Por: Domingo Caba Ramos
«Desde la puesta del sol se alzaba el cántico de los pastores en torno de las hogueras, y desde la puesta del sol, guiados por aquella otra luz que apareció inmóvil sobre una colina, caminaban los tres Santos Reyes. Jinetes en camellos blancos, iban los tres en la frescura apacible de la noche atravesando el desierto… »
(Del texto: «La adoración de los Reyes» Ramón María Valle-Inclán (1866-1936)
Todavía recuerdo con indescriptible emoción lo que sucedía esa noche del 5 de enero de mis años infantiles en la campestre comunidad mocana donde nací: la yerba, los dulces, las galletitas de leche y las cartas que nunca faltaban. Todo colocado en un rincón de la casa donde los Reyes Magos pudieran encontrarlos.
«Las estrellas fulguraban en el cielo, - describe Valle Inclán - y la pedrería de las coronas reales fulguraba en sus frentes. Una brisa suave hacía flamear los recamados mantos: el de Gaspar era de púrpura de Corinto. El de Melchor era de púrpura de Tiro. El de Baltasar era de púrpura de Menfis »
Todavía recuerdo el teatro casi perfecto que con motivo de tan histórica y significativa fecha montaba mí siempre recordada madre.
Todavía recuerdo cómo mi virgen mente infantil, preñada de tierna inocencia, recorría los expectantes senderos de la imaginación y se internaba en el divertido y siempre recreativo mundo de la la fantasía.
Todavía recuerdo la desbordada alegría de mi madre, tanta como la de los «pichones» suyos que serían favorecidos con los regalos de los Reyes.
Esa noche, yo apenas podía dormir. Me acostaba muy temprano y muy temprano me despertaba. Otra vez me dormía y nueva vez me despertaba. Y en cada despertar, con mucho sigilo y no menos nerviosismo, exploraba con mis manos debajo de la almohada y la cama para ver si los regalos milagrosos ya habían sido depositados. Y cuando finalmente así sucedía, ya no había más sueño: todo un espectáculo se formaba en el ambiente familiar y la bulla se enseñoreaba en cada uno de los espacios de la casa.
Mi madre era la primera que solicitaba que le enseñáramos los juguetes o regalos que los Reyes nos habían dejado. Era la que más disfrutaba el momento; pero cuando la situación económica estaba muy crítica, la principal excusa materna no se hacía esperar : “Los reyes dejaron pocos juguetes, porque la lluvia y el mal estado de los caminos impidieron que los camellos transitaran muy cargados”
Por eso, contrario a los que han querido satanizar el hecho de hacerle creer al niño que eran los Reyes, y no los padres, quienes realmente ponían los juguetes, alegando supuestos resentimientos o no comprobados negativos influjos en la personalidad del infante, si muero y volviera a nacer, otra vez me gustaría vivir la misma experiencia, en el sentido de mantener la creencia de que en la madrugada del 6 de enero de cada año, tres barbudos reyes se desplazaban por los tortuosos y a veces fangosos caminos, montados en tres camellos cargados de regalos que luego de penetrar silenciosamente a la casa del niño, colocaban debajo de la cama o almohada de este el juguete que con tanta emoción había pedido y esperado.
«Los tres Reyes Magos – continúa Inclán su descripción - cabalgaban en fila: Baltasar, el egipcio, iba delante, y su barba luenga, que descendía sobre el pecho, era a veces esparcida sobre los hombros… Cuando estuvieron a las puertas de la ciudad, arrodilláronse los camellos, y los tres Reyes se apearon y despojándose de las coronas hicieron oración sobre las arenas»
Quienes sustentan no comprobadas tesis sicológicas, alegando que una vez consciente de la realidad, el niño puede generar frustraciones y alegar engaños por parte de los padres, quizás olvidan las palabras de M. Klein, para quien la fantasía es inconsciente y existe desde el comienzo de la vida. Olvidan talvez, que mediante la fantasía el niño reproduce por medio de imágenes cosas pasadas, lejanas o imaginarias para representar ideales en forma sensible o real. Ignoran talvez, que los niños crean y viven inmersos en un mundo de fantasías en el que impera un orden que les agrada o deleita. Un mundo que el niño lo asume como real y resulta necesario para el normal desarrollo de su equilibrio mental y emocional; pero que, desafortunadamente, los adultos no siempre respetan.
De manera que privar al niño de su universo fantástico, así como de los seres virtuosos que lo conforman, puede serle perjudicial, por cuanto este, aparte de desarrollar su imaginación, le permite una mejor interpretación del mundo real.
Por eso hoy, ya adulto, ante la celebración del Día de los Reyes, digo y siempre diré con los versos del genial escritor y poeta español don Miguel de Unamuno (1864-1936):
AGRANDA LA PUERTA
«Agranda la puerta, Padre,
porque no puedo pasar,
la hiciste para los niños,
yo he crecido, a mi pesar.
Si no me agrandas la puerta,
achícame, por piedad;
vuélveme a la edad aquella,
en que vivir es soñar»
sábado, 4 de enero de 2020
viernes, 3 de enero de 2020
MI MADRE, EL BEISBOL Y LAS “CUERDAS”
Por: Domingo Caba Ramos
Doña Librada Ramos Vda. Caba
«Dar cuerda”, según el Diccionario del español dominicano (2013:230) significa “Molestar a alguien con burlas o con lo que se sabe que no le gusta”. Y como correlato «Coger cuerda”, en la variante dialectal dominicana, equivale a “Enfadarse o enojarse” Pero más allá de la simple intención de molestar, la acción de “dar cuerda”, en ocasiones, debe percibirse como una forma de expresar afectos y reafirmar las relaciones interpersonales. Es lo que sucede, por ejemplo, en el ámbito deportivo y, de manera muy especial, en el mundo beisbolístico.
¿Qué significa eso?
Sencillamente que si bien en algunos casos la víctima de la molestia puede ser alguien ajeno a muestro mundo íntimo, casi siempre se les “da cuerda” a los seres que apreciamos y son dignos de nuestra confianza. Por esta razón, la “cuerda” debe ser contundente, pero prudente; picante, pero respetuosa. Debe producir llagas en el espíritu, pero no grietas en las relaciones humanas. En fin, una cortante, incisiva y bien calculada cuerda debe en todo momento unir, no dividir.
¿Qué quiere decir esto último?
Sencillamente que una “cuerda” cortés, social y deportivamente programada no debe haber espacio para el insulto, la grosería y la ofensa personal.
Nunca olvido al respecto, a mi fenecida, adorada y siempre recordada madre, doña Librada. En tiempos de béisbol, en el arte de “dar cuerda”, nadie la superaba. Burlona e irónica como la que más, sus cuerdas le encantaba darlas por escrito y vía telefónica; pero especialmente a través de unos versos que improvisaba para cada ocasión, y que necias ronchas producían en el ánimo de sus apreciados compadres, vecinos, amigos, parientes y relacionados.
Escogidita mil por mil, cuando su equipo ganaba, nadie soportaba el peso irónico de sus versos ni el eco reiterado de su sarcástica o burlona carcajada. Sin embargo, todos valoraban en ella el carácter integracionista o de alta camaradería que le imprimía a sus “cuerdas”, tanto que bien puede afirmarse que mi madre gozaba igual dando la “cuerda”, cuando el Escogido ganaba como recibiéndola, cuando perdía. Creo que en ese aspecto, como en otros tantos, orgullosamente nos parecemos bastante.
Sencillamente que si bien en algunos casos la víctima de la molestia puede ser alguien ajeno a muestro mundo íntimo, casi siempre se les “da cuerda” a los seres que apreciamos y son dignos de nuestra confianza. Por esta razón, la “cuerda” debe ser contundente, pero prudente; picante, pero respetuosa. Debe producir llagas en el espíritu, pero no grietas en las relaciones humanas. En fin, una cortante, incisiva y bien calculada cuerda debe en todo momento unir, no dividir.
¿Qué quiere decir esto último?
Sencillamente que una “cuerda” cortés, social y deportivamente programada no debe haber espacio para el insulto, la grosería y la ofensa personal.
Nunca olvido al respecto, a mi fenecida, adorada y siempre recordada madre, doña Librada. En tiempos de béisbol, en el arte de “dar cuerda”, nadie la superaba. Burlona e irónica como la que más, sus cuerdas le encantaba darlas por escrito y vía telefónica; pero especialmente a través de unos versos que improvisaba para cada ocasión, y que necias ronchas producían en el ánimo de sus apreciados compadres, vecinos, amigos, parientes y relacionados.
Escogidita mil por mil, cuando su equipo ganaba, nadie soportaba el peso irónico de sus versos ni el eco reiterado de su sarcástica o burlona carcajada. Sin embargo, todos valoraban en ella el carácter integracionista o de alta camaradería que le imprimía a sus “cuerdas”, tanto que bien puede afirmarse que mi madre gozaba igual dando la “cuerda”, cuando el Escogido ganaba como recibiéndola, cuando perdía. Creo que en ese aspecto, como en otros tantos, orgullosamente nos parecemos bastante.
martes, 31 de diciembre de 2019
AÑO NUEVO: SUEÑOS Vs. REALIDAD
Por: Domingo Caba Ramos
Cada vez que un Año Nuevo se acerca, múltiples sueños pueblan nuestras mentes. Todas nuestras expectativas, aspiraciones, ilusiones o deseos no satisfechos en el año que se va, se materializan de manera espectacular en ese momento, cuando dormimos, en que, al decir de uno de mis maestros de Sicología, « se sueltan las amarras del ¨súper yo¨». Por esa razón, una noche de la semana que casi comienza fui asaltado por una tanda de interminables, bellos y agradables sueños.
Y soñé…
Soñé que nuestro país era el más seguro del mundo, tanto que los robos, los atracos y las violaciones sexuales brillaban por su ausencia.
Soñé que nuestro Código Procesal Penal aumentaba de veinte a treinta años la pena máxima en caso de violación sexual y, adicionalmente, la castración sexual cuando esa violación se ejecute en forma agravada o en contra de personas indefensas (niños, ancianos y discapacitados)
Soñé que en el año 2019, en nuestro país no se había producido ni un solo caso de feminicidio.
Soñé que nuestro Código Procesal Penal había sido reformado para aumentar la pena máxima a cincuenta años de prisión como castigo en contra de todo aquel que cometa la falta de matar a una mujer por motivos pasionales.
Soñé que en la República Dominicana se había producido una verdadera revolución educativa.
Soñé que en el famoso Informe Pisa la República Dominicana ocupaba el primer lugar entre los setenta y dos (72) países que fueron evaluados en ciencia, matemáticas y comprensión lectora.
Soñé que el maestro dominicano era el que disfrutaba de mejores salarios y condiciones de trabajo en América; pero a su vez, el que más formación tenía, más leía, más se actualizaba, más investigaba, más cumplía con su trabajo y con mayor pasión o entrega ejercía su oficio.
Soñé que en relación con la alta calidad de los servicios de salud y educación que el Estado brinda a la ciudadanía, nuestro país ocupa el primer lugar en el mundo.
Soñé que la República Dominicana es el único país de América donde en los últimos veintiún años no se registra un solo caso de impunidad y corrupción administrativa en las instituciones estatales.
El eco plañidero de un perro vagabundo me despertó y provocó que de manera repentina se interrumpieran todos mis sueños; mas acto seguido me dormí de nuevo.
Y volví a soñar...
Esta vez soñé que cada médico que labora en un hospital estaba recibiendo el salario que merece y cumpliendo puntualmente con su horario de entrada y salida en el puesto que desempeña.
Soñé que todos los hospitales de nuestro país contaban con los equipos y medicamentos requeridos para brindar un buen servicio de salud.
Soñé que el gas propano se vendía a cuarenta pesos el galón y a cien pesos el de gasolina.
Soñé que en nuestro país la ley es igual para todos, esto es, se aplica sin tomar en cuenta rangos y poder político o económico.
Soñé que nuestras autoridades civiles, militares y policiales nunca amparan ni reciben sobornos de narcotraficantes y demás criminales.
Soñé, en fin, que la tasa de desempleo en nuestro país bordeaba el 0%, razón por la cual no existe un solo profesional recién graduado en las universidades nuestras que no cuente con un trabajo digno y seguro.
Los ladridos persistentes del vagabundo y parrandero perro, de nuevo me despertaron y esta vez ya no pude recobrar mis casi cinematográficas tandas de sueños, poniéndome así, frente a frente con la amarga realidad. Fue entonces cuando recordé los versos del poeta:
« LOS SUEÑOS, SUEÑOS SON…»
domingo, 24 de noviembre de 2019
EL MOTORISTA Y YO
Por : Domingo Caba Ramos
Como todos los domingos, las siempre congestionadas calles de la Ciudad Corazón, lucían casi solariegas o libres del infierno vehicular que las caracterizan los demás días. Por una de esas calles, yo me desplazaba tranquilamente. Observo por el espejo retrovisor y noto que un motorista me sigue a toda velocidad.
Como todos los domingos, las siempre congestionadas calles de la Ciudad Corazón, lucían casi solariegas o libres del infierno vehicular que las caracterizan los demás días. Por una de esas calles, yo me desplazaba tranquilamente. Observo por el espejo retrovisor y noto que un motorista me sigue a toda velocidad.
Como tengo la intención de doblar en la
próxima intersección, enciendo a su debido tiempo y distancia las luces
direccionales. Las luces, al motorista, al parecer ningún mensaje le
transmitían , razón por la cual, en lugar de reducir, prefirió acelerar la marcha. Sin perderlo
nunca de vista, yo me acerco a la esquina donde me propongo doblar; pero
justamente en el preciso instante en que decido realizar el giro a la derecha, el motorista
me rebasa por la derecha, siempre a toda velocidad. Para no llevármelo de encuentro, tuve que
ejecutar uno de esos frenazos en que el vehículo queda, a su vez, ejecutando un baile maldito.
El motorista
se detuvo momentáneamente, me miró con ojos de boas venenosas y pronunció tres
o cuatro maldicientes palabras, entre las cuales, presumo, no faltó el nombre
de mi santa madre muerta.
Yo también
lo miré y pensé emitir uno que otros coños acompañados de dos o tres explosivos
carajos; pero acto seguido pensé : estoy en la República Dominicana, y me
contuve.
El motorista
encendió su vehículo y, a toda velocidad, o «como alma que lleva el Diablo», continuó su veloz recorrido por las calles
casi solariegas de la Gran Ciudad. Yo, en cambio, sonreí de rabia y me quedé
observando al jumento o semental cuya imagen poco a poco, encima de su motocicleta, se
perdía en la distancia.
jueves, 14 de noviembre de 2019
“BAILEMOS UN MERENGUE…” (*)
Vivimos
en una tensión y angustia permanentes. Aparte de las inesperadas y complejas situaciones que la vida familiar,
laboral y social nos plantea, los
problemas se generan como por encanto, unos tras otros : inseguridad, robos, atracos,
violaciones sexuales, feminicidios, actos de corrupción tanto en la
administración pública como privada, la fuga de Quirinito y Luis el Abusador,
las quejas de Leonel de que Danilo Medina le hizo fraude en las recientes primarias
internas de su partido, la denuncia de este de que un hacker hindú preparó dicho fraude, el algoritmo, el
código fuente, auditoría del sistema de voto automatizado, así como las
debilidades y vicios del gobierno.
Todo, todo lo antes dicho produce un estado
tal de tensión, que sin dejar enfrentar y buscarles solución a esos problemas, de
vez en cuando, quizás convenga recrear nuestro espíritu con uno de los poemas
clásicos de la literatura dominicana, de la autoría de nuestro gran poeta
sorprendido, Franklin Mieses Burgos y con uno de los cuadros magistrales del
destacado pintor dominicano, profesor Federico Izquierdo (1904 - 2004)
Pero
no solo recrear nuestro mundo espiritual, sino también decir con las palabras del
poeta: “Bailemos un merengue que nunca más se acabe/ bailemos un merengue hasta
la madrugada”
PAISAJE CON UN MERENGUE AL FONDO
(Franklin Mieses Burgos)
(Franklin Mieses Burgos)
Por dentro de tu noche
solitaria de un llanto de cuatrocientos años;
por dentro de tu noche caída entre estas islas
como un cielo terrible sembrado de huracanes;
entre la caña amarga y el negro que no siembra
porque no son tan largos los cabellos del agua;
inmediato a la sombra caoba de tu carne:
tamarindo crecido entre limones agrios;
casi junto a tu risa de corazón de coco;
frente a la vieja herida violeta de tus labios
por donde gota a gota como un oscuro río
desangran tus palabras,
lo mismo que dos tensos bejucos enroscados
bailemos un merengue:
un furioso merengue que nunca más se acabe.
-¿Que somos indolentes?
¿Que no apreciamos nada?
¿Que únicamente amamos la botella de ron,
la hamaca en que holgazanes quemamos el andullo la
del ocio en los cachimbos de barro mal cocidos
que nos dio la miseria para nuestro solaz?
¿Que únicamente amamos la botella de ron,
la hamaca en que holgazanes quemamos el andullo la
del ocio en los cachimbos de barro mal cocidos
que nos dio la miseria para nuestro solaz?
Puede ser; no lo
niego; pero ahora, entre tanto,
bailemos un merengue hasta la madrugada,
entre ajíes caribes de caricias robadas,
cabe cielos ardidos de fuego de aguardiente,
bajo una blanca luna, redonda, de cazabe.
bailemos un merengue hasta la madrugada,
entre ajíes caribes de caricias robadas,
cabe cielos ardidos de fuego de aguardiente,
bajo una blanca luna, redonda, de cazabe.
Que ya me están
urgiendo de caminos reales
los nísperos canelas de tus propios racimos,
y no sé de qué soles tropicales me vienen
todas estas violentas viscerales urgencias
de querer cimarronas morbideces de sombras.
los nísperos canelas de tus propios racimos,
y no sé de qué soles tropicales me vienen
todas estas violentas viscerales urgencias
de querer cimarronas morbideces de sombras.
-¿Que hay muchos que
aseguran
que aquí, entre nosotros,
la vida tiene el mismo tamaño de un cuchillo?
que aquí, entre nosotros,
la vida tiene el mismo tamaño de un cuchillo?
¿Que nuestra gran
tragedia como país empieza
desde cuando aprendimos a tocar el bongó?
desde cuando aprendimos a tocar el bongó?
¿Que el acordeón y el
güiro han sido los peores
consejeros agrarios de nuestros campesinos?
consejeros agrarios de nuestros campesinos?
Puede ser; no lo
niego; pero ahora, entre tanto,
bailemos un merengue que nunca más se acabe,
bailemos un merengue hasta la madrugada:
que un hondo río de llanto tendrá que correr siempre
para que no se extinga la sonrisa del mundo.
bailemos un merengue que nunca más se acabe,
bailemos un merengue hasta la madrugada:
que un hondo río de llanto tendrá que correr siempre
para que no se extinga la sonrisa del mundo.
-¿Que el machete no es
sólo en nuestras duras manos
un hierro de labranza para cavar la tierra
pequeña de conuco, sino que muchas veces
se ha convertido en pluma para escribir la historia?
un hierro de labranza para cavar la tierra
pequeña de conuco, sino que muchas veces
se ha convertido en pluma para escribir la historia?
Puede ser, no lo
niego; pero ahora, entre tanto,
bailemos un merengue que nunca más se acabe,
bailemos un merengue hasta la madrugada:
que ya no serán sólo tus manos olvidadas
dos sonámbulas rutas de futuras vendimias
sobre una tierra brava;
ahora te daremos otras maternidades
fecundas de distintas raíces verticales.
bailemos un merengue que nunca más se acabe,
bailemos un merengue hasta la madrugada:
que ya no serán sólo tus manos olvidadas
dos sonámbulas rutas de futuras vendimias
sobre una tierra brava;
ahora te daremos otras maternidades
fecundas de distintas raíces verticales.
-¿Que fuimos y que
somos los mismos marrulleros;
los mismos reticentes del pasado y de siempre?
¿Que dentro de la escala de los seres humanos
hay muchos que suponen que nosotros no vamos
más allá del alcance de un plato de sancocho?
los mismos reticentes del pasado y de siempre?
¿Que dentro de la escala de los seres humanos
hay muchos que suponen que nosotros no vamos
más allá del alcance de un plato de sancocho?
Puede ser; no lo
niego; pero ahora, entre tanto,
bailemos un merengue de espaldas a la sombra
de tus viejos dolores,
más allá de tu noche eterna que no acaba,
frente a frente a la herida violeta de tus labios
por donde gota a gota como un oscuro río
desangran tus palabras.
bailemos un merengue de espaldas a la sombra
de tus viejos dolores,
más allá de tu noche eterna que no acaba,
frente a frente a la herida violeta de tus labios
por donde gota a gota como un oscuro río
desangran tus palabras.
Bailemos un merengue
que nunca más se acabe,
bailemos un merengue hasta la madrugada:
el furioso merengue que ha sido nuestra historia.
bailemos un merengue hasta la madrugada:
el furioso merengue que ha sido nuestra historia.
(*) – FRANLIN MIESES BURGOS (1907/1976)
Nació y murió en la ciudad de Santo
Domingo. Autor de una breve e intensa producción poética, resalta por su
profundo lirismo y conceptos filosóficos de tinte existencial. Fue uno de los
iniciadores del movimiento literario en su país llamado "Poesía
Sorprendida". Se caracteriza por el acendrado surrealismo y posición
antidictatorial contra el gobierno del dictador Rafael Trujillo
domingo, 3 de noviembre de 2019
ACERCA DEL VOCABLO “PENCO”
Por: Domingo Caba Ramos
El término “penco” es poco conocido o desconocido por
completo en los sectores urbanos de la República Dominicana, por cuanto su uso es
propio o exclusivo del ámbito rural. Por esa razón, el licenciado Danilo
Medina, presidente del país y campesino “de pura cepa”, la empleó recientemente en un emotivo y polémico discurso,
cuando afirmó aquello de que “Gonzalo Castillo es un
penco de candidato”
Su mención causó gran revuelo en el ámbito
citadino dominicano, donde quizás por desconocerse la existencia de la extraña palabra
y, particularmente, el contexto situacional en que fue utilizada, se pensó que con ella, Medina, sin
proponérselo, estaba denostando,
denigrando o manchando la imagen de su pupilo y precandidato electo del Partido
de la Liberación Dominicana. Muy
distinto pensamos todos aquellos que nacimos y vivimos alguna vez en el campo,
para los cuales, la preindicada voz nos resultó mucho más que familiar y, en
tal virtud, muy pronto comprendimos el justo sentido con el que fue empleada
por el primer mandatario de la nación.
Debido al espacio geográfico en que
esta categoría léxica, “penco”, tiene vigencia, no ha de entrañar entonces que el profesor
Juan Bosch, quien en sus cuentos supo describir de manera magistral la realidad económica y
sociocultural del campo dominicano de la segunda mitad del siglo XX, la use en
uno de sus afamados cuentos, “Chucho”, de su libro “Cuentos escritos antes del exilio“:
«Chucho se hizo el sordo. Se tiró del catre y le dio la mano al
viejo. En el patio estaba su penco aparejado. Montó. El otro puso una
mano sobre su pierna… » (1982:77)
También en su novela “La
mañosa”, publicada por primera vez en 1936:
«Había frente a la puerta un hombre, jinete
en penco bayo, que sujetaba por un brazo a otro que se descolgaba penosamente
de las ancas. Cuando éste hubo tocado tierra con los pies, desplomándose sobre
José, el que le sujetaba golpeó las costillas del penco con sus recios
talones y partió al galope ». (1982:114)
Pero ¿cómo la define el diccionario
académico?
Son diversos los sentidos que este vocablo entraña. Según el
Diccionario de la Lengua Española, “penco”,
entre otros, soporta los siguientes valores significativos:
1. “Caballo flaco o matalón”
2. “Persona rústica o tosca”
3. “Persona inútil”
La voz es muy utilizada en el habla coloquial de Cuba, donde además
de “persona cobarde y despreciable” significa
mujer extremadamente delgada, fea o desprovista de atractivos físicos. Y como
bien apunta Leonardo Depestre Catony, en su valioso texto, “Consideraciones acerca del vocabulario cubano” (1985: 32), en
Cuba, “penco” también significa “Ramera
de baja categoría”
Y en el habla popular dominicana, ¿cuál es el sentido que los hablantes
le confieren?
Si bien escasamente en algunas zonas
de la República Dominicana también llaman “penco” a un caballo flaco, aquí, por lo
general, el término lleva envuelta la idea de grande, fuerte o robusto. Y merced a estos rasgos semánticos, “penco” llaman en nuestros campos, al caballo
joven y brioso (potro) y, por extensión, al muchacho fuerte y de gran tamaño. Así lo recoge Carlos Esteban Deive
en su “Diccionario de dominicanismos” :
“Penco – m. Pedazo grande. 2. - ¡Qué penco! Exclamación usada
para para expresar el tamaño extraordinario de un hombre, animal o cosa…“ (2002:160)
En forma bastante parecida, en el “El
Diccionario del español dominicano” , se lee lo siguiente:
“Penco. m. Pedazo de gran tamaño. Referido a
persona de gran tamaño. Popular. Coloquial. “Es un penco muchacho que solo
tiene doce años.” (2013:537)
Y también en el “Diccionario fraseológico del español dominicano”:
Y también en el “Diccionario fraseológico del español dominicano”:
«Penco de. loc. aj. Referido a
persona o cosa, que tiene características insuperables. un penco de. loc. aj. De gran tamaño. ”Con doce años es un
PENCO de muchacho“ » (2016:387)
Del contenido de las dos última citas
se infiere que cuando Danilo Medina describió a Gonzalo Castillo como “un penco de candidato“, lo que
realmente quiso decir fue que este, Gonzalo, es un candidato fuerte y joven.
(Publicado en Diario Libre
31/10/2019)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



