sábado, 11 de julio de 2026

EL ROPAJE SEMÁNTICO DE LAS PALABRAS


Por : Domingo Caba Ramos

Un exalumno y hoy brillante profesional, de manera muy cortés me presenta a la joven que a su lado se encontraba:

«-Es mi novia, profesor» – me dice, con inigualable cortesía.

«- ¿Y dónde resides?», se me ocurrió preguntarle, tal vez por confianza, aun cuando reconozco que preguntar sobre asuntos íntimos o personales no es mi fuerte.

«-Hace seis meses que vivimos juntos en mi casa» – me respondió.

Yo discretamente sonreí, y dije para para mí:

«- Es su “novia” y hace seis meses que viven juntos…». Y es que en la cultura idiomática dominicana no se estila llamarle novios, sino esposos, al hombre y la mujer que residen juntos en una cosa, como bien se infiere en el concepto que acerca de la susodicha voz nos presenta el Diccionario de la Real Academia Española:

«Novio. - persona que mantiene una relación amorosa con otra, con fines matrimoniales. También se usa para referirse a la persona que va a casarse».  Significa esto que, en la variante dialectal dominicana, la palabra “novio” entraña la idea de independencia civil.

Pero a pesar de lo antes expresado, y como resultado del natural proceso de evolución de la lengua, los tradicionales términos “esposo”, “esposa” y “marido”, progresivamente están siendo excluidos del repertorio léxico en el mundo hispanohablante en general y del léxico activo de los hablantes dominicanos en particular.

En su lugar, como quedó demostrado en el diálogo de entrada, se prefiere la voz “novio” y fundamentalmente “pareja”.  Y cuando de una relación con menor compromiso formal o rasgo de provisionalidad se trata, se hablará de “marinovio “, “amante”, “amigo con derechos” y “amigovio”, como bien se registra esta última palabra en el habla coloquial de Argentina, Uruguay, México y Paraguay.

En relación con el vocablo “pareja”, usada de manera frecuente hasta por personas formalmente casadas (civil o canónicamente), además de la idea de efímero, distancia y temporal que su sentido profundo entraña, también connota la idea de desafecto o de ausencia de ese sentimiento amoroso intenso que sí se percibe en la estructura semántica de las voces “esposo”, “esposa” y” marido”.

(Publicado en Diario Libre en julio 10,2026)

ELLOS : MIS PRIMEROS MAESTROS


(Con motivo de el “Día del Maestro“)
Por: Domingo Caba Ramos


Profesores Rodolfo Rodríguez y Milagros Luna de Rodríguez

A ellos, mis primeros maestros, verdaderos héroes sin nombre, siempre los recuerdo con el respeto y el cariño que siempre les tuve y merecen.

Ellos, mis primeros maestros, ejercieron su labor en medio de las más increíbles precariedades; pero, aun así, formaban, orientaban y enseñaban.

Ellos, mis primeros maestros, carecían, en su mayoría, de títulos pedagógicos; pero ejercían su noble oficio asido de las herramientas no académicas de la pasión, el amor, la entrega y la responsabilidad.

 Ellos, mis primeros maestros, algunos apenas ni siquiera el título de Bachiller poseían, y muy, pero muy pocos, lo más que alcanzaban era al nivel de Profesorado (especie de prelicenciatura hoy ya eliminado del sistema universitario) y de Maestro Normal; pero, a pesar de eso, en el proceso enseñanza – aprendizaje sabían cómo guiar, estimular y orientar a sus alumnos.

Ellos, mis primeros maestros, no podían ni necesitaban, para demostrar sus saberes, anteponerles a sus firmas las muy ufanantes o presuntuosas siglas de Lic. y M.A.; pues esos saberes ellos lograban ponerlos de manifiesto en sus prácticas docentes, vale decir, enseñaban. Y enseñaban, como bien lo recomendó la eximia poetisa, Maestra y Premio Nobel de Literatura, Gabriela Mistral, «con la actitud, el gesto, la palabra»

Ellos, mis primeros maestros, devengaban sueldos de miseria e ignoraban por completo eso que hoy se llama Seguridad Social; pero, a pesar de eso, cumplían en forma estricta con sus responsabilidades docentes.

 Ellos, mis primeros maestros, inspiraban respeto, sabían darse a respetar y lograr la disciplina en el aula, sin humillar, vejar, maltratar o “envenenar el alma” de los alumnos.

Ellos, mis primeros maestros, supieron impartir docencia en estrechos y calurosos espacios a generaciones de estudiantes cuyas matrículas, en ocasiones, superaban considerablemente el número de asientos disponibles; pero, a pesar de eso, realizaban ingentes esfuerzos para, como bien lo recomendaba el afamado pedagogo argentino, Imídeo Nérici (1925 – 1999), «despertar la curiosidad y mostrar los valores de la cultura» a sus alumnos, y orientar «por la convicción, por la persuación,por el ejemplo, y nunca por la distancia, la indiferencia o los caprichos»

                                            Prof. Noel Ramón Peralta (Monche)

Ellos, en fin, mis primeros maestros, formaban y enseñaban, sencillamente, porque eran verdaderos maestros.

La mayoría de ellos aún yacen gravados con imborrables letras en el nicho de mis recuerdos entrañables: Noel Ramón Peralta (Monche), maestro de mis primeros años del nivel primario; Leonardo Estrella, maestro de sexto curso, Esc. Primaria e Intermedia “Juan Pablo Duarte”, San Víctor, Moca). En este mismo centro ( séptimo y octavo),  recuerdo también, con afectos inigualables, los nombres de  Rodolfo Rodríguez (Q.E.P.D.), Inglés y Geografía); doña Milagros Luna, esposa del anterior (Ciencias Naturales); Luis Jiménez (Q.E.P. D.), Español), y Pedro Maximino Reyes (Matemáticas), todos capitaneados por su dinámico director, profesor Joaquín Medina, un ser a quien los estudiantes mucho respetábamos y apreciábamos debido a su forma prudente, profesional, humana y respetuosa de comportarse.

De esos, mis primeros maestros, unos ya fallecieron, mientras que otros, agraciadamente, todavía respiran, pletóricos de vitalidad. Debido a mi formación y oficio docentes, parecería que a cada uno de esos distinguidos educadores hoy yo debería verlos como mis colegas; pero no, sea cual sea mi rol y nivel profesional, a cada uno siempre los veré, simple y llanamente, como mis maestros. Y con motivo de haberse celebrado, el martes de la presente semana, el «Día del Maestro», yo debo decirles a ellos, mis primeros maestros, con las palabras de otro gran Maestro, Pedro Mir:

 «MAESTRO :

 Jardinera de cátedras, tu mano se ha,

alargado de dioses infinitos.
Mas no importa. Tu mano sembradora,
eternamente enflorará el cultivo.
Siempre tu voz palpitará en el aula,
como un millón de corazones vivos.
Siempre tu voz acoplará el recuerdo,
con la emoción de desflorar un libro.
Y habrá un intenso volotear de angustia
en el alón de tu recuerdo vivo…»

(Publicado en Diario Libre en julio 2, 2026)

sábado, 27 de junio de 2026

CUANDO LOS VALORES DESAPARECEN Y LA DEPRAVACIÓN SE NORMALIZA

Por : Domingo Caba Ramos

Todos lo llaman por el apodo de Alofoke. En solo una ocasión tuve la desgracia de verlo y escucharlo en su plataforma de internet. Su depravación verbal y el léxico obsceno, letrinesco o altamente cloacal que emanaba de su boca, parecía no tener límites. Jamás pensé que algo igual yo algún día escucharía a través de un medio de comunicación. Tal fue mi impacto que, a partir de tan desagradable experiencia, en las asignaturas lingüísticas y literarias que imparto en la universidad, siempre les he recomendado a mis alumnos evitar la presencia de niños cerca cuando estén escuchando a ese seudocomunicador, para evitar así que a muy temprana edad se les distorsione su conducta idiomática.

Y en tal virtud, también jamás pensé que alguien con semejante perfil, podría mencionarse para desempeñar ni siquiera el puesto de mensajero en una institución pública, mucho menos los cargos de presidente o vicepresidente de la República, como de la forma más natural está sucediendo ahora. Cuando un dominicano entiende que el sujeto arriba mencionado puede ser candidato a la presidencia o a la vicepresidencia del país, entonces a mí, particularmente, no me queda más que rectificar mi pensamiento y concluir afirmando:

«YO CREÍA QUE EN LA REPÚBLICA DOMINICANA, MORALMENTE ESTÁBAMOS A LA ORILLA O CERCA DEL FANGO, PERO TODO PARECE INDICAR QUE YA HACE MUCHOS AÑOS ESTAMOS DENTRO…»

Mi ingenuidad o falsa creencia quizás se debió a que olvidé que hemos dado un salto a una compleja y contradictoria posmodernidad en la que la sombra se considera igual o mejor que a la luz, y en la que el angosto, oscuro, pestilente y contaminante sendero de la cloaca, se admira y prefiere más que la impecable, vistosa y pulcra superficie de una alfombra roja.

LA FUERZA DEL USO EN LA EXPRESIÓN LINGUÍSTICA

Por: Domingo Caba Ramos

 Cuando un niño se mueve mucho, es posible que, refiriéndose a él, alguien diga que: «Ese es el muchacho más “desinquieto” que he visto».

 

Si dos adolescentes, niños o jóvenes protagonizan una riña, de seguro que uno de los adultos presentes ordenará que los “desaparten “.

 

Y si alguien nota que a una mujer o a una hembra animal se le "alborotan" las hormonas o exhibe conductas que revelan compulsivos deseos de apareamientos, de esa mujer o de esa hembra animal (yegua, mula, burra, etc.) acto seguido se dirá que está descalentada

 

En cada una de las voces prefijadas entrecomilladas, presentes en los párrafos precedentes, el desajuste semántico, sin embargo, es mucho más que notorio. Esa distorsión se origina como resultado de la configuración morfológica de las susodichas voces. Veamos:

 

La voz compuesta inquieto está formada por el adjetivo «quieto», que significa pacífico o carente de movimientos, y el prefijo «in», que significa negación (no, nunca, jamás…). Merced a esa morfológica construcción, inquieto entraña el significado de no quieto. Si a dicho vocablo, inquieto, se le antepone el prefijo des, que también significa negación, fácil resultará concluir afirmando que desinquieto quiere decir no inquieto esto es, quieto, tranquilo, pacífico, sin movimientos. Lo mismo sucede con el verbo “desapartar “:

 

Des = negación
Apartar = separar
Desapartar = No separar

 

¿Qué significa eso?

 

Sencillamente, que mandar a «desapartar» a dos niños o personas que estén peleando, es afirmar todo lo contrario de la intención del mensaje que se desea expresar. O, lo que es lo mismo, es ordenar que esos niños se unan, abracen y propinen más golpes.

 

¿Y qué decir de una mujer o hembra animal descalentada?

 

Se tratará, indiscutiblemente, de una mujer o una hembra fría o carente por completo de deseo sexual, razón por la cual, lo menos que desearía en ese momento, sería sostener sexuales vínculos con un macho o varón, toda vez que si calentar soporta los significados de «Infundir calor a un cuerpo… » y «Excitar sexualmente a alguien… », en el contexto de la relación sexual, «descalentada», por el contrario, significa no caliente, no excitada, no ardiente o carente de fuego sexual; pero a pesar de lo antes aclarado, una de las voces léxicas antes comentadas, “desapartar, debido talvez a la fuerza del uso que en el mundo hispanohablante ha logrado, figura como entrada en el Diccionario de la lengua española con el significado de apartar.

 

Y por esa misma razón, en el habla dominicana, común resultará siempre escuchar a un usuario de la lengua decir que tal o cual ser humano es «desinquieto», en lugar de inquieto; que tal o cual mujer o hembra animal está «descalentada», en vez de caliente, excitada, ardiente...; o que «desaparten» a los niños que han iniciado una riña, en lugar de que los “aparten" o "separen..."

 

(PUBLICADO EN DIARIO LIBRE, 19 DE JUNIO DEL 2026)

 

miércoles, 17 de junio de 2026

¡QUÉ DIFÍCIL RESULTA CAER Y PERMANECER PRESO, ¡A VECES, EN LA R.D.!


Por: Domingo Caba Ramos

 La norma jurídica así lo establece: usted roba, desfalca al Estado, difama e injuria, por ejemplos, y aparece un juez que en primera instancia emite una sentencia mediante la cual se le condena a tantos años de prisión. Parecería entonces que del mismo tribunal lo montan en una guagua y lo enfundan en una cárcel durante el tiempo que indique la sentencia; mas como dice nuestro Poeta Nacional, Pedro Mir, «pero no…». La sentencia antes debe ser leída o notificada a la parte condenada. Y como no se considera irrevocable o definitiva, al imputado se le concede el derecho de apelarla o recurrirla en tribunales superiores ( Corte de Apelación, Suprema Corte…) , y ese recurso de apelación y casación surte un efecto suspensivo, vale decir, suspende la ejecución de la pena, razón por la cual, hasta que el más alto tribunal confirme el dictamen o emita una sentencia definitiva, el corrupto, desfalcador o difamador imputado se desplazará por «esas calles de Dios» «tan campante como Johnny Walker». Y entre instancias e instancias, el proceso de apelación/casación puede tardar años.

Para muestras, basta solo un botón: los imputados del caso Coral fueron sometidos en el 2021. Les dictaron medida de coerción consistente en prisión preventiva (18 meses). Vencido este tiempo, hubo que liberarlos, y no fue hasta cinco años después, en el día de ayer, cuando se les dictó sentencia condenatoria en un tribunal de primer grado. Ahora deben esperar en sus casas a que se les notifique la medida, luego la apelarán y quién sabe el tiempo que esos «angelitos» permanecerán comiendo y durmiendo en sus respetivos domicilios. Es lo que sucede con el «detective» y otros famosos difamadores de las redes sociales que andan por ahí: recientemente fueron condenados a cumplir prisión, pero no hay uno solo que esté en la cárcel.

De toda forma, tenemos que admitir que en el sistema judicial hemos avanzado, pues ver a un mayor general y a otro oficial superior presos en el pasado, y muy especialmente en los gobiernos de Balaguer, era mucho más que un sueño.

 

PREGUNTAS, AFIRMACIONES Y OTRAS INDELICADEZAS EXPRESIVAS


Por : Domingo Caba Ramos

 «Si lo que usted va a decir no es más hermoso que el silencio, entonces cállese»
(Proverbio chino)

 En la universidad tuve una alumna que era muy flaca, extremadamente flaca. Sus amigos, compañeros de estudio y hasta sus propios familiares no la dejaban en paz:

“¡Dios mío, qué esqueleto! “, “¡Tú te ves fatal!”, “¡Muchacha, ponte a comer para que engordes!”, “¿Pero es el Sida que tú tienes?, eran sólo algunos de los flechazos articulatorios que diariamente recibía la brillante estudiante de mercadeo.

 Tengo un amigo que es gordo, extremadamente gordo. Su figura se ha convertido en el blanco predilecto hacia el cual van dirigido los siguientes dardos o proyectiles expresivos:

 “¿Y cómo tú conseguiste toda esa gordura?”, “¿Cómo cuántas libras tú pesas?”, “¡Tú te ves horrible con toda esa manteca!”, “Cuando paras, yo quiero un marianito”, “¡Muchacho, ponte a correr pa que baje esa panza!”, “Ese arroz como que te está aprovechando...”

Tuve una compañera de trabajo en cuyos años de noviazgo, la presión y el asedio de amigos y relacionados la tenían casi al borde del siquiatra. Preguntas como las que siguen, con amargura sin igual, tenía que escucharla durante las     veinticuatro horas del día:

 “¿Cuántos años tú tienes de amores?”, ¿Y es que ustedes no se piensan casar...? “Tú y tu novio ya son casi hermanos”, “¿Y qué es lo que ustedes esperan…? 

 Mi amiga por fin contrae nupcias. De inmediato se prepara para convertir en realidad el gran sueño de su vida: tener un hijo, sueño que jamás pudo materializar, debido a que cada vez que paría, sus criaturas nacían muertas. Su inmenso dolor parecía multiplicarse y su depresión se tornaba cada vez más crónica desde el mismo instante en que su tímpano era martillado con frases como estas:

 “¡Muchacha, los hijos hay que tenerlos!”, “Un matrimonio sin hijos no es matrimonio…”, “Ponte en tratamiento pa que para…”, “Te vas a volver una viejita y no vas a tener un hijo…” 

Obviamente que no hay que ser especialista en el tratamiento de la conducta humana para imaginarse el negativo efecto que expresiones como las preindicadas generan en la mente de quien desea tener un hijo, pero no puede.

A otro de mis amigos le sobra edad para casarse, pero permanece soltero o “solterón”, como peyorativamente prefieren llamarlo algunos. Ha optado él por disfrutar una vida bohemia o practicar el amor de los marineros, quienes, al decir de Pablo Neruda, “besan y se van / en cada puerto dejan un amor / y no vuelven más”. Por adoptar semejante conducta, hasta mi “enllave” llegan casi a diario los más diversos, odiosos e indelicados puyazos verbales:

 “¿Ya te casaste…?”, “¿Y para cuándo lo vas a dejar…? “¡Ese tipo es como raro o alguna maña debe tener…! “Ese es un picaflor…”, “Ese carajo debe ser ‘pájaro’…”, “Es un bohemio que le gusta estar con una hoy y otra mañana… “¿A qué le temes…?”

 Los anteriores son sólo cinco de los tantos casos de indelicadezas o imprudencias en que suelen incurrir muchos hablantes dominicanos en el uso cotidiano de lengua, a las cuales podríamos agregar preguntas no menos necia del tipo: ¿Cúantos tú ganas?, ¿Cuál es tu edad?, etc. Se trata de conductas verbales típicas de sociedades poco desarrolladas, matizadas por evidentes rasgos aldeanos o en las que late el alma del suburbio y la cultura del vecindario. En ese tipo de sociedades, cuando de la vida personal de los demás se trata, todo se indaga, todo se informa, todo se pregunta. Y en vez de actuar como el sabio, se procede como el necio:

El sabio utiliza la lengua con sumo tacto, prudencia y sentido común. El necio, en cambio, actúa con torpeza, irrespeto, imprudencia y ligereza.

 El sabio sabe qué, dónde y cuándo hablar. El necio no mide lo que dice, esto es, habla de todo, en todo momento y en cualquier lugar.

El sabio, por sabio, sabe cuándo debe callar. El necio, por torpe, nunca calla y “dice todo lo que se le viene a la boca”, restándole así efectividad al acto comunicativo. Olvida este que la esencia de una efectiva comunicación consiste en callar lo que no se debe decir y decir lo que no se debe callar.

Olvidan los necios, en fin, que en el uso de la palabra hay que ser lo más cauto o medido posible, muy especialmente en el instante en que haya que emitir una opinión o formular una pregunta; pues de lo contrario, podría ocurrirnos lo mismo que a la famosa mona curiosa de que nos habla la muy aleccionadora fábula de la literatura infantil cubana: por sus reiteradas y necias preguntas, la muy imprudente mona siempre tenía problemas o vivía en permanentes conflictos con los demás animales.

 

 

sábado, 6 de junio de 2026

LIMINAR

 

He leído con sumo interés la obra Pacto de generales: Trujillo y Piro Estrella. Un libro de recreación histórica que viene a sumarse y, por tanto, nutrir la profusa bibliografía que en la República Dominicana versa acerca de la Era de Trujillo.  Y es que por la importancia, trascendencia y controvertida esencia de este dilatado y estudiado período de nuestra historia, así como por la relevancia histórica del personaje que en él fungió de protagonista, todo texto o estudio cuyo contenido aluda a este, no solo concita mucho interés, sino también curiosidad, pasión y los más diversos y encontrados sentimientos. Pacto de generales: Trujillo y Piro Estrella, con buena tinta, se inscribe desde ya en tan significativa lista.

Arturo Taveras, su autor, es un competente y veterano periodista, por cuya labor profesional, eficientemente ejercida, siento el gran orgullo de haber sido su maestro de literatura cuando cursaba estudios secundarios en el Liceo Nocturno «Tamboril». Nacido en el distrito municipal de Canca La Piedra, Tamboril, ha ejercido el periodismo en medios escritos, radiales y televisivos, en cada uno de los cuales, en todo momento ha puesto de manifiesto su comportamiento cívico, sentido humano y fina sensibilidad social, académica, artística y literaria.  

No es lingüista, tampoco historiador; pero a pesar de eso, su quehacer discursivo pone de manifiesto las inquietudes intelectuales que desde muy joven siempre ha tenido este acucioso comunicador.  Así, en septiembre del año 2011, nos sorprendió con la publicación de su libro, el primero, Las vainas de papá: Léxico y ocurrencias de un presidente, obra en la que presenta una bien documentada relación de ilustrativas e importantes muestras expresivas que fielmente revelan el estilo de lengua coloquial o particular forma de expresión del expresidente de la república, Ing. agrónomo, Hipólito Mejía.

Y esta vez vuelve a sorprendernos con la puesta en circulación de un libro que aborda un asunto que, envuelto en la magia del relato, nos presenta los vínculos militares, políticos y de poder que existieron entre el dictador, con rango de generalísimo, Rafael Leónidas Trujillo Molina y uno de sus más fieles colaboradores o principales soportes con que contó el régimen en el plano militar: el general Piro Estrella. O, para ser más específico, describe el comportamiento, reciamente cuestionado hasta por muchos de sus más cercanos parientes, asumido por este alto oficial ante a la férrea dictadura que durante treinta y un años encabezó el tirano presidente.

La aparición de este texto, Pacto de generales: Trujillo y Piro Estrella, constituye un valioso aporte para el conocimiento de muchos de los hechos o aspectos que, quizás hasta ahora desconocidos, conformaron uno de los períodos históricos más impactantes y sobresalientes de la vida dominicana contemporánea…

¡Saludamos!, pues, la materialización de tan importante parto bibliográfico.  Con su publicación, Arturo Taveras reafirma su condición de periodista; logrando desbordar los límites que el diarismo y la cotidianidad le trazan en su desempeño como tal, para trascender a los planos superiores de la investigación científica.

Domingo Caba Ramos
21 de mayo del 2026