Por: Domingo Caba Ramos
domingo, 11 de abril de 2021
SE NOS FUE MARCIO!
domingo, 21 de marzo de 2021
¿DÓNDE ENCONTRAR VERDADERA POESÍA?
(A propósito del “Día Mundial de la Poesía”)
El 21 de marzo de cada año, se celebra el Día Mundial de la Poesía; pero no se
crea que solo hay poesía en la secuencia de versos que conforman o configuran
la estructura de una obra poética. No solo eso. Auténtica poesía podemos también encontrarla
en las más diversas expresiones de nuestro mundo natural.
Auténtica poesía podemos encontrarla en la risa
y sonrisa de un bebé; en la lluvia con su armónico canto e impresionante
descenso hacia la Tierra; en las ramas de los árboles que mecidas por el viento
ejecutan un baile casi fantástico, así como en el mañanero y sinfónico canto
del ruiseñor.
Auténtica poesía existe en las olas que cual
veloz e impetuosa sierpe se desplazan por nuestros mares tropicales; en los
sonidos de polifónica esencia emitidos por el coro de grillos y otros
invisibles pajaritos en nuestras noches campestres.
Hay auténtica poesía en una puesta de sol, en un
bello atardecer, en una noche de luna llena, en el alba que anuncia un nuevo
día, en el murmullo de las olas o en el estruendo por estas emitido al
estrellarse contra las rocas.
Hay, finalmente, verdadera poesía, en la sonrisa
incierta del anciano y en la imagen de la madre que tierna y amorosamente amamanta a su angelical criatura.
En conclusión, allí donde hay belleza capaz de
despertar las más diversas sensaciones y sentimientos, hay poesía.
Además de felicitar a todos los poetas de nuestro país, propicia es la ocasión para recordar a todos aquellos bardos que honran las páginas de la literatura dominicana, como son, entre otros : Salomé Ureña, José Joaquín Pérez, Félix María del Monte, Javier Angulo Guridi, Gastón Fernando Deligne, Fabio Fiallo, Osvaldo Bazil, Federico Bermúdez, Otilio Vigil Díaz, Pedro Mir , Franklin Mieses Burgos, Héctor Incháustegui Cabral, Manuel Rueda, Aída Cartagena Portalatín , Manuel del Cabral, Tomás Hernández Franco, Máximo Avilés Blonda, Rubens Suro, Carmen Natalia Martínez y Domingo Moreno Jimenes.
miércoles, 10 de marzo de 2021
EL PODER POÉTICO DE LA LLUVIA
Por :
Domingo Caba Ramos
¿Se ha detenido usted a observar o escuchar la
marcha ondulante y el murmullo eterno de las olas en su loca desesperación por
estrellarse contra las rocas?
¿Se ha parado
usted alguna vez frente a la puerta o ventana de su casa a oír o ver la lluvia
caer?
En fin, ¿se ha
dormido usted, arrullado por el canto armónico de la lluvia?
La lluvia es tal vez una de las más geniales
obras de arte que nos ha brindado la naturaleza y quizás el más romántico de
los elementos o seres que forman parte del mundo natural. En su vertical
descenso hacia la tierra, la lluvia entona la más tierna de las serenatas y el
más armónico de los conciertos.
La lluvia embriaga el espíritu, excita la
inspiración de los poetas y provoca en las almas dotadas de cierto grado de
sensibilidad artística toda una gama de dulces sensaciones y sentimientos.
Hasta los niños y animales ceden vencidos o atrapados en las redes embrujantes
de la lluvia.
De la época de mi niñez, jamás he podido
olvidar el comportamiento asumido por una traviesa y parlanchina cotorrita (la
cuca) que había en mi casa. Desde que una embarazada nubecilla daba a luz su
acuática criatura, una alegría sin igual invadía el ánimo de la vagabunda
cotica y ningún tímpano podía soportar por mucho tiempo el eco casi interminable
de su ininteligible monólogo.
Del gran poeta Pablo Neruda (1904 – 1973 ) se
cuenta que al pasar a vivir a la aldea de Isla Negra (Chile) instaló su casa en
un acantilado frente a una playa de grandes rocas y en cuyo interior ordenó
construir un estudio dedicado a recordar al lluvioso sur chileno que lo vio
nacer.
«Neruda - reseña Enrique
Gutiérrez Aicardi - decidió que la pieza debía tener un techo de
zinc para sentir la lluvia con toda la fuerza con que los aguaceros barren la
tierra en el sur de Chile».
«El estudio - continúa diciendo Gutiérrez Aicardi -tuvo su techo de zinc y allí Neruda se dejó
arrullar por el murmullo de las olas y el tamborileo de la lluvia que le hacía
regresar a sus años de infancia...»
El propio bardo chileno inicia su libro
autobiográfico, “Confieso que he vivido”, diciendo lo siguiente:
«Comenzaré
por decir, sobre los días y años de mi infancia, que mi único personaje
inolvidable fue la lluvia. La lluvia austral que cae como una catarata del
Polo, desde los cielos del Cabo de Hornos hasta la frontera. En esta frontera,
o Far West de mi patria, nací a la vida, a la tierra, a la poesía y a la
lluvia. La lluvia caía en hilos como largas agujas de vidrio que se rompían en
los techos o llegaban en olas transparentes contra las ventanas».
En uno de sus poemas, «El padre», el autor de “Residencia
en la tierra”, inserta los versos que siguen:
«... la lluvia como catarata
despeñada en los techos
ahogaba poco a poco
el mundo
y no se oía nada más que el viento
peleando con la lluvia...»
No sólo
Pablo Neruda. Otros poetas de igual valía también le han cantado a la lluvia.
Como el gran vate español Antonio Machado cuya voz nos parece escuchar allá, en
su natal Sevilla, diciéndonos en una de sus poéticas Galerías:
«Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil
yo vi en las hojas temblando
las frescas lluvias de abril...»
Pero nadie como Juana de Ibarborou (1892 – 1979), o Juana de América, supo plasmar en líricos versos el impacto sentimental que produce en las almas enamoradas ver la lluvia caer “en hilos como largas agujas de vidrio…”, o cuando esta entona su sinfónico concierto al romper en los techos o contra las ventanas. ¿Qué romántico mortal no habrá ordenado alguna vez, como la amada aludida por la insigne poetisa uruguaya: “Llueve… Espera, no te duermas…”?
NOCHE DE LLUVIA
«Llueve...
Espera, no duermas,
estate atento a lo que dice el viento
y a lo que dice el agua que golpea
con sus dedos menudos en los vidrios.
¡Cómo estará de alegre el trigo ondeante!
¡Con qué avidez se esponjará la hierba!
¡Cuántos diamantes colgarán ahora
del ramaje profundo de los pinos!
Espera, no te duermas. Escuchemos
el ritmo de la lluvia.
Apoya entre mis senos
tu frente taciturna.
Yo sentiré el latir de tus dos sienes
palpitantes y tibias,
como si fueran dos martillos vivos
que golpearan mi carne.
Espera, no te duermas. Esta noche
somos los dos un mundo,
aislado por el viento y por la lluvia
entre la cuenca tibia de una alcoba.
Espera, no te duermas. Esta noche
somos acaso la raíz suprema
de donde debe germinar mañana
el tronco bello de una raza nueva»
(Juana de Ibarborou)
miércoles, 3 de marzo de 2021
EL PLURAL DE MODESTIA
Por: DOMINGO CABA RAMOS
« Debemos presentar
nuestras excusas. Llegamos tarde porque andábamos resolviendo un problema en
Santo Domingo…»
El emisor
hablante, mediante esta construcción sintáctica, pretende situarse en un plano
secundario y ocultar su yo tras una pluralidad ficticia. Su empleo está
íntimamente asociado a otros dos tipos de plurales: el mayestático y el sociativo.
Paralelamente al nosotros de modestia, ha tenido y tiene todavía mucho uso el
posesivo nuestro y nuestra con el mismo sentido.
Pero el plural de modestia no solo afecta a
las formas pronominales, sino también a los verbos que en el discurso realizan
las acciones: “Nosotros estamos felices”,
en vez de “yo estoy estoy feliz”. Por eso en la estructura profunda del
mensaje se incurre en discordancia (discordancia deliberada) cuando se utiliza
tanto en forma oral como escrita.
Discordancia deliberada
A veces nos dirigimos a un sujeto singular con
el verbo en plural con la intención de lograr un efecto estilístico deliberado,
bien para participar amablemente en la actividad o estado de nuestros
interlocutores, bien con intención irónica. De esa manera preguntamos a un
enfermo: “¿Cómo estamos?” “¿Qué tal
vamos?”
En ciertas
ocasiones se intenta disminuir la responsabilidad diluyéndola en una pluralidad
ficticia. Se dice, por ejemplo, “Lo hemos
estropeado”, no habiendo más culpable que uno mismo.
La misma
discordancia tiene lugar con el ya referido plural de modestia, el cual hace
hablar a un autor u orador de sí mismo en primera persona del plural (vimos, creemos, pensamos); o con el
plural mayestático representado por el pronombre nosotros: a) ”
Nosotros trabajaremos por el pueblo”, dice el orador en la tribuna.
Si bien
normativamente no se sanciona, el uso abusivo del plural de modestia debe
evitarse. Por varias razones:
a) Puede
sugerir o proyectar la imagen vanidosa o altanera que con él se pretende
evitar. El asunto resulta aún menos aceptable cuando quien utiliza el modesto
estilo se caracteriza por su comportamiento presumido y vanidoso.
b) Le resta
belleza o elegancia a la expresión. Al respecto, nunca olvido las machaconas,
cansonas y antiestéticas palabras pronunciadas por un dirigente político que en
apenas tres minutos de discurso, mencionó nada más y nada menos veinte veces el
pronombre “nosotros”.
c) Le resta
claridad o transparencia a la idea, razón por la cual su uso no se recomienda
en los textos y foros académicos. Así, ante una fórmula como “nosotros consideramos…”, al lector u
oyente se le hace difícil determinar con certeza a quién se está refiriendo el
autor, si a él mismo, o acaso se refiere a un grupo determinado en el cual
dicho autor se incluye. Esa confusión adquiere mayor dimensión cuando el
receptor del mensaje es un niño.
sábado, 27 de febrero de 2021
¿CUÁNDO SE CONSUMÓ DEFINITIVAMENTE LA INDEPENDENCIA NACIONAL?
La noche del 27 de febrero de 1844, los dominicanos no logramos la Independencia Nacional, como a veces se piensa. Esa noche, vale aclararlo, no quedamos libres de los haitianos. Esa noche lo que sucedió fue la proclamación de la independencia con el famoso trabucazo de Matías Ramón Mella. Los haitianos no se dieron por vencidos y fue entonces cuando se iniciaron las llamadas guerras de independencia. ¿Cuáles fueron esas guerras o batallas? :
1)
19 de marzo ( Azua, 1844 )
2)
30 de marzo ( Santiago, 1844 )
3)
El Memiso (Azua, 13 de abril de 1844)
4)
Puerto Tortuguero ( Azua, 13 de abril de 1844 )
5)
La
Estrelleta ( Elías Piña, 17 de septiembre de 1845 )
6)
Beller ( Dajabón, 27 de octubre de 1845)
7)
El Número ( Azua, 17 de abril de 1849 )
8)
Las
Carreras ( Azua, 23 de abril de 1849 )
9)
Santomé (
San Juan, 22 de de diciembre de 1855 )
10)
Cambronal
( Neiba, 22 de diciembre de 1855 )
11)
Sabana Larga ( Dajabón, 24 de enero de 1856 )
¿Qué significa eso?
miércoles, 24 de febrero de 2021
LAS MAÑAS QUE IMPIDEN LA ESCUCHA ACTIVA
jueves, 11 de febrero de 2021
LA LIDOM, LOS CRONISTAS DEPORTIVOS Y EL NOMBRE DE NUESTRO PAÍS
Por: Domingo Caba Ramos.
El fundador de la nacionalidad dominicana, Juan Pablo Duarte, en su muy famoso e histórico Juramento Trinitario, apunta lo siguiente:
«En nombre de la Santísima, augustísima e indivisible Trinidad de Dios Omnipotente, juro y prometo, por mi honor y mi conciencia, en nombre de nuestro presidente, Juan Pablo Duarte, cooperar con mi persona, vida y bienes a la separación definitiva del gobierno haitiano, y a implantar una república libre, soberana e independiente de toda dominación extranjera, que se denominará República Dominicana…»
Mientras que nuestra constitución, en su Art. 1, establece que:
« El pueblo dominicano constituye una Nación organizada en Estado libre e independiente, con el nombre de República Dominicana…»
Eso quiere decir que, según lo ideó el patricio Juan Pablo Duarte y lo consignó luego el legislador en nuestra Carta Magna, el nombre de nuestro país es República Dominicana, no «Dominicana», como se lee en las páginas deportivas y se escucha en la cadena de radio y televisión que todos los años transmite los juegos de béisbol correspondientes a la Serie del Caribe. En otras palabras, aunque no existe en el mundo ningún país llamado «Dominicana», nuestros cronistas deportivos persisten en llamar así a una nación cuyo verdadero nombre es República Dominicana, incurriendo de esa manera en una innecesaria distorsión de la esencia de la auténtica denominación.
Pero no solo los cronistas. En el mismo error incurre la Liga de Béisbol Profesional de la República Dominicana (LIDOM), cuando decide identificar el uniforme del equipo representativo de este país en la Serie del Caribe con el nombre de «Dominicana».
Es posible que se alegue que el nombre que
identifica a nuestra patria es muy largo, y que por esa razón resulta difícil
inscribirlo completo en un uniforme. De ser así, ¿por qué entonces no se
escribe en este REP. DOM., o, simplemente, R.D.?, sigla esta última que
históricamente ha sido utilizada para representar el nombre de la patria de
Duarte, Sánchez, Mella y Luperón.
Al decir simplemente «Dominicana», ¿qué mensaje les
transmiten nuestros cronistas deportivos y la LIDOM a los demás países que
participan en esa caribeña competencia?
Sencillamente, que nuestro país se llama «Dominicana». Por eso no me
extrañó que estando hace ya varios años en México, un nativo de esta nación me
preguntó que si yo era de «Dominicana». Acto seguido le respondí, ocultando
naturalmente mi molestia:
« De “Dominicana” no. Yo soy de
la República Dominicana».
El que el amigo mexicano creyera que así se llamaba mi patria, no me
sorprendió, por cuanto es bien sabido que los medios de comunicación,
conscientes o inconscientemente, y debido a la gran influencia que ejercen,
trazan las pautas en el uso de la lengua. De tanto leer y escuchar el
término «Dominicana», es lógico, pues, que todo extranjero piense
que así se llama la patria que hace casi dos siglos independizó Juan Pablo
Duarte. Y, peor aún, hasta los niños dominicanos podrían pensar lo mismo.
Conviene tener siempre presente que la palabra República forma parte del nombre
de nuestro país, razón por la cual nunca deberá omitirse cuando este se
exprese, ya sea en forma oral como escrita. Con el nombre de República
Dominicana, vale aclarar, sucede lo mismo que con el de La Romana, cuyo artículo antepuesto (La) suele
omitirse, a pesar de ser parte de dicho nombre. Cuando se refieren a esta
ciudad, muchos cronistas deportivos prefieren decir simplemente Romana, como se
aprecia en frases del tipo:
a) « Hoy no habrá juego en Romana…»
b) «En Romana
Escogido vence a Toros»
En el uso de la lengua, conviene siempre recordarlo, no debemos
distorsionar la realidad. En tal virtud, los nombres que designan esa realidad,
hay que emplearlos en su justa, auténtica y completa denominación.





