Por: Domingo Caba Ramos.
La muerte impacta fuertemente el alma, mucho más si esta ocurre de manera trágica o súbita. Es entonces cuando se abren las ventanas de la emoción y se cierran las puertas del razonamiento. La imagen del que fallece se eleva hasta lo más alto del honor, independientemente de lo intrascendentes y hasta nocivas que hayan sido sus acciones en vida.
Es entonces cuando en la República Dominicana, al recién fallecido se le rinde un no siempre merecido homenaje póstumo consistente en inmortalizar su nombre, asignándoselo a una calle, a una escuela o cualquier otra institución perteneciente a la administración pública.
Luego, en el futuro, vendrán las preguntas sin respuestas:
¿Por qué se le asignó ese nombre? ¿Quién fue esa persona? ¿Qué hizo? ¿Cuáles fueron sus extraordinarios aportes en bien del desarrollo educativo, social y cultural del país o de la comunidad en la que su nombre se exhibe de manera eterna?
En Moca, por ejemplo, hay un liceo que se llama “Eladio Peña de la Rosa”. ¿Quién fue este señor? ¿Qué vínculos tenía con el pueblo mocano? Absolutamente ningún tipo de relación.
Eladio Peña de la Rosa fue un profesor, nacido y residente en la capital de nuestro país, que el 27 de octubre de 1969 murió herido de bala en un incidente ocurrido en horas de la noche en el liceo Eugenio María de Hostos, en el momento en que aquí se celebraba una reunión de estudiantes. La muerte violenta del educador conmovió la conciencia nacional y motivó protesta en todo el país. Eso fue más que suficiente para que hoy tres liceos : uno en Moca , otro en Barahona y un tercero en Santo Domingo, lleven su nombre, esto es, se honró la memoria de alguien , no necesariamente por la magnitud de sus hechos en vida , sino por el impacto que generó su muerte.
En Licey al Medio, entrada la Reyna, existe otra escuela que lleva el nombre de un dirigente estudiantil nativo de este municipio, asesinado en 1970 por la policía en Moca, en cuyo liceo vespertino recién fundado, “Eladio Peña de la Rosa”, estudiaba. En su entierro, los agentes del orden (policía balaguerista) mataron a otros dos estudiantes.
¿Por qué le asignaron este nombre al precitado centro docente?
Sencillamente por la forma trágica en que se produjo la muerte del susodicho estudiante, así como por el malestar general, la ira popular y el impacto emocional que este hecho originó a nivel nacional; pero especialmente en los pueblos del Cibao.
Independientemente de los méritos que tanto el educador como el estudiante antes referidos pudieran tener, la medida de inmortalizar sus nombres es susceptible de cuestionamiento por cuanto en las respectivas comunidades existían, y aún existen, educadores con méritos más que suficientes para recibir este homenaje. Porque, ¿cómo es posible que a un liceo mocano le llamaran “Eladio Peña de la Rosa”, marginando el nombre de esa brillante maestra y autora de textos escolares llamada Aurora Tavares Belliard? ¿Existe en Moca una escuela pública que lleve el nombre de esta insigne educadora e hija distinguida de la Villa Heroica?
Debe quedar claro: no por haber trabajado en una escuela durante muchos años, un maestro merece que esta lleve su nombre. Para merecer tal distinción, ese maestro, además de un ejemplar comportamiento, tuvo que haber hecho aportes trascendentes o extraordinarios que hayan contribuido al desarrollo social, educativo, científico y cultural del país o de la comunidad donde ejerció su labor docente. A nadie se le debe otorgar distinciones extraordinarias por ejecutar acciones ordinarias. Pedro Martínez, nuestro héroe deportivo, fue exaltado este martes al Salón de la Fama del beisbol grande, no simplemente por jugar en las grandes ligas, sino porque sus números, su quehacer atlético y su comportamiento dentro y fuera del terreno de juego fueron extraordinarios.
Con los nombres de las calles sucede lo mismo.
En nuestro país sobran los ilustres héroes, patriotas, escritores, filántropos, investigadores, líderes religiosos, sindicales, etc., pero a pesar de eso, las principales calles y avenidas de la capital llevan los nombres de Abrahán Lincoln, John F. Kennedy, Winston Churchill, Charles Summer, Ortega y Gasset, Charles de Gaulle y otros extranjeros que honestamente no sé que hicieron en bien de la nación dominicana.
Específicamente sobre John Kennedy, el acucioso historiador Bernardo Vega ha objetado el hecho de que el exmandatario extranjero ostente la denominación de la transitada vía, por cuanto en archivos oficiales de Washington descubrió negociaciones y actitudes perjudiciales al pueblo dominicano que en determinados momentos de su gestión observó el gobernante estadounidense.
En Santiago existe un sector llamado Urbanización Real. La mayoría de sus calles llevan nombres de la realeza inglesa o española. Entre estas merecen citarse las calles Princesa Margarita, Príncipe Carlos, Príncipe Alberto, Princesa Diana, Reina Sofía…
Merced a estas denominaciones, valdría preguntarse : ¿Existe una sola causa que justifique tan risible y cómica medida? ¿Cómo es posible que un ayuntamiento apruebe semejante desatino, fiel ejemplo de esa aldeana alcahuetería que tanto nos caracteriza?
Los nombres de calles y escuelas deben asignarse atendiendo a los mandatos del cerebro, no del corazón. Las autoridades municipales y el Congreso Nacional deberían tomar este asunto más en serio y extremar las exigencias en el momento en que se les someta inmortalizar un determinado nombre.
jueves, 8 de enero de 2015
viernes, 12 de diciembre de 2014
EL USO DE LA LENGUA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Por: Domingo Caba Ramos.
“Colocar al frente de un programa de radio o de televisión a un discapacitado lingüístico es como poner de inspector de semáforos a un daltónico…”
(Pedro Luis Barcia)
Contrario a lo que debería ser su verdadera función, en el uso cotidiano de la lengua en nuestros medios de comunicación se leen y escuchan las más sorprendentes y hasta jocosas irregularidades léxicas, ortológicas, semánticas, sintácticas y morfológicas. Imperan en ellos los vulgarismos, novismos, el estilo coloquial y frases que se apartan por completo del registro estándar de la lengua. Medios en los que a la hora de informar se prestigia el contenido y descuida la forma, creando así las condiciones para que los hablantes copien e integren a su caudal lingüístico los frecuentes desatinos que a través de ellos leemos y escuchamos.
La radio, la prensa y la televisión, más que formar prefieren adaptarse lingüísticamente al lector, y, merced a este proceder, en los comunicadores nuestros prima la idea de que se debe hablar y escribir para los iletrados, imitar su lengua, emplear su sociolecto, esto es , utilizar siempre la norma popular o las formas expresivas de los sectores menos instruidos. Para llevar a cabo su “función orientadora”, los usos lingüísticos que se prestigian son, extrañamente, los correspondientes a los hablantes que poseen más bajo nivel de escolaridad.
De ahí que en la cabina de radio y televisión se hable como si se estuviera en el banco del parque o en la esquina del barrio. Tan preocupante realidad se pone de manifiesto tanto en la comunicación oral como escrita.
Para comprobar los desajustes expresivos de la lengua oral basta escuchar uno que otro de los tantos programas de opinión que se transmiten en nuestro país. En estos espacios se oye de todo: gritos, amenazas, insultos, injurias, pronunciación desastrosa, vulgaridades. Quien así lo desee confirmar solo tiene que escuchar, por ejemplo, las inconductas verbales del principal actor del programa de radio “El gobierno de la mañana”, que se difunde de lunes a viernes por la emisora Z -101. Un ejemplo basta para ilustrar:
«No joda ombe, coño… Se va a joder el programa por la politiquería de estos dos intolerantes, soberbios y engreídos… En Martínez Pozo y José Laluz yo me cago en ellos, coño… Espérenme en el parqueo, jijos e putas…»
En parecidos términos se expresa la regidora y periodista que en la misma estación radial labora en un programa que se transmite en horas de la tarde .
Un popular comunicador de Santiago, apelando a un código de expresión muy particular, pintoresco y, en cierto modo conceptualmente distorsionador, en su muy escuchado programa de radio, en lugar de “mataron a un ladrón”, prefiere informar que: “Calimbaron a un ladrón …”. En vez de “la camioneta iba llena de personas”, se le escuchará decir que « la camioneta iba "timbí” de personas» Y en vez de informar que a un ciudadano le robaron, dirá que a esa persona “le cantaron bingo”
Pero no solo los productores de programas de radio y televisión hieren nuestros tímpanos con sus insultos y términos descalificadores.
Hasta los líderes religiosos también se desplazan por esos escabrosos senderos de la lengua. Como desafortunadamente procedió recientemente el máximo representante de la Iglesia católica dominicana al calificar a uno de sus pastores de “sinvergüenza”, “chusma”, “estúpido”, “perverso”, “lacra”, “cretino”, “pelafustán”, “vil”, “bestia” e “inescrupuloso”.
Debido al fuerte influjo que ejercen en la sociedad, los profesionales de la información deberían manejar con mayor prudencia y cuidado el idioma. Deberían tener presente que su conducta lingüística se constituye en un marco de referencia, susceptible de ser imitada. Tal y como señala Salvador Gutiérrez, miembro de la Real Academia Española:
“Existe una tendencia a tomar como referencia a quienes nos hablan a través de un periódico, de una radio o de un libro. Los periodistas tienen una mayor responsabilidad sobre el uso del lenguaje porque sus palabras tienen también una mayor repercusión social”.
En la comunicación escrita el problema es tan grave como en la oral. Si leemos con detenimiento los diferentes diarios que circulan en nuestro país, fácilmente descubriremos los gazapos o errores gramaticales que en esos medios se publican.
Discordancias, faltas ortográficas, errores conceptuales, uso inadecuado de los signos de puntuación, corte indebido de palabras al final del renglón y la presencia de frases ambiguas o pleonásticas, se destacan entre las más frecuentes de esas irregularidades
viernes, 5 de diciembre de 2014
EL NIÑO QUE VIVIÓ EN LA CÁRCEL (*)
Por: Domingo Caba Ramos
“El novelista crea caracteres y a menudo sucede que esos caracteres se le rebelan al autor y actúan conforme a sus propias naturalezas, de manera que con frecuencia una novela no termina como el novelista lo había planeado, sino como los personajes de la obra lo determinan con sus hechos”
(Juan Boch)
Dr Frank Espino
«El día empezó brisoso.Joel se levantó como siempre a las 6:00 de la mañana. Abrió la ventana de madera reforzada con material de zinc, que miraba al este, y se dijo para sí: “A pesar del vientaso, el cielo luce despejado…"» (Cap. 1)
Así comienza la trama en “El niño que vivió en la cárcel”, la singular novela de dramática esencia escrita por el destacado médico ginecólogo, Francisco Espino Torres.
Toda trama supone necesariamente el planteamiento de una historia, de un problema que se complica en la medida en que esa historia se desarrolla, desarrollo este que a la vez contribuye a crear la tensión narrativa que aumenta a la par con la progresión de la historia contada.
Y eso, en realidad, es lo que sucede en “El niño que vivió en la cárcel”. El narrador atrapa al lector en el mismo primer párrafo y lo suelta al final del relato, en el preciso momento en que Joel, ¡por fin!, logró desvelar el misterio que durante cuarenta y cinco años mantuvo envuelto el secreto relativo a su verdadera paternidad.
Todo sucedió en tiempos del “corte” o matanza de haitianos llevada a cabo en la República Dominicana durante la dictadura de Trujillo. Juana, una negra que parecía haitiana sale a comprar leche para mitigar el hambre del negrito hijo que lleva en los brazos. Unos guardias la apresan por ser negra y no portar la declaración de nacimiento del niño (Joel) y es conducida a la cárcel junto a este.
Para evitar que el pequeño muriera de hambre y frío, la madre se lo concede en adopción a un soldado del régimen (Niple). Joel es ya un hombre y cree que Niple es su padre biológico. Esta creencia se mantuvo hasta que doña Carmen, cuñada suya, levanta el velo que descubre la verdad.
La obra está inspirada en un hecho real, recreado, naturalmente, por la fantástica imaginación del narrador. Se trata de una dramática y desgarrante historia en la que el elemento humano aparece en primer plano.
La novela como subgénero narrativo, ¿para qué sirve?, ¿Cuál es su función?
En virtud de su naturaleza eminentemente estética, la novela, como expresión del arte literario, cumple una función lúdica, por cuanto su intención primaria consiste en recrear la realidad a través de la palabra. Pretende conmover la sensibilidad del lector o despertar en este sensaciones y sentimientos. Significa esto, que más que reproducir la realidad, el novelista lo que hace es recrearla o inventar un mundo imaginario semejante o parecido al mundo de la experiencia.
Pero aparte de esta función, la novela tiene como propósito crear conciencia y producir cambios en el seno de la estructura social. George Lukács (1885 - 1971), brillante pensador marxista de origen húngaro, establece al respecto que “la novela debe ocuparse de la vida del hombre que vive, cargado de problemas, convertido él mismo en problema, en este nuestro mundo absurdo”
En parecidos términos escriben los profesores y ensayistas españoles Martín Duque y Marino Fernández Cuesta, cuando, citando a Ortega y Gasset, afirman que:
«La función esencial de la novela moderna es describir una atmósfera, a diferencia de otras formas épicas, cuya misión es referir una acción concreta» (1973:99)
Merced al planteo precitado, vale resaltar que el Dr. Espino describe una realidad en la que la atmósfera de la tiranía trujillista se percibe en cada uno de los nueve capítulos que conforman la obra. El sabe muy bien lo que es el drama, por la condición del actor teatral que fue durante sus años juveniles cuando cursaba estudios de medicina en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). No debe extrañar, pues, el intenso tono dramático que a todas luces se aprecia en el entramado narrativo de “El niño que vivió en la cárcel”
En la historia de la literatura dominicana no abundan los médicos que se hayan destacados como creadores literarios, y en el género de la novela, mucho menos. El doctor Espino, sin embargo, nos sorprende con esta su primera novela. A él, que, en su condición de médico ginecólogo, ha contribuido con sus conocimientos científicos a que tantas madres paran a sus tiernas criaturas humanas, esta vez le ha correspondido dar a luz una criatura literaria emanada de su fértil imaginación creadora.
¡Enhorabuena!, Dr. Espino.
(*) -Palabras leídas por el autor en el acto de puesta en circulación , el 3 de diciembre del 2014, en el salón de actos de la Clínica Unión Médica ( Santiago de los Cablleros )
martes, 2 de diciembre de 2014
LA MONA CURIOSA Y DOÑA ASUNCION.
Por : Domingo Caba Ramos.
La historia de “La mona curiosa” es tan curiosa como el curioso personaje que le sirve de protagonista. La leí hace ya varios años en uno de los textos narrativos que conforman la rica y siempre aleccionadora literatura infantil de la hermana república de Cuba.
Por curiosa, la mona de nuestra historia era sumamente intrigante y conflictiva. Y todo por su odiosa práctica de emitir opiniones, ofrecer informaciones y formular preguntas que bordeaban el mundo íntimo de los otros animales. Preguntas e informaciones que casi siempre molestaban y desencadenaban la ira de todos los habitantes del bosque.
Al sapo, por ejemplo, un buen día le pregunta que por qué sus ojos eran tan grandes y feos; al camello que a qué se debía esa joroba que ningún otro animal poseía; con el elefante insiste en que le explique el porqué de su extraño moco y grandes patas. Y no arrepentida por la carrera que con el fin de agredirla le dieron los tres animales antes citados, molestos por los cuestionamientos, se encuentra con la jirafa, a la que sin mediar palabras, luego de secarse el sudor, le pregunta : “ ¿ Por qué tú usas piyama…? ¿A qué se debe ese pescuezo tan largo?
Repuesta de la agresiva persecución que en su contra también emprendió la jirafa, la mona, triste y cabizbaja, se sentó en una piedra a meditar. Su entrañable amiga, la chiva, al observarla en semejante estado anímico, le pregunta:
-“¿Qué le pasa doña mona que tan angustiada la veo?”
_ “Soy una desgraciada, nadie me quiere, todos quieren golpearme o matarme…” – contestó. Y acto seguido procedió a contarle a su amiga lo que le había sucedido. Al oír el relato, la respuesta de la chiva no se hizo esperar:
“_ No, mi amiga mona, usted no es tan fatal como piensa. La fatalidad se la está creando usted por decir lo que no debe decir y preguntar lo que no debe preguntar. Respete el mundo íntimo de los demás y elimine la costumbre de hacer preguntas necias y emitir juicios que rocen ese mundo, y le aseguro que todos los animales la apreciarán y nadie la rechazará ni intentará nunca matarla o agredirla”
"COSAS DE DOÑA ASUNCIÓN"
Doña Asunción, concebida, al parecer, a imagen y semejanza de la mona curiosa, también tiene su historia. Una historia fantástico - realista relatada por José Luis Perales en una de sus populares canciones, “ Cosas de doña Asunción”, en la que nos cuenta cómo esta dama solía reunirse todas las tardes, a las cinco, junto al maestro, el boticario y el cura del lugar para desarrollar así placenteras jornadas de cálidas y chismográficas murmuraciones.Así describe Perales a doña Asunción :
"Son las cinco de la tarde,
comienza la reunión,
la partida de canasta,
la carla de religión.
La maestra, el boticario,
el cura y doña asunción;
el café de media tarde,
y algo de conversación.
Y hablarán... del hijo de don Ramón,
tan listo que parecía,
y se ha convertido en pastor .
No se si me engañaré,
comenta doña asunción,
pero anoche vi a fulano,
que rondaba el callejón..."
Y una tercera historia, referida por mí, inspirada en una doña Asunción de carne y huesos, como la que a continuación me permito describir:
A pesar de poseer formación universitaria y ejercer el más formativo de los oficios, su conducta verbal semeja la de aquellas comadres de barios que han convertido el chisme y la intriga en sus pasatiempos favoritos.
En la institución donde trabaja o ha trabajado y, posiblemente, en el vecindario urbano donde reside, ella todo lo sabe o procura saberlo, todo lo indaga, todo lo pregunta, todo lo comenta, todo lo informa. Y cuando por alguna razón no logra conseguir la respuesta deseada, entonces se la inventa, la presume, la infiere y la comunica como si se tratara de la más incontrovertible de las verdades.
No importa lo mucho que sus viperinas palabras contribuyan a empañar la imagen moral de quienes la rodean. Su lengua, mortal como el veneno de la víbora y destructora como la furia del huracán, no conoce descanso, nunca calla, nunca disfruta vacaciones, siempre está en constante movimiento: preguntando, informando, enjuiciando, opinado, murmurando y lacerando o enturbiando ajenas reputaciones. Y merced a tan intrigante y cloacal actitud, es muy común que de su boca emanen consideraciones del tipo:
“¿Supiste lo que le que ocurrió a Doroteo…?”
“¿Y tú no sabes que Susa es amante o se entiende con Yeyo…!”
“¡Señores!, ¿y ustedes saben la última…?
Por eso, y sin que ella siquiera se lo imagine, todos la llaman “lengua de jabón”.
El secreto para ella no existe, no es más que una ilusión o una simple palabra formada por siete letras, y la discreción, un don o cualidad carente por completo de sentido. Por eso en ella nadie confía. Por eso a ella todos le temen. Todos toman frente a ella las previsiones de lugar para no verse envuelto en las redes venenosas de su lengua ponzoñosa.
Ella, vale reiterarlo, es un ser con existencia real, no un personaje fantástico de esos a que no tiene acostumbrado García Márquez en sus geniales y mágicas narraciones. Un ser que si bien posee nombre propio, he preferido ocultar su identidad , por ética y delicadeza, tras el nombre imaginario de doña Asunción.
Cada vecindario, centro de trabajo y grupo social cuenta con su doña Asunción o con su mona curiosa o mono curioso. Descubrir a este tipo de espécimen humano siempre será importante como una forma de bloquear o reducir los dañinos afectos de su nociva conducta lingüística.
domingo, 23 de noviembre de 2014
“EL NEGRO TRAS DE LA OREJA”
( Al expelotero dominicano Samuel Sosa ( Sammy )
Por : Domingo Caba Ramos
“El negro dominicano es mentalmente blanco”
(Sócrates Nolasco)
“El negro tras de la oreja” (1883) es una de las más celebradas composiciones de quien con justicia ha sido considerado como el más grande poeta popular dominicano de todos los tiempos: Juan Antonio Alix (Moca, 1833- Santiago, 1918) En una de las décimas que la conforman, el entonces llamado “Cantor del Yaque” dice lo siguiente:
“Todo aquel que es blanco fino,
jamás se fija en blancura,
y el que no es de sangre pura,
por ser blanco pierde el tino,
si hay baile en algún casino,
alguno siempre se queja,
pues a la blanca aconseja,
que no baile con negrillo,
teniendo, aunque es amarillo,
el negro tras de la oreja…”
Entrañan estos versos una aguda crítica al dominicano de morena piel que dando muestras de su racial prejuicio se jacta orgullosamente de su aparente blancura y parece sentir vergüenza por la raíz africana de la que parte su identidad, así como del negro tinte que barniza su mulata anatomía.
Pero el negro dominicano, al decir de Alix, no sólo enloquece o “pierde el tino” por ver transformada en blanca su morena piel, sino que al mismo tiempo es muy dado a ocultar sus raíces afroamericanas y pregonar sus vínculos con parientes de imaginada estirpe caucásica. Por eso afirma el poeta:
“El negro que tiene abuela,
tan prieta como el carbón,
nunca de ella hace mención,
aunque le peguen candela,
y a la doña Habichuela,
como que era blanca vieja,
de mentarla nunca deja,
para dar a comprender,
que nunca puede tener,
el negro tras de la oreja…”
Hacia el mismo blanco de la crítica contenida en la estrofa precedente dirije Papá Toño, como también se le llamó al ingenioso decimero, los incisivos versos de la siguiente espinela:
“De la parienta Fulana,
el pelo siempre se mienta,
pero nunca la pimienta,
de la tía Siña Sutana,
por ser muy blanco se afana,
y del negro hasta se aleja,
nublando siempre una ceja,
cuando aquel hablarle viene,
porque se cree que no tiene,
el negro tras de la oreja”
Merced al cuestionamiento que late en las estrofas pretranscritas, debo reiterar lo que una vez escribi en uno de mis artículos :
«El negro siempre ha sido discriminado en Santo Domingo, y tan acentuado está el prejuicio racial en el subconsciente de los dominicanos que hasta las personas de piel oscura rechazan lo negro. O, lo que es lo mismo, tienden a autodiscriminarse. En torno a este juicio, Sócrates Nolasco (1884-1880), llegó a decir que: ‘El negro dominicano es mentalmente blanco…’ Mientras que para el brillante declamador e intérprete de la poesía afroantillana, Carlos Lebrón Saviñón, ‘el primer discriminador del negro es el propio negro’ Nuestro sueño dorado el llegar a ser blancos y con semejante actitud mostramos un profundo desconocimiento o nos resistimos a reconocer las raíces biológicas y culturales que nos dieron origen » (La información, 25/5/90)
Quien niegue o dude si realmente si "el negro dominicano es mentalmente blanco”, que busque una foto reciente del llamado “ Bambino del Caribe”, el expelotero dominicano Samuel Peralta Sosa ( Sammy ), quien, valiéndose de modernos procedimientos químicos, ha hecho lo iinmaginable por no exhibir la piel negra que se esconde detrás de su rostro blanco.
viernes, 14 de noviembre de 2014
EL IRREGULAR Y TORMENTOSO PAGO DE LOS MAESTROS PENSIONADOS.
Por : Domingo Caba Ramos.
En diciembre del pasado año, el presidente Danilo Medina, mediante decreto 329-13, aumentó hasta quince mil pesos mensuales el salario mínimo de las pensiones y jubilaciones de los maestros, con retroactividad a partir de octubre de 2013. Se trató, con justicia hay que decirlo, de un apreciable incremento en términos relativos, por cuanto existían maestros que devengaban los irrisorios montos de ocho mil, siete mil, seis mil, cinco mil y hasta menos de cuatro mil pesos mensuales, por lo que al elevarlos a quince mil, eso representó, para una gran cantidad de maestros, un aumento de más de un 100%.
Hasta ahí todo estuvo bien, y por esa razón los educadores beneficiados recibieron y aplaudieron con mucho júbilo la medida presidencial. Hasta el propio ministro de Educación, Carlos Amarante Baret, desbordante de emoción, afirmó en el acto en que se anunció el aumento que “hoy el presidente Danilo Medina decide ponerle fin a la agonía que han venido sufriendo miles de maestros a nivel nacional al ser pensionados con menos de cinco mil pesos mensuales”.
Lo que en realidad no anda bien es la inexplicable irregularidad como se efectúa el pago de la cantidad aumentada, a tal grado que el correspondiente al mes de octubre, en vez del día 18 de este mes, según lo establecido, los maestros lo cobraron el 11 de noviembre, vale decir, casi un mes después. De manera que la agonía de una buena parte de los maestros pensionados y jubilados persiste en lo que al pago respecta. Digo de una buena parte, porque es bueno que los amables lectores sepan o recuerden que extrañamente no todos los profesores pensionados y jubilados están registrados en una misma institución, esto es, unos cobran a través del Ministerio de Hacienda y otros, vía el Instituto Nacional de Bienestar Magisterial (INABIMA).
También conviene recordar que según el Ministerio de Hacienda estableció, en noviembre del 2013, el pago a los pensionados y jubilados civiles debe realizarse los días 18 de cada mes.
¿Qué sucede con los maestros?
Que los que cobran vía INABIMA reciben de manera regular su pago completo en la fecha antes indicada, vale decir el día 18, mientras que a los que les pagan a través del Ministerio de Hacienda, en esta fecha solo reciben el monto devengado antes del aumento, en tanto que el monto aumentado (completivo), le llega un día cualquiera, sin fecha fija, como sucedió, como ya dijimos, en octubre, cuyo pago completivo se efectuó el 11 de noviembre. Solo en el pasado mes de septiembre estos exservidores recibieron sus salarios completos.
En otras palabras, si un maestro cobraba cinco mil pesos antes del aumento, eso continúa recibiendo todos los días 18, mientras que los diez mil pesos restantes, por concepto de completivo, los cobra cuando el mes ha terminado o en la primera o segunda semana del mes siguiente.
¿Es posible que eso ocurra en un momento en que se habla de revolución en la educación dominicana? ¿Cómo es posible que los servidores de una misma institución estén registrados en nóminas diferentes? ¿Cómo es posible que en Era de la tecnología y la automatización de los procesos no se pueda diseñar un sistema informático de manera tal que el pago completo a los maestros pensionados y jubilados se realice sin fallar en la fecha oficialmente establecida? ¿No resulta hasta cierto punto un cuadro lastimero ver a un maestro yendo cuatro y hasta y cinco veces en un día a un cajero automático a revisar si definitivamente fueron depositados los “chelitos” milagrosos? ¿Merecen esos educadores semejante trato, luego de haber dejado su juventud en las aulas escolares?
El ministro de educación, Carlos Amarante Baret, tiene la última palabra.
En diciembre del pasado año, el presidente Danilo Medina, mediante decreto 329-13, aumentó hasta quince mil pesos mensuales el salario mínimo de las pensiones y jubilaciones de los maestros, con retroactividad a partir de octubre de 2013. Se trató, con justicia hay que decirlo, de un apreciable incremento en términos relativos, por cuanto existían maestros que devengaban los irrisorios montos de ocho mil, siete mil, seis mil, cinco mil y hasta menos de cuatro mil pesos mensuales, por lo que al elevarlos a quince mil, eso representó, para una gran cantidad de maestros, un aumento de más de un 100%.
Hasta ahí todo estuvo bien, y por esa razón los educadores beneficiados recibieron y aplaudieron con mucho júbilo la medida presidencial. Hasta el propio ministro de Educación, Carlos Amarante Baret, desbordante de emoción, afirmó en el acto en que se anunció el aumento que “hoy el presidente Danilo Medina decide ponerle fin a la agonía que han venido sufriendo miles de maestros a nivel nacional al ser pensionados con menos de cinco mil pesos mensuales”.
Lo que en realidad no anda bien es la inexplicable irregularidad como se efectúa el pago de la cantidad aumentada, a tal grado que el correspondiente al mes de octubre, en vez del día 18 de este mes, según lo establecido, los maestros lo cobraron el 11 de noviembre, vale decir, casi un mes después. De manera que la agonía de una buena parte de los maestros pensionados y jubilados persiste en lo que al pago respecta. Digo de una buena parte, porque es bueno que los amables lectores sepan o recuerden que extrañamente no todos los profesores pensionados y jubilados están registrados en una misma institución, esto es, unos cobran a través del Ministerio de Hacienda y otros, vía el Instituto Nacional de Bienestar Magisterial (INABIMA).
También conviene recordar que según el Ministerio de Hacienda estableció, en noviembre del 2013, el pago a los pensionados y jubilados civiles debe realizarse los días 18 de cada mes.
¿Qué sucede con los maestros?
Que los que cobran vía INABIMA reciben de manera regular su pago completo en la fecha antes indicada, vale decir el día 18, mientras que a los que les pagan a través del Ministerio de Hacienda, en esta fecha solo reciben el monto devengado antes del aumento, en tanto que el monto aumentado (completivo), le llega un día cualquiera, sin fecha fija, como sucedió, como ya dijimos, en octubre, cuyo pago completivo se efectuó el 11 de noviembre. Solo en el pasado mes de septiembre estos exservidores recibieron sus salarios completos.
En otras palabras, si un maestro cobraba cinco mil pesos antes del aumento, eso continúa recibiendo todos los días 18, mientras que los diez mil pesos restantes, por concepto de completivo, los cobra cuando el mes ha terminado o en la primera o segunda semana del mes siguiente.
¿Es posible que eso ocurra en un momento en que se habla de revolución en la educación dominicana? ¿Cómo es posible que los servidores de una misma institución estén registrados en nóminas diferentes? ¿Cómo es posible que en Era de la tecnología y la automatización de los procesos no se pueda diseñar un sistema informático de manera tal que el pago completo a los maestros pensionados y jubilados se realice sin fallar en la fecha oficialmente establecida? ¿No resulta hasta cierto punto un cuadro lastimero ver a un maestro yendo cuatro y hasta y cinco veces en un día a un cajero automático a revisar si definitivamente fueron depositados los “chelitos” milagrosos? ¿Merecen esos educadores semejante trato, luego de haber dejado su juventud en las aulas escolares?
El ministro de educación, Carlos Amarante Baret, tiene la última palabra.
lunes, 10 de noviembre de 2014
¿”CORROBORO, CORROBORO” O “CORREBURRO, CORREBURRO”?
Por: Domingo Caba Ramos.
“Señora: El legislador dominicano es un tipo curioso, alto o bajo de estatura; blanco, indio o moreno de color; delgado o grueso; feo o buen mozo; que estos son los caracteres variables o comunes; su aspecto no es del todo desagradable y hasta parece un hombre civilizado…”
- Francisco Moscoso Puello – “Cartas a Evelina” (1913)
-Dime, querido Vidal,
tú que eres medio letrado,
para ser buen diputado,
a un Congreso Nacional
¿debe ser hombre leal,
de inteligencia y decoro?
No sea penguinche, Teodoro
, que para un congreso ir,
no hay más que saber decir,
corroboro, corroboro.
Si es así, amigo Vidal,
yo tengo un loro educado,
que sería buen diputado,
a un Congreso Nacional,
pues él aunque es animal,
no se venderá por oro,
y sabe tanto mi loro,
que si uno habla por allá,
él contesta por acá,
corroboro. Corroboro.
-Pues Vidal, a mi entender,
creí que los diputados,
eran patriotas y honrados,
y de bastante saber,
que el pueblo sabía escoger,
hombres serios como un toro,
y nunca elegir un moro,
para que sea mal cristiano
, ¿no es así, querido hermano?
corroboro, corroboro.
En los gobiernos pasados,
los jefes que gobernaban,
ellos mismos arreglaban,
moldes para diputados ,
y algunos salían dañados,
pues no servían para coro,
pero otros, créalo, Teodoro,
que antes de al Congreso ir,
los enseñaban a decir,
corroboro, corroboro.
Al pie de las décimas, su autor, el entonces llamado “Cantor del Yaque”, nos presenta un relato anecdótico que no podía ser más jocoso y aleccionador:
« No recuerdo en qué pueblo de la República – escribe Alix - fue que eligieron un diputado al Congreso, y después de elegido le pusieron un maestro para enseñarlo a decir ‘corroboro, corroboro’. Tenía el diputado en cuestión una memoria tan feliz que sólo un mes necesitó para aprenderse la lección, la cual durante el viaje de su pueblo a la capital, repetía diciendo: “para que no se te olvide, corroboro, corroboro, corroboro”. Bien»
Ya en el Congreso, – continúa el poeta – y tan pronto como dejara la palabra un diputado mejor elegido, se levanta nuestro héroe, diciendo: ¿“Me dejan meter el pico…?” Comprendiendo el presidente del Congreso la significación de estas palabras, le contestó que sí, que tenía la palabra. El diputado, después de toser quince veces, escupir y pasarle el pie a lo que había escupido, se tiró del fondillo, que tenía entre peña y peña, se alzó los pantalones y dijo: “Señores: como mi vale, el que acaba de hablar, él yo somos… así… (juntando los dos índices) para que no se te olvide, " ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Socorro!"
El Congreso se alarmó y hubo tamaña barahúnda. Unos sacaban revólveres, sus puñales otros, y creyendo que el diputado, que estaba frente a la escalera del edificio, había visto subir algunos hombres armados con intenciones hostiles; pero este, al ver que él era la causa de semejante alboroto, gritó:"¡Alto!, señores, ¡alto! que me he equivocado; yo no he querido decir socorro, yo he querido decir “correburro” Un amigo de este le contestó: "Tampoco es así, colega. Usted querrá decir corroboro, ¿no es así? Sí, señor, justamente, es eso es lo yo he querido decir y se me había olvidado»
Alix termina su relato advirtiendo que:
«Es pues necesario que todos los pueblos de la república tengan presente esta circunstancia para que cuando vuelvan a ofrecerse elecciones para diputados elijan hombres inteligentes y dignos de ocupar tan delicado puesto para abolir para siempre a los correburros»
Se trata de una sabia advertencia que todos los dominicanos deberíamos tener presente en el momento de votar en las elecciones que cada cuatro años se llevan a cabo para elegir a los diputados y senadores que aparentemente nos “representarán” en el Congreso Nacional.
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