sábado, 27 de junio de 2026

CUANDO LOS VALORES DESAPARECEN Y LA DEPRAVACIÓN SE NORMALIZA

Por : Domingo Caba Ramos

Todos lo llaman por el apodo de Alofoke. En solo una ocasión tuve la desgracia de verlo y escucharlo en su plataforma de internet. Su depravación verbal y el léxico obsceno, letrinesco o altamente cloacal que emanaba de su boca, parecía no tener límites. Jamás pensé que algo igual yo algún día escucharía a través de un medio de comunicación. Tal fue mi impacto que, a partir de tan desagradable experiencia, en las asignaturas lingüísticas y literarias que imparto en la universidad, siempre les he recomendado a mis alumnos evitar la presencia de niños cerca cuando estén escuchando a ese seudocomunicador, para evitar así que a muy temprana edad se les distorsione su conducta idiomática.

Y en tal virtud, también jamás pensé que alguien con semejante perfil, podría mencionarse para desempeñar ni siquiera el puesto de mensajero en una institución pública, mucho menos los cargos de presidente o vicepresidente de la República, como de la forma más natural está sucediendo ahora. Cuando un dominicano entiende que el sujeto arriba mencionado puede ser candidato a la presidencia o a la vicepresidencia del país, entonces a mí, particularmente, no me queda más que rectificar mi pensamiento y concluir afirmando:

«YO CREÍA QUE EN LA REPÚBLICA DOMINICANA, MORALMENTE ESTÁBAMOS A LA ORILLA O CERCA DEL FANGO, PERO TODO PARECE INDICAR QUE YA HACE MUCHOS AÑOS ESTAMOS DENTRO…»

Mi ingenuidad o falsa creencia quizás se debió a que olvidé que hemos dado un salto a una compleja y contradictoria posmodernidad en la que la sombra se considera igual o mejor que a la luz, y en la que el angosto, oscuro, pestilente y contaminante sendero de la cloaca, se admira y prefiere más que la impecable, vistosa y pulcra superficie de una alfombra roja.

LA FUERZA DEL USO EN LA EXPRESIÓN LINGUÍSTICA

Por: Domingo Caba Ramos

 Cuando un niño se mueve mucho, es posible que, refiriéndose a él, alguien diga que: «Ese es el muchacho más “desinquieto” que he visto».

 

Si dos adolescentes, niños o jóvenes protagonizan una riña, de seguro que uno de los adultos presentes ordenará que los “desaparten “.

 

Y si alguien nota que a una mujer o a una hembra animal se le "alborotan" las hormonas o exhibe conductas que revelan compulsivos deseos de apareamientos, de esa mujer o de esa hembra animal (yegua, mula, burra, etc.) acto seguido se dirá que está descalentada

 

En cada una de las voces prefijadas entrecomilladas, presentes en los párrafos precedentes, el desajuste semántico, sin embargo, es mucho más que notorio. Esa distorsión se origina como resultado de la configuración morfológica de las susodichas voces. Veamos:

 

La voz compuesta inquieto está formada por el adjetivo «quieto», que significa pacífico o carente de movimientos, y el prefijo «in», que significa negación (no, nunca, jamás…). Merced a esa morfológica construcción, inquieto entraña el significado de no quieto. Si a dicho vocablo, inquieto, se le antepone el prefijo des, que también significa negación, fácil resultará concluir afirmando que desinquieto quiere decir no inquieto esto es, quieto, tranquilo, pacífico, sin movimientos. Lo mismo sucede con el verbo “desapartar “:

 

Des = negación
Apartar = separar
Desapartar = No separar

 

¿Qué significa eso?

 

Sencillamente, que mandar a «desapartar» a dos niños o personas que estén peleando, es afirmar todo lo contrario de la intención del mensaje que se desea expresar. O, lo que es lo mismo, es ordenar que esos niños se unan, abracen y propinen más golpes.

 

¿Y qué decir de una mujer o hembra animal descalentada?

 

Se tratará, indiscutiblemente, de una mujer o una hembra fría o carente por completo de deseo sexual, razón por la cual, lo menos que desearía en ese momento, sería sostener sexuales vínculos con un macho o varón, toda vez que si calentar soporta los significados de «Infundir calor a un cuerpo… » y «Excitar sexualmente a alguien… », en el contexto de la relación sexual, «descalentada», por el contrario, significa no caliente, no excitada, no ardiente o carente de fuego sexual; pero a pesar de lo antes aclarado, una de las voces léxicas antes comentadas, “desapartar, debido talvez a la fuerza del uso que en el mundo hispanohablante ha logrado, figura como entrada en el Diccionario de la lengua española con el significado de apartar.

 

Y por esa misma razón, en el habla dominicana, común resultará siempre escuchar a un usuario de la lengua decir que tal o cual ser humano es «desinquieto», en lugar de inquieto; que tal o cual mujer o hembra animal está «descalentada», en vez de caliente, excitada, ardiente...; o que «desaparten» a los niños que han iniciado una riña, en lugar de que los “aparten" o "separen..."

 

(PUBLICADO EN DIARIO LIBRE, 19 DE JUNIO DEL 2026)

 

miércoles, 17 de junio de 2026

¡QUÉ DIFÍCIL RESULTA CAER Y PERMANECER PRESO, ¡A VECES, EN LA R.D.!


Por: Domingo Caba Ramos

 La norma jurídica así lo establece: usted roba, desfalca al Estado, difama e injuria, por ejemplos, y aparece un juez que en primera instancia emite una sentencia mediante la cual se le condena a tantos años de prisión. Parecería entonces que del mismo tribunal lo montan en una guagua y lo enfundan en una cárcel durante el tiempo que indique la sentencia; mas como dice nuestro Poeta Nacional, Pedro Mir, «pero no…». La sentencia antes debe ser leída o notificada a la parte condenada. Y como no se considera irrevocable o definitiva, al imputado se le concede el derecho de apelarla o recurrirla en tribunales superiores ( Corte de Apelación, Suprema Corte…) , y ese recurso de apelación y casación surte un efecto suspensivo, vale decir, suspende la ejecución de la pena, razón por la cual, hasta que el más alto tribunal confirme el dictamen o emita una sentencia definitiva, el corrupto, desfalcador o difamador imputado se desplazará por «esas calles de Dios» «tan campante como Johnny Walker». Y entre instancias e instancias, el proceso de apelación/casación puede tardar años.

Para muestras, basta solo un botón: los imputados del caso Coral fueron sometidos en el 2021. Les dictaron medida de coerción consistente en prisión preventiva (18 meses). Vencido este tiempo, hubo que liberarlos, y no fue hasta cinco años después, en el día de ayer, cuando se les dictó sentencia condenatoria en un tribunal de primer grado. Ahora deben esperar en sus casas a que se les notifique la medida, luego la apelarán y quién sabe el tiempo que esos «angelitos» permanecerán comiendo y durmiendo en sus respetivos domicilios. Es lo que sucede con el «detective» y otros famosos difamadores de las redes sociales que andan por ahí: recientemente fueron condenados a cumplir prisión, pero no hay uno solo que esté en la cárcel.

De toda forma, tenemos que admitir que en el sistema judicial hemos avanzado, pues ver a un mayor general y a otro oficial superior presos en el pasado, y muy especialmente en los gobiernos de Balaguer, era mucho más que un sueño.

 

PREGUNTAS, AFIRMACIONES Y OTRAS INDELICADEZAS EXPRESIVAS


Por : Domingo Caba Ramos

 «Si lo que usted va a decir no es más hermoso que el silencio, entonces cállese»
(Proverbio chino)

 En la universidad tuve una alumna que era muy flaca, extremadamente flaca. Sus amigos, compañeros de estudio y hasta sus propios familiares no la dejaban en paz:

“¡Dios mío, qué esqueleto! “, “¡Tú te ves fatal!”, “¡Muchacha, ponte a comer para que engordes!”, “¿Pero es el Sida que tú tienes?, eran sólo algunos de los flechazos articulatorios que diariamente recibía la brillante estudiante de mercadeo.

 Tengo un amigo que es gordo, extremadamente gordo. Su figura se ha convertido en el blanco predilecto hacia el cual van dirigido los siguientes dardos o proyectiles expresivos:

 “¿Y cómo tú conseguiste toda esa gordura?”, “¿Cómo cuántas libras tú pesas?”, “¡Tú te ves horrible con toda esa manteca!”, “Cuando paras, yo quiero un marianito”, “¡Muchacho, ponte a correr pa que baje esa panza!”, “Ese arroz como que te está aprovechando...”

Tuve una compañera de trabajo en cuyos años de noviazgo, la presión y el asedio de amigos y relacionados la tenían casi al borde del siquiatra. Preguntas como las que siguen, con amargura sin igual, tenía que escucharla durante las     veinticuatro horas del día:

 “¿Cuántos años tú tienes de amores?”, ¿Y es que ustedes no se piensan casar...? “Tú y tu novio ya son casi hermanos”, “¿Y qué es lo que ustedes esperan…? 

 Mi amiga por fin contrae nupcias. De inmediato se prepara para convertir en realidad el gran sueño de su vida: tener un hijo, sueño que jamás pudo materializar, debido a que cada vez que paría, sus criaturas nacían muertas. Su inmenso dolor parecía multiplicarse y su depresión se tornaba cada vez más crónica desde el mismo instante en que su tímpano era martillado con frases como estas:

 “¡Muchacha, los hijos hay que tenerlos!”, “Un matrimonio sin hijos no es matrimonio…”, “Ponte en tratamiento pa que para…”, “Te vas a volver una viejita y no vas a tener un hijo…” 

Obviamente que no hay que ser especialista en el tratamiento de la conducta humana para imaginarse el negativo efecto que expresiones como las preindicadas generan en la mente de quien desea tener un hijo, pero no puede.

A otro de mis amigos le sobra edad para casarse, pero permanece soltero o “solterón”, como peyorativamente prefieren llamarlo algunos. Ha optado él por disfrutar una vida bohemia o practicar el amor de los marineros, quienes, al decir de Pablo Neruda, “besan y se van / en cada puerto dejan un amor / y no vuelven más”. Por adoptar semejante conducta, hasta mi “enllave” llegan casi a diario los más diversos, odiosos e indelicados puyazos verbales:

 “¿Ya te casaste…?”, “¿Y para cuándo lo vas a dejar…? “¡Ese tipo es como raro o alguna maña debe tener…! “Ese es un picaflor…”, “Ese carajo debe ser ‘pájaro’…”, “Es un bohemio que le gusta estar con una hoy y otra mañana… “¿A qué le temes…?”

 Los anteriores son sólo cinco de los tantos casos de indelicadezas o imprudencias en que suelen incurrir muchos hablantes dominicanos en el uso cotidiano de lengua, a las cuales podríamos agregar preguntas no menos necia del tipo: ¿Cúantos tú ganas?, ¿Cuál es tu edad?, etc. Se trata de conductas verbales típicas de sociedades poco desarrolladas, matizadas por evidentes rasgos aldeanos o en las que late el alma del suburbio y la cultura del vecindario. En ese tipo de sociedades, cuando de la vida personal de los demás se trata, todo se indaga, todo se informa, todo se pregunta. Y en vez de actuar como el sabio, se procede como el necio:

El sabio utiliza la lengua con sumo tacto, prudencia y sentido común. El necio, en cambio, actúa con torpeza, irrespeto, imprudencia y ligereza.

 El sabio sabe qué, dónde y cuándo hablar. El necio no mide lo que dice, esto es, habla de todo, en todo momento y en cualquier lugar.

El sabio, por sabio, sabe cuándo debe callar. El necio, por torpe, nunca calla y “dice todo lo que se le viene a la boca”, restándole así efectividad al acto comunicativo. Olvida este que la esencia de una efectiva comunicación consiste en callar lo que no se debe decir y decir lo que no se debe callar.

Olvidan los necios, en fin, que en el uso de la palabra hay que ser lo más cauto o medido posible, muy especialmente en el instante en que haya que emitir una opinión o formular una pregunta; pues de lo contrario, podría ocurrirnos lo mismo que a la famosa mona curiosa de que nos habla la muy aleccionadora fábula de la literatura infantil cubana: por sus reiteradas y necias preguntas, la muy imprudente mona siempre tenía problemas o vivía en permanentes conflictos con los demás animales.

 

 

sábado, 6 de junio de 2026

LIMINAR

 

He leído con sumo interés la obra Pacto de generales: Trujillo y Piro Estrella. Un libro de recreación histórica que viene a sumarse y, por tanto, nutrir la profusa bibliografía que en la República Dominicana versa acerca de la Era de Trujillo.  Y es que por la importancia, trascendencia y controvertida esencia de este dilatado y estudiado período de nuestra historia, así como por la relevancia histórica del personaje que en él fungió de protagonista, todo texto o estudio cuyo contenido aluda a este, no solo concita mucho interés, sino también curiosidad, pasión y los más diversos y encontrados sentimientos. Pacto de generales: Trujillo y Piro Estrella, con buena tinta, se inscribe desde ya en tan significativa lista.

Arturo Taveras, su autor, es un competente y veterano periodista, por cuya labor profesional, eficientemente ejercida, siento el gran orgullo de haber sido su maestro de literatura cuando cursaba estudios secundarios en el Liceo Nocturno «Tamboril». Nacido en el distrito municipal de Canca La Piedra, Tamboril, ha ejercido el periodismo en medios escritos, radiales y televisivos, en cada uno de los cuales, en todo momento ha puesto de manifiesto su comportamiento cívico, sentido humano y fina sensibilidad social, académica, artística y literaria.  

No es lingüista, tampoco historiador; pero a pesar de eso, su quehacer discursivo pone de manifiesto las inquietudes intelectuales que desde muy joven siempre ha tenido este acucioso comunicador.  Así, en septiembre del año 2011, nos sorprendió con la publicación de su libro, el primero, Las vainas de papá: Léxico y ocurrencias de un presidente, obra en la que presenta una bien documentada relación de ilustrativas e importantes muestras expresivas que fielmente revelan el estilo de lengua coloquial o particular forma de expresión del expresidente de la república, Ing. agrónomo, Hipólito Mejía.

Y esta vez vuelve a sorprendernos con la puesta en circulación de un libro que aborda un asunto que, envuelto en la magia del relato, nos presenta los vínculos militares, políticos y de poder que existieron entre el dictador, con rango de generalísimo, Rafael Leónidas Trujillo Molina y uno de sus más fieles colaboradores o principales soportes con que contó el régimen en el plano militar: el general Piro Estrella. O, para ser más específico, describe el comportamiento, reciamente cuestionado hasta por muchos de sus más cercanos parientes, asumido por este alto oficial ante a la férrea dictadura que durante treinta y un años encabezó el tirano presidente.

La aparición de este texto, Pacto de generales: Trujillo y Piro Estrella, constituye un valioso aporte para el conocimiento de muchos de los hechos o aspectos que, quizás hasta ahora desconocidos, conformaron uno de los períodos históricos más impactantes y sobresalientes de la vida dominicana contemporánea…

¡Saludamos!, pues, la materialización de tan importante parto bibliográfico.  Con su publicación, Arturo Taveras reafirma su condición de periodista; logrando desbordar los límites que el diarismo y la cotidianidad le trazan en su desempeño como tal, para trascender a los planos superiores de la investigación científica.

Domingo Caba Ramos
21 de mayo del 2026

viernes, 5 de junio de 2026

EL PREJUICIO RACIAL ANTINEGRO EN LA REPÚBLICA DOMINICANA, VISTO A TRAVÉS DE LA LENGUA


Por: Domingo Caba Ramos

(Tercera y última parte)

“¿Por qué te pones tan brabo, 
cuando te disen negro bembón, 
si tienes la boca santa,
negro bembón?”

(Nicolás Guillén)

4.   El prejuicio racial en la poesía folklórica dominicana.

 Las alusiones más degradantes, satíricas, ofensivas a los rasgos físicos, morales y espirituales del negro se pueden recoger en muestras extraídas de nuestra poesía folklórica. Son muy escasos los rasgos del negro que no son objeto de desprecio y ataque en las dos principales manifestaciones del folklore poético dominicano: la décima y la copla anónima.

Para las mentes prejuiciadas o racistas, el “pelo bueno” es propio del blanco, mientras que el “malo” pertenece al negro. Así queda expresado en la siguiente copla:

 “Ayer te mandé un pan blanco,
 y un arenque pa’ que cene,
 y no te mandé pimientas,
 porque tu cabeza tiene”.

 Tanto en nuestro país como en otros afroamericanos los labios del negro reciben el despectivo nombre de bembas o bembes. Una copla popular dice:

 “En la puerta de mi casa,
 hay una mata de bambú,
 donde beben mis amigos,
 no bebe un negro bembú”.

 Cuando el general Ulises Heureaux (Lilís) gobernó la República Dominicana, muchos dominicanos se apoyaron en su color negro para molestarlo y mortificarlo con términos y expresiones que se referían a su persona en forma peyorativa. De él se llegó a decir que era brujo, que se volvía galipote y que estaba “untao”, o sea, preparado para que a su organismo no penetraran las balas. En cierta ocasión una señora de la alta sociedad lo confundió maliciosamente con un “nublado”. Ni siquiera con su muerte se le dejó tranquilo, como se refleja en esta socarrona y mortificante copla:

“De los bembes de Lilís,
 sabiéndolos compartir,
 salen dos tocinos gordos,
 muy sabrosos para freír”.

 Nicolás Guillén, Poeta Nacional de Cuba y genial exponente de la poesía negroamericana, en su famoso poema “Negro bembón”, eleva un canto de aliento al negro que rechaza airadamente la sarcástica denominación de sus labios, cuando pregunta:

“¿Po qué te pones tan brabo, 
cuando te disen negro bembón, 
si tienes la boca santa,
negro bembón?”.


 Como en otra parte del presente ensayo se expuso, para las mentes racistas los pies del negro no merecen, como los del blanco y otras categorías raciales, llamarse pies, sino “patas”. Así se pone de manifiesto en los muy sarcásticos y populares versos de indiscutible acento epigramático que a continuación se trascriben :

 “El negro pata de arepa,
 narices de berenjena,
 aunque Dios baje del cielo,
 el negro no es cosa buena”.

 Quienes se refieren  despectivamente  al negro no escatiman esfuerzos en desvalorizarlo, comparándolo en todos los aspectos con el blanco:

 “Los blancos huelen a polvo,
 y los indios a canela,
 y los malditos negros,
 a berrenchín de culebra”.

 ¿Para qué fue creado el negro?

 Tres coplas en variantes diferentes tratan de responder la pregunta. En ellas es fácil notar la relación negro – diablo. La primera dice:

 “El negro lo hizo Dios,
 para completar un grupo,
 y el negro salió tan bruto,
 que el diablo se lo llevó”.

 Esta segunda variante es bastante parecida a la primera:

“El negro lo mandó Dios,
 para completar un grupo,
 pero lo encontró tan bruto,
 que al diablo se lo entregó”.

Y en esta tercera estrofa se alude indirectamente a la condición de esclavo de que fue objeto el negro por parte de los conquistadores españoles:

 “El negro lo hizo Dios,
 para servirles a los blancos,
 y después que va pa viejo,
 de cuco pa los muchachos”.

 La asociación del negro con el diablo logra su más sólida expresión en la copla que dice:

 “El blanco es hijo de Dios,
 y el mulato de san Pedro,
 y al negro lo engendró el diablo,
 para tizón del infierno” .

 Al negro, como se aprecia en los versos que siguen, siempre se le ha querido presentar como un ser bruto, tonto, idiota y sin importancia; comparable por consiguiente, a elementos desechables o a seres irracionales de la realidad:

 “El negro y la sica de vaca,
 son dos cosas parecidas,
 que por fuera está reseca,
 y por dentro resumida”.

 “El negro por justa ley,
 y por su mala conducta,
 debe andar con una tusa,
 limpiándole el rabo al buey”.

 “El negro y el mulo son,
 según se dice, parientes,
 el mulo por sus resabios,
 y el negro por creerse gente".

 La mezcla del negro con el blanco parece ser incompatible. Esto sólo puede ocurrir cuando el blanco piensa obtener del negro algún beneficio. Muestra de esta idea se extrae de la presente estrofa:

“Si ves a un blanco comiendo,
 de un negro en su compañía,
 o el blanco le debe al negro,
 o es del negro la comía”.

 El original estado de inferioridad social del negro aparece fielmente plasmado o sugerido en el siguiente  epigrama:

“Negro no se sienta en silla, 
ni tampoco en taburete,
 negro se sienta en el suelo,
 o si no hala un tolete”.

Y también en este otro :

 “El negro y el sinvergüenza,
 nacieron de una barriga,
 el negro nació primero,
 con el sinvergüenza arriba”. 

5.     A modo de conclusión

En la República Dominicana son muchos los que sostienen que no existe la negrofobia o el prejuicio racial antinegro. Quienes defienden dicha tesis justifican su punto de vista argumentando que el negro criollo tiene cabida en los diferentes círculos sociales que convergen en este país, tales como clubes,empresas, partidos políticos, académicos, religiosos, etc. Ciertamente es así, pero tal integración social de ningún modo revela la no existencia del prejuicio racial (juicio previo o actitud mental negativa hacia las personas de piel negra), sino la ausencia de discriminación racial.

Y es que, si bien la discriminación debe asumirse como la expresión concreta del prejuicio, una y otro no siempre confluyen de manera simultánea en todas las comunidades. Como sucede en la República Dominicana, puede existir prejuicio (juicio de valor o estereotipo negativo), pero no discriminación (acción excluyente y negadora de derechos).

 Las muestras lingüísticas y poéticas antes presentadas nos permiten refutar el argumento de la no existencia del prejuicio racial antinegro en la República Dominicana, y reafirmar nuestra tesis original: los dominicanos, sin importar el color de la piel, somos racistas. Heredamos un complejo étnico que por estar alojado en la zona del inconsciente, ignoramos su presencia, originándose, de esa manera, la falsa creencia de que en nuestra mente y en la de los demás no existe el prejuicio contra el negro.

 Pero no sólo en Santo Domingo. En el folklore literario de otras zonas de Hispanoamérica, como Cuba, Venezuela y Colombia, entre otros países,  también se registran puyazos poéticos dirigidos directamente a la epidermis del negro:

 “Me puse a lavar un negro,
 a ver qué color cogía,
 mientras más jabón le echaba,
 más cenizo se ponía”.

 “La negra que se echa polvo,
 y viste de muselina,
 parece troncón quemado,
 cubierto por la ceniza”.

 Y también socarrones versos como los que a continuación se transcriben , por medio de los cuales un cantor venezolano relata su infeliz experiencia amorosa con una negra:

“Queriendo estuve a una negra,
 un verano y un invierno,
 y me parece que estuve,
 diez años en el infierno.”

 La relación sentimental del blanco con el negro es ironizada de manera punzante por otro coplero venezolano:

 " La mujer que por locura,
 tiene un negro por amante,
 aunque el sol esté radiante,
 siempre ve la casa oscura."

 El profesor e investigador cubano José Juan Arrom reconoce, sin embargo, que el tono del improperio se eleva según la proporción de las llamadas “personas de color” en cada región. De ahí que en aquellos países de América donde la densidad de la población negra es escasa o moderada, «el puyazo es usualmente ligero y no deja escozor», apunta el precitado autor. Y acto seguido argumenta: «.... En cambio en Santo Domingo, que posee un alto índice de habitantes negros y ha sido dominado por gobernantes negros más de una vez, el insulto se hace caustico y deja llagas” (“Certidumbre de América», 1971, pág. 137).

 Tan consolidado está ese prejuicio en nuestro país, que de las muestras poéticas investigadas sólo encontramos dos en las que el negro es visualizado con cierto grado de defensa y simpatía:

“Negro, no te pongas bravo, 
porque te digan ladrón,
 que los blancos también roban, 
cuando tienen la ocasión.”

Y también los siguientes versos del laureado vate dominicano ido a destiempo, Juan Sánchez Lamouth (1929-1969):

“Si en mi alma hay flores, 
son flores morenas,
 también mis auroras,
 son auroras negras”

 En semejante contexto, bastante reveladora es la copla en la que negros y blancos quedan conductual y éticamente emparejados:

 " Todo blanco es embustero,
 todo pulpero, ladrón, 
todo negro pelo liso, 
tiene muy mala intención".

 Hasta aquí, nuestras consideraciones respecto a tan polémico y debatido tema. Para terminar, nada mejor que hacerlo con los versos que se transcriben más abajo por entender que constituyen la más genuina síntesis de todo lo planteado en el presente texto. En ellos, su autor, el afamado poeta Manuel del Cabral (1907 -1999), le recuerda a un negro dominicano que:

“Cualquier cosa tuya te pone triste; 
cualquier cosa tuya, 
por ejemplo: tu espejo...”

Referencias bibliográficas

1.    Alcántara, Almánzar, José. (1979).  Estudios de poesía dominicana. Alfa y Omega.

2.    Alix, Juan Antonio. (1969). Décimas (Tomo 1). Librería Dominicana.

3.    Arom, José Juan. (1971). Certidumbre de América. Gredos

4.    Balaguer, Joaquín. (1947). La realidad dominicana. Ferrari Hermanos.

5.    -------- . (1985). La isla al revés. Librería Dominicana.

6.    Balaguer, Joaquín. (1947). La realidad dominicana. Ferrari Hermanos.

7.    Blanco, Carlos Larrazábal. (1975). Los negros y la esclavitud en Santo Domingo. Julio D. Postigo e Hijos Editores.

8.    Candelier, Bruno. (1977). Lo popular y lo culto en la poesía dominicana. UCMM.

9.    Del Cabral, Manuel. (2000). Antología poética. Ediciones Nuevos Tiempos.

10. Franco, Franklin J. (1979).  Santo Domingo: Cultura, política e ideología. Editora Nacional.

11. --------. (1981). Historia de las ideas políticas en la República Dominicana. Editora Nacional.

12. Guillén, Nicolás. (2004). Obra poética (Tomo 1). Editorial Letras Cubanas.

13. Hernández Franco, Tomás. (1975). Yelidá. Taller

14. Rodríguez Demorizi, Emilio. (1979). Poesía popular dominicana. UCMM

15. Tolentino Dipp, Hugo. (1974). Raza e historia en Santo Domingo. (Tomo 1). Editora de la UASD.

16. Vicioso, Abelardo. (1983). El freno hatero en la literatura dominicana. Editora de la UASD.

 

 (PUBLICADO EN DIARIO LIBRE : 5/6/2026)


 

 

 

domingo, 31 de mayo de 2026

EL PREJUICIO RACIAL ANTINEGRO EN LA REPÚBLICA DOMINICANA, VISTO A TRAVÉS DE LA LENGUA


Por: Domingo Caba Ramos 

(Segunda parte)

 «El racismo vigente hoy en el país se originó en la época colonial, pero la clase dominante lo ha mantenido y reforzado repitiendo los mismos estereotipos negativos con los que tipificaron a los negros inferiores a los blancos»

 (Carlos Esteban Deive)

1.    Incremento del prejuicio racial antinegro

El prejuicio racial antinegro del pueblo dominicano que, como ya apuntamos tuvo su punto de partida en la época de la colonia, parece haber cobrado su mayor fuerza a partir de la proclamación de la Independencia Nacional el 27 de febrero de 1844. Al menos eso es lo que se desprende de las declaraciones ofrecidas por muchos de los intelectuales y especialistas que han abordado tan importante asunto. 

«La guerra que tuvo que librar el pueblo dominicano- plantea al respecto el poeta y ensayista Abelardo Vicioso para defenderse de las constantes agresiones del ejército haitiano dejó una secuela de odios contra el país vecino, que las clases dominantes se han esforzado en prolongar hasta nuestros días». (Vicioso, Abelardo, El freno hatero en la literatura dominicana,1983 :167 ).

 Los propulsores de la Independencia, imbuidos por su sentimiento patriótico o nacionalista, orquestaron un movimiento propagandístico de carácter antihaitiano mediante el cual se buscaba destacar los más negativos atributos del territorio haitiano , así como las agresiones que de él recibimos, y justificar, al mismo tiempo, la intervención de países civilizados como España, Francia, Inglaterra y Estados Unidos.

«Ese corrompido y falso sentimiento nacionalista – argumenta Franklin Franco - que traducía en el fondo un profundo prejuicio racial fue un arma verdaderamente eficaz para el desarrollo aquí del pensamiento colonialista de la oligarquía gobernante». (Franco, Franklin J. Santo Domingo: Cultura, política e ideología, 1979 : 90).

La propaganda antihaitiana utilizó la prensa y la literatura como medios eficaces y poderosos para difundir sus ideas. 

“Esta literatura antihaitiana - agrega Abelardo Vicioso- contribuyó a degradar la conciencia nacional, creando un prejuicio contra el pueblo vecino con profundas raíces en el dominicano, que aún resulta difícil arrancar”. (ídem, 169 :170).

 Importante es subrayar que la propaganda en contra del pueblo haitiano fue obra no sólo de los intelectuales más conservadores y reaccionarios de la época, sino también de prominentes miembros de la Sociedad Secreta La Trinitaria, entre los que se distinguen el poeta Félix María del Monte ( 1819 -1899 ) . A este trinitario se le atribuye haber compuesto el primer himno de guerra dominicano que nuestra historia literaria registra con el título de “Canción dominicana” o “Himno de la Independencia” (1844); pero más que un himno dominicano, la referida pieza, por su contenido, más bien puede considerarse como un canto antihaitiano y prohispánico a la vez, carente por completo de un genuino sentimiento dominicanita. Así queda  evidenciado en la primera estrofa del himno, en cuyo primer verso el autor llama españoles a los dominicanos:

 «Al arma, españoles!
 ¡Volad a la lid!
 ¡Tomad por divisa"!
 ¡Vencer o morir!»

 El antihaitianismo vigente  en las creaciones de Félix María del Monte se percibe con mayor vigor en los  versos que siguen, tomados de sus “Cantos dominicanos”, en los cuales el poeta y patriota describe así a los haitianos:

«Quien tiene lazos de unión,
 con esos diablos sañudos,
 que beben sangre y desnudos,
 en pacto con Belzebú,
 bailan su horrible vudú,
 y comen muchachos crudos».

 Todavía son muchos los dominicanos mantienen viva la creencia de que los haitianos son brujos, tienen pactos con el diablo y practican la antropofagia, esto es, comen niños; y todavía persiste la práctica de exhibir el sentimiento nacionalista del pueblo dominicano envuelto de manera exclusiva en el traje del antihaitianismo.

2.   El prejuicio racial antinegro en nuestros días. 

 «Negra Pulula, que bien,
 que planchas la ropa ajena.
 ¡Cuándo plancharás tu cara,
 mapa de penas!».

 (Manuel del Cabral).

 El sentimiento antihaitiano sustentado y propagado por los escritores de la Independencia fue desarrollándose paulatinamente hasta crear en el subconsciente de los dominicanos un fuerte prejuicio contra los haitianos o cualquier persona de piel negra.  Ese rechazo al negro, con mayor o menor intensidad, continúa vigente desde la época de la colonia no sólo en Santo Domingo, sino también en otros pueblos de América, como se revela en el popular poema “Angelitos negros” en el cual su autor, el poeta venezolano Andrés Eloy Blanco (1896 – 1955), eleva un canto de dolor y lamento ante el pintor que no incluye al negro en su obra de arte:

 «Pintor de santos y alcoba, 
pintor sin tierra en el pecho,
 que cuando pintas tus santos,
 no te acuerdas de tu pueblo,
 que cuando pintas tus vírgenes,
 pintas angelitos bellos,
 pero nunca te acordaste,
 de pintar un ángel negro.».

 La prueba más fehaciente de que en la República Dominicana  existe la negrofobia , podemos encontrarla en la literatura folklórica dominicana, la cual comprende un considerable número de expresiones, refranes, coplas, décimas y sentencias que aluden ofensiva y despectivamente a los distintos rasgos del negro.

 En la imaginación colectiva, el color negro se asocia al mal, al crimen, al infortunio y al mismo diablo. Carlos Esteban Deive, domínico - español versado en asuntos étnicos, apunta al respecto lo siguiente:

«La relación entre el diablo y el negro es antigua, y ya hemos señalado que aparece en la Edad Media. La imaginería religiosa medieval describe al diablo como un negro feo, de cuernos y cola» (Revista ¡Ahora! No. 706. 1977:34).

Cuando a alguien se le hace imposible materializar sus proyectos, de él o ella se afirma que tiene una suerte negra o un destino negro. Si se le presagia un porvenir negativo, comúnmente se le dice que su futuro es negro. Cuando una persona de piel negra comete un acto de travesura o reñido con las buenas costumbres, de inmediato se escucha la frase prejuiciada: «no puede negar que es prieto».

 En franca oposición al negro, el color blanco es para el común de los nacidos en tierra dominicana sinónimo de puro, luminoso, inocente e inmaculado. Las personas de nobles sentimientos tienen el corazón blanco, pero cuando sus ideas y actitudes son malsanas y perversas, entonces suele decirse que tienen el corazón negro. Si tiene la piel oscura y se ha distinguido por su buen proceder en bien de los demás, se dirá enseguida que es un negro con el corazón blanco. O también es común escuchar: «Ese solamente es prieto.., frase con la cual, en su sentido profundo, se estaría afirmando que todas sus cualidades son apreciables, y que su único defecto es ser negro. Y del hijo que en la familia se diferencia de los demás por sus travesuras o mala conducta, acto seguido se dirá que “es la oveja negra de la casa”

Podemos constatar en los juicios precedentes que el enfrentamiento entre blancos y negros, no es más que la viva expresión de la eterna y clásica lucha entre el bien y el mal. Los blancos representan el bien, y a los negros se les pinta como los genios del mal. Es el mismo choque de visión ideológica que se aprecia en “Yelidá” (1942), monumental poema de carácter étnico - social compuesto por el culto poeta tamborileño Tomás Hernández Franco. (1904 - 1952).

El poema nos presenta el enfrentamiento entre dioses blancos noruegos y dioses negros africanos. El tratamiento afectivo que en el texto se les da a ambos dioses, favorece siempre a los primeros en detrimento de los segundos. Los dioses blancos son inocentes, pacíficos e inofensivos y aparecen descritos con los más tiernos calificativos: Son dioses, “infantiles” y “viejecillos”, “dioses de algodón y de manzana” que “resbalan y juegan con las flores”.

 En cambio, los dioses negros aparecen como comedores de hombres, dictadores y venenosos; dioses rencorosos, rabiosos y estupradores, como Badagris que es capaz de violar «a todos los niños en el vientre de las madres dormidas». A la luz de esta descripción algunos críticos estiman que el poeta denigra a los dioses africanos al tiempo que reivindica a los blancos noruegos. A tono con este planteo, escribe José Alcántara Almánzar: “Del tratamiento que ambos grupos reciben se llega a la conclusión de que hay un velado racismo en “Yelidá” (Estudios de poesía dominicana, 1979:147).

3.   Fraseología antinegra dominicana.

 «Dórmiti mi nengre,
dórmiti ningrito,
caimito y merengue,
 merengue y caimito»

 (Emilio Ballagas)

 

La fraseología popular dominicana refleja el racismo estructural y el prejuicio hacia la piel oscura o a los rasgos afrodescendientes heredados desde la época colonial, y reforzados durante la dictadura de Rafael Trujillo. Estas manifestaciones lingüísticas suelen asociar de manera sistemática lo negro con lo feo, el peligro y la impureza, mientras que idealizan lo blanco y lo "indio" como sinónimo de progreso, pureza y belleza. Se trata de frases idiomáticas (modismos, locuciones, frases hechas, etc.) de recurrente uso en el habla dominicana, y que por trasmisión oral van pasando de una generación a otra. Frases que en su sentido profundo entrañan el prejuicio antinegro implícito o latente en el subconsciente de un elevado número de dominicanos. A modo de muestras, veamos solo algunas:


“El negro es comida de puercos”.
El prieto es prieto”.
El negro que no la hace a la entrada, la hace a la salida”.
“Me casaré con una rubia para mejorar la raza”
“¡Tenía que ser un negro...!”.
“El negro es como la guinea, que siempre tira para el monte”.
“El negro no es pará”.
“El negro no es gente”.
“No puede negar que es prieto”.
¿Negro en mi casa?… yo”.

Resulta importante destacar que hasta los órganos del cuerpo humano adquieren connotaciones o significados especiales dependiendo del color que tenga la persona que los posea. Así, mientras el blanco posee labios, el negro tiene bembes, chembas o bembas; el blanco tiene cuello, el negro cocote; los brazos del negro no son brazos, sino molleros; en su cabeza no hay pelos, sino motas o pimientas y sus pies no son más que ñames o patas.

 Por eso, con saña y sarcasmo, canta el versista popular:

 «El negro patas de arepa,
narices de berenjena…»

 Y por eso pegunta el bardo cantor al negro que parece molestarse cuando a sus labios los denominan “bembes”:

 «¿Po qué te pone tan bravo,
¿Cuando te dicen negro bembón…?»

 (PUBLICADO EN DIARIO LIBRE, 29/5/2026 )