Por : Domingo Caba Ramos
Un exalumno
y hoy brillante profesional, de manera muy cortés me presenta a la joven que a
su lado se encontraba:
«-Es mi
novia, profesor» – me dice, con inigualable cortesía.
«- ¿Y dónde
resides?», se me ocurrió preguntarle, tal vez por confianza, aun cuando
reconozco que preguntar sobre asuntos íntimos o personales no es mi fuerte.
«-Hace seis
meses que vivimos juntos en mi casa» – me respondió.
Yo
discretamente sonreí, y dije para para mí:
«- Es su “novia” y hace seis meses
que viven juntos…».
Y es que en la cultura idiomática dominicana no se estila llamarle novios, sino
esposos, al hombre y la mujer que residen juntos en una cosa, como bien se infiere
en el concepto que acerca de la susodicha voz nos presenta el Diccionario de la
Real Academia Española:
«Novio. - persona que mantiene una relación amorosa con
otra, con fines matrimoniales. También se usa para referirse a la persona
que va a casarse». Significa esto que, en la variante dialectal
dominicana, la palabra “novio” entraña la idea de independencia civil.
Pero a pesar de lo antes
expresado, y como resultado del natural proceso de evolución de la lengua, los
tradicionales términos “esposo”, “esposa”
y “marido”, progresivamente están siendo excluidos del repertorio léxico en
el mundo hispanohablante en general y del léxico activo de los hablantes
dominicanos en particular.
En su lugar, como quedó
demostrado en el diálogo de entrada, se prefiere la voz “novio” y fundamentalmente “pareja”. Y cuando de una relación con menor compromiso formal
o rasgo de provisionalidad se trata, se hablará de “marinovio “, “amante”, “amigo con derechos” y “amigovio”, como bien se registra esta
última palabra en el habla coloquial de Argentina, Uruguay, México y Paraguay.
En relación con el vocablo “pareja”, usada de manera frecuente
hasta por personas formalmente casadas (civil o canónicamente), además de la
idea de efímero, distancia y temporal
que su sentido profundo entraña, también connota la idea de desafecto o de
ausencia de ese sentimiento amoroso intenso que sí se percibe en la estructura
semántica de las voces “esposo”, “esposa”
y” marido”.




