¨Por : Domingo Caba Ramos
Con el
título «El uso de la lengua en los medios de comunicación social», en fecha
10/11/2022 publiqué un artículo en este mismo diario, en cuyo primer párrafo se
lee lo siguiente:
«Contrario a lo que debería ser su verdadera función, en
los medios de comunicación de la República Dominicana se leen y escuchan las
más sorprendentes y hasta jocosas irregularidades léxicas, fonéticas,
semánticas, sintácticas y morfológicas. Imperan en ellos los vulgarismos,
navismos, el estilo coloquial y frases que se apartan por completo del registro
estándar de la lengua. Medios en los que a la hora de informar se prestigia el
contenido y descuida la forma, creando así las condiciones para que los
hablantes copien e integren a su caudal lingüístico los frecuentes desatinos
que a través de ellos leemos y escuchamos… De ahí que en la cabina de
radio y televisión se hable como si se estuviera en el banco del parque o en la
esquina del barrio»
Pero no solo
en la forma de expresión lingüística están presentes tales irregularidades. En
nuestros medios de comunicación, y muy especialmente en los que se transmiten
vía internet, se injuria, difama, ultraja, mancha y destruye en forma alegre la
moral de los demás. Y cuando el Estado trata de intervenir para regular el
problema, de inmediato se invoca la violación de la “sagrada libertad de
prensa”, libertad esta que en última instancia se ha convertido en un auténtico
“libertinaje de prensa”.
Un
libertinaje que parece no tener límites, y el que para aquellos que diariamente
lo practican, verdaderos sicarios de la palabra, no debe existir régimen de
consecuencias, como muy bien se ha puesto de manifiesto en el persistente y
rabioso rechazo llevado a cabo fundamentalmente por esos “sicarios” verbales,
en contra de las disposiciones que acerca de la difamación, la injuria y el
ultraje están contenidas en el nuevo Código penal.
Son esos
representantes de la “nueva comunicación” quienes entienden que, en nombre de
la libertad de prensa, pueden continuar, sin que pase nada, utilizando la
lengua pletórica de vulgaridades, exabruptos, procacidades,
“malas palabras” o inmundicias verbales a través de los diferentes medios de
información, razón por la cual han bautizado al nuevo Código penal con el
despectivo nombre de «Ley
Mordaza». Olvidan estos, quizás, que los
medios de comunicación de comunicación forman parte de los llamados poderes
educativos, y que, en tal virtud, su misión es informar, educar, orientar,
divertir y, al decir de Francisco Larroyo, ejercer influencias educativas en el
individuo, no para desorientar, destruir imágenes y crear problemas en el seno
de la comunidad.

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