Por : Domingo Caba Ramos
Todos lo llaman por el apodo de Alofoke. En solo una ocasión tuve la desgracia de verlo y escucharlo en su plataforma de internet. Su depravación verbal y el léxico obsceno, letrinesco o altamente cloacal que emanaba de su boca, parecía no tener límites. Jamás pensé que algo igual yo algún día escucharía a través de un medio de comunicación. Tal fue mi impacto que, a partir de tan desagradable experiencia, en las asignaturas lingüísticas y literarias que imparto en la universidad, siempre les he recomendado a mis alumnos evitar la presencia de niños cerca cuando estén escuchando a ese seudocomunicador, para evitar así que a muy temprana edad se les distorsione su conducta idiomática.
Y en tal virtud, también jamás pensé que alguien con semejante perfil, podría mencionarse para desempeñar ni siquiera el puesto de mensajero en una institución pública, mucho menos los cargos de presidente o vicepresidente de la República, como de la forma más natural está sucediendo ahora. Cuando un dominicano entiende que el sujeto arriba mencionado puede ser candidato a la presidencia o a la vicepresidencia del país, entonces a mí, particularmente, no me queda más que rectificar mi pensamiento y concluir afirmando:
«YO CREÍA QUE EN LA REPÚBLICA DOMINICANA, MORALMENTE ESTÁBAMOS A LA ORILLA O CERCA DEL FANGO, PERO TODO PARECE INDICAR QUE YA HACE MUCHOS AÑOS ESTAMOS DENTRO…»
Mi
ingenuidad o falsa creencia quizás se debió a que olvidé que hemos dado un
salto a una compleja y contradictoria posmodernidad en la que la sombra se
considera igual o mejor que a la luz, y en la que el angosto, oscuro,
pestilente y contaminante sendero de la cloaca, se admira y prefiere más que la
impecable, vistosa y pulcra superficie de una alfombra roja.
