domingo, 30 de agosto de 2026

A MI AMIGO VÍCTOR MATTA


(In Memoriam)

Por: Domingo Caba Ramos


Yo sabía que alguna vez había escrito estas notas en FACEBOOK; pero no recordaba en qué fecha. Después de intensa búsqueda encontré el texto y descubrí que lo publiqué en dicha red el 21 de julio del 2022, cinco meses después que nos vimos por última vez en Haverstraw, NY, en el acto en que, junto a otros dominicanos, fui reconocido por las autoridades de este municipio neoyorquino y el Quisqueya Sport Club. Al verme, con su acostumbrada deferencia hacia mí, me dio un fuerte abrazo y no pudo esconder su emoción. Igual de alegre me sentí al estrechar sus manos. De nuevo comparto el texto, el cual años después de publicado, Víctor me escribió para decirme que lo utilizaría como prólogo de su libro ¡HE DICHO! Y lo comparto de nuevo como homenaje póstumo a ese gran amigo, al cual la muerte, traicionera como siempre, lo asedió sin parar hasta excluirlo para siempre del mundo de los vivos.

 Santiago, R.D
30 de agosto del 20226

 VÍCTOR MATTA: EL CRONISTA DE LA CULTURA DE SANTIAGO

 Hacía tiempo que no lo veía; pero agraciada y sorpresivamente me encontré con él en los Estados Unidos, en el acto en que fui reconocido, en febrero recién pasado, por las autoridades del Town (municipio) de Haverstraw y el Quisqueya Spots Club de este pueblo del condado de Rockland, del Estado de N.Y. Fue para mí más que un placer estrechar sus manos, pues siempre le he tenido mucho aprecio y respeto, el mismo respeto, distinción y trato exquisito que él también me ha brindado.

 En el ejercicio de su oficio periodístico, admiro su sensibilidad lingüística y el especial cuidado que pone cuando usa la lengua, tanto en su expresión oral como escrita.

 Allí, en Haverstraw, lo vi con su inseparable cámara al hombro. Esa cámara que, con ella al cinto, ya era una costumbre verlo desplazándose de un centro cultural a otro de la Ciudad Corazón, plasmando en el lente de su eterna compañera cada una de las actividades que en esos centros se realizaban. De esa manera se convirtió, durante muchos años, en el verdadero cronista de la cultura de Santiago, el único cronista cultural que ha tenido esta urbe en los últimos años.

 Lo perdimos en el mismo momento en que compró un vuelo, se montó en un avión y se estableció en la ya mencionada villa (Haverstraw). Aquí ha tenido que enfrentar la crisis generadora de su delicado estado de salud. Un irregular estado, cuya normalidad todos esperamos recupere de manera definitiva, pues los seres nobles y productivos no pueden estar postrados sin límites de tiempo en el espacio siempre indeseado de un lecho de enfermo.

 Para el periodista y fraterno amigo, Víctor Matta, abrazos, mi reconocimiento y mis saludos siempre afectuosos le envío desde aquí, su adorado nicho santiaguero. Y para imitar su peculiar forma de ponerle fin a sus comentarios en esta red social, a él, por ahora, no tengo más que decirle: ¡HE DICHO…!

 Santiago de los Caballeros
22 de julio del 2022.

 

EL ESPAÑOL DE LAS REDES SOCIALES


Por : Domingo Caba Ramos

Ciertamente debemos admitir que las redes sociales lo han cambiado o transformado todo, muy especialmente las normas de convivencia y los patrones comunicativos. Y en ese proceso evolutivo, la lengua, una de cuyas características es su naturaleza cambiante, no podía quedar al margen. Tanto ha sido la influencia que en la construcción de nuevos hábitos lingüísticos ha ejercido la tecnología y las redes sociales en el uso de la lengua que hoy bien podríamos decir que estamos al frente de una “nueva lengua española”.  Ese cambio lingüístico se pone de manifiesto, fundamentalmente, en el plano ortográfico y lexicosemántico.

Así vemos cómo en el español dominicanos, nuevas voces surgen cada día y nuevos significados se les atribuyen a vocablos ya establecidos. Muy especialmente en el llamado sociolecto de la juventud. Pero no solo eso. Aparte de las innovaciones en la estructura lexicosemántica de las palabras, en el dialecto dominicano nos encontramos igualmente con nuevas formas de escribir que en nada cumplen con lo establecido al respecto por la norma gramatical.

De ahí que, como ya hace varios años sucedió y comenté, no me sorprendió el que una estudiante, en la universidad adonde laboro, de la manera más normal o natural, se atrevió a escribir y enviarme la siguiente nota - excusa:

«Apreciado profesor: le escribo para informarle que hoy no podré asistir a la “uni” ni a su clase de lengua española como 100pre  xq  cuando fui a buscar a mi niño al “cole” me cogió lo tarde y además x aquí está llovien2 mucho…»

Así le escribió la joven estudiante de medicina nada más y nada menos que a su maestro de español. ¿Cuál fue mi reacción al leer esto?

Mejor no le cuento…

Y en semejante contexto, tampoco me asombré cuando un día de estos, leí en la red de Facebook el mensaje que un mocano le comunicaba a un compueblano suyo:

«Cuan2 yo comienC a nombrar los Angeles D Moca que Iran al cielo un dia, uds. 2s seran los primeros en mi lista, pues si que C lo merecen. Bendiciones y larga Vida para los dos. Ah y los sigo querien2»

¿Qué le dijo?

Prefiero que sea usted, amigo lector, quien realice el proceso de decodificación de dicho mensaje.

Usted y yo podríamos haber confrontado serias dificultades para desentrañar el sentido profundo del texto precedente; pero no para entender de que así circula nuestra lengua por las rutas innovadoras de las redes sociales.

 (PUBLICADO EL 28 DE AGOSTO DEL 2026)

 

RECORDANDO A UN MÉDICO FILÁNTROPO EN EL «DÍA DEL MÉDICO DOMINICANO»


(Al Dr. Rafael Gullón  Manzo)

 Por: Domingo Caba Ramos

 «Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz…»

  (José Martí)

 Por un gesto de eterna y ultrasentida gratitud, la historia tal vez debí contarla antes, por cuanto las imágenes que configuran el hecho que la sustentan yacen grabadas con imborrable o indeleble tinta en la recóndita pantalla de mi conciencia. En tal virtud, y como si de una vieja deuda pendiente de pago se tratara, la historia la cuento ahora; sencillamente, porque un día tenía que contarla. Lamento, créanmelo, no haberlo hecho cuando el corazón de su protagonista emitía aún sus amorosas pulsaciones. Por no haber procedido así, archivé en mi mente un fuerte sentimiento de ingratitud que hasta cierto grado no dejaba de asediarme y martillarme.

 De entrada, vale comenzar aclarando  que cuando el médico que ocupa nuestra atención me  ofreció su desinteresado servicio en su clínica de la ciudad de Salcedo, hace ya más de cuarenta años , probablemente debido mi juvenil inmadurez cometí el  imperdonable error de no registrar su nombre, ni mucho menos averiguar en los días inmediatamente posteriores  el perfil humano y profesional del ángel de la medicina con quien agraciadamente tuve el inmenso placer de tropezar en la sabatina tarde de un ya lejano y  cálido verano. Fue muchos años después cuando se me ocurrió saber más de él, y merced a la investigación al respeto llevada a cabo, me informaron que se trataba de un auténtico filántropo del pueblo de las hermanas Mirabal llamado RAFAEL GRULLÓN GUTIÉRREZ. Que en 1930 había nacido (Guanábano) y fallecido a destiempo en 1977, cuando apenas había cumplido cuarenta y siete (47) años de edad.

 Que en la Universidad de Santo Domingo cursó la carrera de Medicina, y en Barcelona, España, la especialidad en Oftalmología. Que siendo médico general instaló un consultorio en el municipio de Licey al Medio, y que de aquí pasó luego a ejercer en el Hospital «Pedro Emilio de Marchena», de Bonao. Qué en este pueblo actuó con patriótica gallardía y no menos valentía al ofrecerles su asistencia médica a muchos de los dominicanos que en la clandestinidad combatían al régimen del dictador Rafael L. Trujillo. Y que de Bonao fue a laborar al recién fundado Hospital «Pascasio Toribio Piantini», de Salcedo, lugar adonde estableció sólidos arraigos y es gratamente recordado por su extraordinaria vocación de servicio, su filantrópica o desinteresada entrega a los pacientes de escasos recursos y por ser el fundador del centro médico privado que lleva su nombre.

 En cuanto al hecho que a continuación paso a relatar, no recuerdo el año específico en que sucedió. Solo sé que ocurrió, cuando yo era casi un mozuelo imberbe, un sábado cualquiera, aproximadamente a las 4p.m, en el momento en que regresaba del Centro Universitario Regional del Nordeste (CURNE), San Francisco de Macorís, perteneciente a la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), adonde cursaba estudios correspondientes a la carrera de Educación: Mención Filosofía y Letras.

 En el trayecto Tenares - Salcedo, un cuerpo extraño penetró a uno de mis ojos mientras me desplazaba en mi recién comprado y nuevo motor Honda 90, razón por la cual casi perdí la visión, por lo que manejar el precitado vehículo era casi imposible. Estaba desesperado. En mis bolsillos, ni un centavo. ¡Bolsillos de estudiante!

 Al llegar a Salcedo, sin pensarlo dos veces, y sin saber cómo pagaría el servicio que me proponía solicitar, penetré al primer centro privado de salud que encontré a mi paso, con tan buena suerte que logré ser atendido por su propio director y/o o propietario: Dr. RAFAEL GRULLÓN GUTIÉRREZ. ¡Jamás había visto igual nivel de ternura y humanismo en un profesional de la medicina!

 El doctor me condujo hasta su consultorio. Redactó mi historia clínica y, luego de revisar cuidadosamente el órgano visual afectado, me aplicó unas gotas en cada uno de los ojos, los cuales me ordenó no abrir hasta que él me lo indicara, y acto seguido me ubicó durante media hora en un aislado y solitario saloncito.

 Luego me llamó de nuevo a su consultorio.

—Ya puedes abrir los ojos – me dijo, con inigualable dulzura.

Así lo hice.
—¿Cómo te sientes ahora? — me preguntó con mucho interés.

— Perfecto, doctor – le respondí, pero pensando más en el pago de los honorarios que en mi estado de salud.

— Me alegro mucho — me respondió, mostrando un nivel de satisfacción que no podía ocultar.

— Llévate el frasco con las gotas, y ponte una en cada ojo cuando llegues a tu casa — indicó, mientras cuidadosamente colocaba el frasquito en una cajita.

— Si después de aplicada las gotas en la casa, la molestia desaparece, no la uses más; pero guárdalas, por si en el motor vuelve y te ocurre lo mismo — me ordenó finalmente.

Yo lo escuchaba con suma atención; pero a pesar de la confianza y la tranquilidad que el tierno médico despertaba en mí, pensar en el monto de la consulta me producía tal grado de ansiedad que no la podía evitar.  Por eso, en lo que el doctor escribía algo, yo aproveché y elaboré mi estrategia. Y como si la estuviera informando a alguien, así pensé: «Cuando el doctor me diga la cantidad que debo pagarle, sin argumentar mucho le entregaré la matrícula de mi motocicleta y le diré que en media hora yo regreso a pagarle». Mi plan, obviamente consistía en ir a Moca, adonde uno de mis hermanos mayores, Pedro Caba, con el propósito de solicitarle el dinero de la consulta y regresar de inmediato a Salcedo a realizar dicho pago.

 Después que terminó de escribir, el doctor Gullón se levantó de repente de su escritorio, y me reiteró su indicación :

—Cuando llegues a la casa, no dejes de aplicarte las gotas.

— Gracias doctor — contesté. Y con más miedo que vergüenza le pregunté con voz un tanto débil:

—¿Cuántos le debo, doctor?

—¡Pero mi hijo!, ¿y tú no me dijiste que eras estudiante? — para mi sorpresa me respondió, con una paternal sonrisa plasmada en su rostro.

   A estudiantes yo no les cobro. Vete tranquilo y cuídate mucho.


Me estremecí, sentí que una lágrima se desprendía de mi ojo afectado, respiré profundamente, y hasta por un momento percibí que mi malestar ocular estaba mucho mejor que antes. Que los objetos yo los percibía con un nivel de claridad tres veces mejor que antes.

El médico me acompañó hasta la parte frontal del centro de salud, esperó que yo encendiera la “moto” y hasta que yo no abandoné el lugar, se mantuvo allí observando con una sonrisa a flor de labios al insolvente estudiante, cuya imagen, a la distancia, no era más que una simple silueta.

 A MANERA DE COLOFÓN

 Es cierto que en la República Dominicana existen médicos que, con el fin de obtener lucros, y despojado de todo sentido humano, priorizan el beneficio económico por encima de la salud del paciente, violando de esa manera el código ético o deontológico que norma el muy delicado ejercicio de la medicina. Médicos que más que profesionales de la salud, son verdaderos comerciantes o mercaderes de la medicina, en cuyo quehacer solo perciben dinero, ganancia y riqueza.  Pero también es verdad que, aunque escasos, existen otros que como el Dr.  Rafael Gullón Gutiérrez supieron y han sabido ejercer su oficio con la debida pasión, amor, entrega a los pacientes y profundo sentido humano y sentimiento filantrópico.

 ¡Loor! y descanso eterno al Dr. Rafael Gullón Gutiérrez, a ese ángel de la medicina, protagonista de la inolvidable historia que con este párrafo llega a su fin.

 (PUBLICADO EL 20 DE AGOSTO DEL 2026)

 

 

 

LA PATOLÓGICA PRÁCTICA DE LLEVAR LA CONTRARIA EN EL USO DE LA LENGUA


Por: Domingo Caba Ramos

 El amigo corta un pedazo de dulce y muy amablemente se lo entrega al otro.

—Toma, está muy delicioso. Yo sé que lo vas a disfrutar.

— Sí, parece sabroso; pero es de maní — responde el otro, sin haber probado aún el dulce obsequiado — y a mí no me gusta el dulce de maní.

— No, amigo mío. El dulce no es de maní, sino de coco. Yo mismo lo preparé.

— No importa que tú lo hayas preparado:  es de maní.

— ¡Pero pruébalo! — sugirió el fraterno amigo.

El otro optó por probarlo, y acto seguido, con insistente terquedad respondió:

   Sí, realmente sabe a coco, pero es de maní.

Como el   personaje de la presente historia, son muchos los hablantes   con quienes por una razón u otra tenemos que   intercambiar ideas en nuestra diaria comunicación. Nunca están de acuerdo con el punto de vista de los demás, aun cuando las evidencias presentadas sobran. Y si en algún momento, interiormente consideran válidas esos ajenos pareceres, públicamente prefieren rechazarlos.  Se trata de seres cuyos cerebros parecen haber sido configurados para «llevar siempre la contraria». Seres tan irracionalmente contradictorios que, de haber sido ríos, posiblemente hubieran corrido de abajo hacia arriba, y de haber sido el Sol, es casi seguro que hubiera salido, no por el este, sino por el norte, por el sur o por el oeste.

Desde el punto de vista psicolingüístico, ¿a qué se debe ese contradictorio comportamiento?

En sicología se conoce con el nombre de «Reactancia sicológica», y se define como una reacción de resistencia o enojo que ocurre cuando una persona siente que alguien limita su libertad de elegir, actuar o pensar. El hablante considera que una opinión ajena amenaza su libertad de elección y por tanto reacciona haciendo exactamente lo contrario para recuperar el control o el terreno que considera perdido. En tal virtud se resiste a aceptar como buenos y válidos puntos de vista diferentes, por cuanto entiende que proceder de manera flexible implica necesariamente pérdida de poder en el ámbito del conocimiento.

 En el mundo del saber, el sujeto que así se comporta vive encadenado por un complejo de inferioridad que nubla su raciocinio, bloquea su autoestima y neutraliza su humildad. Merced a semejante y anticientífico perfil, le resulta casi imposible admitir que el otro tiene la razón; pues admitirlo, según su pensar, sería lo mismo que declararse humillado y derrotado.

Es en ese contexto cuando entran en acción los mecanismos de defensa del sujeto hablante, consistentes en «llevar la contraria» como especie de máscara con el fin de demostrar su inteligencia, imponer sus conocimientos y compensar, en última instancia, su inseguridad o el vacío interior que consciente o inconsciente tanta perturbación le genera en su mente.

Conforme a lo expresado en el párrafo anterior, el discurso contradictorio ultraemotivo y no menos defensivo, sencillamente se debe, pienso yo, al placer y bienestar espiritual que le proporciona al hablante que lo sustenta. Por esa razón, aunque dicho polemista esté convencido de que el otro tiene la razón, siempre mostrará su desacuerdo; pues la sensación de placer y bienestar se extinguiría si no «lleva la contraria». Pero no solo eso. Con su espíritu defensiva y emotivamente contradictorio, el sujeto hablante intenta en todo instante situarse en el centro del discurso o la conversación y borrar la invisibilidad que percibe lo excluye del debate.

¿Qué hacer entonces con ese tipo de ente contradictor?

Sencillamente, no discutir, “seguirle la corriente” o hacerle creer que la verdad le pertenece.

¿Por qué?

Porque el acto de discutir o debatir persigue convencer o ser convencido. Si sabemos de antemano que la intención comunicativa del otro es solo persuadir, entonces no vale la pena; pues tal acto representaría una infructuosa pérdida de tiempo.

 Por esto entiendo que ni con los seres irracionalmente contradictores, ni con fanáticos, especialmente políticos y religiosos, se debe discutir; pues los cerebros de estos últimos han sido programados para repetir de manera irracional lo que escuchan de sus líderes, o lo que estos les han hecho creer.

 (PUBLICADO EL 14 DE AGOSTO DEL 2026)

 

¡COMO CAMBIAN LOS TIEMPOS!


Por : Domingo Caba Ramos


JOAQUÍN BALAGUER (1906-2002) - Escritor, abogado, maestro, poeta, brillante, ensayista, uno de nuestros más acuciosos críticos literarios y, junto a José Francisco Peña, a mi juicio, los dos oradores dominicanos de mayor relieve de la segunda mitad del siglo XX y principio del XXI. Su nombre aparece escrito con letras grandes en las páginas de la literatura dominicana.

 JUAN BOSCH (1909-2001) - Autodidacta, escritor, historiador, ensayista de alto vuelo, novelista, cuentista, padre del cuento dominicano y uno de los más grandes cuentistas de la literatura dominicana. Su nombre figura también en primera línea en las páginas de nuestra literatura.

Los dos fueron candidatos a la presidencia de la República Dominicana y también presidentes, porque su perfil intelectual y/o profesional era el que primaba en el pasado para optar por el cargo a la primera magistratura de la nación y cualquier otro puesto público de importancia. En el plano político, el primero nunca fue «el santo de mi devoción»; pero al margen de simpatías y aversiones, todos debemos reconocer el peso social, intelectual y profesional de estos dos grandes líderes.

  El tiempo pasó y hoy, cualquier «pelafustán» o analfabeto funcional que solo sabe decir y repetir aquello de «Hijo de tu maldita madre…» y frases parecidas, se atreve a decirle al mundo: «Yo quiero y puedo ser presidente”. Y lo peor de todo: aparecen fanáticos y seguidores con escasa proporción de materia gris en sus cerebros que cual «grey» arreada por un boyero proclaman y repiten a mandíbulas batientes: «Él quiere y puede ser presidente de la republica…».

Lo anterior pone de manifiesto cómo en el país se han rejado nuestras prístinas costumbres a tal grado que un cargo, cuyo desempeño se entendía estaba reservado a ciudadanos provisto de condiciones especiales, esta vez los niveles de exigencias parecen haber descendidos considerablemente, razón por la cual son muchos los que creen que cualquier persona puede ejercer tan delicada función.

En la administración pública, la ineptitud de los funcionarios comenzó a sonar en la segunda mitad del siglo XIX con la presencia en el Congreso Nacional de un diputado que al decir del decimero Juan Antonio Alix (Moca, 1833- Santiago, 1918), carecía de la capacidad necesaria para argumentar o gestar ideas, razón por la cual, después que otros hablaban, apenas se limitaba a decir: «Corroboro, corroboro». Ojalá que semejante incompetencia, en el futuro, nunca llegue al Palacio Nacional, atribuida a un presidente con un perfil parecido al del diputado antes indicado. Y que al igual que este, cuando hable en público, apenas pueda decir: «Corroboro, corroboro»

 (PUBLICADO EL 7 DE AGOSTO DEL 2026)

 


AGOSTO Y EL RECORRIDO ESPAÑA - AMÉRICA DE LA LENGUA ESPAÑOLA

Por: Domingo Caba Ramos.

 “Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras”

 (Pablo Neruda)

 El 3 de agosto de 1492, un grupo de expedicionarios españoles, representando a los Reyes Católicos y comandados por Cristóbal Colón (1451 – 1506) partieron del puerto Palos de Moguer, iniciando así un largo viaje cuyos propósitos originales nada tenían que ver con el descubrimiento, conquista y colonización de un nuevo mundo. La expedición, llevada a cabo en tres naves, llegó a una isla del Mar Caribe llamada Guanahaní, el 12 de octubre de 1492, materializándose de esa manera uno de los acontecimientos de mayor trascendencia en la historia de la humanidad: el descubrimiento de América. O, como lo ha denominado José Juan Arrom, «La otra hazaña de Colón”, considerada por Francisco López de Gómera, «como “La mayor cosa después de la criación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que lo crio…”

 Esa “otra hazaña de Colón”, al decir del ya citado investigador y laureado escritor cubano, Arrom, consistió en llevar la lengua española a las nuevas tierras descubiertas. De ahí que considere, con sobradas razones, que la travesía del veterano y aventurero marinero de origen italiano, más que el viaje del descubrimiento fue “el viaje de la lengua” La famosa hazaña colombina no sólo nos puso en contacto con un nuevo espacio geográfico, sino que dio lugar al nacimiento de una nueva lengua: el español de América. 

Esta variante dialectal, según el respetado maestro y brillante lingüista dominicano, doctor Celso Benavides, «comenzó a formarse a partir de 1492 en que se produjo el descubrimiento. Es el resultado de la colonización; una mezcla del español con las lenguas aborígenes del continente y en algunos casos con algunas lenguas africanas. Coincide con aquel – aclara Benavides – en todos los rasgos centrales del castellano, pero se aparta de él, en cada pueblo, en los rasgos marginales y no pertinentes para la uniformidad…» (Fundamentos de historia de la lengua española, 1986, Pág.272)

 Para un mejor estudio del desarrollo histórico del español de América conviene insertar esta modalidad dialectal en el contexto lingüístico en la que la misma se inscribe: el español peninsular. En virtud de este criterio, el español de América, más que una lengua general, se nos presenta como un dialecto; o, en términos más específicos, como la variante dialectal con que se intercomunican y comprenden los pueblos hispanoamericanos.

 Su origen histórico, como ya hemos señalado, se remonta al mismo instante en que Colón descubre el continente americano, vale decir, se inicia con la conquista y colonización del Nuevo Mundo. En sintonía con esta idea, el profesor Arrom, en su ensayo “La otra hazaña de Colón” (1979), apunta lo siguiente:

 «Pero vista desde una perspectiva americana, la gesta de Colón cobra un sentido distinto e invita a otro género de esclarecimientos y revelaciones. Por de pronto, para quienes hemos nacido y crecido en estas tierras por él descubiertas, su viaje, es el viaje de la lengua…» (Pág. 7)

 Y continúa señalando más adelante:

 «Las impresiones que le causan el paisaje y los hombres que súbitamente aparecen ante sus sorprendidas pupilas las fue asentando en su Diario de a bordo, no en el dialecto genovés que habló en su infancia, ni en el idioma portugués que aprendió en su juventud, sino en la lengua española que adquirió durante su larga espera en Castilla y Andalucía. En lengua española hablaban los tripulantes de las tres carabelas. Y es una palabra española la primera que hiende el aire dormido de la madrugada del 12 de octubre: ¡Tierra!» (Pág. 8)

 Y en cuanto al código empleado por el autor del “Diario de navegación” para describir el paisaje americano, el lingüista y antropólogo antillano enfatiza que:

 «De ese modo, entendiendo cada vez más el habla dulce ‘y mansa y siempre con risa’ de los taínos, Colón resuelve el problema de expresar en una lengua europea los rasgos de la realidad americana. Mediante esos procedimientos sienta las bases de un idioma más extenso y preciso con sonoridades autóctonas, con algo de perfume a flor, el sabor a fruta y el frescor de los árboles cuyos nombres tanto había deseado conocer. Y esa lengua – puntualiza Arrom – enriquecida y elaborada artísticamente a lo largo de casi cinco siglos, es a la que hoy llamamos el español de América…» (Págs. 24/26)

 (PUBLICADO EL 31 DE JULIO DEL 2026)

 

 

LO QUE ES Y LO QUE PARECE EN EL USO DE LA LENGUA


Por: Domingo Caba Ramos.

1. «Temperatura agradable»

 En uno de sus acostumbrados informes del tiempo, el predictor meteorológico le informa a la ciudadanía que “Las temperaturas continuarán bastante agradables principalmente en horas de la noche y primeras horas de la mañana como consecuencia del patrón frio dejado por el sistema frontal.”

Me gustaría que alguien me orientara sobre cuándo, en términos numéricos, una temperatura es agradable.  Y es que agradable es todo lo que agrada o produce placer. Se trata de un término cuyo contenido semántico entraña una cualidad, y toda cualidad se inscribe en el plano de lo subjetivo, vale decir, lo que es agradable para unos puede no serlo para otros. Así, en el momento en que yo me desplazo enfundado en un cálido abrigo, mi hermano Pedro, que muy rara vez siente frío, lo hace pletórico de felicidad, “como si nada”, posiblemente en pantalones cortos y camisas sin mangas.

Predecir el tiempo,  constituye un acto en el que necesariamente deben manejarse variables científicas, y su expresión, por tal razón, tiene que  realizarse  en términos numéricos, de tal forma que los resultados que se nos presenten estén  siempre conectados con la realidad ( objetividad) y libres de toda interpretación ( subjetividad)

2.   «Medio ambiente y medioambiental»

En la bases del concurso patrocinado por una prestigiosa empresa de Santiago, hace ya varios años, el periodista, en su programa de televisión, leyó el título del tema propuesto: “Periodismo y medioambiente”, y, un tanto confundido, no tardó en llamarme para compartir conmigo su idiomática inquietud   :

 

-  “Pensé - me dijo - que medio ambiente se escribía en dos palabras y no en una, como la veo escrita por aquí”.

“- Así es - le respondí.  No sucede lo mismo, sin embargo, cuando se trata de su adjetivo correspondiente: medioambiental, el cual sí debe escribirse en una sola palabra”

  Vale destacar que medio ambiente es una forma pleonástica o redundante de decir medio o ambiente, toda vez que medio, lo mismo que ambiente, se define como el “ conjunto de circunstancias o condiciones exteriores en que vive alguien o algo”

2.     «El interior del país»

 Esta frase se emplea comúnmente para designar cualquier lugar o pueblo de la República Dominicana, distante de la capital; pero sucede que según el criterio académico, interior es lo “Que está en la parte de adentro”, lo “Que está muy adentro” y la “Parte central de un país, en oposición a las zonas costeras o fronterizas”, entre otras acepciones.

 Conforme a estos conceptos, solo válido admitir como pueblos, sitios o lugares del interior del país aquellos situados geográficamente en el centro o “muy adentro” del territorio nacional. Por la misma razón quedarían excluidos de esa categoría los sectores alejados del centro o no ubicados “muy adentro”, como serían las comunidades fronterizas o las pertenecientes a nuestro litoral, tales como Miches, Samaná, Puerto Plata, Da jabón, etc. Si por el contrario se persiste en considerar como del interior a esos pueblos costeros, entonces también habría que admitir como tal o como uno de los llamados “pueblos del interior” a la ciudad de Santo Domingo, por estar esta ubicada todo lo que corresponda a la parte costera o litoral de la ciudad de Santo Domingo, por esta enclavada o situada sobre el mar Caribe, en la costa sur de la isla de Santo Domingo.

Por último y conforme a los juicios precedentes conviene recordar que la lengua opera por oposiciones: fonológicas, morfológicas, fonéticas, lexicosemánticas, etc. Lo bueno, por ejemplo, supone la existencia de lo malo; la acción de entrar, lleva implícita la idea de salir y cuando se habla del sustantivo y/o adjetivo interior es porque su opuesto exterior debe existir. A tono con este planteo quizás convenga preguntarse: Si en la República Dominicana existen los llamados “pueblos del interior”, ¿cuáles serían entonces los pueblos del exterior?, ¿los que están situados en las zonas costeras del país? De ser así, una última pregunta surge de manera obligada: ¿Están ubicados estos costeros fuera del territorio dominicano?

3.     «El Sur profundo»

¿Existe en nuestro país un sur no profundo? Honestamente no lo sé. Mas así parecen concebirlo quienes cada vez que se refieren a esa zona de la República Dominicana siempre hablan de sur profundo. 

El adjetivo profundo, además de “intenso o muy vivo” entraña la idea de hondura o gran penetración. En virtud de esto, inconcebible sería considerar como honda, intensa y penetrante a la histórica, heroica y lejana región sureña. Talvez, en tales casos, en lugar de profundidad, al hablante lo que le interesa sea subrayar la idea de lejanía; y en lugar de profundo, quizás lata en su mente la idea que más se corresponde con el sentido estricto de lo expresado: la idea de sur lejano. 

Según el Diccionario de la lengua española, solo cuando   una comunidad es “conservadora, tradicional y resistente a la influencia externa”, se le puede aplicar el calificativo de profunda: En la Cataluña profunda se conserva aún esa costumbre”. De lo contario, semejante adjetivación carece de pertinencia lexicosemántica.

4.     «A la altura del kilómetro… » 

 “El accidente se produjo   a la altura del kilómetro cinco de la Autopista Duarte...”- se lee en una nota de prensa publicada recientemente en uno de nuestros diarios. 

 Confieso sinceramente que ignoro, y me gustaría conocer, los instrumentos técnicos de que se valen muchos de los periodistas dominicanos para determinar la “altura” o “pendiente” de un determinado kilómetro.

¿No será esa “a la altura del ...” una de esas famosas “expresiones chatarra” que tanto vulneran la esencia del Principio de Economía Lingüística, principio que, en el caso que nos ocupa, bien pudo respetarse si el redactor hubiera escrito: “El accidente se produjo en el kilómetro cinco de la Autopista Duarte ...”

5.     «Los añitos de Luisito» 

  La madre, evidentemente alegre, llama al programa de radio y solicita que le toquen “un pianito para mi niño Luisito que hoy cumple dos añitos” 

Sabido es que no existen años más grandes ni más pequeños que otros, no importa que los mismos, en el plano humano, se refieran tanto a niños como a adultos.  En otras palabras, un año es siempre un año.  Sin embargo, resulta altamente curioso cómo la tierna madre de Luisito, mediante el proceso de transferencia semántica, y apelando al valor afectivo que entraña todo diminutivo, intenta destacar la corta edad del  hijo casi recién nacido, concentrando la idea de pequeñez , no en la estatura de su  niño apreciado, sino en los años por este cumplidos. 

 Pero “añito”, conviene destacarlo, en su sentido profundo no sólo envuelve la idea de corta edad y baja estatura, sino también de amor, ternura y afecto. Significa esto, que contrario a lo se pueda creer y se nos ha enseñado tradicionalmente en la escuela, los  diminutivos, más que sentido de pequeñez, en su estructura semántica concentra un profundo contenido sentimental , esto es, soporta la idea relativa a los más diversos sentimientos : amor, odio, desprecio, burla, ternura…

 (Publicado el 24 de julio del 2026)

 

DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN AL LIBERTINAJE EXPRESIVO


¨Por : Domingo Caba Ramos

Con el título «El uso de la lengua en los medios de comunicación social», en fecha 10/11/2022 publiqué un artículo en este mismo diario, en cuyo primer párrafo se lee lo siguiente:

«Contrario a lo que debería ser su verdadera función, en los medios de comunicación de la República Dominicana se leen y escuchan las más sorprendentes y hasta jocosas irregularidades léxicas, fonéticas, semánticas, sintácticas y morfológicas. Imperan en ellos los vulgarismos, navismos, el estilo coloquial y frases que se apartan por completo del registro estándar de la lengua. Medios en los que a la hora de informar se prestigia el contenido y descuida la forma, creando así las condiciones para que los hablantes copien e integren a su caudal lingüístico los frecuentes desatinos que a través de ellos leemos y escuchamos… De ahí que en la cabina de radio y televisión se hable como si se estuviera en el banco del parque o en la esquina del barrio»

Pero no solo en la forma de expresión lingüística están presentes tales irregularidades. En nuestros medios de comunicación, y muy especialmente en los que se transmiten vía internet, se injuria, difama, ultraja, mancha y destruye en forma alegre la moral de los demás. Y cuando el Estado trata de intervenir para regular el problema, de inmediato se invoca la violación de la “sagrada libertad de prensa”, libertad esta que en última instancia se ha convertido en un auténtico “libertinaje de prensa”.

Un libertinaje que parece no tener límites, y el que para aquellos que diariamente lo practican, verdaderos sicarios de la palabra, no debe existir régimen de consecuencias, como muy bien se ha puesto de manifiesto en el persistente y rabioso rechazo llevado a cabo fundamentalmente por esos “sicarios” verbales, en contra de las disposiciones que acerca de la difamación, la injuria y el ultraje están contenidas en el nuevo Código penal.

Son esos representantes de la “nueva comunicación” quienes entienden que, en nombre de la libertad de prensa, pueden continuar, sin que pase nada, utilizando la lengua pletórica de vulgaridades, exabruptos, procacidades, “malas palabras” o inmundicias verbales a través de los diferentes medios de información, razón por la cual han bautizado al nuevo Código penal con el despectivo nombre   de «Ley Mordaza».  Olvidan estos, quizás, que los medios de comunicación de comunicación forman parte de los llamados poderes educativos, y que, en tal virtud, su misión es informar, educar, orientar, divertir y, al decir de Francisco Larroyo, ejercer influencias educativas en el individuo, no para desorientar, destruir imágenes y crear problemas en el seno de la comunidad.

 (Publicado el 17 de julio del 2026 )

 

 

viernes, 31 de julio de 2026

DEL PARTO BIOLÓGICO AL ALUMBRAMIENTO POÉTICO

Por: Domingo Caba Ramos.

«Ella es carne de mi vida, flor de mi pensamiento, cemento de mi alma.». 

(Domingo Moreno Jimenes. De su "Poema a la hija reintegrada”)

 Agosto 1 del 2013. El octavo mes del año arrancó o inauguró su recorrido como cualquier otro agosto veraniego: seco, ardiente, ciclónico y caluroso. Y en la medida en que el día avanzaba, los rayos de un sol de bronce, como llamas azuzadas por el viento, ardían, quemando la piel de cuantos transeúntes se desplazaban por las calles encendidas de la Ciudad Corazón . Sol de fuego. Sol de verano. Sol de agosto.

Ese día, hace hoy exactamente un año, para mí pudo haber trascurrido de lo más normal y sin importancia, de no ser porque en tal fecha habría de nacer mi pequeña Nicol María, el ser que días después se convertiría en “mi pequeño manojito de ternura” o en la más auténtica expresión de mi otro yo.

Desde las primeras horas de la mañana, se iniciaron en la clínica Unión Médica del Norte los ajetreos prepartos. En ese “pallí pacá” yo me comportaba, aparentemente, con una calma o naturalidad que de ninguna manera ponía al descubierto la ansiedad y el nerviosismo que internamente aceleraban los latidos de mi corazón.

 Aproximadamente a las diez (A.M.) comenzó el doctor Omar González su proceso ginecológico. Mientras mi tensión aumentaba, el personal de enfermería que lo asistía, como si nada estuviera ocurriendo y ya acostumbrado a esos menesteres, reía, charlaba y emitía una que otra ocurrencia , muchas de ellas preñadas de la más inigualable picardía. El pediatra, Dr. Carlos Juan Martínez, callado y atento, esperaba tranquilo a que en sus manos fuera depositada su futura pacientica.

 En el área de cirugía, otros médicos ejecutaban la misma tarea para arrojar como resultados alumbramientos diferentes. Por esa razón, en la sala de estar, separada de la de cirugía por un cristal transparente, cada quien esperaba impaciente a que le enseñaran a su recién nacido retoño. Por eso, desde que los aplausos tronaban en el ambiente, los padres allí presentes abandonábamos rápidamente nuestros asientos para ver “si ese el mío”

. Así me mantuve, parándome y sentándome hasta minutos antes de las once. En este momento nuevamente los aplausos volvieron a escucharse. Cuando me levanté y observé a través del cristal, esta vez el impacto emocional fue indescriptible. Del otro lado, rebosante de alegría, la coordinadora de la referida sala y muy apreciada cuñada nuestra, Josefina Rubio (Gina), alzó la niña semidormida que yacía en sus abrazos, y dirigiéndose a mí, realizó una señal con su mano derecha para informarme aquello de que “Ya nació, esta es la tuya…”.


No supe qué hacer. Por un momento quedé en el limbo. Una gruesa lágrima rodó por mi cuerpo, las piernas me temblaron y, sin pensarlo dos veces, tuve que sentarme. Fue entonces cuando recordé los versos del poeta ( Moreno Jimenes), y con estos ordené, con fuerza, pero en silencio:

 «Tibien la leche terciada con agua,
 para si mi chiquitina despierta. 
Cuídenmela, hasta que se vuelva esperma como
 capullo inmortal el cuidado. 
 Ella es carne de mi vida, flor de mi pensamiento, 
cemento de mi alma.».

 Y fue entonces cuando me pareció escuchar el mandato de una voz interior que me decía: « Al igual que tu esposa y madre de tu niña, tú también tienes que parir…”. 

 Y fue entonces cuando terminé los versos o se consumó el alumbramiento del poema que más abajo se trascribe, cuya escritura inicié a las 9:45 A.M. en la sala de espera, justamente en el preciso instante en que se inició la ejecución del parto biológico en la sala de cirugía.


 ¡SALVE! MI BELLA NICOL
 (A tu abuelita Librada, quien hubiera dado la vida por conocerte)

 ¡Hosanna! Nicol María,
 ¡Salve! mi niña adorada,
 con pétalos de guirnalda,
yo te espero este gran día!

¡Salve! mi bello tesoro,
lucero de mi existencia,
hoy proclamo con potencia,
¡yo te adoro! ¡Yo te adoro!

 Las rutas de mi existencia,
 tu presencia alumbrará,
 la espina de mis tormentos,
 tu sonrisa extirpará.

¡Salve! mi lindo angelito,
 mi bella estrella, mi sol,
 ¡Salve! mi tierno cielito
 ¡Salve! mi bella Nicol.

 Tu padre.

 Unión Médica, Santiago de los Caballeros.
1/8/2013 9:45a.m.

NOTAS: Este artículo se publica hoy (1/8/2014) con motivo de cumplirse  en esta fechael primer año  de vida de la protagonista de nuestra historia: Nicol María Caba Siberio, la más auténtica expresión de mi otro yo. Sencillamente una flor que llora y un diamante que respira.

miércoles, 29 de julio de 2026

LA NORMAL " NÚÑEZ MOLINA" EN MIS RECUERDOS

  Por : Domingo Caba Ramos (*)

A MANERA DE PROLOGO

                                                                                   Domingo Caba Ramos

 Una tarde cualquiera de un viernes cualquiera del año 2013 regresaba yo a la ciudad de Santiago, donde resido, desde la llamada Villa del Viaducto (Moca). Al pasar  por el frente de lo que una vez fue  el campus de la  Escuela Normal Luis N. Núñez Molina, tuve que detenerme por espacio de unos cinco minutos aproximadamente para facilitar el paso a un entierro que se dirigía al cementerio municipal de Licey al Medio. El momento fue bastante propicio para  « clavar» mi mirada en el susodicho campus  y recordar parte de  mis vivencias en los   dos años que en la categoría de interno cursé  estudios magisteriales en el referido centro educativo.

Por allí, después de graduado, había pasado cientos de veces y a la Escuela había vuelto en más de una oportunidad. Sin embargo, nunca  como en el momento de la parada forzosa preindicada, las imágenes y recuerdos de mi permanencia allí habían aflorado en mi mente con igual fuerza y recurrencia.  Fue entonces cuando concebí la idea de, tan pronto llegara a mi casa,  escribir  un artículo que llevaría por título « La Normal Núñez Molina en mi recuerdos», el cual habría de ser publicado el viernes siguiente (13/6/2013) en mi columna «Arcoíris» del diario La Información.

Y así fue. Pero las imágenes del ayer normalista, como cintas cinematográficas,  continuaban bailando o  moviéndose sin parar  en la pantalla de mi cerebro. Y de esta manera, los recuerdos que en intención debieron describirse en un solo artículo, fue necesario consignarlos en siete entregas que en igual números  de semanas fueron publicadas no solo en el tradicional  periódico santiagués, sino también en otros diarios de naturaleza digital. 

Un año después, en agosto del 2014, consideré oportuno concentrar esos artículos en un  texto único y publicarlo en mi blog o página personal de internet: www.domingocaba.blogspot.com  Tales trabajos fueron luego  aglutinados en un texto domésticamente impreso y compartido  en el primer encuentro de excompañeros de promoción realizado en el local de la otrora Escuela Normal «Luis Núñez Molina», en febrero del 2018.

Salvo algunas actualizaciones y correcciones, las ideas contenidas en el blog se corresponden fielmente con las publicadas originalmente en el 2013 en la prensa nacional. He ahí  solo una parte de los recuerdos de una etapa importante y muy significativa de mi trayectoria académica. Los demás, les corresponderá a mis hermanos y excompañeros  completarlos.

Domingo Caba Ramos
24 de febrero del 2018



1

«Si dejamos la escuela tan querida,
que albergó nuestros años juveniles,
 lucharemos con ánimo en la vida,
 por llevar su recuerdo con honor»

 (Lilia del R. Quiroz)

Desde niño mi aspiración fue estudiar Derecho. Tan intenso fue ese deseo que no miento si confieso que todavía “llevo un abogado por dentro”. El destino, sin embargo, me conduciría por otras rutas humanísticas. Todo se inició cuando en la tarde de un caluroso mes de agosto decidí, más para obedecer a mi madre que por deseos propios, tomar un examen de admisión ofrecido por la Secretaría de Educación, para optar por una beca de estudios pedagógicos ,categoría de interno, en la prestigiosa Escuela Normal “Luis Núñez Molina”, de Licey al Medio.

 Sin que lo deseara y aguardara con entusiasmos, en el referido examen obtuve muy buenos resultados. Fue así por lo que un mes después, 21 de septiembre, recibí un telegrama (aún lo conservo) en cuyo contenido se me comunicaba que:

«Ud. ha sido escogido para participar en la prueba final de selección beca Escuela. Presentarse este viernes 29 a las 11 de la mañana. Traer dos sábanas, almohada, mosquitero y ropa para dos días. Transporte corre por su cuenta. Avise de no aceptar»

 Se me invitaba a participar en la jornada de trabajo evaluativo mejor conocida entonces con el nombre de “Convivencia”. Durante este tiempo, además de las rigurosas pruebas escritas aplicadas para evaluar la cultura general del candidato, se evaluaba su conducta social, sus habilidades artísticas y la manera de relacionarse con sus compañeros.

 Una vez más el resultado me favoreció. En el siguiente mes de octubre se me remitíó un nuevo telegrama, esta vez para informarme que había calificado para optar por la beca e indicarme la fecha en que debía presentarme a la Escuela Normal “Prof. Luis Núñez Molina” para el formal inicio del primer año de clases. Estaba firmado por el director del plantel, profesor Héctor Tejada, llamado por todos, “Señor Tejada”. Un ser de alma noble aunque no lo pareciera, sumamente temperamental, de reducido tamaño, voluminosa anatomía, genio de bronce, y a quien más que respetársele, se le temía.

La fecha indicada llegó y en la Normal me encuentro con mi maleta, mi depresión y mi inadaptación. Jamás había abandonado mi hogar por más de un día. Jamás había dormido en cama ajena. Jamás me había desprendido de la falda de mi madre. Cuando mi hermano Pedro me dejó en la marquesina del pedagógico recinto, el mundo parecía que se desplomaba a mis pies.

 La noche de ese primer día fue traumática. Nunca se me podrá olvidar. Estaban en boga las famosas novatadas, consistentes en travesuras organizadas por los estudiantes veteranos o de primer año para fastidiar a los “prepas” o estudiantes de nuevo ingreso. Hasta las siete de la noche de ese primer día todo parecía normal, pero a partir de esta hora, el macabro plan comenzó a funcionar. Lo primero que hicieron fue solicitarnos un aporte económico disque para comprar un botiquín. Con el dinero recogido compraron biscocho y refrescos que degustaron frente a nosotros, al tiempo de golpear nuestros egos con el lacerante látigo de sus más burlonas carcajadas.

Luego nos reunieron para informarnos que era norma de la institución rezar el padrenuestro. Todos los de mi grupo rezaron, menos los que organizaron el rezo. Pero donde nuestros traviesos compañeros de primer año “le pusieron la tapa al pomo”, fue cuando ya todos estábamos acostados. Esperaron que nos durmiéramos, y una vez dormidos, se presentaron a nuestros cuartos y, cual duchas malditas, vaciaron en la cama de cada uno los cubos repletos de agua que tenían listos para la ocasión. Acto seguido lanzaron los metálicos envases por el pasillo que conducía a las habitaciones, generando un ruido infernal que puso nuestros nervios casi al borde del infarto. No faltaron, por último, los que intentaron golpearnos con correas.

 Fue la última novatada que se llevó a cabo en la Normal “Núñez Molina”. Tal fue  el impacto del trauma que generó en los de mi promoción, que para el año siguiente, en lugar de vengarnos con los nuevos estudiantes, decidimos eliminarlas, conscientes de que quien llega inadaptado a un nuevo ambiente, precisa de bienvenidas placenteras que contribuyan a su adaptación y no de acciones traumatizantes que le envenenen el ánimo.

 II

Dos años tendríamos que permanecer internos en aquel recinto de formación de maestros. Por eso en cada nuevo período de estudio convivían dos promociones diferentes: una de segundo año y la otra de primero. La mía inició con una matrícula de cuarenta estudiantes internos, tres de los cuales muy pronto desertaron por no resistir el riguroso sistema de estudio. Por esa razón, solo treinta y siete logramos terminar y graduarnos con el título de Maestro Normal Primario. A esta cantidad de egresados, hay que  añadírle los veinte  no internos, esto es, los que cursaron estudios de manera externa.

Vale aclarar que esos cuarenta  que comenzamos fueron  seleccionados de los casi cien que fuimos convocados para someternos a pruebas diversas en la Convivencia antes señalada, y de los aproximadamente quienientos que en la regíon norte y pueblos vecinos tomaron las pruebas de admisión. Revela esto, lo altamente exigente que eran las autoridades educativas en el momento de seleccionar o favorecer con una beca para cursar estudios pedagógicos al estudiante que dos años después debería estar impartiendo clases en una escuela dominicana.

Estudiar internado nos ponía en contacto con una nueva e inimaginable realidad que demandó de cada interno mucho tiempo y fuerza de voluntad para permanecer y no coger la maleta y emprender la huida como hicieron otros. Diversos fueron los factores que afectaron ese proceso de adaptación : el habernos apartados de nuestros familiares, nuestra condición de cuasi adolescentes, el nuevo y riguroso plan de estudio al que tuvimos que enfrentarnos y , lo más importante, convivir con un grupo humano cuyos integrantes estaban provistos de distintas costumbres y de los más diversos temperamentos. A todo esto hay que añadirle el hecho de tener que operar regido por un régimen de disciplina o rígido código de conducta que bajo ningún motivo se podía violar. El tener que actuar apegados estrictamente a las normas internas de la institución, además de la profesional, nos dotó a todos de una formación humana que indiscutiblemente ha marcado nuestra existencia.

  •  Mis maestros
Siempre recordaré con orgullo inocultable la alta calidad, tanto humana como académica, de la mayoría de los profesores que me impartieron clases durante mis dos años de estadía en la Escuela Normal “Luis Núñez Molina”, muchos de los cuales laboraban también en las principales universidades de nuestro país.
                                                                              
                                                                                      Profesor Francisco Polanco ( Tito - Q.E.P.D)

¡Cómo no recordar! , entre otros, el dinamismo, la fina ironía, sentido crítico, eterna sonrisa y formación didáctica de Alfredo Abel ( Freddy), profesor de Metodología Especial ; la brillantez expositiva y sólida formación pedagógica de Francisco Polanco ( Tito) ( Didáctica General ), más tarde vicerrector académico de la PUCMM ; a Petrushka Smester, maestra de Principios de Educación, Carmen Bejarán (Lengua Española y Literatura), Andrés Núñez Merette ( Literatura), a la profesora Thelma Castaño, maestra de Prácticas Escolares .
                                                                                    Profesor Alfredo Abel (Freddy)
                                                                                
Tambien a Mercedes María Reyes, maestra de Filosofía e Historia de la Educación , y quien no obstante su carácter firme y recto, estaba dotada de un dinámico y juvenil espíritu que la impulsaba a coordinar cuantas actividades sociales y/o recreativas se realizaban periódicamente.
                     
                                                                            Profesora Mercedes María Estrella

¡Cómo no recordar! a José Contreras, profesor de las asignaturas Educación Física y Manualidades y Actividades Artísticas , un ser este altamente correcto, decente, prudente , caballeroso y cuyas manualidades eran casi mágicas.

Aunque nos  impartió diferentes materias, al maestro Contreras todos lo recordamos como profesor de Manualidades , por cuanto era en esta disciplina académica  donde estaba su fuerte, su especialismo y su pasión. Era aquí donde brillaba como docente. Con sus manos, es de justicia reconocerlo, el maestro Contreras creaba maravillas.

                                                                                    Profesor José Contreras

¡Cómo no recordar!  los armónicos acordes del violín y la paciencia casi oriental del maestro de música, Apolinar Bueno; y sobre todo, a los dos seres que tenían que lidiar con nosotros día y noche, con varones y hembras. Me refiero al profesor Marino Henríquez, nuestro nunca olvidado querido “Profe Maro”, y a nuestra archiqueridísima doña Herminia Pérez Vda. Pimentel (doña Mamina), maestra de Historia y Geografía Patria, asesora de prácticas, subdirectora del plantel, la madre espiritual de todos, una maestra con M mayúscula y posiblemente uno de los tres seres más nobles, tiernos, amorosos e íntegros que he conocido durante el tiempo que llevo residiendo en el mundo de los vivos. No quiero siquiera imaginarme qué hubiera sido de nuestros días en la “Núñez Molina” sin la presencia y calor humano de este ángel protector.

                                                                                    Profesor Apolinar Bueno

El “profe Maro” constituía el símbolo de la decencia y la prudencia. Con excepción de los fines de semana, era el responsable de mantener el orden y la disciplina en el pabellón de los varones, especialmente en horas de la noche. Gran conocedor del mundo de las abejas, disfrutaba como nadie cuando hablaba acerca de la conducta de estos animalitos. ¿Quién no recuerda la emoción que mostraba cuando describía el famoso “vuelo nupcial…”?. Otra de sus grandes pasiones consistía en coleccionar fotos de chicas en trajes de baño, publicadas por el periodista Leopoldo Perera Acta en la sección “La cámara la vio así”, del periódico Última Hora. A esas jóvenes modelos, el “Profe Maro” solía llamarlas “Pocholas” y “Pocholitas
             Profesor Marino Henríquez (Profe Maro)

Otros de nuestros maestros, aunque de permanencia muy breve, fueron Daniel de los Santos y Fellita Pérez de Fermín, ambos de Matemáticas, y una profesora de Técnica Audiovisual llamada Orquídea Fermìn.

Desempeñaron igualmente un rol de innegable importancia en nuestro proceso de formación docente las maestras que ejercían en la escuela experimental, a la que todos llamábamos “Escuela Anexa”, y en un cuyo recinto debíamos desarrollar las prácticas docentes que tanto contribuían a poner nuestros nervios tensos. Entres otros, tengo muy presente los nombres de Caridad Ramos ( segundo curso ), Leida Pérez ( tercer curso) , Danilo Medrano ( cuarto curso) Altagracia B. de Gómez ( quinto curso ), Juana Danielva Rodríguez ( sexto curso ) y Mercedes Gómez ( primer curso ). A esta última le decíamos “El cuchillo”, por lo difícil que resultaba aprobar o pasar con buenas notas una práctica cuando nos correspondía impartirla en su curso.
                                                        
Bella, dulce y sumamente tierna , Leida Perez, después de Danilo Medrano, era la más joven de ese grupo. Su forma humilde y sencilla, unida a su juventud, generaba la confianza que originaba que nos acercáramos y compartiéramos con ella de manera abierta. A mí siempre me acusó de que me robaba o no devolvía los lapiceros. Por eso, cuando mis días en la Núñez Molina llegaron a su fin, escribió en mi autógrafo una muy breve y escueta nota que apenas decía : " Con cariño : Leida Pérez . Recuerdas devolver los lapiceros" . Actualmente ejerce como maestra en la UASD, recinto Bonao.

                                                                    Leida Pérez ( Maestra Escuela de Anexa )
                                                                          
Otras, como Juana Rodríguez y Caridad Ramos, eran también muy afectuosas , afables y agradables, pero no les teníamos tanta confianza como a la anterior.

 Altagracia B. de Gómez era distante, casi impenetrable, lo mismo que Danilo Medrano, no obstante haber sido este nuestro compañero de estudio, esto es, cuando  mis compañeros y yo cursábamos el primer año, él, Danilo, cursaba el segundo.Inmediatamente después de graduarse, lo nombraron maestro en la Escuela Anexa. En cuanto a la mocana Mercedes Gómez, a pesar de su cara de mal amiga y su fama de "cuchillo", en lo más profundo de su ser, se ocultaba un sensible y noble corazón.
                                                                             Profesora Petruska Smester ( Q.E.P.D.)

  • Los héroe sin nombres

Nuestro paso por la Normal también hubiera sido muy difícil de no haber contado aquí con el apoyo y calor paternos de aquellos “héroes sin nombre”, los siervos de mi plantel, que conformaban el personal de apoyo, tales como conserjes, cocineras , lavadoras, y jardineros. A ellos les dedicaré una de las presentes entregas.  A los integrantes de uno y otro personal, docente y de apoyo, vayan, donde quiera que se encuentren, nuestra más sincera expresión de gratitud y respeto.

 III

  • Mis compañeros.
                                                              Compañeros de promoción en la Escuela Normal

En este recorrido por los senderos de mi memoria, no puedo dejar de referirme a todos aquellos seres con los que durante dos años tuve que convivir y compartir las más diversas experiencias: alegrías y tristezas, llantos y risas, diferencias y coincidencias, abrazos y conflictos y, sobre todo, intensas horas de ajetreos académicos. Me refiero, obviamente, a mis compañeros de estudio; más que compañeros, hermanos. La mayoría de estos procedían de diferentes puntos de la región norte de nuestro país, así como diferentes eran los rasgos que tipificaban sus conductas y temperamentos. No obstante el paso de los años, borrar sus nombres del mural de mi conciencia es casi imposible. Agrupados por provincias y/o municipios, esos nombres, si la mi memoria no me traiciona , son, con sus direcciones de los años en que cursamos estudios,  los siguientes:

 Puerto Plata : Carlos Veras ( Altamira), Eddy Samuel Álvarez ( La Isabela), Ramón Emilio Estrella ( El Mamey, Los Hidalgos), Ana Alicia Álvarez, Q.E.P.D. ( Luperón),Rafael Suero (Luperón),Juan Peralta (La Isabela), Elena Francisco Román (Imbert ), Iris Reyes (Sosúa) y Eulogia García ( Altamira).

Espaillat: Maritza Olivares (Moca) Iluminada Espinal (Moca), Adelmia Pérez (Moca), María del Carmen Bencosme (Moca), Domingo Caba Ramos (Moca) Germania Romero (Moca) y Rufina Almonte (Gaspar Hernández)

 Valverde: Ivelisse Matos (Esperanza), Esperanza Peña, Q.E.P.D. (Esperanza), Iluminada García (Esperanza), Rafael Peralta (Mao), Bienvenido Antonio Disla (Mao) , Próspero  Jimènez (Mao) y Águeda Fondeur (Laguna Salada).

 Montecristi: Rafael Virgilio Díaz (Villa Vásquez) .

Salcedo : Juana Abreu Jorge ( Villa Tapia )

 La Vega: Pedro Reinoso, León Mejía (Q.E.P.D.) y Socorro Domínguez.

 Santiago Rodríguez: Miriam Echavarría, Dulce Marìa Jimènez ( Q.E.P.D.) ,  Kenia Quiñones, Josefina Jiménez, Miriam Gòmez y Natividad Moreno De León (Naty).

Santiago de los Caballeros: Mirta Rodríguez (Don Pedro, Tamboril)

Nagua: Pedro Reyes.

Sánchez Ramírez: William Manzueta (Cevicos) y Adria Reyes (Cotuí).

 Neiba: Idrialis Silfa.
De izquierda a derecha , de pie : Jaime Taveras ( bibliotecario - Salcedo ), Carlos Veras, Ramón Emilio Estrella , Pedro Reinoso , William Mazueta  y Domingo Caba. Hincados : Rafael Peralta, en camiseta , Virgilio Rafael Díaz , Leo Mejía y Juan Peralta.

 A esa lista deben agregarse otros nombres de estudiantes externos, tales como Marcos Vargas (Santiago), Maribel  Taveras -Mary- (Licey al Medio) ,Germania Romero (Moca), Ada Jiménez (Km. 5, Carretera Duarte, Santiago), José Fco. Arias (Licey al Medio), Joseíto Fernàndez. (Licey al Medio), Leonardo Rafael Arias, Q.E.P.D. ( Las Palomas, Licey al Medio) , Josè Dionisio Arias ( Las Palomas ,Licey al Medio), Marina Osorio -Malinche -Km 9, Carretera Duarte, Santiago ), Rosa Sirì (Monte Adentro, Km. 8 y medio, Carretera Duarte, Santiago), Bàrbara Ureña (Limonal, Licey al Medio) Manuel Ramòn Minaya ( Licey al Medio ) Rafael Eleuterio López ( Nagua)  y Rafael Bienvenido Peña (Licey al Medio) 

Cada uno, reitero, poseía su particular forma de ser, como  bien se aprecia en algunos  perfiles que a modo de ejemplos presentamos a continuaciòn :

 Carlos Veras: Más que un estudiante de Pedagogía parecía un cadete de una escuela militar. Así se ponía de manifiesto cuando caminaba: sus pasos lentos pero y firmes, y su pecho siempre al frente. Parsimonioso, libresco, inteligente y no muy dado a los “bochinches” del grupo. La biblioteca era su espacio favorito.

 Eddy Álvarez: Sincero, amigo fiel o de un solo rostro y con una habilidad asombrosa para las matemáticas, siempre fue un negro “comparón”. De atlética anatomía, producto quizás de sus habituales prácticas deportivas, activo, dinámico, muy social, bulloso, bocón, comelón sin tregua y poseedor de un alto concepto de las relaciones humanas, empleaba como recurso de presión el alto volumen de su voz para amedrentar a los demás. Yo nunca me amilané frente a sus verbales bravuconadas, ni siquiera el día en que le robé un vaso de habichuelas condulce que celosamente había guardado. Toser dos veces antes de comenzar a hablar y tratar de impresionar a los profesores mediante el uso, a lo Cantinflas, de un juego de palabras apartadas del tema central, cuando no se sabía las clases, eran dos de sus principales rasgos característicos. Fue uno de mis siete compañeros del cuarto en que habitábamos y uno de los pocos con quien he mantenido una continua comunicación desde que salimos de la Normal.

Ivelisse Matos : Inteligente, metódica,  prudente, trato humilde y sincero y, sobre todo, muy solidaria, era algo así como la líder de su grupo femenino. Con hembras y varones, merced a los rasgos anteriores, y por su facilidad para inspirar confianza, supo mantener  unas relaciones de sincera camaradería. En las prácticas escolares siempre brilló, y en el resto de la asignaturas, sus notas bordeaban el límite de lo máximo. En todo momento estuvo dispuesta a ofrecer ayuda a quienes se la solicitaban.  De ella siempre recuerdo su risa explosiva  y los muy afectivos términos «Manito» y «Manita» que empleaba para llamar a sus compañeros.


De izquierda a derecha : Ana Alicia Alvarez, Maritza Olivares, Ivelisse Matos, William Manzueta, Iluminada García y Esperanza Peña.

William Manzueta: Era el clásico bufón. Se burlaba hasta de su propia figura. Nadie se le escapaba. Sincero, trato agradable y con un sentido del humor por encima de lo normal, constituía él la terapia de hembras y varones. La pérdida de la razón, desafortunadamente,  le imprimió un giro diferente a su normal proceder  y borró de aquel  rostro siempre alegre su sonrisa habitual.

 Superimperactivas, sociales y muy dinàmicas , eran las mocanas  Maritza Olivares y Adelmia Pérez. A esta última, cuasi vecina, siempre la he considerado como “mi hermana blanca”. Mi madre le tenía un especial aprecio. Ya graduados, trabajó bajo mi dirección durante muy poco tiempo, y luego se marchó a la capital, en dónde decidió fundar un colegio, dedicàndose de esa manera a la enseñanza privada.

 Ramón Emilio Estrella: Entre todos, era lo que se dice un personaje altamente pintoresco. Hàbil, diligente, astuto, pero, sobre todo, buen amigo, aprovechaba cuantas circunstancias le favorecían para el logro de un determinado propósito. En los dos días de Convivencia creó fama por lo mucho que se extendía al comunicar su dirección: “Yo soy Ramón Emilo Estrella y vivo en Hunijica, Mamey, Los Hidalgos, provincia de Puerto Plata”. No creo que mediera más de cuatro pies y medio de estatura.

 ¿Y qué decir, de Rafael Suero (Fafi)?. Excelente ser humano, lector voraz, discreto, reflexivo, analista, provisto de una fina sensibildad social y humana,  además de uno de los cerebros más lúcidos de nuestro grupo, fue también uno de los seres más sanos, sinceros y nobles que he conocido.

 Imágenes recientes (2017) de algunos compañeros . De izq. a derecha : Rafael Suero (Fafi), Domingo Caba Ramos y Marcos Vargas.

 Bienvenido Antonio Disla (maeño) : Este inolvidable compañero, al que todos apreciábamos y le teníamos mucha confianza, representaba la más auténtica expresión de la formalidad, la decencia y la prudencia. Sumamente responsable y consagrado a sus estudios, al igual que el anterior fue un estudiante de alto rendimiento. Cuidaba mucho de su dicción y forma de vestir . La marcialidad y agilidad que mostraba al caminar descubrían al jugador amateur de beisbol que antes fue. Nunca mostró pasión ni la más mínima inquietud por el quehacer político. Sin embargo, ¡oh sorpresa!, no hace mucho me enteré de que en el pasado reciente, mi amigo Disla se desempeñó como síndico y regidor del municipio en que nació y siempre ha residido : Mao.

 Mirtha Rodríguez e Iluminada García eran las reinas del baile. Verlas bailando el “El tabaco” y “El pingüino” de Johnny Ventura, era todo un espectáculo. Nadie como ellas movían tanto sus  antillanas caderas al son de las citadas piezas musicales.

 Kenia Quiñones era una de las más tímidas del grupo, hablaba solo lo necesario, muy por el contrario a sus compueblanas Josefina Jiménez,  Dulce Jimènez, Miriam Echavarría y Natividad Moreno, las cuales eran mucho más expresivas. Esta última, a quien todos llamábamos "Naty", de extrovertida se pasaba.

Pedro Reyes : Flaco,  parsimonioso,  fumador sin tregua y sumamente jovial, a este compañero, nativo de Nagua, siempre lo recuerdo por la madurez que mostraba en sus actos y por su visión un tanto estoica de la vida . Nada lo estresaba. Nada le perturbaba su mente. Nada le “quitaba el sueño”. El era él y ya... Tan convencido estaba de su afición al cigarrillo que en el autógrafo que aún conservo, y en el que todoslos compañeros me dejaron mensajes de despedida, Pedro escribió lo siguiente :« Caba :cuando la muerte va a sorprender a un individuo no pregunta  si tiene vicio o no. Por eso yo, con mi cigarrillo, llegaré hasta el infinito; porque morir parado y acostado, como quiera es muerte»

 La velocidad articulatoria de otra de nuestras apreciadas compañeras, Águeda Fondeur, constituía un caso bastante singular. Tan rápido hablaba que apenas se le podía entender la última palabra. Sus órganos fonadores, al parecer, fueron diseñados tomando como modelo la luz del relámpago.

Ydrialis Silfa : .Nobleza que respira. Atenta, sana,  sincera, prudente y solidaria. Las taras tan comunes en los hombres y las mujeres de esta posmodernidad y que tanto tipifican a los seres mediocres, parecen no haber encontrado espacio en el comportamiento de este ser de luz.  No creo haber tratado a otro ser más sano y noble que esta inolvidable y querida neibera.

 Otro inolvidable compañero, Próspero Jiménez, era, lo que se dice, esclavo de su imagen, particularmente de su melena. Frente al espejo, pasaba minutos interminables acicalándosela. A establecer contraste entre su cuidada melena y mis cabellos, siempre terminaba con una sana y fraterna burla, por entender que mi cabeza, más que de pelos, estaba poblada de pimientas. En todo momento me dispensó un trato de hermano.

Imágenes recientes (2017) de algunos compañeros. De izq. a derecha : Marcos Vargas, Eddy Alvarez, Rafael Díaz (Felucho), Adelmia Pérez, Carlos Veras y Josefina Jiménez.

Una poética y fraterna controversia.

 Un buen día a Carlos Veras se le ocurrió publicar en el mural unos versos de su autoría dedicados a mí:

 «Según dicen por ahí,
 en el dicho popular,
 tan solo deben amarse,
 los que se van a casar…»

 Los demás interpretaron la acción como una provocación y me obligaron a responderle en el mismo mural, y esta fue mi respuesta:

 «No creo que sea como dicen,
 en el dicho popular,
 de que tan solo deben amarse,
 los que se van a casar…

 Para amar no ha de estar siempre,
 el matrimonio incluido,
 y no es razón suficiente,
 para que pierda sentido…»

 El mural se convirtió así en un centro de literaria expectación: yo con mi fans y Carlos con el suyo. Carlos me atacaba en versos, y yo le respondía de igual forma. Cuando él pensó que me había derrotado, cesaron sus líricas andanadas; pero el clamor popular opinaba de otra manera, vale decir, hasta sus más fieles seguidores proclamaban a mandíbulas batientes que “el verdadero triunfador fue Caba”.
                                                                                                       

 IV

 La relación entre estudiantes internos y externos fueron siempre excelentes, casi igual que entre internos e internos. Digo “casi”, pues entre internos, los lazos de hermandad tenían que ser un poco más solidos por cuanto permanecíamos juntos las veinticuatro horas del día; pero las diferencias que en el afecto pudieron existir, por leves, apenas se percibían. Y es que a pesar de que comían y dormían en sus respectivos hogares, esos estudiantes no internos permanecían la mayor parte del día en el recinto de la Núñez Molina, todos, por compromisos académicos; otros, por su “fiebre deportiva”, como el caso de Marcos Vargas, quien apenas llegaba a su casa, en ocasiones se le veía no muy tarde regresar, portando pantalones cortos, con un balón en las manos.

 Excelentes fueron igualmente nuestras relaciones con los internos correspondientes a la promoción que nos seguía (primer año). Para propiciar ese ambiente de armonía, además de suspender las novatadas ya referidas en la primera entrega de esta serie, decidimos que cada cuarto fuera compartido por cuatro estudiantes de primer año y cuatro de segundo, ocho en total. Recuerdo, entre estos últimos , a mi vecino Duarte Peralta, a Víctor Manuel Burgos ( Palmarito, Salcedo) , Luis Ureña (Las Palomas, Licey al Medio) Narciso González ( Los Hidalgos, Puerto Plata), Hugo Gil ( Santiago), Tony Cruz ( Tamboril ), Carlos Clemente Cuello (Santiago), Cándida Sánchez ( San Víctor, Moca) Grecia Fabián ( Moca), Martha Rosa Hernández (Santiago Rodríguez) ( Imbert, Puerto Plata), Rómulo Espaillat ( Gaspar Hernández ), Osiris Almánzar ( Mao) , Kohuris Henríquez ( Imbert, Puerto Plata ).

 Víctor Burgos era uno de mis compañeros de cuarto: Organizado, estudioso, prudente, afectuoso, bonachón, flaco hasta chocársele los huesos y con una timidez que rayaba en la ingenuidad, este joven salcedense, con rostro de sacerdote, comía sin reloj. No sé, realmente, cómo podían caber tantas comidas en un cuerpo con tan poca masa.

 Narciso González se distinguía por su extraordinaria afición a la lectura, facilidad de palabras, brillantez oratoria y gran sensibilidad poética. Común era verlo con un libro en las manos.  En cuanto a otro de sus compañeros, Kohuris Henríquez, hay que señalar que representaba la más auténtica expresión del histrionismo. Sus ocurrencias y fibra humorística nada tenían que envidiarle a un Cuquín Victoria, a un Boruga o a un Beras Goico.

 En una y otra promoción el talento sobraba. Ese talento, unido a la regia formación docente y humana que recibíamos, generó un producto profesional de extraordinaria calidad. Por eso no extraña las posiciones de importancia que años después, tanto en el sector público como privado, muchos de ellos desempeñarían. Por eso, el deseo de todo director de escuela era que le nombraran un maestro egresado de la Escuela Normal “Luis N. Núñez Molina”.

 Una vez graduados de Maestro Normal Primario, no todos mis compañeros de promoción“calentaron el aula”, esto es, una buena parte de ellos tomó caminos distintos al docente, ya sea porque estudiaron otra carrera, se marcharon del país o se dedicaron a la política y al comercio. Antonio Disla, como ya lo indicamos, fue síndico de Mao; Ivelisse Mattos y Adria Reyes ejercen como abogadas. Virgilio Rafael Díaz, el “niño” o más joven del grupo, representa una compañía norteamericana suplidora de efectos industriales. Kenia Quiñones es sicóloga y Josefina Jiménez, administradora de empresas.

Otros, aunque cursaron otra carrera y han ejercido otro oficio, se han mantenido ligados al sector educativo. A saber:

Marcos Vargas: sicólogo. Es el propietario y director de  uno de los colegios de más antiguedad y tradición de la ciudad de Santiago : el  Colegio Duarte.

 Eddy Álvarez: abogado, economista, máster en Educación y experto en asuntos cooperativos. Asesor de la ACIS, dirigió la cooperativa, así como carrera de Economía de la UTESA, donde todavía ejerce como maestro.

Carlos Veras: en la UTESA, además de profesor, ha ejercido como gerente de recursos humanos y director del recinto de Puerto Plata.

En lo que a mì respecta, ademàs de ejercer en todos los niveles de la enseñanza pùblica, he impartido e imparto docencia a nivel superior como profesor de lengua y literatura en la Universidad Autònoma de Santo Domingo (UASD) y en la Universidad Tecnològica de Santiago (UTESA), recinto Santiago. Tambièn he sido articulista de los màs importantes diarios nacionales y gerente de recursos en un prestigioso grupo empresarial de la ciudad de Santiago de los Caballeros.

 Otros, desafortunadamente, fallecieron a destiempo, como son los casos de Leo Mejía, Esperanza Peña,  y Ana Alicia Álvarez, esta última, una de las almas más dulces y tiernas de nuestro grupo. De otros, la mayoría, nada sé; porque nunca los he vuelto ver.

 V

. • El Señor Tejada.

El profesor Héctor Manuel Tejada, director del plantel, era un ser con un temperamento de piedra. Su simple presencia les ponía a todos “los nervios de punta”. Con los estudiantes, muy pocas veces interactuaba. A mí, sin embargo, siempre me dispensó un trato afectuoso.

En cualquier momento explotaba como una bomba, como aquella noche en que nos pusimos de acuerdo para no comer un mondongo que expelía un olor nada agradable. Al enterarse, sus ojos brillaron de rabia y el corazón parecía emigrar de su voluminosa anatomía. Nos reunió a todos en el comedor e inició su discurso con las siguientes flechas verbales:

 « ¿Por qué ustedes no quieren comerse el mondongo?» – preguntó.

 Y acto seguido afirmó:

« Yo tengo más que ustedes, y me lo como…»

A partir de ahí, todos nos sentamos a la mesa disque a cenar. Unos, por miedo, se comieron el famoso mondongo; otros, preferimos simular.

En ocasiones, extrañamente, procedía con una inusual dulzura, lo que hacía pensar que detrás de aquel rostro de bronce se ocultaba un corazón de miel. Y que si reciamente actuaba, no era más que con el fin de preservar y mantener en alto, la autoridad,  la moral, el orden y la disciplina en un ambiente poblado por hombres y mujeres que apenas desbordaban los briosos e inmaduros años de la adolescencia.

                                                                              Profesor Hèctor Tejada
                                                             
  • Doña Mamina.

 Doña Herminia Pérez Vda. Pimentel, subdirectora, era la cara opuesta del anterior: era el equilibrio, nuestra confianza, nuestro refugio, el nido adonde íbamos a buscar el amor y el calor de la madre ausente. Era, en fin, nuestro verdadero ángel protector. Ella, doña Mamina, y Niña, la inolvidable y amorosa cocinera, operaban como soportes espirituales o fieles sustitutas de nuestras progenitoras. Nunca olvido aquel sábado en la mañana en que de repente nos informaron que debíamos marcharnos a nuestros hogares y regresar el lunes siguiente. Yo no tenía ni un centavo. Por eso, no tuve más que confesarle mi carencia a Doña Mamina.

- «Lo único que tengo es esto, Caba», y acto seguido puso en mis manos una quiniela de la Lotería Nacional , agraciada con el segundo premio, valorado en dieciséis pesos, monto suficiente para trasladarme a mi casa.

Si en realidad existe un más allá, es posible que esta madre y maestra more tranquila en la mansa morada de los ángeles.
                                                                                Doña Mamina

 • Las prácticas docentes.

 Las prácticas docentes constituyen la esencia de los estudios pedagógicos o la expresión concreta de los conceptos teóricos aprendidos. Adquirir un título de Maestro, sin nunca haber impartido una clase, carecería por completo de pertinencia profesional.

 En la Núñez Molina de mis años estudiantiles, las prácticas ocupaban un sitial de primerísima importancia. Por eso, los niveles de exigencias para evaluarlas eran elevadísimos. De ahí la ansiedad y la crisis de nervios permanentes desde que se nos fijaban las fechas en que debíamos practicar.

 Nunca olvido, al respecto, lo que le sucedió al compañero Próspero  Rodrìguez. Fue preso de una crisis nerviosa cuando impartía una clase en el primer curso. En este grado había que emplear la temible técnica de «movimientos de grupos», consistente en dividir los niños en tres grupos, en cada uno de los cuales debían realizarse simultáneamente tres acciones diferentes (actividad, lectura y motivación) que en un tiempo establecido había que rotarlas.

 Mi amigo se confundió en el proceso rotativo, y luego de un desesperado ¡Ay Dios mío!, intentó abandonar el aula y marcharse, casi huyendo, a preparar su maleta con el fin de partir hacia su Mao natal y abandonar para siempre el recinto educativo de la Normal. Fue necesario calmarlo y convencerlo para que desistiera de sus desertores propósitos.

Cada practicante era evaluado por dos compañeros, por la maestra titular del curso y por la encargada general de las prácticas escolares. Culminada la práctica nos llevaban a un salón, y allí se nos decía lo bueno y lo malo que hicimos, empezando siempre con lo positivo. Quien no la reprobara, debía repetirla. A más de un compañero mío y de otras promociones les fue imposible culminar exitosamente su carrera por no haber aprobado el número de prácticas que exigía el plan de estudios de las escuelas normales.

 Ningún detalle se nos podía escapar, vale decir, todo se evaluaba, desde la redacción del plan de clases hasta nuestra presentación personal. En ese proceso evaluativo, se le concedía una importancia singular al dominio del tema tratado, a la distribución del tiempo, a la participación y motivación de los alumnos, al mantenimiento de la disciplina, al enfoque lo más concreto o menos teórico posible del tema y, fundamentalmente, al logro o no de los objetivos propuestos en el plan de clases.

Dirigir la escuela experimental era otra de las difíciles pruebas que debíamos superar. Extrañamente, fue esta en la que peor me fue. Como mal matemático que soy, al realizar el cuadre de caja relativo a la venta de la merienda, hubo diez “tormentosos” centavos que nunca aparecieron.

Más de veinte prácticas o clases tuvimos que impartir para poder graduarnos de Maestro. La última de ellas se llevó a cabo fuera del ámbito de la Normal, esto es, en la Escuela Blanca Mascaró, de Licey al Medio.

¿Qué importancia tenían estas clases experimentales?

 Las prácticas docentes, vale reiterarlo, contribuían a reafirmar lo aprendido teóricamente. Nos enseñaban estas cómo planificar y conducir una clase, y cómo manejar las diferentes situaciones que se presentan en el aula. Nos permitían controlar el miedo escénico y, más importante aún, nos enseñaban que al aula no se va a improvisar. Que toda clase que se imparte, el maestro debe siempre planificarla. . También nos enseñaron estas prácticas a ser objetivo en la crítica, y a destacar primero lo positivo y luego lo negativo de una persona.
                                                               
  • El niño que ponía  en aprieto a los practicantes.
Había en tercero, el curso de la ya citada maestra Leida Pérez, un niño que fue causante de que   más de un compañero reprobara la práctica. Nueve años de edad talvez, inquieto, inteligente y reflexivo, formulaba unas preguntas que por su nivel de complejidad eran incontestables y, por ende, originaban que el sudor comenzara a derramarse por el rostro del nervioso practicante. Por esa razón, cada vez que nos correspondía practicar en ese curso, nos documentábamos bien pensando siempre en lo que pudiera pasar con el  inquisidor y fastidioso "carajito".
                                                                              
Casi siempre se sentaba en la parte trasera del curso, aparentemente indiferente a lo que se estaba explicando; pero cuando levantaba sus manos, ahí mismo comenzaban los problemas. Sus preguntas en cadena parecían proyectiles moviéndose peligrosamente muy cerca de nuestras cabezas. Todavía recuerdo bien el primer tema  que se me  asignó para impartirlo en ese curso : la piedras preciosas. Mis compañeros me advertían e insistían en  que tuviera cuidado con el niño preguntón. Yo, mostrando una tranquilidad y seguridad que no sentía, me limataba a responderles : " No ombe, no... es verdad que él es inquieto; pero tampoco es Salomón". Pero "buchi y pluma no más...". De mi mente no se apartaba la imagen del tormentoso y chico alumno. Por eso en cada moment libre, solo se me veía en la biblioteca consultando en libros, enciclopedias y otras fuentes acerca de todo lo que se pareciera a las piedras preciosas.

El día de la práctica llegó. Yo desarrollaba  el tema de manera normal, pero observando de reojo y muy disimuladamente al niño de nuestra historia, el cual parecía atento a cualquier cosa menos a lo que allí estaba ocurriendo. Apenas me faltaban cinco minutos para terminar y todo parecía indicar que los inconvenientes brillarían por su ausencia ; pero de repente el niño levantó sus tienas manos. Me rasqué la cabeza y mi rostro moreno se tornó blanco durante unos minutos. Las preguntas, como agua incontenible,empezaron a escucharse  : ¿ En la República Dominicana hay mina de diamante? ¿En qué pais de América hay minas de diamante?  ¿ Qué país produce esmeralda? ¿Cuál es más valioso del diamante y el oro? ¿ De cuáles piedras preciosas hay minas en nuestro país? ¿ Cuál es más valioso de la esmeralda, el diamante y el rubí? ¿Qué se fabrica con el topacio?

Parecíamos dos púgiles. El preguntaba y yo respondía. La maestra titular y todo el que allí observaba, medio se sonreían. Esperaba la siguiente pregunta cuando sorpresivamente el  niño abrió su cuarderno y se puso a dibujar. El interrogatorio terminó. Yo respiré profundo. Superé la pueba. Creo, no recuerdo bien, que obtuve una calificación de 95 puntos más la felicitación de quienes me evaluaron.

Debido a su conducta altamente inquisidora mostrada en clases, es natural que la mayor parte  de mis compañeros viera o  percicibiera al niño preguntón de tercero como   un "carajito" necio, pesado y fastidioso. Hoy, debido a nuestra mayor experiencia  y formación docentes,  necesariamente tenemos que  pensar de manera diferente, muy especialmente cuando  observamos a  nuestras  aulas  repletas  de estudiantes pasivos  o carentes por completo de utopías,  curiosidad e  inquietudes académicas. Estudiantes  que por no estudiar, pensar y reflexionar, tampoco están aptos para crear un espacio de preguntas y discusión. Frente a ese nuevo modelo de estudiantes,   cuánto no desearía un maestro contar en sus clases  aunque sean  dos alumnos parecidos al inquieto y productivo niño de Licey al Medio que tantos aprietos o dolores de cabeza supo producirles a todos los integrantes de mi promoción .

 • « Si quiere irte, mástame…»
                                                                               
                                                                               Profesor Andrés Núñez Merette.

Andrés Núñez Merette fue uno de nuestros más apreciados profesores. Su manera de ser era un tanto pintoresca. Por su juventud, conectaba bien con todos nosotros, razón por la cual, en los momentos de recesos, siempre estaba rodeado de estudiantes.

Fiel admirador del cantante y compositor Anthony Ríos, en ocasiones confrontaba problemas, como buen dominicano, para articular la s implosiva o aquella que aparece en posición final de sílabas o de palabras, esto es, «se comía las eses»; y para completar el irregular cuadro fonético, los estudiantes más “fuñones” afirmaban, sin razón alguna, que también solía, de manera ultracorrecta, pronunciarlas allí donde no iban. Esto provocó la satírica, hiperbólica, pero amorosa versión entre mis compañeros de que Merette, cuando cantaba una de las canciones de su artista favorito, decía: « Si quiere irte, mástame…»

No sé cuál habrá sido el destino de ese querido maestro, pero dónde quiera que se encuentre, vaya mi más sentida expresión de afecto y respeto.

                                                                                 Profesora Carmen Bejarán.

VI

 • « Los siervos de mi plantel» 

Como expresé en la primera parte de estos apuntes, nuestra estadía en la Núñez Molina hubiera resultado sumamente difícil de no haber contado aquí, además de la presencia y maternal asistencia de doña Mamina, con  la solidaridad y calor paternos de aquellos “héroes sin nombre” que conformaban el personal de apoyo: conserjes, cocineras, lavadoras y trabajadores agrícolas.

 Estos últimos, con amorosa, llana y hasta pintoresca manera de comportarse, creaban una atmósfera relajante o le imprimían un sello terapéutico a un ambiente caracterizado por la presión del estudio, la rigidez de la norma y el peso de la nostalgia.

 A pesar de todas las “carpetas” que les dábamos, con ellos nuestras relaciones fueron siempre muy estrechas y afectivas. Eran nuestros soportes materiales y espirituales. Con ellos charlábamos. Con nosotros, ellos desahogaban sus inconformidades laborales. Cuando necesitábamos algún material para las prácticas, a ellos acudíamos y, en ocasiones, hasta se convertían en cómplices de nuestras travesuras.

¿Quiénes fueron esos “héroes sin nombres”?

 Cocineras: Niña de León, Élida Rodríguez Ramos, María Triunfel y Altagracia Ramos.
                                                                                            Doña Niña

Conserjes: Vieja, María Ureña Portes (Q.E.P.D.) y Therma Dolores Portes.

 Jardineros: Juan Antonio Rosario (Chicho) y Pirilo López Valdez.

Trabajadores agrícolas: Bernabé Santos (Q.E.P.D.), Efraín Ureña (Q.E.P.D.) y Ramón Antonio Ureña (Q.E.P.D.).

Lavadoras: María del Carmen Acevedo (Mañán – Q.E.P.D.) y María Luisa Ramos (Maguisa – Q.E.P.D.).

Cargas y descargas: Joaquín Polanco (Juaco – Q.E.P.D.) y Valentín Díaz (Valé – Q.E.P.D.).

 Chicho era el más joven y Juaco el de mayor edad.

A pesar del esfuerzo que implicaba cocinarles diariamente a casi cien personas, las tres cocineras siempre se comportaban cordialmente y alegre. Doña Niña, por ejemplo, no paraba de cantar mientras ejercía su culinario oficio. La otra María, la conserje (Q.E.P.D), era archicontenta y bullosa. Vieja, apenas hablaba.

Chicho, caballeroso y corpulento, semejaba un “muchacho grande”. Todavía lo visualizo llegando a la Normal a ejercer su trabajo en su inseparable motocicleta Honda 50. Eternamente junto a Pirilo, se encargaba de apilar la grama que este cortaba con su ruidosa máquina desyerbadora.

 Pirilo era un caso aparte. Un ser sumamente bueno, caballeroso, noble y solidario. A más de un estudiante ayudó en uno u otro aspecto, entre ellos, a mi hermano mayor, Pedro Caba, quien en la Núñez Molina se graduó de Maestro ocho años antes que yo; pero Pirilo era además un personaje altamente folklórico, un sindicalista de boca. Escuchar sus ocurrencias era todo un espectáculo. Oírle decir, refiriéndose al Señor Tejada, aquello de que « Yo, Caba, le vuelo el pescuezo con este colín si inventa conmigo o me jode mucho», era más que frecuente; pero después de ahí, nada: boca de diablo y corazón de santo. Nadie como él apreciaba a su jefe director. Yo lo quería mucho; porque aparte de su especial forma de ser, tenía un gran parecido con uno de mis tíos favoritos. Aunque discapacitado y ya octogenario, Pirilo, agraciadamente, aún vive; y ojalá que vivo continúe durante muchos años.

 El viejo Juaco , más que cargar junto a Valé , alimentos y otros paquetes de un departamento a otro, cargaba sobre sus cansados y envejecidos hombros el peso aplastante de los años. Por esa razón, muy común era verlo tendido en los peldaños que conducían hacia el escenario del salón de actos. En muy pocas ocasiones le escuché conversar.

Valé, por el contrario, era más expresivo, más “tíguere”, un viejito extremadamente simpático. De rápido andar, a pesar de su avanzada edad, con Efraín solía escabullirse en la espesura del bosque para ordeñar, sin que los vieran, el fondo ardiente de una espirituosa “brugalita”.

 En la Normal, después de doña Herminia, Niña, indiscutiblemente, era nuestra segunda madre. Nos hervía el té cuando teníamos gripe, nos brindaba la palabra de aliento cuando estábamos tristes y nos conseguía el poquito de comida extra cuando quedábamos con hambre. En cada uno de nosotros, los estudiantes, ella veía a un hijo más, como bien se aprecia en su muy tierna y amorosa nota de despedida que escrbió en mi autógrafo días antes de que nuestros estudios llegaran a su fin y nos marcháramos definitivamente a nuestros hogares :

 « Caba, Te deseo todo el vien para ti tu madre, niña que no te olbidara nunca»

 Se trata de un mensaje redactado con la tinta del amor que emana desde lo más profundo del alma. Por eso lo conservo celeosamente en el cofre de mis recuerdos entrañables. Así eran ellos, los siervos de mi plantel.

    Serían cerca de las cinco de la mañana de un fresco sábado de primavera cuando desperté sin poder luego recobrar el sueño. Me levanté y después de bañarme salí y me senté en uno de los bancos que bordeaban el amplio patio. Los árboles todavía dormían, a lo lejos se escuchaba el armónico concierto de los grillos madrugadores, y muy cerca de mi lecho, un bohemio ruiseñor preñaba de regocijo el nuevo día con su divertido y alegre canto mañanero.

Una hora después, uno por uno, comenzaron a llegar ellos: los siervos de mi plantel. Al verlos, una extraña sensación sacudió todo mi cuerpo. No pude aguantar: me dirigí a mi cuarto, busqué lápiz y papel y regresé de nuevo al patio. Y como si una voz me los dictara, escribí los versos que siguen, expresión del más sentido homenaje a estos verdaderos  "héroes sin nombres":

 LOS SIERVOS DE MI PLANTEL

 «A través de la cortina,
 veo siempre desfilar,
 los siervos que a trabajar,
van a la Núñez Molina.

 En primer plano se ve,
 en constantes movimientos,
 cargando los alimentos,
al simpático Valé.

También se ven abatidas,
 como fieles misioneras,
 a las nobles cocineras,
preparando las comidas.

 Entre ellos está María,
muy cordial y cariñosa,
 y Vieja, aunque silenciosa,
otra cosa no sería.

 Élida en su misión,
 los mosaicos va fregando,
 mientras Niña va entonando,
una armoniosa canción.

Cerca de los balnearios,
se oye un ruido estridente,
es María que impaciente,
asea los sanitarios.

Al igual que dos hermanas,
 que mutuamente laboran,
Mañan y Maguisa lavan,
 la ropa de la semana.

Como un triste corderín,
agotado por las años,
recostado en los peldaños,
se encuentra el viejo Joaquín.

 Entre los frutos verduscos,
con machete y colín,
van Bernabé y Efraín,
desyerbando el conuco.

Chicho con su escoba dura,
 y Pirilo y su motor,
constituyen el terror,
de la grama y la basura.

 Humildes, pero honorable,
 cada quien cumple su rol,
 bajo lluvia, bajo sol,
con entrega incomparable.

De nobleza insuperable,
 ellos son esencia pura,
ellos son el alma pura,
de este Centro inolvidable»

 Y VII

 • ¡Cómo olvidarla!

 En dos años de intensa actividad y vivencias compartidas, son muchas las imágenes y los episodios que permanecen fijos en la memoria. Imágenes que no obstante el tiempo transcurrido se crean, recrean y proyectan continuamente en el telón de nuestra conciencia.

 ¡Cómo olvidar esas imágenes!

 ¡Cómo olvidar las novatadas, las nocturnas escapadas de la Normal y los también nocturnos “maroteos” o robos de cocos de las frondosas matas plantadas en el terreno del centro educativo!

 ¡Como olvidar los sabatinos y/o dominicales “serruchos” que realizábamos para comprar el “pote” de Bermúdez que ocultos bajo la sombra de la noche libábamos en un escondiste, lejos de la mirada inquisidora del profesor vigilante!

 ¡Cómo olvidar las notas gloriosas del Himno Normalista que con gran emoción entonábamos acompañados de los acordes del violín magistralmente ejecutado por nuestro profesor de música, Apolinar Bueno!

 ¡Cómo olvidar a aquellos viernes en que nos “tragábamos” la comida, abandonábamos rápido el comedor para “tirarnos” en el piso de la marquesina de la escuela a observar, en el entonces programa de lucha libre (Color Visión), los sangrientos enfrentamientos sostenidos entre la “Gallina”, Relámpago Hernández y el “hijo de doña Tatica” y “Campeón de la bolita del mundo”, Jack Veneno!

 ¡Cómo olvidar los conflictos que unos y otros amoríos generaban entre algunos de mis compañeros!

 ¡Cómo olvidar los muy sabrosos “totos de monja” ("coconete") que por el precio de cinco cheles les cogíamos “fiao” a Manolo y Andrea, en el colmado que esa pareja de esposos tenían frente a la Normal!

¡Cómo olvidar, por último, las sabias enseñanzas recibidas de quien para la época estaba considerado como el más prestigioso centro de formación de Maestros Normales de la República Dominicana!

 En la Escuela Normal “Luis Núñez Molina”, fundada el 11 de octubre de 1950, no solo se nos enseñó técnicas docentes y los principios de la pedagogía moderna. Más que eso, se nos impartió la verdadera educación en valores de la que tanto se habla en la actualidad, vale decir, no solo se nos formó didácticamente para ser maestros, sino integralmente para ser mejores personas.

Allí tuvimos que aprender y practicar normas de convivencia social. Tuvimos que aprender cómo comportarnos en una mesa, a respetar a los demás, a no producir escándalo mientras el otro duerme, a ser organizado y responsable. Aprendimos a cuidar la higiene y la presentación personal, a cuidar la pronunciación, la ortografía y la caligrafía y a colaborar o ser solidario con los demás.

 Solo así se explica el que entre grupos de estudiantes, procedentes de zonas geográficas distintas, de sexos distintos, y con formación familiar distinta, se establecían lazos de compañerismos que rayaban en la hermandad. A cada compañero lo percibíamos y tratábamos como a un verdadero hermano.
                                                                                
                                                                              
El cierre o restructuración de las escuelas normales: ¿valió la pena?

 Una de las primeras medidas llevadas a cabo por la profesora Ivelisse Prats de Pérez, tan pronto asumió el cargo de Secretaria de Educación (1982), fue declararle la guerra a las escuelas normales, centros que a la luz de los nuevos tiempos constituían, según ella, modelos ineficientes y atrasados, razón por la cual solía referirse a ellos en forma despectiva.

 La crisis que afectó al sistema educativo dominicano en la década de los años 80 contribuyó significativamente para que la idea de Ivelisse prendiera en el seno de este. La estampida de maestros y la escasa demanda de la carrera de educación prácticamente dejaron vacías las escuelas normales. De ahí que una década después, el Plan Decenal de Educación contemple dentro de sus lineamientos generales restructurar estos centros y convertirlos en instituciones de educación superior. Esta idea se materializó con la promulgación de la Ley 66’97.

 ¿Valió la pena el cierre o restructuración de las escuelas normales?

¿No hubiera sido preferible, como bien lo recomienda la Dialéctica, mantener intacto, junto al nuevo plan ( universitario ),  ese modelo de enseñanza, preservando los aspectos positivos y cambiando solo aquellos considerados negativos? Los sectores involucrados en el que quehacer educativo y la población en general, tienen, al respecto, la última palabra.

En lo que a mí respecta, pienso o estoy más que convencido, de que las escuelas normales no debieron clausurarse. Soy un producto profesional de estas instituciones, y más que nadie sé la formación humana y pedagógica que en ellas recibíamos. Por el momento, solo me resta terminar estos emocionantes recuerdos, evocando y cantando el siempre recordado “Himno Normalista”, de la pluma de nuestro siempre recordado maestro Apolinar Bueno:

 « ¡Hosanna! normalista
 cantemos a la escuela
 que rauda el alma vuela
 de suave ritmo en pos.

 ¡Hosanna! ¡Hosanna! ¡Hosanna…!
 cantemos sin demora 
 que ya llegó la hora
 de levantar la voz. 

 De la escuela en las aulas austeras 
 recibimos la luz del saber 
 y a las pruebas de examen severas
 nos impone la ley someter.

Infantiles los ecos alcemos
 nuestro canto al son del laud 
y al probar que aprendimos,cantemos
 del maestro la ciencia y virtud»

O proclamando, con los líricos versos de la mexicana Alicia del Campo:

« Compañeros cantemos la gloria 
 de esta noble Escuela Normal 
con clarines que anuncien victoria
 saludemos su nombre triunfal…

 ¡Salve, salve!, ¡oh! Escuela Bendita
 ¡salve, salve!, ¡oh! Escuela Normal
 con tu nombre mi alma se agita 
y tu ciencia me hace triunfar…»