domingo, 8 de febrero de 2026

SI YO FUERA ASESOR LINGUÍSTICO DE SERGIO VARGAS

Por : Domingo Caba Ramos

Sergio Vargas es uno de los más grandes cantantes de merengues de nuestro país, según los entendidos; pero este artista adolece de tres de las taras o defectos lingüísticos característicos de los hablantes dominicanos: no tiene frenos en la lengua, sentir placer con destacar las sombras en el comportamiento humano y querer «hacerse el gracioso» o «robarse el show» con chistes del mal gusto o posturas humorísticas que en ocasiones rayan en lo ridículo. Por esa razón, en un acto – homenaje a esa gloria del arte y la cultura dominicanas, Luis, Díaz, después de unas breves palabras de elogio a este, acerca del mismo Sergio Vargas se atrevió a decir aquello de que «aquí nadie huelió ni bebió más que ese…».

 Así se expresó Vargas en un acto de reconocimiento en el que solo debió existir espacio para destacar los grandes aportes artísticos y culturales de un músico, cantautor y folklorista que en el 2004 fue declarado por el gobierno dominicano, nada más y nada menos que PATRIMONIO CULTURAL DE LA NACIÓN. En tal virtud, si yo fuera asesor lingüístico de Sergio Vargas, en su cuarto, en letras grandes, colgara la definición que en una ocasión se me ocurrió improvisar acerca de lo que yo entiendo por comunicación efectiva:

LA COMUNICACIÓN EFECTIVA CONSISTE EN DECIR LO QUE NO SE DEBE CALLAR, Y CALLAR LO QUE NO SE DEBE DECIR…

 Y en el cristal delantero de su vehículo le fijaría también el contenido del proverbio chino que tanto me encanta y suelo citar:

«SI LO QUE USTED VA A DECIR NO ES MÁS HERMOSO QUE EL SILENCIO, ENTONCES CÁLLESE…»

 

LA MAGIA DE LA ESCRITURA


Por: Domingo Caba Ramos

«Escribir es una forma de terapia. A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana»

 (Graham Greene)

 Es sumamente difícil – casi imposible – hablar acerca de la escritura sin aludir a su hermana gemela: la lectura. Y así las considero, por cuanto una genera la otra. Esto quiere decir que sin texto, no hay lectura, y una lectura provechosa puede originar la construcción de nuevas ideas, nuevos sentidos, nuevos textos.

 «La lectura es el estímulo mayor que nos hace escribir; el estilo viene como una consecuencia de lo que se lee» – observa Américo Castro (1885 -1972), filólogo y ensayista español –.  Y «Es más competente como escritor – ha dicho otro autor - una persona que tiene el hábito de leer frecuentemente».

 Por eso, antes de desarrollar el tema que nos compete, y el cual se me ocurrió identificar con el título de “La Magia de la escritura”, quizás convenga referirme brevemente a la extraordinaria importancia que posee la práctica de la lectura para progreso tanto social como individual.Acerca del valor de la lectura es mucho lo que se ha dicho y escrito.  Son muchos los mensajes orientados a fomentar su práctica. «Hay que leer mucho»– dicen unos. «Solo a través de la lectura podemos mantenernos actualizados» – afirman otros. «La lectura enriquece el vocabulario, amplía el conocimiento, toda vez que es una fuente valiosa de información, mejora la ortografía y desarrolla la competencia comunicativa» – plantea la mayoría.

 En un artículo publicado en la prensa nacional, hace ya varios años, expresaba yo, entre otras ideas, lo que sigue:

«La lectura es una actividad, una operación, un proceso mental que capacita al hombre para alcanzar diferentes metas y enfrentar muchos de los problemas que la vida le plantea. En los tiempos modernos la lectura ocupa un lugar de primerísima importancia. Cada vez se hace más imperiosa la necesidad de poseer una mayor información y formación cultural, esto es, de estar al día de los últimos acontecimientos acaecidos tanto en el ámbito nacional como internacional. Y eso, obviamente, solo se logra a través de la lectura. La lectura nutre el intelecto, recrea el espíritu, activa la imaginación y orienta el rumbo que conduce a la meta deseada. Ella nos permite captar una nueva y más amplia visión del mundo y un agudo conocimiento del medio que nos rodea. La lectura franquea el camino del arte y abre las puertas del conocimiento científico…»

Y sobre la escritura, ¿qué se ha dicho y qué se hace para incentivarla?

 Quizás no tanto. La escuela, por ejemplo, es muy dada a propiciar recurrentes e intensos espacios de lectura, no así de escritura. Y cuando hablo de escritura, me refiero, fundamentalmente, a la escritura creativa, no a la reproductiva. Caso extraño, pues como ya afirmé en el primer párrafo de estas notas, la escritura precede a la lectura, esto es, sin la primera, la segunda carecería por completo de existencia. O, lo que es lo mismo, para que exista alguien que lea, primero tuvieron otros que plasmar sus pensamientos, emociones y sentimientos en un sistema de escritura llamado texto. En fin, sin escritores no hay lectores.

La escuela, por ejemplo, es muy dada a propiciar recurrentes e intensos espacios de lectura; pero no así de escritura. Y cuando de escritura se habla, surgen de inmediato preguntas del tipo:

¿Qué es escribir? ¿Por qué es importante la escribir? ¿Para qué se escribe?  Y surgen también las respuestas:

Escribir constituye un complejo proceso comunicativo, creativo y cognoscitivo que exige la apropiación del código gráfico del sistema lingüístico. Este proceso requiere una constante revisión del texto producido, una reflexión sobre la información para que sea compressible, una organización de ideas, de procedimientos de cohesión utilizados, de ortografía, de puntuación y una adecuación al registro comunicativo.

 «La escritura – sostiene el escritor ruso  Braslavsky Berta-  es la capacidad de producir significados, que se representan a través de un complejo sistema de signos gráficos»

 Escribir es importante porque:

1)    Desarrolla la capacidad de observación.

2)    Fomenta la capacidad de asombro o curiosidad científica y artística,

3)    Es uno de los métodos más eficaces para desarrollar la sensibilidad, la imaginación, la memoria y el razonamiento.

4)     Constituye el más idóneo recurso para la fiel expresión de la personalidad de quien escribe

5)    Igual que la lectura, amplía el conocimiento y posibilita el desarrollo de nuestras competencias lingüísticas y comunicativas.

6)    Es una importante herramienta fundamental para todas las formas de conocimiento.

7)    Es el medio por excelencia para registrar las ideas y perpetuar los contenidos científicos y artísticos producidos por los seres humanos a través de la historia.

 Merced a lo precedentemente planteado, todo el que escribe lo hace por diferentes motivos, vale decir, se escribe para:

a)     Fijar la memoria histórica.

b)    Expresar emociones y sentimientos

c)     Construir y transmitir nuevos conocimientos

d)    Como un recurso catártico, desahogo o válvula de escape.

e)     Expresar nuestras inconformidades, disgustos y protestas frente a los vicios, debilidades y desajustes del medio que nos rodea.

f)      Compartir con los demás lo que sabemos, pensamos y sentimos. Escribir entraña así, un sentimiento profundo de solidaridad.

g)    Reafirmar nuestras creencias y sistema de conceptos.

h)    Someter nuestros conocimientos al escrutinio público.

i)       Contribuir al desarrollo del conocimiento y actualizar los conocimientos que ya tenemos.

j)       Formar y autoformarnos

k)    Generar habilidades que puedan ser transferidas a la práctica profesional, estimulando la capacidad de búsqueda, de síntesis, de análisis crítico.

l)       Fomentar nuestra práctica lectora. No se puede escribir acerca de lo que se desconoce.

Pero no basta escribir. Es importante también saber escribir o manejar los recursos lingüísticos para el logro de una efectiva y adecuada escritura. En tal virtud, cuando se redacta conviene tener en cuenta lo siguiente:

1)    Ser lógico, evitando incoherencias, contradicciones, desórdenes de ideas, etc.

2)    Evitar equívocos, presentando interpretaciones claras que solo admitan una sola interpretación y no ofrezcan ambigüedades que oscurezcan el sentido de la idea expresada.

3)    Procurar un estilo propio u original. Se tendrá muy en cuenta la sencillez, exactitud, prudencia, huyendo de los juicios tópicos, las frases hechas y las metáforas gastadas o lexicalizadas.

4)    Evitar la pobreza expresiva, intentando enriquecerla con expresiones bien elegidas

5)    Citar, pero no copiar. El plagio, además de ilegal, revela poco compromiso con el conocimiento.

6)    Moderar las palabras populares o malsonantes, los modismos y los extranjerismos.

7)     Y, finalmente, Evitar los errores conceptuales, ortográficos, morfosintácticos y lexicosemánticos

Todo lo hasta aquí expresado revela de manera inequívoca que no solo la lectura: la escritura también posee sus magias.

(PUBLICADO EN DIARIO LIBRE EN FECHA 6/2/2026)

LA REALIDAD LINGUÍSTICA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN DE LA REPÚBLICA DOMINICANA

“Colocar al frente de un programa de radio o de televisión a un discapacitado lingüístico es como poner de inspector de semáforos a un daltónico...”

(Pedro Luis Barcia)

Por: Domingo Caba Ramos

Contrario a lo que debería ser su verdadera función, en el uso cotidiano de la lengua, en los medios de comunicación de nuestro país, se leen y escuchan las más sorprendentes y hasta jocosas irregularidades léxicas, semánticas, sintácticas y morfológicas. Imperan en ellos los vulgarismos, la fraseología insípida, impúdica u obscena, los errores conceptuales, el estilo coloquial y de frases que se apartan del registro estándar de la lengua. Medios en los que, a la hora de informar, se prestigia más el contenido que la forma expresiva, descuidando casi por completo esta última, creando así las condiciones para que los hablantes integren a su repertorio léxico una cantidad considerable de errores.

Quienes de manera periódica operan en la radio, la prensa y la televisión, más que formar prefieren adaptarse lingüística y culturalmente al receptor, y merced a este proceder, en los comunicadores nuestros prima la idea de que se debe hablar y escribir para los iletrados, imitar su lengua, emplear su sociolecto, vale decir, utilizar siempre la norma popular o las formas expresivas de los sectores menos instruidos; porque solo así, falazmente se afirma, «esos sectores pueden entendernos…».

En tal virtud, para llevar a cabo su “función orientadora”, los usos lingüísticos que se prestigian son, extrañamente, los correspondientes a los hablantes que poseen más bajo nivel de escolaridad. De ahí que en la cabina de radio y televisión se hable como si se estuviera en el cuarto de la casa, en la esquina del barrio o en la gradería del estadio. Tan preocupante realidad lingüística se pone de manifiesto tanto en la comunicación oral como escrita.

Para comprobar los desajustes expresivos de la lengua oral, basta escuchar uno que otro de los tantos programas de opinión que se transmiten en nuestro país. En estos espacios se dice y se oye de todo: gritos, amenazas, insultos, injurias, irregularidades articulatorias, vulgaridades... Y cuando de la lengua escrita se trata, el problema es aún más grave.

Conforme al juicio precedente, si leemos con detenimiento y espíritu analítico los diferentes diarios que circulan en nuestro país, en estos fácilmente descubriremos los gazapos o desaciertos morfosintácticos y lexicosemánticos que en esos medios se publican. Discordancias, faltas ortográficas, errores conceptuales, uso inadecuado de los signos de puntuación, corte indebido de palabras al final del renglón y la presencia de frases ambiguas o pleonásticas, se destacan entre las más frecuentes de esas irregularidades.

En el plano de la oralidad, esta realidad se ha tornado más crítica con la irrupción de los mal llamados «talentos» e «influencers» en los canales de youtube. Para muchos de estos exponentes, parece no existir frenos o límites de carácter ético y lingüístico cuando del uso de las más espantosas vulgaridades, insolencias y procacidades se trata. Y su conducta idiomática es entendible por cuanto la mayoría de ellos, aparte de su baja competencia académica, carece de plena conciencia acerca de cuál es la verdadera función de un medio de comunicación.

(PUBLICADO EN DIARIO LIBRE EN FECHA 30/1/2026)

 

lunes, 26 de enero de 2026

LOS RUIDOS EN EL PROCESO DE LA COMUNICACIÓN


Por : Domingo Caba Ramos

El concepto de ruido no se refiere simplemente a un problema acústico, sino a cualquiera interferencia. Un chicharreo en un radio es ruido, pero una página mal impresa también es ruido, así como imagen borrosa en la televisión”

(Armando Cassigoli)

En el proceso de la comunicación lingüística intervienen, entre otros factores, el emisor, el receptor y el mensaje. El emisor es quien codifica, emite o transmite el mensaje, ya sea en forma oral o escrita. Es quien habla o escribe. Es el hablante o escritor.

El mensaje es la idea o sentido que el emisor comunica al receptor por medio de un código común.

El receptor es quien recibe, descodifica o interpreta el mensaje. Es quien lee y escucha. Es el oyente o lector.

Para que la comunicación se produzca o resulte efectiva, el mensaje emitido por el emisor debe ser comprendido o debidamente interpretado por el receptor; pero desafortunadamente no siempre sucede así. El receptor, ya sea por ignorancia (inintencional) o por un interés marcado (intencional) suele distorsionar la esencia de la idea, amplificando, restringiendo o modificando el mensaje percibido. Se originan de esa manera lo que en la teoría de la comunicación técnicamente se conoce con el nombre de ruidos semánticos o simplemente ruidos, los cuales se definen como todas aquellas barreras o interferencia que impiden la debida interpretación del mensaje.

En la comunicación lingüística, los ruidos se producen cuando el emisor no se da a entender (no se expresa con claridad), o cuando el receptor no sabe entender, interpretar o desentrañar el sentido profundo del mensaje percibido (no sabe leer ni escuchar). De ahí que, en ocasiones, un mismo mensaje, sin ser poético, reciba las más diversas interpretaciones por parte de intérpretes distintos. Como sucedió en la historia que se transcribe a continuación:

«LO QUE SE CUENTA SUCEDIÓ EN UN CUARTEL CON MOTIVO DE UN ECLIPSE DE SOL. DEL CORONEL AL COMANDANTE DE BATALLON. - Como usted sabe, tendremos mañana eclipse de sol, cosa que no ocurre todos los días. Haga salir a los hombres en traje de campaña a la Plaza de Armas para que puedan ver ese raro fenómeno. Ya les daré las explicaciones necesarias. En caso de lluvia, no podremos ver nada. Entonces haga pasar los hombres al gimnasio.

DEL COMANDANTE DE BATALLON AL CAPITAN DE LA COMPAÑÍA.- Por disposición del señor coronel, mañana, a las 9 horas, habrá eclipse de sol, con instrucciones dadas por el señor coronel en persona, lo que no ocurre todos los días. Si el tiempo está lluvioso, no será posible ver nada al aire libre; pero entonces, en traje de campaña, el eclipse tendrá lugar en el gimnasio.

DEL CAPITAN DE LA COMPAÑÍA AL OFICIAL DE SERVICIO. - Por disposición del señor coronel, mañana, a las 9 hora, en traje de campaña, inauguración del eclipse de sol. El coronel dará en el gimnasio las órdenes oportunas en caso de que debiera llover, cosa que no ocurre todos los días.


DEL OFICIAL DE SERVICIO AL SARGENTO DE LA SEMANA. - Mañana, a las 9 horas, el señor coronel, en traje de campaña, hará eclipsar el sol con instrucciones si hace buen tiempo. Si llueve, no habrá eclipse, si bien esto no ocurre todos los días.

DEL SARGENTO DE LA SEMANA AL CABO DEL CUARTEL.- Mañana, a las 9 horas, tendrá lugar el eclipse del coronel en traje de campaña por efectos del sol. Si hace buen tiempo y llueve en el gimnasio se irá a la Plaza de Armas como demostración, porque esto no ocurre todos los días.

LOS SOLDADOS ENTRE SI. - Mañana, a las 9 horas, parece que el sol, en traje de campaña, hará eclipsar al coronel como demostración. ¡Qué lástima que esto no ocurra todos los días!»

En el hecho narrado se aprecia, inequívocamente, que la escucha activa no se produjo, esto es, los interlocutores no supieron escuchar de manera eficaz, y por esa razón, la idea original fue distorsionándose en la medida en que iba pasando de un interlocutor a otro.

Escuchar de manera activa o con eficacia es un arte. Un arte que, desafortunadamente, no todos los hablantes poseen, y de ahí las fallas que se producen en el acto comunicativo, o las que Azorín llama “ mañas en escuchar”

¿Por qué se originan esos problemas?

En la comunicación lingüística, ciertamente son diversas las causas que originan los ruidos semánticos : variantes dialectales, uso de códigos distintos por parte del emisor y el receptor, desconocimiento del contexto situacional y empleo de voces técnicas y, entre otras,  expresiones figuradas  que el interlocutor, por razones distintas, no cuenta con las competencias requeridas para descodificar o desentrañar su sentido profundo.

Sin embargo, y  como bien  se percibe en la historia pretranscrita, los ruidos, en las más de las veces, se generan por la ausencia de una escucha verdaderamente activa. Sencillamente, porque no prestamos atención a quien nos habla, dedicamos poco tiempo a escuchar con empatía y profundidad, en la conversación no esperamos que el otro termine de hablar, vale decir, lo interrumpimos constantemente para terminar lo que nuestro interlocutor está diciendo o para expresar una idea brillante que se nos ha ocurrido acerca del tema tratado.
En otras palabras, porque hablamos más que lo que escuchamos.


José Martínez Ruiz, Azorín, (1873 – 1967), el célebre escritor español , miembro prominente de la Generación del 98 y uno de los más finos prosistas de la lengua española, en su muy citado libro “El político” ( 1946 ), sostiene al respecto lo siguiente:

«Una de las artes más difíciles es saber escuchar. Cuesta mucho hablar bien; pero cuesta tanto el escuchar con discreción. Entre todos los que conversan, unos conversan, es decir, se lo hablan ellos todo; toman la palabra desde que os saludan y no la dejan; otros, si la dejan, os acometen con sus frases apenas habéis articulado una sílaba, os atropellan, no os dejan acabar el concepto; finalmente, unos terceros, si callan, están inquietos, nerviosos, sin escuchar lo que decís y atentos sólo a lo que van ellos a replicar cuando calléis…» ( Edición Especial, pág. 43, 1997)

Para superar tales “mañas”, Azorín recomienda que:

«Cuando se hable en corro o frente a frente, a solas con un amigo, dejemos que nuestro interlocutor exponga su pensamiento; estemos atento a todas las particularidades; no hagamos con nuestros gestos que apresure o compendie la narración. Luego, cuando calle, contestemos acorde a lo manifestado, sin los saltos e incongruencia de los que no han escuchado bien. Si es persona de calidad a quien nosotros queremos agradar aquella con quien hablamos, demostrémosle que tomamos grande gusto en lo que ella nos va diciendo» ( Ob. Cit., págs.43/44)

En el proceso de la comunicación oral, si pretendemos que esta resulte efectiva, hablar lo necesario y escuchar con atención constituyen la clave del éxito. Merced a este planteo, conviene entonces tener siempre presente lo que a alguien se le ocurrió decir alguna vez:

«Dios nos dio dos oídos y una boca por una buena razón : debemos escuchar el doble de que hablamos»

(Publicado en Diario Libre el 22 de enero del 2026)

LOS FONEMAS Y LOS PROBLEMAS QUE SU FUNCIÓN DISTINTIVA GENERA

 Por : Domingo Caba Ramos

Las palabras están constituidas por unidades o pequeños elementos fónicos llamados fonemas. Se agrupan estos en dos categorías generales: vocálicos y consonánticos. Así, son fonemas vocálicos, entre otros, la /a/, la /o/ y la /u/. Y son consonánticos la /p/, la /r/, la /s/, la /l/, la /n/…


Por la función lingüística que desempeñan, los fonemas son unidades distintivas, no significativas como la palabra; porque, aunque en sí mismos carecen de significados, pueden diferenciar el significado de las palabras de las cuales forman parte. Nótese, por ejemplo, el cambio semántico que se originaría en la palabra “coco” si se sustituye el fonema /c/ por /l/. Se aprecia claramente cómo un cambio fonológico puede producir un cambio semántico o variación del significado de la palabra. De ahí los problemas de sentido que se originan cuando al escribir, por descuido o ausencia de concentración, cambiamos una letra por otra (Lapsus) o cuando el impresor o transcriptor de un texto comete el mismo error (Errata).

Pablo Neruda (1904-1973), el muy renombrado Premio Nobel de Literatura (1971), nos relata una graciosa, curiosa y significativa experiencia al respecto, alusiva a uno de sus libros de versos publicados:

“En mi nombrado libro – confiesa el poeta – me atacó un erratón bastante sanguinario: «Donde digo “El agua verde del idioma…”, la máquina se descompuso y apareció “El agua verde del idiota…”»

Y cuenta, también, el error cometido por un impresor español en perjuicio de un poeta cubano:

«Allí donde el versista había escrito “Yo siento un fuego atroz que me devora”, el impresor había colocado: “Yo siento un fuego atrás que me devora”».

La anécdota nerudiana vale para los periodistas dominicanos en el momento de escribir, entre otros,  el apellido de un ministro (Landrón) recién nombrado en la administración pública; pues si como bien describe Neruda lo que le sucedió con su libro, la “máquina” del redactor se “descompone” y, por error, omite o no escribe la primera “n” (ene) correspondiente al del apellido del susodicho funcionario, ya todos podrán imaginarse el tremendo problema en que dicho periodista podría verse envuelto.

(Publicado en Diario Libre el 15 de enero del 2026)

 

 

LOS DOBLETES GENÉRICOS, LA CONSTITUCIÓN DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA Y EL PRINCIPIO DE ECONOMÍA LINGUÍSTICA

Por: Domingo Caba Ramos

«En los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos [...] En la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva»


(Diccionario panhispánico de dudas – RAE, 2005, p.311)

La economía lingüística se define como el «Principio de la lengua que permite obtener el mayor efecto comunicativo con el mínimo de esfuerzo lingüístico» (Diccionario básico de lingüística, México, 2005: 85)

Llamado también ley del menor esfuerzo, el Principio de Economía Lingüística se aplica en el acto comunicativo con el propósito de ofrecer la mayor cantidad de información con el mínimo de esfuerzo; vale decir, para expresar el mayor número de ideas con el menor número de palabras posible.  O como bien lo define Fernando Lázaro Carreter en su “Diccionario de términos filológicos” (1987: 135), la economía lingüística es el “Término que designa la tendencia, normal en los hablantes, a ahorrar esfuerzo en la articulación de palabras corrientes y de empleo abundante...” .

Merced a   ese principio es que el hablante apela, por ejemplos, al uso de la elipsis y la frase apocopada. Y basado en ese mismo principio es que en el uso de la lengua, tanto en su expresión oral como escrita, se recomienda evitar los circunloquios, las frases redundantes o pleonásticas, así como los dobletes genéricos (todos y todas; bienvenidos y bienvenidas; los maestros y las maestras…), propios de la llamada lengua inclusiva, que ha intentado imponer la línea ortodoxa o radical del movimiento feminista.

La economía expresiva, conviene aclarar, de ningún modo debe confundirse con laconismo y pereza léxica, ni mucho menos entenderla solo como una cuota reducida de palabras, sino como la adecuación exacta de estas con lo que el hablante pretende comunicar. Con su aplicación, el discurso se torna mucho más claro, preciso, conciso y elegante.

Todo lo contrario, sucede, por ejemplo, con el uso de los desdoblamientos o dobles genéricos antes referidos. Por superabultados, empalagosos y antieconómicos, resultan engorrosos, y a la expresión lingüística le restan   precisión, concisión, claridad y elegancia. Para entender esto, basta con determinar las palabras que sobran, lo tormentoso que resulta leerlos o escucharlos, y la ausencia de belleza que se percibe en innecesarios circunloquios del tipo:

1.     «A todos y todas los dueños y dueñas de perros y perras…»

 

2.     “Los empleados y las empleadas gallegos y gallegas están descontentos y descontentas por haber sido instados e instadas, e incluso obligados y obligadas, a declararse católicos y católicas”.

Pero en ningún otro texto la galante fluidez del discurso se ve más afectada, y la sintaxis se nos presenta más engorrosa, cursi, pesada o carente por completo de gracia estética, que en el contenido del Art. 41 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y en el cual se establece que:

«Solo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad podrán ejercer los cargos de presidente o presidenta de la república, vicepresidente ejecutivo o vicepresidenta ejecutiva, presidente o presidenta y vicepresidentes o vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, presidente o presidenta del Consejo Nacional Electoral, procurador o procuradora general de la república, contralor o contralora general de la república, fiscal general de la república, defensor o defensora del pueblo, ministros o ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la nación, finanzas, energía y minas, educación; gobernadores o gobernadoras y alcaldes o alcaldesas de los estados y municipios fronterizos y de aquellos contemplados en la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional. Para ejercer los cargos de diputados o diputadas a la Asamblea Nacional, ministros o ministras; gobernadores o gobernadoras y alcaldes o alcaldesas de estados y municipios no fronterizos, los venezolanos y venezolanas por naturalización deben tener domicilio con residencia ininterrumpida en Venezuela no menor de quince años y cumplir los requisitos de aptitud previstos en la ley…»

La función fundamental de la lengua, según el juicio técnico –lingüístico, es la comunicación. Esto significa que la lengua tiene que estar al servicio de la comunicación; pero la verdadera esencia de esta resulta sumamente afectada cuando se producen mensajes, discursos o textos como los más arriba   transcritos. 

Comunicar es aportar y compartir sentidos. Cuando las palabras y demás estructuras de la lengua no se adecúan a esos sentidos que se desean expresar, el acto comunicativo entonces resulta fallido. Bastante gráficas, al respecto, son las palabras de André Martinet, afamado lingüista francés, cuando en su libro Elementos de lingüística general plantea que «… no puede subsistir en una lengua nada que no aporte una contribución determinada a la comunicación y también que cada elemento del enunciado exige un esfuerzo de producción estrictamente proporcional a la función que cumple…» (1984: 223)

Merced a lo expresado por Martinet, es de buen juicio inferir que resulta a todas luces inviable que la doble mención genérica pueda fijarse y subsistir en el uso cotidiano de la lengua española. Sencillamente, porque esa doble expresión ninguna contribución aportan a la comunicación lingüística.


(Publicado en Diario Libre el 8 de enero del 2026)

LA CULTURA DE LA CORRUPCIÓN VISTA A TRAVÉS DEL VERSO POPULAR


Por : Domingo Caba Ramos

«El tíguere tiene que salirse con las suyas y sacar beneficio en todo lo que hace, lo cual se expresa en la actitud de “dame lo mío”. Al mismo tiempo, el tíguere hace su juego al margen de las normas establecidas, pues de lo contrario sería simplemente una persona exitosa y noble. El toque final consiste en hacer lo que sea, incluso “partirle el pescuezo a cualquiera”, aparentando ser un “angelito caído del cielo”»

José Dúnker

El año 2025 cierra con el más escandaloso caso de corrupción administrativa que se conozca en la historia política de la República Dominicana: el caso Senasa. Tan escandaloso ha sido considerado este, que ni siquiera uno solo de los tantos hechos de corrupción que caracterizaron a los gobiernos del PLD lograron superarlo.

La corrupción en nuestro país, al decir del destacado siquiatra, ensayista y profesor universitario, Dr. José Dúnker, debe concebirse como la versión evolucionada del antiguo “tigueraje” reinante en los barrios dominicanos.  Este concepto, el “tigueraje”, debe concebirse como la cultura, mentalidad o forma de conducta propia del “tíguere”, a quien el precitado especialista de la conducta humana define como aquel muchacho de clase baja residente en los barrios, que tenía la habilidad de “salirse con la suya” o incurrir en actos violatorios de las normas sociales establecidas, sin que nada pasara.

Ese “tigueraje” original, aclara Dúnker, se infiltró y penetró en todos los estratos sociales, públicos y privados, no faltando entre estos, la administración pública. En lo que respecta a la política dominicana, destaca el reputado siquiatra, lo que la rige hoy, es el “tigueraje”. Yo prefiero decir, al respecto, que en la política dominicana lo que prima es la cultura de la corrupción. Se trata esta, de una cultura endémica o arraigada en la conciencia colectiva, y promovida o incentivada por los mismos que contradictoriamente la combaten. Una cultura que se manifiesta a través del robo, el soborno, el arribismo, el oportunismo, el transfuguismo, la falsificación, el nepotismo, la desviación de fondos, la estafa y las sobrevaloraciones, entre otras prácticas ilícitas.

Una cultura en la que el comportamiento ético y la honestidad no se perdonan y critican con sañas, llamándole, por consiguiente, “pendejo”, “tonto” y “pariguayo” al funcionario que, una vez cesado en el puesto, muestre signos de pobreza o ausencia total de opulencia. Se origina así en la conciencia del ser dominicano una visión falsa y contradictoria de la realidad, por cuanto el mismo que solicita condena para el funcionario que hizo uso indebido de los fondos públicos, lo critica con furia si ya fuera del cargo lo ve desplazándose en un vehículo de modelo muy atrasado o residiendo en un sector y en una casa humilde.

 De ahí que más arriba hayamos dicho que en la República Dominicana, la misma persona que en un momento rechaza las prácticas corruptas, en otro las justifica, promueve y recomienda. Y esto último es posible que se deba al arraigo o carácter endémico de tales prácticas.

Merced a esa cultura de la corrupción en la sociedad dominicana, un líder y expresidente de la república, Joaquín Balaguer, en una ocasión declaró aquello de que «En mi gobierno, la corrupción se detiene en la puerta de mi despacho…». Y merced a esa misma realidad, aún se mantienen abiertos los expedientes por corrupción correspondientes, nada más y nada menos, que a dos hermanos, un cuñado y al jefe de la seguridad del anterior presidente del país, Danilo Medina.

Tan arraigada se encuentra esa cultura en la conciencia colectiva del pueblo dominicano, que el robo, la estafa y el peculado, históricamente se han considerado usos o prácticas normales, ante cuya ejecución, por ende, no hay por qué arrepentirse.

Así se pone de manifiesto en la anécdota que en su opúsculo titulado El verso octosílabo en la ruta de lo popular (2002, p.3) nos presenta el famoso profesor, versificador y activista social, Narciso González (1941-1994):

«Una tarde en que tomaba un café frente a uno de los paleteros que tienen su sede en la UASD — escribe Narcisazo —ese minicomerciante le había vendido un lápiz a un estudiante, cobrándole una suma dos veces mayor a su precio real. Cuando lo acusé de haberse aprovechado de la rapidez con que andaba su comprador, el paletero se limitó a responder con esta cuarteta:

“Al tonto, dejarlo tonto,
y al inocente, inocente,
y el que se deja joder
seguirlo jodiendo siempre…”

Pero no solo ese anónimo paletero asume la conducta antiética como un recurso normal, y hasta necesario, de obtención de ingresos o bienes personales. Juan Antonio Alíx (1833-1918), el ultracitado y famoso «Cantor del Yaque», cuando perseguía algún interés o favor político, con ferocidad despiadada destacaba los rasgos negativos del líder déspota del momento, y tiempo después, olvidando los elogios antes tributados y, al decir del crítico y escritor Joaquín Balaguer (1902-2002), «como la mayoría de los hombres de su época, aplaude sus crímenes y exalta al déspota hasta la exageración en el lenguaje villano de las adulaciones…»

Tan oportunista y arribista comportamiento, en vez de generar arrepentimientos en la conciencia individual del poeta, el afamado decimero mocano – santiaguero trató de justificarlo con los versos que más abajo se reproducen y los cuales, más que «ser citados como un modelo de cinismo…», como argumenta Balaguer, a todas luces revelan cómo la cultura de la corrupción hace que, en el ámbito ético – moral, dependiendo de los intereses que se persigan, lo anormal se asume como normal y viceversa. A tono con este juicio vale resaltar que ningún sentimiento de culpa muestra Alix cuando con el mayor desenfado y estoica postura les dice a quienes quizás osaron condenar su abierto oportunismo:

«Como Alix Antonio Juan,
gana la vida cantando,
en nada se anda fijando,
para conseguir el pan.
Lo más que decir podrán,
es que ayer cantó a un tirano,
y hoy le canta al ciudadano,
Jiménez, noble caudillo,
patriota, probo y sencillo,
prez del pueblo quisqueyano.
Yo le canto al padre eterno,
le canto a Dios y a sus santos,
a los demonios y a cuantos,
habitan en el infierno»

(PUBLICADO EN DIARIO LIBRE EL 1 DE ENERO DEL 2026)