sábado, 25 de julio de 2020

LOS PADRES NO TIENEN QUIEN LES ESCRIBA


Por: Domingo Caba Ramos.




“Dime papá, ¿por qué se secan las flores?, 
¿de dónde vienen las lluvias?, 
y ¿por qué sale la luna?,
cuando me voy a acostar…”

(Manuel Alejandro)

¿Conoce usted, amigo lector, un himno a los padres? ¿Conoce usted aunque sea un solo poema famoso dedicado a los padres?

 A parte del ya clásico “Viejo, mi querido viejo”, popularizada por Piero, “Pregunta a pregunta”, compuesta por Manuel Alejandro e interpretada magistralmente por Rafael de España y “A mi padre”, compuesta e interpretada por José Luis Perales, ¿conoce usted, amigo lector, otra canción inspirada en el padre?

Indiscutiblemente que en el ámbito de la creación literaria, el padre, contrario a los que ocurre con la madre, históricamente ha sido el gran olvidado, el gran excluido.

Quizás se deba tal marginación a la conducta irresponsable mostrada por muchos malos padres en el cumplimiento de sus deberes paternos. Probablemente tenga que ver con la imagen rígida, autoritaria fuerte y correctiva como tradicionalmente ha sido concebido el padre, percepción que podría convertirlo en una figura poco inspirable. O talvez se deba a que su desempeño, por más eficiente que resulte, siempre será opacado por el amor, ternura, entrega y papel trascendental desempeñado por la madre.

Vale aclarar, sin embargo, que esa imagen patriarcal, represiva y autoritaria que antes teníamos del padre, ha cambiado sustancialmente en los tiempos posmodernos.

Hoy ya nos encontramos con padres más amorosos, tiernos y mucho más conscientes de sus responsabilidades familiares.  Padres que en ocasiones desempeñan también el papel de las madres. Esos padres merecen que exista alguien que les escriba.

Desafortunadamente tenemos que reconocer que en la acera opuesta están los otros: los padres charlatanes e irresponsables, especie de briosos sementales, varracos o machos cabríos destinados exclusivamente a engendrar, “pintar” o lanzar muchachos al mundo a sufrir o padecer todo tipos de calamidades. Padres que erróneamente entienden que los deberes de manutención con su niño terminan cuando terminan las relaciones conyugales con la madre de este.   Esos padres no merecen que nadie, ni mucho menos yo les escriba.

Uno de los pocos poetas dominicanos que ha sabido recrear o expresar en versos el amor, nobleza y ternura del padre, fue nuestra gran Salomé Ureña. De ella trascribimos y dedicamos a los  auténticos  padres, su ternísimo y nostálgico poema “Tristezas” (1888), el cual refiere cómo sufría el entonces niño Pedro Henríquez Ureña ante la ausencia de  su progenitor,  el médico, poeta y escritor, Francisco Henríquez y Carvajal, en el momento en que este se encontraba en París cursando una especialidad relativa a su carrera :

TRISTEZAS.

«Nuestro dulce primogénito,
que sabe sentir y amar,
con tu recuerdo perenne,
 viene mi pena a aumentar.

Fija en ti su pensamiento,  
no te abandona jamás,
sueña contigo, y despierto,
habla de ti nada más.

Anoche cuando de hinojos,
con su voz angelical,
dijo las santas palabras,
de su oración nocturnal.

Cuando allí junto a su lecho,
sentéme amante a velar,
esperando que sus ojos,
 viniese el sueño a cerrar.

Incorporándose inquieto,
cual presa de intenso afán,
con ese acento que al labio,
  las penas tan sólo dan.

Exclamó como inspirado,
  “¿Tú no te acuerdas mamá?
¡El sol ¡que bonito era,
cuando estaba aquí papá! »

(SALOMÉ UERÑA)



jueves, 16 de julio de 2020

EL DOCTOR BALAGUER VISTO A TRAVÉS DE UN PRÓLOGO


                                                                                         Joaquín Balaguer

(Con motivo del decimoctavo aniversario de su muerte)

Por: Domingo Caba 
Ramos

Siempre lo he dicho: para desmadejar los hilos causales que siempre movieron el comportamiento político del expresidente de la República Dominicana,  doctor Joaquín Balaguer
(Santiago 1 de septiembre de 1906 - Santo Domingo, 14 de julio de 2002 ), es necesario leer las ideas o concepciones plasmadas en sus escritos.

En otras palabras, para conocer al auténtico Joaquín Balaguer tenemos, necesariamente, que estar en contacto y desentrañar el contenido profundo de su producción bibliográfica.

Entre todos sus textos, existe uno que a nuestro juicio, y coincidiendo así con el fenecido y otrora polémico escritor Juan Isidro Jiménez Grullón, retrata mejor que ningún otro la verdadera personalidad del autor de “Los carpinteros” (1985) y de “El cristo de la libertad” (1970). Nos referimos al prólogo de su “Tebaida lírica” (1924)

En 1922, cuando apenas tenía quince años de edad, el Dr. Balaguer publicó su primer libro de versos: “Claros de luna”, obra cuyo valor literario, al parecer, fue bastante vapuleado por la crítica literaria de entonces.

Balaguer, que nunca aceptó ni muchos menos perdonó las críticas de sus adversarios, aprovechó el prólogo del siguiente libro publicado, “Tebaida lírica” (1924), para responder en forma rabiosa a quienes osaron cuestionar las credenciales estéticas de los primeros “partos de su fantasía”. He aquí una especie de breve informe descriptivo acerca del contenido del prólogo en cuestión.

Una sola oración le basta al autor para anunciar su ardiente ensañamiento:

“Abro este paréntesis para llenarlo de odio y de gratitud”.

¿A quién dice odiar quien fuera uno de los más brillantes oradores dominicanos? Estas son sus palabras al respecto:

“Odio a los que en plazas y corrillos me combatieron acerbamente: odio a los poetas afeminados que envidian la virilidad de mi arte: odio a los consagrados que no han querido tenderle la mano al jovenzuelo imberbe que los abruma con su orgullo, y odio, finalmente, a todos los pachecos que, no atreviéndose a combatirme con la pluma, se encogieron de hombros cuando vieron al mozuelo audaz cruzar tras la apolínea caravana”.

Mientras su expresión de odio engloba a lo que él llama “rebaño de intelectuales imbéciles”, la nota de gratitud se reserva de manera exclusiva para César Tolentino quien “al aparecer mis Claros de Luna”, afirma Balaguer, “fue el primero que me saludó como a un compañero novel acogiendo en las columnas de La Información los partos de mi fantasía”.

Al tiempo de manifestar su único agradecimiento al entonces director del diario La Información, Balaguer confiesa que no precisa del concurso de los demás para desenvolverse como ente social. En tal sentido apunta lo siguiente:

“... Y a él es el primero y quizás al último que puedo agradecer algo, porque aún tengo el orgullo de ser, en nuestro medio árido, como una planta rara que sólo necesita vivir de la savia de su arte y del aire que respira en la atmósfera de sus sueños. Por eso pongo entre este zarzal de odios una sola flor de gratitud”

Pero ese “zarzal de odios” parece desbordar los límites del “rebaño de intelectuales imbéciles” de nuestro país, para volcarse en contra del medio geográfico en que nació y creció el eterno inquilino del Palacio Nacional. De ahí que más adelante exprese con furia incontenible:

“Yo aborrezco el ambiente en que me ha tocado nacer, pero aborrezco más a los intelectuales (con muy pocas excepciones) con quienes he tenido la mala suerte de codearme”.


En el párrafo que sigue, el Dr. Balaguer manifiesta en forma clara y precisa el alto placer que experimenta frente al encono, quejas o protestas de quienes lo enfrentan:

“Mi Tebaida Lírica
- declara de manera enfática-molestará a muchos (yo gozo molestando) y algunos rebuznarán como borricos (yo gozo oyendo rebuznar) en la estéril sabana de las letras”.

Y concluye su famoso prólogo con un reto que no podía ser más sugerente o sintomático:

“Pero yo, como el poeta Adán Aguilar, a todos los espero para combatirlos, uno a uno como caballeros, a todos juntos como malandrines”.


En torno a las citas precedentes valdría concluir afirmando que el Dr. Joaquín Balaguer fue bastante coherente con su pensamiento político, pues se necesita aborrecer "el ambiente en que me ha tocado nacer..." para convertirse en títere o mano derecha de un dictador como lo fue el presidente Rafael Leónidas Trujillo, y haber encabezado él mismo un período de terror, corrupción y violación a los derechos humanos como fueron sus tristemente célebres doce años de gobiernos (1966-1978).

domingo, 28 de junio de 2020

« ONIMOFOBIA Y RELACIONES HUMANAS »



Por: Domingo Caba Ramos

Etimológicamente la raíz o étimo. ÓNIMO procede del griego, y significa nombre. Podemos encontrar dicha raíz en palabras como seudónimo (falso nombre), topónimo (nombre de lugar), antónimo (nombre contrario), homónimo (igual nombre), etc. Y también está presente el susodicho étimo en un vocablo que a mí se me ha ocurrido crear: ONIMOFOBIA, el que si hubiera que definirlo, lo haría diciendo que es el miedo, desagrado o repugnancia que les produce a muchos individuos pronunciar el nombre de una persona.

Por lo menos en el español dominicano es cada vez más recurrente la práctica de no llamar a la persona por su nombre de pila o por el apodo que la identifica. En el sociolecto de la juventud, por ejemplo, notaremos cómo el joven, para referirse a otro de su misma generación, lo llamará”Loco,”Loca,”Manín,”Socioy”Monstruo, entre otros términos.

A la secretaria o empleada de servicios al cliente, le escucharemos decirle a un cliente que apenas conoce: Mi Cielo, “Mi Amor, “Mi vida“y otras frases cuya cursilería y artificialidad saltan a la vista.

Y, como si todo fuera poco, en un entorno donde debe primar siempre el  calor humano y la cercanía afectiva como la escuela, ya los maestros  de los alumnos de las escuelas y colegios no llaman a los padres de estos por sus nombres, como en otras épocas , sino hablarán de Papá de … o Padre de …. Mamá de ...”, Madre de”.  Por esa razón, un día de estos experimenté una desagradable sensación  cuando en el colegio donde estudia  mi niña Nicol, escuché a su maestra decirme : «Papá de Nicol, quiero decirle algo… » ¡Cuánta distancia y ausencia de esencia comunitaria!

Lamentablemente, para esa profesora, yo no me llamo Domingo, sino Papá de Nicol.  Al escuchar esto se me ocurrió decir con amargura evidente: Así anda la escuela dominicana; mas luego rectifiqué y dije: Así anda la sociedad dominicana“Toda acción que posea el sello de lo esencial o de lo humano, al parecer, poco a poco se ha ido borrando de la agenda de nuestro diario proceder.

Quizás olvidan quienes así proceden que nada le produce más placer a un ser humano que lo llamen por su nombre. Que llamarlo Luis, Juana, Chepe, Quica, Nicolás, etc.  crea confianza, confiere importancia, fomenta afectos y propicia productivas cercanías.  Que para quien lo lleva, escuchar su nombre constituye la más bella e impresionante de la sinfonía, como sabiamente lo entendió Dale Carnegie al decir que:

 El nombre de una persona es para ella el sonido más dulce y más importante que puede escuchar”.