Por: Domingo Caba Ramos
(Segunda
parte)
1.
Incremento del prejuicio racial
antinegro
El prejuicio racial antinegro del pueblo
dominicano que, como ya apuntamos tuvo su punto de partida en la época de la
colonia, parece haber cobrado su mayor fuerza a partir de la proclamación de la
Independencia Nacional el 27 de febrero de 1844. Al menos eso es lo que se
desprende de las declaraciones ofrecidas por muchos de los intelectuales y
especialistas que han abordado tan importante asunto.
«La guerra que tuvo que librar el pueblo
dominicano- plantea al respecto el
poeta y ensayista Abelardo Vicioso - para defenderse de las constantes agresiones
del ejército haitiano dejó una secuela de odios contra el país vecino, que las
clases dominantes se han esforzado en prolongar hasta nuestros días».
(Vicioso, Abelardo, El freno hatero en la
literatura dominicana,1983 :167 ).
Los propulsores de la Independencia, imbuidos por su sentimiento
patriótico o nacionalista, orquestaron un movimiento propagandístico de
carácter antihaitiano mediante el cual se buscaba destacar los más negativos
atributos del territorio haitiano , así como las agresiones que de él
recibimos, y justificar, al mismo tiempo, la intervención de países civilizados
como España, Francia, Inglaterra y Estados Unidos.
«Ese corrompido y falso sentimiento nacionalista – argumenta Franklin Franco - que
traducía en el fondo un profundo prejuicio racial fue un arma verdaderamente
eficaz para el desarrollo aquí del pensamiento colonialista de la oligarquía
gobernante». (Franco, Franklin J. Santo Domingo: Cultura, política
e ideología, 1979 : 90).
La propaganda antihaitiana utilizó la prensa y la literatura como medios
eficaces y poderosos para difundir sus ideas.
“Esta
literatura antihaitiana - agrega
Abelardo Vicioso- contribuyó a
degradar la conciencia nacional, creando un prejuicio contra el pueblo vecino
con profundas raíces en el dominicano, que aún resulta difícil arrancar”.
(ídem, 169 :170).
Importante es subrayar que la propaganda en contra del pueblo haitiano
fue obra no sólo de los intelectuales más conservadores y reaccionarios de la
época, sino también de prominentes miembros de la Sociedad Secreta La
Trinitaria, entre los que se distinguen el poeta Félix María del Monte ( 1819
-1899 ) . A este trinitario se le atribuye haber compuesto el primer himno de guerra
dominicano que nuestra historia literaria registra con el título de “Canción
dominicana” o “Himno de la Independencia” (1844); pero más que
un himno dominicano, la referida pieza, por su contenido, más bien puede
considerarse como un canto antihaitiano y prohispánico a la vez, carente por
completo de un genuino sentimiento dominicanita. Así queda evidenciado en la primera estrofa del himno,
en cuyo primer verso el autor llama españoles a los dominicanos:
«Al arma, españoles!
¡Volad a la lid!
¡Tomad por divisa"!
¡Vencer o morir!»
El antihaitianismo vigente en las
creaciones de Félix María del Monte se percibe con mayor vigor en los versos que siguen, tomados de sus “Cantos
dominicanos”, en los cuales el poeta y patriota describe así a los
haitianos:
«Quien tiene lazos de unión,
con esos diablos sañudos,
que beben sangre y desnudos,
en pacto con Belzebú,
bailan su horrible vudú,
y comen muchachos crudos».
Todavía son muchos los dominicanos mantienen viva la creencia de que los
haitianos son brujos, tienen pactos con el diablo y practican la antropofagia,
esto es, comen niños; y todavía persiste la práctica de exhibir el sentimiento
nacionalista del pueblo dominicano envuelto de manera exclusiva en el traje del
antihaitianismo.
2. El prejuicio racial
antinegro en nuestros días.
«Negra
Pulula, que bien,
que planchas la ropa ajena.
¡Cuándo plancharás tu cara,
mapa de penas!».
(Manuel del Cabral).
«Pintor de santos y alcoba,
pintor sin tierra en el pecho,
que cuando pintas tus santos,
no te acuerdas de tu pueblo,
que cuando pintas tus vírgenes,
pintas angelitos bellos,
pero nunca te acordaste,
de pintar un ángel negro.».
La prueba más fehaciente de que en la República Dominicana existe la negrofobia
, podemos encontrarla en la literatura folklórica dominicana, la cual comprende
un considerable número de expresiones, refranes, coplas, décimas y sentencias
que aluden ofensiva y despectivamente a los distintos rasgos del negro.
En la imaginación colectiva, el color negro se asocia al mal, al crimen,
al infortunio y al mismo diablo. Carlos Esteban Deive, domínico - español versado
en asuntos étnicos, apunta al respecto lo siguiente:
«La relación entre el diablo y el negro es antigua, y ya hemos señalado
que aparece en la Edad Media. La imaginería religiosa medieval describe al diablo
como un negro feo, de cuernos y cola» (Revista ¡Ahora! No. 706. 1977:34).
Cuando a alguien se le hace imposible materializar sus proyectos, de él o ella
se afirma que tiene una suerte negra o un destino negro. Si se le presagia un
porvenir negativo, comúnmente se le dice que su futuro es negro. Cuando una
persona de piel negra comete un acto de travesura o reñido con las buenas
costumbres, de inmediato se escucha la frase prejuiciada: «no puede negar
que es prieto».
En franca oposición al negro, el color blanco es para el común de los
nacidos en tierra dominicana sinónimo de puro, luminoso, inocente e inmaculado.
Las personas de nobles sentimientos tienen el corazón blanco, pero cuando sus
ideas y actitudes son malsanas y perversas, entonces suele decirse que tienen
el corazón negro. Si tiene la piel
oscura y se ha distinguido por su buen proceder en bien de los demás, se dirá
enseguida que es un negro con el
corazón blanco. O también es común escuchar: «Ese solamente es prieto...», frase con la cual, en su
sentido profundo, se estaría afirmando que
todas sus cualidades son apreciables, y que su único defecto es ser negro.
Y del hijo que en la familia se diferencia de los demás por sus travesuras o
mala conducta, acto seguido se dirá que “es
la oveja negra de la casa”
Podemos constatar en los juicios
precedentes que el enfrentamiento entre blancos y negros, no es más que la viva
expresión de la eterna y clásica lucha entre el bien y el mal. Los blancos
representan el bien, y a los negros se les pinta como los genios del mal. Es el
mismo choque de visión ideológica que se aprecia en “Yelidá” (1942),
monumental poema de carácter étnico - social compuesto por el culto poeta
tamborileño Tomás Hernández Franco. (1904 - 1952).
El poema nos presenta el enfrentamiento entre dioses blancos noruegos y dioses
negros africanos. El tratamiento afectivo que en el texto se les da a ambos
dioses, favorece siempre a los primeros en detrimento de los segundos. Los
dioses blancos son inocentes, pacíficos e inofensivos y aparecen descritos con
los más tiernos calificativos: Son dioses, “infantiles”
y “viejecillos”, “dioses de algodón y de manzana” que “resbalan y juegan con
las flores”.
En cambio, los dioses negros aparecen como comedores de hombres,
dictadores y venenosos; dioses rencorosos, rabiosos y estupradores, como Badagris que es capaz de violar «a todos los niños en el vientre de las
madres dormidas». A la luz de esta descripción algunos críticos estiman que
el poeta denigra a los dioses africanos al tiempo que reivindica a los blancos
noruegos. A tono con este planteo, escribe José Alcántara Almánzar: “Del
tratamiento que ambos grupos reciben se llega a la conclusión de que hay un
velado racismo en “Yelidá” (Estudios
de poesía dominicana, 1979:147).
3. Fraseología antinegra
dominicana.
«Dórmiti
mi nengre,
dórmiti ningrito,
caimito y merengue,
merengue y caimito»
(Emilio Ballagas)
La fraseología popular dominicana refleja el racismo estructural y el prejuicio hacia la piel oscura o a los rasgos afrodescendientes heredados desde la época colonial, y reforzados durante la dictadura de Rafael Trujillo. Estas manifestaciones lingüísticas suelen asociar de manera sistemática lo negro con lo feo, el peligro y la impureza, mientras que idealizan lo blanco y lo "indio" como sinónimo de progreso, pureza y belleza. Se trata de frases idiomáticas (modismos, locuciones, frases hechas, etc.) de recurrente uso en el habla dominicana, y que por trasmisión oral van pasando de una generación a otra. Frases que en su sentido profundo entrañan el prejuicio antinegro implícito o latente en el subconsciente de un elevado número de dominicanos. A modo de muestras, veamos solo algunas:
“El negro es
comida de puercos”.
El prieto es prieto”.
El negro que no la hace a la entrada, la hace a la salida”.
“Me casaré con una rubia para mejorar la raza”
“¡Tenía que ser un negro...!”.
“El negro es como la guinea, que siempre tira para el monte”.
“El
negro no es pará”.
“El negro no es gente”.
“No puede negar que es prieto”.
¿Negro
en mi casa?… yo”.
Resulta importante destacar que hasta los órganos del cuerpo humano
adquieren connotaciones o significados especiales dependiendo del color que
tenga la persona que los posea. Así, mientras el blanco posee labios, el negro
tiene bembes, chembas o bembas; el blanco tiene cuello, el negro cocote; los
brazos del negro no son brazos, sino molleros; en su cabeza no hay pelos, sino
motas o pimientas y sus pies no son más que ñames o patas.
narices de berenjena…»
¿Cuando te dicen negro bembón…?»

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