Por : Domingo Caba Ramos
Profesor Liceo Juan Duarte, herido por sus alumnos
La disciplina en la escuela dominicana colapsó. Hace tiempo desapareció. En
los centros educativos, públicos y privados, impera el miedo, el irrespeto y el
desorden. En ellos se ha enseñoreado el caos, la violencia y la ausencia de
autoridad.
El respeto que en otros tiempos los estudiantes mostraban a sus maestros,
hoy es solo un sueño o parte de la historia, y la imagen de “padres” que estos
proyectaban ante sus pupilos ha sido borrada para siempre por los vientos tempestuosos de una posmodernidad
rebelde, permisiva y agresiva.
Para los estudiantes de las escuelas públicas y privadas, las normas
docentes son solo esos: normas, y los profesores, unos más. Por esa razón, en
estos centros imperan las agresiones, las riñas, el acoso, la burla al compañero
y otras inconductas estudiantiles.
Por esa razón, cada día se reportan nuevos casos de alumnos y familiares golpeando
a maestros.
Por esa razón, a una niña de origen haitiano, sus compañeros de clases no
la dejaban respirar con el acoso y burlas constantes en el Colegio Leonardo Da
Vinci, de Santiago de los Caballeros, hasta que finalmente pereció extrañamente
ahogada en una piscina en la que compartía junto a otros estudiantes, como
parte de una excursión escolar.
Por esa razón, no hace mucho, una profesora y una estudiante se enfrentaron
a golpes en plena calle del sector Capotillo, de la capital. Por esa razón, hace apenas una semana un
profesor del Liceo Juan Pablo Duarte, también de la capital, fue masacrado a
golpes por dos estudiantes. Y por esa misma razón, la ADP acaba de revelar que,
en solo un año, más de mil setecientos (1,724) maestros han sido agredidos por
alumnos y familiares de estos.
Lo más preocupante del panorama antes presentado es saber que las acciones
descritas, en vez de detenerse, están llamadas a reproducirse, por cuanto para
el estudiante dominicano de los centros controlados por el Ministerio de
Educación no existe un correctivo régimen de consecuencias, como más adelante
veremos.
Entonces, «es lo que he declarado…»: la disciplina escolar en la escuela
dominicana, hace años colapsó. Y colapsó
por varias razones:
Porque la zapata que sustentaba
los valores éticos de la familia dominicana también colapsó.
2. Porque en materia de
medidas disciplinaria, los padres y las autoridades educativas ya no respaldan
al maestro.
3. Porque el maestro ya
no cuenta con la autoridad que antes poseía frente al alumno. Y no cuenta con
esa autoridad, debido a que el Ministerio de Educación, CONANI y el Código del
Menor se la quitaron.
Para validar el juicio contenido en el último de los
tres anteriores apartados, vale recordar que con el apoyo del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia
(UNICEF), en julio del año 2013 fue puesto en circulación por el Ministerio de
Educación y el Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia (CONANI) el
documento conocido con el título de «Normas del Sistema Educativo Dominicano para la Convivencia Armoniosa en
los Centros Educativos Públicos y Privados», especie de
código de conducta que tiene como propósito «…fortalecer la
convivencia armoniosa y la disciplina positiva, entre los diferentes actores de
los centros educativos, en el marco del reconocimiento a la dignidad de las
personas y el respeto a los derechos humanos….»
Ese texto legal clasifica las faltas
de los estudiantes (Art. 15) en tres categorías: leves, graves y muy graves.
Entre las muy graves figuran:
a) 1) Acoso o burla escolar.
b) 2) Ingresar o consumir drogas en el
centro educativo
c) 3) Alteración de documentos del centro educativo.
d)
4) Desafío o agresión a miembro del centro educativo e introducir en este
objetos peligrosos.
¿Cuáles son las medidas
disciplinarias (Art. 22) que para sancionar las más graves faltas establece el
mismo documento:
a) a) Ubicación del estudiante en un
espacio fuera del aula, por un período máximo de dos días, debiendo realizar
las tareas indicadas por el docente en otro lugar del centro educativo identificado
previamente.
b) b) Suspensión de la participación en
actividades fuera del centro educativo.
c) b)Suspensión de la participación del
estudiante en actividades dentro del centro educativo, siempre que esas
actividades no formen parte del currículo obligatorio del curso.
¿Qué significa eso?
Sencillamente
que a los dos estudiantes que le rompieron el tabique nasal a su maestro en el
Liceo Juan Pablo Duarte, las únicas tres sanciones que las autoridades de dicho
centro les pueden aplicar son las tres más arriba indicadas, pues ya, como
antes, ni siquiera se pueden expulsar del centro, pues el reglamento o código
de conducta (Art. 24) lo prohíbe e igualmente el Código del Menor.
Establecido y visto así, las «Normas del Sistema Educativo Dominicano para la Convivencia Armoniosa en
los Centros Educativos Públicos y Privados», más que un instrumento legal
diseñado para «fortalecer la disciplina
positiva», se nos presenta como un documento destinado a fomentar el caos y el
irrespeto en las escuelas públicas y privadas de la República Dominicana. Se
trata de un marco legal altamente proteccionista y desconocedor o reductor de
la autoridad que debe tener y antes tenía el profesor en el aula. Ojalá que
apoyado en este, no tengamos que enterarnos en el futuro del primer maestro
asesinado por su alumno.
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