sábado, 18 de abril de 2026

EL LOCUTOR Y EL PERIODISTA


(A propósito del «Día del Locutor»)

Hoy es Día Nacional del Locutor como el 5 de abril lo fue del periodista. Felicitamos, pues, a los locutores de verdad en su día, muy especialmente a todos aquellos que en el uso cotidiano de la lengua se han convertido en verdaderos guías y maestros.

Tratándose de estos oficios, quienes los realizan, no todos,  se confunden y confunden: el locutor se cree periodista, porque tal vez lee o comenta noticias en una cabina de radio o televisión, y el periodista se cree locutor, porque quizás transmite en vivo para estos medios, y porque a través de estos participa en un programa de comentarios; pero debe quedar claro que si bien el ejercicio del periodismo y la locución están muy relacionados, uno y otro quehacer requieren de competencias distintas.

Uno, el locutor, debe posee un adecuado dominio de la lengua oral; mientras que el otro, el periodista, además de la oral, la competencia fundamental que sirve de apoyo a su trabajo cotidiano es el dominio de la lengua escrita.

 En otras palabras, quien nunca haya ejercido la locución como su principal medio de vida ni está certificado como tal, no puede autodenominarse locutor. De igual forma, quien no haya estudiado periodismo o ejercido esta carrera; aunque sea de manera empírica, no puede llamarse periodista. Existen, sin embargo, comunicadores que cumplen magistralmente con esa doble condición, como don Ramón de Luna, entre otros.

Para todos quienes en el desempeño de sus funciones han convertido el uso de la palabra oral en un arte, les reitero mi más sentida felicitación.

 


viernes, 17 de abril de 2026

MUCHAS FELICIDADES, DR. GRULLÓN

Por : Domingo Caba Ramos

Anoche sentí la inmensa satisfacción de acompañar a mi entrañable amigo, médico y brillante artista o pintor, Francisco Grullón (Pepe) en su magistral exposición pictórica en una de las salas del Centro Cultural Banreservas, de la ciudad de Santiago. Más de cuarenta obras recrearon la vista y despertaron las más diversas sensaciones y sentimientos en el selecto público allí presente.  El acto se llevó a a cabo a las 6p.m, y aunque desde de las 4pm, las nubes comenzaron a «vomitar lluvias», como decía mi hija y siempre tierno Manojito de ternura, Nicol María, eso no se constituyó en barrera para que todos quienes queremos al más pintor de los médicos dominicanos, abarrotáramos el artístico espacio del novedoso centro cultural. 

Créanme que, con la actividad y el apoyo recibido, yo me sentí tan alegre como si el pintor o expositor hubiera sido yo.

¡Muchas felicidades, mi querido Grullón!, y que tu fina sensibilidad artística y talento estético continúen plasmándose en obras como las que en la noche de ayer todos disfrutamos y nos sirvieron de solaz esparcimiento.

DEL «PASO HONDO» DE «DOS PESOS DE AGUA» A SANTO DOMINGO Y EL CIBAO

Por: Domingo Caba Ramos

  «En Paso Hondo, por los secos cauces de los arroyos y los ríos, empezaba a rodar agua sucia; todavía era escasa y se estancaba en las piedras. De las lomas bajaba roja, cargada de barro; de los cielos descendía pesada y rauda. El techo de yaguas se desmigajaba con los golpes múltiples del aguacero» 

(Del cuento “Dos pesos de agua”, de Juan Bosch)

Hace más de dos semanas que la lluvia no ha parado de caer en la República Dominicana. Como reza la frase popular: ¡Llueve a cántaros! Y es tanta la lluvia caída, que por momentos he pensado que la vieja Remigia, de “Paso Hondo”, se “mudó” a esta nación, y de nuevo les prendió, para que lloviera, velas a las ánimas del purgatorio

La historia de la vieja Remigia y Paso Hondo parece repetirse en cada rincón del país; pero muy particularmente en el Cibao Central, Santo Domingo y Puerto Plata.

 Paso Hondo es el ambiente imaginario adonde se desarrolla el hecho (una sequía) que magistralmente relata Juan Bosch en uno de sus cuentos capitales: “Dos pesos de agua”, incluido en el volumen Cuentos escritos antes del exilio (1982)

 En términos generales el cuento  nos relata la historia de Remigia, la vieja campesina y el extremo optimismo o fe inquebrantable de esta ante los peores desastres que la furia de la naturaleza  pueda producir. Y el argumento es bastante sencillo:

 Paso Hondo, lugar donde reside la vieja Remigia, es afectado por una gran sequía que genera la desesperación y la emigración en masa de los residentes de este lugar. La tragedia natural no solo afecta a la anciana campesina, sino también a sus vecinos, quienes forzados por las circunstancias deciden abandonar sus tierras y salir en busca de mejores condiciones de vida.

Al decir de los lugareños, la sequía, cual castigo divino, se presentó en el momento en que menos se esperaba:

« Todo iba bien. Pero sin saberse cuándo ni cómo se presentó aquella sequía. Pasó un mes sin llover, pasaron dos, pasaron tres. Los hombres que cruzaban por delante de su bohío la saludaban diciendo:

 - Tiempo bravo, Remigia

 Ella aprobaba en silencio. Acaso comentaba: 

- Prendiendo velas a las ánimas pasa esto»
(1982: 19)

Fue así como poco a poco, la angustia fue aposentándose en el cerebro de todos los residentes de Paso Hondo:

« Comenzó la desesperación. La gente estaba ya transida y la propia tierra quemaba como si despidiera llamas. Todos los arroyos cercanos habían desaparecidos; toda la vegetación de la loma había sido quemada…» (p. 20)

 Antes de abandonar el lugar, los vecinos de la vieja pasaban a despedirse de ella y a externar el último lamento:

«-Yo no aguanto, Remigia; a este lugar le han echado mal de ojo...» (p.21)

Todos se marchan, menos Remigia, la cual se queda, confiando en que las ánimas del purgatorio, a las cuales ella ha estado prendiendo velas, un día se compadecerán de Paso Hondo y mandarán la lluvia. Y a todos, la vieja les regalaba monedas para  que compraran velas y se las prendieran a las ánimas del purgatorio :

«-Tenga; préndamele esto de velas a las ánimas en mi nombre... » (p.21)

«La vieja Remigia se resistía a salir. Algún día caería el agua; alguna tarde se cargaría el cielo de nubes; alguna noche rompería el canto del aguacero sobre el ardido techo de yaguas…» (p.18)

Después  que sus insistentes pedidos habían sido ignorados, las ánimas descubren que Remigia ha gastado dos pesos en velas, un monto considerado por ella bastante alto. Es entonces cuando de inmediato comienzan a dar respuestas a sus oraciones, enviando la tan esperada lluvia y causando, inconscientemente, una segunda tragedia: la inundación que destruye a Paso Hondo y  se lleva consigo a doña Remigia.

«Rauda, pesada, cantando broncas canciones, la lluvia llegó hasta el camino real, resonó en el techo de yaguas, saltó el bohío, empezó a caer en el conuco. Sintiéndose arder, Remigia corrió a la puerta del patio y vio descender, apretados, los hilos gruesos del agua; vio la tierra adormecerse y despedir un vaho espeso. Se tiró afuera, rabiosa» (p.26)

 En paso Hondo, como presa desbordada, las nubes no cesaban de enviar agua a la tierra: 

«Pasó una semana; pasaron diez días, quince... Zumbaba el aguacero sin una hora de tregua…. Los ríos, los caños de agua y hasta las lagunas se adueñaban del mundo, borraban los caminos, se metían lentamente entre los conucos» (p.27)

 
Por esa razón, como sucede hoy en diferentes zonas del país«… El agua sucia entró por los quicios y empezó a esparcirse en el suelo. Bravo era el viento en la distancia, y a ratos parecía arrancar árboles. Remigia abrió la puerta. Un relámpago lejano alumbró el sitio de Paso Hondo. ¡Agua y agua! Agua aquí, allá, más lejos, entre los troncos escasos, en los lugares pelados. Debía descender de las lomas y en el camino real se formaba un río torrentoso.» (p.27)

 Remigia, que fue capaz de soportar estoicamente los embates de la primera tragedia (sequía) sucumbió ante la furia de la segunda (inundación):

«Cuando sintió el bohío torcerse por la tormenta, Remigia desistió de esperar y levantó al nieto. Se lo pegó al pecho; lo apretó, febril; luchó con el agua que le impedía caminar; empujó, como pudo, la puerta y se echó afuera. A la cintura llevaba el agua; y caminaba, caminaba. No sabía adónde iba. El terrible viento le destrenzaba el cabello, los relámpagos verdeaban en la distancia. El agua crecía, crecía. Levantó más al nieto. Después tropezó y tornó a pararse. Seguía sujetando al nieto y gritando: - ¡Virgen Santísima, Virgen Santísima!» (p. 18)

En tanto las ánimas, allá en el cielo, gritaban enloquecidas, como enloquecidas parece que también gritando en estos momentos :

 «- ¡Ya va medio peso de agua! ¡Ya va medio peso de agua!» (p. 29)

«-¡Todavía falta; todavía falta! ¡Son dos pesos, dos pesos de agua! ¡Son dos pesos de agua!» (p. 30

jueves, 16 de abril de 2026

«¡PAPI, PAPI! LAS NUBES ESTÁN VOMITANDO LLUVIAS»

Por : Domingo Caba Ramos

Como hoy y desde hace más de dos semanas en Santiago de los Caballeros y otros pueblos del país no ha parado de llover, difícil me resulta no recordar la emotiva reacción frente a la lluvia de mí siempre Pequeño Manojito de Ternura, Nicol María, cuando apenas había cumplido siete años de edad. Tan pronto escuchaba el sinfónico sonido de las primeras gotas que del cielo descendían a la Tierra, acto seguido me invitaba o tomaba de la mano para contemplar la lluvia al caer desde el balcón de nuestro apartamento. Y frente a la lluvia, siempre le cantaba a esta con los versos que una vez se le ocurrió improvisar:

«Lluvia, lluvia vete ya,
que otro día volverás,
y mi familia quiere jugar…»
Contrario a otros momentos, un día cualquiera, y para mi agradable sorpresa, un repentino aguacero le arrancó a mi emocionado y hoy tierno Manojo de Ternura un mensaje que por su poético y profundo sentido metafórico no pudo ser para mí más impactante y regocijante:
«¡Papi, papi, las nubes están vomitando lluvias!»

Difícil fue para mí no abrazarla fuertemente, besarla y decirle con la más paternal de la ternura:
«¡Salve, mi niña adorada! Eres mi poetisa favorita…».