miércoles, 12 de mayo de 2021

DON FELIPE ROJAS ALOU


Por: Domingo Caba Ramos

                                                                                             

“Hay gente que no respeta la estatura de los años”

 (Felipe Rojas Alou)

 La frase que introduce el presente artículo la pronunció el destacado manager dominicano que hoy ocupa nuestra atención, un tanto incómodo por supuesto, al ser entrevistado minutos después que los Leones del Escogido se coronaran campeones de la Liga Dominicana de Béisbol Profesional (1991). Y la misma fue externada para censurar la acre actitud asumida por los cronistas y fanáticos que no desmayaron en cuestionar su método de dirección en el desafortunado instante en que el combativo equipo escarlata mordía el polvo amargo del sótano.

 Nació en Haina, su bien amada y jamás olvidada patria chica, el 12 de mayo de 1935. Nació en el vientre del gran cañaveral, importunado por el olor penetrante del guarapo, acariciado por el viento tibio del ingenio y arrullado por el eco tormentoso de ese “brusco tropel de raíles” de que nos habla el poeta.

 Dominicano aquí y allá, atleta a tiempo completo y caballero a carta cabal, triunfó como lanzador de jabalinas, extraña disciplina deportiva en la que llegó a ostentar el título de Campeón Nacional.

Como manager, conviene reiterarlo, ha triunfado en más de una oportunidad. Y ello ha sido posible no sólo por la vasta experiencia y amplios conocimientos que en materia de béisbol posee el exjabalinero. Ha triunfado y triunfará:

 Porque sabe dirigir y sacarle el máximo y efectivo resultado a sus jugadores.

 Porque cual veterano administrador, sabe orientar, reconocer, estimular, incentivar, brindar confianza, otorgar oportunidades, actuar con firmeza y conceder un trato justo a sus dirigidos.

 Porque nunca ha encontrado espacio en su comportamiento dirigencial la muy odiosa y no menos rentable práctica de humillar, vejar u ofender tanto en obra como en palabras al equipo humano bajo su dependencia.

 Triunfó, en fin, porque es un verdadero líder y el dirigente ideal que demandan los nuevos  tiempos.

A él todos se solazan en identificarlo con el afectivo sobrenombre de el “Panqué de Haina”.

 Yo, por mi parte, prefiero llamarlo con merecida deferencia:

 Don Felipe Rojas Alou.

 (Publicado originalmente en el Listín Diario en fecha  12/5/1992 . Esta vez se reproduce con motivo de su cumpleaños #86)

 

 

 

sábado, 24 de abril de 2021

ABRIL Y LA PRIMAVERA

Por : Domingo Caba Ramos

Primavera es la cara opuesta al otoño. El otoño es declinación, agotamiento, lo viejo, la ruta hacia el final. La primavera es flor que retoña, vida que comienza, juventud, ruta inexplorada, potencia vital.

Abril, por nacer casi a la par con la primavera, parece arrastrar muchos de los rasgos distintivos de esta venerada estación. “Cumplió quince abriles”, suele afirmarse para referirse a la lozana y hermosa quinceañera nacida en un mes cualquiera del año.
Hablar de abril es recordar, necesariamente, entre cosas, la siguiente galería poética del gran bardo español, Antonio Machado:
«La lluvia iba pasando,
sobre el campo juvenil,
yo vi en las hojas temblando,
las frescas lluvias de abril»
Y también esta otra:
“Son de abril las aguas mil,
sopla el viento achubascado,
y entre nublado y nublado,
hay trozos de cielo añil»

lunes, 19 de abril de 2021

LAS MAÑAS EN EL ARTE DE ESCUCHAR

Por: DOMINGO CABA RAMOS

 Escuchar de manera activa o con eficacia es un arte. Un arte que, desafortunadamente, no todos los hablantes poseen. De ahí las fallas que se producen en el acto comunicativo, y a las que Azorín llama “mañas en escuchar”

¿Por qué se originan tales fallas?

Sencillamente, porque no prestamos atención a quien nos habla, dedicamos poco tiempo a escuchar con empatía y en la conversación no esperamos que el otro termine de hablar, vale decir, lo interrumpimos constantemente para terminar lo que está diciendo o para expresar “una idea brillante” que se nos ha ocurrido acerca del tema tratado. En otras palabras, porque muchas personas solo transmiten o hablan más que lo que oyen y, en tal virtud, centran su atención más en lo que dicen que en lo que escuchan.  

Merced a los planteos precedentemente externados, bien puede afirmarse que la escucha activa, especialmente en la República Dominicana, se encuentra muy, pero muy en crisis. Y esto, desde el punto de vista psicológico, quizás se deba a que en ocasiones procedemos asido a un elevado autoconcepto tan fijo o consolidado en nuestra conciencia  que, consciente o inconscientemente, nos conduce a pensar que en un determinado conversatorio solo importa el punto de vista del yo, no así la opinión o juicio del  tú. De ahí que siempre he considerado que el protagonismo discursivo constituye la más auténtica expresión de las mentes mediocres, egocéntricas, presumidas o carentes de humildad.

 José Martínez Ruiz, Azorín, (1873 – 1967), el célebre escritor español, miembro prominente de la Generación del 98 y uno de los más finos prosistas de la lengua española, en su muy citado libro “El político” (1946), sostiene al respecto lo siguiente:

«Una de las artes más difíciles es saber escuchar. Cuesta mucho hablar bien; pero cuesta tanto el escuchar con discreción. Entre todos los que conversan, unos no conversan, es decir, se lo hablan ellos todo; toman la palabra desde que os saludan y no la dejan; otros, si la dejan, os acometen con sus frases apenas habéis articulado una sílaba, os atropellan, no os dejan acabar el concepto; finalmente, unos terceros, si callan, están inquietos, nerviosos, sin escuchar lo que decís y atentos sólo a lo que van ellos a replicar cuando calléis» (Espasa, p. 43)

Como bien puede apreciarse, Azorín, en forma magistral,   clasifica al sujeto - oyente en tres categorías, a partir de las “mañas” que este muestra o pone de manifiesto en el intercambio comunicativo. A saber:

1.      Los que hablan, hablan sin parar y no hay manera de que se callen. Saben muy bien cómo iniciar el discurso; pero se les hace bastante difícil o parecen ignorar por completo cómo terminarlo. 

2.      Los que callan o guardan silencio momentáneamente o durante apenas segundos; pues en el mismo momento en que el otro comienza a hablar, de inmediato lo interrumpen.

3.      La tercera categoría, según Azorín,  está conformada por un grupo muy singular de oyentes : por  aquellos  que a pesar de mantenerse callados   y no  interrumpir   al interlocutor ,   no están, sin embargo,   escuchando absolutamente nada  de lo que este dice ;  pues en lugar de concentrarse, con el fin de desentrañar el sentido profundo del mensaje percibido, solo están atentos a los que deberán  decir tanto pronto  el otro termine de hablar. Su nerviosismo, inquietudes y lenguaje del cuerpo así lo revelan o ponen de manifiesto el deseo del receptor de que emisor –hablante concluya lo más rápido posible su discurso.

  ¿Qué hacer para evitar tales “mañas”, según Azorín?
Para superar tan irregulares prácticas comunicativas, el afamado novelista, ensayista, periodista y crítico valenciano, recomienda al respecto:
«Téngase sosiego y atención; una buena charla es aquella en que se platica sosegadamente, con mesura… Cuando se hable en corro o frente a frente, a solas con un amigo, dejemos que nuestro interlocutor exponga su pensamiento; estemos atento a todas las particularidades; no hagamos con nuestros gestos que apresure o compendie la narración. Luego, cuando calle, contestemos acorde a lo manifestado, sin los saltos e incongruencia de los que no han escuchado bien. Si es persona de calidad a quien nosotros queremos agradar aquella con quien hablamos, demostrémosle que tomamos grande gusto en lo que ella nos va diciendo» (Ob. Cit., págs.43/44)
En el proceso de la comunicación oral, si pretendemos que esta resulte efectiva, hablar lo necesario y escuchar con atención constituyen la clave del éxito. Merced a este planteo, conviene entonces tener siempre presente lo que a alguien se le ocurrió decir alguna vez:
     «Dios nos dio dos oídos y una sola boca por una buena razón: debemos escuchar el doble de lo que hablamos»


martes, 13 de abril de 2021

EL DOMINICANO Y SU DIFICULTAD PARA PARA ESCUCHAR Y DEBATIR

Por: Domingo Caba Ramos

“Dios nos dio dos oídos y una boca por una buena razón: debemos escuchar el doble de lo que hablamos”
(Anónimo)

                                                      De izq. a derecha Dr. Guerrero Heredia y Agustín Laje

El debate es uno de los llamados géneros discursivos de la comunicación oral. Consiste en la discusión mediante la cual dos o más personas emiten opiniones contrapuestas acerca de un tema determinado. Su propósito es, pues, vencer el punto de vista del interlocutor.

Para que un debate se desarrolle con el rigor científico o académico esperado, deben cumplirse, entre otras, las siguientes condiciones:

1.      Sólido dominio del tema que se debate

2.      Presentarse al debate vestido con el científico traje de la humildad o antiarrogancia y animado  solo con la intención de aportar al conocimiento y no de avasallar o ridiculizar al otro; armado solo de juicios  contundentes y no  de la subjetiva presunción  del “sabio” o del “intelectual” que siempre tiene la razón.

3.      Escuchar con atención al oponente y no interrumpirlo mientras habla.

4.      Respetar el tiempo  y demás reglas establecidas para el debate

5.      No descalificar o subestimar al otro.

6.      Nunca salirse del tema que se está debatiendo.

7.      Tratar de convencer con argumentos de irrebatible rigor académico y no con gritos  ni elevación del tono de voz

8.      Evitar los insultos.

9.      Combatir siempre el punto de vista del otro y no a la persona que lo sustenta        ( Falacia  Ad –hominem o contra el hombre )

10.  Ser preciso y conciso, vale decir, evitar argumentar más de la cuenta.

¿Por qué a un dominicano se le hace tan difícil debatir de manera profesional? ¿Por qué el argentino Agustín Laje parece llevar la voz cantante cada vez que debate con un dominicano el muy polémico tema del aborto y sus tres causales?

 Sencillamente, porque la mayoría de dominicanos, en la comunicación oral, no tiene control de sus emociones. Y por ser así, explota, se irrita, grita, habla fuerte, insulta, amenaza, descalifica, interrumpe constantemente al que habla, abandona la discusión… En fin, se trata de un ser, preparado para argumentar, no para escuchar; para convencer, no para que lo convenzan.  Y lo peor de todo: está muy, pero muy convencido de que en un debate o discusión, quien más eleve el tono de voz, más alto hable y menos deje hablar al otro, es el que más razón tiene.

 Para validar lo expresado en el párrafo precedente, muy importante resulta escuchar el debate Laje – Faride Raful, en julio del 2019. Mientras el polémico y politólogo argentino exponía sus argumentos, la hoy senadora de la República Dominicana por el PRM acariciaba sin cesar la pantalla de su teléfono celular o reaccionaba en silencio con una risa preñada del más evidente y descalificador histerismo.

 Algo parecido sucedió hace apenas tres semanas en el debate sobre el mismo tema, llevado a cabo entre Laje y el destacado médico psiquiatra dominicano, Dr. Héctor Guerrero Heredia.  Apenas el primero abría la boca cuando ya el segundo, exaltado o casi fuere de sí, lo estaba interrumpiendo. Y lo mismo sucedió en el debate sostenido entre Laje y el comunicador José Luluz.  La desesperación y el descontrol emocional de este fue tal, y sus interrupciones fueron tantas que de una hora y cincuenta y cinco minutos que duró el debate, él, Laluz habló durante una hora y diez minutos y el otro cuarenta y cinco minutos.

 En la red aparecen dos videos en donde se ve a Laje debatiendo el tema que nos ocupa con una historiadora argentina y con una politóloga guatemalteca.  Fue muy emocionante para mí observar cómo tanto la historiadora como la politóloga permanecían en estricto silencio, mientras el teórico argentino hablaba. Fue entonces cuando llegué a la siguiente conclusión:

 Todo parece indicar que al dominicano promedio, mientras el otro habla,   humanamente le resulta imposible permanecer callado o “escuchar con discreción”, como bien lo recomendaba ese genio de la prosa española y miembro de la Generación del 98, José Martínez Ruiz (Azorín).

 Quien desee confirmar lo antes expresado, solo tiene que sintonizar uno cualquiera de los programas de entrevistas, opinión o de variedades que se difunden diariamente a través de los diferentes canales de televisión de nuestro país. Muy pronto se encontrará hasta con cinco personas hablando a la vez, y si se trata de una entrevista, el entrevistador parece apostar a quién habla más, si él o el entrevistado.  Este apenas puede hablar debido a las constantes, imprudentes e inoportunas interrupciones del primero.

 En fin, la posibilidad de que un debate mantenga en nuestro país su esencia académica, choca por completo con el perfil lingüístico de los dominicanos.  Y es que no puede ser profesional el debate, allí donde impera el monólogo o donde todos hablan, pero nadie escucha. Y esta conducta, desafortunadamente, se constituye en el rasgo por excelencia de los nativos de la patria de Duarte cuando se expresan de manera oral; pero muy especialmente, cuando debaten o discuten un determinado tema.

 

 

domingo, 11 de abril de 2021

SE NOS FUE MARCIO!


Por: Domingo Caba Ramos

                                                                               Don Marcio Veloz Maggiolo (1936 - 2021 )

 Se nos fue Marcio Veloz Maggiolo. El coronavirus se lo llevó. Otro más de los personajes grandiosos y extraordinarios que se lleva esta terrible y traicionera enfermedad.

 ¡SE NOS FUE DON MARCIO!, a mi juicio, el más completo escritor dominicano de los últimos tiempos. Se nos fue nuestro último humanista.

 Novelista, cuentista, poeta, dramaturgo, ensayista, antropólogo, arqueólogo,  etnólogo, pintor, periodista cultural, profesor universitario, diplomático, miembro de la Academia Dominicana de la Lengua, historiador, crítico literario y Premio Nacional de Literatura. Era, en fin, nuestro último humanista vivo. «Su talento abarcaba distintas disciplinas, y en todas alcanzó niveles de maestría sorprendentes” - afirmó acerca de él la destacada poetisa dominicana e integrante de la Generación del 60, Jeannette Miller. En su condición de antropólogo, supo combinar el pensamiento científico con la creación artística.

 Miller lamentó este sábado la muerte de quien a su parecer fue una de las figuras más importantes de la cultura del país. Expresó que la capacidad de trabajo del catedrático y también periodista cultural, “ayudó a construir una gran obra que ha quedado en sus numerosos libros y en la conciencia de quienes lo conocieron”.

 Describió a Veloz Maggiolo como una enciclopedia viviente y como un hombre “afable, caballeroso, con una curiosidad permanente que le permitió manejar temas disímiles”.

 Expresó que Marcio estimuló a los jóvenes escritores a seguir su vocación y también participó y apoyó a importantes grupos y generaciones literarias como la Generación del 48, Generación del 60, El Puño, y otros. “Para nosotros – concluye Miller - queda el hueco de su persona y de su obra, una obra que lo mantendrá vivo a través del tiempo en la memoria cultural de nuestro país”.

domingo, 21 de marzo de 2021

¿DÓNDE ENCONTRAR VERDADERA POESÍA?

 

(A propósito del “Día Mundial de la Poesía”)

 Por: DOMINGO CABA RAMOS


El 21 de marzo de cada año, se celebra el Día Mundial de la Poesía; pero no se crea que solo hay poesía en la secuencia de versos que conforman o configuran la estructura de una obra poética. No solo eso.  Auténtica poesía podemos también encontrarla en las más diversas expresiones de nuestro mundo natural.

Auténtica poesía podemos encontrarla en la risa y sonrisa de un bebé; en la lluvia con su armónico canto e impresionante descenso hacia la Tierra; en las ramas de los árboles que mecidas por el viento ejecutan un baile casi fantástico, así como en el mañanero y sinfónico canto del ruiseñor.

Auténtica poesía existe en las olas que cual veloz e impetuosa sierpe se desplazan por nuestros mares tropicales; en los sonidos de polifónica esencia emitidos por el coro de grillos y otros invisibles pajaritos en nuestras noches campestres.

Hay auténtica poesía en una puesta de sol, en un bello atardecer, en una noche de luna llena, en el alba que anuncia un nuevo día, en el murmullo de las olas o en el estruendo por estas emitido al estrellarse contra las rocas.

 Auténtica poesía existe en esas «Ondas y brisas, brumas, rumores/ suspiros y ecos del ancho mar…» de que nos habla el poeta.

Hay, finalmente, verdadera poesía, en la sonrisa incierta del anciano y en la imagen de la madre que tierna y amorosamente  amamanta a su angelical criatura.

En conclusión, allí donde hay belleza capaz de despertar las más diversas sensaciones y sentimientos, hay poesía.

Además de felicitar a todos los poetas de nuestro país, propicia es la ocasión para recordar a todos aquellos bardos que honran las páginas de la literatura dominicana, como son, entre otros : Salomé Ureña, José Joaquín Pérez, Félix María del Monte, Javier Angulo Guridi, Gastón Fernando Deligne, Fabio Fiallo, Osvaldo Bazil, Federico Bermúdez, Otilio Vigil Díaz, Pedro Mir , Franklin Mieses Burgos, Héctor Incháustegui Cabral, Manuel Rueda, Aída Cartagena Portalatín , Manuel del Cabral, Tomás Hernández Franco, Máximo Avilés Blonda, Rubens Suro, Carmen Natalia Martínez y Domingo Moreno Jimenes. 


miércoles, 10 de marzo de 2021

EL PODER POÉTICO DE LA LLUVIA


Por : Domingo Caba Ramos

 ¿Se ha parado usted alguna vez, amigo lector, a observar el veloz movimiento o a escuchar el agradable susurro de las aguas que circulan por los cauces de nuestros ríos tropicales?

 ¿Se ha detenido usted a observar o escuchar la marcha ondulante y el murmullo eterno de las olas en su loca desesperación por estrellarse contra las rocas?

¿Se ha parado usted alguna vez frente a la puerta o ventana de su casa a oír o ver la lluvia caer?

En fin, ¿se ha dormido usted, arrullado por el canto armónico de la lluvia?

La lluvia es tal vez una de las más geniales obras de arte que nos ha brindado la naturaleza y quizás el más romántico de los elementos o seres que forman parte del mundo natural. En su vertical descenso hacia la tierra, la lluvia entona la más tierna de las serenatas y el más armónico de los conciertos.

La lluvia embriaga el espíritu, excita la inspiración de los poetas y provoca en las almas dotadas de cierto grado de sensibilidad artística toda una gama de dulces sensaciones y sentimientos. Hasta los niños y animales ceden vencidos o atrapados en las redes embrujantes de la lluvia.

De la época de mi niñez, jamás he podido olvidar el comportamiento asumido por una traviesa y parlanchina cotorrita (la cuca) que había en mi casa. Desde que una embarazada nubecilla daba a luz su acuática criatura, una alegría sin igual invadía el ánimo de la vagabunda cotica y ningún tímpano podía soportar por mucho tiempo el eco casi interminable de su ininteligible monólogo.

Del gran poeta Pablo Neruda (1904 – 1973 ) se cuenta que al pasar a vivir a la aldea de Isla Negra (Chile) instaló su casa en un acantilado frente a una playa de grandes rocas y en cuyo interior ordenó construir un estudio dedicado a recordar al lluvioso sur chileno que lo vio nacer.

«Neruda - reseña Enrique Gutiérrez Aicardi - decidió que la pieza debía tener un techo de zinc para sentir la lluvia con toda la fuerza con que los aguaceros barren la tierra en el sur de Chile».

«El estudio - continúa diciendo Gutiérrez Aicardi -tuvo su techo de zinc y allí Neruda se dejó arrullar por el murmullo de las olas y el tamborileo de la lluvia que le hacía regresar a sus años de infancia...»

El propio bardo chileno inicia su libro autobiográfico, “Confieso que he vivido”, diciendo lo siguiente:

«Comenzaré por decir, sobre los días y años de mi infancia, que mi único personaje inolvidable fue la lluvia. La lluvia austral que cae como una catarata del Polo, desde los cielos del Cabo de Hornos hasta la frontera. En esta frontera, o Far West de mi patria, nací a la vida, a la tierra, a la poesía y a la lluvia. La lluvia caía en hilos como largas agujas de vidrio que se rompían en los techos o llegaban en olas transparentes contra las ventanas».

En uno de sus poemas, «El padre», el autor de “Residencia en la tierra”, inserta los versos que siguen:

«... la lluvia como catarata
despeñada en los techos
ahogaba poco a poco
el mundo
y no se oía nada más que el viento
peleando con la lluvia...»


 No sólo Pablo Neruda. Otros poetas de igual valía también le han cantado a la lluvia. Como el gran vate español Antonio Machado cuya voz nos parece escuchar allá, en su natal Sevilla, diciéndonos en una de sus poéticas Galerías:

«Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil
yo vi en las hojas temblando
las frescas lluvias de abril...»

Pero nadie como Juana de Ibarborou (1892 – 1979), o Juana de América, supo plasmar en líricos versos el impacto sentimental que produce en las almas enamoradas ver la lluvia caer “en hilos como largas agujas de vidrio…”, o cuando esta entona su sinfónico concierto al romper en los techos o contra las ventanas. ¿Qué romántico mortal no habrá ordenado alguna vez, como la amada aludida por la insigne poetisa uruguaya: “Llueve… Espera, no te duermas…”?

NOCHE DE LLUVIA

«Llueve... Espera, no duermas,
estate atento a lo que dice el viento
y a lo que dice el agua que golpea
con sus dedos menudos en los vidrios.

¡Cómo estará de alegre el trigo ondeante!
¡Con qué avidez se esponjará la hierba!
¡Cuántos diamantes colgarán ahora
del ramaje profundo de los pinos!

Espera, no te duermas. Escuchemos
el ritmo de la lluvia.
Apoya entre mis senos
tu frente taciturna.
Yo sentiré el latir de tus dos sienes
palpitantes y tibias,
como si fueran dos martillos vivos
que golpearan mi carne.

Espera, no te duermas. Esta noche
somos los dos un mundo,
aislado por el viento y por la lluvia
entre la cuenca tibia de una alcoba.

Espera, no te duermas. Esta noche
somos acaso la raíz suprema
de donde debe germinar mañana
el tronco bello de una raza nueva»

(Juana de Ibarborou)