Por : Domingo Caba Ramos
Según la muy citada lexicógrafa y
lexicóloga española, María Moliner (1900 – 1981), «El uso de las mayúsculas es
la cuestión más caótica de nuestra ortografía». Y ciertamente es así. Ese caos
o desorden ortográfico se pone de manifiesto cuando las mayúsculas y minúsculas
se emplean según el criterio particular de quien escribe, esto es, como si no
existieran reglas que normativicen dicho uso. Es lo que se sucede, por ejemplo,
con el empleo de las llamadas mayúsculas “enteras”, “completas” o “sostenidas”.
Si bien la Ortografía de la lengua
española (OLE, 2010) establece que el uso de las mayúsculas en textos completos
debe ser excepcional y limitado a casos muy específicos, persiste la práctica
de escribir todo en mayúscula, sin que ninguna regla así lo prescriba. Tal
práctica, la OLE recomienda evitarla, especialmente en la comunicación
tecnológica, pues «equivale a gritar y,
por tanto, en las normas de cortesía establecidas para las comunicaciones en
Internet se considera de mala educación, además de que se hace más fatigosa y
lenta la lectura…» (p.517)
En
la escritura ordinaria, lo normal es que se use como letra base la minúscula, y
cuando de manera excepcional se emplea la mayúscula, esta, por regla general,
debe aparecer al inicio del enunciado. Solo en contextos muy específicos, vale
reiterarlo, y en textos cortos, cuando se pretende facilitar la
legibilidad y visibilidad, se recomienda escribir en mayúsculas enteras en
casos como los siguientes:
1) Las palabras o frases que
aparecen en las cubiertas y portadas de los libros y documentos, así como los
títulos que identifican cada una de sus divisiones.
b) 2) Carteles y avisos.
c) 3) Las cabeceras de diarios y
revistas.
d)
4) Los lemas y leyendas que
figuran en banderas, escudos y monedas.
e) 5) Las
inscripciones de lápidas, monumentos o placas conmemorativas, entre otros casos
prescritos en la ya cita Ortografía de la lengua española (p.512).
Es posible que el empleo de mayúsculas
en textos completos esté basado en la falsa creencia de que a estas letras
nunca debe marcárseles las tildes, y que, por tanto, no se incurre en faltas,
en casos de omitir una o más tildes. Sin embargo, vale recordar que, según el
criterio académico, «el empleo de la mayúscula no exime de poner la tilde
cuando así lo exijan las reglas de acentuación gráfica» (ídem, p.448).
(PUBLICADO EN DIARIO LIBRE EN FECHA 4/9/2026)
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