sábado, 26 de septiembre de 2026

EL POETA MORENO JIMENES Y EL RÍO SOCO

Por: Domingo Caba Ramos

 «Los ríos son inquietos, turbulentos y cambiantes como la literatura. Los ríos tienen todos los estados de ánimo: son amistosos y terribles, son salvajes y caseros como la literatura. No entendamos como un tópico muerto la metáfora de Jorge Manrique: los ríos son la vida no porque vayan al mar y la muerte sino porque están vivos, porque fluyen y cambian y se desmienten y lanzan mil imágenes y se adaptan a todo y son siempre ríos. Por eso los ríos alimentan la literatura, y a los escritores les fascinan los ríos. Y yo deseo con toda el alma recorrer todos los ríos del mundo y convertir cada uno de ellos en una novela interminable…»

  (Antonio Costa Gómez: escritor, poeta y novelista español)

 Domingo Moreno Jimenes (1894 – 1986), el celebrado poeta fundador del movimiento postumista (1921) fue no solo el verdadero introductor del versolibrismo o liberador del verso de los moldes tradicionales en la poesía dominicana, sino un ser humano un tanto atípico, cuyo proceder o muchos de sus rasgos conductuales rozaban los límites de lo pintoresco. Trotamundos y viajero sin rumbo fijo por los diferentes pueblos del país, aparte de un maletín repleto de sus libros de versos, de él se ha dicho que en los bolsillos de su saco solía llevar arepas, empanadas, cazabe y chicharrón.

 «Entre kilómetros y kilómetros y mordiscos y mordiscos y chorreando manteca por todos bolsillos – apunta Ramón Francisco al respecto – Moreno observaba el paisaje nacional con ojos transparentes…» (Literatura dominicana 60, 1969::108)

 Por eso no ha de sorprender el momento en que a Moreno se le ocurrió componer el poema «Canto al Soco», cuando ejercía como director en una escuela del Seibo. A propósito, escribe José Rafael Lantigua (1948 – 2025) lo siguiente:

 «Es en esa época (durante el gobierno de Ramón Báez) cuando Moreno escribe otro de sus poemas poco conocidos, y que dedicó al modesto río que cruza el poblado de El Seybo. Su «Canto al Soco», que declamaba mientras pasaba horas enteras frente al río contemplando sus aguas, es una demostración viva y sonora del entusiasmo con que Moreno pulsaba entonces las cuerdas de su lira, revelando al mismo tiempo una clara filosofía de la vida…» (Domingo Moreno Jimenes: Apóstol de la poesía, 1980: 44)

 «Vas corriendo alegre río,
vas corriendo y vas dejando,
un recuerdo en cada espuma,
y una espuma a cada paso.

 Y al mírate correr, pienso,
que Manrique comparara,
tu corriente con la vida,
pues cual tú voluble, pasa.

 Y cual rosas tiernas se abren,
las sonrisas de mis labios,
pues, figúrome la muerte,
un gran mar inmenso y raro.

 Mientras suenan a lo lejos,
las brumosas campanadas,
del crepúsculo, y la luna,
nos contempla muda y pálida»

Y sobre la emoción que generaba en el alma del poeta el referido río, dice a continuación Lantigua lo siguiente:

 «Valentín Giró, uno de los poetas que inició el modernismo en el país, y quien para ese entonces era juez del juzgado de primera instancia de la localidad oriental, le reprochaba a Moreno que se pasara horas largas contemplando el río, mientras una novia que tenía se cansaba de esperarlo que llegara…»

 ¡Cosas de poetas!

¿SANTO DOMINGO O REPÚBLICA DOMINICANA?


Por : Domingo Caba Ramos

«El pueblo dominicano constituye una Nación organizada en Estado libre e independiente, con el nombre de República Dominicana»

(Art. 1: Constitución de la República Dominicana)

Nuestro país, según la constitución dominicana (Art. 1), se llama República Dominicana, y su capital, Santo Domingo. (Art. 13); pero así también se llama (Art. 9) la isla que el territorio dominicano (parte oriental) comparte con la vecina república de Haití.

Sin embargo, cuando por primera vez visité a los Estados Unidos, me sorprendió bastante el hecho de que la mayor parte de los dominicanos residentes aquí, cuando se referían a la patria que los vio nacer, nunca decían República Dominicana, sino Santo Domingo. Así, de ellos escuchaba, de manera recurrente, expresiones, tales como: «A Santo Domingo tengo que ir a resolver un problema», «Llegue ayer de Santo Domingo», «En Santo Domingo la cosa no está buena…», etc.

Lejos tenían esos compatriotas que así hablaban que, al decir, por ejemplo: «A Santo Domingo tengo que ir a resolver un problema», lo que verdaderamente estaban afirmando era que «A la capital dominicana   tengo que ir a resolver un problema», o que «A algún sitio de Haití tengo que ir a resolver un problema». En tal virtud, si uno de esos dominicanos era nativo de Santiago de los Caballeros, por ejemplo, lo más apropiado hubiera sido que dijera: «A Santiago tengo que ir a resolver un problema» o, sencillamente, «A la República Dominicana tengo que ir a resolver un problema».

 Vale precisar que, en virtud de lo establecido en el precitado texto constitucional, el topónimo o nombre geográfico Santo Domingo es excluyente, esto es, alude exclusivamente al territorio comprendido en la capital de la república, pero no a los demás pueblos de esta.  Significa esto, que si en Nueva York, por ejemplo, un dominicano informa que su madre vive en Santo Domingo, está afirmando que ella reside en la ciudad capital, no en ningún otro lugar de nuestro país.

Por vías contrarias, el término República Dominicana es incluyente, vale decir, cuando digo que «En la República Dominicana tengo tres fincas bastante productivas …», esas fincas pueden estar ubicadas en cual zona de este país, incluyendo, naturalmente, la capital o Santo Domingo. O, para que mejor se entienda, si en el extranjero a un venezolano alguien le pregunta que de dónde es, posiblemente responderá que de Venezuela. Solo diría que es de Caracas, si realmente nació en esta capital.

(PUBLICADO EN  DIARIO LIBRE FECHA 18/9/2026)

PERFIL DE UN AUTÉNTICO FANÁTICO POLÍTICO

Por : Domingo Caba Ramos

 En una ocasión, creo que al final del primer gobierno de Danilo Medina, un periodista amigo, ferviente simpatizante del PLD, me presentó una foto del entonces mandatario, sentado en una piedra, en una de sus acostumbradas visitas sorpresas realizadas, esa vez, a uno de nuestros campos.

 — ¡Qué bien!, me parece un gesto de humildad —expresé, sin decir más nada.

—Así es…, solo un presidente sencillo y que no se cree un Dios, como se nos tiene acostumbrado, se comporta de esa manera» — dijo, visiblemente emocionado.

 Otro periodista, también ferviente seguidor, pero del PRM, que se encontraba presente, al escucharnos no se aguantó:

 — No se confunda, profesor. Eso es populismo barato. Pero como las coincidencias siempre están al doblar la esquina, años después, y ya Danilo fuera del poder, me encontré en un supermercado con el mismo comunicador, el del PRM, y de la manera más sana y desapasionada le dije:

 — Me gustó el gesto de Luis Abinader, de irse con su comitiva, a los Estados Unidos, en un vuelo comercial…

 — Eso no me extraña. Usted sabe lo humilde y austero que es Luis. Otro presidente, sin importarle la situación del país, se hubiera ido en un vuelo privado — argumentó, como si hubiera estado pronunciando un discurso.

 — Muchos dirán que eso es populismo barato — le dije, para provocarlo, con las mismas palabras que en el pasado había empleado para referirse a la conducta de Danilo Medina.

— Eso no es populismo na, eso es sencillez. Luis siempre ha sido así…

 Me sonreí y guardé silencio, pero para hacerlo con más gusto, cuando llegué a mi casa, se me ocurrió llamar al otro periodista, al del PLD. o al mismo que años antes había elogiado apasionadamente a Danilo, por sentarse en una piedra campesina.

 Después de saludarlo y conversar algo más, le dije:

 — ¡Qué bien lo hizo Luis!, con eso de irse en un vuelo comercial, a pesar de que el viaje tiene carácter oficial…

 Sin estarlo esperando me interrumpió, no me dejó terminar:

 —Eso es populismo y puro allante para confundir y vender la imagen de que es un tipo “chévere” y sencillo.

 No soporté la risa. Abrí la nevera y me tomé un trago de vino.

 Para uno y otro la única humildad auténtica era la de su líder. Así piensan los verdaderos fanáticos. La conducta de su líder la endiosan; pero esa misma conducta la satanizan cuando quien la ejecuta es el líder opositor. Por eso estoy cada vez más convencido, y así siempre les digo a mis alumnos en la universidad: con el fanático no se discute.

 La discusión es un procedimiento del pensamiento lógico que tiene como propósito convencer o ser convencido. Al fanático, como a cualquier computadora, lo programan solo para convencer. En otras palabras, el fanático no piensa, no razona, solo repite, de manera mecánica, lo que oye del líder a quien endiosa. El verdadero fanático tiene una venda en los ojos y un tapón en los oídos, que solo se los quita cuanto le interesa ver y escuchar lo que hace y dice su mesiánico líder.

 Y lo más grave del caso es que el fanático es tan fanático, que no cree que es fanático.

Pero ¡cuidado!, no se confunda. El perfil antes presentado es extensivo a cualquier tipo de fanatismo (religioso, deportivo, etc.)

 (PUBLICADO EN DIARIO EN FECHRA 11/9/2026)

¿ES CORRECTO EL USO DE MAÚSCULAS ENTERAS O EN TEXTOS COMPLETOS?

Por : Domingo Caba Ramos

 Según la muy citada lexicógrafa y lexicóloga española, María Moliner (1900 – 1981), «El uso de las mayúsculas es la cuestión más caótica de nuestra ortografía». Y ciertamente es así. Ese caos o desorden ortográfico se pone de manifiesto cuando las mayúsculas y minúsculas se emplean según el criterio particular de quien escribe, esto es, como si no existieran reglas que normativicen dicho uso. Es lo que se sucede, por ejemplo, con el empleo de las llamadas mayúsculas “enteras”, “completas” o “sostenidas”.

 Si bien la Ortografía de la lengua española (OLE, 2010) establece que el uso de las mayúsculas en textos completos debe ser excepcional y limitado a casos muy específicos, persiste la práctica de escribir todo en mayúscula, sin que ninguna regla así lo prescriba. Tal práctica, la OLE recomienda evitarla, especialmente en la comunicación tecnológica, pues «equivale a gritar y, por tanto, en las normas de cortesía establecidas para las comunicaciones en Internet se considera de mala educación, además de que se hace más fatigosa y lenta la lectura…»  (p.517)

 En la escritura ordinaria, lo normal es que se use como letra base la minúscula, y cuando de manera excepcional se emplea la mayúscula, esta, por regla general, debe aparecer al inicio del enunciado. Solo en contextos muy específicos, vale reiterarlo, y en textos cortos, cuando se pretende   facilitar la legibilidad y visibilidad, se recomienda escribir en mayúsculas enteras en casos como los siguientes:

   1) Las palabras o frases que aparecen en las cubiertas y portadas de los libros y documentos, así como los títulos que identifican cada una de sus divisiones.

b)     2) Carteles y avisos.

c)     3) Las cabeceras de diarios y revistas.

d)     4) Los lemas y leyendas que figuran en banderas, escudos y monedas.

e)     5) Las inscripciones de lápidas, monumentos o placas conmemorativas, entre otros casos prescritos en la ya cita Ortografía de la lengua española (p.512).

 Es posible que el empleo de mayúsculas en textos completos esté basado en la falsa creencia de que a estas letras nunca debe marcárseles las tildes, y que, por tanto, no se incurre en faltas, en casos de omitir una o más tildes. Sin embargo, vale recordar que, según el criterio académico, «el empleo de la mayúscula no exime de poner la tilde cuando así lo exijan las reglas de acentuación gráfica» (ídem, p.448).

(PUBLICADO EN DIARIO LIBRE EN FECHA 4/9/2026)