viernes, 3 de octubre de 2014

EL RUISEÑOR : EL MÁS POPULAR Y BOHEMIO CANTOR DEL BOSQUE

Por: Domingo Caba Ramos

 “… grandes embarcaciones podían navegar bajo las ramas, y en ellas vivía un ruiseñor que cantaba como los ángeles, tan bien lo hacía que, incluso el pobre pescador, a pesar de sus muchas preocupaciones, cuando salía por la noche a recoger las redes, se detenía a escuchar su alegre canto”

 (Hans Christian Andersen)

¿Quién no se ha dormido alguna vez arrullado por el canto alegre de un bohemio ruiseñor? ¿Quién al despertarse una mañana cualquiera no intentó dormirse de nuevo arrullado por la melodía de tenórico y polifónico acento interpretada por este enamorado cantor de la pradera?

El canto del ruiseñor, el más sublime y bello entre los pájaros cantores, esparce o embriaga nuestro espíritu y preña nuestro universo mental de un regocijo inconfundible.

 ¿Cuándo y por qué canta el ruiseñor?

 Normalmente es el macho el que canta. Y canta, casi siempre solitario, cuando no tiene pareja o cuando los machos compiten para atraer a las hembras. En abril canta solo en el día. En mayo lo hace tanto en el día como en la en la noche. De ahí que se haya dicho que este tierno animalito anuncia la primavera y es el pájaro del mes de mayo. Para ilustrar esto, vale citar los populares versos del no menos popular ROMANCE DEL PRISIONERO, poema castellano de origen medieval:

 “Que por mayo era, por mayo, 
cuando hace la calor, 
cuando los trigos encañan,
 y están los campos en flor, 
cuando canta la calandria,
 y responde el ruiseñor, 
cuando los enamorados,
 van a servir al amor” 

Aparte de esta composición perteneciente a la poesía tradicional española, son muchos los poetas y escritores consagrados que  han creado sus obras inspiradas en el  melodioso y firme canto del ruiseñor. Son reconocidas, por citar solo algunos ejemplos, la genial "Oda a un Ruiseñor" del escritor John Keats , el cuento infantil "El ruiseñor y la rosa", de Oscar Wilde, así como algunos de los cuentos infantiles del escritor y poeta danés Hans Christian Andersen .

 Pero no solo a las grandes glorias de la literatura ha impactado el  siempre melodioso y potente canto del ruiseñor. Cuenta mi hermano Basilio que “había un ruiseñor que todos los días, sin fallar, se subía en un arbusto situado frente a mi oficina. Me ofrecía su concierto el cual podía ser de seis, siete, ocho minutos o quién sabe. Dependía de su estado de ánimo. Un día de mi cumpleaños (2006), después de su concierto, me conmoví enormemente y le dije lo siguiente a mi amada avecilla”: 

 MI RUISEÑOR
Por : Basilio Caba Ramos.


 Yo tengo aquí un ruiseñor,
 que me canta cada día,
 su preciosa melodía,
 con un mensaje de amor.

 Se sube sobre una rama,
 tan frágil como su canto,
 y nada le importa tanto,
 que su dulce pentagrama.

 Es un arbusto de aroma,
 que verdea su follaje,
 y luce su bello traje,
 cuando el ruiseñor asoma.

 De su pico de violín,
 brotan hermosas canciones,
 que conmueven corazones,
 hasta el más lejos confín”

jueves, 11 de septiembre de 2014

ALGO MÁS QUE LA TANDA EXTENDIDA



Por: Domingo Caba Ramos

  En la versión digital del Listín Diario (11/9/2014) se lee lo siguiente:

“Unos 7,850 nuevos maestros ingresaron al sistema educativo en el mes de agosto para llenar las plazas vacantes del presente año escolar. La información la ofreció el viceministro de Educación, Luis Matos, quien señaló que el balance de la cantidad de nombramientos supera todas las cifras de los últimos 50 años del sistema educativo” 

Ese número forma parte de los ocho mil maestros que requiere el sistema educativo para llenar las vacantes surgidas como resultado de las miles de aulas que se han estado inaugurando para dar respuesta a la principal exigencia de la tanda extendida.

El establecimiento de la tanda o jornada extendida ha sido una feliz iniciativa del actual presidente de la República, Lic. Danilo Medina, cuyas reales intenciones por mejorar el sistema educativo están exentas de cualquier tipo de duda o discusión. Tal ha sido su empeño en bien de este sector, que bien podría afirmarse, con las palabras del pueblo, que para Medina, la educación pública constituye “su niña bonita”.

Esa iniciativa del gobierno debe contar con el respaldo o apoyo incondicional no solo de todos los actores que conforman la comunidad educativa: maestros, alumnos y padres, sino también de las diferentes organizaciones de la sociedad civil.

Esa jornada completa tiene como propósitos mejorar la calidad de la enseñanza y la búsqueda de una educación integral, por cuanto se persigue que aparte de las asignaturas tradicionales, la oferta curricular incluya otras disciplinas como Educación Cívica, Educación Sexual y talleres de actividades artísticas (pintura, teatro, música, danzas…) y todas las disciplinas de la Educación Física.

 La primera fase de ese magno proyecto educativo se ha concentrado en la construcción de las aulas requeridas para su ejecución y el nombramiento de los maestros que estos espacios demandan. En este proceso de nombramientos se incluyen a aquellos docentes que por años laboraban en una sola tanta. Al completar dos, su nivel de ingreso aumenta y esto ha contribuido a que por primera vez el entusiasmo y la esperanza hayan tenido cabida en el ánimo del maestro dominicano.

 A todo esto hay que agregar el hecho de que hoy a cada centro docente se le asigna un presupuesto mensual para cubrir los gastos de mantenimiento, una realidad que parecía un sueño en mis años de director, época en que para pintar una puerta y comprar una caja de tiza había que “hacer malabares”, casi pedir limosnas o lograr que “a regañadientes” los padres aportaran los recursos.

 Pero para mejorar la calidad de la enseñanza en las escuelas públicas de la República Dominicana, no basta con nuevos edificios, buenos presupuestos escolares y mejores salarios para el personal docente.

Para mejorar la calidad de la enseñanza , es necesario que además de las tandas, la responsabilidad, calidad y competencia o formación del maestro también sean extendidas ( segunda fase )

 Es necesario que el maestro lea, se actualice, incremente su cultura general, participe en actividades culturales extraescolares, que esté vinculado al mundo de la cultura, que abandone la improvisación y planifique bien las clases que imparte, que parte de su responsabilidad es asistir diariamente y puntualmente a cumplir con su trabajo, que al ejercer su labor debe pensar siempre en el alumno que la sociedad puso en sus manos y no solo en el día veinticinco de cada mes. En fin, debe pensar y actuar como maestro dentro y fuera de la escuela.

 Para mejorar la calidad de la enseñanza se requiere la puesta en marcha de un científico sistema de supervisión docente. Supervisar no es, como ocurre en la actualidad, presentarse a un liceo y ver si el maestro tiene al día el libro de asistencia. Quien más actualizado tenga dicho libro, aunque su quehacer en el aula sea de pésima calidad, mejor puntuación obtendrá para fines de incentivos. Eso no es supervisón.

Para mejorar la calidad de la enseñanza, es necesario que a los puestos directivos vaya quien mejor escalafón o curriculum haya demostrado poseer y no quien más haya levantado en campaña la bandera del partido en el poder. No es posible que un maestro carente por completo de prendas morales y /o profesionales usted se entere de que de repente, y por razones políticas, fue ascendido a un puesto superior.

Las buenas intenciones del presidente de la República debemos complementarlas con un cambio de actitud. No es posible una auténtica revolución de la educación dominicana, sino se produce una revolución en la mente del maestro. De lo contrario, continuaremos escuchando a muchos de nuestros docentes decir: " Si yo va sabío", “íbanos”, “estudiábanos”, “habemos””negoceo” y “hablábanos. 

O sentir estupor al enterarnos de que una encuesta realizada recientemente en  un centro educativo de la ciudad de Santiago de los Caballeros, reveló que siete de los profesores que allí imparten docencia, no sabían que el palo que sostiene la bandera se llama asta y la soga driza.

sábado, 6 de septiembre de 2014

AL SAMÁN DE TAMBORIL (*)

Por : Domingo Caba Ramos
 Con esta foto, los samanes históricos de Tamboril, aparece ilustrado el texto del poema. Fue tomada por Tomás H. Franco en 1944.


El Banco Central realizó en 1999 una loable labor de difusión cultural al reunir en siete tomos todos los números publicados de los “Cuadernos Dominicanos de Cultura”, revista literaria cuyo primer número vio la luz pública en septiembre de 1943, y en la cual publicaban sus trabajos (poemas, ensayos, cuentos y obras teatrales) los más destacados representantes de la intelectualidad dominicana de la época.

El consejo de dirección de esa prestigiosa publicación estaba compuesto por Pedro René Contín Aybar, Rafael Díaz Niese, Héctor Inchaustegui Cabral, Emilio Rodríguez Demorizi, Tomás Hernández Franco y Vicente Tolentino Rojas.

 En el tomo primero, cuaderno #7, pág. 529, aparece un singular poema titulado "Al samán de Tamboril”, de afectivo tono y telúrico aliento, en el cual su autor, Gabriel Silveira Leal, eleva un canto de amor al árbol tradicional del pueblo de Tamboril.

 Interesado en obtener información acerca del Gabriel Silveira Leal, consulté las más diversas fuentes; pero en ninguna logré encontrar el dato deseado. Como último recurso se me ocurrió consultar al doctor Mariano Lebrón Saviñón, poeta, médico, ensayista, humanista, y quien fuera uno de los colaboradores distinguidos de los referidos Cuadernos.

 ¿Quien fue Gabriel Silveira Leal?, pregunté a don Mariano, exdirector de la Academia Dominicana de la Lengua y miembro prominente de la Poesía Sorprendida.

 «Silveira Leal jamás existió como persona – me respondió de manera enfática . Su nombre – aclara el Premio Nacional de Literatura ( 1999) - más bien se trató de un seudónimo extrañamente utilizado por Tomás  para firmar algunas de sus composiciones poéticas» Y así,necesariamente, debió ser, por cuanto la foto que ilustra el texto del poema fue tomada por el propio Hernández Franco.

«Tomás - amplía don Mariano -  amaba entrañablemente a su pueblo y , en tal virtud, nos parece sumamente extraño que no identificara con su nombre la autoría de un poema de tan profunda raigambre tamborileña»

 En la explanada frontal de la casa del autor de “Yelidá” (1942), en Tamboril, estaba plantado el famoso árbol que tanto veneraron y que tan gratos recuerdos les trae a todos los habitantes de este pueblo  que hoy superan los setenta años de vida.

Y en cuanto al poema que nos ocupa, “Al samán de Tamboril”,  cuya versión completa aparece al pie de estas notas, Lebrón Saviñón apunta lo siguiente:

«Contín Aybar lo declamaba con mucha frecuencia, le gustaba mucho y fue quien lo presentó a la dirección de los Cuadernos para fines de publicación»

Veamos su contenido:

 «AL SAMAN DE TAMBORIL»
 Gabriel Silveira Leal
Marzo, 1944.

 «No es sino un gran árbol que ha perdido su follaje. Desde mi habitación lo contemplo y envío mis recuerdos a cantarle corros en redor. Este árbol es mi infancia. Este árbol es mi vida. A través de mis andanzas por el mundo ha sido punto de apoyo entre la realidad y el ensueño, entre la tristeza y la paz. Es mi hermano mayor, mi hermano de ambiente, diría, pues, hemos bebido juntos sol, viento y luna y lluvia.

Está en medio del poblado, en la explanada que aísla mi casa de las demás, y donde por el día vienen a jugar los niños al salir de la escuela, y en las noches es asilo de los sueños de los enamorados y bahía donde solitarios anclan meditaciones y esperanzas.

 Es un bello samán, de lucientes hojas, que de repente se han ido a volar, como mis pensamientos.

La vida del pueblo discurre a su vera. Es un patriarca, señero y grave, con austero silencio y ternura umbrosa, corazón de perfume y auras llenas de melodía.

De pequeño, una bala, en una de nuestras revueltas civiles, le hendió el entonces débil tronco. Mi padre, con tierra, grama y flejes, le hizo un vendaje. Ahora la herida no es sino esa gran cicatriz donde algunas veces hace nido un ave y otras, cuelgan su panal las abejas. Yo escondí en ella mis tesoros juveniles, fue mi alcancía, y hoy, ya cansado, con polvos de caminos rápida y largamente recorridos empañándome los ojos, vengo a sonarla en busca de mis haberes, porque ardido de fatigas terrenales, quiero un balance de olvido y de sombras para fabricarme un sueño.

 ¡Viejo samán de mi pueblo, amigo, hermano, yo te saludo! Los niños que te cercan ya pueden ser mis hijos y aún cantan los versos que aromaron mi infancia. Y aquel viejo, taciturno, que descansa el ala de tus pensamientos en tus desnudas ramas, antes de echarlos a andar mundo arriba, mundo abajo, puedo ser yo.

Esperaré al recrecer de tu follaje. Atisbaré la canción de tus venas. Creeré que me nacen, como a ti, renuevos primaverales. Sorprenderé en las pequeñas cosas el vibrar solemne de la vida. Partiré mi pan de esperanzas, y de mi mano comerán sus migajas las volanderas brisas. A otros viajes alimento darán y hasta la muerte, tu noble figura amable presidirá mi existencia.


¡Viejo samán amigo, mi hermano de ambiente, yo te saludo!»

(*) - Reproducido en mi columna "Arcoiris", del periódico La Información, el 8 de julio del 2000.

viernes, 5 de septiembre de 2014

LOS POTROS DEL VOLANTE.


 Por: Domingo Caba Ramos .

“Antropológicamente,  el tránsito se puede usar como un reflejo de la sociedad, o sea, si visitamos un país que no conocemos y quieres tener una idea anticipada de cómo son las personas en esa nación, observa cómo conducen”.

                                   Dr José Dunker ( Siquiatra ) 



  Manejar un vehículo me pareció siempre un acto racional o una acción que sólo una persona o ser dotado de pensamiento podía ejecutarla. ¡Pero cuan equivocado estaba yo! Porque aunque corro el riesgo de faltarles el respeto a los caballos, estoy convencido, y así debo confesarlo, que nuestros potros, potras y yeguas, en nuestro país cuentan también con la privilegiada capacidad de conducir un carro, un camión, una guagual una jeepeta, o una camioneta.

 Aunque hablo de potros, talvez lo más propio y lógico sería llamarlos de otras maneras: mulos, burros, toros, o vaca, por aquello de que el caballo es el animal que más fácil se domestica.

Párese en un punto cualquiera de nuestras calles y carreteras o decida usted mismo ejecutar la heroica hazaña de guiar un vehículo de motor en la República Dominicana, y muy pronto se encontrará con más de uno de estos potrillos o seres de la pradera sentados frente a un volante. Identificarlos resulta sumamente fácil. Los taxistas, camioneros, conductores de jeepetas y guaguas “voladoras”, parecen romper los más complicados records de la imprudencia y mala educación. «Por sus hechos los conoceréis…»

 Veamos: 

a) Las luces direccionales, para ellos, parecen estar despojadas por completo de su comunicadora esencia simbólica, vale decir, no son más que simples adornos. Los giros que estas luces indican ningún mensaje le transmite al desesperado cuadrúpedo que va detrás del conductor que las enciende. 

b) La luz verde del semáforo apenas acaba de hacer acto de presencia, cuando de inmediato se escucha, cual relincho maldito, el grito satánico y permanente de la bocina del potro. Este gemido bestial, en ocasiones se escucha aún cuando se mantiene fija la luz roja en el susodicho aparato electrónico.

 c) El conductor, antes de girar a la izquierda, debe esperar que la flecha del semáforo así lo indique. Detrás, subido en moderna jeepeta, un rumiante vocea, insulta, ladra y activa de manera permanente el escándalo infernal originado por sus potentes bocinas, con el fin de presionar al respetuoso conductor a que realice el giro antes de que aparezca la flecha indicada.

 d) Aquella fresca y dominical tarde de primavera yo subía tranquilamente por la calle Del sol, Santiago ( una vía y” dizque” en preferencia), y embriagado mi espíritu con las románticas y no menos poéticas canciones de José Luís Perales. Cual brioso alazán que inicia loca carrera en el hipódromo, un anciano, sin detenerse en la intersección, cruza dicha calle a toda velocidad. Para no impactarlo, tuve que frenar de repente. El anciano, no conforme con su falta y torpe conducta, se detuvo, y de su boca casi octogenaria emanaron los más contundentes y pestilentes improperios. Jamás en mi vida había conocido un viejo más “malcriado” que el semental de dos patas que aquella fresca y dominical tarde de primavera tuvo a punto de destruir la metálica estructura de mi verde Toyota Camry y expulsarme para siempre de este complicado, pero deseado mundo de los mortales. 

e) La caballerosidad y la cortesía son cualidades que nunca han encontrado espacio en el cerebro primitivo de estos potros conductores. Por eso injurian, desafían, agreden, manipulan armas, cierran el paso y a nadie se lo conceden en situaciones especiales, tengan o no preferencia. 

 f) No hay bocina que suene más que la del vehículo conducido por uno de estos indeseables habitantes del corral. No importa la hora y el lugar. Tocar insistentemente las bocinas, para ellos, más que un placer, se constituye en una desagradable manía. 

 Observe con detenimiento el comportamiento de los conductores que se desplazan en sus vehículos por nuestras calles y carreteras, y usted, como yo, es posible tenga que decir: "Hay un país en el mundo...” llamado República Dominicana donde los potros,  los mulos, los burros y otros sementales también conducen vehículos de motor.

Y posiblemente usted, como yo, tenga que compartir y hacer suyo el juicio del reputado siquiatra y escritor dominicano, Dr. José Dunken, cuando  en uno de sus libros plantea que :

“Antropológicamente,  el tránsito se puede usar como un reflejo de la sociedad, o sea, si visitamos un país que no conocemos y quieres tener una idea anticipada de cómo son las personas en esa nación, observa cómo conducen”.



 

jueves, 28 de agosto de 2014

ASÍ RESEÑÓ EL DIARIO "LA INFORMACIÓN" EL SEPELIO DEL POETA HERNÁNDEZ FRANCO.



 Por : Domingo Caba Ramos.
                                                                                 Tomás Hernández Franco

 En el recién pasado mes de julio fue inaugurado en el cementerio del municipio de Tamboril el mausoleo en donde descansarán de manera definitiva los restos del laureado poeta, nativo de esta comunidad, Tomás Hernández Franco. Hernández Franco, autor de uno de los poemas capitales de la literatura dominicana, Yelidá (1942), nació en Tamboril el 29 de abril de 1904 y falleció en la ciudad de Santo Domingo el 1 de septiembre de 1952. Un día después de su muerte, el periódico La Información reseñó el infausto acontecimiento de la siguiente manera:

 “EL SEPELIO DE HERNÁNDEZ FRANCO FUE MANIFESTACIÓN DE DUELO. LA VILLA DE TAMBORIL VISTIÓ CRESPONES AYER EN HONOR DE SU ESCLARECIDO HIJO”

 «El cadáver de don Tomás Rafael Hernández Franco, periodista, escritor, poeta y orador de gran relieve dentro y fuera del país, fue trasladado ayer mismo, desde Ciudad Trujillo hasta su hogar de la villa de Tamboril, en donde los despojos mortales fueron recibidos por deudos, familiares y amigos, constituyéndose la comunidad de Peña en profundo duelo para rendir póstumo homenaje a la memoria de quien fue, indudablemente, uno de los más conspicuos de sus munícipes, tanto desde el punto social, cultural y político.

En las primeras horas de la tarde se conglomeraron en Tamboril centenares de personas, tanto de la localidad como de Santiago, Moca, La Vega, Ciudad Trujillo y de otras ciudades y pueblos, de donde numerosas personas acudieron a testimoniar sus afectos al desaparecido y a su distinguida familia, dando así cálida expresión al profundo sentimiento de pena que se ha producido en todos los círculos intelectuales y sociales del país con tan irreparable pérdida.

A las cuatro de la tarde se inició el acto del sepelio, partiendo la extraordinaria comitiva fúnebre desde la casa mortuoria, en la calle “Presidente Trujillo” (hoy Real), hasta la iglesia San Rafael, en donde fueron oficiados solemnes funerales.

Desde la iglesia se inició de nuevo el desfile fúnebre por la misma calle, hasta el cementerio, en donde se llevó a cabo la inhumación. En el trayecto, la banda municipal de música de la villa ejecutó varias piezas fúnebres. Sobre la recién abierta tumba fueron depositadas ofrendas florales, exponentes todas del afecto familiar y amistoso que siempre supo conquistar el intelectual desaparecido.

Nuevamente hacemos votos por el descanso eterno del compañero ido, y reiteramos nuestros votos de condolencia a todos sus deudos, muy especialmente a su viuda, doña Amparo Tolentino, a su hijito Tomasito, a sus hermanos Marino, Rafael Tomás, Villón, Melba, Mirtha y Mary Cruz, su suegro don Vicente Tolentino Rojas y demás que en una u otra hayan sido afectados por tan infausto suceso»

 LA INFORMACIÓN 
2 de septiembre de 1952.

jueves, 14 de agosto de 2014

EL HIMNO NACIONAL, ¿DÓNDE Y CUÁNDO DEBE INTERPRETRARSE?

El Himno Nacional, ¿dónde y cuándo debe interpretarse?
 (Con motivo del ciento treintiún aniversario de su estreno)

 Por: Domingo Caba Ramos.

 EL Himno Nacional Dominicano, composición consagrada por la Ley No. 700, de fecha 30 de mayo de 1934, es una composición lírico – épica compuesta en 1883 por el abogado, maestro y poeta puertoplateño, Emilio Prud – Homme (1856 – 1932) y el músico José Reyes (1835 – 1905). Contrario a lo que podría pensarse, la música del Himno fue escrita primero que sus letras.

 Se tocó por primera vez el 17 de agosto de 1883 en una velada que celebró la prensa nacional en la Logia Esperanza, Santo Domingo, para celebrar el vigésimo aniversario de la Restauración de la Republica Dominicana; pero su lento proceso de popularización se llevó a cabo a partir del 27 de febrero de 1884, fecha en que se realizó el traslado al país de los restos de Juan Pablo Duarte, fallecido en Caracas, Venezuela, en 1876. Ese día, el Himno Nacional se tocó durante todo el recorrido que llevó los restos del patricio desde el puerto de Santo Domingo hasta la Catedral Primada de América.

 En los diez primeros años de su creación, el Himno tuvo muy poca difusión, vale decir, solo se escuchaba en la capital de la República y en días tan especiales como el 27 de febrero y el 16 de agosto de cada año. Al decir del maestro José de Jesús Ravelo, es a partir del año 1894 cuando se inicia el verdadero proceso de difusión del canto patriótico, debido a las múltiples ocasiones que hubo que interpretarlo para solemnizar los diversos actos organizados para celebrar el cincuentenario de la Independencia Nacional.

 En 1897, el Congreso Nacional, luego de encendidas discusiones, resolvió aprobarlo como Himno Nacional de la República Dominicana. El general Ulises Heureaux (Lilís), entonces presidente del país, y entre cuyos desafectos políticos se contaba a Emilio Prud – Homme, engavetó, en lugar de promulgar la pieza legislativa, concediéndole así al tirano Trujillo la honrosa oportunidad de declarar oficial el himno, al promulgar, el 30 de mayo de 1934, la ley que durante treinta y siete años había permanecido engavetada.

Pero, ¿dónde y cuándo debe interpretarse el Himno?

 Lamentable y extrañamente, no existe una ley ni una disposición oficial (decreto, resolución, ordenanza, etc.) que prescriba o establezca cuándo y dónde debe tocarse el himno nacional dominicano. A ningún legislador se le ha ocurrido una iniciativa de ley encaminada al logro de tan magno propósito. Así lo pude comprobar en una investigación realizada al respecto en febrero del 2004.

 Entre otras instancias gubernamentales, esa investigación me condujo hasta la Consultoría Jurídica del Poder Ejecutivo. Aquí fueron claros y sinceros al informarme que desconocían la existencia de tal disposición legislativa, limitándose a remitirme a la Consultoría Jurídica del Ministerio de Interior y Policía. En este organismo se me informó, el subconsultor, que no existía ninguna medida legal que especificara el motivo y el lugar en que debían sonar las notas gloriosas de nuestro canto patriótico; pero que no veía inconvenientes en que se cantara siempre que se deseara, sin importar el propósito y el lugar. Ante tan vacua respuesta, por no esperarla y mucho menos compartirla, quedé más que sorprendido.

Lo cierto es que como a nadie se le puede impedir de hacer lo que la ley no prohíbe, nuestro canto a la Patria puede ser interpretado en cualquier sitio y por cualquier motivo. Ni siquiera nuestra Carta Magna establece nada al respecto. Lo único que en este texto se lee acerca de la patriótica composición de Reyes y Prud – Homme es la escueta o brevísima descripción que a continuación se transcribe: « El Himno Nacional es la composición musical de José Reyes con letras de Emilio Prud – Homme, y es único e invariable» (Artículo 33).

Con los otros dos símbolos, el Escudo y la Bandera Nacional, sucede exactamente lo mismo. El uso de uno y otro no está reglamentado desde el punto legal, y en la Constitución de la República (Artículos 31 y 32) solo aparece una breve descripción acerca de cada uno de ellos. Debido a esa ausencia de prescripción jurídica, no resulta extraño presenciar, con inmenso pesar y no menos rabia, a nuestra enseña tricolor flotando en el patio de un prostíbulo o cubriendo el ataúd en cuyo interior yace el cadáver de un delincuente.

viernes, 1 de agosto de 2014

DEL PARTO BIOLÓGICO AL ALUMBRAMIENTO POÉTICO

Por: Domingo Caba Ramos.

«Ella es carne de mi vida, flor de mi pensamiento, cemento de mi alma.». 

(Domingo Moreno Jimenes. De su "Poema a la hija reintegrada”)

 Agosto 1 del 2013. El octavo mes del año arrancó o inauguró su recorrido como cualquier otro agosto veraniego: seco, ardiente, ciclónico y caluroso. Y en la medida en que el día avanzaba, los rayos de un sol de bronce, como llamas azuzadas por el viento, ardían, quemando la piel de cuantos transeúntes se desplazaban por las calles encendidas de la Ciudad Corazón . Sol de fuego. Sol de verano. Sol de agosto.

Ese día, hace hoy exactamente un año, para mí pudo haber trascurrido de lo más normal y sin importancia, de no ser porque en tal fecha habría de nacer mi pequeña Nicol María, el ser que días después se convertiría en “mi pequeño manojito de ternura” o en la más auténtica expresión de mi otro yo.

Desde las primeras horas de la mañana, se iniciaron en la clínica Unión Médica del Norte los ajetreos prepartos. En ese “pallí pacá” yo me comportaba, aparentemente, con una calma o naturalidad que de ninguna manera ponía al descubierto la ansiedad y el nerviosismo que internamente aceleraban los latidos de mi corazón.

 Aproximadamente a las diez (A.M.) comenzó el doctor Omar González su proceso ginecológico. Mientras mi tensión aumentaba, el personal de enfermería que lo asistía, como si nada estuviera ocurriendo y ya acostumbrado a esos menesteres, reía, charlaba y emitía una que otra ocurrencia , muchas de ellas preñadas de la más inigualable picardía. El pediatra, Dr. Carlos Juan Martínez, callado y atento, esperaba tranquilo a que en sus manos fuera depositada su futura pacientica.

 En el área de cirugía, otros médicos ejecutaban la misma tarea para arrojar como resultados alumbramientos diferentes. Por esa razón, en la sala de estar, separada de la de cirugía por un cristal transparente, cada quien esperaba impaciente a que le enseñaran a su recién nacido retoño. Por eso, desde que los aplausos tronaban en el ambiente, los padres allí presentes abandonábamos rápidamente nuestros asientos para ver “si ese el mío”

. Así me mantuve, parándome y sentándome hasta minutos antes de las once. En este momento nuevamente los aplausos volvieron a escucharse. Cuando me levanté y observé a través del cristal, esta vez el impacto emocional fue indescriptible. Del otro lado, rebosante de alegría, la coordinadora de la referida sala y muy apreciada cuñada nuestra, Josefina Rubio (Gina), alzó la niña semidormida que yacía en sus abrazos, y dirigiéndose a mí, realizó una señal con su mano derecha para informarme aquello de que “Ya nació, esta es la tuya…”.

No supe qué hacer. Por un momento quedé en el limbo. Una gruesa lágrima rodó por mi cuerpo, las piernas me temblaron y, sin pensarlo dos veces, tuve que sentarme. Fue entonces cuando recordé los versos del poeta ( Moreno Jimenes), y con estos ordené, con fuerza, pero en silencio:

 «Tibien la leche terciada con agua,
 para si mi chiquitina despierta. 
Cuídenmela, hasta que se vuelva esperma como
 capullo inmortal el cuidado. 
 Ella es carne de mi vida, flor de mi pensamiento, 
cemento de mi alma.».

 Y fue entonces cuando me pareció escuchar el mandato de una voz interior que me decía: « Al igual que tu esposa y madre de tu niña, tú también tienes que parir…”. 

 Y fue entonces cuando terminé los versos o se consumó el alumbramiento del poema que más abajo se trascribe, cuya escritura inicié a las 9:45 A.M. en la sala de espera, justamente en el preciso instante en que se inició la ejecución del parto biológico en la sala de cirugía.


 ¡SALVE! MI BELLA NICOL
 (A tu abuelita Librada, quien hubiera dado la vida por conocerte)

 ¡Hosanna! Nicol María,
 ¡Salve! mi niña adorada,
 con pétalos de guirnalda,
yo te espero este gran día!

¡Salve! mi bello tesoro,
lucero de mi existencia,
hoy proclamo con potencia,
¡yo te adoro! ¡Yo te adoro!

 Las rutas de mi existencia,
 tu presencia alumbrará,
 la espina de mis tormentos,
 tu sonrisa extirpará.

¡Salve! mi lindo angelito,
 mi bella estrella, mi sol,
 ¡Salve! mi tierno cielito
 ¡Salve! mi bella Nicol.

 Tu padre.

 Unión Médica, Santiago de los Caballeros.
1/8/2013 9:45a.m.

NOTAS: Este artículo se publica hoy (1/8/2014) con motivo de cumplirse  en esta fechael primer año  de vida de la protagonista de nuestra historia: Nicol María Caba Siberio, la más auténtica expresión de mi otro yo. Sencillamente una flor que llora y un diamante que respira.