sábado, 19 de abril de 2014

UNAS SENCILLAS NOTAS PARA DOS GRANDIOSAS VOCES : VARGAS LLOSA Y GARCÍA MÁRQUEZ

 Por : Domingo Caba Ramos.


1. GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ ( In Memoriam ).

 Célebre novelista y cuentista colombiano, periodista y guionista de cine, nació en Aracataca, Colombia, en 1928. Hasta los ocho años de edad vivió con sus abuelos. Realizó sus primeros estudios en Barranquilla. Tiempo después pasó a Bogotá donde cursó la carrera de leyes y cuyo título de abogado lo obtuvo en 1947. Alternó sus estudios con la actividad literaria y periodística.

Su actividad literaria se inicia con La hojarasca (1955), novela a la que le siguieron El coronel no tiene quien le escriba (1961), Los funerales de la mamá grande (1962), La mala hora (1964), y las dos más celebres de sus novelas: Cien años de soledad (1967) y El otoño del patriarca (1975).

 En 1982 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura.

 Para las letras colombianas, García Márquez señala una nueva orientación frente a la tradición lograda por La Vorágine, de José Eustasio Rivera.

 Para la historia de literatura hispanoamericana, su obra narrativa, inscrita en la tendencia del realismo mágico, se consolida como una de las máximas expresiones de la denominada nueva novela latinoamericana, movimiento al que también pertenecieron Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Julio Cortázar y Mario Vargas Llosa.

Para la historia de la literatura universal del siglo XX, su obra alcanzó tempranamente la inmortalidad, aun cuando su pluma continuó enriqueciendo el universo del arte literario. Comparado con Cervantes, es hoy día uno de los escritores hispanoamericanos más leídos, traducidos, comentados y estudiados.

Iluminadores estudios sobre su obra han realizado famosos escritores como Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa. Entre los numerosos recursos que empleó en su obra destaca el humorismo nacido de la exageración, el absurdo y lo imprevisible.

2. DIÁLOGO ENTRE DOS GRANDES DE LA LITERATURA. 


Vargas Llosa - :« ¿Para qué crees que sirve tú como escritor?»

García Márquez - : « Yo tengo la impresión de que empecé a ser escritor cuando me di cuenta de que no servía para nada. Mi papá tenía una farmacia y, naturalmente, quería que yo fuera farmacéutico para que lo reemplazara. Yo tenía una vocación totalmente distinta: quería ser abogado, porque en las películas los abogados se llevaban las palmas en los juzgados defendiendo las causas perdidas. Sin embargo, ya en la universidad, me encontré con que tampoco iba a servir para abogado. Empecé a escribir los primeros cuentos y, en ese momento, no tenía noción de para qué servía escribir. Pero después, analizando el oficio del escritor, pienso que la literatura y, sobre todo, la novela, tiene una función, creo que una función subversiva, en el sentido de que no conozco ninguna buena literatura que sirva para exaltar valores establecidos. Siempre, en la buena literatura, encuentro la tendencia a destruir lo establecido, lo ya impuesto, y a contribuir a la creación de nuevas formas de vida, de nuevas sociedades, en fin, a mejorar la vida de los hombres»

Vargas Llosa - : «O sea, ¿que tú piensas que la literatura es una actividad que, desde el punto de vista social, es eminentemente subversiva?»

García Márquez - : «Creo que el escritor está siempre en conflicto con la sociedad; más aun, tengo la impresión de que se escribe como una forma de resolver es conflicto personal del escritor con su medio. Cuando yo me siento a escribir un libro es porque interesa contar una buena historia. Una historia que guste. Lo que sucede es que yo también tengo una formación ideológica; creo que el escritor, todo escritor, tiene una formación ideológica, y si esa formación es firme, y si el escritor es sincero en el momento de contar su historia, esta posición ideológica se verá en su historia, y es a partir de este momento que esa historia puede tener esa fuerza subversiva de que hablo»

 Vargas Llosa - : «Entonces, en ese caso, el factor puramente racional no es preponderante en la creación literaria. ¿Qué otros factores serían los preponderantes, qué elementos determinarían la calidad de la obra literaria?

García Márquez - : « A mí lo único que me interesa en el momento de escribir una historia es si la idea de esa historia pueda gustar al lector y que yo esté totalmente de acuerdo con esa historia. Yo no podría escribir una historia que no sea basada exclusivamente en experiencias personales. Precisamente estoy ahora preparando la historia de un dictador imaginario, es decir, la historia de un dictador que se supone es latinoamericana, por el ambiente. Este dictador que tiene 182 años de edad, que tiene tanto tiempo de estar en el poder que ya no recuerda cuándo llegó a él, que no necesita mandar, está completamente solo en un enorme palacio, por cuyos salones se pasean las vacas y se comen los retratos, los grandes óleos de los arzobispados, etc. Entonces, lo que resulta curioso es que, de alguna manera, esta historia está basada en experiencias personales. Es decir, son elaboraciones poéticas de experiencias personales mías que me sirven para expresar lo que quiero en este caso, que es la inmensa soledad del poder; y creo que para expresar la soledad del poder no hay ningún arquetipo mejor que el del dictador latinoamericano que es el gran monstruo mitológico de nuestra historia»

Vargas Llosa - : « Una cosa que a mí me sorprendió en tus libros es el hecho de que casi todos los personajes de “Cien años de soledad” tuvieron los mismos nombres y que todos estos nombres se repitieran. Los hombres se llaman José Arcadio o Aureliano y las mujeres se llama Úrsula. ¿A qué se debe esto? ¿Esto fue planeado o fue espontáneo?»

 García Márquez - : « ¿Hay alguien aquí que no se llame como su papá?

Vargas Llosa - : «Bueno, yo te digo esto porque a mí me sorprendió mucho cuando tú me presentaste a tu hermano menor, que también se llama Gabriel, como tú»

García Márquez - : « Mira, lo que sucede es que yo era el mayor de doce hermanos, y que me fui de mi casa a los doce años, y volví cuando estaba en la universidad. Nació entonces mi hermano, y mi madre decía: “Bueno, al primer Gabriel lo perdimos, pero yo quiero tener un Gabriel en la casa…” Yo podría seguir explicando indefinidamente todas las cosas que parecen misteriosas y extraordinarias en “Cien años de soledad”, y que siempre tienen una explicación totalmente realista, como que mi último hermano se llame Gabriel, también»

 (La versión parcial del diálogo que aquí se transcribe fue tomada del libro “La novela en América Latina: Diálogo”, Universidad Nacional de Ingeniería, Lima, 1967) 

3. ¡HASTA SIEMPRE, SONIA! 


Sí, Sonia, "la tarde está llorando y es por ti..." como tú tantas veces nos lo dijera en el verso de una de tus más famosas canciones.

La tarde dominicana de hoy, Sonia, llora por tu muerte, por la muerte de una de las más brillantes cantantes de todos los tiempos que ha parido la República Dominicana.

 Siempre te admiré y hasta en el más allá te seguiré admirando, Sonia, no solo por tu talento artístico y por tu voz que parecía un instrumento. Te admiré por tus ideas de avanzada, por tu sensibilidad social y porque siempre defendiste y pusiste tu arte al servicio y defensa de los mejores intereses de tu patria.

La semana santa y este abril primaveral, Sonia, parecen haberse enseñado contra el arte americano, llevándose del mundo de los vivos a tres de sus más genuinos representantes: Cheo Feliciano en Puerto Rico, García Márquez en toda América y en nuestro país nos dejaron sin ti. Nos dejaron sin el arrullo, calor , mensaje edificante y ternura de tu dulce voz.

 Como los seres como tú nunca mueren, por ahora solo me resta decirte: 4. ¡HASTA SIEMPRE, SONIA!

jueves, 10 de abril de 2014

ALBA NERY COLLADO : UNA MAGISTRADA QUE DIGNIFICA LA JUDICATURA DOMINICANA

 (A las licenciadas Alba Almonte Collado e Icelsa Collado Halls)

 Por: Domingo Caba Ramos.


A quienes no han leído el dramático y aleccionador relato “La muerte del padre Canales”, del eximio narrador y tradicionalista dominicano, César Nicolás Penson, contenido en su libro "Cosas añejas", les recomiendo que lo lean, por cuanto su contenido constituye el más fiel retrato de las debilidades y podredumbre moral que históricamente ha afectado al sistema judicial de la República Dominicana.

El protagonista de la historia es Juan Rincón, un matón compulsivo, especialista en asesinar mujeres; pero que debido al peso de su influencia social casi siempre lograba evadir la justicia o quedar libre del castigo de la ley.

Sin embargo, no todo es sombra en la justicia dominicana, vale decir, existen jueces, como la licenciada Alba Nery Collado Halls, que irradian luz al sistema y dignifican con su límpido ejercicio la judicatura nacional. Por esa razón ha recibido numerosas distinciones, entre estas, dos otorgadas en menos cinco años por la Suprema Corte de Justicia.

 En la primera distinción, el más alto tribunal, presidido por el doctor Jorge Subero Isa, reconoció en enero del 2010 a la honorable jueza y actualmente presidenta de la Cámara Civil y Comercial de la Corte de Apelación de Santiago, con el Mérito a la Excelencia en el Servicio Judicial, por su destacada trayectoria, excelencia, eficiencia y responsabilidad en el servicio judicial durante casi cuarenta y dos años.

 Al hacer entrega de la placa de reconocimiento, Subero Isa expresó que “El pleno de la Suprema Corte de Justicia se siente sumamente contento por este merecidísimo homenaje que hoy rendimos a la magistrada Alba Nery Collado, para lo cual el pleno de la misma se reúne por primera vez en la historia en esta Sala de Deliberaciones a hacer entrega de este merecido reconocimiento a nuestra querida magistrada, de quien nos sentimos sumamente honrados de tenerla aquí”.

 En la segunda, la Suprema Corte de Justicia, esta vez dirigida por el doctor Mariano Germán Mejía, el Consejo del Poder Judicial y la Dirección General de la Carrera Judicial Administrativa y de Gestión de Capital Humano, el 7 de marzo del presente año, otorgaron a la funcionaria, nativa de Tamboril y con cuarenta y seis años de servicio en el Poder Judicial, el «Reconocimiento a la Excelencia en el servicio judicial».

 Hija de los distinguidos maestros don Juan Collado y doña Fredesvinda Halls (doña Fredé), Albanery Collado Halls nació en Tamboril, municipio en cuya escuela, Sergio Hernández, inició sus estudios primarios e intermedios. Estudia francés en la Alianza Francesa y en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús, en Santiago de los Caballeros, obtiene el título de Bachiller: Mención Filosofía y Letras. Años después se graduó de licenciada en Derecho en la Universidad Católica Madre y Maestra (UCMM).

Al Poder Judicial ingresó el 22 de mayo de 1968 como jueza de paz en su pueblo natal, Tamboril. En el distrito judicial de Santiago ha desempeñado los siguientes cargos:

1) Juez de Paz y de Trabajo. 
2) Juez de la Cámara civil, comercial y de trabajo de la segunda circunscripción del Juzgado de Primera Instancia. 
 3) Juez segundo sustituto del presidente de la Cámara penal de la Corte de apelación.
 4) Juez interino de los juzgados de instrucción en varias ocasiones. 
5) Juez interino de las cámaras penales en varias ocasiones. 
6) Juez interino en calidad de suplente de las cámaras civiles en varias ocasiones. 
7) Juez presidente de la Cámara civil y comercial de la Corte de Apelación ( cargo actual) .

Además de la Suprema Corte de Justicia, esta consagrada y honesta magistrada ha sido reconocida por la Escuela Nacional de la Judicatura (en dos ocasiones), Asociación de Abogados de Santiago, ayuntamiento de Tamboril, Comisionado de apoyo a la reforma y modernización de la justicia, así como por los clubes rotarios”Santiago Apóstol”, “Santiago Gurabito” y”Santiago Monumental”, entre otras prestigiosas instituciones de Santiago y pueblos vecinos.

A pesar de los importantes cargos desempeñados y las numerosas distinciones recibidas, la presunción o ínfula del poder, muy propia de las mentes mediocres o acomplejadas, nunca ha encontrado posada en el cerebro de esta digna e ilustre tamborileña. De ella podemos decir, en tal virtud, que la cortesía, sencillez, don de gente y humildad constituyen sus principales rasgos característicos.

Por todo lo antes expresado, tenemos necesariamente que concluir estas notas afirmando que por su luminosa trayectoria jurídica y ejemplar conducta ciudadana, la magistrada Alba Nery Collado Halls dignifica las judicaturas nacional y de Santiago, y dignifica también al pueblo que la vio nacer, mucho aprecia y en el cual siempren ha vivido : Tamboril.

jueves, 3 de abril de 2014

LA ARCHIEXPRESIVIDAD DE LOS DOMINICANOS.


 Por: Domingo Caba Ramos.


 Es increíble la exagerada expresividad del dominicano. Pienso que talvez no existe en el mundo otro ser más parlanchín que los nacidos en esta tierra.

 Es sorprendente cuan imposible se le hace al dominicano promedio callar cuando no debe hablar. De ahí que muchos nunca callen, siempre están hablando, siempre están articulando palabras, nunca le dan “vacaciones a la lengua”. De ahí que muchos lo informen todo, lo pregunten todo, lo averigüen todo y lo comuniquen todo, no importa lo íntimo, personal o familiar que sea el mensaje transmitido.

Y por eso cuando se nos pregunta algo, nuestras respuestas generalmente trascienden el contenido de la interrogación, esto es, contestamos algo más de lo que se nos ha preguntado.

 - ¿Cuántos hijos tienes? – le pregunté a alguien en una ocasión, cuando yo ejercía como gerente de recursos humanos.

 La respuesta fue toda una verdadera autobiografía:

-“Tengo cinco hijos, tres varones y dos hembras. Las hembras ya se casaron, la más vieja tiene un niño y la otra está embarazada. Los varones no se han casado, están estudiando…” 

Yo tuve que "armarme de paciencia" para escuchar aparentemente tranquilo  semejante perorata.

 Es el dominicano, posiblemente, el único ser de la tierra para quien la confidencialidad constituye la más auténtica expresión de lealtad. Merced a esta visión del mundo, entendemos que si no le confesamos todo a ese amigo, hermano, compañero de trabajo o persona a quien queremos, estamos traicionando la amistad o el amor que por ese ser sentimos.

 La discreción, para la persona que así procede, no es más que un sueño, una ilusión, una conducta lingüística sin sentido o carente por completo de valor e importancia. Por eso el pueblo, apelando a su natural picardía, suele llamar a este tipo de hablante “lengua de jabón”

 Aunque no todos, así somos los dominicanos: sumamente expresivos, extremadamente parlanchines, y, en ocasiones, torpemente indiscretos.

jueves, 27 de marzo de 2014

CÁPSULAS LEXICOSEMÁNTICAS.

Por : Domingo Caba Ramos.

 1. ¿Por qué « Jons»?

 HOMS es la sigla correspondiente al nombre del Hospital Metropolitano de Santiago. La sigla de una palabra escrita en idioma español, pero que los dominicanos pronuncian como si se tratara de una voz propia de la lengua inglesa: “jons”, cuando en buena fonética española lo más apropiado sería pronunciarla “ons”.

 Quizás actúen por analogía quienes persisten en el uso de esa ánglica pronunciación, por cuanto se sabe que en inglés la letra h suele articularse como j cuando aparece en posición inicial de palabras seguida de vocal, como bien se puede apreciar y comprobar en voces como ‘home’, ‘how’ y ‘house’, entre otras. O talvez porque el sonido “jons” lo perciben mucho más prestigioso y eufónico, que el muy castellano “ons”.

 Pero importa la razón que se invoque. Desde el punto de vista lingüístico, no existen motivos que justifiquen el cambio de “jons” por “ons” en el momento de referirnos al Hospital Metropolitano de Santiago; pero como en materia de lengua el uso, en ocasiones, se traduce en norma, más que extraño resultará el que un hablante cualquiera ose llamarle “ons” a este prestigioso centro de salud.

2. «Medio ambiente y medioambiental»

 En la bases del concurso patrocinado por una prestigiosa empresa de Santiago, el periodista leyó el título del tema propuesto: “Periodismo y medioambiente”, y un tanto confundido, no tardó en llamarme para compartir conmigo su idiomática inquietud :

 - “Pensé que medio ambiente se escribía en dos palabras y no en una, como la veo escrita por aquí”.

 - Así es - le respondí. No sucede lo mismo, sin embargo – le amplié – cuando se trata de su adjetivo correspondiente: medioambiental, el cual sí debe escribirse en una sola palabra. Vale destacar que medio ambiente es una forma pleonástica o redundante de decir medio o ambiente, toda vez que medio, lo mismo que ambiente, se define como el “ conjunto de circunstancias o condiciones exteriores en que vive alguien o algo”

3.  «El interior del país»

 Esta frase se emplea comúnmente para designar cualquier lugar o pueblo de nuestro país, distante de la capital de la República. Pero sucede que según el criterio académico, interior es lo “Que está en la parte de adentro” o lo “Que está muy adentro”.

 Conforme a estos conceptos, sólo podríamos admitir como pueblos, sitios o lugares del interior del país aquellos situados geográficamente en el centro o “muy adentro del territorio nacional. Y por la misma razón quedarían excluidos de esa categoría los sectores alejados del centro o no ubicados “muy adentro”, como serían las comunidades fronterizas o las pertenecientes a nuestro litoral, tales como Miches, Samaná, Puerto Plata, Dajabón, etc. Y si por el contrario se persiste en considerar como del interior a esos pueblos costeros, entonces también tendríamos que admitir como tal todo lo que corresponda a la parte costera o litoral de la ciudad de Santo Domingo.

4.  «El Sur profundo» 

¿Existe en nuestro país un sur no profundo?

Honestamente no lo sé. Mas así parecen concebirlo quienes cada vez que se refieren a esa zona de la República Dominicana siempre hablan de sur profundo.

 El adjetivo profundo, además de “intenso o muy vivo” entraña la idea de hondura o gran penetración. En virtud de esto, inconcebible sería considerar como honda, intensa y penetrante a la ya referida, histórica y lejana región sureña. Talvez, en tales casos, en lugar de profundidad, al hablante lo que le interesa es subrayar la idea de lejanía. Y en lugar de profundo, quizás lata en su mente la idea que más se corresponde con el sentido estricto de lo expresado: la idea de sur lejano.

5. «A la altura del kilómetro… » 

 “El accidente se produjo a la altura del kilómetro cinco de la Autopista Duarte...”, se lee en una nota de prensa publicada recientemente en uno de nuestros diarios nacionales.

 Confieso sinceramente que ignoro, y me gustaría conocer, los instrumentos técnicos de que se valen muchos de los periodistas dominicanos para determinar la “altura” o “pendiente” de un determinado kilómetro.

 ¿ No será esa “ a la altura del ...” una de esas famosas “expresiones chatarra” que tanto vulneran la esencia del Principio de Economía Lingüística, principio que, en el caso que nos ocupa, bien pudo respetarse si el redactor hubiera escrito : “ El accidente se produjo en el kilómetro cinco de la Autopista Duarte ...”

 «Los añitos de Luisito».

 La madre, evidentemente alegre, llama al programa de radio y solicita que le toquen “un pianito para mi niño Luisito que hoy cumple dos añitos”.

 Sabido es que no existen años más grandes ni más pequeños que otros, no importa que los mismos, en el plano humano, se refieran tanto a niños como a adultos. En otras palabras, un año es siempre un año. Sin embargo, resulta altamente curioso cómo la tierna madre de Luisito, mediante el proceso de transferencia semántica, y apelando al valor afectivo que entraña todo diminutivo, intenta destacar la corta edad del hijo casi recién nacido, concentrando la idea de pequeñez , no en la estatura de su niño apreciado, sino en los años por este cumplidos.

 Pero “añito”, conviene destacarlo, en su sentido profundo no sólo envuelve la idea de corta edad y baja estatura, sino también de amor, ternura y afecto. Porque contrario a lo se pueda cree y se nos ha enseñado tradicionalmente en la escuela, los diminutivos, más que sentido de pequeñez, en su estructura semántica concentran un profundo contenido sentimental. Pueden entrañar también la idea de burla y desprecio.

sábado, 22 de marzo de 2014

JOSE COQUEA: EL BOHEMIO DE LA ALDEA.

JOSE COQUEA: EL BOHEMIO DE LA ALDEA.
Por : Domingo Caba Ramos

 « Pero, por fin, encontraba el recurso: ordeñaba con paciencia la gota de la última botella. Se la bebía y al instante decía: "La cerveza embrutece, el vino da talento, la leche da vergüenza…". No se sabe de qué murió Tomás, pero se dice que lo obligaron a tomar leche. Entonces… se murió de vergüenza »

 (Manuel del Cabral)

De izquierda a derecha, José Coquea,  con su clásica sonrisa y mano en rostro, en plena acción, cantando con el Cuarteto Bejarán.

José Vicente García Liz, mejor conocido con el nombre de “José Coquea” o simplemente “Coquea”, no sólo fue el padre de la popular cantante tamborileña Ana Victoria García (Vickiana). Coquea fue mucho más que eso: fue el fino ebanista, el músico, el cantante, el sonero, el bebedor sin treguas, el caballero de trato exquisito, el lector voraz y el conversador siempre alegre. Coquea fue, en fin, el último bohemio de la “Pajiza Aldea” (Tamboril).

 Todavía me parece escuchar el eco repetido de su risa estridente. Y todavía me parece ver en Tamboril su espigada, flaca y morena figura cantando y tocando las maracas en el Cuarteto“Bejarán” o sentado ante el mostrador de “La Carretilla”, el tradicional bar del pueblo, libando sin parar el espirituoso líquido poéticamente bautizado por José Martí como “La dulce maldición de las Antillas”.

 Como lo diría nuestro gran Manuel del Cabral, “Coquea bebía sin reloj”; pero no se crea que se trató de uno más de esos necios borrachones acostumbrados, con su indeseable conducta, a crear conflictos o quebrar la armonía que debe primar en todo grupo humano. No, nuestro personaje era un bebedor cuyo comportamiento social siempre se distinguió por la prudencia, moderación, respeto y fina cortesía.

 Falleció en su pueblo , Tamboril, el 5 de septiembre de 1987.

Mi hermano Basilio, que a veces “priva” en poeta, quiso rendirle homenaje póstumo a su entonces vecino y amigo entrañable, al escribir, horas después de la muerte de este, un conmovedor  poema, “Camino hacia la tumba”, de elegíaco acento e intimista esencia:

 “CAMINO HACIA LA TUMBA”
 (Homenaje póstumo a mi buen amigo José Coquea, personaje folklórico de Tamboril)
Por: Basilio Caba Ramos.

 « El ataúd se detuvo 
las campanas gimieron
 y se quebró el silencio. 

Desolado y triste estaba el mostrador
 sí, triste y desolado. 
Ni una cerveza
 ni una copa de aguardiente
 ni una canción desgarradora. 
todo está en silencio. 

Sólo el canto fúnebre del llanto
 y el grito sutil de las campanas
 y el suave trepidar de los paraguas
 y la ingenua sonrisa de los árboles. 

Fue un minuto. Sólo un minuto
 una parada como un discurrir
 en el lento camino hacia la tumba.

 Y el escenario quedó atrás 
el escenario
 donde aún se percibía su voz aguardentosa
 invitando al trago
 o una chanza
 con sus gestos expresivos
 con sus finos modales. 

 Ahí parecía vérsele dormitando
 ¡Soñoliento! Casi rendido.
 Por el influjo de una copa traicionera
 y en frente estaba el cadáver 
en inexorable ruta hacia la tumba. 

Y las trompetas lloraban
 y conmovida por el lamento de los cornetines
 y las calles
 y sus tarvias de fuego
 se inundaron de música.

 Fue un entierro alegre. 

 Ya en el cementerio
 donde no hay tiempo para la vanidad y el orgullo
 porque todo se deshace en el polvo las guitarras del Conjunto Bejarán 
dejaron caer una canción de despedida 
entonces se rompió la solemnidad del camposantos
 pero los muertos siguieron durmiendo…» 

Tamboril, Stgo.
 5 de septiembre de 1987.

sábado, 15 de marzo de 2014

Chofei me deja ai doblai


  Por: Domingo Caba Ramos.

 Aquella mañana, la vieja " voladora " se desplazaba como víbora endiablada por las “tarvias” encendidas de la ciudad capital. Al llegar a la Kennedy con Tiradentes, el eco imperativo de una voz salida desde lo más profundo de la " cocina " o asientos traseros del chatárrico vehículo, se dejó escuchar con toda la fuerza de un grito desesperado:

 - " Chofei, me deja ai doblai…”.

 Una irónica sonrisa se dibujó en los labios del sudoroso conductor. Y como si hubiera marcado el compás de inicio, un coro de incontenible y burlona carcajada quebró el silencio momentáneo que se produjo en el interior del recinto vehicular, al mismo tiempo que sus ocupantes repetían con el más sarcástico y mortificante de los acentos:

 - “Chofei, me deja ai doblai… "

 Muy pronto la paciencia del viajante cibaeño llegó a su fin. Cuando se proponía descender para quedarse en el punto anunciado, se emburujó con el primer pasajero capitaleño que encontró a su paso y allí, dentro de la guagua, se originó un intercambio de puñetazos los cuales, al rebotar entre cuerpo y cuerpo, producían un seco sonido igual al emanado del toque repiqueteado de la alegre tambora quisqueyana.

 El caso antes relatado ocurrió hace ya trece años. Se trata de uno más de los tantos enfrentamientos lingüísticos que suceden entre habitantes de una misma comunidad parlante en la que interactúan diversas variantes regionales, y en la que una de ellas, en términos normativos, se abroga el prestigio y la supremacía, adoptando, en consecuencia, una actitud de sanción y censura a cuantas prácticas de la lengua se aparten de sus habituales usos idiomáticos.

 Por esa razón los hablantes nacidos y /o residentes en el Distrito Nacional, especialmente los de más bajo nivel de instrucción, se burlan y gozan un mundo cuando escuchan a un cibaeño pronunciar la i en lugar de la r y la l , porque desde su punto de vista o percepción metropolitana de la lengua, y tomando como ejemplo la frase que nos ocupa, lo correcto sería decir: " chofel me deja al doblá “, pero nunca: " chofei, me deja ai doblai "

 Obviamente que un hablante del Cibao y de la capital que posea un mediano o elevado nivel de escolaridad jamás empleará una y otra formas dialectales, porque una y otra se apartan por completo de la norma gramatical fijada académicamente. Y, por ende, al establecer relación entre una y otra variante, no es posible hablar de mayor o menor prestigio, por cuanto desde el punto de vista lingüístico nadie habla mejor ni peor, ni tampoco existen lenguas más prestigiosas que otras. Se trata, simplemente, de las diferentes posibilidades que ofrece la lengua a los usuarios, en esta oportunidad, de dos comunidades dialectales diferentes. Lo de bien y mal son simples valores o conceptos axiológicos carentes por completo de fundamentación científica.

Los dominicanos se comunican e intercomprenden a través de una de las modalidades del español de América llamada español dominicano, modalidad conformada por un conjunto de rasgos o variantes que se distribuyen y practican en diferentes áreas dialectales, entre las que merecen citarse: el Cibao interior y el Sureste.

El Cibao interior tiene como centro a Santiago, Moca, La Vega, Salcedo y San Francisco de Macorís, y el fenómeno lingüístico que lo caracteriza se llama vocalización. Se define esta como la pronunciación de la r y la l como i, en posición final de sílaba o de palabra: “cueipo”, “caima”, “pueita”, “aigo”, “mujei”.

 El sureste, cuyo centro se sitúa en el Distrito Nacional, se distingue por la realización de la r como l , así como la elisión de la r final de los verbos en su forma infinitiva: “coltá”, “trabajá” “escondel”, “amol…”. Pero al considerar muchos hablantes capitaleños, como los de casi todas las capitales del mundo, que su norma es la valedera o la que goza de tanta aceptación social como la académica, no resulta extraño que rechacen, estigmaticen y califiquen de incorrecta la vocalización cibaeña y expresiones como : “chofei de me deja ai doblai…”, la sustituyan por otra no menos inaceptable desde el punto de vista preceptivo:

“chofel de me deja al doblá…”. 

Y debido a lo fuertemente estigmatizado que se encuentra el fenómeno de la vocalización , tampoco constituye una sorpresa que muchos nativos del Cibao, incurran en casos de ultracorrección, evitando así pronunciar las íes hasta en las sílabas en que realmente deben articularse, diciendo, por ejemplo, “acelte”, por aceite y “Licer”, por Licey.

 Esa conducta ultracorrecta puede apreciarse igualmente en la pintoresca y no menos graciosa descripción realizada en una ocasión por un preocupado hablante cibaeño:

 “Había gente de to lo lao, de la capitar, de Azua, de Jarna y der serbo” 

 O, para evitar comportamientos burlescos, terminen adoptando las formas correspondientes al dialecto capitaleño. De ahí que no dudamos que en una nueva experiencia, el cibaeño protagonista de nuestra historia, en lugar de su natural “chofei me deja ai doblai”, se pare en medio de minibús que lo transporta, para ordenar, a mandíbulas batientes:

“Chofel me deja al doblá”

viernes, 21 de febrero de 2014

EL PODER EDUCATIVO DE NUESTROS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL.

 Por : Domingo Caba Ramos.

 “Colocar al frente de un programa de radio o de televisión a un discapacitado lingüístico es como poner de inspector de semáforos a un daltónico…”

 ( Pedro Luis Barcia )

 La teoría pedagógica sitúa los medios de comunicación social, “mas media” o medios de información, como sería lo más aceptado denominarlos, dentro de los llamados poderes educativos, entendiéndose como tales, todas aquellas instituciones u organismos que ejercen influencia educativa en el individuo. Son, al decir de Francisco Larroyo, las “Agencias que más activamente influyen en la formación de las nuevas generaciones”.

 Los demás poderes educativos son la escuela, la familia, la Iglesia y el Estado. A la luz de lo que es y ha sido la práctica cotidiana de los diferentes medios de información que operan en República Dominicana, valdría la pena preguntarse, ¿cumplen los medios precitados con la noble misión de ejercer influjos positivos en las jóvenes generaciones de nuestro país?, ¿educan realmente tales medios?

 En otras palabras, la prensa, la radio, la televisión, etc., ¿forman o deforman; fomentan ellos verdaderos valores, o, por el contrario, incentivan los contravalores en las frágiles mentes de nuestros niños y jóvenes? Todos estos cuestionamientos afloran casi de manera automática a mi pensamiento:

a) Cuando aprecio la débil presencia de programas educativos en la radio y la televisión.

 b) Cuando percibo la elevadísima proporción de imágenes agresivas que se proyectan diariamente por nuestra pantalla chica.

c) Cuando leo en la prensa los calificativos peyorativos o epítetos martillantes, insultantes y denigrantes que suelen utilizar nuestros líderes políticos, religiosos y sindicales para combatir las ideas de sus oponentes.

 d) Cuando en lugar del argumento razonado y fundamentado teóricamente, en el debate político se apela al insulto y a la ofensa de tipo personal.

 e) Cuando observo o escucho aquellos programas de radio y televisión en los que la chercha insustancial y los comentarios insípidos, chabacanos o carentes de peso social constituyen sus principales soportes.

 f) Cuando aprecio el bajo nivel académico que muestran la mayoría de los locutores que laboran en las estaciones de radio, muchos de los cuales, en lugar de hablar, más bien lo que hacen es vocear frente a un micrófono.

 g) Cuando escucho a un locutor o productor de televisión emitir argumentos baladíes, baladronadas o blasonadas intrascendentes de inconfundible carácter pedantesco, carentes por completo de la más mínima importancia para el interés colectivo y bastante distorsionadores del comportamiento de la gran masa de tele-espectadores.

 h) Cuando leo los reportes noticiosos plagados de errores ortográficos, sintácticos y semánticos.

 i) Cuando escucho la desastrosa pronunciación, vulgaridades, exabruptos, procacidades, “malas palabras” o inmundicias verbales emitidos por muchos de los que se dedican a comentar las noticias a través de la radio y la televisión, expresándose como si estuvieran en el banco del parque o en la gradería del estadio.

 j) Cuando leo o escucho a muchos de nuestros cronistas de farándula en cuyos comentarios se hace más hincapié en la vida personal del artista que en el trabajo profesional por este realizado.

 k) Cuando escucho la desastrosa pronunciación, vulgaridades, exabruptos, procacidades, “malas palabras” o inmundicias verbales emitidos por muchos de los que se dedican a comentar las noticias a través de la radio y la televisión, expresándose como si estuvieran en el banco del parque o en la gradería del estadio. 

 l) En fin, cuando todas las mañanas escuchamos a un anciano comunicador, con ínfulas de "humano enciclopédico", emitir sus inmundicias verbales a través de un programa de radio. 

 Me pregunto, finalmente, si los medios de comunicación social de República Dominicana cumplen cabalmente con su papel educativo, cada vez que observo a muchas de las personas que a ellos tienen acceso, maltratar o irrespetar los más elementales principios de la lengua de Cervantes.