miércoles, 12 de mayo de 2010

“CORROBORO, CORROBORO”


Estamos en campaña. Los candidatos se cuentan por montones. Cada día que pasa crece la desesperación, se incrementa la euforia, se ensanchan las expectativas. Todos quieren llegar. Todos desean “sacrificarse” y “aportar” a su patria. Todos pretenden llegar al Congreso o al Ayuntamiento para” representar dignamente” a su comunidad. Todos, en fin, quieren ser síndicos, regidores, diputados o senadores

Cuando veo y escucho a esos candidatos, de inmediato aflora a mi mente el recuerdo de las muy famosos y siempre citadas décimas “Corroboro, corroboro”, publicadas en 1884 por Juan Antonio Alix, y en las que el afamado bardo popular se burlaba de la inteligencia de los legisladores de su tiempo.


-Dime, querido vidal,
tú que eres medio letrado,
para ser buen diputado,
a un Congreso Nacional
¿debe ser hombre leal,
de inteligencia y decoro?
No sea penguinche, Teodoro,
que para un congreso ir,
no hay más que saber decir,
corroboro, corroboro.

Si es así, amigo Vidal,
yo tengo un loro educado,
que sería buen diputado,
a un Congreso Nacional,
pues él aunque es animal,
no se venderá por oro,
y sabe tanto mi loro,
que si uno habla por allá,
él contesta por acá,
corroboro. Corroboro.

-Pues Vidal, a mi entender,
creí que los diputados,
eran patriotas y honrados,
y de bastante saber,
que el pueblo sabía escoger,
hombres serios como un toro,
y nunca elegir un moro
para que sea mal cristiano,
¿no es así, querido hermano?
corroboro, corroboro.

En los gobiernos pasados,
los jefes que gobernaban,
ellos mismos arreglaban
moldes para diputados
y algunos salían dañados,
pues no servían para coro,
pero otros, créalo, Teodoro,
que antes de al Congreso ir,
los enseñaban a decir,
corroboro, corroboro.


Al pie de las décimas, su autor, el entonces llamado “Cantor del Yaque”, nos presenta un relato anecdótico que no podía ser más jocoso y aleccionador:

« No recuerdo en qué pueblo de la República – escribe Alix - fue que eligieron un diputado al Congreso, y después de elegido le pusieron un maestro para enseñarlo a decir “corroboro, corroboro”. Tenía el diputado en cuestión una memoria tan feliz que sólo un mes necesitó para aprenderse la lección, la cual durante el viaje de su pueblo a la capital, repetía diciendo: “para que no se te olvide, corroboro, corroboro, corroboro”. Bien»

« Ya en el Congreso, – continua el poeta – y tan pronto como dejara la palabra un diputado mejor elegido, se levanta nuestro héroe, diciendo: ¿“Me dejan meter el pico…?”» Pero al concederle el presidente del Congreso la palabra, “ el diputado, después de toser quince veces, escupir y pasarle el pie a lo que había escupido, se alzó los pantalones y dijo : “ Señores : como mi vale, el que acaba de hablar, él yo somos … así … ( juntando los dos índices ) para que no se te olvide, «¡Socorro! ¡Socorro! ¡Socorro!” El Congreso se alarmó y hubo tamaña barahúnda… pero este (el diputado) al ver que él era la causa de semejante alboroto, gritó: alto!, señores, alto! que me he equivocado: yo no he querido decir socorro, yo he querido decir “correburro”

Alix termina su relato advirtiendo que:

«Es pues necesario que todos los pueblos de la república tengan presente esta circunstancia para que cuando vuelvan a ofrecerse elecciones para diputados elijan hombres inteligentes y dignos de ocupar tan delicado puesto para abolir para siempre a los correburros»

Se trata de una sabia advertencia que todos los dominicanos deberían tener presente en el momento de depositar sus votos en las elecciones que se llevarán a cabo el día 16 de mayo del año en curso.

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