jueves, 14 de noviembre de 2019

“BAILEMOS UN MERENGUE…” (*)


Por: Domingo Caba Ramos

                                                                            De Federico Izquierdo
  
Vivimos en una tensión y angustia permanentes. Aparte de las inesperadas y  complejas situaciones que la vida familiar, laboral y social  nos plantea, los problemas se generan como por encanto, unos tras otros : inseguridad, robos, atracos, violaciones sexuales, feminicidios, actos de corrupción tanto en la administración pública como privada, la fuga de Quirinito y Luis el Abusador, las quejas de Leonel de que Danilo Medina  le hizo fraude en las recientes primarias internas de su partido, la denuncia de este de que un hacker  hindú preparó dicho fraude, el algoritmo, el código fuente, auditoría del sistema de voto automatizado, así como las debilidades y vicios del gobierno.

 Todo, todo lo antes dicho produce un estado tal de tensión, que sin dejar enfrentar y buscarles solución a esos problemas, de vez en cuando, quizás convenga recrear nuestro espíritu con uno de los poemas clásicos de la literatura dominicana, de la autoría de nuestro gran poeta sorprendido, Franklin Mieses Burgos y con uno de los cuadros magistrales del destacado pintor dominicano, profesor Federico Izquierdo (1904 - 2004)
Pero no solo recrear nuestro mundo espiritual, sino también decir con las palabras del poeta: “Bailemos un merengue que nunca más se acabe/ bailemos un merengue hasta la madrugada”

PAISAJE CON UN MERENGUE AL FONDO
(Franklin Mieses Burgos)

Por dentro de tu noche
solitaria de un llanto de cuatrocientos años;
por dentro de tu noche caída entre estas islas
como un cielo terrible sembrado de huracanes;
entre la caña amarga y el negro que no siembra
porque no son tan largos los cabellos del agua;
inmediato a la sombra caoba de tu carne:
tamarindo crecido entre limones agrios;
casi junto a tu risa de corazón de coco;
frente a la vieja herida violeta de tus labios
por donde gota a gota como un oscuro río
desangran tus palabras,
lo mismo que dos tensos bejucos enroscados
bailemos un merengue:
un furioso merengue que nunca más se acabe.

-¿Que somos indolentes? ¿Que no apreciamos nada?
¿Que únicamente amamos la botella de ron,
la hamaca en que holgazanes quemamos el andullo la
del ocio en los cachimbos de barro mal cocidos
que nos dio la miseria para nuestro solaz?

Puede ser; no lo niego; pero ahora, entre tanto,
bailemos un merengue hasta la madrugada,
entre ajíes caribes de caricias robadas,
cabe cielos ardidos de fuego de aguardiente,
bajo una blanca luna, redonda, de cazabe.

Que ya me están urgiendo de caminos reales
los nísperos canelas de tus propios racimos,
y no sé de qué soles tropicales me vienen
todas estas violentas viscerales urgencias
de querer cimarronas morbideces de sombras.

-¿Que hay muchos que aseguran
que aquí, entre nosotros,
la vida tiene el mismo tamaño de un cuchillo?

¿Que nuestra gran tragedia como país empieza
desde cuando aprendimos a tocar el bongó?
¿Que el acordeón y el güiro han sido los peores
consejeros agrarios de nuestros campesinos?

Puede ser; no lo niego; pero ahora, entre tanto,
bailemos un merengue que nunca más se acabe,
bailemos un merengue hasta la madrugada:
que un hondo río de llanto tendrá que correr siempre
para que no se extinga la sonrisa del mundo.

-¿Que el machete no es sólo en nuestras duras manos
un hierro de labranza para cavar la tierra
pequeña de conuco, sino que muchas veces
se ha convertido en pluma para escribir la historia?

Puede ser, no lo niego; pero ahora, entre tanto,
bailemos un merengue que nunca más se acabe,
bailemos un merengue hasta la madrugada:
que ya no serán sólo tus manos olvidadas
dos sonámbulas rutas de futuras vendimias
sobre una tierra brava;
ahora te daremos otras maternidades
fecundas de distintas raíces verticales.

-¿Que fuimos y que somos los mismos marrulleros;
los mismos reticentes del pasado y de siempre?
¿Que dentro de la escala de los seres humanos
hay muchos que suponen que nosotros no vamos
más allá del alcance de un plato de sancocho?

Puede ser; no lo niego; pero ahora, entre tanto,
bailemos un merengue de espaldas a la sombra
de tus viejos dolores,
más allá de tu noche eterna que no acaba,
frente a frente a la herida violeta de tus labios
por donde gota a gota como un oscuro río
desangran tus palabras.

Bailemos un merengue que nunca más se acabe,
bailemos un merengue hasta la madrugada:
el furioso merengue que ha sido nuestra historia.


(*) – FRANLIN MIESES BURGOS (1907/1976) Nació y murió en la ciudad de Santo Domingo. Autor de una breve e intensa producción poética, resalta por su profundo lirismo y conceptos filosóficos de tinte existencial. Fue uno de los iniciadores del movimiento literario en su país llamado "Poesía Sorprendida". Se caracteriza por el acendrado surrealismo y posición antidictatorial contra el gobierno del dictador Rafael Trujillo

domingo, 3 de noviembre de 2019

ACERCA DEL VOCABLO “PENCO”


Por: Domingo Caba Ramos

El término penco es poco conocido o desconocido por completo en los sectores urbanos de la República Dominicana, por cuanto su uso es propio o exclusivo del ámbito rural. Por esa razón, el licenciado Danilo Medina, presidente del país y campesino de pura cepa”, la empleó recientemente en un emotivo y polémico discurso, cuando afirmó aquello de que Gonzalo Castillo es un penco de candidato

Su mención causó gran revuelo en el ámbito citadino dominicano, donde quizás por desconocerse la existencia de la extraña palabra y, particularmente, el contexto situacional en que fue utilizada,  se pensó que con ella, Medina, sin proponérselo,  estaba denostando, denigrando o manchando la imagen de su pupilo y precandidato electo del Partido de la Liberación Dominicana.  Muy distinto pensamos todos aquellos que nacimos y vivimos alguna vez en el campo, para los cuales, la preindicada voz nos resultó mucho más que familiar y, en tal virtud, muy pronto comprendimos el justo sentido con el que fue empleada por el primer mandatario de la nación.

Debido al espacio geográfico en que esta categoría léxica, penco”, tiene vigencia, no ha de entrañar entonces que el profesor Juan Bosch, quien en sus cuentos supo describir de manera   magistral la realidad económica y sociocultural del campo dominicano de la segunda mitad del siglo XX, la use en uno de sus afamados cuentos, “Chucho”, de su libro “Cuentos escritos antes del exilio“:

«Chucho se hizo el sordo. Se tiró del catre y le dio la mano al viejo. En el patio estaba su penco aparejado. Montó. El otro puso una mano sobre su pierna… » (1982:77)

También en su novela “La mañosa”, publicada por primera vez en 1936:

«Había frente a la puerta un hombre, jinete en penco bayo, que sujetaba por un brazo a otro que se descolgaba penosamente de las ancas. Cuando éste hubo tocado tierra con los pies, desplomándose sobre José, el que le sujetaba golpeó las costillas del penco con sus recios talones y partió al galope ». (1982:114)

Pero ¿cómo la define el diccionario académico?
Son diversos los sentidos que este vocablo entraña. Según el Diccionario de la Lengua Española, “penco”, entre otros, soporta los siguientes valores significativos:

1. “Caballo flaco o matalón”
 2. “Persona rústica o tosca
3. “Persona inútil”

La voz es muy utilizada en el habla coloquial de Cuba, donde además de “persona cobarde y despreciable” significa mujer extremadamente delgada, fea o desprovista de atractivos físicos. Y como bien apunta Leonardo Depestre Catony, en su valioso texto, “Consideraciones acerca del vocabulario cubano” (1985: 32), en Cuba, “penco” también significa “Ramera de baja categoría”

Y en el habla popular dominicana, ¿cuál es el sentido que los hablantes le confieren?

Si bien escasamente en algunas zonas de la República Dominicana también llaman penco a un caballo flaco, aquí, por lo general, el término lleva envuelta la idea de grande, fuerte o robusto. Y merced a estos rasgos semánticos, penco llaman en nuestros campos, al caballo joven y brioso (potro) y, por extensión, al muchacho fuerte y de gran tamaño. Así lo recoge Carlos Esteban Deive en su Diccionario de dominicanismos :

Penco – m. Pedazo grande. 2. - ¡Qué penco! Exclamación usada para para expresar el tamaño extraordinario de un hombre, animal o cosa… (2002:160)

En forma bastante parecida, en el “El Diccionario del español dominicano” , se lee lo siguiente:

 Penco. m. Pedazo de gran tamaño. Referido a persona de gran tamaño. Popular. Coloquial. “Es un penco muchacho que solo tiene doce años.” (2013:537)
 
Y también en el Diccionario fraseológico del español dominicano”:

«Penco de. loc. aj. Referido a persona o cosa, que tiene características insuperables. un penco de. loc. aj. De gran tamaño. ”Con doce años es un PENCO de muchacho“ » (2016:387)

Del contenido de las dos última citas se infiere que cuando Danilo Medina describió a Gonzalo Castillo como “un penco de candidato, lo que realmente quiso decir fue que este, Gonzalo, es un candidato fuerte y joven.

(Publicado en Diario Libre 31/10/2019)

LENGUA E IDENTIDAD NACIONAL

 Por: Domingo Caba Ramos

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 «Todo idioma tiene que subsistir con las aportaciones que le ofrecen otros sistemas, y esto no degrada ni permite subestimar a la lengua beneficiada. Lo que no debemos admitir es la suposición de que alguna otra lengua es superior a la nuestra, es decir no tener aprecio por la lengua materna… » (Rafael González Tirado)

 No sé si se trata de una característica atribuible al género humano, pero lo cierto es que los dominicanos nos solazamos cuando nos identificamos con sociedades cuyo prestigio presumimos está muy encima de la nuestra. Esto se pone de manifiesto en el uso cotidiano de nuestra lengua, la cual suele presentarse abarrotada de voces procedentes del inglés, lengua esta que por pertenecer al imperio de cuya economía dependemos, su uso parece prestigiar al hablante que la práctica. Tal práctica supone una negativa percepción de la mayor parte de los dominicanos acerca del español que hablan y escriben.

“Resulta muy fácil comprobar el sentimiento de inferioridad lingüística de los dominicanos, – apunta, al respecto, el destacado lingüista, investigador y profesor universitario, Orlando Alba – que se manifiesta frente al español que se habla en otras partes. Según los estudios realizados por Alvar (1986), Turley (1998) y Alba (2004), - amplía Alba - muchos dominicanos muestran una actitud despectiva hacia su propia manera de hablar. La consideran menos correcta e inferior a la de otros países hispánicos” (La identidad lingüística de los dominicanos, Editora Búho, 2009)

 Los ejemplos sobran:

 En un restaurante ubicado a escasos metros de nuestra residencia, leo parte del contenido del menú que en dicho negocio se les oferta a los clientes:

 a) Coffe
 b) Salads 
 c) Breakfase 
 d) Sándwich 
e) Drinks 
f) Dessets 

Y en la ruta que conduce a la universidad donde laboro, diariamente paso por el frente de un salón de belleza que se identifica con el nombre de Wonder Hair.

 En el seminario empresarial, el instructor nos anuncia que “en este momento haremos un “breik” para pasar al salón del lado a “lonchar” o disfrutar de un “coffe break”

 Un viernes en la tarde me detengo a comprar un jugo en un establecimiento identificado con el nombre de “minimarkert”, y allí escucho la voz de un joven que le dice a otro , con la más sorprendente naturalidad, más o menos lo siguiente:

 «En el “car wash” del lado me están lavando el carro. Desde que esté listo, arrancaré hacia el salón “D’Angelo Estilo”, cerca de “Ochoa Motors”, para que me den un buen “look” o resalten mi envidiable “sex-appeal”; porque desde esta noche me iré de “weekend” y hasta el lunes nadie me para. Si quieres, te recojo en el “lobby” del hotel, y “full time” nos iremos de parranda. Y si por el contrario deseas irte solo, puedo entregarte el número de teléfono de la “rent card” de un gran amigo mío, en donde te pueden alquilar un carro por buen precio»

 Para las mentes transculturizadas, “gay” se oye mejor que homosexual; “marketing”, mejor que mercadotecnia; “feedback”, mejor que retroalimentar; “okey”, mejor que está bien; “bai” (bye) o “babai” (bye, bye) mejor que adiós; “happy hour”, mejor que hora feliz. Y en lugar del muy hispano y dominicano “¡Hola!”, distingue o prestigia más responder “¡jelou!” (¡hello!) a quien nos llama por teléfono.

Y, como si todo eso fuera poco, en el departamento de igualas médicas de una prestigiosa clínica de Santiago de los Caballeros se lee el mandato u ordena a los asegurados, dominicanos casi todos, a que “Please take a number”, así, solo en inglés. Y en la puerta de entrada y salida de un clausurado restaurante ubicado también en una de las urbanizaciones de la Ciudad Corazón, se agradecía la presencia a los clientes , también dominicanos en su mayoría, no con nuestra criolla “Muchas gracias”, sino con la anglosajona inscripción “Thank you”

 En virtud de semejante práctica lingüística, no hace tanto expresaba yo, en uno de mis artículos:

 “En nuestro país, para florecer y crecer necesitamos de otros aires y otros soles. El paisaje nativo nos produce nauseas. El cielo extranjero nos deslumbra. La inscripción “Made in” nos embriaga, y pletórico de emoción compramos en los Estados Unidos el pantalón que se fabrica en una de nuestras zonas francas…”

 (Publicado en Diario Libre 24/10/2019)