jueves, 20 de octubre de 2011

TAMBORIL, SU NUEVO PARQUE Y LAS VUELTAS ANTIGUAS.

La alcaldía del municipio de Tamboril inauguró en agosto recién pasado la remodelación del parque central de esta localidad, el parque “Doña Trina de Moya”, posiblemente uno de los más hermosos de la región del Cibao.

Eso quiere decir que los tamborileños, muy particularmente los ausentes radicados en los Estados Unidos que en el presente mes han regresado para disfrutar las fiestas patronales que a en su pueblo celebran, están estrenando, más que una reconstrucción, un nuevo parque.

Aunque parezca extraño, construir una obra de esa naturaleza, casi siempre resulta más fácil que preservar, no solo sus instalaciones o imagen física, sino también la tranquilidad e imagen moral que esperan los ciudadanos. Y es más difícil esto último por cuanto implica la adopción de drásticas medidas contra aquellos que en su espacio actúen de manera indecorosa y con espíritu destructivo. Así se lo manifesté el día de acto inaugural a mi amigo, exalumno y hoy alcalde, Anyolino Germosén; pero no solo las autoridades del ayuntamiento deben velar por el mantenimiento y buena imagen del parque cuyo nombre honra la memoria de la autora de las letras del “Himno a las madres”

Esa es una tarea de todos porque todos con el pago de sus impuestos hicieron posible la construcción de la obra, y a todos, por tanto, esa obra les pertenece.

Hablar del parque de Tamboril, es recordar, necesariamente, las clásicas vueltas, que impulsadas por la llama de la pasión, ejecutaban los jóvenes en parejas, románticos giros , producto de los cuales posiblemente sean muchos los matrimonios que hoy por ahí se encuentren y los mortales, talvez sin apellidos, que por las calles de la Pajiza Aldea deambulen . Por eso en relación con el parque y las hoy desusadas vueltas, hace dos años escribí yo en este mismo diario lo siguiente:

“Dicho parque cubrió todo una época de ensueños, romanticismo, armonía y sana convivencia municipal. Una época en la que la familia tamborileña se concentraba allí, tarde y noche, especialmente los fines de semana, para airearse con la fresca brisa que se desprendía de la copa de los árboles, o deleitarse con los acordes ejecutados por la banda de música, brillantemente dirigida por el maestro Hussaíno Germosén, en las entonces famosas y hoy desafortunadamente desaparecidas retretas dominicales. Una época en la que parejas de jóvenes enamorados, con sus manos entrelazadas, se sentaban en los bancos del parque a intercambiar las más sugerentes, amorosas y románticas de las miradas, o procedían a darle a este vueltas y vueltas que en ocasiones parecían interminables “(23/8/2009)

Y afirmaba más adelante:

“Hoy, el parque de Tamboril ya no es el mismo. Su esencia recreativo – familiar hace tiempo se perdió. La globalización y la posmodernidad arrasaron con ella. Se trata, el de Tamboril, un parque concebido y por mucho tiempo utilizado para el sano esparcimiento ; pero en donde hoy se oye de todo, se ve de todo, se hace de todo , se consume de todo y se acepta todo, especialmente después de la media noche…)

Las vueltas al parque, otrora costumbre típica de los tamborileños, es hoy cosas del pasado. La postmodernidad con su aceleramiento, desprecio a las tradiciones y carencia de arrebatos románticos barrió con ellas; pero el pueblo, sin embargo, ha vuelto a visitar a su parque, ha recobrado su confianza. Esperamos que esa confianza se mantenga y que con el concurso de todos, el parque de Tamboril vuelva a parecerse a lo que antes fue : un lugar de sano esparcimiento espiritual.

jueves, 13 de octubre de 2011

LA CRISIS DE LA PALABRA

Un amigo y profesor del CURSA ( UASD ), hace tres años, me motiva para que inicie un proyecto de investigación, y hasta me ofrece sus servicios gratuitos para orientarme y colaborar en todo lo relativo a su desarrollo .Vía correo electrónico, un año después, le envío copia del contenido del anteproyecto . Como veo que pasan los días y no recibo respuestas, lo llamo y le pregunto si recibió el mensaje.

-“Sí, lo recibí – me contestó –. Tan pronto lo lea te llamo o te mando por e-mail mis observaciones” Todavía estoy esperando la llamada y las susodichas observaciones.

Otro amigo llama un viernes cualquiera y me dice:

-Espérame mañana sábado, a las 9 a.m. que urgentemente necesito consultarte algo. A pesar de que no podía esperarlo, por razones de compromisos laborales, lo esperé, dado el carácter “urgente” del problema que lo afectaba. Esperé, esperé y esperé, pero mi amigo nunca llegó.

Al día siguiente, domingo, me encuentro con él en una de las playas de la costa norte de nuestro país. Se bañaba junto a su entonces prometida en las turbulentas y siempre frescas aguas del Océano Atlántico. Tan pronto me vio se acercó a mí, me saludó con inigualable cortesía y afecto, y me habló de todo, menos del “plantón” que el día anterior me había dado. Ni una sola excusa, ni una sola palabra para justificar la falta cometida.

Al ver que no lo hizo, me ví obligado a recordarle o referirme a su acto de irresponsabilidad:

“Créeme – le dije con inocultable ironía - que te envidio y felicito de todo corazón. Los sinvergüenzas y charlatanes como tú, no mueren del corazón…”

Casos como los antes citados se repiten diariamente, y los mismos ponen de manifiesto un hecho bastante preocupante: la palabra, en la República Dominicana, está muy, pero muy en crisis. Ya pocos sienten orgullo o se interesan por cumplirla. La crisis de valores barrió con ella. Quedar bien o mal da lo mismo. Cumplir es lo mismo que incumplir. El culto a la palabra empeñada, que con tanta vehemencia nos enseñaron los mayores, hace tiempo se borró de nuestro universo mental. Hay que “salir del paso”. Hay que allantar. “Hay que vivir la vida”. Hay que “evitar la fatiga”. Hay que evitar, como recomiendan los estoicos, todo lo que nos provoque intranquilidad y desasosiego.

El sentimiento de solidaridad hace años murió. Ya nadie siente placer por servirle a nadie que no sean los parientes más cercanos. Nadie se siente comprometido a servirle a nadie que no sea su propio yo. Cuando solicitas un servicio, por más sencillo que este sea, con mucho respeto y cortesía todos te dicen que sí; pero muy pocos convierten en realidad ese sí. Vivimos la Era del Yo. Nada que no afecte mi Yo tiene importancia. Hasta las excusas que antes suplían el vacío de las palabras incumplidas han desaparecido del repertorio léxico.

Cada día que amanece comenzamos a operar como si estuviéramos dirigido por un ser invisible que durante todo el día nos repite: “Si puedes cumplir con tus palabras, hazlo. De lo contrario, no te mueras por eso…”

“Todo está en la palabra”, escribió Pablo Neruda. Pero eso sería así en los tiempos del laureado chileno, poeta y Premio Nóbel de Literatura.

Hoy, en los tiempos de la globalización, postmodernos y del Hombre Light, el planteo nerudiano parece letras muertas.

miércoles, 24 de agosto de 2011



POLITICA, POLITICOS Y CARGOS PUBLICOS EN LA REPUBLICA DOMINICANA


Indudablemente que en términos de oportunidades políticas, la República Dominicana es todo un paraíso.

Si bien Aristóteles proclamó que el hombre es un animal político, la realidad nacional nos ha enseñado que el dominicano parece ser el más político de todos los animales.

En esta encantadora tierra de Duarte, Sánchez, Mella, Caamaño y Luperón, todos desean y se creen aptos para ser líderes de un partido político. Todos aspiran a desempeñar un cargo en el gobierno. Y a cualquier individuo se le otorga dicho cargo.

No importa que apenas sepa leer o escribir. No importa que su moral esté por el suelo. Lo importante es lograr el objetivo. Lo demás se resuelve sobre la marcha. Si ansía el puesto, al puesto irá. Las trabas o restricciones para llegar hasta él son mínimas.

La propia Constitución de la República es bastante permisiva en ese sentido. Según esta, todo ciudadano dominicano, sin importar que sea analfabeto, ciego, loco, mudo, alcohólico, sordo, anciano, narcotraficante, drogadicto, violador, sinverguenza y delincuente, goza del sagrado derecho de optar por un cargo a diputado, síndico, senador, regidor o presidente del país; esto es, no contempla limitaciones al respecto.

Y como bien lo aclara el mismo texto constitucional: “A nadie se le puede obligar a hacer lo que la ley no manda ni impedírsele lo que ley no prohíbe".

¿Cuáles son los verdaderos propósitos que animan a muchos compatriotas cuando deciden incursionar en el mundo contradictorio de la política o lanzarse tras la búsqueda de una función representativa en la administración pública?

Dejemos que sea uno de los más preclaros representantes del pensamiento social de principios del siglo XX quien dé respuestas a tan importante interrogante. Nos referimos al doctor Francisco Eugenio Moscoso Puello (1885 - 1959), médico, novelista, ensayista, y quien en sus famosas Cartas a Evelina (1935) nos presenta un cuadro general acerca de las debilidades ideológicas de los grupos gobernantes y económicamente poderosos de la época :

“Un hombre sin cargo público en este país - explica Moscoso Puello en la carta número siete (7) de la citada obra (Página 42) - no es un hombre completo. Un cargo público es indispensable para cumplir con los fines de la vida. La vida es algo, pero el cargo es casi todo. Un hombre sin cargo público es una cosa, un artefacto, no se le toma en cuenta nunca, ni siquiera se le mira”. (Pág. 42).

Fácilmente se advierte que el autor, con magistral ironía, desea transmitir al lector la idea de que es costumbre en la política criolla la práctica de utilizar las posiciones gubernamentales como medio de proyección y/o protección individual, y no como vías para resolver problemas colectivos. Tal idea aparece más explícitamente expresada cuando afirma que:

“Así pues, para salir del montón anónimo en este país, hay que tener un cargo, no importa cual, el asunto es que no le llamen a uno por su nombre, esto es muy vulgar y no tiene significación. No es lo mismo Don Pancho a secas que Don Pancho el Alguacil” (Pág. 43).

¿Qué es la política para Moscoso Puello?

“Es la ciencia de hacer la felicidad de las comunidades por medio de la Ley” (Pág. 42). De esta manera, el autor muestra una clara y definida conciencia acerca de cuáles son los verdaderos propósitos que deben inspirar toda acción política. Más, sin embargo, el autor de la novela ”Cañas y bueyes” ( 1936) está convencido de que para la gran mayoría de dominicanos, la política es otra cosa:

"Es el arte de vivir del Estado y este no viene a ser en definitiva más que una Sociedad de Socorro Mutuo, una especie de Monte Pío, en el cual se reciben todo género de servicios a determinado tipo de interés, y los cuales pueden variar, desde la delación hasta el acto de heroísmo más escandaloso…" ( Pág. 18)

Pero no solo eso. Para el conocido narrador e investigador de nuestro mundo natural, la política es, además, " la ciencia de los audaces, la ciencia de los cínicos, lo cual he estado a punto de creer muchas veces, debido a la rareza con que los hombres dignos son escogidos para conducir los pueblos” (Pág. 44).

Y en lo que atañe a su punto de vista sobre lo que para él son los políticos, el juicio al respecto no pudo resultar menos placentero:

“Los políticos constituyen una casta especial de hombres, infeccionados de un egoísmo morboso, devorados por las más bajas pasiones que usted pueda imaginarse y que aman apasionadamente la Hacienda Pública. La verdadera calamidad del trópico, son estos señores políticos, los mosquitos, los huracanes y el paludismo” (Pág. 45).

Para nadie es un secreto que en nuestro país un buen número de funcionarios, pertenecientes a todos los partidos, llegan a las oficinas públicas en estado de absoluta miseria, y salen de allí ricos y poderosos. En otras palabras, se aprovechan de sus funciones para hacerse millonarios. En sintonía con estos planteamientos, el escritor que nos ocupa comenta lo siguiente:

“Los cargos públicos constituyen un medio de vida, el único medio de vida, cuando se aspira a una vida cómoda y desahogada” (Pág. 45).

Pero no sólo adquirir riquezas. Un cargo público representa la vía más idónea para preservar intereses y garantizar privilegios. Al decir de Moscoso Puello, un cargo público:

“Es además una posición de defensa. Si no se tiene un cargo se está expuesto a muchas contingencias. Por el contrario, cuando se tiene alguno, se goza de consideraciones. Qué es él? Es una pregunta que nos hacemos los dominicanos a menudo, para saber a que atenernos. Y cuando “El” es algo, cualquier cosa, procedemos con más cautela. Porque lo que inspira respeto es el cargo, no es el individuo. Puede este ser un sirvengüenza, pero si tiene un cargo, ya está limpio de todo y se le considera y se le estima” (Pág. 45).

Esas, y no otras, son las verdaderas razones, muy personalistas por ciento, que inducen a un elevado número de dominicanos a integrarse al debate político, a aceptar su inclusión en una boleta electoral o a demandar que se les designe al frente de uno de los departamentos que forman parte de la administración pública.




jueves, 18 de agosto de 2011




CONCORDANCIAS Y DISCORDANCIAS EN LA RELACION INTERNA DE LAS PALABRAS

Las palabras, en ocasiones, se parecen mucho a las personas. Así como muchos seres humanos generan situaciones conflictivas cuando entran en contacto con otros, las palabras también entran en conflicto o pierden la armonía que con otras deberían mantener cuando internamente se relacionan entre sí, esto es, se comportan discordantemente.

La concordancia consiste en la correspondencia gramatical o en la igualdad de género y número que existe entre sustantivos y adjetivos, y en la igualdad de número y persona entre el verbo y el sujeto. Esto quiere decir que el sustantivo concuerda con el adjetivo en género y número, y el sujeto concerta con el verbo en número y persona.

Se define también la concordancia como la conformidad o igualdad de accidentes gramaticales que existe entre dos o más palabras variables en la oración. Implica esta relación de igualdad, una acomodación de una palabra a otra dentro de la oración, la cual está regida por las llamadas reglas generales y especiales de concordancia.

A la falta de concordancia se le llama discordancia.

Aunque son diversos los casos de concordancia, esta vez solamente serán considerados aquellos que más dudas, vacilación y errores generan, tanto en la lengua oral como escrita.

CASOS

1. Cuando el adjetivo se refiere a varios sustantivos singulares del mismo género, va en plural y en dicho género:

a) El nieto y su abuelo están enfermos.
b) Ciencia y tecnología americanas.

Pero si los sustantivos son de distintos géneros, el adjetivo irá en masculino plural:

b) El niño y la niña son muy graciosos.
c) Actores y bailarinas dominicanos.
d) Pantalón y camisa oscuros.

2. Cuando un adjetivo se pospone o va detrás de dos o más sustantivos, concierta con ellos en plural:

a) Habló con claridad y erudición admirables. ( Es admirable tanto la claridad como la erudición )
b) Lengua y literatura españolas. (Es española tanto la lengua como la literatura).

Si en cambio se pretende calificar solo al sustantivo más cercano, el adjetivo pospuesto irá en singular:

a) Habló con claridad y erudición admirable. (Solo la erudición es admirable)
b) Lengua y literatura española. (Solo la literatura es española).

Cuando se antepone, el adjetivo concierta con el sustantivo más próximo:

a) El público lo recibió con entusiasta admiración y aplauso. (Solo la admiración es entusiasta).
b) Realizó un intrépido operativo y rescate. (Solo el operativo es intrépido).

Concertará con todos los sustantivos, si se trata de nombres propios o nombres comunes de personas:

a) Las cariñosas madre y abuela.
b) Los valientes Pedro y Juan.

3. Cuando una persona aparece ocasionalmente designada con un sustantivo de género distinto al de su sexo, los adjetivos pueden concertar con este: a) A mi vecino le nació una criatura deformado, extraño y bastante feo. (La criatura pertenece al sexo masculino)

4. Las palabras medio, demasiado y bastante sólo concuerdan en género y número con el sustantivo cuando funcionan como adjetivos:

a) Media libra
b) Demasiadas personas
c) Bastantes juguetes.

Pero cuando funcionan como adverbios se mantienen invariables, vale decir, conservan su género y su número, aunque estén colocadas delante de un nombre o adjetivo de género femenino y número plural:

a) Bastante cariñosos. (No bastantes cariñosos)
b) Medio enferma. (No media enferma)
c) Demasiado traviesa. (No demasiada traviesa)

5. Cuando un sustantivo está seguido de un modificador encabezado por “con”, “como”, y las construcciones “así como”, y “tanto como”, requiere el verbo en plural”:

a) El general, con su ejército, fueron indultados.
b) El presidente, así como su asistente especial, no quisieron ofrecer declaraciones a la prensa.

6. Dos o más demostrativos neutros son equivalentes, para la concordancia, a uno solo en singular:

a) Todo esto y algo más motivó mi nerviosismo.
b) Aquello y lo que se temía del presidente precipitó el golpe de estado.

7. Dos o más sustantivos neutros, o dos más infinitivos, llevan el verbo en singular:

a) Lo difícil y lo temible de su plan era su falta de precisión.
b) Cantar y bailar es mi placer.

5 .El posesivo concuerda con lo poseído, no con el nombre del poseedor. En el empleo del “su posesivo” (3ra. Persona), deben evitarse las confusiones utilizando los pronombres demostrativos este, esta, aquel o aquella según la distancia a que se encuentren del sustantivo:

“El diputado agasajó al senador en compañía de su familia.” ¿De quién es la familia, convendría preguntarse, del diputado o del senador?

MEJOR:

1. “El diputado agasajó al senador en compañía de la familia de este (Familia del senador)
2. “El diputado agasajó al senador en compañía de la familia de aquel (Familia del diputado)


11. Dos o más sustantivos singulares relacionados por las conjunciones ni u o llevan el verbo tanto en singular como en plural: a) Ni la lluvia, ni el frío impedía (o impedían) la manifestación del pueblo.


CONCORDANCIA DE LOS COLECTIVOS.


1 .Los colectivos como multitud, infinidad, caterva, gente, muchedumbre, número, vecindario, pueblo, a causa de la idea de pluralidad que encierran cuando están en singular, pueden concertar con un adjetivo o verbo en plural: a) La gente, a una señal convenida de su jefe, se amotinaron.

2. Cuando el colectivo va modificado por la preposición de seguida por las personas o seres de que consta el conjunto, designadas en plural, vale la concordancia tanto en plural como en singular. Se establece la misma con el complemento en plural (concordancia gramatical) o con el colectivo en singular (concordancia de sentido):

a) Guardaba (o guardaban) el paso una multitud de hombres armados.
b) Un tropel de visitantes se ha (o han) reunido a la puerta del despacho.

3. Los sustantivos mitad, parte, resto y otros semejantes, aplicados a un conjunto de individuos, pueden concertar en singular o plural:

a) La mitad de los náufragos se salvaron (o salvó)
b) Una parte de los soldados venía (o venían) sin armas.

Si en cambio acompañan al colectivo adjetivos o frases complementarias que refuercen la singularidad gramatical o disminuyan la idea de pluralidad, la concordancia en plural resulta imposible:

a) El vecindario, conmovido por sus elocuentes palabras, aplaudió delirantemente.
b) Aquel grupo, entre todos los estudiantes, brilló de manera espectacular.

4. Favorece la concordancia en plural de los colectivos singulares, las distancia a que se encuentren del verbo o adjetivo con que deben concordar. Cuando las palabras interpuestas son muchas, se recomienda la concordancia en plural:

a) El público, después de tan ruidosa propaganda en periódico y en carteles, se agolparon en las taquillas del teatro.
b) La gente, al notar la presencia de los agentes policiales, huyeron aterrorizada.

Si son pocas las palabras interpuestas, o si los elementos concertados se suceden de inmediato, la concordancia gramatical se impone por la proximidad:

a) El público se agolpó en las taquillas del teatro...
b) La gente huyó aterrorizada.

DISCORDANCIA DELIBERADA.

A veces nos dirigimos a un sujeto singular con el verbo en plural con la intención de lograr un efecto estilístico deliberado, bien para participar amablemente en la actividad o estado de nuestros interlocutores, bien con intención irónica. Preguntamos a un enfermo, por ejemplo, ¿Cómo estamos? ¿Qué tal vamos?

En ciertas ocasiones se intenta disminuir la responsabilidad diluyéndola en una pluralidad ficticia. Se dice, en tal sentido, “Lo hemos estropeado”, no habiendo más culpable que uno mismo. La misma discordancia tiene lugar con el llamado plural de modestia, que hace hablar a un autor u orador de sí mismo en primera persona del plural (vimos, creemos, pensamos); o con el plural mayestático representado por el pronombre nosotros: a)” Nosotros trabajaremos por el pueblo”, dice el orador en la tribuna.

Paralelamente al nosotros de modestia, ha tenido y tiene todavía mucho uso el posesivo “nuestro” con el mismo sentido. Una modesta forma pronominal cuyo uso precisa de prudencia y/o racionalidad, por cuanto su alta frecuencia en el acto comunicativo, además de restarle elegancia al discurso, pone de manifiesto la inmodestia que con ella se pretende ocultar.








viernes, 12 de agosto de 2011



LOS RUIDOS EN EL PROCESO DE LA COMUNICACION.


El concepto de ruido no se refiere simplemente a un problema acústico, sino a cualquiera interferencia. Un chicharreo en un radio es ruido, pero una página mal impresa también es ruido, así como imagen borrosa en la televisión”

(Armando Cassigoli)

En el proceso de la comunicación lingüística intervienen, entre otros factores, el emisor, el receptor y el mensaje.

El emisor es quien codifica, emite o transmite el mensaje, ya sea en forma oral o escrita. Es quien habla o escribe. Es el hablante o escritor.
El mensaje es la idea o sentido que el emisor comunica al receptor por medio de un código común.
El receptor es quien recibe, descodifica o interpreta el mensaje. Es quien lee y escucha. Es el oyente o lector.

Para que la comunicación se produzca o resulte efectiva, el mensaje emitido por el emisor debe ser comprendido o debidamente interpretado por el receptor; pero desafortunadamente no siempre sucede así. El receptor, ya sea por ignorancia (inintencional) o por un interés marcado (intencional) suele distorsionar la esencia de la idea, amplificando, restringiendo o modificando el mensaje percibido.

Se originan de esa manera lo que en la teoría de la comunicación técnicamente se conoce con el nombre de ruidos, los cuales se definen como todos aquellos obstáculos, barreras o interferencia que impiden la debida interpretación del mensaje.

En la comunicación lingüística, los ruidos se producen cuando el emisor no se da a entender (no se expresa con claridad), o cuando el receptor no sabe entender, interpretar o desentrañar el sentido profundo del mensaje percibido (no sabe leer ni escuchar). De ahí que en ocasiones, un mismo mensaje, sin ser poético, reciba las más diversas interpretaciones por parte de intérpretes distintos. Como sucedió en la historia que se transcribe a continuación:

LO QUE SE CUENTA SUCEDIÓ EN UN CUARTEL CON MOTIVO DE UN ECLIPSE DE SOL.

DEL CORONEL AL COMANDANTE DE BATALLON.- Como usted sabe, tendremos mañana eclipse de sol, cosa que no ocurre todos los días. Haga salir a los hombres en traje de campaña a la Plaza de Armas para que puedan ver ese raro fenómeno. Ya les daré las explicaciones necesarias. En caso de lluvia, no podremos ver nada. Entonces haga pasar los hombres al gimnasio.

DEL COMANDANTE DE BATALLON AL CAPITAN DE LA COMPAÑÍA.- Por disposición del señor coronel, mañana, a las 9 horas, habrá eclipse de sol, con instrucciones dadas por el señor coronel en persona, lo que no ocurre todos los días. Si el tiempo está lluvioso, no será posible ver nada al aire libre; pero entonces, en traje de campaña, el eclipse tendrá lugar en el gimnasio.

DEL CAPITAN DE LA COMPAÑÍA AL OFICIAL DE SERVICIO.- Por disposición del señor coronel, mañana, a las 9 hora, en traje de campaña, inauguración del eclipse de sol. El coronel dará en el gimnasio las órdenes oportunas en caso de que debiera llover, cosa que no ocurre todos los días.

DEL OFICIAL DE SERVICIO AL SARGENTO DE LA SEMANA.- Mañana, a las 9 horas, el señor coronel, en traje de campaña, hará eclipsar el sol con instrucciones si hace buen tiempo. Si llueve, no habrá eclipse, si bien esto no ocurre todos los días.

DEL SARGENTO DE LA SEMANA AL CABO DEL CUARTEL.- Mañana, a las 9 horas, tendrá lugar el eclipse del coronel en traje de campaña por efectos del sol. Si hace buen tiempo y llueve en el gimnasio se irá a la Plaza de Armas como demostración, porque esto no ocurre todos los días.

LOS SOLDADOS ENTRE SI.- Mañana, a las 9 horas, parece que el sol, en traje de campaña, hará eclipsar al coronel como demostración. ¡Qué lástima que esto no ocurra todos los días!

En el hecho narrado se aprecia, inequívocamente, que la escucha activa no se produjo, esto es, los interlocutores no supieron escuchar de manera eficaz, y por esa razón, la idea original fue distorsionándose en la medida en que iba pasando de un interlocutor a otro.

Escuchar de manera activa o con eficacia es un arte. Un arte que, desafortunadamente, no todos los hablantes poseen, y de ahí las fallas que se producen en el acto comunicativo, o las que Azorín llama “ mañas en escuchar”

¿Por qué se originan esos problemas?

Sencillamente, porque no prestamos atención a quien nos habla, dedicamos poco tiempo a escuchar con empatía y profundidad, en la conversación no esperamos que el otro termine de hablar, vale decir, lo interrumpimos constantemente para terminar lo que nuestro interlocutor está diciendo o para expresar una idea brillante que se nos ha ocurrido acerca del tema tratado.

En otras palabras, porque muchas personas solo transmiten o hablan más que lo que oyen.
José Martínez Ruiz, Azorín, (1873 – 1967), el célebre escritor español , miembro prominente de la Generación del 98 y uno de los más finos prosistas de la lengua española, en su muy citado libro “El político” ( 1946 ), sostiene al respecto lo siguiente:

“Una de las artes más difíciles es saber escuchar. Cuesta mucho hablar bien; pero cuesta tanto el escuchar con discreción. Entre todos los que conversan, unos conversan, es decir, se lo hablan ellos todo; toman la palabra desde que os saludan y no la dejan; otros, si la dejan, os acometen con sus frases apenas habéis articulado una sílaba, os atropellan, no os dejan acabar el concepto; finalmente, unos terceros, si callan, están inquietos, nerviosos, sin escuchar lo que decís y atentos sólo a lo que van ellos a replicar cuando calléis" ( Edición Especial, pág. 43, 1997)

Para superar tales “mañas”, Azorín recomienda que:

"Cuando se hable en corro o frente a frente, a solas con un amigo, dejemos que nuestro interlocutor exponga su pensamiento; estemos atento a todas las particularidades; no hagamos con nuestros gestos que apresure o compendie la narración. Luego, cuando calle, contestemos acorde a lo manifestado, sin los saltos e incongruencia de los que no han escuchado bien. Si es persona de calidad a quien nosotros queremos agradar aquella con quien hablamos, demostrémosle que tomamos grande gusto en lo que ella nos va diciendo"( Ob. Cit., págs.43/44)

En el proceso de la comunicación oral, si pretendemos que esta resulte efectiva, hablar lo necesario y escuchar con atención constituyen la clave del éxito. Merced a este planteo, conviene entonces tener siempre presente lo que a alguien se le ocurrió decir alguna vez:

“DIOS NOS DIO DOS OIDOS Y UNA BOCA POR UNA BUENA RAZON: DEBEMOS ESCUCHAR EL DOBLE DE LO QUE HABLAMOS”

viernes, 5 de agosto de 2011

LECTURA Y ORTOGRAFIA

Cuando ejercía como Encargado de Recursos Humanos en un prestigioso grupo empresarial de Santiago, un ingeniero industrial me remitió vía correo electrónico una breve comunicación parte de cuyo texto decía así:

« La reunión se llebara a cabo a la sinco de la tarde en el salon de conferencia y en ella trataremos asunto muy inportante para la compañía y para todo los empleado…»

Al saber que un profesional graduado en una de las más prestigiosas universidades del país era el autor de un texto con tantas faltas ortográficas, una pregunta afloró casi de manera inconsciente a mis labios: ¿Cómo es posible que una persona provista de un título universitario pueda incurrir en tan elementales desaciertos ortográficos?

Y aunque me imaginaba la respuesta, no tardé mucho en confirmarla: el susodicho ingeniero es uno de los tantos dominicanos que sufren de “lecturofobia”, de los muchos que pesan los libros antes de leerlos, o los cierran para siempre si estos son muy voluminosos. Cuando estudiante lo obligaron a leer tres obras literarias, las únicas que ha leído en su vida. En los periódicos quizás mensualmente suele leer una que otra nota deportiva y, como si todo eso esto fuera poco, parece disfrutar cuando afirma que “las librerías conmigo difícilmente progresen”

En el 2000, por ejemplo, le envié a mi apreciado y siempre recordado amigo un ejemplar del libro que en octubre de ese año puse en circulación. Seis meses después nos encontramos y le pregunté sobre la impresión que el texto le había causado. “Creo que leí el índice” – me contestó con el más frío desparpajo y sorprendente naturalidad.

“Si yo logré que tú leyeras aunque fuera el índice de mi libro, entonces valió la pena publicarlo” – le respondí en forma irónica y con el mismo desparpajo.

Pedagógicamente está más que comprobado que el poco hábito de lectura constituye una de las principales causas que originan las faltas ortográficas. Que a escribir correctamente aprendemos cuando internalizamos en nuestros cerebros o nos familiarizamos con la imagen gráfica de esos dibujitos llamados letras. Y ese proceso de familiarización o fijación de los rasgos físicos de las palabras sólo es posible lograrlo a través de la lectura constante. O, lo que es lo mismo, a mayor actividad lectora, mayor calidad de la escritura.

Por eso no resulta extraño que personas con muy bajo nivel de instrucción, pero muy dedicadas a la práctica de la lectura, muestren un dominio ortográfico, cuando no perfecto, aceptable. Y por eso no tiene nada de extraño que profesionales como el ingeniero precitado escriban tal y como aparece en la nota más arriba transcrita. Porque como muy acertadamente afirma el lingüista y profesor universitario, Santiago Cabanes:

« La lengua hablada entra por el oído y sale por la boca; los mudos los son por sordos. Pero la lengua escrita entra por los ojos y sale por la punta del lapicero o por la pantalla de la computadora; y todo por la magia de la lectura. Por lo tanto: buena escritura = mucha y buena lectura»

viernes, 29 de julio de 2011

LOS PADRES NO TIENEN QUIEN LES ESCRIBA

“Dime papá, ¿por qué se secan las flores?,
¿de dónde vienen las lluvias?,
y ¿por qué sale la luna?,
cuando me voy a acostar…”

(Manuel Alejandro)

¿Conoce usted, amigo lector, un himno a los padres? ¿Conoce usted aunque sea un solo poema dedicado a los padres?

A parte del ya clásico “Viejo, mi querido viejo”, popularizada por Piero, y “Pregunta a pregunta”, compuesta por Manuel Alejandro y Ana Magdalena, e interpretada magistralmente por Rafael de España, ¿conoce usted, amigo lector, otra canción inspirada en el padre?

Indiscutiblemente que en el ámbito de la creación literaria, el padre, contrario a los que ocurre con la madre, históricamente ha sido el gran olvidado, el gran excluido.

Quizás se deba tal marginación a la conducta irresponsable mostrada por muchos malos padres en el cumplimiento de sus deberes paternos. Probablemente tenga que ver con la imagen rígida, fuerte y correctiva como tradicionalmente ha sido concebido el padre, percepción que podría convertirlo en una figura poco inspirable. O talvez se deba a que su desempeño, por más eficiente que resulte, siempre será opacado por el amor, ternura, entrega y papel trascendental desempeñado por la madre.

Vale aclarar, sin embargo, que esa imagen patriarcal, represiva y autoritaria que antes teníamos del padre, ha cambiado sustancialmente en los nuevos tiempos. Hoy ya nos encontramos con un padre más amoroso, tierno y mucho más consciente de sus responsabilidades familiares. Padres que en ocasiones desempeñan también el papel de las madres. Esos padres merecen que exista alguien que les escriba.

Desafortunadamente tenemos que reconocer que en la acera opuesta están los otros: los padres charlatanes e irresponsables, especie de briosos sementales, varracos o machos cabríos destinados exclusivamente a engendrar, “pintar” o lanzar muchachos al mundo a sufrir o padecer todo tipos de calamidades. Esos no merecen que nadie les escriba.

Uno de los pocos poetas dominicanos que ha sabido recrear o expresar en versos el amor, nobleza y ternura del padre, fue nuestra gran Salomé Ureña. De ella trascribimos y dedicamos a los auténticos padres, su ternísimo y nostálgico poema “Tristezas” (1888), el cual refiere cómo sufría el entonces niño Pedro Henríquez Ureña ante la ausencia de su progenitor, el médico, poeta y escritor, Francisco Henríquez y Carvajal, en el momento en que este se encontraba en París cursando una especialidad relativa a su carrera :

TRISTEZAS.

Nuestro dulce primogénito,

que sabe sentir y amar,
con tu recuerdo perenne,
viene mi pena a aumentar.

Fija en ti su pensamiento,
no te abandona jamás,
sueña contigo, y despierto,
habla de ti nada más.

Anoche cuando de hinojos,
con su voz angelical,
dijo las santas palabras,
de su oración nocturnal.

Cuando allí junto a su lecho,
sentéme amante a velar,
esperando que sus ojos,
viniese el sueño a cerrar.

Incorporándose inquieto,
cual presa de intenso afán,
con ese acento que al labio,
las penas tan sólo dan.

Exclamó como inspirado,
“¿Tú no te acuerdas mamá?
El sol ¡que bonito era,
cuando estaba aquí papá!