Vacilación sintáctica e ideología de género en la Constitución dominicana
domingo, 16 de febrero de 2025
VACILACIÓN SINTÁCTICA E IDEOLOGÍA DE GÉNERO EN LA CONSTITUCIÓN DOMINICANA
NUESTROS ESTUDIANTES, EL 16 DE AGOSTO Y EL DESCONOCIMIENTO DE LA HISTORIA DOMINICANA
Por: Domingo Caba Ramos
Lunes 13 de agosto del 2018.
Antes de iniciar mi lingüística lección en la universidad donde imparto docencia, y con motivo de la celebración, tres días después, del ciento cincuenta y cinco aniversarios de la Restauración de la República Dominicana, se me ocurrió preguntar en un curso compuesto por estudiantes, casi todos de término y pertenecientes a carreras diferentes:
1) – «¿Por qué el 16 de agosto de cada año está declarado feriado o no laborable en nuestro país?
Las respuestas no pudieron ser más decepcionantes, deprimentes y hasta jocosas, si se quiere.
–«Porque ese día es que ponen en posesión a las nuevas autoridades del gobierno» – contestó el único estudiante que se atrevió a responder, de un total de veinticinco que en ese momento conformaban la matrícula.
Al escuchar esto, acto seguido se activó mi histórica y siempre tormentosa migraña.
2) «–¿Por qué celebra y no se trabaja, todos los años, el día de 16 de agosto?» – insistí, con la misma pregunta.
«–Porque un día 16 de agosto de 1829, creo, sacaron a los haitianos de aquí» – se le escuchó decir al segundo que intervino.
Permanecí en silencio…
3) «– El acontecimiento histórico, cuyo nuevo aniversario cada año se celebra el día 16 de agosto, ¿en qué año estalló? –varié la pregunta.
«–En 1844» –
respondió uno.
«–En 1838» –
contestó otro.
«– En 1924» – respondió un tercero.
Continué si pronunciar palabras…
4) «–¿Por qué se celebra y se declara festivo o no laborable el día 16 de agosto de cada año en la República Dominicana? – retomé la pregunta inicial.
«–Porque en esa fecha los dominicanos celebramos un aniversario más de la proclamación de la Independencia Efímera proclamada en 1844 por Simón Bolívar y Juan Núñez de Cáceres»
Al escuchar esto último, para evitar que la migraña continuara elevando su nivel de molestia, dije para mí, como afirman los abogados: « No más preguntas, señor magistrado» ; y en lugar de continuar con el histórico sondeo, preferí robarle unos minutos al tema linguístico de mi incumbencia para explicar lo que realmente sucedió en el Cerro de Capotillo el 16 de agosto de 1863, dos años después que al general Pedro Santana se le ocurriera la antipatriótica y traicionera idea de anexar nuestra república a España.
¿A qué se debe ese desconocimiento de nuestra historia que muestran las nuevas generaciones de estudiantes?
Quizás se deba a la incompetencia docente, a la ausencia de una metodología verdaderamente motivadora en la enseñanza de la historia o a una de las tantas debilidades que padece actualmente la escuela dominicana. O tal vez sea el resultado de la indiferencia de los jóvenes ante todo lo que no forme parte de su centro de interés. De unos jóvenes que, en los niveles primario y secundario, suelen afirmar aquello de que para qué insistir tanto en lo que ya pasó, en vez de concentrarse en lo que está pasando o puede pasar.
Pero el asunto o desconocimiento de nuestra historia, todo parece indicar, no es tan nuevo como podría creerse. Así se pone de manifiesto en la preocupante y no menos humorística respuesta ofrecida por un estudiante del nivel preuniversitario cuando se le solicitó que escribiera una biografía acerca de Cristóbal Colón. Dicha respuesta, registrada en el libro Ocurrencias estudiantiles (2005:14) de la maestra vegana, María Teresa de Sánchez, es la siguiente:
«Colón nació en Caracas el 12 de octubre de 1492. Era hijo de Diego Colón. Murió en Venezuela, pero sus restos se encuentran en la Catedral Efímera de Santo Domingo…»
(PUBLICADO EN DIARIO LIBRE : 15/8/2024)
«ENCARTADO», EUFEMISMO O MAQUILLAJE EXPRESIVO
(Publicado en Diario Libre : 8/8/2024 )
Como es normal, cada hecho, cada acontecimiento de impactante relevancia saca a la luz voces de uso poco común o que no forman parte del léxico activo de los hablantes pertenecientes a una comunidad lingüística determinada. En el ámbito dominicano, el caso Odebrecht, por ejemplo, contribuyó a que se extrajera del cofre de la lengua española, y posteriormente se popularizara, un término que hasta el año antes citado escasamente se había escuchado y mucho menos utilizado: “Encartado”
Todo ser “sujeto a un proceso…” es, por definición, un procesado, voz esta que en el español dominicano y en otras partes del mundo hispanohablante entraña los más negativos y desagradables valores significativos: “encausado”, “condenado”, “acusado”, “enjuiciado”, “inculpado…”
Merced a estos valores semánticos nada placenteros, “procesado” se nos presenta entonces como una palabra “tabú” (*). Para evitar utilizarla, mas si se les aplica a individuos provistos de rangos, alcurnia o prestigio social, entonces se maquilla o reemplaza por otra que como “encartado” resulta más galante, inofensiva, elegante y decorosa. Y, por consiguiente, menos atentatoria a la moral, al honor y a las buenas costumbres.
Conforme a las ideas preindicadas, el novedoso vocablo, “encartado”, ha de ser concebido como un auténtico eufemismo (**), cuyo uso, en el contexto dominicano, tendría como propósito central, consciente o inconscientemente, minimizar la dolosa etiqueta que sí entraña el vocablo “imputado” en perjuicio de unos ciudadanos (empresarios, funcionarios, políticos…) que la sociedad percibe como “honorables”
Por eso no ha de extrañar que solo estos seres con prestancia, nombres y apellidos sean llamados “encartados” por nuestros comunicadores sociales, no así los individuos o delincuentes comunes que incurren en faltas graves reñidas con la ley; pero que carecen de rango y distinción. Cuando estos últimos son sometidos a la justicia, ya no se tratará de “encartados”, sino de “imputados”, “acusados”, “procesados”, “encausados”, “violadores de la ley”, etc.
LA PRENSA DOMINICANA Y LA NUEVA ORTOGRAFÍA
(Publicado en Diario Libre : 182024)
Por: Domingo Caba Ramos.
«El redactor ejerce gran influencia sobre el lenguaje
de los demás y, por tanto, ha de trabajar con responsabilidad en el uso de su
herramienta»
(Alex Grijelmo: El estilo del periodista, 2002)
En diciembre del 2010, la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de
Academias de la Lengua Española (ASALE), publicaron la última edición de la Ortografía
de la lengua española. Esta nueva versión sustituyó a la anterior
edición, publicada en el año 1999. Si bien la nueva Ortografía no cambia las
reglas fundamentales del idioma, sí introduce novedades importantes, cuyo
conocimiento implica un doble proceso de aprendizaje y desaprendizaje, por
cuanto normas que en ediciones precedentes estaban vigentes, esta vez fueron
eliminadas y otras nuevas incluidas. Así, por citar solo alunas :
a) Palabras como guion y truhan, por considerarse monosílabas, deberán
escribirse siempre sin la tilde que antes se les marcaba, aunque una parte de
los hispanohablantes las pronuncien con hiato y perciban bisílabas.
b) Se recomienda suprimir la tilde diacrítica en la palabra solo cuando funcione como
adverbio con significado de solamente (
Duarte solo deseaba el bienestar de la patria), así como en los pronombres
y determinantes demostrativos este,
ese y aquel (Con ese o con este me
gustaría trabajar )
Para
establecer diferencias entre solo
(adverbio) y solo (adjetivo) con
significado, este último, de soledad, y así evitar posibles ambigüedades, la
ortografía anterior (1999) recomendaba marcarle la tilde al primero y no al
segundo. Así, había obligatoriamente que escribir: a) “Yo sólo estudio en mi cuarto.” (solamente), b) “Yo solo estudio en mi cuarto” (sin
compañía).
A partir del año 2010, la palabra solo, tanto en su rol de adverbio como
adjetivo, igual que los demostrativos estos,
ese y aquel, con sus femeninos y plurales, se recomienda no marcarle tilde,
incluso en casos de ambigüedad, que bien puede resolverse por el contexto
comunicativo u otros medios, como el empleo de sinónimos (solamente, únicamente), una puntuación adecuada o cambiando el
orden de las palabras que fuerce una sola de las interpretaciones (OLE, 2010,
p. 269). En tal virtud, en vez de «Yo
sólo leo en mi oficina», bien podría escribirse:
1. «Yo
solamente leo en mi oficina»
2.
«Yo únicamente
leo en mi oficina»
3.
«Yo, solo, leo en mi oficina» (sin
compañía)
4. En mi oficina yo leo solo. (sin compañía)
Vale
destacar que si bien la Ortografía
recomienda no añadir la tilde a la palabra solo cuando es adverbio, aclara que no incurre en falta o no se
sanciona el uso de quien opte por marcarla.
c) Se suprime la tilde diacrítica en la conjunción disyuntiva o cuando aparece entre cifras,
cuya marca antes se recomendaba para evitar que se confundiera con el cero (En las vacaciones pienso leer 4 o 5 obras literarias)
d) Por primera vez, en la ortografía académica, se
ofrecen normas explícitas sobre la
escritura de las voces o expresiones prefijadas. Los prefijos son elementos afijos carentes de autonomía que se
unen por delante a una palabra o base léxica, a la que agregan diversos valores
significativos, originándose así una nueva palabra. Esas nuevas palabras que se
forman reciben el nombre de voces prefijadas: superdotado, reconectar, internacional,
exnovio, desapartar... Son prefijos en estos ejemplos: super, re, inter, ex y des.
Como
hasta la edición de la Ortografía vigente no existían reglas que pautaran su
escritura, los prefijos se escribían de acuerdo al criterio particular de
cada redactor, en la mayoría de los casos, separados de la palabra o base
léxica a la que se agregan, o unidos a esta mediante un guion (ex presidente, ex marido, vice rector,
sub-marino, vice-presidente…). Según la norma actual, deben escribirse unidos a dicha base o palabra siempre que
esta sea univerbal (expresidente, exmarido, vicerrector, vicepresidente,
submarino)
e) En la Ortografía de 1999 (p. 39) se prescribía que los títulos, cargos
y nombres de dignidad, como Rey, Papa, Duque, Presidente, Ministro, etc. debían escribirse con minúscula inicial
cuando acompañaran al nombre propio de la persona o del lugar a que
corresponden (El rey Juan Carlos visitó...-El papa Juan Pablo 11 falleció …
-El presidente Luis Abinader declaró…) y con mayúscula inicial si el nombre
no aparecía expreso (El Rey visitó… -
El Papa falleció… - El Presidente declaró…).
La nueva Ortografía establece. en cambio, que esos cargos institucionales deberán escribirse siempre con minúscula inicial, estén o no acompañados del nombre de la persona a que se refieran (El rey inaugurará… - El papa Benedicto XVI renunció… - El ministro fue sustituido)
f) También prescribe
la nueva Ortografía la forma de escribir los apodos, alias y sobrenombres: con
letra inicial mayúscula, los sustantivos y adjetivos que los componen, y en
minúscula inicial, el artículo que habitualmente los precede, por no formar
este parte de la denominación. Sin embargo, en los diarios dominicanos leemos
con muchas frecuencias apodos del tipo :
Fefita La Grande, Héctor Acosta, El
Torito…
Todo lo antes expresado indica que contrario a lo que podría
pensarse, en la República Dominicana ,
esas y otras novedades ortográficas, al parecer, se desconocen. Y si lo
contrario sucede, muy poca importancia, entonces, se les confiere al
conocimiento de la norma. Para validar este juicio, basta una breve ojeada a
los diferentes diarios editados en nuestro país después de publicada la nueva
Ortografía. En estos encontraremos notas periodísticas como las siguientes:
1. «El Papa renunció al
Vaticano con efectividad el 28 de este mes a las 5:00 de la tarde» (El Caribe,
13/2/2013)
2. «Artistas plásticos reconocen al ex presidente Leonel Fernández
(Diario Libre, 23/1/2013)
3. «César Peralta “El Abusador” se enfrenta a 25 años de prisión en EE. UU» (Diario Libre, 15/11/2022)
4.
«Son miembros de la Junta Monetaria : el Gobernador del Banco Central, quien
la presidirá, el Ministro de Hacienda y el Superintendente de Bancos»
En cada una de las notas antes transcritas, las palabras papa,
gobernador, ministro y superintendente, así
como el artículo que precede al apodo Abusador debieron escribirse con
letra inicial minúscula, en tanto que el
prefijo ex, unido a la palabra presidente.
EL RÍO Y SU ENEMIGO
Por: Domingo Caba Ramos
«Un día en La Habana escribí un cuento que se llamaba “El río y su enemigo”, y entonces dije: “Bueno, ya domino este género. Ya puedo hacer con el cuento lo que quiera…”»
(Juan Bosch)
Aquí, en la República Dominicana, estamos ahora en época de huracanes. Cada vez que una tormenta, un huracán o una onda tropical se aproxima, la lucha llevada a cabo por los organismos de socorro con las personas que viven en las riberas de los ríos, y que rehúsan dejar sus casas a pesar de saber el peligro a que se exponen, es siempre la misma. Se originan de esa manera lamentables tragedias bastante parecidas a la relatada por el afamado cuentista dominicano Juan Bosch (1909 – 2001) en uno de sus cuentos magistrales, “El río y su enemigo”, contenido en el volumen Más cuentos escritos en el exilio (1962).
Dicha historia se inicia señalando el ambiente o marco espacial donde se desarrolla el hecho narrado:
«Sucedió lo que cuento en un lugar que está más abajo de Villa Rivas, en las riberas del Yuna. Cuando pasa por allí, el Yuna ha recorrido ya muchos kilómetros y ha fecundado las tierras más diversas…» (P.57)
A pesar de que nuestra crítica literaria no incluye a “El río y su enemigo” entre los cuentos clásicos de Juan Bosch (“La mujer”, “Dos pesos de agua”, “Luis Pie”, “Los amos” y “La nochebuena de Encarnación Mendoza”), este, sin embargo, lo sitúa a la cabeza de sus mejores textos narrativos, por cuanto fue a partir de su escritura cuando él, según sus palabras, logró dominar la técnica de tan complejo género literario:
«- Durante muchos años tuve problemas técnicos que no sabía resolver en mis cuentos. Recuerdo que fue en el año 1942, al escribir “El río y su enemigo”, cuando me dije a mi mismo: “Bueno, ahora ya domino el género; ya sé escribir cuentos, y a partir de ahora, puedo escribir el cuento que me dé la gana y como me dé la gana. Pero eso fue en 1942 y yo había comenzado a escribir cuentos desde que tenía doce años» (“Doce en la literatura dominicana”, 1982:64)
La trama:
Balbino Coronado era un campesino que vivía en conflictos permanentes con el río Yuna, cuyas crecidas y avenidas, “dos veces por año, y una cuando menos…” ponían en riesgo los productos que celosamente cultivaba en sus quince tareas de tierra. Fue así como este agricultor fue desarrollando, en contra del impetuoso río, un sentimiento de animadversión, como si de un ser humano se tratara:
«- Yo, en cambio, conozco a otra persona – Balbino Coronado – que siente por el Yuna un odio mortal, un odio que no puede tenerse, sino por un hombre que nos ha hecho mucho daño» (p.61)
Cuando el río se desbordaba, arrancaba “árboles de cuajo, arrastraba viviendas y animales, se lleva pedazos enteros de conucos… las familias que viven en las márgenes suben a los lugares altos, llevándose consigo los cerdos, las gallinas y las vacas…» (p.62)
Fue en uno de esos desbordes que una noche el río furioso penetró a la propiedad de Balbino y la arrasó:
«Al parecer le había costado mucho trabajo adquirir esa propiedad. Estaba situada a la orilla del río, cerca de aquí. Vino el Yuna crecido por este tiempo, dos años atrás, y le comió la tierra en una noche. Al otro día el conuco de Balbino Coronado era cauce del río y todavía pasa por ahí. El muchacho se volvió loco y para mí que desde entonces no anda bien de la cabeza» (p.63)
Por esa razón, desde que Balbino escuchaba el rumor del río, su reacción, sumamente aterrorizado, no se hacía esperar:
«— ¿No oye como viene roncando ese maldito?»
Y como si se tratara de un monstruo peligroso, así amenazaba el apasionado labriego al río de sus tormentos:
«— ¡Y lo mato; si crece lo mato! ¡Le juro por mi madre que lo voy a matar!»
Y así, tratando de matar al Yuna, un mal día Balvino Coronado encontró la muerte. Impulsado por la cólera, penetró al río y empezó a la lanzarle machetazos a su superficie. Penetró, pero nunca salió… El río no sólo logró arrasar con sus cultivos, sino también con su vida.
Y así, dramáticamente, termina el narrador su no menos dramático relato:
«—¡Balbinoooo... Sal, Balbinooooo!
Pero Balbino no salió.
Cinco días después, cuando bajó la crecida, se vio que el cauce del río había cambiado y las quince tareas de Balbino Coronado habían quedado libres de agua y listas para levantar un buen conuco. Sin embargo, hasta donde me informaron, se quedarían sin dar fruto porque Balbino Coronado no tenía quien lo heredara»
En la comunidad de Baitoa, provincia Santiago, cuando el Huracán David, ocurrió algo igual en lo que al desenlace respecta; pero diferente en lo que atañe al vínculo afectivo con el río: un anciano agricultor entendía que por ser tan sólida la amistad entre él y el río (el Yaque), a la orilla del cual residía, este ningún daño podía causarle. Por esa razón, cada vez que su amigo se desbordaba, no había forma de lograr que el anciano abandonara su humilde vivienda. En tal virtud, un mal día, el río Yaque le hizo lo mismo que el Yuna a Balbino Coronado : lo arrastró y lo mató.
(PUBLICADO EN DIARIO LIBRE 27/4/2024)
