Por : Domingo Caba Ramos
«La forma es bella si en el fondo hay una idea. ¿Qué
vale una frente bella si no hay u seso tras ella...?»
(Alexander Pushkin )
En la República Dominicana, las agresiones policiales
contra la población civil se repiten diariamente. Se han convertido, como reza
el pueblo, «en el pan nuestro de cada día». Posiblemente el
hecho violento que mayor repercusión ha tenido en los medios de comunicación,
ha sido la salvaje golpiza que un coronel activo de la Policía Nacional (Fausto
Madé) le propinó a una joven de apenas diecinueve años. Tales hechos me hacen
recordar los versos pletóricos de contenido social compuestos por el Poeta
Nacional de Cuba, Nicolás Guillén (1902 – 1989), allá por los años treinta en
su libro Cantos para soldados y sones para turistas (1937).
La inestabilidad política en la mayor de las Antillas,
resultante de la caída de un dictador (Gerardo Machado) y el ascenso de otro al
poder (Fulgencio Batista) desencadenó un estado general de oposición y
denuncias que templó los hilos de la represión del
gobierno por parte del Ejército cubano. Es entonces cuando Guillén escribe sus
famosos Cantos..., con el propósito de crear en los
soldados la conciencia de su origen humilde, exigirles que abandonen las
prácticas de reprimir al pueblo y que se comporten siempre en defensa de los
intereses de los sectores populares de los cuales proceden.
Por eso, con el más imperativo de los acentos, inicia
el poeta su libro, diciéndole al soldado:
SOLDADO APRENDE A TIRAR...
«Soldado, aprende a tirar :
tú no me vayas a herir,
que hay mucho que caminar.
¡Desde abajo ha de tirar,
si no me quieres herir!
Abajo estoy yo contigo,
soldado amigo.
Abajo, codo con codo,
sobre el lodo.
Para abajo, no,
que allí estoy yo»
Soldado, aprende a tirar,
tú no me vayas a herir,
que hay mucho que caminar»
El mismo tono persuasivo está presente en el más popular poema del antes citado
libro: «No sé por qué piensas tú»
NO SÉ POR QUÉ PIENSAS TÚ (1937
No sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo,
si somos la misma cosa,
yo,
tú.
Tú eres pobre, lo soy yo;
soy de abajo, lo eres tú;
¿de dónde has sacado tú,
soldado, que te odio yo?
Me duele que a veces tú,
te olvides de quién soy yo;
caramba, si yo soy tú,
lo mismo que tú eres yo.
Pero no por eso yo
he de malquererte, tú;
si somos la misma cosa,
yo,
tú,
no sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo.
Ya nos veremos yo y tú,
juntos en la misma calle,
hombro con hombro, tú y yo,
sin odios ni yo ni tú,
pero sabiendo tú y yo,
a dónde vamos yo y tú...
¡no sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo!
Y la misma línea de denuncia
social y el mismo acento imperativo yacen presentes en el contenido
profundo de los versos que conforman el poema «No le tire», de nuestro siempre inmenso poeta
social, Manuel del Cabral (1907 – 1999) e inserto en su libro Compadre Mon
(1943):
NO LE TIRE...
«No le tire, policía;
no lo mate, no;
¿no ve
que tiene la misma cara
que tiene usted?
Corre roto,
sin zapatos.
¿No lo ve?
Corre tal vez
con una honradez tan seria
que corre en busca del juez...
Acérquese, policía,
pero guardando el fusil.
Acérquese.
¿No ve?
Se parece a usted,
y a mí...
Mírelo bien.
Huye de la tierra y siempre
se va con ella al partir...
Acérquese... No le hiera
ni con el ojo
su dril...
Mire sus pies ...
Mírelo bien ...
Policía, no le tire.
Fíjese
que corre como la sed...»

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