jueves, 26 de febrero de 2026

EL COLAPSO DE LA DISCIPLINA EN LA ESCUELA DOMINICANA


Por : Domingo Caba Ramos

                                                                   Profesor Liceo Juan Duarte, herido por sus alumnos

 La disciplina en la escuela dominicana colapsó. Hace tiempo desapareció. En los centros educativos, públicos y privados, impera el miedo, el irrespeto y el desorden. En ellos se ha enseñoreado el caos, la violencia y la ausencia de autoridad.

 El respeto que en otros tiempos los estudiantes mostraban a sus maestros, hoy es solo un sueño o parte de la historia, y la imagen de “padres” que estos proyectaban ante sus pupilos ha sido borrada para siempre por los   vientos tempestuosos de una posmodernidad rebelde, permisiva y agresiva.

 Para los estudiantes de las escuelas públicas y privadas, las normas docentes son solo esos: normas, y los profesores, unos más. Por esa razón, en estos centros imperan las agresiones, las riñas, el acoso, la burla al compañero y otras inconductas estudiantiles.

 Por esa razón, cada día se reportan nuevos casos de alumnos y familiares golpeando a maestros.

 Por esa razón, a una niña de origen haitiano, sus compañeros de clases no la dejaban respirar con el acoso y burlas constantes en el Colegio Leonardo Da Vinci, de Santiago de los Caballeros, hasta que finalmente pereció extrañamente ahogada en una piscina en la que compartía junto a otros estudiantes, como parte de una excursión escolar.

 Por esa razón, no hace mucho, una profesora y una estudiante se enfrentaron a golpes en plena calle del sector Capotillo, de la capital.  Por esa razón, hace apenas una semana un profesor del Liceo Juan Pablo Duarte, también de la capital, fue masacrado a golpes por dos estudiantes. Y por esa misma razón, la ADP acaba de revelar que, en solo un año, más de mil setecientos (1,724) maestros han sido agredidos por alumnos y familiares de estos.

 Lo más preocupante del panorama antes presentado es saber que las acciones descritas, en vez de detenerse, están llamadas a reproducirse, por cuanto para el estudiante dominicano de los centros controlados por el Ministerio de Educación no existe un correctivo régimen de consecuencias, como más adelante veremos.

 Entonces, «es lo que he declarado…»: la disciplina escolar en la escuela dominicana, hace años colapsó.   Y colapsó por varias razones:

Porque la zapata que sustentaba los valores éticos de la familia dominicana también colapsó.

2.   Porque en materia de medidas disciplinaria, los padres y las autoridades educativas ya no respaldan al maestro.

3.   Porque el maestro ya no cuenta con la autoridad que antes poseía frente al alumno. Y no cuenta con esa autoridad, debido a que el Ministerio de Educación, CONANI y el Código del Menor se la quitaron.

 Para validar el juicio contenido en el último de los tres anteriores apartados, vale recordar que con el apoyo del  Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), en julio del año 2013 fue puesto en circulación por el Ministerio de Educación y el Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia (CONANI) el documento conocido con el título de «Normas del Sistema Educativo Dominicano para la Convivencia Armoniosa en los Centros Educativos Públicos y Privados», especie de código de conducta que tiene  como propósito «…fortalecer la convivencia armoniosa y la disciplina positiva, entre los diferentes actores de los centros educativos, en el marco del reconocimiento a la dignidad de las personas y el respeto a los derechos humanos….»

Ese texto legal clasifica las faltas de los estudiantes (Art. 15) en tres categorías: leves, graves y muy graves. Entre las muy graves figuran:

a)    1) Acoso o burla escolar.

b)     2) Ingresar o consumir drogas en el centro educativo

c)     3) Alteración  de documentos del centro educativo.

d)      4) Desafío o agresión a miembro del centro educativo e introducir en este objetos peligrosos.

¿Cuáles son las medidas disciplinarias (Art. 22) que para sancionar las más graves faltas establece el mismo documento:

a)     a) Ubicación  del estudiante en un espacio fuera del aula, por un período máximo de dos días, debiendo realizar las tareas indicadas por el docente en otro lugar del centro educativo identificado previamente.

b)     b) Suspensión  de la participación en actividades fuera del centro educativo.

c)     b)Suspensión  de la participación del estudiante en actividades dentro del centro educativo, siempre que esas actividades no formen parte del currículo obligatorio del curso.

¿Qué significa eso?

Sencillamente que a los dos estudiantes que le rompieron el tabique nasal a su maestro en el Liceo Juan Pablo Duarte, las únicas tres sanciones que las autoridades de dicho centro les pueden aplicar son las tres más arriba indicadas, pues ya, como antes, ni siquiera se pueden expulsar del centro, pues el reglamento o código de conducta (Art. 24) lo prohíbe e igualmente el Código del Menor.

Establecido y visto así,  las «Normas del Sistema Educativo Dominicano para la Convivencia Armoniosa en los Centros Educativos Públicos y Privados», más que un instrumento legal diseñado para  «fortalecer la disciplina positiva», se nos presenta como un documento destinado a fomentar el caos y el irrespeto en las escuelas públicas y privadas de la República Dominicana. Se trata de un marco legal altamente proteccionista y desconocedor o reductor de la autoridad que debe tener y antes tenía el profesor en el aula. Ojalá que apoyado en este, no tengamos que enterarnos en el futuro del primer maestro asesinado por su alumno.

LA “TANATOFOBIA” Y LA “GERASCOFOBIA” DE MI PRIMO BURO

Por: Domingo Caba Ramos

 Posiblemente no exista otro miedo más natural y generalizado en el mundo, que el miedo a la muerte. Pensar en el fin de nuestra existencia o que un día abandonaremos para siempre el mundo de los vivos y a nuestros seres queridos es algo normal, natural e inevitable. Negar la angustia que genera la proximidad de la muerte sería lo mismo que rechazar nuestra condición de ser humano.

Lo que sí parece un tanto anormal  es el miedo exagerado, el pánico irracional y la crisis de ansiedad, con evidentes signos depresivos, que produce la idea de la muerte. En tal caso el individuo estaría afectado por la fobia mejor conocida con el nombre de “tanatofobia”, término que en su más amplia acepción se define como un persistente, anormal, obsesivo e injustificado miedo a la muerte o a morir.

 En el ser tanatofóbico, la idea de la muerte yace viva o fija en su cerebro. Tal idea lo persigue, lo acorrala, lo atrapa en todo momento y no lo deja vivir. Mas que disfrutar un presente vital, los tanatofóbicos viven para pensar en un futuro mortal. Semejante postura existencial, al mismo tiempo que le genera disturbios orgánicos y mentales, lo transforma en entes angustiados, ansiosos y depresivos.

 «En general, nadie quiere morir, pero eso es algo natural.- señala Antonio Cano, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS). Todos tenemos que afrontar la muerte. El problema es que algunas personas se obsesionan con la idea de que van a morir, tienen una existencia muy desgraciada y desarrollan un trastorno mental».

 Asociada a la tanatofobia se encuentra otra fobia no menos perturbadora: la gerascofobia o el miedo extremo e irracional a envejecer. Quienes la padecen, viven en crisis permanente. Entienden que en la medida en que los años pasan, más se acercan al fin de su existencia. Siempre viven preguntando la edad del otro y si pudieran detener el tiempo lo detuvieran con tal de preservar “la eterna juventud”. Su fecha natalicia, más que de regocijo por haber cumplido un año más de vida, se traduce en un momento  maldito, de tormento y amargura.

 Esa es la situación de mi primo Buro.

Desde que cumplió los sesenta años de vida, la idea de la muerte se congeló en su mente y por eso no desperdicia oportunidades para hablar con amargura, dolor, impotencia y hasta con rabia acerca de esta y de todo lo relacionado a la edad; pero muy especialmente acerca de la vejez y la ancianidad.

Para mi afligido pariente, la vida promedio de los dominicanos termina a los setenta años, y cuando más, a los setenta y cinco. Como él ya cumplió sesenta y seis, entonces entiende o está seguro de que apenas le restan cuatro u once años de vida, o que muy pronto su cuerpo estará postrado al pie del sepulcro. Este pensamiento latente origina en él un dolor recurrente que le oprime la conciencia y origina que la vejez y la muerte sean temas obligados de su diaria conversación, muy especialmente cuando se encuentra bajo los efectos del alcohol, momento en que las ideas reprimidas en el subconsciente fluyen con libertad y vuelan como alegres mariposas.

 Cuando un amigo o relacionado fallece, lo primero que hace es preguntar cuántos años tenía. Si le contestan que más de  setenta , su lamento de doloroso y execrable acento no se hará esperar: « Malditos setentas…» 

Y cuando de repente se encuentra con el amigo que hacía años no veía, si este es ya un “setentón”, a ese amigo, no importa quien sea, siempre lo encontrará «feo y acabado»

 No sabemos qué será de mi primo Buro cuando apenas le falten meses para cumplir los setenta años de edad. Quizás convenga entonces recomendarle buscar ayuda sicológica o convencerlo de que haga suyo el ideal de la felicidad planteado por los filósofos epicureístas, quienes afirman que: 

 «No hay motivo para temer a la muerte, porque ella no nos pertenece: mientras vivimos, la muerte no está presente, y cuando está presente nosotros ya no estamos»

 (PUBLICADO EN DIARIO LIBRE EN FECHA 20/2/2026)

 

domingo, 8 de febrero de 2026

SI YO FUERA ASESOR LINGUÍSTICO DE SERGIO VARGAS

Por : Domingo Caba Ramos

«Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz…»

(JOSE MARTI)

 Sergio Vargas es uno de los más grandes cantantes de merengues de nuestro país, según los entendidos; pero este artista adolece de tres de las taras o defectos lingüísticos característicos de muchos hablantes dominicanos: no tienen frenos en la lengua, sienten un placer inmenso con destacar los errores o sombras de los demás   y hacen lo imposible por parecer «gracioso» o por «robarse el show» con chistes del mal gusto o posturas humorísticas que en ocasiones rayan en lo ridículo.

  Por esa razón, en un reciente acto – homenaje a esa gloria del arte y la cultura dominicanas llamado Luis Díaz (1952 – 2009), después de unas breves palabras de elogio a este afamado artista, Sergio Vargas, violando las más elementales normas del decoro, la decencia y la prudencia, se atrevió a decir aquello de que «aquí nadie “huelió” ni bebió más que ese…», en obvia alusión a que su antiguo maestro musical era un asiduo consumidor de drogas y alcohol. No es la primera que este genial intérprete, nativo de Villa Altagracia, incurre en semejantes e indeseables exabruptos.

 Así se expresó el llamado «Negrito de Villa» en un acto de reconocimiento en el que solo debió existir espacio para destacar los grandes aportes artísticos y culturales de un músico, poeta, escritor, maestro, cantante, compositor e investigador folklórico que en el 2004 fue declarado por el gobierno dominicano, nada más y nada menos que PATRIMONIO CULTURAL DE LA NACIÓN.  El mismo que por haber mezclado en forma magistral ritmos autóctonos y elementos del folklor con rock, blues y jazz fue consagrado por la crítica «Padre del Rock Dominicano». Y el mismo a quien el Senado Dominicano, mediante Resolución No. 00845 de fecha 21 de octubre del 2021, reconoció de manera póstuma «Por su prodigiosa y fecunda carrera artística, en beneficio del arte dominicano y universal…

 En tal virtud, si yo fuera asesor lingüístico de Sergio Vargas, en su cuarto, en letras grandes, colgara la definición que en una ocasión se me ocurrió improvisar acerca de lo que yo entiendo por comunicación efectiva:

 LA COMUNICACIÓN EFECTIVA CONSISTE EN DECIR LO QUE NO SE DEBE CALLAR, Y CALLAR LO QUE NO SE DEBE DECIR…

 Y en el cristal delantero de su vehículo le fijaría también en letras grandes el contenido del proverbio chino que tanto me encanta y no paro de citar:

 «SI LO QUE USTED VA A DECIR NO ES MÁS HERMOSO QUE EL SILENCIO, ENTONCES CÁLLESE…»

 Finalmente, pondría en sus manos y lo obligaría a leer diariamente las notas que a continuación se trascriben, y que en una ocasión se me ocurrió escribir y publicar:

EL NECIO Y EL SABIO:  DIFERENCIAS LINGUÍSTICAS

 «En las sociedades poco desarrolladas, como la nuestra, matizadas por evidentes rasgos aldeanos o en las que late el alma del suburbio y la cultura del vecindario, es muy común la conducta lingüística que muestra el necio en oposición a la del sabio:

 El sabio utiliza la lengua con sumo tacto, prudencia y sentido común. El necio, en cambio, actúa con torpeza, irrespeto, imprudencia y ligereza.

 El sabio sabe qué, dónde y cuándo hablar. El necio no mide lo que dice, esto es, habla de todo, en todo momento y en cualquier lugar.

 El sabio cuando pregunta espera en silencio que le respondan. El necio cuando pregunta interrumpe con frecuencia al interlocutor que le responde.

 El sabio sabe qué, cómo y cuándo pregunta. El necio todo lo pregunta no importa el momento, el lugar y lo íntimo o personal que sea el tema sobre el cual pregunta.

El sabio suele ser discreto. El necio es siempre indiscreto: todo lo dice, nada calla, nunca «le da vacaciones a su lengua»

 El sabio piensa y luego habla. El necio habla y luego piensa.

 El sabio, por sabio, sabe cuándo debe callar. El necio, por torpe, nunca calla y “dice todo lo que se le viene a la boca”, restándole así efectividad al acto comunicativo

Olvida el necio que la esencia de una efectiva comunicación consiste en decir lo que no se debe callar; pero callar lo que no se debe decir.

 Olvidan los necios, en fin, que en el uso de la palabra hay que ser lo más cauto o prudente posible, muy especialmente en el instante en que haya que emitir una opinión o hacer una pregunta; pues de lo contrario, podría ocurrirnos lo mismo que a la famosa mona curiosa de que nos habla la literatura cubana: por sus inoportunos juicios y necias preguntas, siempre tenía problemas o vivía en permanentes conflictos con los demás animales de la selva.

 En fin, el sabio por su gran prudencia y cautela en el uso de la lengua, genera confianza, afecto y credibilidad. El necio por su imprudente y despistado comportamiento lingüístico origina desconfianza, distancias y desafectos» 

(PUBLICADO EN DIARIO LIBRE EN FECHA 12/2/2026)

 

 

 

 


LA MAGIA DE LA ESCRITURA


Por: Domingo Caba Ramos

«Escribir es una forma de terapia. A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana»

 (Graham Greene)

 Es sumamente difícil – casi imposible – hablar acerca de la escritura sin aludir a su hermana gemela: la lectura. Y así las considero, por cuanto una genera la otra. Esto quiere decir que sin texto, no hay lectura, y una lectura provechosa puede originar la construcción de nuevas ideas, nuevos sentidos, nuevos textos.

 «La lectura es el estímulo mayor que nos hace escribir; el estilo viene como una consecuencia de lo que se lee» – observa Américo Castro (1885 -1972), filólogo y ensayista español –.  Y «Es más competente como escritor – ha dicho otro autor - una persona que tiene el hábito de leer frecuentemente».

 Por eso, antes de desarrollar el tema que nos compete, y el cual se me ocurrió identificar con el título de “La Magia de la escritura”, quizás convenga referirme brevemente a la extraordinaria importancia que posee la práctica de la lectura para progreso tanto social como individual.Acerca del valor de la lectura es mucho lo que se ha dicho y escrito.  Son muchos los mensajes orientados a fomentar su práctica. «Hay que leer mucho»– dicen unos. «Solo a través de la lectura podemos mantenernos actualizados» – afirman otros. «La lectura enriquece el vocabulario, amplía el conocimiento, toda vez que es una fuente valiosa de información, mejora la ortografía y desarrolla la competencia comunicativa» – plantea la mayoría.

 En un artículo publicado en la prensa nacional, hace ya varios años, expresaba yo, entre otras ideas, lo que sigue:

«La lectura es una actividad, una operación, un proceso mental que capacita al hombre para alcanzar diferentes metas y enfrentar muchos de los problemas que la vida le plantea. En los tiempos modernos la lectura ocupa un lugar de primerísima importancia. Cada vez se hace más imperiosa la necesidad de poseer una mayor información y formación cultural, esto es, de estar al día de los últimos acontecimientos acaecidos tanto en el ámbito nacional como internacional. Y eso, obviamente, solo se logra a través de la lectura. La lectura nutre el intelecto, recrea el espíritu, activa la imaginación y orienta el rumbo que conduce a la meta deseada. Ella nos permite captar una nueva y más amplia visión del mundo y un agudo conocimiento del medio que nos rodea. La lectura franquea el camino del arte y abre las puertas del conocimiento científico…»

Y sobre la escritura, ¿qué se ha dicho y qué se hace para incentivarla?

 Quizás no tanto. La escuela, por ejemplo, es muy dada a propiciar recurrentes e intensos espacios de lectura, no así de escritura. Y cuando hablo de escritura, me refiero, fundamentalmente, a la escritura creativa, no a la reproductiva. Caso extraño, pues como ya afirmé en el primer párrafo de estas notas, la escritura precede a la lectura, esto es, sin la primera, la segunda carecería por completo de existencia. O, lo que es lo mismo, para que exista alguien que lea, primero tuvieron otros que plasmar sus pensamientos, emociones y sentimientos en un sistema de escritura llamado texto. En fin, sin escritores no hay lectores.

La escuela, por ejemplo, es muy dada a propiciar recurrentes e intensos espacios de lectura; pero no así de escritura. Y cuando de escritura se habla, surgen de inmediato preguntas del tipo:

¿Qué es escribir? ¿Por qué es importante la escribir? ¿Para qué se escribe?  Y surgen también las respuestas:

Escribir constituye un complejo proceso comunicativo, creativo y cognoscitivo que exige la apropiación del código gráfico del sistema lingüístico. Este proceso requiere una constante revisión del texto producido, una reflexión sobre la información para que sea compressible, una organización de ideas, de procedimientos de cohesión utilizados, de ortografía, de puntuación y una adecuación al registro comunicativo.

 «La escritura – sostiene el escritor ruso  Braslavsky Berta-  es la capacidad de producir significados, que se representan a través de un complejo sistema de signos gráficos»

 Escribir es importante porque:

1)    Desarrolla la capacidad de observación.

2)    Fomenta la capacidad de asombro o curiosidad científica y artística,

3)    Es uno de los métodos más eficaces para desarrollar la sensibilidad, la imaginación, la memoria y el razonamiento.

4)     Constituye el más idóneo recurso para la fiel expresión de la personalidad de quien escribe

5)    Igual que la lectura, amplía el conocimiento y posibilita el desarrollo de nuestras competencias lingüísticas y comunicativas.

6)    Es una importante herramienta fundamental para todas las formas de conocimiento.

7)    Es el medio por excelencia para registrar las ideas y perpetuar los contenidos científicos y artísticos producidos por los seres humanos a través de la historia.

 Merced a lo precedentemente planteado, todo el que escribe lo hace por diferentes motivos, vale decir, se escribe para:

a)     Fijar la memoria histórica.

b)    Expresar emociones y sentimientos

c)     Construir y transmitir nuevos conocimientos

d)    Como un recurso catártico, desahogo o válvula de escape.

e)     Expresar nuestras inconformidades, disgustos y protestas frente a los vicios, debilidades y desajustes del medio que nos rodea.

f)      Compartir con los demás lo que sabemos, pensamos y sentimos. Escribir entraña así, un sentimiento profundo de solidaridad.

g)    Reafirmar nuestras creencias y sistema de conceptos.

h)    Someter nuestros conocimientos al escrutinio público.

i)       Contribuir al desarrollo del conocimiento y actualizar los conocimientos que ya tenemos.

j)       Formar y autoformarnos

k)    Generar habilidades que puedan ser transferidas a la práctica profesional, estimulando la capacidad de búsqueda, de síntesis, de análisis crítico.

l)       Fomentar nuestra práctica lectora. No se puede escribir acerca de lo que se desconoce.

Pero no basta escribir. Es importante también saber escribir o manejar los recursos lingüísticos para el logro de una efectiva y adecuada escritura. En tal virtud, cuando se redacta conviene tener en cuenta lo siguiente:

1)    Ser lógico, evitando incoherencias, contradicciones, desórdenes de ideas, etc.

2)    Evitar equívocos, presentando interpretaciones claras que solo admitan una sola interpretación y no ofrezcan ambigüedades que oscurezcan el sentido de la idea expresada.

3)    Procurar un estilo propio u original. Se tendrá muy en cuenta la sencillez, exactitud, prudencia, huyendo de los juicios tópicos, las frases hechas y las metáforas gastadas o lexicalizadas.

4)    Evitar la pobreza expresiva, intentando enriquecerla con expresiones bien elegidas

5)    Citar, pero no copiar. El plagio, además de ilegal, revela poco compromiso con el conocimiento.

6)    Moderar las palabras populares o malsonantes, los modismos y los extranjerismos.

7)     Y, finalmente, Evitar los errores conceptuales, ortográficos, morfosintácticos y lexicosemánticos

Todo lo hasta aquí expresado revela de manera inequívoca que no solo la lectura: la escritura también posee sus magias.

(PUBLICADO EN DIARIO LIBRE EN FECHA 6/2/2026)

LA REALIDAD LINGUÍSTICA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN DE LA REPÚBLICA DOMINICANA

“Colocar al frente de un programa de radio o de televisión a un discapacitado lingüístico es como poner de inspector de semáforos a un daltónico...”

(Pedro Luis Barcia)

Por: Domingo Caba Ramos

Contrario a lo que debería ser su verdadera función, en el uso cotidiano de la lengua, en los medios de comunicación de nuestro país, se leen y escuchan las más sorprendentes y hasta jocosas irregularidades léxicas, semánticas, sintácticas y morfológicas. Imperan en ellos los vulgarismos, la fraseología insípida, impúdica u obscena, los errores conceptuales, el estilo coloquial y de frases que se apartan del registro estándar de la lengua. Medios en los que, a la hora de informar, se prestigia más el contenido que la forma expresiva, descuidando casi por completo esta última, creando así las condiciones para que los hablantes integren a su repertorio léxico una cantidad considerable de errores.

Quienes de manera periódica operan en la radio, la prensa y la televisión, más que formar prefieren adaptarse lingüística y culturalmente al receptor, y merced a este proceder, en los comunicadores nuestros prima la idea de que se debe hablar y escribir para los iletrados, imitar su lengua, emplear su sociolecto, vale decir, utilizar siempre la norma popular o las formas expresivas de los sectores menos instruidos; porque solo así, falazmente se afirma, «esos sectores pueden entendernos…».

En tal virtud, para llevar a cabo su “función orientadora”, los usos lingüísticos que se prestigian son, extrañamente, los correspondientes a los hablantes que poseen más bajo nivel de escolaridad. De ahí que en la cabina de radio y televisión se hable como si se estuviera en el cuarto de la casa, en la esquina del barrio o en la gradería del estadio. Tan preocupante realidad lingüística se pone de manifiesto tanto en la comunicación oral como escrita.

Para comprobar los desajustes expresivos de la lengua oral, basta escuchar uno que otro de los tantos programas de opinión que se transmiten en nuestro país. En estos espacios se dice y se oye de todo: gritos, amenazas, insultos, injurias, irregularidades articulatorias, vulgaridades... Y cuando de la lengua escrita se trata, el problema es aún más grave.

Conforme al juicio precedente, si leemos con detenimiento y espíritu analítico los diferentes diarios que circulan en nuestro país, en estos fácilmente descubriremos los gazapos o desaciertos morfosintácticos y lexicosemánticos que en esos medios se publican. Discordancias, faltas ortográficas, errores conceptuales, uso inadecuado de los signos de puntuación, corte indebido de palabras al final del renglón y la presencia de frases ambiguas o pleonásticas, se destacan entre las más frecuentes de esas irregularidades.

En el plano de la oralidad, esta realidad se ha tornado más crítica con la irrupción de los mal llamados «talentos» e «influencers» en los canales de youtube. Para muchos de estos exponentes, parece no existir frenos o límites de carácter ético y lingüístico cuando del uso de las más espantosas vulgaridades, insolencias y procacidades se trata. Y su conducta idiomática es entendible por cuanto la mayoría de ellos, aparte de su baja competencia académica, carece de plena conciencia acerca de cuál es la verdadera función de un medio de comunicación.

(PUBLICADO EN DIARIO LIBRE EN FECHA 30/1/2026)

 

lunes, 26 de enero de 2026

LOS RUIDOS EN EL PROCESO DE LA COMUNICACIÓN


Por : Domingo Caba Ramos

El concepto de ruido no se refiere simplemente a un problema acústico, sino a cualquiera interferencia. Un chicharreo en un radio es ruido, pero una página mal impresa también es ruido, así como imagen borrosa en la televisión”

(Armando Cassigoli)

En el proceso de la comunicación lingüística intervienen, entre otros factores, el emisor, el receptor y el mensaje. El emisor es quien codifica, emite o transmite el mensaje, ya sea en forma oral o escrita. Es quien habla o escribe. Es el hablante o escritor.

El mensaje es la idea o sentido que el emisor comunica al receptor por medio de un código común.

El receptor es quien recibe, descodifica o interpreta el mensaje. Es quien lee y escucha. Es el oyente o lector.

Para que la comunicación se produzca o resulte efectiva, el mensaje emitido por el emisor debe ser comprendido o debidamente interpretado por el receptor; pero desafortunadamente no siempre sucede así. El receptor, ya sea por ignorancia (inintencional) o por un interés marcado (intencional) suele distorsionar la esencia de la idea, amplificando, restringiendo o modificando el mensaje percibido. Se originan de esa manera lo que en la teoría de la comunicación técnicamente se conoce con el nombre de ruidos semánticos o simplemente ruidos, los cuales se definen como todas aquellas barreras o interferencia que impiden la debida interpretación del mensaje.

En la comunicación lingüística, los ruidos se producen cuando el emisor no se da a entender (no se expresa con claridad), o cuando el receptor no sabe entender, interpretar o desentrañar el sentido profundo del mensaje percibido (no sabe leer ni escuchar). De ahí que, en ocasiones, un mismo mensaje, sin ser poético, reciba las más diversas interpretaciones por parte de intérpretes distintos. Como sucedió en la historia que se transcribe a continuación:

«LO QUE SE CUENTA SUCEDIÓ EN UN CUARTEL CON MOTIVO DE UN ECLIPSE DE SOL. DEL CORONEL AL COMANDANTE DE BATALLON. - Como usted sabe, tendremos mañana eclipse de sol, cosa que no ocurre todos los días. Haga salir a los hombres en traje de campaña a la Plaza de Armas para que puedan ver ese raro fenómeno. Ya les daré las explicaciones necesarias. En caso de lluvia, no podremos ver nada. Entonces haga pasar los hombres al gimnasio.

DEL COMANDANTE DE BATALLON AL CAPITAN DE LA COMPAÑÍA.- Por disposición del señor coronel, mañana, a las 9 horas, habrá eclipse de sol, con instrucciones dadas por el señor coronel en persona, lo que no ocurre todos los días. Si el tiempo está lluvioso, no será posible ver nada al aire libre; pero entonces, en traje de campaña, el eclipse tendrá lugar en el gimnasio.

DEL CAPITAN DE LA COMPAÑÍA AL OFICIAL DE SERVICIO. - Por disposición del señor coronel, mañana, a las 9 hora, en traje de campaña, inauguración del eclipse de sol. El coronel dará en el gimnasio las órdenes oportunas en caso de que debiera llover, cosa que no ocurre todos los días.


DEL OFICIAL DE SERVICIO AL SARGENTO DE LA SEMANA. - Mañana, a las 9 horas, el señor coronel, en traje de campaña, hará eclipsar el sol con instrucciones si hace buen tiempo. Si llueve, no habrá eclipse, si bien esto no ocurre todos los días.

DEL SARGENTO DE LA SEMANA AL CABO DEL CUARTEL.- Mañana, a las 9 horas, tendrá lugar el eclipse del coronel en traje de campaña por efectos del sol. Si hace buen tiempo y llueve en el gimnasio se irá a la Plaza de Armas como demostración, porque esto no ocurre todos los días.

LOS SOLDADOS ENTRE SI. - Mañana, a las 9 horas, parece que el sol, en traje de campaña, hará eclipsar al coronel como demostración. ¡Qué lástima que esto no ocurra todos los días!»

En el hecho narrado se aprecia, inequívocamente, que la escucha activa no se produjo, esto es, los interlocutores no supieron escuchar de manera eficaz, y por esa razón, la idea original fue distorsionándose en la medida en que iba pasando de un interlocutor a otro.

Escuchar de manera activa o con eficacia es un arte. Un arte que, desafortunadamente, no todos los hablantes poseen, y de ahí las fallas que se producen en el acto comunicativo, o las que Azorín llama “ mañas en escuchar”

¿Por qué se originan esos problemas?

En la comunicación lingüística, ciertamente son diversas las causas que originan los ruidos semánticos : variantes dialectales, uso de códigos distintos por parte del emisor y el receptor, desconocimiento del contexto situacional y empleo de voces técnicas y, entre otras,  expresiones figuradas  que el interlocutor, por razones distintas, no cuenta con las competencias requeridas para descodificar o desentrañar su sentido profundo.

Sin embargo, y  como bien  se percibe en la historia pretranscrita, los ruidos, en las más de las veces, se generan por la ausencia de una escucha verdaderamente activa. Sencillamente, porque no prestamos atención a quien nos habla, dedicamos poco tiempo a escuchar con empatía y profundidad, en la conversación no esperamos que el otro termine de hablar, vale decir, lo interrumpimos constantemente para terminar lo que nuestro interlocutor está diciendo o para expresar una idea brillante que se nos ha ocurrido acerca del tema tratado.
En otras palabras, porque hablamos más que lo que escuchamos.


José Martínez Ruiz, Azorín, (1873 – 1967), el célebre escritor español , miembro prominente de la Generación del 98 y uno de los más finos prosistas de la lengua española, en su muy citado libro “El político” ( 1946 ), sostiene al respecto lo siguiente:

«Una de las artes más difíciles es saber escuchar. Cuesta mucho hablar bien; pero cuesta tanto el escuchar con discreción. Entre todos los que conversan, unos conversan, es decir, se lo hablan ellos todo; toman la palabra desde que os saludan y no la dejan; otros, si la dejan, os acometen con sus frases apenas habéis articulado una sílaba, os atropellan, no os dejan acabar el concepto; finalmente, unos terceros, si callan, están inquietos, nerviosos, sin escuchar lo que decís y atentos sólo a lo que van ellos a replicar cuando calléis…» ( Edición Especial, pág. 43, 1997)

Para superar tales “mañas”, Azorín recomienda que:

«Cuando se hable en corro o frente a frente, a solas con un amigo, dejemos que nuestro interlocutor exponga su pensamiento; estemos atento a todas las particularidades; no hagamos con nuestros gestos que apresure o compendie la narración. Luego, cuando calle, contestemos acorde a lo manifestado, sin los saltos e incongruencia de los que no han escuchado bien. Si es persona de calidad a quien nosotros queremos agradar aquella con quien hablamos, demostrémosle que tomamos grande gusto en lo que ella nos va diciendo» ( Ob. Cit., págs.43/44)

En el proceso de la comunicación oral, si pretendemos que esta resulte efectiva, hablar lo necesario y escuchar con atención constituyen la clave del éxito. Merced a este planteo, conviene entonces tener siempre presente lo que a alguien se le ocurrió decir alguna vez:

«Dios nos dio dos oídos y una boca por una buena razón : debemos escuchar el doble de que hablamos»

(Publicado en Diario Libre el 22 de enero del 2026)

LOS FONEMAS Y LOS PROBLEMAS QUE SU FUNCIÓN DISTINTIVA GENERA

 Por : Domingo Caba Ramos

Las palabras están constituidas por unidades o pequeños elementos fónicos llamados fonemas. Se agrupan estos en dos categorías generales: vocálicos y consonánticos. Así, son fonemas vocálicos, entre otros, la /a/, la /o/ y la /u/. Y son consonánticos la /p/, la /r/, la /s/, la /l/, la /n/…


Por la función lingüística que desempeñan, los fonemas son unidades distintivas, no significativas como la palabra; porque, aunque en sí mismos carecen de significados, pueden diferenciar el significado de las palabras de las cuales forman parte. Nótese, por ejemplo, el cambio semántico que se originaría en la palabra “coco” si se sustituye el fonema /c/ por /l/. Se aprecia claramente cómo un cambio fonológico puede producir un cambio semántico o variación del significado de la palabra. De ahí los problemas de sentido que se originan cuando al escribir, por descuido o ausencia de concentración, cambiamos una letra por otra (Lapsus) o cuando el impresor o transcriptor de un texto comete el mismo error (Errata).

Pablo Neruda (1904-1973), el muy renombrado Premio Nobel de Literatura (1971), nos relata una graciosa, curiosa y significativa experiencia al respecto, alusiva a uno de sus libros de versos publicados:

“En mi nombrado libro – confiesa el poeta – me atacó un erratón bastante sanguinario: «Donde digo “El agua verde del idioma…”, la máquina se descompuso y apareció “El agua verde del idiota…”»

Y cuenta, también, el error cometido por un impresor español en perjuicio de un poeta cubano:

«Allí donde el versista había escrito “Yo siento un fuego atroz que me devora”, el impresor había colocado: “Yo siento un fuego atrás que me devora”».

La anécdota nerudiana vale para los periodistas dominicanos en el momento de escribir, entre otros,  el apellido de un ministro (Landrón) recién nombrado en la administración pública; pues si como bien describe Neruda lo que le sucedió con su libro, la “máquina” del redactor se “descompone” y, por error, omite o no escribe la primera “n” (ene) correspondiente al del apellido del susodicho funcionario, ya todos podrán imaginarse el tremendo problema en que dicho periodista podría verse envuelto.

(Publicado en Diario Libre el 15 de enero del 2026)