sábado, 24 de mayo de 2025

LAS SOMBRAS DE LAS PALABRAS

Por : DOMINGO CABA RAMOS

En una poética conceptualización titulada «La palabra», Pablo Neruda (1904-1973), afamado poeta chileno y Premio Nobel de Literatura (1971), destaca en forma genial el valor e importancia de la lengua española como instrumento de comunicación en el mundo hispanoamericano a partir de su llegada a este el 12 de octubre de 1492. Pero en vez de referirse a la lengua que a las nuevas tierras descubiertas trajeron los hombres que acompañaron a Colón en la llamada hazaña colombina, Neruda, como buen poeta, prefiere hablar de “la palabra”. Y así inicia su muy citado y constructivo texto:

«Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan…»

A la luz de la práctica comunicativa en la República Dominicana o maneras como se emplea la palabra, especialmente en los medios de comunicación, ciertamente tuvo mucha razón el autor de los Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924).

Son las palabras emitidas “las que suben y bajan…”. Las que suben y bajan la fe, la esperanza y la autoestima de la gente.  Las que suben y bajan la reputación o imagen moral de la gente. Las que suben y bajan el espíritu de superación de las personas. Las que suben y bajan la motivación de la gente.  Las que suben y bajan el deseo de vivir de la gente. Las  que  suben a un mandatario al solio presidencial, pero también las que lo  bajan de allí…

Y continúa  diciendo Neruda  :«Todo está en la palabra…»

Así es. La palabra es el motor que impulsa todo nuestro quehacer existencial. «Todo está en la palabra …»: lo bueno y lo malo; lo positivo y lo negativo; el progreso y el atraso; la verdad y la mentira; la noble intención y la intención perversa; la alegría y la tristeza; la vida y la muerte; la guerra y la paz… En fin, la existencia misma es una acto de palabra

Según el muy citado y leído poeta, las palabras «Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces…»

Y valdría preguntarse, ¿   cuáles son esas palabras que al decir del bardo chileno poseen sombra? 

Tienen sombra, a mi decir, las palabras que difaman o injurian en vez de alabar; las que ocultan en vez de manifestar; las que destruyen en vez de construir; las que engañan en vez de transmitir la verdad; las que denigran, humillan o laceran dignidades ajenas en vez de exaltarlas; las que unen en vez de dividir; las que ofenden en vez de reconocer; las que enfrentan en vez de pacificar; las que exacerban en vez de suavizar; las que debilitan en vez de robustecer; las que golpean en vez de acariciar y las que murmuran o critican en vez de orientar.

Merced a lo antes expresado, se infiere que en el uso cotidiano de la lengua lo ideal y pertinente sería evitar las palabras preñadas de sombras y en su lugar emplear aquellas pletóricas de transparencias; pues solo estas permiten estrechar las relaciones humanas y al mismo tiempo contribuir al desenvolvimiento o desarrollo de un mundo cada vez mejor.

 

 

 

 

EN TORNO A LA ORTOGRAFÍA Y SU ENSEÑANZA


Por: Domingo Caba Ramos

La Ortografía es la disciplina lingüística que se ocupa de describir y explicar las normas que regulan la correcta escritura de la lengua.  Regula la Ortografía el modo correcto de escribir, es decir, el buen uso de los signos gráficos dentro de la palabra. 

Esa regulación apunta hacia el logro de un magno propósito: la unidad de la lengua. De no existir un código ortográfico compuesto por reglas claras y precisas que rijan el uso del idioma, inevitable resultaría la fragmentación de este, por cuanto en cada comunidad lingüística se establecerían normas sectoriales y se escribiría atendiendo a sus particularidades fonéticas, generándose así un verdadero caos comunicativo.  De ahí que se haya escrito con sobrada razón que «… la ortografía representa el pilar de la unidad de la lengua».

Los problemas ortográficos siempre han existido, existen y existirán a través del tiempo. Borra este juicio la falsa creencia de que la solución de tales problemas se origina, inicia y termina en los niveles básicos y medio del proceso educativo, y que, por esa razón, al ascender al nivel superior, los alumnos nada o muy poco tienen que aprender; pero nada más distanciado de la realidad.

Comprobado está que nuestros estudiantes universitarios y, peor aún, los profesionales egresados de los centros de estudios superiores, conservan y muestran notables deficiencias ortográficas, como bien se puede apreciar en la nota que un ingeniero industrial, hace ya varios años,  vía correo electrónico remitió a su personal subalterno, cuando laboraba en una de las empresas pertenecientes a un prestigioso grupo empresarial de la ciudad de Santiago de los Caballeros. El texto de la referida nota decía así:

« La reunion se llebará a cabo a la cinco de la tarde en el salon de conferencia y en ella trataremos asuntos muy inportante para la compañia y para todos los empleado…»

¿Qué significa eso?

Que ciertamente las fallas ortográficas se mantienen, no siempre se superan o quedan definitivamente resueltas en los diferentes niveles de la educación formal. Y que si tales anomalías son continuas y permanentes, el aprendizaje y la enseñanza para superarlas deben ser también procesos continuos y permanentes.

En la enseñanza de la ortografía, la teoría jamás deberá imponerse a la práctica, y en lugar del memorismo expositivo, insustancial y carente de aplicación, deberá siempre prestigiarse la ejercitación abundante y constante, programada siempre en función del uso cotidiano de la lengua en la praxis de la escritura. Como bien lo afirma el afamado investigador, maestro y lingüista puertorriqueño, doctor Humberto López Morales:

  «Al enseñar ortografía se corre el riesgo de quedarse en formulaciones teóricas. Siempre es una tentación para todo autor el ofrecer un elaborado corpus de doctrina, olvidando o relegando la praxis a una mínima expresión…» (Enseñanza de la lengua materna, 1986, p.11)

 Entiende López Morales que en la enseñanza de la Ortografía, de ningún modo debe perseguirse «que el alumno aprenda cosas sobre Ortografía, sino que aprenda la Ortografía…», y que la incorporación del código ortográfico a la competencia comunicativa escrita del hablante solo se logra mediante la formación de hábitos y abundante ejercitación. En tal virtud, cuando de las reglas ortográficas se trata, más que repetirlas de manera mecánica, conviene que se infieran a partir de textos dados; pues solo así su enseñanza puede resultar más concreta, dinámica, interesante y productiva y, por ende, menos abstracta, monótona o carente por completo de sentido. ¿Por qué?

Porque en el proceso enseñanza – aprendizaje la práctica ha demostrado que regla ortográfica que se memoriza mecánicamente, es regla que nunca se aplica y pronto se olvida, por cuanto el estudiante no logra internalizarla; mientras que la regla que se infiere, es regla que se interioriza y transfiere en forma constructiva en el acto de la escritura.

Pedagógicamente está más que comprobado que el no hábito de lectura constituye una de las principales causas que originan las faltas ortográficas. Que a escribir correctamente aprendemos cuando internalizamos en nuestros cerebros la imagen gráfica de esos dibujitos llamados letras. Y ese proceso de familiarización o fijación de los rasgos físicos de las palabras sólo es posible lograrlo a través de la lectura constante. O, lo que es lo mismo, a mayor actividad lectora, mayor calidad de la escritura. Significa esto que, en la enseñanza de la Ortografía, la lectura debe ser pues utilizada como acertado recurso metodológico necesario para el logro de un aprendizaje efectivo.

 Se trata de un enfoque integrador que genera apreciables resultados, pues  aparte  de  fijar las normas que pautan el uso de los signos gráficos que conforman la escritura, la enseñanza de la ortografía basada en lectura de textos diversos,  desarrolla hábitos positivos de lectura, contribuye al desarrollo del léxico, incrementa la competencia lingüística y comunicativa, propicia la comprensión del contenido contextual de las palabras y permite el uso de estas  cada vez con mayor propiedad,  precisión y claridad.

(Diario Libre. mayo 16, 2025)

lunes, 12 de mayo de 2025

¡SALVE, DON FELIPE!


Un día como hoy, 12 de mayo de 1935, nació en el municipio Bajos de Haina, provincia San Cristóbal. Un día como hoy se aposentó en este complicado, pero ansiado mundo de los vivos esa gloria del deporte dominicano llamada FELIPE ROJAS ALOU, un atleta al cual siempre he respetado y admirado por las condiciones atléticas y humanas que tipifican su ser, y a las que parte de las cuales aludo en el artículo (Listín Diario 27/11/92) que más abajo me permito compartir, con motivo del cumpleaños número noventa del hoy anciano y siempre digno ciudadano. El texto completo del antes citado artículo es el siguiente :


DON FELIPE ROJAS ALOU

Por: Domingo Caba Ramos
“Hay gente que no respeta la estatura de los años”
(Felipe Rojas. Alou)
La frase que introduce el presente artículo la pronunció el destacado jugador y manager dominicano que hoy ocupa nuestra atención, un tanto incómodo por supuesto, al ser entrevistado minutos después que los Leones del Escogido se coronaran campeones de la Liga Dominicana de Béisbol Profesional (1991-92). Y la misma fue externada para censurar la acre actitud asumida por los cronistas y fanáticos que no desmayaron en cuestionar su método de dirección en el desafortunado instante en que el combativo equipo escarlata mordía el polvo amargo del sótano.
Nació en Haina, su bien amada y jamás olvidada patria chica. Nació en el vientre del gran cañaveral, importunado por el olor penetrante del guarapo, acariciado por el viento tibio del ingenio y arrullado por el eco tormentoso de ese “brusco tropel de raíles” de que nos habla el poeta.
Dominicano aquí y allá, atleta a tiempo completo y caballero a carta cabal, triunfó como lanzador de jabalinas, extraña disciplina deportiva en la que llegó a ostentar el título de Campeón Nacional.
Como manager, conviene reiterarlo, ha triunfado en más de una oportunidad. Y ello ha sido posible no sólo por la vasta experiencia y amplios conocimientos que en materia de béisbol posee el exjabalinero, jardinero y dirigente criollo. Ha triunfado y triunfará:
Porque sabe dirigir y sacarles el máximo a sus jugadores.
Porque, cual veterano administrador, sabe orientar, reconocer, estimular, incentivar, brindar confianza, otorgar oportunidades, actuar con firmeza y conceder un trato justo a sus dirigidos.
Porque nunca ha encontrado espacio en su comportamiento dirigencial la muy odiosa y no menos rentable práctica de humillar, vejar u ofender tanto en obra como en palabras al equipo humano bajo su dependencia.
Triunfó, en fin, porque es un verdadero líder y el jefe ideal que demandan los tiempos modernos.
A él todos se solazan en identificarlo con el afectivo sobrenombre de el “PANQUÉ DE HAINA”. Yo, por mi parte, prefiero llamarlo con merecida deferencia:
Don Felipe Rojas Alou.
(Listín Diario: 27 - 11 - 92)

«IMPORTANTIZAR», «APERTURAR», «RESOLUTAR» Y OTRAS VERBALIZACIONES EN EL HABLA DOMINICANA.


Por : Domingo Caba Ramos

«No siempre lo primero es lo mejor que acude a la pluma. Si no se vigila el espíritu, si no lo fuerza a esmerarse, suele segregar trivialidades…»


(Manual del español urgente)

El verbo forma parte de las llamadas categorías formales o gramaticales del discurso  . Se caracteriza por su función esencialmente predicativa, expresa la actitud síquica del hablante y sitúa la significación, mediante sus tiempos, en el presente, en el pasado y en el futuro.

El idioma español, como toda lengua, cuenta con lo que bien podría denominarse su “menú” de verbos, el cual yace contenido en el diccionario y otros  textos académicos publicados por la Real Academia Española (RAE);pero al margen de este “menú”, y en virtud del proceso de evolución de la lengua, de la masificación lingüística y esa  demostrada capacidad que poseen  los hablantes dominicanos para verbalizar o crear voces léxicas, cada cierto tiempo  surgen nuevas formas verbales, resultados, casi siempre, de la conversión de nombres y adjetivos en verbos (Verbalización), muy especialmente en la expresión oral.

Como gestores y promotores de esas realizaciones hay que situar en primer plano a los comunicadores sociales, políticos, tecnócratas y administradores del Estado. De ahí que en el español dominicano no resulte extraño leer o escuchar construcciones verbales tales como “correccionalizar” , “aperturar”, “importantizar”,  “resolutar”, “cueriar” y “abrochar” , entre otras

La Agencia EFE, en su bien pensado y consultado Manual del español urgente (1995), dice al respecto lo siguiente:

«No es buena la actitud de muchos periodistas que escriben con absoluta despreocupación, sin preguntarse jamás si será razonable su manera de escribir; que cifran su ideal en el empleo de palabras recién oídas o leídas plenas de “modernidad”; que las forjan al buen tuntún; que les hacen decir lo que no significan; que se aferran a ciertos vocablos como si no existieran otros, y que aún muestran mayor desenfado con la sintaxis. En gran medida, la comunicación periodística se realiza hoy gracias a que el lector suple la información defectuosa que se le sirve, y, si no puede suplirla, malentiende o entiende a medias. Hay que insistir en el consejo de releer y corregir reflexivamente antes de transmitir» (p. 18)

Si se procediera acorde con lo planteado en la cita antes transcrita, en lugar de “aperturar”, por ejemplo, lo más apropiado hubiera sido decir “abrir”; “emitir la resolución”, en vez de “resolutar” , “dar importancia”, en vez de “importantizar” y “comer”, en vez de “abrochar”

jueves, 1 de mayo de 2025

LA ESCUCHA ACTIVA, EL PAPA FRANCISCO Y EL «APOSTOLADO DE LA OREJA»


Por : DOMINGO CABA RAMOS

«En efecto, estamos perdiendo la capacidad de escuchar a quien tenemos delante, sea en la trama normal de las relaciones cotidianas, sea en los debates sobre los temas más importantes de la vida civil»

(Papa Francisco)

La escucha activa es el acto mediante el cual escuchamos con plena concentración, conciencia e interés el mensaje emitido por quien habla. En tal virtud, cuando escuchamos de manera activa no solo mostramos interés por el mensaje percibido, sino también respeto e interés por la persona o sujeto que lo emite.

Son diversas las prácticas comunicativas que afectan la escucha activa. Entre otras:

No prestar atención a quien nos habla, interrumpir constantemente al interlocutor, escuchar de manera no empática, hablar más de lo que se escucha, prestar menos atención a lo que se escucha que a la idea que se pretende comunicar, hablar al mismo tiempo que la persona a quien se escucha, exhibir un comportamiento no verbal negativo y escuchar para responder, no para comprender.

Vistas las prácticas precitadas, se infiere necesariamente que la escucha activa, en el uso cotidiano de la lengua, se encuentra en crisis, no solo en la República Dominicana, sino también en el mundo hispanohablante, así como en otros entornos comunicativos del universo. Quizás por esa razón, el fallecido papa Francisco promovió lo que de manera un tanto coloquial él denominó “Apostolado de la oreja”.

Ese "Apostolado de la oreja o del oído", cuyos conceptos resultantes coinciden casi en todas sus partes con los expuestos por José Martínez Ruiz, Azorín, (1873 – 1967), en el texto «Mañas en el escuchar», de su libro El político (1946), pone de manifiesto la gran importancia que tiene el acto de escuchar de manera activa a los demás, especialmente a los más sufridos o menos favorecidos. No se limita esta práctica a la física percepción de mensajes a través del oído, sino a escuchar con el corazón, con empatía y el humano propósito de comprender las necesidades y sentimientos de los demás. De ahí que en un mensaje dirigido a la niñez recomienda el Sumo Pontífice lo siguiente:

«Queridos chicos y chicas: Una de las cosas más importantes de la vida es aprender a escuchar. Cuando una persona te hable, esperar a que termine para entenderlo bien. Y luego, si te escuchó, puedes decir algo; pero escuchar es importante. ¡Miren bien! La gente, la gente no escucha, y eso no ayuda a la paz…»

Los postulados que conforman la propuesta comunicativa del papa Francisco, contenida en su «Apostado de la oreja», bien pueden resumirse como sigue:

1.    «Lo más difícil es escuchar, porque mientras el otro me está hablando yo estoy pensando en lo que le voy a decir. Escucharlo tranquilo y después, lo que sentís decirlo.  Escuchar… El apostado de la oreja, por favor, no se nos olvide».

 Al respecto, afirma Azorín lo siguiente: «Una de las artes más difíciles es saber escuchar. Cuesta mucho hablar bien; pero cuesta tanto el escuchar con discreción»

2.    «Es necesario expresarse entendiendo que hay otros que también esperan poder hacer oír su voz. No tomarse la palabra como si se fuera el único que necesita ser escuchado».

Lo mismo que Francisco, dice Azorín: «Entre todos los que conversan, unos no conversan, es decir, se lo hablan ellos todo; toman la palabra desde que os saludan y no la dejan…»

3.    «En realidad, en muchos de nuestros diálogos no nos comunicamos en absoluto. Estamos simplemente esperando que el otro termine de hablar para imponer nuestro punto de vista».

Lo anterior, justamente, es lo que otras palabras plantea Azorín cuando al describir el último de los tres tipos de conversadores por él propuestos afirma que: Finalmente, unos terceros, si callan, están inquietos, nerviosos, sin escuchar lo que decís y atentos sólo a lo que van ellos a replicar cuando calléis”

4.    «Se debe escuchar con los oídos del corazón»

5.    «La mayor necesidad de los seres humanos es el deseo ilimitado de ser escuchados»

6.    «El hombre tiende a huir de la relación, a volver la espalda y cerrar los oídos para no tener que escuchar»

7.    «El negarse a escuchar termina a menudo por convertirse en agresividad hacia el otro»

8.    «En situaciones menos difíciles, la escucha requiere siempre la virtud de la paciencia, junto con la capacidad de dejarse sorprender por la verdad»

9.    «Sólo prestando atención a quién escuchamos, qué escuchamos y cómo escuchamos podemos crecer en el arte de comunicar…»

10. «Todos tenemos oídos, pero muchas veces, incluso quien tiene un oído perfecto, no consigue escuchar a los demás. Existe realmente una sordera interior peor que la sordera física. La escucha, en efecto, no tiene que ver solamente con el sentido del oído, sino con toda la persona. La verdadera sede de la escucha es el corazón»

11. «Lo que hace la comunicación buena y plenamente humana es precisamente la escucha de quien tenemos delante…»

12. «Lamentablemente, la falta de escucha, que experimentamos muchas veces en la vida cotidiana, es evidente también en la vida pública, en la que, a menudo, en lugar de oír al otro, lo que nos gusta es escucharnos a nosotros mismos»

13.  «La buena comunicación no trata de impresionar al público con un comentario ingenioso dirigido a ridiculizar al interlocutor, sino que presta atención a las razones del otro y trata de hacer que se comprenda la complejidad de la realidad»

Quien desee formarse una idea acabada acerca de las reales razones que impulsaron al papa Francisco a promover su famoso «Apostolado de la oreja» y a yo sostener que la escucha activa se encuentra en crisis, solo tiene que sintonizar un programa de opinión en cualquier canal de televisión o estación de radio de la República Dominicana, y es posible que sea testigo del desagradable espectáculo de escuchar hasta cinco comunicadores hablando al mismo tiempo.


 


 

 

 

 


 

sábado, 12 de abril de 2025

A LOS EMPLEADOS SIN NOMBRE

 Por : Domingo Caba Ramos

 En relación con el trágico caso de la Discoteca Jet Set, valdría preguntarse: ¿Ningún empleado falleció, o solo fallecieron los clientes, en su mayoría de privilegiados niveles socioeconómicos, que allí estaban presentes? Esto último parece ser así, pues de los primeros nada dicen las crónicas periodistas. Ante tan clasista y excluyente silencio, a la pantalla de mi memoria saltan a la vista los clásicos versos del poema «A los héroes sin nombre», del llamado poeta de los humildes, Federico Bermúdez:

A LOS HÉROES SIN NOMBRE
Por Federico Bermúdez (1884 -1931)

Vosotros, los humildes, los del montón salidos,
heroicos defensores de nuestra libertad,
que en el desfiladero o en la llanura agreste,
cumplisteis la orden brava de vuestro capitán.

Vosotros, que con sangre de vuestras propias venas,
por defender la patria manchasteis la heredad,
hallasteis en la lucha la muerte y el olvido:
la gloria fue, absoluta, de vuestro capitán.

 Cuando el cortante acero del enemigo bando,
cebó su torpe furia en vuestra humanidad,
y fuisteis el propicio legado de la tumba,
sin una cruz piadosa ni un ramo funeral,
también a vuestros nombres cubrió el eterno olvido:
¡tal sólo se oyó el nombre de vuestro capitán!

Y ya, cuando a la cumbre de la soñada gloria,
subió la patria ilustre que fue vuestro ideal,
en áureos caracteres la historia un homenaje,
rindió a la espada heroica de vuestro capitán.

Dormidos a la sombra del árbol del olvido,
¡quién sabe en dónde el resto de vuestro ser está!,
vosotros, los humildes, los del montón salidos,
sois parias; en la liza, con sangre fecundáis,
el árbol de la fama que da las verdes hojas,
para adornar la frente de vuestro capitán...

Vosotros, los humildes, los del montón salidos,
heroicos defensores de nuestra libertad,
que en el desfiladero o en la llanura agreste,
cumplisteis la orden brava de vuestro capitán»

 

EL HUMANO Y SOLIDARIO ROSTRO DEL DOMINICANO


Por : DOMINGO CABA RAMOS

Históricamente ha sido recurrente el interés mostrado por muchos dominicanos, consistente en destacar las sombras y ocultar las luces de la patria que los vio nacer. Presentar al ser dominicano como lo peor del universo se ha constituido en su disfrute favorito.

«¿Qué piensan los dominicanos acerca de su país?» - me pregunté en un artículo publicado en el pasado en este mismo diario (3/10/2019). Y acto seguido procedí a responderme:

«Sencillamente que somos inferiores al resto de las demás naciones. Y conforme a esta concepción, el dominicano no cree ni confía en lo dominicano. Sufrimos, pues, de “dominicanofobia”. Para quienes así piensan, nada de lo nuestro sirve o posee valor. El plátano embrutece. El merengue despierta las bajas pasiones. Bailar o escuchar ritmos extraños prestigia. El paisaje nativo nos produce náusea. El cielo extranjero nos deslumbra. La inscripción “Made In” nos embriaga y pletóricos de satisfacción compramos en los Estados Unidos el pantalón que se fabrica en una de nuestras zonas francas…»

Al respecto, aún recuerdo las consideraciones emitidas por el fenecido periodista Álvaro Arvelo en su muy leída columna «Cápsulas», de fecha 20/6/88, publicada en el vespertino El Nacional. 

Alvarito nos presenta unos juicios valorativos del ser dominicano que no podían ser más negativos y aterradores. Según él, «Los dominicanos constituyen en su totalidad un pueblo de vagos, chismosos, traidores, sadomasoquistas, ladrones, ingratos, maleducados, intrigantes, arribistas y todo lo malo del género humano…» Y como “para ponerle la tapa al pomo”, el destacado comunicador señala que «Este es un pueblo inferior, este es un pueblo mediocre, la dominicanidad es una ficción, esto no es un país, esto no es una república, esto no es más que un revolcadero de burros…».

Obviamente que Álvaro Arvelo lo único que hizo fue resucitar con nuevos matices expresivos las tesis pesimistas asumidas por los más connotados representantes del pensamiento social de principio del siglo XX (Francisco Moscoso Puello, José Ramón López, Federico García Godoy, etc.) y que la literatura sociológica dominicana ha recogido bajo el nombre de: “El gran pesimismo dominicano”.

Igual que Álvaro Arvelo pensaba el doctor Francisco Moscoso Puello cuando en sus famosas “Cartas a Evelina” (1941) escribió que «El hombre dominicano es un ser “turbulento y haragán, casi no sirve para nada. En ocasiones es un verdadero estorbo. Y es, además, un cofre de vicios. Bailar, jugar y emborracharse y robar son sus cualidades características. Es un hombre primitivo todavía. Vive distanciado de toda idea elevada. Entregado a pasiones muy bajas. Nada le ha entusiasmado ni nada le estimula. Sólo vive para el amor y para la ratería. Tiene muchas características del mono, su compatriota más distinguido». (Págs. 52 /53).

Y como Álvaro Arvelo hijo pensaba también José Ramón López cuando en su ensayo La Alimentación y la raza (1975) sostenía que «El campesino dominicano era un ser vicioso, violento, haragán, bruto, jugador, homicida y degenerado».

 Fácilmente se advierte que las ideas de Alvarito, Moscoso Puello y José Ramón López confluyen en un punto común, por cuanto en ellas se expresa una visión pesimista de nuestro pueblo y una imagen peyorativa del hombre dominicano.

Queda demostrado, pues, que los criterios expuestos por el autor de las «Cápsulas» en su polémico artículo, se inscriben en una corriente del pensamiento social que tuvo su raíz en tiempos remotos ; pero que aún cuenta con ilustres representantes, entre los que se destacan no sólo el distinguido periodista a quien nos hemos referido, sino también todos aquellos dominicanos que como un pintoresco abogado llamado Francisco Carvajal Martínez (Bueyón),  no se cansaba de afirmar  que el nuestro es un país de “chimichurris”, “cherchorcitos”,  “lambocitos”,  “locos“, “comecheques por la izquierda”, “bandiditos”, etc.

Sin embargo, está más que demostrado que el dominicano, en su mayoría, es un ser bueno, trabajador, honesto, respetuoso, emprendedor, inteligente, valiente y, fundamentalmente, humano y solidario. Para validar esto último, basta observar su comportamiento cuando ocurre una tragedia colectiva: el dominicano hace suyo el problema, y su colaboradora actitud parece no tener fin. Así se puso de manifiesto en el proceso de rescate de las personas que quedaron atrapadas debo de los escombros como resulta del desplome del techo de la Discoteca Jet Set.

Allí entraron en acción las más diversas y voluntarias formas de colaboración: unos llevaban agua, comida, chocolate, café… Otros formaban largas filas para aportar sangre. Otros, casi sin dormir, se integraban a las labores de rescates. Decenas de periodistas se mantenían permanentes en la zona de desastre para informar y llevarle el mensaje orientador a la ciudadanía. Otros, como médicos y sicólogos, yacían en primera fila y de manera decidida para brindar asistencia tanto en el plano emocional como en el de la salud física de los agraviados.

Todo lo dicho antes indica que el dominicano, repito, es un ser sumamente bueno, humano y solidario. Y es en virtud de este perfil que yo, en lugar de aborrecer mi país, como lo expresó Joaquín Balaguer en su segundo libro de versos, Claro de luna, cuando escribió: «Yo aborrezco el ambiente en que me ha tocado nacer, pero aborrezco más a los intelectuales con quienes he tenido la mala suerte de codearme…», prefiero proclamar con regocijo inigualable que yo me siento orgulloso de ser dominicano y amo el paisaje en que me tocado nacer…