domingo, 30 de agosto de 2026

A MI AMIGO VÍCTOR MATTA


(In Memoriam)

Por: Domingo Caba Ramos


Yo sabía que alguna vez había escrito estas notas en FACEBOOK; pero no recordaba en qué fecha. Después de intensa búsqueda encontré el texto y descubrí que lo publiqué en dicha red el 21 de julio del 2022, cinco meses después que nos vimos por última vez en Haverstraw, NY, en el acto en que, junto a otros dominicanos, fui reconocido por las autoridades de este municipio neoyorquino y el Quisqueya Sport Club. Al verme, con su acostumbrada deferencia hacia mí, me dio un fuerte abrazo y no pudo esconder su emoción. Igual de alegre me sentí al estrechar sus manos. De nuevo comparto el texto, el cual años después de publicado, Víctor me escribió para decirme que lo utilizaría como prólogo de su libro ¡HE DICHO! Y lo comparto de nuevo como homenaje póstumo a ese gran amigo, al cual la muerte, traicionera como siempre, lo asedió sin parar hasta excluirlo para siempre del mundo de los vivos.

 Santiago, R.D
30 de agosto del 20226

 VÍCTOR MATTA: EL CRONISTA DE LA CULTURA DE SANTIAGO

 Hacía tiempo que no lo veía; pero agraciada y sorpresivamente me encontré con él en los Estados Unidos, en el acto en que fui reconocido, en febrero recién pasado, por las autoridades del Town (municipio) de Haverstraw y el Quisqueya Spots Club de este pueblo del condado de Rockland, del Estado de N.Y. Fue para mí más que un placer estrechar sus manos, pues siempre le he tenido mucho aprecio y respeto, el mismo respeto, distinción y trato exquisito que él también me ha brindado.

 En el ejercicio de su oficio periodístico, admiro su sensibilidad lingüística y el especial cuidado que pone cuando usa la lengua, tanto en su expresión oral como escrita.

 Allí, en Haverstraw, lo vi con su inseparable cámara al hombro. Esa cámara que, con ella al cinto, ya era una costumbre verlo desplazándose de un centro cultural a otro de la Ciudad Corazón, plasmando en el lente de su eterna compañera cada una de las actividades que en esos centros se realizaban. De esa manera se convirtió, durante muchos años, en el verdadero cronista de la cultura de Santiago, el único cronista cultural que ha tenido esta urbe en los últimos años.

 Lo perdimos en el mismo momento en que compró un vuelo, se montó en un avión y se estableció en la ya mencionada villa (Haverstraw). Aquí ha tenido que enfrentar la crisis generadora de su delicado estado de salud. Un irregular estado, cuya normalidad todos esperamos recupere de manera definitiva, pues los seres nobles y productivos no pueden estar postrados sin límites de tiempo en el espacio siempre indeseado de un lecho de enfermo.

 Para el periodista y fraterno amigo, Víctor Matta, abrazos, mi reconocimiento y mis saludos siempre afectuosos le envío desde aquí, su adorado nicho santiaguero. Y para imitar su peculiar forma de ponerle fin a sus comentarios en esta red social, a él, por ahora, no tengo más que decirle: ¡HE DICHO…!

 Santiago de los Caballeros
22 de julio del 2022.

 

EL ESPAÑOL DE LAS REDES SOCIALES


Por : Domingo Caba Ramos

Ciertamente debemos admitir que las redes sociales lo han cambiado o transformado todo, muy especialmente las normas de convivencia y los patrones comunicativos. Y en ese proceso evolutivo, la lengua, una de cuyas características es su naturaleza cambiante, no podía quedar al margen. Tanto ha sido la influencia que en la construcción de nuevos hábitos lingüísticos ha ejercido la tecnología y las redes sociales en el uso de la lengua que hoy bien podríamos decir que estamos al frente de una “nueva lengua española”.  Ese cambio lingüístico se pone de manifiesto, fundamentalmente, en el plano ortográfico y lexicosemántico.

Así vemos cómo en el español dominicanos, nuevas voces surgen cada día y nuevos significados se les atribuyen a vocablos ya establecidos. Muy especialmente en el llamado sociolecto de la juventud. Pero no solo eso. Aparte de las innovaciones en la estructura lexicosemántica de las palabras, en el dialecto dominicano nos encontramos igualmente con nuevas formas de escribir que en nada cumplen con lo establecido al respecto por la norma gramatical.

De ahí que, como ya hace varios años sucedió y comenté, no me sorprendió el que una estudiante, en la universidad adonde laboro, de la manera más normal o natural, se atrevió a escribir y enviarme la siguiente nota - excusa:

«Apreciado profesor: le escribo para informarle que hoy no podré asistir a la “uni” ni a su clase de lengua española como 100pre  xq  cuando fui a buscar a mi niño al “cole” me cogió lo tarde y además x aquí está llovien2 mucho…»

Así le escribió la joven estudiante de medicina nada más y nada menos que a su maestro de español. ¿Cuál fue mi reacción al leer esto?

Mejor no le cuento…

Y en semejante contexto, tampoco me asombré cuando un día de estos, leí en la red de Facebook el mensaje que un mocano le comunicaba a un compueblano suyo:

«Cuan2 yo comienC a nombrar los Angeles D Moca que Iran al cielo un dia, uds. 2s seran los primeros en mi lista, pues si que C lo merecen. Bendiciones y larga Vida para los dos. Ah y los sigo querien2»

¿Qué le dijo?

Prefiero que sea usted, amigo lector, quien realice el proceso de decodificación de dicho mensaje.

Usted y yo podríamos haber confrontado serias dificultades para desentrañar el sentido profundo del texto precedente; pero no para entender de que así circula nuestra lengua por las rutas innovadoras de las redes sociales.

 (PUBLICADO EL 28 DE AGOSTO DEL 2026)

 

RECORDANDO A UN MÉDICO FILÁNTROPO EN EL «DÍA DEL MÉDICO DOMINICANO»


(Al Dr. Rafael Gullón  Manzo)

 Por: Domingo Caba Ramos

 «Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz…»

  (José Martí)

 Por un gesto de eterna y ultrasentida gratitud, la historia tal vez debí contarla antes, por cuanto las imágenes que configuran el hecho que la sustentan yacen grabadas con imborrable o indeleble tinta en la recóndita pantalla de mi conciencia. En tal virtud, y como si de una vieja deuda pendiente de pago se tratara, la historia la cuento ahora; sencillamente, porque un día tenía que contarla. Lamento, créanmelo, no haberlo hecho cuando el corazón de su protagonista emitía aún sus amorosas pulsaciones. Por no haber procedido así, archivé en mi mente un fuerte sentimiento de ingratitud que hasta cierto grado no dejaba de asediarme y martillarme.

 De entrada, vale comenzar aclarando  que cuando el médico que ocupa nuestra atención me  ofreció su desinteresado servicio en su clínica de la ciudad de Salcedo, hace ya más de cuarenta años , probablemente debido mi juvenil inmadurez cometí el  imperdonable error de no registrar su nombre, ni mucho menos averiguar en los días inmediatamente posteriores  el perfil humano y profesional del ángel de la medicina con quien agraciadamente tuve el inmenso placer de tropezar en la sabatina tarde de un ya lejano y  cálido verano. Fue muchos años después cuando se me ocurrió saber más de él, y merced a la investigación al respeto llevada a cabo, me informaron que se trataba de un auténtico filántropo del pueblo de las hermanas Mirabal llamado RAFAEL GRULLÓN GUTIÉRREZ. Que en 1930 había nacido (Guanábano) y fallecido a destiempo en 1977, cuando apenas había cumplido cuarenta y siete (47) años de edad.

 Que en la Universidad de Santo Domingo cursó la carrera de Medicina, y en Barcelona, España, la especialidad en Oftalmología. Que siendo médico general instaló un consultorio en el municipio de Licey al Medio, y que de aquí pasó luego a ejercer en el Hospital «Pedro Emilio de Marchena», de Bonao. Qué en este pueblo actuó con patriótica gallardía y no menos valentía al ofrecerles su asistencia médica a muchos de los dominicanos que en la clandestinidad combatían al régimen del dictador Rafael L. Trujillo. Y que de Bonao fue a laborar al recién fundado Hospital «Pascasio Toribio Piantini», de Salcedo, lugar adonde estableció sólidos arraigos y es gratamente recordado por su extraordinaria vocación de servicio, su filantrópica o desinteresada entrega a los pacientes de escasos recursos y por ser el fundador del centro médico privado que lleva su nombre.

 En cuanto al hecho que a continuación paso a relatar, no recuerdo el año específico en que sucedió. Solo sé que ocurrió, cuando yo era casi un mozuelo imberbe, un sábado cualquiera, aproximadamente a las 4p.m, en el momento en que regresaba del Centro Universitario Regional del Nordeste (CURNE), San Francisco de Macorís, perteneciente a la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), adonde cursaba estudios correspondientes a la carrera de Educación: Mención Filosofía y Letras.

 En el trayecto Tenares - Salcedo, un cuerpo extraño penetró a uno de mis ojos mientras me desplazaba en mi recién comprado y nuevo motor Honda 90, razón por la cual casi perdí la visión, por lo que manejar el precitado vehículo era casi imposible. Estaba desesperado. En mis bolsillos, ni un centavo. ¡Bolsillos de estudiante!

 Al llegar a Salcedo, sin pensarlo dos veces, y sin saber cómo pagaría el servicio que me proponía solicitar, penetré al primer centro privado de salud que encontré a mi paso, con tan buena suerte que logré ser atendido por su propio director y/o o propietario: Dr. RAFAEL GRULLÓN GUTIÉRREZ. ¡Jamás había visto igual nivel de ternura y humanismo en un profesional de la medicina!

 El doctor me condujo hasta su consultorio. Redactó mi historia clínica y, luego de revisar cuidadosamente el órgano visual afectado, me aplicó unas gotas en cada uno de los ojos, los cuales me ordenó no abrir hasta que él me lo indicara, y acto seguido me ubicó durante media hora en un aislado y solitario saloncito.

 Luego me llamó de nuevo a su consultorio.

—Ya puedes abrir los ojos – me dijo, con inigualable dulzura.

Así lo hice.
—¿Cómo te sientes ahora? — me preguntó con mucho interés.

— Perfecto, doctor – le respondí, pero pensando más en el pago de los honorarios que en mi estado de salud.

— Me alegro mucho — me respondió, mostrando un nivel de satisfacción que no podía ocultar.

— Llévate el frasco con las gotas, y ponte una en cada ojo cuando llegues a tu casa — indicó, mientras cuidadosamente colocaba el frasquito en una cajita.

— Si después de aplicada las gotas en la casa, la molestia desaparece, no la uses más; pero guárdalas, por si en el motor vuelve y te ocurre lo mismo — me ordenó finalmente.

Yo lo escuchaba con suma atención; pero a pesar de la confianza y la tranquilidad que el tierno médico despertaba en mí, pensar en el monto de la consulta me producía tal grado de ansiedad que no la podía evitar.  Por eso, en lo que el doctor escribía algo, yo aproveché y elaboré mi estrategia. Y como si la estuviera informando a alguien, así pensé: «Cuando el doctor me diga la cantidad que debo pagarle, sin argumentar mucho le entregaré la matrícula de mi motocicleta y le diré que en media hora yo regreso a pagarle». Mi plan, obviamente consistía en ir a Moca, adonde uno de mis hermanos mayores, Pedro Caba, con el propósito de solicitarle el dinero de la consulta y regresar de inmediato a Salcedo a realizar dicho pago.

 Después que terminó de escribir, el doctor Gullón se levantó de repente de su escritorio, y me reiteró su indicación :

—Cuando llegues a la casa, no dejes de aplicarte las gotas.

— Gracias doctor — contesté. Y con más miedo que vergüenza le pregunté con voz un tanto débil:

—¿Cuántos le debo, doctor?

—¡Pero mi hijo!, ¿y tú no me dijiste que eras estudiante? — para mi sorpresa me respondió, con una paternal sonrisa plasmada en su rostro.

   A estudiantes yo no les cobro. Vete tranquilo y cuídate mucho.


Me estremecí, sentí que una lágrima se desprendía de mi ojo afectado, respiré profundamente, y hasta por un momento percibí que mi malestar ocular estaba mucho mejor que antes. Que los objetos yo los percibía con un nivel de claridad tres veces mejor que antes.

El médico me acompañó hasta la parte frontal del centro de salud, esperó que yo encendiera la “moto” y hasta que yo no abandoné el lugar, se mantuvo allí observando con una sonrisa a flor de labios al insolvente estudiante, cuya imagen, a la distancia, no era más que una simple silueta.

 A MANERA DE COLOFÓN

 Es cierto que en la República Dominicana existen médicos que, con el fin de obtener lucros, y despojado de todo sentido humano, priorizan el beneficio económico por encima de la salud del paciente, violando de esa manera el código ético o deontológico que norma el muy delicado ejercicio de la medicina. Médicos que más que profesionales de la salud, son verdaderos comerciantes o mercaderes de la medicina, en cuyo quehacer solo perciben dinero, ganancia y riqueza.  Pero también es verdad que, aunque escasos, existen otros que como el Dr.  Rafael Gullón Gutiérrez supieron y han sabido ejercer su oficio con la debida pasión, amor, entrega a los pacientes y profundo sentido humano y sentimiento filantrópico.

 ¡Loor! y descanso eterno al Dr. Rafael Gullón Gutiérrez, a ese ángel de la medicina, protagonista de la inolvidable historia que con este párrafo llega a su fin.

 (PUBLICADO EL 20 DE AGOSTO DEL 2026)

 

 

 

LA PATOLÓGICA PRÁCTICA DE LLEVAR LA CONTRARIA EN EL USO DE LA LENGUA


Por: Domingo Caba Ramos

 El amigo corta un pedazo de dulce y muy amablemente se lo entrega al otro.

—Toma, está muy delicioso. Yo sé que lo vas a disfrutar.

— Sí, parece sabroso; pero es de maní — responde el otro, sin haber probado aún el dulce obsequiado — y a mí no me gusta el dulce de maní.

— No, amigo mío. El dulce no es de maní, sino de coco. Yo mismo lo preparé.

— No importa que tú lo hayas preparado:  es de maní.

— ¡Pero pruébalo! — sugirió el fraterno amigo.

El otro optó por probarlo, y acto seguido, con insistente terquedad respondió:

   Sí, realmente sabe a coco, pero es de maní.

Como el   personaje de la presente historia, son muchos los hablantes   con quienes por una razón u otra tenemos que   intercambiar ideas en nuestra diaria comunicación. Nunca están de acuerdo con el punto de vista de los demás, aun cuando las evidencias presentadas sobran. Y si en algún momento, interiormente consideran válidas esos ajenos pareceres, públicamente prefieren rechazarlos.  Se trata de seres cuyos cerebros parecen haber sido configurados para «llevar siempre la contraria». Seres tan irracionalmente contradictorios que, de haber sido ríos, posiblemente hubieran corrido de abajo hacia arriba, y de haber sido el Sol, es casi seguro que hubiera salido, no por el este, sino por el norte, por el sur o por el oeste.

Desde el punto de vista psicolingüístico, ¿a qué se debe ese contradictorio comportamiento?

En sicología se conoce con el nombre de «Reactancia sicológica», y se define como una reacción de resistencia o enojo que ocurre cuando una persona siente que alguien limita su libertad de elegir, actuar o pensar. El hablante considera que una opinión ajena amenaza su libertad de elección y por tanto reacciona haciendo exactamente lo contrario para recuperar el control o el terreno que considera perdido. En tal virtud se resiste a aceptar como buenos y válidos puntos de vista diferentes, por cuanto entiende que proceder de manera flexible implica necesariamente pérdida de poder en el ámbito del conocimiento.

 En el mundo del saber, el sujeto que así se comporta vive encadenado por un complejo de inferioridad que nubla su raciocinio, bloquea su autoestima y neutraliza su humildad. Merced a semejante y anticientífico perfil, le resulta casi imposible admitir que el otro tiene la razón; pues admitirlo, según su pensar, sería lo mismo que declararse humillado y derrotado.

Es en ese contexto cuando entran en acción los mecanismos de defensa del sujeto hablante, consistentes en «llevar la contraria» como especie de máscara con el fin de demostrar su inteligencia, imponer sus conocimientos y compensar, en última instancia, su inseguridad o el vacío interior que consciente o inconsciente tanta perturbación le genera en su mente.

Conforme a lo expresado en el párrafo anterior, el discurso contradictorio ultraemotivo y no menos defensivo, sencillamente se debe, pienso yo, al placer y bienestar espiritual que le proporciona al hablante que lo sustenta. Por esa razón, aunque dicho polemista esté convencido de que el otro tiene la razón, siempre mostrará su desacuerdo; pues la sensación de placer y bienestar se extinguiría si no «lleva la contraria». Pero no solo eso. Con su espíritu defensiva y emotivamente contradictorio, el sujeto hablante intenta en todo instante situarse en el centro del discurso o la conversación y borrar la invisibilidad que percibe lo excluye del debate.

¿Qué hacer entonces con ese tipo de ente contradictor?

Sencillamente, no discutir, “seguirle la corriente” o hacerle creer que la verdad le pertenece.

¿Por qué?

Porque el acto de discutir o debatir persigue convencer o ser convencido. Si sabemos de antemano que la intención comunicativa del otro es solo persuadir, entonces no vale la pena; pues tal acto representaría una infructuosa pérdida de tiempo.

 Por esto entiendo que ni con los seres irracionalmente contradictores, ni con fanáticos, especialmente políticos y religiosos, se debe discutir; pues los cerebros de estos últimos han sido programados para repetir de manera irracional lo que escuchan de sus líderes, o lo que estos les han hecho creer.

 (PUBLICADO EL 14 DE AGOSTO DEL 2026)

 

¡COMO CAMBIAN LOS TIEMPOS!


Por : Domingo Caba Ramos


JOAQUÍN BALAGUER (1906-2002) - Escritor, abogado, maestro, poeta, brillante, ensayista, uno de nuestros más acuciosos críticos literarios y, junto a José Francisco Peña, a mi juicio, los dos oradores dominicanos de mayor relieve de la segunda mitad del siglo XX y principio del XXI. Su nombre aparece escrito con letras grandes en las páginas de la literatura dominicana.

 JUAN BOSCH (1909-2001) - Autodidacta, escritor, historiador, ensayista de alto vuelo, novelista, cuentista, padre del cuento dominicano y uno de los más grandes cuentistas de la literatura dominicana. Su nombre figura también en primera línea en las páginas de nuestra literatura.

Los dos fueron candidatos a la presidencia de la República Dominicana y también presidentes, porque su perfil intelectual y/o profesional era el que primaba en el pasado para optar por el cargo a la primera magistratura de la nación y cualquier otro puesto público de importancia. En el plano político, el primero nunca fue «el santo de mi devoción»; pero al margen de simpatías y aversiones, todos debemos reconocer el peso social, intelectual y profesional de estos dos grandes líderes.

  El tiempo pasó y hoy, cualquier «pelafustán» o analfabeto funcional que solo sabe decir y repetir aquello de «Hijo de tu maldita madre…» y frases parecidas, se atreve a decirle al mundo: «Yo quiero y puedo ser presidente”. Y lo peor de todo: aparecen fanáticos y seguidores con escasa proporción de materia gris en sus cerebros que cual «grey» arreada por un boyero proclaman y repiten a mandíbulas batientes: «Él quiere y puede ser presidente de la republica…».

Lo anterior pone de manifiesto cómo en el país se han rejado nuestras prístinas costumbres a tal grado que un cargo, cuyo desempeño se entendía estaba reservado a ciudadanos provisto de condiciones especiales, esta vez los niveles de exigencias parecen haber descendidos considerablemente, razón por la cual son muchos los que creen que cualquier persona puede ejercer tan delicada función.

En la administración pública, la ineptitud de los funcionarios comenzó a sonar en la segunda mitad del siglo XIX con la presencia en el Congreso Nacional de un diputado que al decir del decimero Juan Antonio Alix (Moca, 1833- Santiago, 1918), carecía de la capacidad necesaria para argumentar o gestar ideas, razón por la cual, después que otros hablaban, apenas se limitaba a decir: «Corroboro, corroboro». Ojalá que semejante incompetencia, en el futuro, nunca llegue al Palacio Nacional, atribuida a un presidente con un perfil parecido al del diputado antes indicado. Y que al igual que este, cuando hable en público, apenas pueda decir: «Corroboro, corroboro»

 (PUBLICADO EL 7 DE AGOSTO DEL 2026)

 


AGOSTO Y EL RECORRIDO ESPAÑA - AMÉRICA DE LA LENGUA ESPAÑOLA

Por: Domingo Caba Ramos.

 “Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras”

 (Pablo Neruda)

 El 3 de agosto de 1492, un grupo de expedicionarios españoles, representando a los Reyes Católicos y comandados por Cristóbal Colón (1451 – 1506) partieron del puerto Palos de Moguer, iniciando así un largo viaje cuyos propósitos originales nada tenían que ver con el descubrimiento, conquista y colonización de un nuevo mundo. La expedición, llevada a cabo en tres naves, llegó a una isla del Mar Caribe llamada Guanahaní, el 12 de octubre de 1492, materializándose de esa manera uno de los acontecimientos de mayor trascendencia en la historia de la humanidad: el descubrimiento de América. O, como lo ha denominado José Juan Arrom, «La otra hazaña de Colón”, considerada por Francisco López de Gómera, «como “La mayor cosa después de la criación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que lo crio…”

 Esa “otra hazaña de Colón”, al decir del ya citado investigador y laureado escritor cubano, Arrom, consistió en llevar la lengua española a las nuevas tierras descubiertas. De ahí que considere, con sobradas razones, que la travesía del veterano y aventurero marinero de origen italiano, más que el viaje del descubrimiento fue “el viaje de la lengua” La famosa hazaña colombina no sólo nos puso en contacto con un nuevo espacio geográfico, sino que dio lugar al nacimiento de una nueva lengua: el español de América. 

Esta variante dialectal, según el respetado maestro y brillante lingüista dominicano, doctor Celso Benavides, «comenzó a formarse a partir de 1492 en que se produjo el descubrimiento. Es el resultado de la colonización; una mezcla del español con las lenguas aborígenes del continente y en algunos casos con algunas lenguas africanas. Coincide con aquel – aclara Benavides – en todos los rasgos centrales del castellano, pero se aparta de él, en cada pueblo, en los rasgos marginales y no pertinentes para la uniformidad…» (Fundamentos de historia de la lengua española, 1986, Pág.272)

 Para un mejor estudio del desarrollo histórico del español de América conviene insertar esta modalidad dialectal en el contexto lingüístico en la que la misma se inscribe: el español peninsular. En virtud de este criterio, el español de América, más que una lengua general, se nos presenta como un dialecto; o, en términos más específicos, como la variante dialectal con que se intercomunican y comprenden los pueblos hispanoamericanos.

 Su origen histórico, como ya hemos señalado, se remonta al mismo instante en que Colón descubre el continente americano, vale decir, se inicia con la conquista y colonización del Nuevo Mundo. En sintonía con esta idea, el profesor Arrom, en su ensayo “La otra hazaña de Colón” (1979), apunta lo siguiente:

 «Pero vista desde una perspectiva americana, la gesta de Colón cobra un sentido distinto e invita a otro género de esclarecimientos y revelaciones. Por de pronto, para quienes hemos nacido y crecido en estas tierras por él descubiertas, su viaje, es el viaje de la lengua…» (Pág. 7)

 Y continúa señalando más adelante:

 «Las impresiones que le causan el paisaje y los hombres que súbitamente aparecen ante sus sorprendidas pupilas las fue asentando en su Diario de a bordo, no en el dialecto genovés que habló en su infancia, ni en el idioma portugués que aprendió en su juventud, sino en la lengua española que adquirió durante su larga espera en Castilla y Andalucía. En lengua española hablaban los tripulantes de las tres carabelas. Y es una palabra española la primera que hiende el aire dormido de la madrugada del 12 de octubre: ¡Tierra!» (Pág. 8)

 Y en cuanto al código empleado por el autor del “Diario de navegación” para describir el paisaje americano, el lingüista y antropólogo antillano enfatiza que:

 «De ese modo, entendiendo cada vez más el habla dulce ‘y mansa y siempre con risa’ de los taínos, Colón resuelve el problema de expresar en una lengua europea los rasgos de la realidad americana. Mediante esos procedimientos sienta las bases de un idioma más extenso y preciso con sonoridades autóctonas, con algo de perfume a flor, el sabor a fruta y el frescor de los árboles cuyos nombres tanto había deseado conocer. Y esa lengua – puntualiza Arrom – enriquecida y elaborada artísticamente a lo largo de casi cinco siglos, es a la que hoy llamamos el español de América…» (Págs. 24/26)

 (PUBLICADO EL 31 DE JULIO DEL 2026)

 

 

LO QUE ES Y LO QUE PARECE EN EL USO DE LA LENGUA


Por: Domingo Caba Ramos.

1. «Temperatura agradable»

 En uno de sus acostumbrados informes del tiempo, el predictor meteorológico le informa a la ciudadanía que “Las temperaturas continuarán bastante agradables principalmente en horas de la noche y primeras horas de la mañana como consecuencia del patrón frio dejado por el sistema frontal.”

Me gustaría que alguien me orientara sobre cuándo, en términos numéricos, una temperatura es agradable.  Y es que agradable es todo lo que agrada o produce placer. Se trata de un término cuyo contenido semántico entraña una cualidad, y toda cualidad se inscribe en el plano de lo subjetivo, vale decir, lo que es agradable para unos puede no serlo para otros. Así, en el momento en que yo me desplazo enfundado en un cálido abrigo, mi hermano Pedro, que muy rara vez siente frío, lo hace pletórico de felicidad, “como si nada”, posiblemente en pantalones cortos y camisas sin mangas.

Predecir el tiempo,  constituye un acto en el que necesariamente deben manejarse variables científicas, y su expresión, por tal razón, tiene que  realizarse  en términos numéricos, de tal forma que los resultados que se nos presenten estén  siempre conectados con la realidad ( objetividad) y libres de toda interpretación ( subjetividad)

2.   «Medio ambiente y medioambiental»

En la bases del concurso patrocinado por una prestigiosa empresa de Santiago, hace ya varios años, el periodista, en su programa de televisión, leyó el título del tema propuesto: “Periodismo y medioambiente”, y, un tanto confundido, no tardó en llamarme para compartir conmigo su idiomática inquietud   :

 

-  “Pensé - me dijo - que medio ambiente se escribía en dos palabras y no en una, como la veo escrita por aquí”.

“- Así es - le respondí.  No sucede lo mismo, sin embargo, cuando se trata de su adjetivo correspondiente: medioambiental, el cual sí debe escribirse en una sola palabra”

  Vale destacar que medio ambiente es una forma pleonástica o redundante de decir medio o ambiente, toda vez que medio, lo mismo que ambiente, se define como el “ conjunto de circunstancias o condiciones exteriores en que vive alguien o algo”

2.     «El interior del país»

 Esta frase se emplea comúnmente para designar cualquier lugar o pueblo de la República Dominicana, distante de la capital; pero sucede que según el criterio académico, interior es lo “Que está en la parte de adentro”, lo “Que está muy adentro” y la “Parte central de un país, en oposición a las zonas costeras o fronterizas”, entre otras acepciones.

 Conforme a estos conceptos, solo válido admitir como pueblos, sitios o lugares del interior del país aquellos situados geográficamente en el centro o “muy adentro” del territorio nacional. Por la misma razón quedarían excluidos de esa categoría los sectores alejados del centro o no ubicados “muy adentro”, como serían las comunidades fronterizas o las pertenecientes a nuestro litoral, tales como Miches, Samaná, Puerto Plata, Da jabón, etc. Si por el contrario se persiste en considerar como del interior a esos pueblos costeros, entonces también habría que admitir como tal o como uno de los llamados “pueblos del interior” a la ciudad de Santo Domingo, por estar esta ubicada todo lo que corresponda a la parte costera o litoral de la ciudad de Santo Domingo, por esta enclavada o situada sobre el mar Caribe, en la costa sur de la isla de Santo Domingo.

Por último y conforme a los juicios precedentes conviene recordar que la lengua opera por oposiciones: fonológicas, morfológicas, fonéticas, lexicosemánticas, etc. Lo bueno, por ejemplo, supone la existencia de lo malo; la acción de entrar, lleva implícita la idea de salir y cuando se habla del sustantivo y/o adjetivo interior es porque su opuesto exterior debe existir. A tono con este planteo quizás convenga preguntarse: Si en la República Dominicana existen los llamados “pueblos del interior”, ¿cuáles serían entonces los pueblos del exterior?, ¿los que están situados en las zonas costeras del país? De ser así, una última pregunta surge de manera obligada: ¿Están ubicados estos costeros fuera del territorio dominicano?

3.     «El Sur profundo»

¿Existe en nuestro país un sur no profundo? Honestamente no lo sé. Mas así parecen concebirlo quienes cada vez que se refieren a esa zona de la República Dominicana siempre hablan de sur profundo. 

El adjetivo profundo, además de “intenso o muy vivo” entraña la idea de hondura o gran penetración. En virtud de esto, inconcebible sería considerar como honda, intensa y penetrante a la histórica, heroica y lejana región sureña. Talvez, en tales casos, en lugar de profundidad, al hablante lo que le interesa sea subrayar la idea de lejanía; y en lugar de profundo, quizás lata en su mente la idea que más se corresponde con el sentido estricto de lo expresado: la idea de sur lejano. 

Según el Diccionario de la lengua española, solo cuando   una comunidad es “conservadora, tradicional y resistente a la influencia externa”, se le puede aplicar el calificativo de profunda: En la Cataluña profunda se conserva aún esa costumbre”. De lo contario, semejante adjetivación carece de pertinencia lexicosemántica.

4.     «A la altura del kilómetro… » 

 “El accidente se produjo   a la altura del kilómetro cinco de la Autopista Duarte...”- se lee en una nota de prensa publicada recientemente en uno de nuestros diarios. 

 Confieso sinceramente que ignoro, y me gustaría conocer, los instrumentos técnicos de que se valen muchos de los periodistas dominicanos para determinar la “altura” o “pendiente” de un determinado kilómetro.

¿No será esa “a la altura del ...” una de esas famosas “expresiones chatarra” que tanto vulneran la esencia del Principio de Economía Lingüística, principio que, en el caso que nos ocupa, bien pudo respetarse si el redactor hubiera escrito: “El accidente se produjo en el kilómetro cinco de la Autopista Duarte ...”

5.     «Los añitos de Luisito» 

  La madre, evidentemente alegre, llama al programa de radio y solicita que le toquen “un pianito para mi niño Luisito que hoy cumple dos añitos” 

Sabido es que no existen años más grandes ni más pequeños que otros, no importa que los mismos, en el plano humano, se refieran tanto a niños como a adultos.  En otras palabras, un año es siempre un año.  Sin embargo, resulta altamente curioso cómo la tierna madre de Luisito, mediante el proceso de transferencia semántica, y apelando al valor afectivo que entraña todo diminutivo, intenta destacar la corta edad del  hijo casi recién nacido, concentrando la idea de pequeñez , no en la estatura de su  niño apreciado, sino en los años por este cumplidos. 

 Pero “añito”, conviene destacarlo, en su sentido profundo no sólo envuelve la idea de corta edad y baja estatura, sino también de amor, ternura y afecto. Significa esto, que contrario a lo se pueda creer y se nos ha enseñado tradicionalmente en la escuela, los  diminutivos, más que sentido de pequeñez, en su estructura semántica concentra un profundo contenido sentimental , esto es, soporta la idea relativa a los más diversos sentimientos : amor, odio, desprecio, burla, ternura…

 (Publicado el 24 de julio del 2026)