domingo, 21 de marzo de 2021

¿DÓNDE ENCONTRAR VERDADERA POESÍA?

 

(A propósito del “Día Mundial de la Poesía”)

 Por: DOMINGO CABA RAMOS


El 21 de marzo de cada año, se celebra el Día Mundial de la Poesía; pero no se crea que solo hay poesía en la secuencia de versos que conforman o configuran la estructura de una obra poética. No solo eso.  Auténtica poesía podemos también encontrarla en las más diversas expresiones de nuestro mundo natural.

Auténtica poesía podemos encontrarla en la risa y sonrisa de un bebé; en la lluvia con su armónico canto e impresionante descenso hacia la Tierra; en las ramas de los árboles que mecidas por el viento ejecutan un baile casi fantástico, así como en el mañanero y sinfónico canto del ruiseñor.

Auténtica poesía existe en las olas que cual veloz e impetuosa sierpe se desplazan por nuestros mares tropicales; en los sonidos de polifónica esencia emitidos por el coro de grillos y otros invisibles pajaritos en nuestras noches campestres.

Hay auténtica poesía en una puesta de sol, en un bello atardecer, en una noche de luna llena, en el alba que anuncia un nuevo día, en el murmullo de las olas o en el estruendo por estas emitido al estrellarse contra las rocas.

 Auténtica poesía existe en esas «Ondas y brisas, brumas, rumores/ suspiros y ecos del ancho mar…» de que nos habla el poeta.

Hay, finalmente, verdadera poesía, en la sonrisa incierta del anciano y en la imagen de la madre que tierna y amorosamente  amamanta a su angelical criatura.

En conclusión, allí donde hay belleza capaz de despertar las más diversas sensaciones y sentimientos, hay poesía.

Además de felicitar a todos los poetas de nuestro país, propicia es la ocasión para recordar a todos aquellos bardos que honran las páginas de la literatura dominicana, como son, entre otros : Salomé Ureña, José Joaquín Pérez, Félix María del Monte, Javier Angulo Guridi, Gastón Fernando Deligne, Fabio Fiallo, Osvaldo Bazil, Federico Bermúdez, Otilio Vigil Díaz, Pedro Mir , Franklin Mieses Burgos, Héctor Incháustegui Cabral, Manuel Rueda, Aída Cartagena Portalatín , Manuel del Cabral, Tomás Hernández Franco, Máximo Avilés Blonda, Rubens Suro, Carmen Natalia Martínez y Domingo Moreno Jimenes. 


miércoles, 10 de marzo de 2021

EL PODER POÉTICO DE LA LLUVIA


Por : Domingo Caba Ramos

 ¿Se ha parado usted alguna vez, amigo lector, a observar el veloz movimiento o a escuchar el agradable susurro de las aguas que circulan por los cauces de nuestros ríos tropicales?

 ¿Se ha detenido usted a observar o escuchar la marcha ondulante y el murmullo eterno de las olas en su loca desesperación por estrellarse contra las rocas?

¿Se ha parado usted alguna vez frente a la puerta o ventana de su casa a oír o ver la lluvia caer?

En fin, ¿se ha dormido usted, arrullado por el canto armónico de la lluvia?

La lluvia es tal vez una de las más geniales obras de arte que nos ha brindado la naturaleza y quizás el más romántico de los elementos o seres que forman parte del mundo natural. En su vertical descenso hacia la tierra, la lluvia entona la más tierna de las serenatas y el más armónico de los conciertos.

La lluvia embriaga el espíritu, excita la inspiración de los poetas y provoca en las almas dotadas de cierto grado de sensibilidad artística toda una gama de dulces sensaciones y sentimientos. Hasta los niños y animales ceden vencidos o atrapados en las redes embrujantes de la lluvia.

De la época de mi niñez, jamás he podido olvidar el comportamiento asumido por una traviesa y parlanchina cotorrita (la cuca) que había en mi casa. Desde que una embarazada nubecilla daba a luz su acuática criatura, una alegría sin igual invadía el ánimo de la vagabunda cotica y ningún tímpano podía soportar por mucho tiempo el eco casi interminable de su ininteligible monólogo.

Del gran poeta Pablo Neruda (1904 – 1973 ) se cuenta que al pasar a vivir a la aldea de Isla Negra (Chile) instaló su casa en un acantilado frente a una playa de grandes rocas y en cuyo interior ordenó construir un estudio dedicado a recordar al lluvioso sur chileno que lo vio nacer.

«Neruda - reseña Enrique Gutiérrez Aicardi - decidió que la pieza debía tener un techo de zinc para sentir la lluvia con toda la fuerza con que los aguaceros barren la tierra en el sur de Chile».

«El estudio - continúa diciendo Gutiérrez Aicardi -tuvo su techo de zinc y allí Neruda se dejó arrullar por el murmullo de las olas y el tamborileo de la lluvia que le hacía regresar a sus años de infancia...»

El propio bardo chileno inicia su libro autobiográfico, “Confieso que he vivido”, diciendo lo siguiente:

«Comenzaré por decir, sobre los días y años de mi infancia, que mi único personaje inolvidable fue la lluvia. La lluvia austral que cae como una catarata del Polo, desde los cielos del Cabo de Hornos hasta la frontera. En esta frontera, o Far West de mi patria, nací a la vida, a la tierra, a la poesía y a la lluvia. La lluvia caía en hilos como largas agujas de vidrio que se rompían en los techos o llegaban en olas transparentes contra las ventanas».

En uno de sus poemas, «El padre», el autor de “Residencia en la tierra”, inserta los versos que siguen:

«... la lluvia como catarata
despeñada en los techos
ahogaba poco a poco
el mundo
y no se oía nada más que el viento
peleando con la lluvia...»


 No sólo Pablo Neruda. Otros poetas de igual valía también le han cantado a la lluvia. Como el gran vate español Antonio Machado cuya voz nos parece escuchar allá, en su natal Sevilla, diciéndonos en una de sus poéticas Galerías:

«Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil
yo vi en las hojas temblando
las frescas lluvias de abril...»

Pero nadie como Juana de Ibarborou (1892 – 1979), o Juana de América, supo plasmar en líricos versos el impacto sentimental que produce en las almas enamoradas ver la lluvia caer “en hilos como largas agujas de vidrio…”, o cuando esta entona su sinfónico concierto al romper en los techos o contra las ventanas. ¿Qué romántico mortal no habrá ordenado alguna vez, como la amada aludida por la insigne poetisa uruguaya: “Llueve… Espera, no te duermas…”?

NOCHE DE LLUVIA

«Llueve... Espera, no duermas,
estate atento a lo que dice el viento
y a lo que dice el agua que golpea
con sus dedos menudos en los vidrios.

¡Cómo estará de alegre el trigo ondeante!
¡Con qué avidez se esponjará la hierba!
¡Cuántos diamantes colgarán ahora
del ramaje profundo de los pinos!

Espera, no te duermas. Escuchemos
el ritmo de la lluvia.
Apoya entre mis senos
tu frente taciturna.
Yo sentiré el latir de tus dos sienes
palpitantes y tibias,
como si fueran dos martillos vivos
que golpearan mi carne.

Espera, no te duermas. Esta noche
somos los dos un mundo,
aislado por el viento y por la lluvia
entre la cuenca tibia de una alcoba.

Espera, no te duermas. Esta noche
somos acaso la raíz suprema
de donde debe germinar mañana
el tronco bello de una raza nueva»

(Juana de Ibarborou)



miércoles, 3 de marzo de 2021

EL PLURAL DE MODESTIA

 Por: DOMINGO CABA RAMOS

  Esa forma de expresión, consistente en emplear la primera persona del plural (nosotros) en lugar de la primera del singular (yo, mi) constituye un recurso retórico utilizado por el hablante para restarle protagonismo al yo, y proyectar así la imagen de humildad y no arrogancia. Recibe el nombre de plural de modestia, y su uso se torna cada vez más frecuente en el mundo hispanohablante.  Se pone de manifiesto, dicho plural, por ejemplo, cuando el conferencista que llegó tarde a la reunión presenta excusas ante el público asistente con las siguientes palabras:

« Debemos presentar nuestras excusas. Llegamos tarde porque andábamos resolviendo un problema en Santo Domingo…»

El emisor hablante, mediante esta construcción sintáctica, pretende situarse en un plano secundario y ocultar su yo tras una pluralidad ficticia. Su empleo está íntimamente asociado a otros dos tipos de plurales: el mayestático y el sociativo. Paralelamente al nosotros de modestia, ha tenido y tiene todavía mucho uso el posesivo nuestro y nuestra con el mismo sentido.

 Pero el plural de modestia no solo afecta a las formas pronominales, sino también a los verbos que en el discurso realizan las acciones: “Nosotros estamos felices”, en vez de yo estoy estoy feliz”. Por eso en la estructura profunda del mensaje se incurre en discordancia (discordancia deliberada) cuando se utiliza tanto en forma oral como escrita.

 Discordancia deliberada

 A veces nos dirigimos a un sujeto singular con el verbo en plural con la intención de lograr un efecto estilístico deliberado, bien para participar amablemente en la actividad o estado de nuestros interlocutores, bien con intención irónica. De esa manera preguntamos a un enfermo: “¿Cómo estamos?” “¿Qué tal vamos?”

En ciertas ocasiones se intenta disminuir la responsabilidad diluyéndola en una pluralidad ficticia. Se dice, por ejemplo, “Lo hemos estropeado”, no habiendo más culpable que uno mismo.

La misma discordancia tiene lugar con el ya referido plural de modestia, el cual hace hablar a un autor u orador de sí mismo en primera persona del plural (vimos, creemos, pensamos); o con el plural mayestático representado por el pronombre nosotros: a)     ” Nosotros trabajaremos por el pueblo”, dice el orador en la tribuna.

Si bien normativamente no se sanciona, el uso abusivo del plural de modestia debe evitarse. Por varias razones:

a) Puede sugerir o proyectar la imagen vanidosa o altanera que con él se pretende evitar. El asunto resulta aún menos aceptable cuando quien utiliza el modesto estilo se caracteriza por su comportamiento presumido y vanidoso.

b) Le resta belleza o elegancia a la expresión. Al respecto, nunca olvido las machaconas, cansonas y antiestéticas palabras pronunciadas por un dirigente político que en apenas tres minutos de discurso, mencionó nada más y nada menos veinte veces el pronombre “nosotros”.

c) Le resta claridad o transparencia a la idea, razón por la cual su uso no se recomienda en los textos y foros académicos. Así, ante una fórmula como “nosotros consideramos…”, al lector u oyente se le hace difícil determinar con certeza a quién se está refiriendo el autor, si a él mismo, o acaso se refiere a un grupo determinado en el cual dicho autor se incluye. Esa confusión adquiere mayor dimensión cuando el receptor del mensaje es un niño.

sábado, 27 de febrero de 2021

¿CUÁNDO SE CONSUMÓ DEFINITIVAMENTE LA INDEPENDENCIA NACIONAL?

Puerta del Conde

La noche del 27 de febrero de 1844, los dominicanos no logramos la Independencia Nacional, como a veces se piensa. Esa noche, vale aclararlo, no quedamos libres de los haitianos. Esa noche lo que  sucedió fue la proclamación de la independencia con el famoso trabucazo de Matías Ramón Mella. Los haitianos no se dieron por vencidos y fue entonces cuando se iniciaron las llamadas guerras de independencia. ¿Cuáles fueron esas guerras o batallas? :


1)      19 de marzo ( Azua, 1844 )

2)      30 de marzo  ( Santiago, 1844 )

3)      El Memiso (Azua, 13 de abril de 1844)

4)      Puerto Tortuguero ( Azua, 13 de abril de 1844 )

5)       La Estrelleta ( Elías Piña, 17 de septiembre de 1845 )

6)      Beller ( Dajabón, 27 de octubre de 1845)

7)      El Número ( Azua, 17 de abril de 1849 )

8)       Las Carreras ( Azua, 23 de abril de 1849 )

9)       Santomé ( San Juan, 22 de de diciembre de 1855 )

10)    Cambronal ( Neiba, 22 de diciembre de 1855 )

11)   Sabana Larga ( Dajabón, 24 de enero de 1856 )

 

¿Qué significa eso?

 Sencillamente, que el pueblo dominicano, para consumar o lograr la independencia proclamada el día 27 de febrero de 1844, tuvo que llevar a cabo doce largos  años de guerra en contra del  poderoso ejército haitiano. En otras palabras, fue en 1856, con la última batalla de independencia (Sabana Larga) cuando la independencia soñada por Juan Pablo Duarte, logró definitivamente  convertirse en realidad.

 

miércoles, 24 de febrero de 2021

LAS MAÑAS QUE IMPIDEN LA ESCUCHA ACTIVA


Cuando al jugador Ricardo Carty, en una ocasión, se le preguntó qué era lo más difícil en un juego de béisbol, su respuesta no se hizo esperar: “batear”. De manera parecida a mí, en un encuentro académico, se me preguntó qué era lo más difícil de la comunicación oral , y mi respuesta, igualmente, no se hizo esperar: “escuchar con atención”. Para muestras, dos botones bastan:
Ayer, en las primeras horas de la mañana, durante no más de dos minutos y por primera vez, escuché un programa de opinión llamado «Bajo la lupa». Me resultó casi imposible entender lo que decían; porque casi siempre los tres comunicadores que lo producían hablaban a un mismo tiempo. Lo que cada uno decía, el otro ni lo escuchaba ni le importaba. A eso hay que agregarle el altísimo volumen de la voz, especialmente la de uno de apellido Berry. Semejante conducta comunicativa convierte la percepción del mensaje en un verdadero infierno.
En horas del mediodía sintonicé, también durante breve tiempo, el tradicional programa «El show del mediodía». Hubo un momento en que cuatro de sus productores hablaban a la vez. Allí solo se hablaba; nadie escuchaba a nadie. José Martínez Ruiz - Azorín -(1873 – 1967), el célebre escritor español, llamó a esa práctica «mañas en escuchar»
Debido a esas mañas o ausencia de “escucha activa”, afirmaba yo en uno de mis artículos, lo siguiente :
« ¡Qué difícil es escuchar con atención a los demás! ¡Qué difícil resulta esperar que el otro termine de expresar sus ideas! ¡Qué difícil es no interrumpir a quien nos habla! ¡Qué difícil es callar mientras el otro habla! ¡Qué desagradable es hablar cuando el otro habla! ¡Qué gratificante y agradable es escuchar con atención a quien nos habla! ¡Qué difícil es, en fin, la escucha activa!»

En el proceso de la comunicación oral, si pretendemos que esta resulte efectiva, hablar lo necesario y escuchar con atención constituyen la clave del éxito. Merced a este planteo, conviene entonces tener siempre presente lo que a alguien se le ocurrió decir alguna vez:

“DIOS NOS DIO DOS OIDOS Y UNA BOCA POR UNA BUENA RAZON: DEBEMOS ESCUCHAR EL DOBLE DE LO QUE HABLAMOS”

jueves, 11 de febrero de 2021

LA LIDOM, LOS CRONISTAS DEPORTIVOS Y EL NOMBRE DE NUESTRO PAÍS


 Por: Domingo Caba Ramos.


El fundador de la nacionalidad dominicana, Juan Pablo Duarte, en su muy famoso e histórico Juramento Trinitario, apunta lo siguiente:

«En nombre de la Santísima, augustísima e indivisible Trinidad de Dios Omnipotente, juro y prometo, por mi honor y mi conciencia, en nombre de nuestro presidente, Juan Pablo Duarte, cooperar con mi persona, vida y bienes a la separación definitiva del gobierno haitiano, y a implantar una república libre, soberana e independiente de toda dominación extranjera, que se denominará República Dominicana…»

 Mientras que nuestra constitución, en su Art. 1, establece que:

 « El pueblo dominicano constituye una Nación organizada en Estado libre e independiente, con el nombre de República Dominicana…»

 Eso quiere decir que, según lo ideó el patricio Juan Pablo Duarte y lo consignó luego el legislador en nuestra Carta Magna, el nombre de nuestro país es República Dominicana, no «Dominicana», como se lee en las páginas deportivas y se escucha en la cadena de radio y televisión que todos los años transmite los juegos de béisbol correspondientes a la Serie del Caribe. En otras palabras, aunque no existe en el mundo ningún país llamado «Dominicana», nuestros cronistas deportivos persisten en llamar así a una nación cuyo verdadero nombre es República Dominicana, incurriendo de esa manera en una innecesaria distorsión de la esencia de la auténtica denominación.

Pero no solo los cronistas. En el mismo error incurre la Liga de Béisbol Profesional de la República Dominicana (LIDOM), cuando decide identificar el uniforme del equipo representativo de este país en la Serie del Caribe con el nombre de «Dominicana».

 

Es posible que se alegue que el nombre que identifica a nuestra patria es muy largo, y que por esa razón resulta difícil inscribirlo completo en un uniforme. De ser así, ¿por qué entonces no se escribe en este REP. DOM., o, simplemente, R.D.?, sigla esta última que históricamente ha sido utilizada para representar el nombre de la patria de Duarte, Sánchez, Mella y Luperón.

 Al decir simplemente «Dominicana», ¿qué mensaje les transmiten nuestros cronistas deportivos y la LIDOM a los demás países que participan en esa caribeña competencia?

 Sencillamente, que nuestro país se llama «Dominicana». Por eso no me extrañó que estando hace ya varios años en México, un nativo de esta nación me preguntó que si yo era de «Dominicana». Acto seguido le respondí, ocultando naturalmente mi molestia:

 « De “Dominicana” no. Yo soy de la República Dominicana».

 El que el amigo mexicano creyera que así se llamaba mi patria, no me sorprendió, por cuanto es bien sabido que los medios de comunicación, conscientes o inconscientemente, y debido a la gran influencia que ejercen, trazan las pautas en el uso de la lengua. De tanto leer y escuchar el término «Dominicana», es lógico, pues, que todo extranjero piense que así se llama la patria que hace casi dos siglos independizó Juan Pablo Duarte. Y, peor aún, hasta los niños dominicanos podrían pensar lo mismo.

Conviene tener siempre presente que la palabra República forma parte del nombre de nuestro país, razón por la cual nunca deberá omitirse cuando este se exprese, ya sea en forma oral como escrita. Con el nombre de República Dominicana, vale aclarar, sucede lo mismo que con el de La Romana, cuyo artículo antepuesto (La) suele omitirse, a pesar de ser parte de dicho nombre. Cuando se refieren a esta ciudad, muchos cronistas deportivos prefieren decir simplemente Romana, como se aprecia en frases del tipo:

a) « Hoy no habrá juego en Romana…»

  b) «En Romana Escogido vence a Toros»

 En el uso de la lengua, conviene siempre recordarlo, no debemos distorsionar la realidad. En tal virtud, los nombres que designan esa realidad, hay que emplearlos en su justa, auténtica y completa denominación.


domingo, 24 de enero de 2021

DUARTE A TRAVÉS DE SUS VERSOS


Por: Domingo Caba Ramos



« Duarte no fue ajeno al quehacer poético. La Providencia le concedió el don profético de la inspiración…»

 Julio Jaime Julia.

En el sentido técnico y artístico del término, el patricio Juan Pablo Duarte no fue poeta. O “no presumía de poeta”, al decir del destacado historiador Vetilio Alfau Durán.  La poesía no constituyó para él una actividad constante y permanente. No fue un quehacer habitual en su vida. Por eso apenas trece poemas conforman su producción poética: «Tristezas de la noche», «Santana», «Canto de guerra», «Antífona», «El criollo», «Desconsuelo», «Súplica», «Himno», «La cartera del proscrito» y otros cuatro carentes de títulos
.

Escribió impulsado por las circunstancias o los imperativos del momento, y muy particularmente, como una forma de desahogo sentimental, vale decir, como un instrumento de expresión de sus sentimientos patrióticos.  Y de manera muy especial, para expresar la pena, el dolor, la angustia y las emociones que el destierro y el exilio desencadenaban en su alma atribulada. 

Sus poesías, al decir de Joaquín Balaguer, fueron “escritas sin pretensiones literarias, no estaban destinadas a la publicidad y en su mayor parte desaparecieron en el destierro con el resto de sus papeles íntimos…”. A través de estas se puede determinar la dimensión de sus sentimientos patrióticos y conocer aspectos importantes de su personalidad. La casi totalidad de sus versos constituyen el más fiel retrato de la figura del padre de nuestra independencia. Las siguientes muestras poéticas así lo ponen de manifiesto:

En «La cartera del proscrito» expresa Duarte el pesar que se siente en la vida azarosa del destierro:

«Cuan triste, largo y cansado,
cuan angustioso camino,
señala el Ente divino,
al infeliz desterrado.

Llegar a tierra extranjera,
sin idea alguna ilusoria,
sin porvenir y sin gloria,
sin penates ni bandera…»



En «Tristeza de la noche» la soledad, las nostalgias, el dolor y la melancolía pueblan la mente atormentada del fundador de nacionalidad dominicana:

«Triste es la noche, muy triste,
para el mísero mendigo,
que sin pan, tal vez, ni abrigo
maldice la soledad.

Triste es la noche, muy triste,
para el bueno y leal patricio,
a quien aguarda el suplicio,
que le alzó la iniquidad…»

El 22 de agosto de 1844, el entonces presidente de la República, dictador Pedro Santana, firma la sentencia mediante la cual se destierra a perpetuidad a Duarte junto a otros patriotas, acusados de “traidores de la Patria”. El 10 de agosto, los desterrados abandonan el país e inician la tortuosa ruta del destierro rumbo al puerto de Hamburgo, Alemania. La larga travesía es aprovechada por nuestro libertador para en la que se considera su mejor composición poética, «Romance», describir o dejar gravado en románticos y épicos versos el dolor que siente quien se ve obligado a abandonar su lar nativo e iniciar el recorrido que conduce al mundo pesaroso del exilio:

«Era la noche sombría,
y de silencio y de calma,
era una noche de oprobio,
para la gente de Ozama,
noche de mengua y quebranto,
para la patria adorada,
y el recordarla tan sólo,
el corazón apesara.

Ocho los míseros eran,
que mano aviesa lanzaba,
en pos de sus compañeros,
hacia la extrajera playa…»


La humildad característica del patricio no le permite referirse en primera persona del singular a un acontecimiento del cual fue él su principal actor. Por eso informa en tercera persona del plural:

 «Ellos que al nombre de Dios,
patria y libertad se alzaran,
ellos que al pueblo le dieron,
la independencia anhelada,
lanzados fueron del suelo,
por cuya dicha lucharan.
Proscritos sí por traidores,
los que de lealtad sobraban…»


Sólo para presentarse como un simple testigo o relator de los lamentos percibidos, emplea Duarte la primera persona:

«Se les miró descender,
a la ribera callada,
se les oyó despedirse,
y de su voz apagada,
yo recogí los acentos,
que por el aire vagaban»

 En la mente del patricio nunca existió posada para la discriminación y la exclusión. Siempre concibió la idea de la igualdad de las razas y, en tal virtud, jamás creyó en la existencia de razas superiores o en lo que él denominaba “la aristocracia de la sangre”. Cónsono con ese pensamiento, consideraba que solo mediante la integración, la unidad y la hermandad era posible romper las cadenas de la tiranía, forjar la nacionalidad y lograr la independencia anhelada. Así lo expresa en su Proyecto de constitución, y así lo pone de manifiesto en los versos que siguen, de su poema «El criollo»:

«Los blancos, morenos,

cobrizos, cruzados,

marchando serenos,

unidos y osados,

la patria salvemos,

de viles tiranos,

y al mundo mostremos,

que somos hermanos»

 Así era y pensaba Duarte. Como ya se dijo, no fue ni pretendió ser poeta; pero escribió versos. Unos versos que en su sentido profundo retratan su personalidad, desnudan su pensamiento y reafirman la grandeza histórica del fundador de la nacionalidad y padre de la independencia dominicana.