jueves, 16 de julio de 2026

¡HASTA SIEMPRE, DOÑA MILAGROS!

 Por : Domingo Caba Ramos

En el municipio de San Víctor, Moca, acaba de morir. Fue ella, doña Milagros Luna de Rodríguez, al igual que su esposo Rodolfo, parte de mis maestros de séptimo y octavo curso en la entonces llamada Escuela Primaria e Intermedia «Juan Pablo Duarte», de esa comunidad. Una de esas educadoras en las que la maestra se confundía con la madre.

Siempre me tuvo mucho afecto. Yo más a ella. Era sumamente exigente, estricta, firme, recta; pero muy tierna, capaz y responsable. Hoy me cabe la gran satisfacción de, junto a otros educadores, haberle dedicado mi artículo del recién pasado 2 de julio, titulado Ellos mis primeros maestros, con motivo del Día del Maestro.
En esta ocasión, envuelto en el manto del lamento, más que un simple adiós, solo me resta decirte con las palabras que pronunciara nuestro Poeta Nacional, Pedro Mir, frente al cadáver del maestro y escritor Manuel de Js. Camarena en su emotivo poema «Grito para enterrar un maestro»:
«Maestra:
Tu imperio de silencio y de penumbra
ha comenzado al fin.
Tuyo es el ritmo,
callado del misterio. Tuyo el beso
que ha de ahuyentar las sombras del olvido.
Tuya esta pena que se abrió la entraña,
para cerrar tus párpados dormidos.
Enmudeciste
para adorar tu soledad tranquilo,
pero a tu oído bajarán las horas,
a decirte el secreto de los siglos,
pero a tu voz la ahuecará el recuerdo,
para llorarte en la ilusión de un nido…
Enmudeciste,
para vivir tu eternidad tranquilo,
pero en tu tumba,
muchos lamentos vivirán contigo;
muchos sollozos besarán tus huellas,
para alfombrar de llanto tu camino…
Maestra:
No te decimos adiós. Tú no te has ido.
Tú estás en el recuerdo palpitante,
y eterno en las raigambres del gemido.
Cada lágrima en flor del estudiante,
apretada en el pecho conmovido,
será como un puñal de sentimiento;
que querrá defenderte del olvido…»

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