domingo, 15 de enero de 2023

LECTURA Y ORTOGRAFÍA


Por: DOMINGO CABA RAMOS

«Las sociedades humanas han instituido sistemas más o menos desarrollados o complejos que van de la simple comunicación mediante objetos, hasta una representación articulada y simbólica: la escritura. Estos sistemas tienen en común la característica de realizar la comunicación por vía visual…»

(Julio Vitelio Ruiz y Eloísa Miyares ) 

Cuando ejercía como Encargado de Recursos Humanos en un prestigioso grupo empresarial de Santiago de los Caballeros, un ingeniero industrial me remitió, vía correo electrónico, una breve comunicación parte de cuyo texto decía así:

  « La reunión se llebara a cabo a la cinco de la tarde en el salon de conferencia y en ella trataremos asunto muy importante para la compañía y para todo los empleado…»

Al saber que un profesional graduado en una de las más prestigiosas universidades del país era el autor de un   texto con tantas faltas ortográficas, una pregunta afloró casi de manera inconsciente a mis labios: ¿Cómo es posible que una persona provista de un título universitario pueda incurrir en tan elementales desaciertos ortográficos?

 

Y aunque me imaginaba la respuesta, no tardé mucho en confirmarla: el susodicho ingeniero es uno de los tantos dominicanos que sufren de lo que yo he denominado “lecturofobia”,  de los muchos que pesan los libros antes de leerlos  o los cierran para siempre si estos  son muy voluminosos. Cuando estudiante lo obligaron a leer tres obras literarias, las únicas que ha leído en su vida. En los periódicos quizás mensualmente suele leer una que otra nota deportiva y, como si todo eso esto fuera poco, parece disfrutar cuando afirma que  “las librerías conmigo difícilmente  progresen”

En el 2000, por ejemplo, le envié a mi apreciado y siempre recordado amigo un ejemplar del libro que en octubre de ese año puse en circulación. Seis meses después nos encontramos y le pregunté sobre la impresión que el texto le había causado. “Creo que leí el índice” – me contestó con el más frío desparpajo y sorprendente descortesía.

“Si yo logré que tú leyeras aunque fuera  el índice de mi libro, entonces valió la pena publicarlo” – le respondí   en forma irónica y con el mismo desparpajo.

Pedagógicamente está más  que comprobado que el poco hábito de lectura constituye una de las principales causas que originan las faltas ortográficas. Que a escribir correctamente aprendemos cuando internalizamos en nuestros cerebros o nos familiarizamos con la imagen de esos dibujitos o signos gráficos llamados letras. Y ese proceso de familiarización o fijación de los rasgos físicos de las palabras sólo es posible lograrlo a través de la lectura constante. O, lo que es lo mismo, a mayor actividad lectora, mayor calidad de la escritura.

Por eso no resulta extraño que personas con muy bajo nivel de instrucción, pero muy dedicadas a la práctica de la lectura, muestren un dominio ortográfico, cuando no perfecto, aceptable. Y por eso no tiene nada de extraño que profesionales como el ingeniero precitado escriban tal y como aparece en la nota más arriba transcrita. Porque como muy acertadamente afirma el lingüista y fenecido maestro universitario, Santiago Cabanes:

  « La lengua hablada entra por el oído y sale por la boca; los mudos los son por sordos. Pero la lengua escrita entra por los ojos y sale por la punta del lapicero o por la pantalla de la computadora; y todo por la magia de la lectura. Por lo tanto: buena escritura = mucha y buena lectura»

 

EL USO DE LA LENGUA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL


Por: Domingo Caba Ramos

 “Colocar al frente de un programa de radio o de televisión a un discapacitado lingüístico es como poner de inspector de semáforos a un daltónico…”

(Don Pedro Luis Barcia: Académico, investigador y lingüista argentino)

Contrario a lo que debería ser su verdadera función, en el uso cotidiano de la lengua  en nuestros medios de comunicación se leen  y  escuchan las más sorprendentes y hasta jocosas irregularidades léxicas, fonéticas,  semánticas, sintácticas y morfológicas. Imperan en ellos los vulgarismos, novismos, el estilo coloquial y frases que se apartan por completo del registro estándar de la lengua. Medios en los que a la hora de informar se prestigia el contenido y descuida la forma, creando así las condiciones para que los hablantes copien e integren a su caudal lingüístico los   frecuentes desatinos que a través de ellos leemos y escuchamos.  

 La radio, la prensa escrita y la televisión, más que formar prefieren adaptarse lingüísticamente al receptor del mensaje. Y merced a este proceder, en muchos de los comunicadores nuestros prima la idea de que se debe hablar y escribir para los iletrados, imitar sus modos expresivos, emplear sus sociolectos, esto es, utilizar siempre la norma popular o los niveles de expresión lingüística propios de los sectores menos instruidos. Para llevar a cabo su función “orientadora”, los usos lingüísticos que se prestigian son, extrañamente, los correspondientes a los hablantes que poseen más bajo nivel de escolaridad.

De ahí que en las cabinas de radio y televisión se hable como si se estuviera en el banco del parque, en las gradas del estadio o en la esquina del barrio. Tan preocupante realidad se pone de manifiesto tanto en la comunicación oral como escrita.

  Para comprobar los desajustes expresivos en que incurren muchos comentaristas, basta sintonizar uno que otro de los tantos programas de opinión que se transmiten en nuestro país. En estos espacios se oye de todo: gritos, amenazas, insultos, injurias, pronunciación desastrosa, vulgaridades… Quien así desee confirmarlo, solo tiene que escuchar, por ejemplo, las inconductas verbales del conductor estelar del más popular programa de opinión que a través de la radio se trasmite en horas de la mañana por una de las no menos populares estaciones radiales de Santo Domingo.  Aún recuerdo, y en la red de internet yace activo el audio, una de las emisiones (19/12/2011) del susodicho espacio, en la que el precitado y entonces octogenario conductor “truena” y dice lo siguiente: 

 ” No joda ombe, coño… Se va a joder el programa por la politiquería de estos dos intolerantes, soberbios y engreídos… En Martínez Pozo y José Laluz, yo me cago, coño, en ellos dos… Malditos, sinvergüenzas… Espérenme en el parqueo, jijos e putas…»

En parecidos términos se expresaba, y aún se expresa, la exregidora y periodista que en la misma estación radial laboraba en un programa que se transmitía en horas de la tarde

 Un  popular comunicador de Santiago, apelando a un código de expresión muy particular, pintoresco y, en cierto modo lingüística y conceptualmente distorsionador,  en su muy escuchado  programa de radio, en lugar de “mataron a un ladrón”, prefiere informar  que: “Calimbaron a un ladrón …”. En lugar de “la camioneta iba llena de personas…”, se le escuchará decir que « la camioneta   iba «timbó” de personas». Y en vez de informar que a un ciudadano    le robaron, dirá que a este “le cantaron bingo…”.

 Pero no solo los productores de programas de radio y televisión hieren nuestros tímpanos con sus insultos y términos descalificadores. Hasta los líderes religiosos también se desplazan por esos escabrosos senderos de la lengua. Como desafortunadamente procedió en una ocasión (febrero 2014) el máximo representante de la Iglesia católica dominicana, cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, al calificar de “sinvergüenza”, “chusma”, “estúpido”, “perverso”, “lacra”, “cretino”, “pelafustán”, “vil”, “bestia” e “inescrupuloso” al cura jesuita Mario Serrano, por defender este a los hijos de los haitianos indocumentados que viven en la República Dominicana.

 Mientras que el productor de televisión y director de la Corporación Estatal de Radio y Televisión (CERTV), Iván Ruiz, hace apenas dos meses, difundió un video en el que llama “comemierdas” a quienes cuestionan su moral:

«Venga aquí de frente y dígame lo que usted quiera decirme, coño, aquí hay muchos comemierdas, que quieren jugar con la moral ajena y ya está bueno, uno llega en un momento en que ya… A mí nadie me puede señalar en este país, y no soy un Santo: pero no me pueden señalar, para que esos comemierdas estén hablando mierda…»

Debido al fuerte influjo que ejercen en la sociedad, los profesionales de la información deberían manejar con mayor prudencia y cuidado el idioma.  Deberían tener presente que su conducta lingüística se constituye en un marco de referencia, susceptible de ser imitada. Tal y como señala Salvador Gutiérrez, miembro de la Real Academia Española:

 “Existe una tendencia a tomar como referencia a quienes nos hablan a través de un periódico, de una radio o de un libro. Los periodistas tienen una mayor responsabilidad sobre el uso del lenguaje porque sus palabras tienen también una mayor repercusión social”.

En la comunicación escrita el problema es tan grave como en la oral. Si leemos con detenimiento y espíritu reflexivo los diferentes diarios que circulan en nuestro país, fácilmente descubriremos los gazapos y errores gramaticales que en esos medios se publican. Discordancias, faltas ortográficas, errores conceptuales, uso inadecuado de los signos de puntuación, corte indebido de palabras al final del renglón y la presencia de frases ambiguas o pleonásticas, se destacan entre las más frecuentes de esas irregularidades.

CÁPSULAS LEXICOSEMANTICAS


Por: Domingo Caba Ramos.

1.     ¿Adecúa / adecua?

“Adecuar” es una de las tantas formas verbales cuyos usos generan vacilaciones, dudas y confusiones, muy especialmente cuando se emplea en primera, segunda y tercera persona del singular (¿adecúo o adecuo?, ¿adecúas o adecua?, ¿adecúa o adecua?)

 Siempre se conjugaba este verbo como ‘averiguar’, conservando en todas las formas de su conjugación el diptongo correspondiente
(ua, ue, uo) y, en tal virtud, se consideraba equivocada la acentuación en variantes como 'adecúa’ y ‘adecúe’. Sin embargo, la Asociación de Academias de la Lengua Española, en su Diccionario Panhispánico de Dudas (2005) admite la acentuación que antes se consideraba errónea. Además de la conjugación de 'adecuar' como 'averiguar', la docta institución lingüística admite que dicho verbo se conjugue como 'actuar' y 'situar' (adecúe, adecúas, etc., aunque recomienda el uso preferencial de la primera forma (adecue, adecuas, etc.).  Según el mandato académico, es válido el uso tanto de 'adecúa' como 'adecua'. Y en virtud de ese mismo criterio, tan aceptable sería decir:

«Es preciso que la sociedad de adecúe a la nueva ley»… como «Es preciso que la sociedad se adecue a la nueva ley…»

2.    Electo /elegido.

Elegir, lo mismo que atender, confundir, resultar, soltar, bendecir y otros verbos del español, cuando se expresa en participio, adopta dos formas: una regular (elegido) y otra irregular (electo). Aunque en el uso cotidiano de la lengua, una y otra forma suelen confundirse en el plano de la significación, conviene aclarar que tales verboides soportan significados diferentes.

Elegido es el participio verbal o forma exclusiva usada en la formación de los tiempos compuestos y de la pasiva perifrástica:

a)     «Ella ha elegido (no electo) ese hombre para su esposo»

b)     «El candidato  fue elegido (no electo) en primera vuelta»

La forma irregular electo sólo se emplea cuando se aplica al que ha sido elegido para desempeñar un cargo o dignidad; pero que todavía no ha tomado posesión de este:

a)    «El presidente electo (no elegido) de República Dominicana hablará próximamente

 b) “El diputado electo (no elegido), aun sin haber asumido el cargo, ya no recibe llamadas telefónicas de nadie»

 Se considera inaceptable el uso del referido adjetivo (electo), no así elegido, para formar los tiempos compuestos o la pasiva perifrástica de elegir, como en oraciones del tipo: “El señor Gómez fue de nuevo electo presidente de la junta de vecinos…”

 Hubiera sido más adecuado escribir: «El señor Gómez fue de nuevo elegido presidente de la junta de vecinos»

3.    Presentación/Lanzamiento

«Lanzar» es un verbo regular de primera conjugación entre cuyos significados no existe uno que se corresponda con el de “presentar”. Pero a pesar de esa falta de equivalencia semántica, es común y corriente leer o escuchar frases como:

1.  «El lanzamiento de la campaña tendrá lugar…»

2.  «Nos place invitarle al lanzamiento del proyecto…»

3.  «El próximo viernes se llevará a cabo el lanzamiento de la pizarra del Estadio Cibao…»

Podría argumentarse que “ lanzamiento” se emplea en estos ejemplos en sentido  figurado o metafórico; pero semejante planteo resulta a todas luces insostenible por cuanto entre los verbos “ lanzar” y “ presentar”, así como los nombres que de ellos se derivan, “ lanzamiento” y  “ presentación ”, no existe  relación de semejanza significativa alguna.

Hablar o escribir con claridad, precisión y concisión, muy especialmente cuando redactamos textos discursivos, constituye la base para una mejor aproximación, interpretación o compresión del verdadero sentido de lo expresado.  A tono con este planteamiento, ¿no se correspondería más con la precisión y claridad del mensaje, hablar de la presentación en vez del “lanzamiento” del   proyecto, de la campaña o de la pizarra de las Águilas Cibaeñas?


 

POR LOS CAMINOS DE LA LENGUA

Por: DOMINGO CABA RAMOS

1.     1. Callar cuando escuchamos o «escuchar con discreción»

Un día de estos, mientras recorría el dial del radio de mi carro, di con un programa matutino llamado «El sol de la mañana». Producto de la pasión, calor o emoción que generaba el tema tratado, hubo más de un momento en los cuales los cinco comunicadores que realizaban el aludido programa de opinión hablaban todos a un mismo tiempo.  Créanme que en tales instantes, no les entendía absolutamente ni una sola palabra. Fue entonces cuando recordé, una vez más, las sabias palabras del brillante escritor español, José Martínez Ruiz, Azorín, (1873 – 196) cuando escribió:

«“Una de las artes más difíciles es saber escuchar. Cuesta mucho hablar bien; pero cuesta tanto el escuchar con discreción…»

La conducta lingüística de los referidos comentaristas, todos con estudios universitarios realizados, demuestra que «escuchar con discreción…» (callar mientras se escucha) es casi imposible en la República Dominicana, mucho más si el hablante interviene en un debate o discusión acalorados. Demuestra la profunda crisis que afecta actualmente a la escucha activa o a lo que algunos lingüistas llaman «Competencia atencional»

2.     2. «Los añitos de Luisito»

  La madre, evidentemente alegre, llama al programa de radio y solicita que le toquen “un pianito para mi niño Luisito que hoy cumple dos añitos”

Sabido es que no existen años más grandes ni más pequeños que otros, no importa que en el plano humano, se refieran tanto a niños como a adultos.  En otras palabras, un año es siempre un año, formado por doce menes.  Sin embargo, resulta altamente curioso cómo la tierna madre de Luisito, mediante el proceso de transferencia semántica y, apelando al valor afectivo que entraña todo diminutivo, intenta destacar la corta edad del  hijo casi recién nacido, concentrando la idea de pequeñez , no en la  estatura del niño , sino en los años por este cumplidos.

Pero “añito”, conviene destacarlo, en su sentido profundo, no sólo envuelve la idea de corta edad y reducido tamaño, sino también de amor, ternura y afecto. Porque contrario a lo se pueda creer y se nos ha enseñado tradicionalmente en la escuela, los diminutivos, más que sentido de pequeñez o disminución, en su semántica estructura   expresan matices afectivos que en determinados contextos suelen entrañar mensajes positivos o apreciativos (amor, cariño, ternura…), y en otros, negativos o despectivos (burla, desprecios…). O simplemente se emplean con el fin de atenuar la realidad, vale decir, para aminorar la importancia de alguna persona o cosa o rebajar el efecto de palabras que se perciben como incómodas o inconvenientes.

 Así, “ojitos” y “carrito“ pueden indicar ojos y carro bonitos, no necesariamente grandes; “hombrecito“ y “mujercita”  pueden expresar desprecio, no siempre hombre y mujer de gran tamaño;  la voz “librito”, puede sugerir la idea de modestia, si la emplea el autor del texto, pero menosprecio si  la usa el crítico, en tanto que “dolorcito“, estado de salud referido al familiar que espera un informe acerca de la enfermedad de su pariente, es una voz  utilizada con eufemística y atenuante  intención con el propósito de presentar menos grave la dolencia.

3.     « En los salones de …» 

Independientemente de que existan varios salones en una institución, las ceremonias que en esta se llevan a cabo, siempre se desarrollan en uno de ellos, generalmente denominado “Salón de actos o de eventos”. Sin embargo, es común la práctica de pluralizar el sustantivo “salón” en oraciones del tipo: «El acto de premiación se efectuará en los “salones” del honorable Ayuntamiento…». Al respecto, reza el criterio académico:

 “No existe ninguna explicación, ni lingüística ni de ningún otro tipo que justifique el uso en plural de dicha palabra si se trata de un solo salón”

 

4.     «En breves minutos volvemos…»

 

A pesar de lo mucho que se repite aquello de «En breves minutos…», todavía considero que todos los minutos están compuestos por sesenta segundos, esto 

EL HUEVO, LA PIEDRA, EL ÁLGEBRA Y EL DIABLO


Por: Domingo Caba Ramos.

“Educador es el que estimula, prepara para la investigación, despierta la curiosidad, desenvuelve el espíritu critico, invita a la superación y muestra los valores de la cultura”

(Imídeo  Giuseppe Nérici) 

A los buenos maestros, ¡FELICIDADES! en su día ( 30/6/ ).  Y a los “maestros”, así, entre comillas, les dedico, para su reflexión, el presente artículo.

CASO # 1- Mostrando la típica emoción o “fiebre” natural del estudiante que ha sido promovido de nivel, hace ya muchos, uno de mis hermanos mayores, Basilio, esperaba ansioso al profesor que habría de impartirle la primera asignatura en su primer día de clases en el Liceo Matutino “ Domingo Faustino Sarmiento”, de la ciudad de Moca. Cuando por fin llegó, el educador saludó secamente, se autopresentó y cual ráfaga mortífera les lanzó a sus pupilos la siguiente advertencia:

“Nada se parece más al diablo que el Algebra”

 Al oír esto, mi hermano tembló, bajó la cabeza y sólo cuando el “ilustre” maestro  de Matemáticas abandonó el aula pudo levantarla. A partir de tan traumática experiencia, muy pocas veces se le vio asistir a esa hora de clases, talvez para no encontrarse frente a frente con el mismo Satanás. Y para aprobar  la “diabólica” disciplina en las pruebas completivas, tuvo que apelar al pago de los servicios particulares de otro educador. Y todavía hoy, ya adulto y profesional, un fuerte escalofrío invade su cuerpo de sólo escuchar palabra álgebra o el nombre de su antiguo profesor.

CASO # 2 – En la universidad, el estudiante, muy convencido o seguro de sí mismo,  expresaba y defendía sus criterios acerca del tema que se debatía en las clases. El profesor lo observaba atento y con una irónica sonrisa a flor de labios. Cuando aquel terminó su discurso, la bestial calificación del “maestro”  no se hizo esperar:

“Lo que usted  acaba de decir es un disparate, una pura porquería”

 Luego de este inoportuno reproche, al inquieto alumno jamás se le oyó emitir una opinión, y mucho trabajo le cuesta actualmente expresarse en público. Negativamente, quedó marcado para toda la vida.

CASO # 3 – En otra universidad, el profesor persiste en imponer un concepto que uno de sus pupilos, con igual persistencia, demuestra documentalmente que no se corresponde con la verdad sustentada por su terco preceptor. Un tanto molesto e incapaz de apoyar sus argumento en bases científicas, el presumido “educador” prefirió apelar a la autoridad para descalificar al polémico estudiante con estas palabras:

“Bachiller, no olvide que usted es el huevo y yo la piedra…”

CASO  # 4 “Tu eres un animal”, truena el impaciente “profesor”, refiriéndose al desesperado alumno que no ha podido asimilar  el contenido de la lección en el tiempo asignado, y quien tan pronto terminó esa angustiosa hora de clases se marchó a su casa y nunca volvió a la escuela. El  “sabio maestro”, en lugar de encender, se encargó de apagar su académica ilusión.

CASO # 5 – El nuevo semestre comienza. Los estudiantes lucen y comentan muy entusiasmados. De repente un silencio sepulcral cunde en el ambiente. Con maletín en manos, aires de gran señor y portando gafas oscuras, alguien ha entrado al aula. Es el señor profesor de la materia. Después de ajustarse el cuello y observar ligeramente  hacia el techo, afirma, sin mirar a nadie de frente:

“Quiero decirles, no para asustarlos, sino para que sepan el esfuerzo que tienen que hacer, que a mí son pocos los estudiantes que me pasan. Esta asignatura, de treinta alumnos, apenas la pasan cinco, y quienes logren eso pueden considerarse graduados. Esto no es para todo el mundo, sino para sabios e inteligentes. Por eso siempre he dicho que cuando de mis exámenes se trata, el 100 es del libro, el 90 mío y ustedes deben luchar por el 70”

Casos como los antes transcritos, lamentablemente, se repiten con increíble frecuencia en nuestros centros  docentes, especialmente en las  universidades, en las que no siempre los profesores que imparten clases cuentan con la formación pedagógica requerida para comprender, orientar y estimular al estudiante, como debe ser la misión docente de todo buen educador.

Profesores que talvez dominan muy bien el qué, pero no el  cómo enseñar. Profesores carentes de vocación o que no sienten la noble labor que realizan.

Profesores que frustran, en lugar de motivar; que atrasan, en lugar de desarrollar; que oscurecen, en lugar de iluminar.

Profesores, en fin, que lejos de identificarse con las necesidades básicas de sus alumnos, lo que hacen es, como bien lo escribió Gabriela Mistral, “deprimir o envenenar” el alma de los mismos.

viernes, 16 de septiembre de 2022

CLAVES PARA SOBREVIVIR, TRIUNFAR O SER EXITOSO EN UN MUNDO INVERTIDO


Por: Domingo Caba Ramos

 Nunca actúe en función de lo que establece la ley, la ética, la moral, las normas de respeto y las buenas costumbres. Así solo se comportan los seres atrasados o desfasados.

2.     Cuando sea jefe o director, especialmente en la administración pública, no lo piense dos veces: robe, sobrevalúe, falsifique, acose, amenace, evada impuestos y haga daños sin parar. Muy pronto los frutos se verán, el ascenso socioeconómico llegará, los reconocimientos sobrarán, decenas de torneos deportivos se lo dedicarán y, lo que es más importante, nadie dirá de usted que es un vulgar «pendejo», «palomo», «tonto» o «pariguayo»

3.     En el momento de realizar una acción que choque con la ley, la moral y las buenas costumbres, jamás piense en sus hijos, en sus hermanos, en su padre y en su madre. Eso es «romanticismo barato». Así solo piensan los seres pendejos, atrasados o desfasados. El ser moderno piensa de otra forma.

4.     El día en que no tenga ropa con que vestirse, no se preocupe mucho : salga desnudo a la calle y de seguro que medio país justificará su conducta alegando que eso no es nada, que estos son otros tiempos , que eso de andar vestido es cosa del pasado, y que solo los seres atrasados o desfasados pueden rechazar semejante proceder

5.     Nunca honre a su madre y a su padre. Todo lo contrario, irrespételos, maltrátelos, abandónelos, desprotéjalos… y de seguro que en cualquier momento las mentes modernas o no atrasadas le entregarán una placa de reconocimiento declarándolo como el MEJOR HIJO DEL MUNDO, muy conscientes de que proteger, amar y dar calor a nuestros progenitores son conductas propias de hijos que todavía viven en el pasado, o que no se han puesto a tono con los nuevos tiempos.

6.     Si usted es artista, cantante o compositor, o le han hecho creer que lo es, lleve a las letras de sus composiciones el más sucio, cloacal o letrinesco de los contenidos. Evite de estas, por todos los medios el alto valor literario y humano. Adicional a esto, en su conducta social sea irreverente, procaz , preñe sus palabras de un contenido indecoros, crea escándalos sociales, desnúdese en público si hay que hacerlo, ya que eso vende, genera éxitos y fama; pero además tendrá el favor y justificación de las mentes modernas o no desfasadas, quienes a propósito de su conducta, calificada de aberrante por las mentes atrasadas, dirán que usted es una realidad, que estos son otros tiempo, que es necesario adaptarse al momento actual, y que las canciones donde la alta calidad literaria y musical imperaban es cosa del pasado.

7.     En el trabajo, «no se mate mucho», vaya cuando pueda, llegue a la hora que pueda, robe cuando pueda y trabaje al ritmo que pueda, y si así actúa, es posible que en el momento menos esperado usted se convierta en jefe del más cumplidor, competente y respetuoso de sus compañeros.

8.     No te empeñes tanto en demostrarle a tu enamorada de que eres un hombre serio, que estudia, trabaja y procede de buena familia. Eso no influirá absolutamente en nada para conquistar el amor de esa mujer. Eso, a ella, «no le da ni frío ni calor». Igualmente no muestres mucho interés en evitar que ella tenga noticias acerca de tu pasado y presente oscuros, ni de que eres casado con hijos. Esta referencia tampoco influirá para que ella rechace tu propuesta amorosa. Simplemente demuéstrale que el dinero y los bienes materiales te sobran, y olvídate del mundo. El sí o aceptación surgirá como por encanto, y una vez formalizada la relación, ella, a ti, ciegamente te amará, todo te lo aceptará, todo te lo perdonará, todo lo comprenderá, todo te lo justificará…, pues condenar el maltrato a una mujer es también un proceder propio de mentes atrasadas o desfasadas.

9. En fin, frente a las conductas consideradas moral y legamente incorrectas por las mentes atrasadas, «NO LE PARE», «LLÉVATE DE MÍ…», como dice la frase barrio - juvenil, cumpla al pie de la letra las recomendaciones antes presentadas y le aseguro que muy pronto a usted lo veremos hasta tirando la primera bola en un juego de Grandes Ligas.




miércoles, 10 de agosto de 2022

CALLAR CUADO ESCUCHAMOS O «ESCUCHAR CON DISCRECIÓN»


En la mañana de hoy d, sin búsqueda intencionada, di con un programa llamado El sol de la mañana. Producto del calor o emoción que generaba el tema tratado, hubo más de un momento en los cuales los cinco comunicadores que lo realizaban todos a un mismo tiempo.  No les entendía absolutamente ni una palabra. Fue entonces cuando recordé, una vez más, las sabias palabras del brillante escritor español, José Martínez Ruiz, Azorín, (1873 – 196) cuando escribió: «“Una de las artes más difíciles es saber escuchar. Cuesta mucho hablar bien; pero cuesta tanto el escuchar con discreción…».

La conducta lingüística de los referidos comentaristas, todos con estudios universitarios realizados, demuestra que «escuchar con discreción…» (callar mientras se escucha) es casi imposible en la República Dominicana, mucho más si el hablante interviene en un debate o discusión acalorados. Demuestra la profunda crisis que afecta actualmente a la escucha activa o a lo que algunos lingüistas llaman «Competencia atencional»