Por : Domingo Caba Ramos
(A mi buen amigo, veterano comunicador y buen declamador Enrique Fernández)
El paisaje antillano, el mito, lo sensual, lo simbólico, lo espiritual, el Caribe con su música , su danza, su magia y su cultura, la reproducción de los acordes de los tambores africanos , la estructura rítmica del verso lograda mediante el uso de un magistral juegos de palabras y los más variados recursos fónicos del verso español : todo se conjuga en “Majestad Negra” (1924), uno de los poemas representativos de la llamada poesía afroantillana, negroide o de la negritud, compuesta por uno de los autores representativos de esta expresión poética en la poesía hispanoamericana, el puertorriqueño LUIS PALÉS MATOS ( 1858/1959)
Al leerlo, percibimos que todos conocemos o alguna vez hemos visto a “Tembandumba”, representada por cualquiera de las mulatas que se desplazan exhibiendo sus gracias, sus sensuales movimientos y su “caderamen, masa con masa” por los cálidos senderos de los pueblos antillanos.
MAJESTAD NEGRA
Luis Palés Matos
«Por la encendida calle antillana
Va Tembandumba de la Quimbamba
-rumba, macumba, candombe, bámbula-
entre dos filas de negras caras.
Ante ella un congo--gongo y maraca-
ritma una conga bomba que bamba.
Culipandeando la Reina avanza,
Y de su inmensa grupa resbalan
meneos cachondos que el congo cuaja
En ríos de azúcar y de melaza.
Prieto trapiche de sensual zafra,
El caderamen, macon masa,
Exprime ritmos, suda que sangra,
Y la molienda culmina en danza.
Por la encendida calle antillana
Va Tembandumba de la Quimbamba.
Flor de Tórtola, rosa de Uganda,
Por ti crepitan bombas y bámbulas;
Por ti en calendas desenfrenadas
Quema la Antilla su sangre ñáñiga.
Haití te ofrece sus calabazas;
Fogosos rones te da Jamaica;
Cuba te dice: ¡dale, mulata!
Y Puerto Rico: ¡melao, melamba!
¡Sus, mis cocolos de negras caras!
Tronad, tambores; vibrad, maracas.
Por la encendida calle antillana
-
rumba, macumba, candombe, bámbula-
va Tembandumba de la Quimbamba»
domingo, 2 de julio de 2017
viernes, 30 de junio de 2017
JUAN BOSCH
Juan Emilio Bosch Gaviño
Nació en La Vega el 30 de junio de 1909.
Cuentista, ensayista, historiador, biógrafo, político y expresidente de la República Dominicana, Bosch es el más importante cuentista dominicano y una de las grandes voces del cuento latinoamericano contemporáneo. Figura entre los más notables precursores del criollismo y del sociorealismo literarios hispanoamericanos.
Sus cuentos, reunidos esencialmente en los volúmenes Camino real (1933), Cuentos escritos en el exilio (1962, Más cuentos escritos en el exilio (1964) y Cuentos escritos antes del exilio (1975), reflejan la problemática social y política del campesino dominicano.
Además, es autor de una muy difundida teoría sobre el arte de escribir cuentos titulada “Apuntes sobre el arte de escribir cuentos (1958) que ha servido de modelo a muchas generaciones de narradores dominicanos. Escribió dos novelas : “La Mañosa” (1936) y “El Oro y la Paz (1976”
A partir de la década del 60 sus compromisos políticos redujeron considerablemente su producción cuentística y novelística, orientando su carrera literaria hacia el ensayo histórico y sociológico. Murió en Santo Domingo el 1ro. de noviembre del 2001. Sus restos descansan en el cementerio municipal de La Vega.
AL MAESTRO SIN CARIÑO
Por: Domingo Caba Ramos.
(A mis hermanos maestros : Pedro, Gernalda y Basilio Caba Ramos)
Maestros Pedro y Basilio Caba Ramos
Como repite mi exalumno y hoy destacado académico, Juan Francisco Zapata (Pancho), formo parte de una “dinastía” magisterial conformada por los hermanos a quienes está dedicado el presente artículo. Dinastía a la que me integré como cuarto y último miembro, y a la cabeza de la cual se encuentra mi hermano Pedro, competente y consagrado maestro, el cual fue el ejemplo a seguir en nuestra tortuosa, pero placentera trayectoria docente.
Fue Pedro el primero en inculcarnos la idea de que un buen maestro tiene que desempeñar sus delicadas funciones con entrega y responsabilidad, planificar siempre las clases que imparte, leer e investigar mucho para mantenerse actualizado y enseñar siempre con el ejemplo.
Nos enseñó que independientemente del trato nada motivador que recibe, no existen razones para que el maestro se comporte de manera irresponsable en el ejercicio de sus funciones. Y nos enseñó también, que no es verdad que el maestro es un apóstol, como política y maliciosamente han querido presentarlo los sustentadores del status quo, con el deliberado propósito de invalidar cualquier tipo de lucha reivindicativa. Y que de ser así, entonces estaríamos frente a frente a un apóstol afectado por las mismas necesidades y problemas que sufren los demás, y que, por esa razón, está en el deber de reclamar sus derechos en pos de una vida mejor.
Yo creo en el maestro que abraza con pasión el noble oficio que ejerce; pero yo también creo que ese servidor debe tener resueltas sus condiciones materiales de existencia, como afirmaba Carlos Marx. Porque como muy sabiamente dijo en una ocasión el presidente de la General Motors : “ Ningún empleado podrá trabajar con calidad ni mucho menos identificarse con la empresa si está desmotivado, no devenga un salario justo, ni disfruta de una plan de incentivos que le permitan resolver sus problemas fundamentales”
Hoy, 30 de junio, se celebra en nuestro país el “Día del maestro”. El día del ser que ejerce el más noble y digno de los oficios del universo. Este día no habrá gran despliegue publicitario, como ocurre en otras fechas, ni se publicarán, en la prensa nacional, enjundiosos editoriales o apasionados artículos exaltando el trabajo de este abnegado servidor.
Y es que no obstante la importancia de la labor que realiza, al maestro casi nadie lo incentiva, motiva o reconoce su trabajo. Nadie parece entender que sólo él es capaz de borrar las tinieblas de la ignorancia y abrir las puertas del conocimiento. Al contrario, como “recompensa”, el maestro dominicano, extrañamente, lo único que recibe es crítica e interesados cuestionamientos, realidad que lo convierte en el gran vilipendiado. Como bien se registra en las letras de la canción:
“El cura cree que es ateo / y el alcalde comunista / y el cabo jefe de puesto/ dice que es un anarquista…”
La sociedad sólo le pide, pero muy poco le da, empezando por quien más debería concederle ¬: el Estado Dominicano. “Te pago como a un obrero, pero debes enseñar como un científico…”, parece ser la máxima social dominicana.
Estamos conscientes de que tan adversa actitud podría estar alimentada por la práctica irregular de muchos profesores que no han sabido comportarse a la altura de su investidura; pero que debido a la ausencia de un científico programa de supervisión docente, desafortunadamente se mantienen activos provocando más daños que beneficios dentro del sistema educativo. Entre estos, además de incumplidores e incompetentes, los hoy violadores y/acosadores de sus alumnas, y directores y coordinadores acosadores de sus compañeras de trabajo; pero todos ellos, vale reiterar, desgraciadamente yacen vigentes dentro del sistema educativo dominicano.
Un sistema injusto, inhumano, sectario, politizado y altamente contaminado ideológicamente. Un sistema que muy poco ha hecho para premiar y retener a sus mejores talentos, y que no ha sido capaz de establecer categorizaciones importantes técnicamente estructuradas en virtud de las competencias y desempeño de cada quien, evitando así que todos los educadores sean “medidos con la misma vara” o valorados de la misma forma.
Un sistema, en fin, en cuya base se reproducen las irregularidades cometidas en la cúspide por las autoridades que lo administran, las cuales consumen más tiempo defendiendo rabiosamente los intereses del partido en el poder que diseñando planes y programas orientados a desarrollar y modernizar la enseñanza pública. Autoridades que no propician las condiciones materiales y espirituales requeridas para que en nuestras escuelas el maestro se sienta motivado a ejercer su trabajo con alegría y entusiasmo.
Para los maestros de verdad. Para ese maestro sin cariño, activo o pensionado, que en medio de tan desmotivador y adverso panorama laboral es y fue capaz de ejercer con responsabilidad el delicado oficio que la sociedad puso en sus manos, vayan nuestro más sentido y sincero reconocimiento.
(A mis hermanos maestros : Pedro, Gernalda y Basilio Caba Ramos)
Maestros Pedro y Basilio Caba Ramos
Como repite mi exalumno y hoy destacado académico, Juan Francisco Zapata (Pancho), formo parte de una “dinastía” magisterial conformada por los hermanos a quienes está dedicado el presente artículo. Dinastía a la que me integré como cuarto y último miembro, y a la cabeza de la cual se encuentra mi hermano Pedro, competente y consagrado maestro, el cual fue el ejemplo a seguir en nuestra tortuosa, pero placentera trayectoria docente.
Fue Pedro el primero en inculcarnos la idea de que un buen maestro tiene que desempeñar sus delicadas funciones con entrega y responsabilidad, planificar siempre las clases que imparte, leer e investigar mucho para mantenerse actualizado y enseñar siempre con el ejemplo.
Nos enseñó que independientemente del trato nada motivador que recibe, no existen razones para que el maestro se comporte de manera irresponsable en el ejercicio de sus funciones. Y nos enseñó también, que no es verdad que el maestro es un apóstol, como política y maliciosamente han querido presentarlo los sustentadores del status quo, con el deliberado propósito de invalidar cualquier tipo de lucha reivindicativa. Y que de ser así, entonces estaríamos frente a frente a un apóstol afectado por las mismas necesidades y problemas que sufren los demás, y que, por esa razón, está en el deber de reclamar sus derechos en pos de una vida mejor.
Yo creo en el maestro que abraza con pasión el noble oficio que ejerce; pero yo también creo que ese servidor debe tener resueltas sus condiciones materiales de existencia, como afirmaba Carlos Marx. Porque como muy sabiamente dijo en una ocasión el presidente de la General Motors : “ Ningún empleado podrá trabajar con calidad ni mucho menos identificarse con la empresa si está desmotivado, no devenga un salario justo, ni disfruta de una plan de incentivos que le permitan resolver sus problemas fundamentales”
Hoy, 30 de junio, se celebra en nuestro país el “Día del maestro”. El día del ser que ejerce el más noble y digno de los oficios del universo. Este día no habrá gran despliegue publicitario, como ocurre en otras fechas, ni se publicarán, en la prensa nacional, enjundiosos editoriales o apasionados artículos exaltando el trabajo de este abnegado servidor.
Y es que no obstante la importancia de la labor que realiza, al maestro casi nadie lo incentiva, motiva o reconoce su trabajo. Nadie parece entender que sólo él es capaz de borrar las tinieblas de la ignorancia y abrir las puertas del conocimiento. Al contrario, como “recompensa”, el maestro dominicano, extrañamente, lo único que recibe es crítica e interesados cuestionamientos, realidad que lo convierte en el gran vilipendiado. Como bien se registra en las letras de la canción:
“El cura cree que es ateo / y el alcalde comunista / y el cabo jefe de puesto/ dice que es un anarquista…”
La sociedad sólo le pide, pero muy poco le da, empezando por quien más debería concederle ¬: el Estado Dominicano. “Te pago como a un obrero, pero debes enseñar como un científico…”, parece ser la máxima social dominicana.
Estamos conscientes de que tan adversa actitud podría estar alimentada por la práctica irregular de muchos profesores que no han sabido comportarse a la altura de su investidura; pero que debido a la ausencia de un científico programa de supervisión docente, desafortunadamente se mantienen activos provocando más daños que beneficios dentro del sistema educativo. Entre estos, además de incumplidores e incompetentes, los hoy violadores y/acosadores de sus alumnas, y directores y coordinadores acosadores de sus compañeras de trabajo; pero todos ellos, vale reiterar, desgraciadamente yacen vigentes dentro del sistema educativo dominicano.
Un sistema injusto, inhumano, sectario, politizado y altamente contaminado ideológicamente. Un sistema que muy poco ha hecho para premiar y retener a sus mejores talentos, y que no ha sido capaz de establecer categorizaciones importantes técnicamente estructuradas en virtud de las competencias y desempeño de cada quien, evitando así que todos los educadores sean “medidos con la misma vara” o valorados de la misma forma.
Un sistema, en fin, en cuya base se reproducen las irregularidades cometidas en la cúspide por las autoridades que lo administran, las cuales consumen más tiempo defendiendo rabiosamente los intereses del partido en el poder que diseñando planes y programas orientados a desarrollar y modernizar la enseñanza pública. Autoridades que no propician las condiciones materiales y espirituales requeridas para que en nuestras escuelas el maestro se sienta motivado a ejercer su trabajo con alegría y entusiasmo.
Para los maestros de verdad. Para ese maestro sin cariño, activo o pensionado, que en medio de tan desmotivador y adverso panorama laboral es y fue capaz de ejercer con responsabilidad el delicado oficio que la sociedad puso en sus manos, vayan nuestro más sentido y sincero reconocimiento.
jueves, 22 de junio de 2017
VIDA, PASION Y MUERTE DE LOS PRINCIPIOS
Por: Domingo Caba Ramos
«Hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro. Hay otros que padecen como en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor. En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres»
José Martí
En nuestro país hubo una época en que los principios reinaban, existían o tenían sólida vigencia. Era la época en que se le rendía culto a la verdad, al deber y a los valores éticos y morales. Era la época en que al dominicano se le escuchaba decir con inocultable orgullo: "Yo no transijo con mis principios", "Por principios, no acepto o hago eso", " Primero muerto, antes que coger lo ajeno", " Pobre, pero honrado…, etc.,
Pero en el preciso instante en que los antivalores penetraron a su cuerpo vigoroso, los principios comenzaron a perder peso, enflaquecieron, se enfermaron y un buen día murieron. Sólo uno logró salvársele a la muerte: el muy conocido principio maquiavélico que establece aquello de que “El fin justifica los medios”.
A partir de ese momento los verdaderos principios fueron desplazados, los antivalores asumieron el poder y el respeto a los preceptos éticos empezó a considerarse como un comportamiento típico de seres ingenuos, tradicionales o atrasados. Emerge con toda su fuerza la muy famosa “cultura del vivo” y comienza a llamársele “pariguayo”, “tonto” o “pendejo” a toda persona caracterizada por su honesto comportamiento; pero muy particularmente a todo aquel que habiendo desempeñado un cargo ejecutivo en la administración pública no se enriqueció ni hizo uso indebido de los bienes del Estado.
Cumplir o no con lo prometido poco parece importar. Sentimientos como la vergüenza y la culpa se van borrando progresivamente del mural de nuestras conciencias, y nuevas frases entran a formar parte del repertorio lingüístico de los dominicanos: “El serio no goza”, “Eso lo lograré caiga quien caiga”, “Punta de lápiz no mata a nadie”, “A quien yo le debo es que tiene que preocuparse”, “Por no aprovecharse o estar privando en serio , ahora se lo está llevando el diablo”, y otras expresiones que delatan hasta dónde ha llegado en nuestro país la inversión de valores.
Dentro de ese proceso de degradación moral que actualmente corroe los cimientos éticos de la sociedad dominicana es que se enmarcan, por citar sólo algunas, prácticas como los sobornos de Odebrecht, el transfuguismo, la compra y venta de votos en los procesos electorales, los robos y actos de corrupción cometidos durante el pasado reciente en Aduanas y, de manera recurrente, en otras áreas de la administración pública. `
Y como resultado de esa inversión de valores o muerte de los principios es que la mayor parte de los dominicanos critica implacablemente a todo el que adopta un comportamiento íntegro y honesto, y admira, idolatra y le rinde un culto casi sacrosanto a toda persona asociada al crimen, al dolo, especialmente a quienes se han hecho ricos o millonarios mediante el robo, el narcotráfico y el peculado.
«Hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro. Hay otros que padecen como en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor. En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres»
José Martí
En nuestro país hubo una época en que los principios reinaban, existían o tenían sólida vigencia. Era la época en que se le rendía culto a la verdad, al deber y a los valores éticos y morales. Era la época en que al dominicano se le escuchaba decir con inocultable orgullo: "Yo no transijo con mis principios", "Por principios, no acepto o hago eso", " Primero muerto, antes que coger lo ajeno", " Pobre, pero honrado…, etc.,
Pero en el preciso instante en que los antivalores penetraron a su cuerpo vigoroso, los principios comenzaron a perder peso, enflaquecieron, se enfermaron y un buen día murieron. Sólo uno logró salvársele a la muerte: el muy conocido principio maquiavélico que establece aquello de que “El fin justifica los medios”.
A partir de ese momento los verdaderos principios fueron desplazados, los antivalores asumieron el poder y el respeto a los preceptos éticos empezó a considerarse como un comportamiento típico de seres ingenuos, tradicionales o atrasados. Emerge con toda su fuerza la muy famosa “cultura del vivo” y comienza a llamársele “pariguayo”, “tonto” o “pendejo” a toda persona caracterizada por su honesto comportamiento; pero muy particularmente a todo aquel que habiendo desempeñado un cargo ejecutivo en la administración pública no se enriqueció ni hizo uso indebido de los bienes del Estado.
Cumplir o no con lo prometido poco parece importar. Sentimientos como la vergüenza y la culpa se van borrando progresivamente del mural de nuestras conciencias, y nuevas frases entran a formar parte del repertorio lingüístico de los dominicanos: “El serio no goza”, “Eso lo lograré caiga quien caiga”, “Punta de lápiz no mata a nadie”, “A quien yo le debo es que tiene que preocuparse”, “Por no aprovecharse o estar privando en serio , ahora se lo está llevando el diablo”, y otras expresiones que delatan hasta dónde ha llegado en nuestro país la inversión de valores.
Dentro de ese proceso de degradación moral que actualmente corroe los cimientos éticos de la sociedad dominicana es que se enmarcan, por citar sólo algunas, prácticas como los sobornos de Odebrecht, el transfuguismo, la compra y venta de votos en los procesos electorales, los robos y actos de corrupción cometidos durante el pasado reciente en Aduanas y, de manera recurrente, en otras áreas de la administración pública. `
Y como resultado de esa inversión de valores o muerte de los principios es que la mayor parte de los dominicanos critica implacablemente a todo el que adopta un comportamiento íntegro y honesto, y admira, idolatra y le rinde un culto casi sacrosanto a toda persona asociada al crimen, al dolo, especialmente a quienes se han hecho ricos o millonarios mediante el robo, el narcotráfico y el peculado.
jueves, 1 de junio de 2017
¡«SE SOITÓ TIODORO…»!
(Pintorescas y modernas formas de enterrar a nuestros muertos)
Por: Domingo Caba Ramos
Lunes 8 de mayo del 2017, 3p.m. Aquella soleada tarde, encendí mi vehículo y partí hacia la ciudad de Moca a realizar una de mis habituales diligencias en la llamada Villa Heroica o Villa del Viaducto. Negros nubarrones presagiaban la presencia inminente de la lluvia, a la vez que le restaban intensidad a los calcinantes rayos de un sol primaveral.
Al llegar al poblado de Licey al Medio, momentáneamente tuve que detenerme. Por la vía contraria se desplazaba una larga caravana de vehículos, compuesta mayoritariamente por motocicletas, y franqueada por una guagüita “tumbacocos”, provista de un “rompetímpanos” equipo de sonido, cuya estridencia posibilitaba que hasta en Moca, en el Palacio de Justicia, el Peregrino escuchara el muy efusivo “Se soltó Teodoro”, emitido por el bachatero que lleva este nombre, en medio de la interpretación de la movida bachata que tronaba a través de sus potentes bocinas:
«Vuelve…/ que no resisto,
seguir viviendo/ en este infierno,
sin una mami / que me acaricie,
que me añoñe / que me mime,
vuelve mami con tu papá,
vuelve morena con tu papá…»
Detrás de la sonora guagüita, iba el carro fúnebre con el cadáver que minutos después, y bajo una lluvia de “romos”, quedaría sepultado en el camposantos del pequeño y combativo pueblo. Y a continuación del fúnebre vehículo, en la parte trasera de un “motor”, un moreno de canoso cabello y escasos dientes ordeñaba el último trago de un Brugal Carta Dorada que orgullosamente exhibía cada vez que levantaba los brazos en cruz, al mismo tiempo que vociferaba a mandíbulas batientes: «Ei diablo, coño, “se soitó Tiodoro”»
Igual expresión de algarabía mostraban quienes le seguían. Era tal la atmósfera festiva que allí se respiraba, que hasta el cadáver, no lo dudo, estaría también saltando de alegría el interior del ataúd.
Reanudé la marcha.
Ya en Moca, se me ocurrió pasar frente al Palacio de Justicia, donde se le conocía medida de coerción al famoso peregrino de esta demarcación. Sin salir del carro, allí me detuve un rato. La tensión reinaba en la heroica ciudad, y el nerviosismo de los agentes del orden era más que evidente. Los ánimos estaban muy, pero muy caldeados. Los eslóganes antigubernamentales y antipoliciales no cesaban. En el área no cabía un alma más. A ritmo de redoblantes y canciones de contenido libertario, cientos de personas esperaban la decisión del tribunal.
Mientras tanto allá, en alto cielo, las nubes se tornaban cada vez más grises, cada vez más amontonadas. De ahí que de repente, “Rauda, pesada, cantando broncas canciones, la lluvia llegó…”. La multitud se dispersó; pero los redoblantes no dejaron de escucharse. Yo, por mi parte, continué rumbo a mi destino.
Abandoné el lugar dejando tras de mí el canto siempre armónico de la lluvia, el bullicio de las masas solidarias y el eco repiqueteado de los tambores; mas, a pesar de todo, las imágenes del moderno y folklórico entierro de Licey al Medio no se apartaban de mi cerebro.
Por eso en cada tramo recorrido me parecía presenciar un carro fúnebre, franqueado por una guagua provista de un potente equipo de sonido, seguido por pintorescos, libadores y gozosos enterradores que después de ordeñar “con paciencia la gota de la última botella…”elevaban sus brazos hacia el cielo para proclamar a todo pulmón:
«Ei diablo, coño, “se soitó Tiodoro”»
Por: Domingo Caba Ramos
Lunes 8 de mayo del 2017, 3p.m. Aquella soleada tarde, encendí mi vehículo y partí hacia la ciudad de Moca a realizar una de mis habituales diligencias en la llamada Villa Heroica o Villa del Viaducto. Negros nubarrones presagiaban la presencia inminente de la lluvia, a la vez que le restaban intensidad a los calcinantes rayos de un sol primaveral.
Al llegar al poblado de Licey al Medio, momentáneamente tuve que detenerme. Por la vía contraria se desplazaba una larga caravana de vehículos, compuesta mayoritariamente por motocicletas, y franqueada por una guagüita “tumbacocos”, provista de un “rompetímpanos” equipo de sonido, cuya estridencia posibilitaba que hasta en Moca, en el Palacio de Justicia, el Peregrino escuchara el muy efusivo “Se soltó Teodoro”, emitido por el bachatero que lleva este nombre, en medio de la interpretación de la movida bachata que tronaba a través de sus potentes bocinas:
«Vuelve…/ que no resisto,
seguir viviendo/ en este infierno,
sin una mami / que me acaricie,
que me añoñe / que me mime,
vuelve mami con tu papá,
vuelve morena con tu papá…»
Detrás de la sonora guagüita, iba el carro fúnebre con el cadáver que minutos después, y bajo una lluvia de “romos”, quedaría sepultado en el camposantos del pequeño y combativo pueblo. Y a continuación del fúnebre vehículo, en la parte trasera de un “motor”, un moreno de canoso cabello y escasos dientes ordeñaba el último trago de un Brugal Carta Dorada que orgullosamente exhibía cada vez que levantaba los brazos en cruz, al mismo tiempo que vociferaba a mandíbulas batientes: «Ei diablo, coño, “se soitó Tiodoro”»
Igual expresión de algarabía mostraban quienes le seguían. Era tal la atmósfera festiva que allí se respiraba, que hasta el cadáver, no lo dudo, estaría también saltando de alegría el interior del ataúd.
Reanudé la marcha.
Ya en Moca, se me ocurrió pasar frente al Palacio de Justicia, donde se le conocía medida de coerción al famoso peregrino de esta demarcación. Sin salir del carro, allí me detuve un rato. La tensión reinaba en la heroica ciudad, y el nerviosismo de los agentes del orden era más que evidente. Los ánimos estaban muy, pero muy caldeados. Los eslóganes antigubernamentales y antipoliciales no cesaban. En el área no cabía un alma más. A ritmo de redoblantes y canciones de contenido libertario, cientos de personas esperaban la decisión del tribunal.
Mientras tanto allá, en alto cielo, las nubes se tornaban cada vez más grises, cada vez más amontonadas. De ahí que de repente, “Rauda, pesada, cantando broncas canciones, la lluvia llegó…”. La multitud se dispersó; pero los redoblantes no dejaron de escucharse. Yo, por mi parte, continué rumbo a mi destino.
Abandoné el lugar dejando tras de mí el canto siempre armónico de la lluvia, el bullicio de las masas solidarias y el eco repiqueteado de los tambores; mas, a pesar de todo, las imágenes del moderno y folklórico entierro de Licey al Medio no se apartaban de mi cerebro.
Por eso en cada tramo recorrido me parecía presenciar un carro fúnebre, franqueado por una guagua provista de un potente equipo de sonido, seguido por pintorescos, libadores y gozosos enterradores que después de ordeñar “con paciencia la gota de la última botella…”elevaban sus brazos hacia el cielo para proclamar a todo pulmón:
«Ei diablo, coño, “se soitó Tiodoro”»
viernes, 26 de mayo de 2017
LA MADRE QUE NO SE VE NI TIENE QUIEN LE ESCRIBA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACÓN DE LA REPÚBLICA DOMINICANA
Por: Domingo Caba Ramos
1. Esa madre, verdadera heroína sin nombre, que después de salir de su centro de trabajo a las 5 o 6 de la tarde, parte hacia la universidad u otro centro educativo a recibir clases hasta las diez de la noche, poco o nada importa para fines de reportes en los medios de comunicación de nuestro país, con motivo del “Día de las madres”
2. Aquella madre, que con los pocos pesos que le pagan, planchando, lavando y cocinando en una casa de familia logra que todos sus hijos se conviertan en profesionales, poco o nada importa para fines de amplios reportajes en los medios de comunicación social de la República Dominicana, con motivo del “Día de las madres”
3. Y esa madre viuda, divorciada, soltera, también auténtica heroína sin nombre, que a base de múltiples esfuerzos y sacrificios logró "echar sus hijos hacia adelante”, tampoco merece que su foto aparezca publicada en un periódico, que se le realice una entrevista especial, ni que de ella se hable en los medios de comunicación social de la República Dominicana, con motivo del “Día de las madres”
4. Tampoco merece un espacio en nuestros medios de comunicación, con motivo del “Día de las madres”, ese digno y honorable ser llamado “Marchanta”, que a lomo de flaco y cansado jumento, y desafiando los rigores de un sol que quema y un frío que corta, se desplaza cada día por las las calles polvorientas de la Gran Ciudad, ofertando el producto cuya venta le permitirán comprar el alimento, el vestido, las medicinas y los útiles escolares para el hijo que espera en casa.
A MODO DE CONCLUSIÓN:
Resulta extremadamente fácil ser “buena madre” cuando esta cuenta con los recursos económicos que le permitan enfrentar problemas o tener resueltas sus condiciones materiales de existencia. La grandeza del rol materno se pone de manifiesto cuando esos recursos son limitados, escasean o brillan por su ausencia.
1. Esa madre, verdadera heroína sin nombre, que después de salir de su centro de trabajo a las 5 o 6 de la tarde, parte hacia la universidad u otro centro educativo a recibir clases hasta las diez de la noche, poco o nada importa para fines de reportes en los medios de comunicación de nuestro país, con motivo del “Día de las madres”
2. Aquella madre, que con los pocos pesos que le pagan, planchando, lavando y cocinando en una casa de familia logra que todos sus hijos se conviertan en profesionales, poco o nada importa para fines de amplios reportajes en los medios de comunicación social de la República Dominicana, con motivo del “Día de las madres”
3. Y esa madre viuda, divorciada, soltera, también auténtica heroína sin nombre, que a base de múltiples esfuerzos y sacrificios logró "echar sus hijos hacia adelante”, tampoco merece que su foto aparezca publicada en un periódico, que se le realice una entrevista especial, ni que de ella se hable en los medios de comunicación social de la República Dominicana, con motivo del “Día de las madres”
4. Tampoco merece un espacio en nuestros medios de comunicación, con motivo del “Día de las madres”, ese digno y honorable ser llamado “Marchanta”, que a lomo de flaco y cansado jumento, y desafiando los rigores de un sol que quema y un frío que corta, se desplaza cada día por las las calles polvorientas de la Gran Ciudad, ofertando el producto cuya venta le permitirán comprar el alimento, el vestido, las medicinas y los útiles escolares para el hijo que espera en casa.
A MODO DE CONCLUSIÓN:
Resulta extremadamente fácil ser “buena madre” cuando esta cuenta con los recursos económicos que le permitan enfrentar problemas o tener resueltas sus condiciones materiales de existencia. La grandeza del rol materno se pone de manifiesto cuando esos recursos son limitados, escasean o brillan por su ausencia.
miércoles, 24 de mayo de 2017
DE LA MADRE IRRACIONAL A LA MADRE HUMANA
(A nuestra siempre recordada madre, doña Librada, veinte años después de su muerte repentina)
Por: Domingo Caba Ramos.
Doña Librada Ramos Vda. Caba
«Veinte años ya que no está,
de cuerpo presente ella,
hoy trabaja como estrella,
allá en la eternidad,
con tu ejemplo y tu bondad,
tu ternura y regocijo,
hoy en día no me aflijo,
no más que me da emoción,
¡madre de mi corazón,
siempre en la mente e tus hijos!»
(Roberto Carreño Arias: poeta popular chileno)
Aunque el amor materno parece ser el mismo en todos los seres lo cierto es que en términos de la extensión de ese amor, existen marcadas diferencias entre la madre racional y la madre humana. Los rasgos comunes del amor expresado por una y otra madre pueden resumirse como sigue:
La madre mujer, con inigualable ternura arrulla, amamanta y alimenta a sus criaturas. Lo mismo hace la madre animal (gata, gallina, leona, perra…)
La madre humana, con celo incomparable, cuida y protege a sus retoños. Lo mismo hace la madre irracional.
La madre racional se torna nerviosa, tensa y desesperada cuando pierde el contacto con sus inocentes vástagos o percibe que la vida de cada uno corre peligra. Lo mismo le sucede a la madre irracional.
La madre pensante enfrenta a todo ser que pretenda producirles daños a sus niños. Igual conducta adopta la madre animal.
Pero no obstante esos rasgos comunes, en la manifestación del amor de una y otra madre, como ya se explicó, se aprecian notables diferencias:
El amor de la madre humana es eterno, nunca termina, esto es, la madre mujer, diferente a la animal, siempre será madre. Nunca abandonará a sus hijos aunque hayan dejado ya de ser niños. Siempre los protegerá, siempre les bridará su maternal ternura, independientemente de su edad y crecimiento.
La madre irracional, por el contrario, abandonará a sus hijos en el mismo momento en que estos demuestren que pueden valerse por sí mismos. Así lo describe magistralmente José Joaquín Fernández Lizardi (1776 – 1827), padre de la novela hispanoamericana, en su obra Periquillo Sarmiento (1987, pág. 152):
« ¡Con qué constancia no está la gallina – afirma Fernández Lizardi - lastimándose el pecho veinte días sobre los huevos! Cuando los siente animados, ¡con qué prolijidad rompe los cascarones para ayudar a salir a los pollitos! Salidos estos, ¡con qué eficacia los cuida! ¡Con qué amor los alimenta! ¡Con qué ahínco los defiende! ¡Con qué cachaza los tolera, y con qué cuidado los abriga! »
Pero no solo las gallinas, « Pues a proporción hacen esto mismo con sus hijos – aclara Fernández Lizardi – la gata, la perra, la yegua, leona y todas las demás madres brutas; pero cuando ya sus hijos han crecido, cuando ya han salido de la edad pueril, y pueden buscar el alimento por sí mismos, al momento acaba el amor y el chiqueo, y con el pico, dientes y testas, los arrojan de sí para siempre. No así las madres racionales. ¡Qué enfermedades no sufren en la preñez! ¡Qué dolores y a qué riesgos no se exponen en el parto! ¡Qué achaques, qué cuidados y desvelos no toleran en la crianza! Y después de criados, esto es, cuando ya el niño deja de serlo, cuando es joven y pude subsistir por sí solo, jamás cesan en la madre sus afanes, ni se amortigua su amor, ni fenecen sus cuidados. Siempre es madre, y siempre ama a sus hijos con la misma constancia y el mismo entusiasmo»
« Si obraran con nosotros como las gallinas, y su amor solo durara a medida de nuestra infancia – concluye el novelista – todavía no podíamos pagarlas el bien que nos hicieron ni agradecerlas las fatigas que les costamos, pues no es poco el deberlas la existencia física y el cuidado de su conservación»
¿Qué mensaje nos quiere transmitir Fernández Lizardi en los párrafos precitados?
Sencillamente que el amor de madre es eterno, nunca termina. Y tan eterno es, que aún después de la muerte, la madre, desde su morada del más allá, parece continuar cuidando, protegiendo y vigilando los pasos de cada uno de sus hijos.
¡Felicidades a todas las madres dominicana en su día!
Por: Domingo Caba Ramos.
Doña Librada Ramos Vda. Caba
«Veinte años ya que no está,
de cuerpo presente ella,
hoy trabaja como estrella,
allá en la eternidad,
con tu ejemplo y tu bondad,
tu ternura y regocijo,
hoy en día no me aflijo,
no más que me da emoción,
¡madre de mi corazón,
siempre en la mente e tus hijos!»
(Roberto Carreño Arias: poeta popular chileno)
Aunque el amor materno parece ser el mismo en todos los seres lo cierto es que en términos de la extensión de ese amor, existen marcadas diferencias entre la madre racional y la madre humana. Los rasgos comunes del amor expresado por una y otra madre pueden resumirse como sigue:
La madre mujer, con inigualable ternura arrulla, amamanta y alimenta a sus criaturas. Lo mismo hace la madre animal (gata, gallina, leona, perra…)
La madre humana, con celo incomparable, cuida y protege a sus retoños. Lo mismo hace la madre irracional.
La madre racional se torna nerviosa, tensa y desesperada cuando pierde el contacto con sus inocentes vástagos o percibe que la vida de cada uno corre peligra. Lo mismo le sucede a la madre irracional.
La madre pensante enfrenta a todo ser que pretenda producirles daños a sus niños. Igual conducta adopta la madre animal.
Pero no obstante esos rasgos comunes, en la manifestación del amor de una y otra madre, como ya se explicó, se aprecian notables diferencias:
El amor de la madre humana es eterno, nunca termina, esto es, la madre mujer, diferente a la animal, siempre será madre. Nunca abandonará a sus hijos aunque hayan dejado ya de ser niños. Siempre los protegerá, siempre les bridará su maternal ternura, independientemente de su edad y crecimiento.
La madre irracional, por el contrario, abandonará a sus hijos en el mismo momento en que estos demuestren que pueden valerse por sí mismos. Así lo describe magistralmente José Joaquín Fernández Lizardi (1776 – 1827), padre de la novela hispanoamericana, en su obra Periquillo Sarmiento (1987, pág. 152):
« ¡Con qué constancia no está la gallina – afirma Fernández Lizardi - lastimándose el pecho veinte días sobre los huevos! Cuando los siente animados, ¡con qué prolijidad rompe los cascarones para ayudar a salir a los pollitos! Salidos estos, ¡con qué eficacia los cuida! ¡Con qué amor los alimenta! ¡Con qué ahínco los defiende! ¡Con qué cachaza los tolera, y con qué cuidado los abriga! »
Pero no solo las gallinas, « Pues a proporción hacen esto mismo con sus hijos – aclara Fernández Lizardi – la gata, la perra, la yegua, leona y todas las demás madres brutas; pero cuando ya sus hijos han crecido, cuando ya han salido de la edad pueril, y pueden buscar el alimento por sí mismos, al momento acaba el amor y el chiqueo, y con el pico, dientes y testas, los arrojan de sí para siempre. No así las madres racionales. ¡Qué enfermedades no sufren en la preñez! ¡Qué dolores y a qué riesgos no se exponen en el parto! ¡Qué achaques, qué cuidados y desvelos no toleran en la crianza! Y después de criados, esto es, cuando ya el niño deja de serlo, cuando es joven y pude subsistir por sí solo, jamás cesan en la madre sus afanes, ni se amortigua su amor, ni fenecen sus cuidados. Siempre es madre, y siempre ama a sus hijos con la misma constancia y el mismo entusiasmo»
« Si obraran con nosotros como las gallinas, y su amor solo durara a medida de nuestra infancia – concluye el novelista – todavía no podíamos pagarlas el bien que nos hicieron ni agradecerlas las fatigas que les costamos, pues no es poco el deberlas la existencia física y el cuidado de su conservación»
¿Qué mensaje nos quiere transmitir Fernández Lizardi en los párrafos precitados?
Sencillamente que el amor de madre es eterno, nunca termina. Y tan eterno es, que aún después de la muerte, la madre, desde su morada del más allá, parece continuar cuidando, protegiendo y vigilando los pasos de cada uno de sus hijos.
¡Felicidades a todas las madres dominicana en su día!
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