jueves, 16 de abril de 2020

HECTOR J. DÍAZ Y SUS VERSOS NEGROIDES



Por: Domingo Caba Ramos

                                                                                               Héctor J. Díaz

 Al poeta Héctor J. Díaz (Azua,1910 – Nueva York, 1950)  se le conoce más por sus  sentimentales versos, la mayoría  de los cuales entrañan amor, dolor y desamor, como los  contenidos en el más popular de su cosecha poética : Lo que quiero :

Que nadie me conozca y que nadie me quiera,
que nadie se preocupe por mi triste destino,
quiero ser incansable y eterno peregrino,
que camina sin rumbo porque nadie le espera…

Versos en los que también late ese sello estoico que tanto caracterizó la bohemia personalidad del destacado declamador, trovador, locutor y poeta azuano, semejantes a los que conforman otro de sus poemas, Mi deceso:

Yo moriré, no importa. Me he dado mucho gusto,
he vivido mi vida siempre a cuerpo de rey
ni me espanta el infierno ni del cielo me asusto
he vivido la vida como chivo sin ley…

Pero aparte de estos juegos románticos, Héctor J. Díaz, incursionó en otro tipo de poesía de más compleja estructura y más elevada esencia lírica. Así, en el género de la poesía negroide, supo crear versos que nada tienen que envidiarles a los del gran maestro Manuel del Cabral (1907- 1999), ni a los de su máximo exponente en Hispanoamérica: el cubano Nicolás Guillén (1907 – 1989). Perteneciente a esta línea poética, dos de sus composiciones son mucho más que ilustradoras: “Danza negra” y “Enchumba bemba”.

DANZA NEGRA

«Yambo cantando y reyendo,
y van los tiempos pasando,
cruje el trapiche moliendo,
y Yambo andando y vagando.
Zumba las seis La concordia,
última carga e melaza,
y Yambo sorbe la escoria,
Con su chemba en la cachaza.

Pasa la negra…
la puchunga caderea,
la molienda de sus ancas,
conga que tumba y marea:
cremallera sin retrancas,
tunda de tam tam que manda,
dientes sobre carne conga,
masa de betún que anda,
sobre un charol que rezonga,
y Yambo canta y la nombra;
Bonsuá, Candelú, Gualdemba,
y se hace el cadillo alfombra,
dos congos bemba con bemba.

La noche se va durmiendo,
y la mañana llegando,
sigue el trapiche moliendo,
 y Yambo riendo y cantando,
Bonsuá, Candelú, Gualdemba,
melaza, gayumba, mambo,
noche a noche, bemba a bemba,
y Yambo canta que canta »

ENCHUMBA BEMBA

«Bemba la negra, danza la conga,
mientras la boca pulpa en cachimba,
tiembla la bemba cual fruta bomba,
rezando rito o pensando en timba.

Enchumba, bemba…
Enchumba, bemba…

Reza la negra, la danza muere,
sudor y sangre, betún de alfombra,
grillo y cocuyo, la noche hiere,
Enchumba. Bemba… Silencio y sombra »

miércoles, 8 de abril de 2020

NACIMIENTO DE LA PRENSA DOMINICANA


Domingo Caba Ramos

La prensa nacional nació con la aparición del primer periódico dominicano, «El Telégrafo Constitucional de Santo Domingo», fundado el día 5 de abril de 1821 por el doctor Antonio María Pineda (1781/1852), convirtiéndose así en el primer periódico fundado en Santo Domingo. Es por eso que el día 5 de abril  de cada año, en la República Dominicana se celebra  el “Día del  periodista dominicano”
  
 Se trató, “El Telégrafo Constitucional”, de un  periódico particular de cuatro páginas y  formato mediano, que circulaba cada jueves, esto es, una vez a la semana. En él se publicaban los estados mensuales de recaudación e inversión de las rentas públicas, todo lo referente al comercio, la entrada y salida de buques y otras noticias importantes de la misma clase. Además publicaba este medio, al decir de Emilio Rodríguez Demorizi, “artículos doctrinales en defensa de los derechos ciudadanos

La vida del “El Telégrafo Constitucional” fue bastante efímera.  Su última edición salió a la luz pública el 26 de julio de 1821, cuando apenas había cumplido tres meses y veintiún días de fundado.
   
Antonio María Pineda era nativo de las Islas Canarias. En Santo Domingo, donde llegó muy joven, cursó estudios y logró una sólida formación cultural. Obtuvo el título de medicina en la Universidad Santo Tomás de Aquino (hoy UASD), centro en el cual más tarde ejerció como catedrático. Fue considerado como una de las figuras más ilustres de su tiempo.
   
Tras la segunda edición de “El Telégrafo Constitucional”, aparece el segundo periódico dominicano, “El Duende”, dirigido por el Dr. José Núñez de Cáceres (1772 / 1846), político, abogado, poeta, y académico, proclamador de la muy famosa Independencia Efímera (1 de diciembre de 1821). Circulaba cada domingo y se limitaba a comunicar las noticias más relevantes de España y a insertar algunos avisos. En este periódico, de satírica y política orientación, se publicaron los primeros anuncios comerciales de Santo Domingo, y fue también el órgano de difusión de las fábulas compuestas por su fundador.  En relación con este género literario, Núñez de Cáceres no solo fue su iniciador y el más notable fabulista de la República Dominicana, sino uno de los más brillantes de la literatura hispanoamericana.

  La vigencia de El Duende, también fue de corta duración. Saltó a la luz pública el 15 de abril de 1921 y dejó de existir el 15 de julio de este año.

Como se puede apreciar, tanto “El Telégrafo Constitucional” como “El Duende” eran semanarios, circulaban cada ocho días, no diariamente.  Fue el periodista y escritor, César Nicolás Penson, a quien le cupo la gloria de haber fundado, en 1882, el primer diario dominicano: “El Telegrama”. Y como también se puede apreciar, quienes ejercían en esos primeros medios de información no necesariamente eran periodistas, sino ciudadanos vinculados al mundo político, literario y profesional.

¡Muchas felicidades! A todos los periodistas en su día; pero muy especialmente a aquellos que ejercen su oficio atados a las normas y principios que les traza la ética periodística. Y de manera muy particular, aquellos en cuyo ejercicio se han caracterizado por no vender sus palabras ni sus silencios.
  

DESDE LA AZOTEA


 En estos tiempos de “cuarentenario” y “coronaviresco“encierro, como la sierpe que abandona su escondiste de sombras, a todo dominicano le urge recibir el abrazo ardiente de los rayos del sol. Con tan saludable propósito, una mañana de estas me elevé hasta la altura de la azotea de mi casa, y una vez aquí, mi vista fue recreada por la imagen siempre impactante de nuestro histórico valle cibaeño; pero sobre todo, con la imagen imponente y señorial de dos pinos situados a escasos metros de mi doméstico refugio, como si se tratara de celosos guardianes, listos para enfrentar o repeler todo lo que implique peligros y amenazas para el entorno residencial.

viernes, 3 de abril de 2020

UNA DEFINICIÓN BASTANTE ORIGINAL


Por : Domingo Caba Ramos
                                                                                                  Nicol María Caba


Secuestrar y portar mis lentes constituye para ella su más placentera travesura. Como está consciente de que tal travesura no me agrada del todo, cuando la comete, de inmediato estalla en burlona carcajada. Esta vez, para confundir al enemigo o bloquear un posible reproche de mi parte, se me adelanta, y como si tratara de impartirme una lección acerca de qué es y cuál es el verdadero nombre del temible CORONAVIRUS, me dice con el más inocente, tierno e infantil de los acentos : 

«PAPI, EL CONONAVIRUS ES LA ENFERMEDAD DE LOS ENFERMOS»

¡Espectacular definición!, no tuve más que decirme, sin que pudiera soportar la risa y evitar la tentación de darle un paternal beso a la autora de tan original conceptualización. Tan original la consideré, que hasta me surgió la idea de notificársela a la Organización Mundial de la Salud (OMS) con el fin de que en este organismo registren y/o patenticen el científico aporte de mi PEQUEÑO MANOJITO DE TERNURA. El científico aporte de Nicol María, la más auténtica expresión de mi otro yo : UNA FLOR QUE LLORA Y UN DIAMANTE QUE RESPIRA.

LA AUTORIDAD NO SE NEGOCIA



Por: Domingo Caba Ramos

Todavía hay grupos de personas que no respetan el toque de queda”
(Diario Libre )

Siempre he condenado de manera contundente la conducta del policía que valiéndose de la autoridad que el cargo y el uniforme le confieren maltrata o reprime a la población civil; pero del mismo modo también rechazo el comportamiento del ciudadano que irrespeta y desafía a la autoridad policial, muy especialmente en los momentos en que esta trata de imponer el orden o hacer cumplir la ley en bien de los demás. Afirmo esto, porque de repente ha surgido en nuestro país, especialmente en nuestros barrios populares, una generación de hombres y mujeres, especie de comehombres, para los cuales parecen no existir normas o leyes,   y quienes lucen estar muy convencidos de que ellos están por encima del bien y del mal. 

Para esas “fieras” no enjauladas, una patrulla policial no es más que un grupo de muñecos a quienes se puede agredir o desafiar como si nada, y cuya autoridad se irrespeta de manera olímpica. Y todo con el cómplice silencio del Comité Dominicano de los Derechos Humanos.

Para esos amos de las calles “no existe estado emergencia, ni toque de queda, como ahora está oficialmente establecido en la República Dominicana. De ahí que después de la hora (8p.m.) en que se inicia dicho toque de queda, los veamos muy tranquilos en la vía pública, y si los agentes del orden intentan someterlos, acto seguido se rebelan contra estos.

¿Qué hacer entonces en una situación de emergencia nacional?

Sencillamente, ejercer la autoridad. No importa contra quien o de quien se trate. La autoridad es la autoridad y jamás debe negociarse. La decencia y la prudencia policial deben tener límites. 

A un ciudadano rebelde, indisciplinado y agresivo no siempre se le puede ofrecer un trato cariñoso o cortés, cuando el efecto de su irracional y mal educada conducta perjudica a la mayoría. Con esos COMEHOMBRES de nuestros barrios, en un estado de emergencia o peligro nacional, hay ser duros, implacables. Hay que someterlos por la vía que sea.

 ¿Por qué en países como los Estados Unidos, ningún civil se atreve, ni siquiera en situaciones normales, a rebelarse, desafiar o agredir a un agente policial?
Sencillamente, porque sabe lo que le espera.