domingo, 4 de febrero de 2024

EL EJEMPLO DE NUESTROS LIDERES Y LA LECCIÓN DE DON QUIJOTE


 Por: Domingo Caba Ramos 

Nuestros líderes políticos, religiosos, artísticos y deportivos se constituyen en ejemplos o modelos susceptibles de ser imitados por las personas que los siguen, especialmente, por niños, jóvenes y adolescentes. Un líder, por esta razón, es una especie de “divo” y, en tal virtud, debe ser sumamente cuidadoso con su comportamiento público.

 El líder auténtico debe reunir una serie de requisitos que son los que, en última instancia, configuran el perfil requerido para que sea considerado como tal. Entre esas condiciones, la prudencia, la humildad, el trato justo y equilibrio emocional parecen situarse a la cabeza de la lista. La conducta del líder, pues, tiene necesariamente que estar articulada al perfil que le ha trazado la sociedad o de lo contrario la sanción colectiva no se hará esperar.

En lo que atañe a su comportamiento lingüístico, el liderazgo nacional, tanto en el pasado como en el presente, no le ha brindado los mejores ejemplos al pueblo dominicano. El elevado nivel que todos esperamos en el debate de las ideas desciende y se arrastra con frecuencia, y es así como el habla cotidiana suele aparecer abarrotada de los más soeces juicios y degradantes calificativos. Al doctor José Francisco Peña Gómez, recuerdo al respecto, el profesor Juan Bosch solía llamarlo “loco” y “degenerado”, en tanto que al Lic. Jacobo Magluta, otro líder político,  en una ocasión, públicamente,  lo llamó “homosexual”.

Refiriéndose también a Peña Gómez, en una rueda de prensa,  el cardenal López Rodríguez utilizó  veintiocho calificativos altamente denigrantes  con el fin de restarle méritos a la imagen pública del extinto líder del P.R.D. Y años después, en la campaña electoral de 1996, el candidato Hipólito Mejía llamó “gallina” a su contrincante, Leonel Fernández, el cual ripostó llamándole “burro” al primero.

Así, con esa “ejemplarizadora” gallardía se han comportado y comportan los líderes que le sirven de espejo a la nación dominicana. El ataque personal, las acusaciones y contraacusaciones se imponen al debate de las ideas. El fanatismo se impone al juicio racional.

 La manera como socialmente debe comportarse un dirigente o líder, pero fundamentalmente un gobernante, aparece magistralmente expuesta en los consejos que le diera don Quijote a Sancho Panza en el momento en que a su iluso escudero, los duques le hicieron creer que había sido juramentado gobernador de la llamada Ínsula Barataria. Esos consejos fueron los siguientes:
 

  1.«Primeramente, ¡oh, hijo!, has de temer a Dios; porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio, no podrá errar en nada. Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puedes imaginarte»

 2. 
«Has gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores; y préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio. Innumerables son aquellos que, de baja estirpe nacidos, han subido a la suma dignidad pontificia e imperatoria; y de esta verdad te pudiera traer tantos ejemplos que te cansarán»

3. 
«Si acaso viniere a verte, cuando estés en tu ínsula, alguno de tus parientes, no lo deseches ni lo afrentes; ante le has de acoger, agasajar y regalar, que con esto satisfarás al cielo, que gusta que nadie se desprecie de lo que él hizo, y corresponderás a la naturaleza bien concertada»

4. 
«Si trajeres a tu mujer contigo, enséñala, adoctrínala y desbástala de su natural rudeza; porque todo lo que suele adquirí un gobernador discreto suele perder y derramar una mujer rústica y tonta»

 5. 
«Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico, como entre los sollozos e importunidades del pobre»

 6. 
«Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia»

7. 
«Anda despacio; habla con reposo, pero no de manera que parezca que te escuchas a ti mismo, que toda afectación es mala»

8. 
«Sé templado en el beber, considerando que demasiado vino no guarda secreto ni cumple palabras»

 9. 
«No has de mezclar en tus pláticas la muchedumbre de refranes que sueles; que muchas veces los traes tan por los cabellos que más parecen disparates que sentencias»

Ojalá que en los diferentes gobiernos que les corresponda regir los destinos de la nación dominicana, todos los funcionarios que los conformen leyeran, enmarcaran, colocaran en sus oficinas  y pusieran en práctica cada uno de los antes citados e ilustradores consejos. Solo así, el ejercicio del poder se desarrollaría fundamentado en bases éticas, justicia social y ejemplares formas de conducta. Solo así, el poder público se ejercería guiado por los más elevados parámetros de calidad y pensando siempre en el bien común.

PUBLICADO EN DIARIO LIBRE EN FECHA 4/1/2024

EL «AMOR DE ESCALERA» EN UN POEMA DE RUBÉN SURO


Por: Domingo Caba Ramos

Los tiempos cambian, evolucionan o se transforman. Así lo establece la dialéctica. Y con los cambios epocales, cambian también las costumbres. los hábitos, los valores y el pensamiento o visión del mundo de las personas. En tal virtud, lo actos humanos que antes se consideraban positivos o funcionales, hoy se desprecian por entenderlos  negativos o irrelevantes; y lo que ayer se consideraba un antivalor, hoy se asume, practica y reconoce como el más preciado de los valores.

Para ilustrar lo antes expresado, vale destacar, por citar solo un ejemplo, que en la época de mi niñez, una muchacha, lo mismo que los padres de esta, para aceptar o rechazar las pretensiones amorosas del galán enamorado, tomaban muy en consideración el núcleo familiar al cual este pertenecía, así como los valores (respeto, seriedad, honestidad, laboriosidad, prudencia, decencia y amor a los estudios, entre otros) que tipificaban su comportamiento. A tono con este perfil, era muy común escuchar frases del tipo «El novio de mi hija es pobre, pero muy serio, honrado, estudioso y trabajador…» . En términos parecidos se expresaba también la novia.

Con el discurrir del tiempo, todo cambió: el reinado de los antiguos principios parece haber llegado  a su fin, los antivalores se convirtieron en valores y viceversa, lo espiritual sucumbió ante el peso de lo material, el parecer sepultó al ser, el encarecimiento de bienes de consumo alcanzó,  niveles insospechados, y todo eso contribuyó a que al   dinero comenzara a rendírsele un culto con ribetes casi mesiánicos.

 Es, en semejante contexto, cuando al repertorio del  léxico activo de los dominicanos entran en vigencia frases como «Con honestidad no se va al supermercado», «La seriedad no suma», «Con moral no se come», entre otras.  Es entonces cuando las mujeres, para conceder el romántico «sí», primero deberán investigar los recursos económicos que posee el hombre que se lo solicita. Es entonces cuando los padres; pero especialmente las madres, comienzan a vender a sus hijas al pretendiente acaudalado y, más que hijas, a asumirlas y tratarlas como libretas o cuentas bancarias. Es entonces, en fin, cuando en la sociedad dominicana irrumpe con ímpetu imparable el fenómeno seudosentimental que a mí se ha ocurrido identificar con el nombre de «Amor de escalera».

¿Qué debe entenderse por «Amor de escalera?

Así llamo a ese falso sentimiento que conduce a una mujer   a establecer vínculos sentimentales con un nombre, seducida no por el amor que por este sienta ella, sino atraída por su riqueza o posesión de cuantiosos bienes materiales y el consecuente interés de ascender social y económicamente. Tal intención es también atribuible a la madre, no tanto al padre, de la dama conquistada.

Si bien en las últimas décadas ha logrado una muy recurrente o inusitada presencia, «el amor de escalera», al parecer, siempre ha existido en la República Dominicana. Así se pone de manifiesto en un poema, «Poemas de pueblo para muchacha de pueblo», publicado en 1940 por uno de los poetas representativos de la literatura dominicana.

Compuesta por el laureado poeta vegano, Rubens Suro García Sarmiento (1916/2006), en esta composición, su autor describe e introduce una aguda crítica social al amor artificial y al resquebrajamiento o pérdida de valores éticos y morales  en en la sociedad dominicana (medio urbano) durante la época en que vio la luz pública. Un medio (ciudad) y época en los que, según Suro, «la vergüenza estaba “knock – out” y en camillas la moral».  Un medio en el que se destaca la artificialidad del beso del «último galán…», y en el que el novio «ve antes que la novia / los caudales del papá?»

Nos describe el poeta unas relaciones amorosas establecidas en forma rápida o carentes por completo de sustancia sentimental (“amor a velocidad”) y en las que cada uno de los entes que las conforman «habla en libretas de bancos /para poderse expresar». Entes o miembros de la pareja, cuya felicidad, entienden, debe sustentarse no en auténticas muestras de amor, sino en el dinero, razón por la cual conocen «más de finanzas /que de cosas del hogar»

A la luz de las ideas  precedentemente expuestas, valdría preguntase :

1.     Esa moral que en 1940, según el poeta, estaba “en camillas”, ¿ochenta y cuatro años después (2024), ¿ya falleció o aún se mantiene vigente en la República Dominicana?

2.   ¿Considera usted, como yo, que ese falso, fingido, materialista, inauténtico, ultraartificial o «Amor de escalera» que entraña el sentido profundo de la aludida composición, ¿cobra cada día mayor vigor y constituye la más viva expresión de la inversión de valores que en forma pregresiva corroe los cimientos éticos que deben servir de soportes a la sociedad y familia dominicanas?

He ahí el texto completo del poema :

ESTROFAS DE PUEBLO PARA MUCHACHA DE PUEBLO

« ¿Amor?
¿Este amor de la ciudad,
que ve antes que la novia
los caudales del papá?

Labios cargados de “rouge”,
para un beso artificial,
enseñado en el cinema,
por el último galán.
(La vergüenza está “knock – out”
y en camillas la moral)

Muchachas – flores de “flirt”-
marchitada castidad,
la cabeza en Cinelandia,
los pies en tierra natal.

Amor: sed de gasolina,
amor a velocidad,
que habla en libretas de bancos
para poderse expresar.

¿Amor?
¿Este amor de la ciudad,
que encuentra en el “Beauty Parlor”
una fórmula industrial,
-maravillas del cosmético-
para detener la edad?
-
Amor a base de Química,
-Max Factor dictatorial- .
Amor que quiso con “dollars”,
poseer la felicidad,
que sabe más de finanzas,
que de cosas del hogar.

¿Amor?
¿Este amor de la ciudad?
¡que cubre sus desnudeces,
con trajes de celofán!»

(1940)

PUBLICADO ESTE ARTÍCULO EN DIARIO LIBRE 11/1/2024

EN NAVIDAD, SEGÑUN JUAN ANTONIO ALIX, ¿DE QUIÉN DEBEMOS CUIDARNOS?


 Por: Domingo Caba Ramos

«Pero cuando Juan Antonio Alix se engrandece realmente, es cuando tiene el arco de la sátira en sus manos. En él existió un formidable poeta satírico y un agudo crítico de costumbres…»

 Joaquín Balaguer

Juan Antonio Alix (Moca,1833- Santiago, 1918), nuestro muy ingenioso y estudiado bardo popular, fue un verdadero retratista o fotógrafo social. Nadie como él supo reproducir, en sus creaciones, las costumbres, actitudes, los sentimientos, los hábitos y el habla del pueblo dominicano. Ningún detalle de la vida nacional logró escapársele. De ahí que se haya escrito que su criollismo no era unilateral, sino poliédrico, por cuanto sus décimas abarcan los más diversos temas, y en ellas «Papa Toño» supo plasmar las distintas formas de comportarse del ser dominicano.

Merced a esa variedad temática, sus composiciones han sido clasificadas en diferentes categorías: políticas, amorosas, noticieras, estampas populares, humorísticas y décimas de crítica social. Como estas últimas se clasifican aquellas décimas en las que de manera satírica o irónica se emite una crítica acerca de alguna costumbre o comportamiento social de la época. Así se pone manifiesto en  el más antiguo de los aguinaldos dominicanos, «Cánticos» (1908), más conocido con el título de “A las arandelas”,  en el  que Alix, su autor, con su punzante y característico acento epigramático, afirma que en la Navidad debemos cuidarnos:

 a) De los chismosos : prestos siempre a generar nocivos efectos con sus lenguas lacerantes:

“Que el Niño Jesús,
muy a bien lo tenga, 
librarnos a todos,
 de las malas lenguas”

 b) De los envidiosos : siempre mortificados por el éxito ajeno:

 “Que los libre el Niño, 
de los envidiosos, 
que hacen mala sangre,
 y viven rabiosos” 

c) De los malos vecinos: eternos perturbadores de la paz familiar:

“Y los libre el cielo, 
de un vecino malo,
 que es mucho peor, 
que un incendio al lado”

d) De los necios o imprudentes: siempre presentes en la fiesta o festejo a la que no fueron invitados:

“Y al entrar señores,

 mucha precaución,
con los que se meten,

 sin invitación”

e) De esos necios hay que cuidarse, según el poeta, porque a pesar de no haber sido convidados son los primeros que se sientan a la mesa a comer:

“Y al ir a la mesa

los primeros son,

en comer de todo,

con mucha ambición”

f) Y son los primeros en invitar damas a bailar:

“Y son los primeros,

en damas sacar,

y hasta los registros,

los suelen bailar…”

En 1908, según el laureado Cantor del Yaque, así se comportaba una franja importante de la sociedad dominicana. Vista esa poética descripción, parecería entonces que, en términos de nuestros hábitos, costumbres y formas de ser, no es tanto lo que en ese sentido, los dominicanos hemos evolucionado. Pienso, sin embargo, que hoy, en pleno siglo XX1, más que del imprudente que sin invitación se presenta a una fiesta navideña, de quien realmente debemos cuidarnos es del delincuente que se desplaza por nuestras calles y caminos en «busca de los suyo”

PUBLICADO EN DIARIO LIBRE EN FECHA 29/12/2023

LA ATMÓSFERA IMPERIAL EN EL USO DE ALGUNOS GENTILICIOS


Por: Domingo Caba Ramos.

«En Estados Unidos se usa, desde hace muchísimo tiempo, como gentilicio para los ahí nacidos o avecindados, el adjetivo american. No faltan contextos y situaciones donde, además, el topónimo, America, (sin acento), se usa en ese país como aberrante sinónimo…»

 José G. Moreno de Alba (De su libro Minucias del lenguaje)

 1. Americano.

El continente que un 12 de octubre de 1492 fue descubierto por Cristóbal Colón se llama América, territorio compuesto por más de treinta países, uno de los cuales es Estados Unidos. Cada uno de esos territorios posee un gentilicio particular o identificatorio para nombrar a los allí nacidos: dominicano (República Dominicana), cubano (Cuba), mexicano (México) y, por supuesto, estadounidense (Estados Unidos), entre otros.  Y, naturalmente, cuando del continente en general se trata, lo más lógico y acorde con la configuración morfológica de los gentilicios, es que a sus naturales lo llamen, y ellos mismos se autodenominen, americanos.

Sin embargo, desde tiempos inmemoriales, entre los nativos de los Estados Unidos cunde la práctica de llamarse a sí mismos americanos y no estadounidense, que sería la forma válida y apropiada, convencidos, quizás, de que debido al sello imperial de su patria y al inmenso poder político y económico que esta ejerce sobre los demás pueblos de América, Estados Unidos, más que un país parte de este continente, es el continente mismo. Lo mismo se piensa cuando al mencionar el nombre de este país se le añade al final el complemento de América: Estados Unidos de América.  Merced a este falso o erróneo parecer, debe quedar claro: América es América y Estados Unidos es Estados Unidos.

 Pero no solo ellos. Los nativos de los demás pueblos que conforman la extensa y continental superficie americana, movidos, talvez, por un sentimiento de subalterna y acomplejada adhesión, también suelen usar la voz estadounidense como sinónimo de americano. Ellos también están muy equivocadamente seguros de que uno y otro gentilicio significan exactamente lo mismo.

2. Norteamericano.

Algo igual o parecido a lo anterior sucede con el gentilicio norteamericano, el cual vale para designar a todos los naturales de América del Norte (México, Estados Unidos y Canadá); pero que de manera excluyente o discriminatoria solo se les asigna a los nacidos en los Estados Unidos. Visto así, tan norteamericano es un mexicano y un canadiense como un estadounidense. El fenómeno ha operado tan profundamente en la conciencia de los hablantes americanos, que en el caso que nos ocupa, pienso que hasta muchos   mexicanos y oriundos de Canadá, debido al impacto del uso, también están convencidos de que norteamericanos solo los estadounidenses, no ellos.  Así logré comprobarlo durante mi breve estadía en México, hace ya varios, en una amena conversación con un taxista de allí:

 - «Los norteamericanos son seres raros» - me dijo - en obvia alusión a los habitantes de su vecino país.

- «No sabía que ustedes, los mexicanos, eran así» – le respondí – para ver su reacción.

- «No, no… me refiero a los de los Estados Unidos» - aclaró enseguida.

«Estadounidenseapunta al respecto el académico y lexicógrafo español, Manuel Seco (1928 – 2021), en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española   es más propio este adjetivo que norteamericano y, más que americano, que corresponden, respectivamente, a toda América del Norte (no solo Estados Unidos) y a todo el continente americano…» (1986: 186). En la relación con el nombre América, en el Diccionario Panhispánico de dudas se lee que «Debe evitarse la identificación del nombre de este continente con los Estados Unidos de América, uso abusivo que se da sobre todo en España…» (2005: 14).

 Y sobre el gentilicio norteamericano, prescribe el precitado lexicón lo siguiente :

 «Está muy generalizado, y resulta aceptable, el uso de norteamericano como sinónimo de estadounidense, ya que, aunque en

rigor el término norteamericano podría usarse igualmente en alusión a los habitantes de cualquiera de los países de América del Norte o Norteamérica, se aplica corrientemente a los habitantes de los Estados Unidos. Pero debe evitarse el empleo de americano para referirse exclusivamente a los habitantes de los Estados Unidos, uso abusivo que se explica por el hecho de que los estadounidenses utilizan a menudo el nombre abreviado América (en inglés, sin tilde) para referirse a su país. No debe olvidarse que América es el nombre de todo el continente y son americanos todos los que lo habitan» (Ídem, p. 274).

O como de manera enfática aclara nuestro humanista, poeta y expresidente de la Academia Dominicana de Lengua, Mariano Lebrón Saviñón (1922 – 2014):

 «Es pues, un error, llamar americanos, a secas, a los nativos de los Estados Unidos de Norteamérica, y aún yerra quien los llama norteamericanos, prescindiendo de México y Canadá. Yo soy tan americano como los estadounidenses» (Usted no lo diga, 2008 :32).

Como podrá apreciarse, en el uso de los adjetivos gentílicos americano y norteamericano, lo que se rechaza es que se apliquen de manera exclusiva para referirse a los naturales de los Estados Unidos, toda vez que semejante proceder lingüístico resulta a todas luces excluyente, por cuanto tales denominaciones no se aplican por igual para aludir a los moradores del continente americano en general y de los de América del Norte en particular.

PUBLICADO DIARIO LIBRE  14/12/2023

jueves, 30 de noviembre de 2023

LOS DIEZ AÑOS DEL DICCIONARIO DEL ESPAÑOL DOMINICANO


Por: DOMINGO CABA RAMOS

El jueves 21 de noviembre del 2013 fue puesto en circulación, y su publicación representó un verdadero acontecimiento en el ámbito lingüístico y cultural de la República Dominicana, por tratarse del primer diccionario académico dominicano escrito con rigor lexicográfico. Esto significa que el Diccionario del español dominicano es ya casi un “adolescente”. Hace apenas días se celebró el décimo aniversario de su nacimiento. En mi condición de Miembro Correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua, constituyó para mí un honor inmenso el haber sido parte del equipo lexicográfico que laboró en el proceso de materialización de tan patriótico proyecto, ideado y asesorado por el Dr. Bruno Rosario Candelier, presidente de la academia, y dirigido por la distinguida lexicógrafa de origen español, Dra. María José Rincón González.

Días después de su puesta en circulación, publiqué al respecto un artículo, cuyo contenido, por considerarlo de interés, me permito reproducir de nuevo:

El Diccionario del español dominicano.

«La Academia Dominicana de la Lengua y la Fundación Guzmán Ariza Pro - Academia de la Lengua pusieron en circulación, el jueves de la pasada semana, el Diccionario del español dominicano, considerado como “el primer diccionario académico de la República Dominicana” y la “obra más emblemática y relevante publicada por la Academia desde su fundación en 1927″.

 Con el rigor lingüístico, metodológico y lexicográfico con la cual fue elaborada, es la primera vez que se publica una obra de esta naturaleza en nuestro país. Debido a esa rigurosidad científica, el Diccionario del español dominicano habrá de convertirse en un referente obligado y necesario para la realización aquí de nuevas investigaciones y producción de nuevas obras de carácter lexicográfico.

Conformado por ochocientas páginas, el diccionario registra un número aproximado de 11.000 entradas, 22.000 acepciones y 8.000 ejemplos. Incluye el léxico del español dominicano de los siglos XX y XXI, vale decir, registra el léxico vigente y frecuente en la actualidad, así como el que está en desuso o en vías de desaparecer por razones generacionales, sociales y cambios en la realidad cultural de la sociedad dominicana.

 Al decir del director de la antes citada institución lingüística, doctor Bruno Rosario Candelier, el diccionario se diferencia de las demás publicaciones por ser el primer trabajo colegiado que aspira a recoger y definir, conforme a los más recientes avances de la lexicografía, todas las voces distintivas del español que han hablado y hablan los dominicanos. Aclara que se trata de “una obra descriptiva, no normativa; aparece un léxico usual de los hablantes dominicanos, independientemente de su apego a las normas lingüísticas y académicas”.

 Innegablemente que el diccionario constituye un aporte lingüístico bastante significativo, por cuanto se traduce en un instrumento idóneo para el estudio y conocimiento del habla dominicana. Posee esta obra una extraordinaria importancia lingüística y cultural, toda vez que su contenido, además de ponernos en contacto con la identidad cultural de los dominicanos, nos presenta un fiel retrato de la realidad léxica de nuestro país.

Un proyecto lingüístico cuya idea había sido gestada hace ya muchos años, logra finalmente materializarse gracias no solo al esfuerzo mancomunado de la Academia Dominicana de la Lengua y de la Fundación Guzmán Ariza pro- Academia Dominicana de la Lengua, sino también al trabajo del equipo de colaboradores que de manera tenaz laboró durante cuatro años y, fundamentalmente, gracias a la sabia, competente e incansable coordinación de la lexicógrafa y miembro correspondiente de dicha institución , María José Rincón.

 En mi condición de Miembro Correspondiente  de la Academia Dominicana de la Lengua, formé parte del equipo lexicográfico que trabajó para que hoy tan importante y trascendental obra sea una realidad. Y como sé de su calidad e importancia, entiendo que el Diccionario del español dominicano debe permanecer como material de lectura y consulta en el librero de todo dominicano que se interese por todo lo concerniente a nuestra realidad lingüística y cultural»

 28/11/2013

PASO HONDO Y EL ESPÍRITU DE DOÑA REMIGIA EN LAS CALLES DE SANTO DOMINGO


Por : Domingo Caba Ramos

 

 «En Paso Hondo, por los secos cauces de los arroyos y los ríos, empezaba a rodar agua sucia; todavía era escasa y se estancaba en las piedras. De las lomas bajaba roja, cargada de barro; de los cielos descendía pesada y rauda. El techo de yaguas se desmigajaba con los golpes múltiples del aguacero» 

 

(Del cuento “Dos pesos de agua”) El pasado fin de semana, debido a los fuertes y constantes aguaceros que un disturbio tropical provocó,  la tragedia se aposentó en distintos puntos del país; pero especialmente en las calles de Santo Domingo. Como reza la frase popular: ¡Llovió a cántaros! Y fue tal la cantidad de lluvia caída, que por momentos pensé que la vieja Remigia se había mudado a esta zona, y una vez aquí, como lo hizo y pensó en su natal Paso Hondo, de nuevo volvió a prenderles velas a las ánimas del purgatorio, esperanzada en que «… Algún día caería el agua; alguna tarde se cargaría el cielo de nubes; alguna noche rompería el canto del aguacero …» La historia de la vieja Remigia y Paso Hondo pareció repetirse en el ámbito capitalino y otros lugares del sur de la República Dominicana.

 

 Paso Hondo es el ambiente imaginario en donde se desarrolla el hecho (una sequía) que magistralmente narra Juan Bosch en uno de sus cuentos capitales: “Dos pesos de agua”, incluido en el volumen Cuentos escritos antes del exilio (1962).  En términos generales, el cuento  nos relata la historia de Remigia, la vieja campesina y el extremo optimismo o fe inquebrantable de esta ante los peores desastres que en la vida puedan presentársele. Y el argumento es bastante sencillo: (Edición 1982).  Paso Hondo, sector rural adonde reside la vieja Remigia, es afectado por una gran sequía que genera la desesperación y emigración en masa de los residentes de este lugar. La tragedia natural no solo afecta a Remigia, sino también a sus vecinos, quienes forzados por las circunstancias deciden abandonar sus tierras y salir en busca de mejores condiciones de vida. Al decir de los lugareños, la sequía, cual castigo divino, se presentó en el momento en que menos se esperaba: « Todo iba bien. Pero sin saberse cuándo ni cómo se presentó aquella sequía. Pasó un mes sin llover, pasaron dos, pasaron tres. Los hombres que cruzaban por delante de su bohío la saludaban diciendo:  - Tiempo bravo, Remigia.  Ella aprobaba en silencio. Acaso comentaba:  - Prendiendo velas a las ánimas pasa esto» (p. 19) Fue así como poco a poco, la angustia fue aposentándose en el cerebro de todos los residentes del lugar: « Comenzó la desesperación. La gente estaba ya transida y la propia tierra quemaba como si despidiera llamas. Todos los arroyos cercanos habían desaparecidos; toda la vegetación de la loma había sido quemada…» (p. 20)  Antes de abandonar el lugar, los vecinos de la vieja pasaban a despedirse de ella y a externar el último lamento: «-Yo no aguanto, Remigia; a este lugar le han echado mal de ojo...» (p.21) Todos se marchan, menos Remigia, la cual se queda, confiando en que las ánimas del purgatorio, a las cuales ella ha estado prendiendo velas, un día se compadecerán de Paso Hondo y mandarán la lluvia. Y a todos, la vieja les regalaba monedas para  que compraran velas y se las prendieran a las ánimas: «-Tenga; préndamele esto de velas a las ánimas en mi nombre... » (p.21) «La vieja Remigia se resistía a salir. Algún día caería el agua; alguna tarde se cargaría el cielo de nubes; alguna noche rompería el canto del aguacero sobre el ardido techo de yaguas…» (p.18) Después  que sus insistentes pedidos habían sido ignorados, las ánimas descubren que Remigia había gastado dos pesos en velas. Es entonces cuando  deciden  complacer las peticiones de la muy optimista anciana y acto seguido comienzan a enviar  la tan esperada lluvia, una noble acción que habría de provocar  una segunda y más dolorosa tragediala inundación que destruye a Paso Hondo y  se lleva consigo a doña Remigia. «Rauda, pesada, cantando broncas canciones, la lluvia llegó hasta el camino real, resonó en el techo de yaguas, saltó el bohío, empezó a caer en el conuco. Sintiéndose arder, Remigia corrió a la puerta del patio y vio descender, apretados, los hilos gruesos del agua; vio la tierra adormecerse y despedir un vaho espeso. Se tiró afuera, rabiosa» (p.26)  En paso Hondo, como presa desbordada, las nubes no cesaban de enviar agua a la tierra:  «Pasó una semana; pasaron diez días, quince... Zumbaba el aguacero sin una hora de tregua…. Los ríos, los caños de agua y hasta las lagunas se adueñaban del mundo, borraban los caminos, se metían lentamente entre los conucos» (p.27) Por esa razón, como sucedió el sábado en la capital  y otras zonas del país: 

 

«… El agua sucia entró por los quicios y empezó a esparcirse en el suelo. Bravo era el viento en la distancia, y a ratos parecía arrancar árboles. Remigia abrió la puerta. Un relámpago lejano alumbró el sitio de Paso Hondo. ¡Agua y agua! Agua aquí, allá, más lejos, entre los troncos escasos, en los lugares pelados. Debía descender de las lomas y en el camino real se formaba un río torrentoso.» (p.27)  Remigia, que fue capaz de soportar estoicamente los embates de la primera tragedia (sequía) sucumbió ante la furia de la segunda (inundación): «Cuando sintió el bohío torcerse por la tormenta, Remigia desistió de esperar y levantó al nieto. Se lo pegó al pecho; lo apretó, febril; luchó con el agua que le impedía caminar; empujó, como pudo, la puerta y se echó afuera. A la cintura llevaba el agua; y caminaba, caminaba. No sabía adónde iba. El terrible viento le destrenzaba el cabello, los relámpagos verdeaban en la distancia. El agua crecía, crecía. Levantó más al nieto. Después tropezó y tornó a pararse. Seguía sujetando al nieto y gritando: - ¡Virgen Santísima, Virgen Santísima!» (p. 18) En tanto las ánimas, allá en el cielo, gritaban enloquecidas:  «- ¡Ya va medio peso de agua! ¡Ya va medio peso de agua!» (p. 29) «-¡Todavía falta; todavía falta! ¡Son dos pesos, dos pesos de agua! ¡Son dos pesos de agua!» (p. 30)