Por : Domingo Caba Ramos
En una ocasión,
creo que al final del primer gobierno de Danilo Medina, un periodista amigo,
ferviente simpatizante del PLD, me presentó una foto del entonces mandatario,
sentado en una piedra, en una de sus acostumbradas visitas sorpresas
realizadas, esa vez, a uno de nuestros campos.
— ¡Qué bien!, me
parece un gesto de humildad —expresé, sin decir más nada.
—Así es…, solo un
presidente sencillo y que no se cree un Dios, como se nos tiene acostumbrado,
se comporta de esa manera» — dijo, visiblemente emocionado.
Otro periodista,
también ferviente seguidor, pero del PRM, que se encontraba presente, al
escucharnos no se aguantó:
— No se confunda,
profesor. Eso es populismo barato. Pero como las coincidencias siempre están al
doblar la esquina, años después, y ya Danilo fuera del poder, me encontré en un
supermercado con el mismo comunicador, el del PRM, y de la manera más sana y
desapasionada le dije:
— Me gustó el gesto
de Luis Abinader, de irse con su comitiva, a los Estados Unidos, en un vuelo
comercial…
— Eso no me
extraña. Usted sabe lo humilde y austero que es Luis. Otro presidente, sin
importarle la situación del país, se hubiera ido en un vuelo privado —
argumentó, como si hubiera estado pronunciando un discurso.
— Muchos dirán que
eso es populismo barato — le dije, para provocarlo, con las mismas palabras que
en el pasado había empleado para referirse a la conducta de Danilo Medina.
— Eso no es
populismo na, eso es sencillez. Luis siempre ha sido así…
Me sonreí y guardé
silencio, pero para hacerlo con más gusto, cuando llegué a mi casa, se me
ocurrió llamar al otro periodista, al del PLD. o al mismo que años antes había
elogiado apasionadamente a Danilo, por sentarse en una piedra campesina.
Después de
saludarlo y conversar algo más, le dije:
— ¡Qué bien lo hizo
Luis!, con eso de irse en un vuelo comercial, a pesar de que el viaje tiene
carácter oficial…
Sin estarlo
esperando me interrumpió, no me dejó terminar:
—Eso es populismo y
puro allante para confundir y vender la imagen de que es un tipo “chévere” y
sencillo.
No soporté la risa.
Abrí la nevera y me tomé un trago de vino.
Para uno y otro la
única humildad auténtica era la de su líder. Así piensan los verdaderos
fanáticos. La conducta de su líder la endiosan; pero esa misma conducta la
satanizan cuando quien la ejecuta es el líder opositor. Por eso estoy cada vez
más convencido, y así siempre les digo a mis alumnos en la universidad: con el
fanático no se discute.
La discusión es un
procedimiento del pensamiento lógico que tiene como propósito convencer o ser
convencido. Al fanático, como a cualquier computadora, lo programan solo para
convencer. En otras palabras, el fanático no piensa, no razona, solo repite, de
manera mecánica, lo que oye del líder a quien endiosa. El verdadero fanático
tiene una venda en los ojos y un tapón en los oídos, que solo se los quita
cuanto le interesa ver y escuchar lo que hace y dice su mesiánico líder.
Y lo más grave del
caso es que el fanático es tan fanático, que no cree que es fanático.
Pero ¡cuidado!, no
se confunda. El perfil antes presentado es extensivo a cualquier tipo de
fanatismo (religioso, deportivo, etc.)
(PUBLICADO EN DIARIO EN FECHRA 11/9/2026)
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