual) es un código sobre el que se fundamenta el proceso comunicativo. Gracias a él, un sujeto puede codificar (frasear, poner en forma lingüística, verbalizar) el pensamiento que quiere comunicar, y también, gracias a él, el receptor, el que escucha el mensaje emitido, puede descodificarlo, es decir, entender lo que se le ha dicho…»
(Humberto López Morales)
Es
mucho lo que se ha escrito acerca de las deficiencias que muestran los
estudiantes y profesionales dominicanos en el uso de la lengua. Tales fallas,
las cuales parecen incrementarse cada día que pasa, se ponen de manifiesto tanto en su expresión
oral como escrita. Para percibirlas basta leer los trabajos que redactan
nuestros estudiantes y las crónicas que publican
los diarios dominicanos, o escuchar a muchos profesionales y comentaristas de
radio y televisión.
¿A qué se deben tales fallas? ¿Por qué hoy se perciben mucho más que en el
pasado?
Pienso que entre las principales causas que originan tan preocupantes problemas merecen citarse las siguientes:
1. 1. Ausencia de un científico sistema de supervisión docente. Para las autoridades educativas, todos los profesores son iguales.
2. 2. Una gran cantidad de maestros de lengua española y literatura no cuentan con la debida competencia, pasión y cultura general requeridas para impartir tan importantes asignaturas.
3. 3. Los maestros muestran poco interés por la lectura y la investigación y, merced a ese desinterés, tampoco fomentan tales prácticas en sus alumnos.
4. 4.Escasa participación del maestro en eventos formativos extralaborales (charlas, coloquios, cursos, talleres, etc.) o en cuantas actividades contribuyan a renovar o actualizar sus conocimientos.
5. 5. El maestro ya no muestra la pasión que antes sentía por el estudio y enseñanza de la lengua española y la literatura.
6. 6.Existen centros educativos en los que la lengua española y la literatura son impartidas por profesores especializados en áreas del saber que nada tienen que ver con esas dos disciplinas.
7. 7.La labor del maestro no es debidamente incentivada (aunque a la luz de algunos «aumenticos» de sueldos, parezca y se crea lo contrario). Esta ausencia de motivación le impide al docente ejercer con entrega y entusiasmo su delicado trabajo.
8. 8. El maestro no se interesa, como en tiempos pasados, en marcar las diferencias mediante la pronunciación y escritura correctas de las palabras.
9. 9. En términos de la calidad de la enseñanza, se aprecia que no existe relación entre el título docente que exhibe el profesor y la labor que realiza.
E10. El maestro no solo carece de hábitos de lectura, sino también de escritura. En tal virtud, es normal que no incentive una y otra práctica en los estudiantes.
111. El quehacer académico no forma parte de las prioridades del joven posmoderno y, particularmente, de los estudiantes dominicanos. Los intereses de la mayoría de estos se resumen en cinco centros de interés, en los que el «internet» y el placer desenfrenado parecen ocupar los primeros lugares. A todo lo que no forme parte de esos centros, se le prestará atención si sobra tiempo. Por esa razón, ya los estudiantes, con sus naturales excepciones, no realizan las tareas asignadas, no estudian las lecciones diarias en la casa, muy poco estudian cuando tienen exámenes y poco o nada también les importa aprobar o no una asignatura. Y de sus juveniles conciencias se ha borrado el orgullo de ser el mejor.
112. Los estudiantes que estudian la Carrera de Educación: Mención Letras, contrario a lo que antes sucedía, eligen esta, al igual que la especialidad, no por porque les apasione, sino porque quizás carecen de los recursos económicos o competencias requeridas para estudiar otras. O porque tal vez alguien alguna vez les dijo que era la más fácil de estudiar, como así me respondieron, en una ocasión, quince estudiantes, de veinte que en una encuesta que al respecto se me ocurrió realizar. Sus deficiencias e incompetencia para asimilar el contenido programático, así lo ponen de manifiesto. Deficiencias que luego multiplicarán en el aula.
1 13. Contrario a la realidad de tiempos pasados, se aprecia una elevada incompetencia o débil formación en muchos de los profesores formadores de maestros en el área de Letras, tanto en grado como en posgrado. Así nos encontramos con docentes impartiendo clases en cursos de maestrías, que sobre el área en que ejercen no han realizado una sola investigación ni publicado un solo artículo en la prensa nacional.
114, La politización de la escuela dominicana ha alcanzado niveles desproporcionados en todos los períodos de gobiernos que hemos tenido desde 1996 hasta fecha. Es por ello que, para nombrar un maestro como técnico o dirigente en el sector público de la educación, prima el criterio político por encima de la formación docente. Si realizó campaña en favor del partido en el poder, se le designará, aunque carezca de las competencias requeridas para orientar, supervisar y acompañar. El mismo criterio rige para los ascensos y reconocimientos del personal docente.
115. Los medios de comunicación, especialmente la radio y la televisión, han ejercido una influencia bastante negativa en el uso de la lengua. A través de estos se habla como si se estuviera en la esquina del barrio o en la gradería del estadio.
En
fin, los juicios antes expuestos ponen de manifiesto claramente que los únicos
culpables de los males que afectan la enseñanza dominicana en general y de
Lengua y la Literatura en particular, no son los profesores, como de manera
impresionista, maliciosa y no menos con intención política se ha querido fijar
la idea en la conciencia de los dominicanos. Además del maestro, culpables son
de esas fallas: los estudiantes, los padres de familia, el Estado, el sistema
educativo, los medios de comunicación, la sociedad en su conjunto y todos los
organismos e instituciones (poderes educativos) que ejercen influencias educativas
en el individuo.
Por: Domingo Caba Ramos
«¿Tú sabes quién soy yo…?»
Posiblemente sea la más repudiable, necia y repugnante de las preguntas que un hablante tenga que escuchar.
«¿Tú sabes quién soy yo…?»
Se trata de una pregunta que suelen formular los seres mediocres y acomplejados cuando tienen como propósito intimidar, humillar, imponer, amenazar, aplastar, avasallar…
«¿Tú sabes quién soy yo…?»
Es la pregunta clásica y habitual de los seres presumidos, arrogantes, prepotentes… y para los cuales la humildad no es ni siquiera un sueño.
«¿Tú sabes quién soy yo…?»
Así preguntan los seres carentes de grandeza mental y espiritual cuando en la estructura social entienden que poseen poder político y económico o cuando están vinculados familiarmente a quienes detentan ese poder.
«¿Tú sabes quién soy yo…?»
Se trata de una interrogación de maldito acento, vigente o de moda solo en sociedades de inconfundibles tintes aldeanos, atrasadas, carentes de institucionalidad, donde impera el tráfico de influencias y en la que el poder de los hombres parece estar por encima del mandato de la ley.
«¿Tú sabes quién soy yo…?»
Pregunta que aquel que se autoconcibe como una especie de semidiós en la tierra, solo la formula cuando entiende que su interlocutor es un indigno representante de la chusma, algo así como un “mojón”, según fue calificado recientemente un agente de la AMET, una basura, esto es, una persona sin clase, abolengo o prestigio social.
«¿Tú sabes quién soy yo…?»
Es la pregunta clásica y habitual que los mediocres o individuos de mentes estrechas emplean como arma intimidante cuando amparados en el poder que tienen o creen poseer intentan generar privilegios o todos tipos de favoritismos; aunque para tal fin haya que trasgredir el ordenamiento legal establecido.
«¿Tú sabes quién soy yo…?»
Más que interrogativo, la odiosa pregunta entraña un profundo sentido imperativo, una advertencia, por cuanto se trata de que el otro sepa aquello de que: «Yo soy un ser mesiánico, poderoso, especie de Jesucristo resucitado, razón por la cual tú debes escucharme, obedecerme y respetarme»
«¿Tú sabes quién soy yo…?»
Es la pregunta que aún se les escucha a quienes al parecer olvidan que la autoridad, cuando se ejerce basada en la humildad, la justicia y la prudencia, además de fortalecerse cada día más, genera respeto, identidad y simpatía. A los que al parecer también olvidaron que la Declaración Universal de los Derechos Humanos (Art.7) establece que todos los seres humanos son iguales ante la ley.
(Publicado en Diario Libre 13 junio, 2025)
Por: Domingo Caba Ramos.
Según el brillante orador y
pensador romano, Marcos Tulio Cicerón:
«Nada hay tan veloz como la calumnia; ninguna
cosa más fácil de lanzar, más fácil de aceptar, ni más rápida en extenderse »
Y yo digo:
La calumnia, "hermana gemela
de la envidia", es el arma de los mediocres, el argumento de los
perversos, la verdad de los degenerados, el parto perturbador de las lenguas
letales.
El diccionario de la Real Academia
Española (RAE), de su lado, define el
término, estableciendo que calumnia es una:
1. «Acusación falsa, hecha
maliciosamente para causar daño»
2. « Imputación de un delito hecha a sabiendas
de su falsedad»
Independientemente de la naturaleza falaz de la calumnia, hay que
admitir que el calumniador logra, en términos parciales, su propósito, por
cuanto si bien podría parecer carente de credibilidad, siembra las dudas en el sujeto perceptor del
mensaje calumnioso propalado. Opera, pues, como esas heridas aparentemente
inofensivas o sin importancia: se sanan, pero queda la cicatriz.
Pablo Neruda, en su breve, pero
muy aleccionador poema «La calumnia »,
la describe como sigue:
«Puede una gota de lodo,
sobre un diamante caer;
puede también de este modo,
su fulgor oscurecer,
pero aunque el diamante todo,
se encuentre de fango lleno,
el valor que lo hace bueno,
no perderá ni un instante,
y ha de ser siempre diamante,
por más que lo manche el cieno »
(Publicado en Diario Libre, junio 5,2025
Por : Domingo Caba Ramos
El gran Teatro del Cibao cumplirá en agosto próximo treinta años de fundado. Fue inaugurado específicamente el 16 de agosto de 1995 por su gestor y entonces presidente de la república, Dr. Joaquín Balaguer.Considerada
la segunda sala teatral de mayor prestigio de la República Dominicana, cuando
se anunció su construcción, aún lo recuerdo, fueron muchas las voces que se
levantaron para oponerse a esta. Se alegaba que era inconcebible invertir casi
cien millones de pesos en la creación de un centro artístico en un país en el
que faltaban aulas en las escuelas y medicinas en los hospitales. Y que, en vez
de gastar ese dinero en un majestuoso teatro, era preferible invertirlo en la
construcción de nuevas escuelas o en la compra de medicamentos y equipos
médicos para nuestros hospitales. Yo, por el contrario, nunca lo entendí así;
y, en tal virtud, defendí ciegamente el proyecto.
Y lo apoyé
por dos razones:
Primero,
porque estaba seguro de que si el teatro no se construía, los hospitales
continuarían sin medicinas y las escuelas sin aulas; razón por la cual, yo
prefería ver convertido en realidad el teatro y no el monto de su inversión en
los bolsillos de dos o tres funcionarios o dirigentes del Partido Reformista.
Por esa razón, no cesaba de proclamar de manera enfática: «Déjenme mi teatro.»
Segundo,
porque soñaba y creía ingenuamente que
una vez establecido el Gran Teatro del Cibao, Santiago y la región cibaeña contarían
con una auténtica sala de arte en la que de manera permanente se desarrollaría
un programa de actividades que comprendería la puesta en escena de grandes
obras teatrales, impresionantes conciertos sinfónicos y de intérpretes famosos,
nacionales e internacionales, espectáculos de
ballet, tanto clásico como contemporáneo, exposiciones pictóricas y de otras muestras artísticas. En
fin, pensé que el Gran Teatro del Cibao habría de convertirse en el espacio
idóneo para la realización de cuantas actividades contribuirían a la promoción
de la educación, el arte y la cultura, entre las que, entre otras, no podrían
faltar las ferias de libros. Un espacio en el que solo las expresiones
exclusivamente artísticas y culturales tendrían cabida.
Pero amargamente
debo reconocer que fallé en mi pronóstico.
En los años
primeros de su fundación, en el Gran Teatro del Cibao todo parecía que iba
operando acorde con la naturaleza de un templo del arte; mas, de repente, todo
empezó a cambiar. En su área externa, anualmente la Cámara de Comercio y
Producción de Santiago organizaba su famosa feria de promoción comercial mejor
conocida como Expo Cibao, una feria multisectorial cuyos mercantiles propósitos
distan mucho de lo artístico. Y todos los años, hasta fecha, la Asociación
Nacional de Agencias Distribuidoras de Vehículos (ANADIVE) y la Asociación de
Dealers del Cibao utilizan el mismo espacio para exhibir y promover la venta de
vehículos.
En cuanto al
desarrollo sostenido y permanente de un programa de actividades de alta calidad
artística, puede afirmarse que brilla por su ausencia.
Como vivimos
en una sociedad y en una posmodernidad en la que todo lo irregular se defiende,
justifica y percibe regular, no me extraña si al leer estas notas alguien, con
falaz y sofístico acento, diga que nada tiene de malo y criticable la práctica
de utilizar los jardines de un centro artístico de alto nivel para exhibir,
promover y vender vehículos. De suceder así, a mí no quedaría más que ripostar
afirmando en forma convencida y contundente: «Exhibir, promover y vender
vehículos en el área del Gran Teatro del Cibao o de cualquier otro centro de
igual naturaleza, es simple y llanamente una vergüenza nacional…». Y
así lo considero, por cuanto pone de manifestó el aldeanismo y subdesarrollo
cultural del pueblo dominicano.
Ya me
imagino una feria vehicular en artísticos centros mundiales tan famosos como el
Teatro de la Scala de Milán (Italia),
el Teatro Nacional de Múnich (Alemania),
el Palacio de Bellas Artes, (México),
El Palacio de las Artes (Valencia), Gran Teatro del Liceo (Barcelona) y Teatro Colón (Argentina), entre otros.
Ni pensarlo…