Por: Domingo Caba Ramos
(Tercera y última parte)
“¿Por
qué te pones tan brabo,
cuando te disen negro bembón,
si tienes la boca santa,
negro bembón?”
(Nicolás
Guillén)
4. El
prejuicio racial en la poesía folklórica dominicana.
Las alusiones más degradantes,
satíricas, ofensivas a los rasgos físicos, morales y espirituales del negro se
pueden recoger en muestras extraídas de nuestra poesía folklórica. Son muy
escasos los rasgos del negro que no son objeto de desprecio y ataque en las dos
principales manifestaciones del folklore poético dominicano: la décima y la copla anónima.
Para las mentes prejuiciadas o racistas, el “pelo
bueno” es propio del blanco, mientras que el “malo” pertenece al negro. Así
queda expresado en la siguiente copla:
“Ayer te mandé un pan blanco,
y un arenque pa’ que cene,
y no te mandé pimientas,
porque tu cabeza tiene”.
Tanto en nuestro país como en otros afroamericanos los labios del negro reciben
el despectivo nombre de bembas o bembes. Una copla popular dice:
“En la puerta de mi casa,
hay una mata de bambú,
donde beben mis amigos,
no bebe un negro bembú”.
Cuando el general Ulises Heureaux (Lilís) gobernó la República
Dominicana, muchos dominicanos se apoyaron en su color negro para molestarlo y
mortificarlo con términos y expresiones que se referían a su persona en forma
peyorativa. De él se llegó a decir que era brujo, que se volvía galipote y que
estaba “untao”, o sea, preparado para
que a su organismo no penetraran las balas. En cierta ocasión una señora de la
alta sociedad lo confundió maliciosamente con un “nublado”. Ni siquiera con su
muerte se le dejó tranquilo, como se refleja en esta socarrona y mortificante
copla:
“De los bembes de Lilís,
sabiéndolos compartir,
salen dos tocinos gordos,
muy sabrosos para freír”.
Nicolás Guillén, Poeta Nacional de Cuba y genial exponente de la poesía
negroamericana, en su famoso poema “Negro bembón”, eleva un
canto de aliento al negro que rechaza airadamente la sarcástica denominación de
sus labios, cuando pregunta:
“¿Po qué te pones tan brabo,
cuando te disen negro bembón,
si tienes la boca santa,
negro bembón?”.
Como en otra parte del presente ensayo se expuso, para las mentes racistas
los pies del negro no merecen, como los del blanco y otras categorías raciales,
llamarse pies, sino “patas”. Así se
pone de manifiesto en los muy sarcásticos y populares versos de indiscutible
acento epigramático que a continuación se trascriben :
“El negro pata de arepa,
narices de berenjena,
aunque Dios baje del cielo,
el negro no es cosa buena”.
Quienes se refieren
despectivamente al negro no
escatiman esfuerzos en desvalorizarlo, comparándolo en todos los aspectos con
el blanco:
“Los blancos huelen a polvo,
y los indios a canela,
y los malditos negros,
a berrenchín de culebra”.
¿Para qué fue creado el negro?
Tres coplas en variantes diferentes tratan de
responder la pregunta. En ellas es fácil notar la relación negro – diablo. La
primera dice:
“El negro lo hizo Dios,
para completar un grupo,
y el negro salió tan bruto,
que el diablo se lo llevó”.
Esta segunda variante es bastante parecida a la primera:
“El negro lo mandó Dios,
para completar un grupo,
pero lo encontró tan bruto,
que al diablo se lo entregó”.
Y en esta tercera estrofa se alude indirectamente a la condición de esclavo de
que fue objeto el negro por parte de los conquistadores españoles:
“El negro lo hizo Dios,
para servirles a los blancos,
y después que va pa viejo,
de cuco pa los muchachos”.
La asociación del negro con el diablo logra su más sólida expresión en la
copla que dice:
“El blanco es hijo de Dios,
y el mulato de san Pedro,
y al negro lo engendró el diablo,
para tizón del infierno” .
Al negro, como se aprecia en los versos que siguen, siempre se le ha
querido presentar como un ser bruto, tonto, idiota y sin importancia;
comparable por consiguiente, a elementos desechables o a seres irracionales de
la realidad:
“El negro y la sica de vaca,
son dos cosas parecidas,
que por fuera está reseca,
y por dentro resumida”.
“El negro por justa ley,
y por su mala conducta,
debe andar con una tusa,
limpiándole el rabo al buey”.
“El negro y el mulo son,
según se dice, parientes,
el mulo por sus resabios,
y el negro por creerse gente".
La mezcla del negro con el blanco parece ser incompatible. Esto sólo
puede ocurrir cuando el blanco piensa obtener del negro algún beneficio.
Muestra de esta idea se extrae de la presente estrofa:
“Si ves a un blanco comiendo,
de un negro en su compañía,
o el blanco le debe al negro,
o es del negro la comía”.
El original estado de inferioridad social del negro aparece fielmente
plasmado o sugerido en el siguiente
epigrama:
“Negro no se sienta en silla,
ni tampoco en taburete,
negro se sienta en el suelo,
o si no hala un tolete”.
Y también en este otro :
“El negro y el sinvergüenza,
nacieron de una barriga,
el negro nació primero,
con el sinvergüenza arriba”.
5.
A modo de conclusión.
En la República Dominicana son muchos los que sostienen que no existe la negrofobia o el prejuicio racial antinegro. Quienes defienden dicha tesis justifican su punto de vista argumentando que el negro criollo tiene cabida en los diferentes círculos sociales que convergen en este país, tales como clubes,empresas, partidos políticos, académicos, religiosos, etc. Ciertamente es así, pero tal integración social de ningún modo revela la no existencia del prejuicio racial (juicio previo o actitud mental negativa hacia las personas de piel negra), sino la ausencia de discriminación racial.
Y es que, si bien la discriminación debe asumirse como la expresión concreta del prejuicio, una y otro no siempre confluyen de manera simultánea en todas las comunidades. Como sucede en la República Dominicana, puede existir prejuicio (juicio de valor o estereotipo negativo), pero no discriminación (acción excluyente y negadora de derechos).
Las muestras lingüísticas y poéticas antes
presentadas nos permiten refutar el argumento de la no existencia del prejuicio
racial antinegro en la República Dominicana, y reafirmar nuestra tesis original: los dominicanos, sin importar el color de
la piel, somos racistas. Heredamos un complejo étnico que por estar alojado en
la zona del inconsciente, ignoramos su presencia, originándose, de esa manera,
la falsa creencia de que en nuestra mente y en la de los demás no existe el
prejuicio contra el negro.
Pero no sólo en Santo Domingo. En el folklore literario de otras zonas de
Hispanoamérica, como Cuba, Venezuela y Colombia, entre otros países, también se registran puyazos poéticos
dirigidos directamente a la epidermis del negro:
“Me puse a lavar un negro,
a ver qué color cogía,
mientras más jabón le echaba,
más cenizo se ponía”.
“La negra que se echa polvo,
y viste de muselina,
parece troncón quemado,
cubierto por la ceniza”.
Y también socarrones versos como los que a continuación se transcriben ,
por medio de los cuales un cantor venezolano relata su infeliz experiencia
amorosa con una negra:
“Queriendo estuve a una negra,
un verano y un invierno,
y me parece que estuve,
diez años en el infierno.”
La relación sentimental del blanco con el negro es ironizada de manera
punzante por otro coplero venezolano:
" La mujer que por locura,
tiene un negro por amante,
aunque el sol esté radiante,
siempre ve la casa oscura."
El profesor e investigador cubano José Juan Arrom reconoce, sin embargo,
que el tono del improperio se eleva según la proporción de las llamadas “personas de color” en cada región. De
ahí que en aquellos países de América donde la densidad de la población negra
es escasa o moderada, «el puyazo es usualmente
ligero y no deja escozor», apunta el precitado autor. Y acto seguido
argumenta: «.... En cambio en Santo Domingo, que posee un alto índice de
habitantes negros y ha sido dominado por gobernantes negros más de una vez, el
insulto se hace caustico y deja llagas” (“Certidumbre de América», 1971,
pág. 137).
Tan consolidado está ese prejuicio en nuestro país, que de las muestras
poéticas investigadas sólo encontramos dos en las que el negro es visualizado
con cierto grado de defensa y simpatía:
“Negro, no te pongas bravo,
porque te digan ladrón,
que los blancos también roban,
cuando tienen la ocasión.”
Y también los siguientes versos del laureado vate dominicano ido a destiempo, Juan Sánchez Lamouth (1929-1969):
“Si en mi alma hay
flores,
son flores morenas,
también mis auroras,
son auroras negras”
En semejante contexto, bastante reveladora es la copla en la que negros y
blancos quedan conductual y éticamente emparejados:
" Todo blanco es embustero,
todo pulpero, ladrón,
todo negro pelo liso,
tiene muy mala intención".
Hasta aquí, nuestras consideraciones respecto a tan polémico y debatido
tema. Para terminar, nada mejor que hacerlo con los versos que se transcriben
más abajo por entender que constituyen la más genuina síntesis de todo lo
planteado en el presente texto. En ellos, su autor, el afamado poeta Manuel del
Cabral (1907 -1999), le recuerda a un negro dominicano que:
“Cualquier cosa tuya te pone triste;
cualquier cosa tuya,
por ejemplo: tu espejo...”
Referencias bibliográficas
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12. Guillén, Nicolás. (2004). Obra poética (Tomo 1). Editorial Letras Cubanas.
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