(Con motivo
de el “Día del Maestro“)
Por: Domingo Caba Ramos
Ellos, mis primeros maestros, ejercieron su labor en
medio de las más increíbles precariedades; pero, aun así, formaban, orientaban
y enseñaban.
Ellos, mis primeros maestros, carecían, en su mayoría,
de títulos pedagógicos; pero ejercían su noble oficio asido de las
herramientas no académicas de la pasión, el amor, la entrega y la
responsabilidad.
Ellos, mis primeros maestros, algunos apenas ni
siquiera el título de Bachiller poseían, y muy, pero muy pocos, lo más que
alcanzaban era al nivel de Profesorado (especie de prelicenciatura
hoy ya eliminado del sistema universitario) y de Maestro Normal;
pero, a pesar de eso, en el proceso enseñanza – aprendizaje sabían cómo guiar,
estimular y orientar a sus alumnos.
Ellos, mis
primeros maestros, no podían ni necesitaban, para demostrar sus saberes,
anteponerles a sus firmas las muy ufanantes o presuntuosas siglas de Lic. y M.A.;
pues esos saberes ellos lograban ponerlos de manifiesto en sus prácticas
docentes, vale decir, enseñaban. Y enseñaban, como bien lo recomendó la eximia
poetisa, Maestra y Premio Nobel de Literatura, Gabriela Mistral, «con la actitud, el gesto, la palabra»
Ellos, mis
primeros maestros, devengaban sueldos de miseria e ignoraban por completo eso
que hoy se llama Seguridad Social; pero, a pesar de eso, cumplían
en forma estricta con sus responsabilidades docentes.
Ellos,
mis primeros maestros, inspiraban respeto, sabían darse a respetar y lograr la
disciplina en el aula, sin humillar, vejar, maltratar o “envenenar el alma” de
los alumnos.
Ellos, mis
primeros maestros, supieron impartir docencia en estrechos y calurosos espacios
a generaciones de estudiantes cuyas matrículas, en ocasiones, superaban
considerablemente el número de asientos disponibles; pero, a pesar de eso,
realizaban ingentes esfuerzos para, como bien lo recomendaba el afamado
pedagogo argentino, Imídeo Nérici (1925 – 1999), «despertar la curiosidad y
mostrar los valores de la cultura» a sus alumnos, y orientar «por
la convicción, por la persuación,por el ejemplo, y nunca por la distancia, la
indiferencia o los caprichos»
Prof. Noel Ramón Peralta (Monche)
Ellos, en fin, mis primeros maestros, formaban y enseñaban, sencillamente,
porque eran verdaderos maestros.
La mayoría de ellos aún yacen gravados con imborrables letras en el nicho
de mis recuerdos entrañables: Noel Ramón Peralta (Monche), maestro
de mis primeros años del nivel primario; Leonardo Estrella, maestro
de sexto curso, Esc.
Primaria e Intermedia “Juan Pablo Duarte”, San Víctor, Moca). En este mismo centro ( séptimo y
octavo), recuerdo también, con afectos inigualables, los nombres
de Rodolfo Rodríguez (Q.E.P.D.), Inglés y
Geografía); doña Milagros Luna, esposa del anterior (Ciencias
Naturales); Luis Jiménez (Q.E.P. D.), Español), y Pedro
Maximino Reyes (Matemáticas), todos capitaneados por su dinámico director,
profesor Joaquín Medina, un ser a quien los estudiantes mucho respetábamos y
apreciábamos debido a su forma prudente, profesional, humana y respetuosa de
comportarse.
De esos, mis primeros maestros, unos
ya fallecieron, mientras que otros, agraciadamente, todavía respiran,
pletóricos de vitalidad. Debido a mi formación y oficio docentes, parecería que
a cada uno de esos distinguidos educadores hoy yo debería verlos como mis
colegas; pero no, sea cual sea mi rol y nivel profesional, a cada uno siempre
los veré, simple y llanamente, como mis maestros. Y con motivo de haberse
celebrado, el martes de la presente semana, el «Día del Maestro», yo debo
decirles a ellos, mis primeros maestros, con las palabras de otro gran Maestro,
Pedro Mir:
«MAESTRO :
Jardinera de cátedras, tu mano se ha,
alargado de dioses infinitos.Mas no importa. Tu mano sembradora,
eternamente enflorará el cultivo.
Siempre tu voz palpitará en el aula,
como un millón de corazones vivos.
Siempre tu voz acoplará el recuerdo,
con la emoción de desflorar un libro.
Y habrá un intenso volotear de angustia
en el alón de tu recuerdo vivo…»
(Publicado en Diario Libre en julio 2, 2026)



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