viernes, 6 de noviembre de 2026

PAZ, SONRISA Y FELICIDAD


Por: Domingo Caba Ramos

 (A propósito del recién pasado Día Internacional de la paz)

 “La paz comienza con una sonrisa”

(Madre Teresa de Calcuta)

Instituido por la Asamblea General de las Naciones Unidas para promover los ideales de la paz y la no violencia, el 21 de septiembre de cada año se celebra el Día Internacional de la PAZ.

Acerca de la paz es mucho lo que se ha escrito, casi siempre contraponiéndola al fenómeno de la guerra; pero la paz, vale aclarar, es mucho más que la cara adversa de la bélica confrontación.  Se trata de una categoría histórica estrechamente articulada a la realidad socioeconómica, y cuyo enfoque, en los planos tanto filosóficos como sociológicos, no puede realizarse al margen del concepto de felicidad.

Todo lo antes dicho quiere decir que la paz, de ningún modo, podemos percibirla como una idea o una simple ilusión, sino como un estado general de grata satisfacción del ánimo basado en la felicidad.

 ¿Qué significa esto?

Sencillamente, que sin felicidad no hay paz, y si esta existe, es porque la segunda está asegurada. Como bien lo sentenció la madre Teresa de Calcuta: “La paz comienza con una sonrisa”.  Y la sonrisa solo abunda allí donde la felicidad está presente. De lo contrario brillará por su ausencia. En esa misma línea semántica, el diccionario académico, entre otras acepciones, define el término paz como «Ausencia de inconvenientes o tropiezos»

Merced a las ideas precitadas, se infiere entonces que es responsabilidad de los gobernantes y grupos dirigentes crear las condiciones requeridas o tratar de eliminar cuantos inconvenientes o tropiezos contribuyan a evitar el logro de un estado óptimo de felicidad que conlleve a la vez la conformación en la mente del individuo de ese estado de grata satisfacción física y espiritual mejor conocido con el nombre de paz.  Porque una mente atormentada por el motivo que sea, es una mente infeliz. Y toda mente infeliz es, necesariamente, una mente carente de paz interior.

Y conforme a los juicios precedentes, valdría entonces preguntarse, ¿cuáles son esos tropiezos, escollos o inconvenientes que le roban la felicidad y, por ende, la paz a los seres humanos en general y al dominicano en particular?  A modo de ilustración, basta solo citar algunos:

1.     La pobreza extrema. Donde existen limitaciones económicas desbordadas, la paz es solo una ilusión.

2.     Los bajos salarios. No poder resolver los problemas materiales de existencia genera un estado mental de permanente intranquilidad.

3.     La inequidad. Observar que todos los beneficios giran alrededor de un grupo reducido de personas, mientras la mayoría navega en el mar de las carencias, espanta para siempre toda esperanza de paz.

4.     Inseguridad ciudadana. No saber en qué momento la persona puede ser víctima de un robo, de un atraco o de un crimen o cualquier acto de delincuencia, mantiene intranquilo al más indiferente de los ciudadanos.

5.     Insatisfacción laboral. ¿Puede existir paz laboral en una institución o empresa adonde la insatisfacción laboral campee por sus fueros?

6.     Deficiencias de los servicios públicos.  Estas anomalías generan tormentos por cuanto los sectores de escasos recursos no pueden enfrentar los problemas de salud, educación, vivienda, etc.

7.     Falta de oportunidades. ¿Puede reinar la paz en el seno de la familia que ha incurrido en grades sacrificios para, por ejemplo, costear los estudios de sus hijos en la universidad, cuando una vez graduados, estos no consiguen trabajo o tienen que conformarse con puestos cuyos salarios son extremadamente bajos?

8.     El alto costo de la vida.

9.     La insensibilidad social y el individualismo rapaz que cada día crece y amenaza con tragarse al más débil.

En semejante contexto, jamás podrá existir esa sonrisa que la madre Teresa postulaba como la piedra angular, base o punto de partida para el establecimiento de una verdadera o auténtica paz interior en el ámbito mental del ser dominicano

 (PUBLICADO EN DIARIO LIBRE EN FECHA 6 DE NOVIEMBRE DEL 2026)

 

 

 

 

 

 

 

LAS EXCUSAS, ¿SE PIDEN O SE OTORGAN?


Por: Domingo Caba Ramos.

 
—Yo te pido excusa, Robert – le dije aquella lejana y fresca mañana de octubre al entonces director del Archivo Histórico de Santiago, Dr. Robert Espinal — por no haber podido asistir a la puesta en circulación del libro Minicosas de un latidesorden (2009), del historiador y exdirector de dicha institución, don Román Franco Fondeur».

 Un señor, que en dicho centro cultural se encontraba presente, al escucharme, y muy convencido de su punto de visto lingüístico, corrigió de inmediato:

 — « Las excusas no se piden, se otorgan…»

 Y no menos convencido yo,  del errado juicio de mi fortuito y desconocido censor, no tuve más que responderle con el mayor respeto y delicada cortesía :

—« Gracias, caballero, por su corrección. Sin embargo, creo oportuna la ocasión para aclararle que no es cierto, como usted y muchos creen, que una excusa no se debe solicitar, sino siempre concederla. Se trata de una idea tradicional que en virtud del fenómeno de la repetición conceptual ha calado profundamente en la conciencia de los hablantes dominicanos hasta alcanzar viso de verdad absoluta…»

 Le expliqué que la locución verbal «pedir excusas» es completamente válida en el español, y está aceptada por la Real Academia Española (RAE).  Que de acuerdo al criterio académico, la susodicha expresión significa lo mismo que pedir disculpas o solicitar indulgencia o justificar una falta cometida. «Pedir excusas— establece al respecto la RAE en su sección digital de consultas (#RAEconsultas), es una frase completamente equivalente y sinónima de “pedir disculpas o disculparse”». Una y otra forma son válidas en el idioma español. Lo mismo que “pedir perdón” u otorgar perdón, válida expresión utilizada cuando se pretende ser perdonado en el momento en que se incurre en faltas o cuando una acción ha causado o puede causar daños. Cuando tales faltas desencadenan sentimientos arrepentimientos, se puede pedir, ofrecer presentar disculpas.

 Una excusa no es más que el «Motivo o pretexto que se invoca para eludir una obligación o disculpar una omisión»

El motivo o pretexto invocado tradicionalmente para censurar el uso de “pedir excusas” como sinónimos de disculparse, ofrecer disculpas, presentar disculpas o pedir perdón tiene como propósito justificar una falta cometida o sacar libre a alguien de la culpa que se le imputa. Siendo así, se piensa, quien estaría obligado a conceder la excusa no es la persona a la cual se le ha faltado, sino aquella que ha incurrido en la falta. Y siendo así, lo válido o aceptable sería decir: “Yo quiero o debo presentarte mi excusa…” y no “Yo te pido excusas”

 ¿Qué es una excusa?

Un «Motivo o pretexto que se invoca para eludir una obligación o disculpar una omisión»

Y entre otras acepciones, «invocar» soporta los significados de “apelar”, “rogar”, “implorar”, “clamar”, “suplicar”, “solicitar”, formas verbales todas que en su sentido profundo entrañan la idea de “pedir” o “solicitar”. Por lo que merced a todo lo hasta aquí expuesto, y contrario al parecer del corrector protagonista de nuestra historia , una excusa, como bien se infiere del conativo o apelativo acento de su semántica estructura,  se puede conceder o presentar, pero también se puede “pedir”, “rogar”, “implorar” o “solicitar”.

(PUBLICADO EN DIARIO LIBRE EN FECHA 30 DE OCTUBRE DEL 2026)

 

LOS SENDEROS DE LOS POETAS


Por : Domingo Caba Ramos



Gracias a la atinada iniciativa del conocido historiador Edwin Espinal y del poeta y activo gestor cultural, Andrés Acevedo, el pasado sábado (17/10/2026) se llevó a cabo en Santiago de los Caballeros una actividad cultural que hasta ese momento nunca se había realizado en la República Dominicana: «El sendero de los poetas», con motivo de celebrase en nuestro país, el 21 del presente mes, el Día del Poeta Dominicano. Tuvo como propósito, como bien podrá inferirse, honrar la memoria de quienes, en vida, los poetas, al decir de Jorge Luis Borges, tienen como misión primordial percibir el impacto del mundo exterior y “transmutarlo en sonidos y palabras que perduren en la memoria colectiva…”

Consistió dicha actividad es una especie de turismo funerario (necroturismo) consistente en un recorrido guiado por las rutas que conducen a   las tumbas adonde yacen los restos de grandes poetas, sepultados en el Cementerio Municipal de la calle 30 de marzo, de Santiago. Un recorrido que también suele llevarse a cabo en diferentes camposantos del mundo; pero de cuya materialización, vale reiterarlo, no se conocían precedentes en el ambiente cultural dominicano.

El 17 de octubre del 2026, a partir de las 4p.m, un incandescente manto lírico pareció tenderse a lo largo y ancho de los nichos que guardan las cenizas de los bardos homenajeados en el cementerio ya referido. Los versos de estos, de nuevo cobraron vida y el eco de sus cantos resonó con toda su energía en el fúnebre espacio a través de las voces de los declamadores allí presentes.

En cada tumba visitada, los organizadores y guías del significativo, educativo, original y pionero “peregrinaje cultural”, a modo de contextualización, ofrecían al público presente y caminante un breve, pero muy documentado perfil del poeta reconocido. Y en cada tumba, autores y gestores literarios, intelectuales y profesionales de diversas ramas del saber procedían a declamar uno de los principales poemas compuestos por el vate autor allí sepultado.

Durante el recorrido, se visitaron las tumbas y rindió homenaje a  los poetas santiagueros Eugenio Perdomo, Ramón Suárez Vásquez, Juan Chery Victoria, Federico Pereyra hijo, José María Jiménez Rodríguez, Tomás Morel Tavares, Víctor Antonio Estrella Rodríguez, Pedro y Tomás Casals Pastoriza Valverde, Luis María Camejo Aracena, José Virgilio Martínez Reyna, Sara Paulino de Morera, José Morera Silverio, Manuel de Jesús González, León Federico Sosa Bornia, Manuel Germán Soriano Corcino, José Bretón y Nelson Julio Minaya.

Y la lectura de sus versos, entre otros escritores, poetas, intelectuales y gestores culturales, estuvo a cargo de Luis Córdoba, Domingo Caba Ramos, Enegildo Peña, Arelis Albino, Daniela Cruz Gil, Carmen Pérez Valerio, Sandra Tavárez, Rafael Amansar Mármol, Héctor Gullón Moronta, Pablo Casals Rodríguez, Braulio Rodríguez, Sergio Acosta Puig, Puro Tejada y Marlon Anzellotti González.

El trascendental e innovador acto tuvo un valor agregado, por cuanto al mismo asistieron, como ya se indicó, no solo familiares y amigos de los poetas homenajeados, sino también poetas, escritores, intelectuales, profesores universitarios, estudiantes, gestores culturales y representantes de las principales instituciones de Santiago, tales como el Ateneo Amantes de la Luz, Casa de Arte y la Alianza Cibaeña, entre otras.

Felicitamos, pues, al poeta y ensayista Andrés Acevedo, así como al también ensayista y destacado historiador, miembro de la Academia de la Historia, Edwin Espinal, por tan innovadora experiencia o celebrada iniciativa, la cual, en última instancia, solo tuvo y siempre tendrá como propósito salvar el nombre de nuestros principales creadores literarios de la sombra del olvido, perpetuándolo así en la memoria colectiva de Santiago y la región del Cibao,  y mantener vivos o vigentes sus versos en los mismos espacios donde eternamente descansan  sus restos.

(PUBLICADO EN DIARIO LIBRE EN FECHA 23 OCTUBRE 2026)

 

 

 

 

 

EL CENTRO DE LA CULTURA DE SANTIAGO : EL ANTES Y EL AHORA

Por: Domingo Caba Ramos


Sus primeros años

 Mediante el decreto No. 1937, firmado por el presidente Antonio Guzmán Fernández el 28 de agosto de 1980, fue fundado en la ciudad de Santiago de los Caballeros el Centro de la Cultura «Señorita Ercilia Pepín».

  Fue creado, según se establece en el Art.  2 del precitado texto, con el propósito de : «Fomentar la realización de exposiciones, conferencias, seminarios, así como la presentación de espectáculos artísticos que contribuyan a elevar a niveles superiores la calidad artística de los valores egresados de las distintas escuelas de arte existentes en la región del Cibao, crear conciencia clara y definida para las artes y educar en la mejor tradición del arte, tanto nacional como internacional, para crear la sensibilidad artística de los ciudadanos de la región…».

 Tan ambicioso propósito, hoy no es más que un sueño.

 Su primera directora fue la destacada pianista, compositora y educadora santiaguera, doña Margarita Luna de Espaillat (1921 – 2016). En su etapa inicial, por allí pasaron al frente de diferentes áreas artísticas, profesionales tan brillantes como Rafael Villalona (teatro), Bernarda Jorge (música) y Fradique Lizardo (folklor). Y en sus primeros años, década de los ochenta, esa institución fue realmente eso: un centro en el cual se concentraba la mayor parte del quehacer cultural de la Ciudad Corazón.  Eran muy frecuentes las exposiciones plásticas, los conciertos musicales, la presentación de obras teatrales y grupos de ballet.

 Y, lo más importante, además del constante cultivo de las artes en sus diferentes salas, esta institución, en sus primeros años de fundación, se convirtió en un auténtico y calificado centro de enseñanza de las más diversas expresiones de las bellas artes

 El tiempo pasó y el Centro de la Cultura bajó su nivel, su exigencia y su incidencia, razón por la cual ya no es ni la sombra de lo que fue en sus años de gloria. Tanto ha descendido su accionar que ahí ninguna actividad de peso cultural se realiza. Y tanto ha mermado su protagonismo artístico, educativo y cultural que yo, que de allí no salía, debo admitir que hace más de quince años que no piso en ninguna de las salas de lo que una vez fue un auténtico, activo y eficiente centro de la cultura de Santiago y la región del Cibao. Contrasta este letargo o especie de «España Boba» cultural con la activa agenda desarrollada en ese aspecto por otras instituciones de Santiago, tales como Casa de Arte, el Ateneo “Amantes de la luz”, el Centro Cultural “León” y el Centro Cultural “Banreservas”

  Remodelación y reinauguración

 En marzo del 2023 se iniciaron los trabajos de reconstrucción integral del Centro de la Cultura, proceso que se extendió hasta el mes de mayo del 2025, y cuya inversión económica superó los RD$156 millones. Fue formalmente reinaugurado el 10 de mayo del antes citado año en un acto que contó con la presencia de la vicepresidenta de la república, Lic. Raquel Peña.

 No sé, sinceramente, para qué fue remodelado dicho edificio.

 No sé para qué el Estado invirtió tan alta suma dinero en el acondicionamiento de un «elefante blanco», prácticamente cerrado y cuyo activismo artístico y educativo brilla por su ausencia.

 No sé para qué invertir casi doscientos millones de pesos en el remozamiento de unas salas de espectáculos en las cuales, después de remozadas, no se ha realizado la primera actividad.

 No sé por qué mejor ese dinero no fue transferido al presupuesto o cuenta del Hospital José María Cabral y Báez que tantas carencias de insumos y material gastable sufre.

 Lo que sí sé es que más que un centro creado para fomentar la realización de actividades que contribuyan a crear conciencia y sensibilidad artísticas, como bien se establece en el decreto que le dio vida, hoy el Centro de la Cultura de Santiago no es más que un edificio. Un inoperante armazón de cemento, varilla y block, en cuyos espacios los aires nutritivos de la cultura hace tiempo dejaron de respirarse.

(PUBLICADO EN DIARIO LIBRE EN FECHA OCTUBRE 6, 2026)