domingo, 31 de mayo de 2026

EL PREJUICIO RACIAL ANTINEGRO EN LA REPÚBLICA DOMINICANA, VISTO A TRAVÉS DE LA LENGUA


Por: Domingo Caba Ramos 

(Segunda parte)

 «El racismo vigente hoy en el país se originó en la época colonial, pero la clase dominante lo ha mantenido y reforzado repitiendo los mismos estereotipos negativos con los que tipificaron a los negros inferiores a los blancos»

 (Carlos Esteban Deive)

1.    Incremento del prejuicio racial antinegro

El prejuicio racial antinegro del pueblo dominicano que, como ya apuntamos tuvo su punto de partida en la época de la colonia, parece haber cobrado su mayor fuerza a partir de la proclamación de la Independencia Nacional el 27 de febrero de 1844. Al menos eso es lo que se desprende de las declaraciones ofrecidas por muchos de los intelectuales y especialistas que han abordado tan importante asunto. 

«La guerra que tuvo que librar el pueblo dominicano- plantea al respecto el poeta y ensayista Abelardo Vicioso para defenderse de las constantes agresiones del ejército haitiano dejó una secuela de odios contra el país vecino, que las clases dominantes se han esforzado en prolongar hasta nuestros días». (Vicioso, Abelardo, El freno hatero en la literatura dominicana,1983 :167 ).

 Los propulsores de la Independencia, imbuidos por su sentimiento patriótico o nacionalista, orquestaron un movimiento propagandístico de carácter antihaitiano mediante el cual se buscaba destacar los más negativos atributos del territorio haitiano , así como las agresiones que de él recibimos, y justificar, al mismo tiempo, la intervención de países civilizados como España, Francia, Inglaterra y Estados Unidos.

«Ese corrompido y falso sentimiento nacionalista – argumenta Franklin Franco - que traducía en el fondo un profundo prejuicio racial fue un arma verdaderamente eficaz para el desarrollo aquí del pensamiento colonialista de la oligarquía gobernante». (Franco, Franklin J. Santo Domingo: Cultura, política e ideología, 1979 : 90).

La propaganda antihaitiana utilizó la prensa y la literatura como medios eficaces y poderosos para difundir sus ideas. 

“Esta literatura antihaitiana - agrega Abelardo Vicioso- contribuyó a degradar la conciencia nacional, creando un prejuicio contra el pueblo vecino con profundas raíces en el dominicano, que aún resulta difícil arrancar”. (ídem, 169 :170).

 Importante es subrayar que la propaganda en contra del pueblo haitiano fue obra no sólo de los intelectuales más conservadores y reaccionarios de la época, sino también de prominentes miembros de la Sociedad Secreta La Trinitaria, entre los que se distinguen el poeta Félix María del Monte ( 1819 -1899 ) . A este trinitario se le atribuye haber compuesto el primer himno de guerra dominicano que nuestra historia literaria registra con el título de “Canción dominicana” o “Himno de la Independencia” (1844); pero más que un himno dominicano, la referida pieza, por su contenido, más bien puede considerarse como un canto antihaitiano y prohispánico a la vez, carente por completo de un genuino sentimiento dominicanita. Así queda  evidenciado en la primera estrofa del himno, en cuyo primer verso el autor llama españoles a los dominicanos:

 «Al arma, españoles!
 ¡Volad a la lid!
 ¡Tomad por divisa"!
 ¡Vencer o morir!»

 El antihaitianismo vigente  en las creaciones de Félix María del Monte se percibe con mayor vigor en los  versos que siguen, tomados de sus “Cantos dominicanos”, en los cuales el poeta y patriota describe así a los haitianos:

«Quien tiene lazos de unión,
 con esos diablos sañudos,
 que beben sangre y desnudos,
 en pacto con Belzebú,
 bailan su horrible vudú,
 y comen muchachos crudos».

 Todavía son muchos los dominicanos mantienen viva la creencia de que los haitianos son brujos, tienen pactos con el diablo y practican la antropofagia, esto es, comen niños; y todavía persiste la práctica de exhibir el sentimiento nacionalista del pueblo dominicano envuelto de manera exclusiva en el traje del antihaitianismo.

2.   El prejuicio racial antinegro en nuestros días. 

 «Negra Pulula, que bien,
 que planchas la ropa ajena.
 ¡Cuándo plancharás tu cara,
 mapa de penas!».

 (Manuel del Cabral).

 El sentimiento antihaitiano sustentado y propagado por los escritores de la Independencia fue desarrollándose paulatinamente hasta crear en el subconsciente de los dominicanos un fuerte prejuicio contra los haitianos o cualquier persona de piel negra.  Ese rechazo al negro, con mayor o menor intensidad, continúa vigente desde la época de la colonia no sólo en Santo Domingo, sino también en otros pueblos de América, como se revela en el popular poema “Angelitos negros” en el cual su autor, el poeta venezolano Andrés Eloy Blanco (1896 – 1955), eleva un canto de dolor y lamento ante el pintor que no incluye al negro en su obra de arte:

 «Pintor de santos y alcoba, 
pintor sin tierra en el pecho,
 que cuando pintas tus santos,
 no te acuerdas de tu pueblo,
 que cuando pintas tus vírgenes,
 pintas angelitos bellos,
 pero nunca te acordaste,
 de pintar un ángel negro.».

 La prueba más fehaciente de que en la República Dominicana  existe la negrofobia , podemos encontrarla en la literatura folklórica dominicana, la cual comprende un considerable número de expresiones, refranes, coplas, décimas y sentencias que aluden ofensiva y despectivamente a los distintos rasgos del negro.

 En la imaginación colectiva, el color negro se asocia al mal, al crimen, al infortunio y al mismo diablo. Carlos Esteban Deive, domínico - español versado en asuntos étnicos, apunta al respecto lo siguiente:

«La relación entre el diablo y el negro es antigua, y ya hemos señalado que aparece en la Edad Media. La imaginería religiosa medieval describe al diablo como un negro feo, de cuernos y cola» (Revista ¡Ahora! No. 706. 1977:34).

Cuando a alguien se le hace imposible materializar sus proyectos, de él o ella se afirma que tiene una suerte negra o un destino negro. Si se le presagia un porvenir negativo, comúnmente se le dice que su futuro es negro. Cuando una persona de piel negra comete un acto de travesura o reñido con las buenas costumbres, de inmediato se escucha la frase prejuiciada: «no puede negar que es prieto».

 En franca oposición al negro, el color blanco es para el común de los nacidos en tierra dominicana sinónimo de puro, luminoso, inocente e inmaculado. Las personas de nobles sentimientos tienen el corazón blanco, pero cuando sus ideas y actitudes son malsanas y perversas, entonces suele decirse que tienen el corazón negro. Si tiene la piel oscura y se ha distinguido por su buen proceder en bien de los demás, se dirá enseguida que es un negro con el corazón blanco. O también es común escuchar: «Ese solamente es prieto.., frase con la cual, en su sentido profundo, se estaría afirmando que todas sus cualidades son apreciables, y que su único defecto es ser negro. Y del hijo que en la familia se diferencia de los demás por sus travesuras o mala conducta, acto seguido se dirá que “es la oveja negra de la casa”

Podemos constatar en los juicios precedentes que el enfrentamiento entre blancos y negros, no es más que la viva expresión de la eterna y clásica lucha entre el bien y el mal. Los blancos representan el bien, y a los negros se les pinta como los genios del mal. Es el mismo choque de visión ideológica que se aprecia en “Yelidá” (1942), monumental poema de carácter étnico - social compuesto por el culto poeta tamborileño Tomás Hernández Franco. (1904 - 1952).

El poema nos presenta el enfrentamiento entre dioses blancos noruegos y dioses negros africanos. El tratamiento afectivo que en el texto se les da a ambos dioses, favorece siempre a los primeros en detrimento de los segundos. Los dioses blancos son inocentes, pacíficos e inofensivos y aparecen descritos con los más tiernos calificativos: Son dioses, “infantiles” y “viejecillos”, “dioses de algodón y de manzana” que “resbalan y juegan con las flores”.

 En cambio, los dioses negros aparecen como comedores de hombres, dictadores y venenosos; dioses rencorosos, rabiosos y estupradores, como Badagris que es capaz de violar «a todos los niños en el vientre de las madres dormidas». A la luz de esta descripción algunos críticos estiman que el poeta denigra a los dioses africanos al tiempo que reivindica a los blancos noruegos. A tono con este planteo, escribe José Alcántara Almánzar: “Del tratamiento que ambos grupos reciben se llega a la conclusión de que hay un velado racismo en “Yelidá” (Estudios de poesía dominicana, 1979:147).

3.   Fraseología antinegra dominicana.

 «Dórmiti mi nengre,
dórmiti ningrito,
caimito y merengue,
 merengue y caimito»

 (Emilio Ballagas)

 

La fraseología popular dominicana refleja el racismo estructural y el prejuicio hacia la piel oscura o a los rasgos afrodescendientes heredados desde la época colonial, y reforzados durante la dictadura de Rafael Trujillo. Estas manifestaciones lingüísticas suelen asociar de manera sistemática lo negro con lo feo, el peligro y la impureza, mientras que idealizan lo blanco y lo "indio" como sinónimo de progreso, pureza y belleza. Se trata de frases idiomáticas (modismos, locuciones, frases hechas, etc.) de recurrente uso en el habla dominicana, y que por trasmisión oral van pasando de una generación a otra. Frases que en su sentido profundo entrañan el prejuicio antinegro implícito o latente en el subconsciente de un elevado número de dominicanos. A modo de muestras, veamos solo algunas:


“El negro es comida de puercos”.
El prieto es prieto”.
El negro que no la hace a la entrada, la hace a la salida”.
“Me casaré con una rubia para mejorar la raza”
“¡Tenía que ser un negro...!”.
“El negro es como la guinea, que siempre tira para el monte”.
“El negro no es pará”.
“El negro no es gente”.
“No puede negar que es prieto”.
¿Negro en mi casa?… yo”.

Resulta importante destacar que hasta los órganos del cuerpo humano adquieren connotaciones o significados especiales dependiendo del color que tenga la persona que los posea. Así, mientras el blanco posee labios, el negro tiene bembes, chembas o bembas; el blanco tiene cuello, el negro cocote; los brazos del negro no son brazos, sino molleros; en su cabeza no hay pelos, sino motas o pimientas y sus pies no son más que ñames o patas.

 Por eso, con saña y sarcasmo, canta el versista popular:

 «El negro patas de arepa,
narices de berenjena…»

 Y por eso pegunta el bardo cantor al negro que parece molestarse cuando a sus labios los denominan “bembes”:

 «¿Po qué te pone tan bravo,
¿Cuando te dicen negro bembón…?»

 (PUBLICADO EN DIARIO LIBRE, 29/5/2026 )

 

 

 

EL PREJUICIO RACIAL ANTINEGRO EN LA REPÚBLICA DOMINICANA, VISTO A TRAVÉS DE LA LENGUA

 

El prejuicio racial antinegro en la República Dominicana visto a través de la lengua.
Por: Domingo Caba Ramos

 (Primera parte)

 LIMINAR

 Después que George Floyd, el afroestaunidense de 46 años que en los Estados Unidos falleció (25/5/2020), asfixiado por un blanco oficial policial, Derek Chauvin, y cuya brutal acción desencadenó mundiales y masivas protestas, una pregunta de inmediato saltó de nuevo a mi oído: ¿solo en este país y en Europa existe el prejuicio racial contra el negro? Léase bien , hablo de prejuicio racial antinegro, no de prejuicio antihiatiano; pues en la República Dominicana no se puede hablar primero de estos prejuicios  sin que de inmediato lo asocie al segundo.

En términos de la vigencia de la negrofobia  , más de una investigación social ha revelado que en Latinoamérica, adonde por  imperar el mulataje, los nativos de esta zona  llevan “el negro tras de la oreja”, paradójicamente es notoria la presencia de sesgos racistas que no siempre de manifiestan, agrego yo, en forma explícita.  Entre esos países hay que incluir, necesariamente, a la República Dominicana, mulato territorio en el que a pesar de que sus nativos son de piel mayoritariamente negra, una cantidad considerable de estos, sin embargo, como afirmara Sócrates Nolasco, siempre se han considerado “mentalmente blancos”.

Y es por esa razón que en el subconsciente del criollo dominicano late un prejuicio racial (prejuicio implícito) que en cualquier momento se expresa o patentiza a través de las más diversas formas de expresión lingüística, tales como adivinanzas, frases hechas, comentarios, refranes, etc.; pero sobre todo , mediante las más variadas formas del verso popular. Esta realidad lingüística origina una especie de dicotomía entre hechos y palabras, por cuanto el mismo sujeto que alega no ser racista ni estar racialmente prejuiciado, cuando habla o se expresa, ese prejuicio (implícito), arraigado en lo más profundo de su inconsciente brota con toda su fuerza.

 Así lo expuse en un extenso ensayo publicado en la prensa nacional entre los días 25 de mayo y 5 de junio 1990, como aporte al debate intelectual que se suscitó en el país ante la agresiva campaña racista que sectores políticos desarrollaron para descalificar y frenar las aspiraciones presidenciales del Dr. José Francisco Peña Gómez, cuyas expectativas de triunfo lucían cada vez bastante altas.  Como resultado de semejante campaña, el presidente de entonces, Joaquín Balaguer, llegó al extremo de ordenar que en todas las estaciones de radio, a las 12 m., se interpretaran las notas del Himno Nacional, supuestamente con el fin de despertar o encender el sentimiento nacionalista del pueblo dominicano.

¿Existe el prejuicio racial en la República Dominicana?, se convirtió en la pregunta centro del debate intelectual que a través de los medios de comunicación en ese momento se desarrolló en ese momento. Unos contestaban negativamente, otros, entre los que me encontraba, de manera afirmativa. Mi posición teórica, de indiscutible sustrato sicológico, la justificaba estableciendo que dicho prejuicio sí existe en nuestro país, pero como al parecer este yace arraigado en el subconsciente de los dominicanos (prejuicio implícito), podría originarse la falsa sensación de que no existe. Y que los mismos que niegan su existencia, en ocasiones, y también de manera inconsciente, lo sacan a flote cuando se expresan, tanto en forma oral como escrita.

Por considerarlo de interés, me permito compartir de nuevo el contenido del prealudido  ensayo, el cual esta vez se publica con el título modificado para que en la conciencia del lector quede claro que no se trata de un estudio acerca del antihiatianismo o prejuicio antihaitiano, sino del prejuicio racial antinegro en general. Como este, históricamente, ha estado indisolublemente asociado al antihaitianismo, debido, entre otros factores, al alto grado de tirantez que durante siglos  ha primado en las relaciones políticas entre las dos naciones que conforman la isla de Santo Domingo, y como  merced a ese vínculo parece  imposible abordar el primer tema al margen del segundo, son muchos los que en el plano conceptual, vale reiterarlo, se confunden y erróneamente  entienden que hablar acerca del prejuicio racial contra el negro es lo mismo que referirse al sentimiento antihaitiano.

Si bien uno y otro concepto, como ya se estableció, están profundamente interconectados y obran juntos en el contexto del Caribe, en su sentido profundo acusan notables diferencias. Mientras el prejuicio antihaitiano implica el rechazo del pueblo haitiano y sus manifestaciones culturales, la negrofobia se enfoca en el rechazo al color de la piel negra y los rasgos africanos. Se trata, el antinegrismo, de una forma de racismo global basado en el color de piel y la ascendencia africana. El antihiatianismo, más que racial, es un prejuicio  de tipo histórico, político y cultural enfocado de manera específica contra el haitiano y lo haitiano.

El prejuicio racial antinegro en la República Dominicana, visto a través de la lengua.

1

«Cuando el negro fue colocado por el colonizador en el lugar más bajo de la escala social, los prejuicios de clases que contra él se abatieron fueron fácilmente desdoblados en prejuicios raciales». 

(Hugo Tolentino Dipp).

Según el punto de vista de historiadores, sociólogos y antropólogos dominicanos, el prejuicio racial en Santo Domingo aparece en el mismo momento en que los españoles introdujeron los negros africanos en el gobierno de Nicolás de Ovando (1502 - 1509) en condición de esclavos, para reemplazar la fuerza de trabajo indígena que para esa época estaba a punto de desaparecer. La esclavitud en la Isla Española se implantó, para ser más preciso, en el año 1505. Así lo consigna Carlos Larrazábal Blanco en su libro “Los negros y la esclavitud en Santo Domingo”, al afirmar que:

«Sin embargo en 1505, muerta la reina Isabel, una embarcación arribó a la ciudad de Santo Domingo con diecisiete esclavos negros que se dedicarían al trabajo de las minas de cobre recién descubiertas. Ovando aceptó el hecho cumplido, y conociendo mejor las necesidades e intereses de la colonia resolvió pedir más esclavos con lo que dejó establecida de una manera definitiva, desde el punto de vista oficial, el sistema de la esclavitud en la Isla». (1975, pág. 13).

 Como consecuencia de la esclavitud, el esclavo pasó a ocupar el lugar más bajo en la escala social. Ser esclavo era signo de inferioridad. Como el negro era esclavo, el negro era inferior a las demás personas. Esta idea aún la conserva el pueblo dominicano como herencia histórica de la época de la colonia, alimentada, naturalmente, por la clase dominante.

 La presencia del negro africano unida a la del indio nativo y al conquistador español es lo que va a conformar nuestra identidad nacional y definir los rasgos étnicos y culturales de nuestro territorio. Tan pronto los negros esclavos arriban a la isla se relacionan carnalmente con los amos o conquistadores y se produce así el tipo racial denominado mulato, que es la mezcla del blanco con el negro. Otras categorías raciales existentes en Santo Domingo y demás pueblos del continente americano son el mestizo, producto de la unión de indio y blanco y grifo que la mezcla de indio y negro.

Nosotros, los americanos, y como parte de estos, los dominicanos, somos mestizos, grifos o mulatos. Esto queda reforzado con la siguiente cita: 

«De ahí que el verdadero substrato de nuestra sociedad, en términos etnológicos, fuera y sigue siéndolo afrohispánico» (Balcácer, Juan Daniel. Revista ¡Ahora! No. 695. 1977, pág. 25).

 Podría pensarse y hasta afirmarse que en virtud de nuestra composición afrohispánica, los dominicanos no somos racistas. Pero en realidad no sucede así. El prejuicio antinegro, fundamentalmente implícito, siempre ha estado vigente en la República Dominicana, y tan acentuado está el prejuicio racial en el subconsciente de los dominicanos, que hasta las personas de piel oscura rechazan o discriminan al negro. O, lo que es lo mismo, tienden a autodiscriminarse. En torno a este juicio, Sócrates Nolasco llegó a decir que “el negro dominicano es mentalmente blanco”. (Citado por Bruno Rosario Candelier en “Lo popular y lo culto en la poesía dominicana, 1977, pág. 272).

Mientras que para el brillante declamador e intérprete de la poesía negroide, Carlos Lebrón Saviñón, “el primer discriminador del negro es el propio negro”. Es como si al percibir la oscuridad de su piel, en su rostro se dibujara el dolor que ese hecho le produce. Por eso canta el poeta:

 «Negra Pulula, que bien,
 que planchas la ropa ajena,
 ¡Cuándo plancharás tu cara,
 mapa de penas!»

Nuestro sueño dorado es llegar a ser blancos y con semejante actitud, mostramos un profundo desconocimiento o no resistimos a reconocer las verdaderas raíces biológicas y culturales que nos dieron origen. Ya lo dijo poéticamente nuestro gran cantor popular, Juan Antonio Alix:

 «Todo aquel que es blanco fino,
 jamás se fija en blancura,
 y el que no es de sangre pura,
 por ser blanco pierde el tino...»

Es bien sabido que el otrora Generalísimo y dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, autor de la horrible masacre de más de quince mil haitianos ejecutada en 1937, y entre cuyos abuelos se registran el capitán español José Trujillo Monagas y la haitiana Luisa Erciná Chevalier, revivió el culto a lo hispano, bastante resquebrajado a partir de la derrota de las fuerzas anexionistas españolas (1863 - 65), y lo utilizó como uno de los instrumentos o rasgos ideológicos sustentadores de su esquema de dominación política.

«La exaltación de los valores hispánicos - apunta el afamado sociólogo e historiador Franklin Franco - fue una herencia recogida con toda fidelidad por el sistema ideológico del trujillato. Incluso desde el punto de vista personal, Trujillo intentó buscar su ascendencia hispánica, al tiempo que mantenía permanentemente una intensa campaña propagandística dirigida a mostrar al pueblo la unidad cultural entre la República y su vieja metrópolis» (Historia de las ideas políticas en la República Dominicana, págs. 121 - 122)

No es extraño, pues, que uno de los más cercanos colaboradores del tirano, el doctor Joaquín Balaguer, se expresara en parecidos términos al afirmar que «Santo Domingo es el pueblo más español de América» (La Isla al Revés, 1983, p.. 63).

 Entiende este autor, quien extrañamente niega la existencia del prejuicio racial en la República Dominicana, que «nuestro origen racial y nuestra tradición de pueblo hispánico, no nos deben impedir reconocer que la nacionalidad se halla en peligro de desintegrarse si no se emplean remedios drásticos contra la amenaza que se deriva para ella de la vecindad del pueblo haitiano», que «el contacto con el negro ha contribuido, sin ningún género de dudas, a relajar nuestras costumbres públicas» (p. 45), que «una gran parte de los negros que emigran a Santo Domingo (p. 49) son seres tarados por lacras físicas deprimentes», transmisores de «las enfermedades más repugnantes», así como los verdaderos causantes «de la corrupción de nuestras costumbres patriarcales» (p. 50).

 Y no es extraño que el mismo autor justificara la espantosa matanza de haitianos llevada a cabo por Trujillo argumentando que: 
«La República, para poder subsistir como nación española, necesita afianzar las diferencias somáticas que la separan de Haití...» (La realidad dominicana, 1947 :115)

Trujillo, que no desperdició recurso alguno para demostrar al país y al mundo que por sus venas no corría sangre africana, sino exclusivamente española, jamás hizo alusión, ni mucho menos sus fieles acólitos, a las raíces haitianas que sirvieron de punto de apoyo a su árbol genealógico. Mucha razón tuvo al respecto el ya mencionado “Cantor del Yaque”, cuando en la segunda mitad del pasado siglo condenó semejante comportamiento en una de sus más famosas y conocidas décimas:

 «El blanco que tuvo abuela,
 tan prieta como el carbón,
 nunca de ella hace mención,
 aunque le peguen candela. 
Y a la tía Doña Habichuela,
 como que era blanca vieja,
 de mentarla nunca deja,
 para dar a comprender,
 que nunca puede tener,
 el negro tras de la oreja».

(PUBLICADO EN DIARIO LIBRE, 22/5/2026)

NO SOLO A NINÍ CÁFARO, SEÑOR PRESIDENTE


(A propósito de las pensiones especiales)
Por: Domingo Caba Ramos

 Es cierto, señor presidente. Niní Cáffaro es una gloria del arte popular dominicano, y por esa razón merece la pensión especial de RD$160,000 que hace seis años usted le concedió mediante decreto No. 398-20.

 Es cierto, señor presidente. Erasmo Alfonso Cáffaro Durán (Niní), por su dilatada y límpida trayectoria artística es merecedor de cuantos reconocimientos y beneficios le puedan ser concedidos.

 Pero también es cierto, señor presidente, que miles de exservidores públicos, hoy se encuentran en sus hogares rumiando su vejez y su miseria con un salario mensual que ni siquiera para comprar aspirinas les alcanza.

 En tal virtud, señor presidente, es posible que usted ignore que en   el sector educativo, por ejemplo, miles de maestros (más de 21,000) jubilados antes del 2008, que también son glorias del magisterio nacional y que permanecieron laborando durante treinta o más años, están jubilados con un salario de miseria equivalente a RD$30,000 mensuales brutos.

 Sí, señor presidente, maestros que de manera no tan sonora y pública como Niní, también supieron poner en alto en buen nombre de la patria, de sus familias y de sus comunidades, encendiendo la antorcha del saber y combatiendo las sombras de la ignorancia.

 Maestros que supieron desafiar los rigores del frío y del calor que casi se corta en angostas aulas repletas de hasta cincuenta estudiantes, así como las malas crianzas o desajustes conductuales de los hijos de unas familias posmodernas cada vez más disfuncionales, cada vez más carentes de valores y principios.

 Mientras esos maestros pensionados y jubilados antes del 2008 (los jubilados después de este año gozan de un estatus más privilegiado) además de conformarse con los míseros RD$30,000 brutos ya señalados, también tienen que sufrir el dolor que provoca ver a alguien que nunca laboró en el sector oficial recibir una pensión especial que en muchos casos quintuplica el monto recibido por quienes como ellos tuvieron que «guayar la yuca» trabajando en la administración estatal.  Pensiones que posiblemente los solidariamente pensionados no las necesiten.

 Duele, señor presidente, recibir solo RD$30,000 mensuales por concepto de pensión legal, al mismo tiempo que tiene que leer decretos firmados por Danilo Medina mediante los cuales se les conceden pensiones especiales de RD$75,000 y RD$96,0000 a un fenecido periodista de farándula (2014) y a la viuda de un famoso compositor y cantante dominicano (2020), respectivamente.

 Duele, señor presidente, a un maestro pensionado o jubilado recibí mensualmente la suma de RD$30,000 o menos, cuando en cualquier momento resulta impactado negativamente por la lectura de decretos firmados por usted en el año 2021, a través de los cuales se otorgan pensiones solidarias a la merenguera Ferita la Grande (RD$70,000), a la viuda de Johnny Ventura (RD$75,000) y a Rafael Bello Andino,     ex  secretario particular de Joaquín Balaguer (RD$150,000).

 ¿Necesitaban o necesitan esos ciudadanos ese dinero para resolver sus necesidades básicas? ¿Cuál el propósito fundamental del presidente de turno al otorgar una pensión especial, resolver un problema económico o congraciarse con un dominicano famoso? Para nuestros gobernantes. ¿tiene más importancia el pensionado especial que el pensionado legal o el que tan valiosos servicios le brindó al Estado dominicano?

 Pero el dolor se torna aun más intenso, señor presidente Abinader, cuando esos maestros pensionados que ganan RD$30,000 o menos observan a la retahíla o miles de tránsfugas exdirigentes del PLD a quienes durante el pasado reciente usted les concedió mediante decretos licencias especiales de entre RD$50 y RD$75,000 para lograr que pasaran a militar en el PRM o en Justicia Social. ¿Qué significa eso? Sencillamente que el transfuguismo se está financiando con unos fondos que bien pudieron ser utilizados para mejorar el pírrico salario que reciben los profesores pensionados o jubilados antes del año 2008.

 Señor presidente, nada produce más ronchas y disgustos en las conciencias colectivas que la falta de equidad entre sus ciudadanos. En esa falta de equidad o de igualdad han incurrido, desgraciadamente, todos los presidentes que han dirigido los destinos de la República Dominicana desde 1996 hasta la fecha. Y en los períodos de gobiernos adonde impera la inequidad, necesariamente reina la burla, la mentira, el irrespeto, la molestia, la insensibilidad, la falta de empatía y, por consiguiente, la desesperanza y falta de confianza del pueblo en la palabra y acciones de sus gobernantes,

 (PUBLICADO EN DIARIO LIBRE, 15/5/2026)

LA MARCHA DE LOS PENDEJOS DOMINICANOS


Por: Domingo Caba Ramos
« Pendejo, ja. Referido a persona: boba, falta de entendimiento, simple…»

 (Diccionario del español dominicano)

 En la Venezuela pre - Chávez, sacudida por la corrupción en todos los órdenes, uno de sus más brillantes hijos, el escritor Arturo Uslar Pietri (1906 – 2001), convocó a una marcha nacional de todos los pendejos. Fue como si el izquierdoso, reivindicativo y famoso grito « ¡Proletarios del mundo uníos!», se trocara de repente por ¡Pendejos del mundo uníos!

 Pienso que igual llamado es necesario hacerlo en la República Dominicana, país en donde bien podríamos hablar de la existencia de dos clases sociales antagónicas no identificadas aún por los cientistas sociales: los pendejos y los “otros”

 ¿Y quiénes son los pendejos?

 « Los pendejos – apunta el narrador, ensayista y filólogo, Andrés L Mateo – son, históricamente, quienes nunca se han aprovechado de la riqueza pública. Son seres de buena fe descendidos de otro universo que alimentaron la manía sacrosanta de recordar el catecismo cuando las briznas de la tentación les nublaron el pensamiento. Los pendejos tienen desplegada la curvatura de la ingenuidad, y el brillo de las pompas de los políticos de turno les hace creer que ellos tienen la esbeltez resistente de los privilegiados, que se enriquecen mágicamente desde los cargos públicos y siguen siendo honorables…» (Al filo de la dominicanidad, p.65, 1996)

Los pendejos – amplío yo – son la mayoría: los marginados, los sufridos, los olvidados y sacrificados.  Los que todavía creen que se existen principios éticos y morales que norman la conducta humana. Los que para «los otros» solo importan o merecen ser recordarlos durante los procesos electorales.

 Pendejos son los que pagan impuestos, luz, agua y demás servicios públicos. Pendejos son los románticos, los confiados, los que creen ciegamente, aplauden y vibran de emoción al escuchar las promesas casi divinas emanadas de las bocas “sacrosantas” del mesiánico líder que se eleva en la tribuna.

 Pendejos son los que después de cuatro o cinco años años de estudio en la universidad, si es que encuentran trabajo, tienen que conformarse con pírricos salarios, mientras el “compañerito” del partido, a veces sin trabajar y con muy bajo nivel de instrucción, recibe privilegiadas compensaciones.

 Pendejos son los que llegan pobres a un cargo público, y pobres salen de este. Los que por fanatismos políticos son capaces de quebrantar la armonía familiar, «echándose de enemigos» a hermanos, padres, parientes y relacionados.

 Pendejos, en fin, son los que en cada proceso electoral, cada cuatro años, se levantan bien temprano, interesado en ser los primeros en depositar el voto redentor.

 ¿Y los “otros”, quiénes son?

 Sencillamente, la minoría: los privilegiados, los que se encaraman en el abatimiento, la marginalidad y maltratado lomo de los pendejos para ascender al cielo del progreso y la prosperidad. Los “otros” son los que llegan en chancletas y bicicletas a los puestos y salen de estos en yipetas. Los que ya en el cargo evaden el contacto telefónico con las mismas personas que durante la campaña electoral se comunicaban con una facilidad asombrosa

 Los “otros” son los que un día organizan largas filas para regalar funditas, “juguetes y bicicletas” a las mismas familias que durante el resto del año, por faltas de recursos, no pueden alimentarse, vestir, enfrentar sus problemas de salud ni satisfacer sus problemas materiales de existencia.  Los que besan, saludan, abrazan y sonríe con rostros de seres sencillos cuando desesperados andan detrás del voto archiapetecido.

 Los “otros” son los oportunistas, los tránsfugas y los arribistas que en cada militancia solo persiguen beneficios personales. Los que se presentan como ángeles y critican en la oposición lo mismo que hicieron o dejaron de hacer cuando estaban en el poder. Los que tratan de embullar   a las masas o crear en sus mentes realidades encantadas con frases tales como “Todavía falta mucho por hacer…”, “E’pa lante que vamos…”, “Ni injusticias ni privilegios…”, “A todos los llevo en el corazón…”, etc.

 Los otros, en fin, son los que te besan en campaña, pero te ignoran cuando asumen el poder.  Los que se aprovechan de la naturaleza ingenua de los pendejos para construir poderes, privilegios y fortunas. Los   que piensan que los pendejos son más pendejos de la cuenta, vale decir, los que entienden que los pendejos no piensan o carecen por completo de memoria, dignidad  e inteligencia.

 (PUBLICADO EN DIARIO LIBRE, 8/5/2026)

 

 

 

 

«V DE VACA» Y «B DE BURRO»


Por : Domingo Caba Ramos

Las letras como las personas tienen sus nombres: "elle" (ll), "ye" (y), "ene" (n), "erre" (rr), "hache" (h), "efe" (f), "ka "(k), etc.). Y así como en el género humano el nombre sirve para distinguir a una persona de otra, en el abecedario, los nombres de los signos gráficos (letras) que lo conforman permiten diferenciar un signo de otro. Es el caso de las grafías "b" y "v".

Aunque fonéticamente se pronuncian de la misma forma, una y otra acusan notables diferencias, no sólo ortográficas, sino también nominales. La primera se llama be (denominación recomendable). En América la llaman "be alta" y "be larga". La segunda se denomina "uve" (recomendable), pero los hablantes hispanoamericanos suelen llamarla indistintamente "ve corta", "ve baja" y "ve chica" 

En la República Dominicana, como resultado, tal vez, de una distorsión en la enseñanza de la lengua española, o de un falso concepto aprendido en la escuela antigua, esa distinción se establece de manera un tanto zoológica o "con pintoresca nomenclatura", llamándole "be de burro" a la "b" y "ve de vaca" a la "v". 

Se trata del mismo error en que se incurre cuando se habla de "c" (ce) de casa y "k" (ka) de kilómetro". Es como si se quisiera dejar establecido que aparte de las empleadas para escribir las palabras burro y vaca, existen en nuestro idioma otros tipos de bes. 

Conviene aclarar que las letras "b" y "v" representan el mismo fonema /b/ en todos los países de habla española: el sonido consonántico bilabial sonoro /b/, esto es, no existe, como erróneamente se cree y ha enseñado, diferencia alguna en la pronunciación de "b" y "v".

 Como bien lo establece al respecto don Manuel Seco en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española

«La pronunciación de v es en español idéntica a la de b. Las dos letras corresponden a un mismo fonema, /b/; se pronuncian igual, por tanto, cabo y cavo; vaca y baca; sabia y savia; /tubo y tuvo. Pretender pronunciar v con articulación labiodental es un error de algunos locutores y profesores que se pasan de correctos...» (1986:371).

Es lo que sucede igualmente con la z y la c que precede a las vocales ei. En el español de América y algunos puntos del sur de España, como Canarias y parte de Andalucía, tales consonantes se pronuncian como /s/ (seseo); aunque sus grafías sean distintas. Entre estas debe establecerse solo distinción ortográfica, no fonética.

En otras palabras, la articulación labiodental de la "v" jamás ha existido en español y mucho menos en el español dominicano. Cuando así ocurre, se trata de un desacertado prurito de corrección basado también en erróneas recomendaciones de la escuela antigua.

 (PUBLICADO EN DIARIO LIBRE, 1/5/2026)


LENGUA, COMUNICACIÓN E INFORME DEL TIEMPO


Por : Domingo Caba Ramos

El informe del tiempo que, a través de boletines emitidos periódicamente, ofrece al país el Instituto Dominicano de Meteorología (INDOMET) tiene como propósito fundamental ofrecer información científica y actualizada acerca de las condiciones atmosféricas, presentes y futuras, para proteger vidas y bienes, así como facilitar la planificación de cuantas actividades redunden en bien de la seguridad ciudadana.

Debido a las variables científicas con las que ducho organismo ejerce su labor de análisis, pronóstico y monitoreo, es obvio que cada reporte meteorológico suele presentarse pletórico de voces técnicas que al común de los hablantes se le haría muy difícil descodificar o desentrañar su sentido profundo. Es como si el técnico perfil del oficio obliga el uso de tales voces e impide el empleo de aquellas más cercanas a la lengua popular.

Merced a lo previamente expuesto, valdría preguntarse: ¿qué entenderán ese hombre y esa mujer que residen al lado de un río o una cañada cuando leen o escuchan que en el informe del tiempo de fecha 23/4/2026 se les dice que:

a)      «El sistema frontal permanece casi-estacionario al norte del territorio nacional, interactuando con los efectos del viento del este/noreste, favoreciendo las concentraciones nubosas generadoras de aguaceros moderados a fuertes»

  «Para mañana viernesremanentes nubosos en varios del sistema frontal y una vaguada niveles de la troposfera, junto a los efectos locales y el viento de componente sur…»

   «El sábadola vaguada en altura y los efectos orográficos y el calentamiento diurno, volverán a generar parches nubosos generadores de aguaceros moderados a fuertes, tormentas eléctricas y ráfagas de viento y posibles granizadas…»

 Para el viernes, una vaguada en altura se estará acercando al país, reforzando las condiciones de inestabilidad.

 En otro informe anterior se habla de que «desde tempranas horas de este martes se han registrado precipitaciones dispersas…»

 Si cada informe del tiempo entraña fines preventivos, lógico parece pensar que el estilo de lengua que se emplee en la comunicación que sustenta esa prevención debe ser lo suficientemente transparente, de manera que el mensaje trasmitido, en medio del desastre, resulte debidamente interpretado por todos los miembros de la comunidad afectada por dicha situación calamitosa; pues reitero que ni siquiera me imagino lo que pensarían los miembros de esa familia que moran a las riberas de ríos y cañadas cuando lean en la prensa o escuchen a la muy dinámica presidenta  del Instituto Dominicano de Meteorología (INDOMET), Ing. Gloria Ceballos,  hablar de «precipitaciones  dispersas…», «parches nubosos», «vaguada de altura…», «remanentes nubosos…», «sistema frontal estacionario…», « vaguadas  niveles de la troposfera…», «efectos orográficos...» , «calentamiento diurno…», entre otras construcciones léxicas..

(PUBLICADO EN DIARIO LIBRE, 24/4/2026)

DEL «PASO HONDO» DE «DOS PESOS DE AGUA» A SANTO DOMINGO Y EL CIBAO


 Por: Domingo Caba Ramos

  «En Paso Hondo, por los secos cauces de los arroyos y los ríos, empezaba a rodar agua sucia; todavía era escasa y se estancaba en las piedras. De las lomas bajaba roja, cargada de barro; de los cielos descendía pesada y rauda. El techo de yaguas se desmigajaba con los golpes múltiples del aguacero» 

 (Del cuento “Dos pesos de agua”, de Juan Bosch)


Hace más de dos semanas que la lluvia no ha parado de caer en la República Dominicana. Como reza la frase popular: ¡Llueve a cántaros! Y es tanta la lluvia caída, que por momentos he pensado que la vieja Remigia, de “Paso Hondo”, se “mudó” a esta nación, y de nuevo les prendió, para que lloviera, velas a las ánimas del purgatorio

La historia de la vieja Remigia y Paso Hondo parece repetirse en cada rincón del país; pero muy particularmente en el Cibao Central, Santo Domingo y Puerto Plata.

 Paso Hondo es el ambiente imaginario adonde se desarrolla el hecho (una sequía) que magistralmente relata Juan Bosch en uno de sus cuentos capitales: “Dos pesos de agua”, incluido en el volumen Cuentos escritos antes del exilio (1982)

 En términos generales el cuento  nos relata la historia de Remigia, la vieja campesina y el extremo optimismo o fe inquebrantable de esta ante los peores desastres que la furia de la naturaleza  pueda producir. Y el argumento es bastante sencillo:

 Paso Hondo, lugar donde reside la vieja Remigia, es afectado por una gran sequía que genera la desesperación y la emigración en masa de los residentes de este lugar. La tragedia natural no solo afecta a la anciana campesina, sino también a sus vecinos, quienes forzados por las circunstancias deciden abandonar sus tierras y salir en busca de mejores condiciones de vida.

Al decir de los lugareños, la sequía, cual castigo divino, se presentó en el momento en que menos se esperaba:

« Todo iba bien. Pero sin saberse cuándo ni cómo se presentó aquella sequía. Pasó un mes sin llover, pasaron dos, pasaron tres. Los hombres que cruzaban por delante de su bohío la saludaban diciendo:

 - Tiempo bravo, Remigia

 Ella aprobaba en silencio. Acaso comentaba: 

- Prendiendo velas a las ánimas pasa esto»
(1982: 19)

Fue así como poco a poco, la angustia fue aposentándose en el cerebro de todos los residentes de Paso Hondo:

« Comenzó la desesperación. La gente estaba ya transida y la propia tierra quemaba como si despidiera llamas. Todos los arroyos cercanos habían desaparecidos; toda la vegetación de la loma había sido quemada…» (p. 20)

 Antes de abandonar el lugar, los vecinos de la vieja pasaban a despedirse de ella y a externar el último lamento:

«-Yo no aguanto, Remigia; a este lugar le han echado mal de ojo...» (p.21)

Todos se marchan, menos Remigia, la cual se queda, confiando en que las ánimas del purgatorio, a las cuales ella ha estado prendiendo velas, un día se compadecerán de Paso Hondo y mandarán la lluvia. Y a todos, la vieja les regalaba monedas para  que compraran velas y se las prendieran a las ánimas del purgatorio :


«-Tenga; préndamele esto de velas a las ánimas en mi nombre... » (p.21)

«La vieja Remigia se resistía a salir. Algún día caería el agua; alguna tarde se cargaría el cielo de nubes; alguna noche rompería el canto del aguacero sobre el ardido techo de yaguas…» (p.18)

Después  que sus insistentes pedidos habían sido ignorados, las ánimas descubren que Remigia ha gastado dos pesos en velas, un monto considerado por ella bastante alto. Es entonces cuando de inmediato comienzan a dar respuestas a sus oraciones, enviando la tan esperada lluvia y causando, inconscientemente, una segunda tragedia: la inundación que destruye a Paso Hondo y  se lleva consigo a doña Remigia.

«Rauda, pesada, cantando broncas canciones, la lluvia llegó hasta el camino real, resonó en el techo de yaguas, saltó el bohío, empezó a caer en el conuco. Sintiéndose arder, Remigia corrió a la puerta del patio y vio descender, apretados, los hilos gruesos del agua; vio la tierra adormecerse y despedir un vaho espeso. Se tiró afuera, rabiosa» (p.26)

 En paso Hondo, como presa desbordada, las nubes no cesaban de enviar agua a la tierra: 

«Pasó una semana; pasaron diez días, quince... Zumbaba el aguacero sin una hora de tregua…. Los ríos, los caños de agua y hasta las lagunas se adueñaban del mundo, borraban los caminos, se metían lentamente entre los conucos» (p.27)

 
Por esa razón, como sucede hoy en diferentes zonas del país«… El agua sucia entró por los quicios y empezó a esparcirse en el suelo. Bravo era el viento en la distancia, y a ratos parecía arrancar árboles. Remigia abrió la puerta. Un relámpago lejano alumbró el sitio de Paso Hondo. ¡Agua y agua! Agua aquí, allá, más lejos, entre los troncos escasos, en los lugares pelados. Debía descender de las lomas y en el camino real se formaba un río torrentoso.» (p.27)

 Remigia, que fue capaz de soportar estoicamente los embates de la primera tragedia (sequía) sucumbió ante la furia de la segunda (inundación):

«Cuando sintió el bohío torcerse por la tormenta, Remigia desistió de esperar y levantó al nieto. Se lo pegó al pecho; lo apretó, febril; luchó con el agua que le impedía caminar; empujó, como pudo, la puerta y se echó afuera. A la cintura llevaba el agua; y caminaba, caminaba. No sabía adónde iba. El terrible viento le destrenzaba el cabello, los relámpagos verdeaban en la distancia. El agua crecía, crecía. Levantó más al nieto. Después tropezó y tornó a pararse. Seguía sujetando al nieto y gritando: - ¡Virgen Santísima, Virgen Santísima!» (p. 18)

En tanto las ánimas, allá en el cielo, gritaban enloquecidas, como enloquecidas parece que también gritando en estos momentos :

 «- ¡Ya va medio peso de agua! ¡Ya va medio peso de agua!» (p. 29)

«-¡Todavía falta; todavía falta! ¡Son dos pesos, dos pesos de agua! ¡Son dos pesos de agua!» (p. 30

 (PUBLICADO EN DIARIO LIBRE, 17/4/2026)